22 sept 2013

EL PESO DE UN APELLIDO



EL PESO DE UN APELLIDO


por Hugo bruschi



Que esta semana que se fue, ha sido rica en acontecimientos, nadie se atrevería a dudarlo. Entre juicios, declaraciones, portadas de los diarios, comentarios en las redes sociales, etc. hemos tenido material abundante para entretenernos. Por un instante pudimos los uruguayos, reencontrarnos con el pasado, presente y futuro, pero fundamentalmente con la hipocresía reinante en las esferas estatales.
Un grupo de ministros de la SJC nos revela que estuvo secuestrado y privado claro está de su Libertad. Bueno, menos mal que fue un secuestro corto y pudieron volver a la vida por un momento amenazada. Tuvieron de todos modos más suerte que otros uruguayos, que sí fueron secuestrados en serio y todavía nada sabemos de ellos. Y curiosamente estos mismos ministros que hoy denuncian, son los mismos que le niegan a los familiares saber donde están sus hijos, hermanos, padres secuestrados. Y además sancionan con un traslado, a una jueza que pretendía arrojar luz para el esclarecimiento de estas desapariciones.

Cómo podríamos llamarle a estos comportamientos?
Qué elementos de juicio, que peso podrán tener las declaraciones de estos personajes, cuando la Jueza Merialdo deba tomar una decision? Sólo ella y su conciencia lo saben, pero si de algo estamos seguros es que no le será fácil. Y tendrá que elegir entre su carrera - para no correr la suerte de Mota - y la justicia. Entre la ética y quienes se sienten por encima del derecho y lo ejercen a su gusto y necesidades. Pasaron muchos años para que la justicia norteamericana reconociera, que había cometido un crimen en nombre de esa justicia. Nos referimos a Sacco y Vanzetti. Ud. todavía está a tiempo Dra. Merialdo y no se olvide - por si le sirve de apoyo - que la justicia uruguaya está en estado de observación permanente, por los organismos internacionales con los que el estado uruguayo ha suscrito compromisos. No le agregue una mancha más a su ya deteriorada imagen. Y si tiene tiempo, le recomendaría la lectura de algunas cartas enviadas por una madre desesperada, al padre del fiscal que hoy acusa, entre otros. Eran tiempos del desprecio por la vida humana, por el dolor de la gente sin importar que muchos de ellos, eran niños que querían besar a su padre o madre. Seguramente podrá entender entonces, el porqué de tanta indignación ante la impunidad, que esa misma justicia que Ud. representa, hoy trata de sancionar para que nadie se atreva a cuestionarla. Si le hubieran desaparecido a su padre o madre, hubiera estado Ud. en la sede de la SCJ para manifestar su protesta ante el traslado de alguien que le inspiraba confianza?

La hipocresía también se hizo presente una vez más, cuando el propio presidente del Uruguay, recomendó alejar la política de los juzgados. Nadie diría que unos meses antes, esta misma persona pedía a gritos sanciones para la Jueza Mota. Para esa persona que dificultaba el cumplimiento de algunos pactos.

También en esta ronda de declaraciones, no faltaron las del Fiscal Zubía. Dice que le faltaron el respeto a su familia, algunos de cuyos miembros están fallecidos. Yo no sé exactamente de que los acusaron o de que modo le faltaron el respeto. Pero yo quiero antes de terminar, arrimarle una reflexión que tal vez le pueda servir, a la hora de las acusaciones. No cometa el error de su padre que nos dejó una imagen de verdugo. Aprenda de las lecciones de la vida y de la historia y en tal sentido especialmente le recomiendo a Ud., leer las cartas que aquella madre dispuesta a morir si fuera menester, le enviaba entre otros distinatarios, a su padre que por entonces decidía sobre la vida de las personas. Hoy aquella madre Sr. Fiscal Zubía tampoco está entre nosotros y descansa en Paz. Pero esa Paz Sr. Fiscal, tiene una sonrisa a flor de labios porque al fin los derrotó, totalmente desarmada, sólo con su amor de madre y con lo que le enseñó a sus hijos. Qué valores les habrá inculcado Sr. Fiscal, que hoy uno de ellos - al que no pudieron destruir - está considerado uno de los mejores científicos del Mundo. Sí Sr. Fiscal, del Mundo. En cambio Ud. tendrá que llevar a cuestas de por vida, el peso de su apellido. Esas son las diferencias, entre aquella madre y su familia.