20 oct 2017

DEBATES

Uruguay: Las medias verdades económicas, entre dudas y deudas 

Por Eduardo Camin
19 octubre, 2017



Confieso, que muchas veces al escribir me veo sorprendido y se instala en mi la duda, en forma de retórica y me pregunto ¿para qué escribir? Hoy me motivó un análisis del economista José A. Rocca, quien bajo un sugerente título “Desarrollo o Gordura” vierte una serie de conceptos para reflexionar.

Me quedo con un dato del cual cada vez se habla menos y tiene mucho que ver con las virtudes del autoproclamado desarrollo uruguayo. “La deuda pública uruguaya según los datos del BCU llegó en el segundo trimestre de 2017 a 35313 millones de dólares. Un año atrás era de 30966. Creció 4.647 millones de dólares. O dicho de otro modo cada familia oriental debe por esta vía algo así como 4500 dólares más que el segundo trimestre de 2016. Sin contar sus deudas particulares ni los intereses. Mientras la fanfarria oficial sigue sonando”.

Nadie puede dudar que, en estos últimos 15 años de gobierno progresista, Uruguay ha logrado índices de desarrollo en casi todas las materias que nada tienen que envidiarle al Primer Mundo. Después podemos -eso sí con mucha mala fe- analizar y comprobar la fragilidad de estos avances, y el costo del mismo no solamente en materia económica sino en la consecuencia nefasta de supropio patrimonio.

La nueva realidad política comenzada en el 2005, continua en la misma senda y en la misma dirección en materia económica en un proceso de ‘seudo’ integración que se redefine y transforma en consonancia con sus correas de transmisión el FMI y el Banco Mundial, auspiciando los intereses del capitalismo transnacionalizado y sus instrumentos en el proceso de acumulación y explotación.

Es así como socialdemocracia o progresismo” queda prisionera por méritos propios de estas imposiciones desarrollando un capitalismo domesticado en términos de estado social, emparchando injusticias, con planes de emergencia y asistenciales.

En política económica, no se duda de la necesidad del desarrollo a través del aumento de la productividad; se acepta así de buen grado la armonía preestablecida entre mejoramiento de la condición de vida y las condiciones de trabajo, de los trabajadores de una parte y crecimiento de producción de la otra.

Al igual que en las etapas anteriores, hoy el peso del éxito del proyecto de corte neoliberal y fondomonetarista, descansa en satisfacer las demandas del mercado mundial. Pero otra vez, el nuevo proyecto de integración obligará a operar cambios estructurales en el quehacer del Estado, limitando aún más su participación en el proceso productivo, disminuyendo la (poca) inversión y el gasto público, factores que conllevan a una desarticulación de las políticas nacionales, aumentando la deuda social.

Las concepciones técnicas e intelectuales de los organismos financieros internacionales se transforman en los sustitutivos del hombre político. Estos tecnócratas son capaces de generar un escenario para suministrar satisfacciones materiales a la sociedad de consumo, sin cambiar el rumbo de la pisada. Por eso el fruto de una circunstancia aceptada por mediaciones externas se convierte rápidamente en distracción indigesta para los pueblos.

Frente a estos argumentos sabemos que los actuales personeros de la mundialización, y del pensamiento tecnocrático -muchos de los intelectuales encaramados en las esferas del poder-, desprecian y caricaturizan, nuestra forma de pensar, eliminando o justificando las referencias a la explotación, la injusticia social y la desigualdad.

La voluntad política actual sigue siendo secuestrada por el principio de acatamiento de las leyes naturales del mercado. Y en esta lógica lo primero es sanear la economía, y aunque los caminos elegidos no sean lo que nosotros comulgamos por todo lo antedicho, entendemos que discutir sobre medidas monetarias o cambiarias en estos momentos tal vez sea infecundo, ya que acentúa la confusión, deforma los hechos y oculta o escamotea la realidad.

Preservar el futuro con los ojos puestos en el presente, bajo la presión enceguecedora de la urgencia, son los riesgos de este Uruguay. Todo quehacer político que ignore esta profunda transformación no tiene futuro y, por supuesto, tampoco justificación.

Hay etiquetas ideológicas que se han ido vaciando de contenido y realidades económicas y sociales carentes de presencia operante en el plano de las decisiones que afectan a los hombres. Alejarse de la realidad social, en la acción y planeamiento político, no suele ser un camino premeditado, sino consecuencia de un error o imposición de método.

Si de los vicios privados, se hacen virtudes públicas, nos no puede sorprender que, frente a las interrogantes de los pueblos, las respuestas se pretendan disolver bajo los principios de una libertad política, interpretada como derecho individual y propietario de una democracia entendida como procedimiento electoral cuyas reglas de juego sea la de seleccionar una elite. Esta actitud arrogante de las clases políticas en general cuenta con la complicidad de los intelectuales institucionales, y generan la más grande confusión, siendo a la vez los artesanos de una sociedad conformista.
A veces se dice que la búsqueda de la verdad es asunto de los científicos, filósofos, escritores y políticos, afirmando que la “gente sencilla” puede vivir sin buscar la verdad. Erróneo: los hombres necesitan de la verdad, conocerla en todo momento. En la escuela, en las empresas, entre los trabajadores, en la vida cotidiana en todas partes hacen falta conocimientos.

Desde tiempos inmemoriales la verdad actúa como la luz de la razón, pero no a todos le gusta la luz y se comprende, alumbrar un pueblo con la potencia del raciocinio humano significa ver muchas cosas en él. Por eso se impone cambiar la actual dirección del debate, ya que se trata de conjugar el desarrollo teórico con una crítica política capaz de explicar las relaciones sociales contradictorias y complejas definidas por el actual proceso de acumulación de capital, que además nos conlleva a una pérdida de valores sin precedentes.

Y es justamente esta escisión entre valores individuales y colectivos entre moral y ética social uno de los aspectos, más inquietante de la crisis del hombre contemporáneo, …. por eso estas medias verdades, que entre dudas y deudas, nos suenan huecas. Y eso es precisamente lo que temen los sembradores de tinieblas, quitándole brillo a la verdad.

(*) Periodista uruguayo. Jefe de redacción internacional del Hebdolatino, Ginebra.