6 dic 2011

HUESOS QUE HABLAN ...

La verdad crece desde el pie.
Despacito pero sin pausa.
Engullendo hipocrecias, mentiras y caducidades.
Desenmascarando contubernios rosados.
Politicos y militares.
Poniendo en su justo valor la dignidad y la entrega.
Sembrando vida desde la ausencia.
Mostrando hasta donde la brutalidad golpea.
Que limites cruzan los que desinforman.
Como la memoria se agiganta al paso del tiempo.
Y se hace docencia con la solidaridad.
Mas alla de los condores y los imperios.
Por eso,
Nos duele Julio Castro y los demas desaparecidos.
Los niños robados y las madres torturadas.
Los años de carcel y de picanas de los luchadores sociales.
Obreros, empleados, estudiantes, profesionales, comunes.
Los que pretenden mundos mejores para sus hijos.
Los que no le temen a los aparatos del estado.
Los que aun sabiendo luchan contra la corriente.
Los que piden justicia silenciosamente.
Mas alla de diferencias ideologicas.
Quizas llegue ese dia.
Donde todos podamos mirarnos libremente.
Sin pensar que sea un torturador.
Violador, asesino, encubridor .
Capaz de matar a sus hermanos.
Parientes, amigos, conocidos, extraños.
Y recorrer las calles con caducidades.
Con obediencias debidas e interpretaciones.
Ir de visita en las escuelas para ver la vida.
Que bulle en la mirada de los niños.
Y decir impunemente no hice nada.
Amparados en justicias de injusticias.
En politicos amigos que los salvan.
En la prensa que redime sus memorias.
En la gente que mira hacia otro lado.
Llegara ese dia , llegara.
Llegara...?






































Julio






Por Eduardo Galeano





En los huesos de Julio Castro está el más certero retrato de la dictadura militar. Dime a quién odias y te diré quién eres: a Julio lo mataron y lo desaparecieron porque era un hombre solidario y digno, porque jamás humilló ni se dejó humillar,

porque era querido y queriente,

porque era respetador y respetado,

porque era un hombre vivido y sabio, el más modesto de los sabios, y su sencilla manera de vivir y de escribir ofendía a la arrogancia armada, y porque tenía un invencible sentido del humor, que siempre lo ayudó a ser más fuerte que el miedo







Al hermano Julio







Por Guillermo Chifflet





Baqueano como era, en tantos caminos a través de sus artículos, pero también en la charla cotidiana, en las ruedas de amigos o en las vigilias de cada edición de Marcha (de la cual era redactor responsable), fue siempre profesor de una materia imprescindible: enseñaba América.



Algunos conocemos los ecuadores de Ecuador, por ejemplo, a través de sus relatos, en los que habitaba el alma de los indios, de los gauchos, de los cholos, de la gente de la América secreta.

Y también las anécdotas y dichos, luces y traiciones de partidos y caudillos, que Julio conocía personalmente, muchas veces







El sombrero de Julio Castro





Yo no sé si maestro se nace, pero siempre he creído que una condición del verdadero maestro es esa cosa, tan de Julio, de enseñar cómo sin proponérselo, sin el menor aire profesional, haciendo de la sabiduría casi una condición natural como de cuento junto al fogón compañero.



El sombrero de Julio Castro estuvo años en el centro de la mesa de su casa donde él lo dejaba, siempre esperando, ayer llego el día para el que ahora descansara en el mismo lugar, en un museo, en la tumba o en el pensamiento popular.



Sombrero de color neutro,

de material humano, de horma sin medida, diseñado por artesano anónimo.



Por suerte no presencio nada, no fue revolcado, no fue baleado, no fue maniatado, no fue amarrado por una cuerda, no fue sujetado por alambre, no fue apremiado físicamente, solo esperaba el lugar a cubrir de su entrañable hermano.



Hoy vuelve a cubrir la escuela rural, la página en blanco del semanario Marcha.



Queda la memoria de aquel cerebro ayudando a salvar perseguidos de la dictadura, esa calva protegida por vos sombrero cómplice junto al Consulado mexicano a proteger la salida, delito imperdonable para los traidores del pueblo.



Sin otro particular sombrero te despido junto al maestro, más vivo que nunca perdonando al alumno de la escuela Sanguinetti, hoy cumpliendo retiro espiritual en el templo Domingo Arena.



Salud y hasta siempre compañero educador







Nelcis O'Neill




comentarios tomados de POSTA PORTEÑA.

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