El basural y los bandidos rurales
Por Carlos Barragán
26 de febrero de 2026 - 0:00

Basural Caleta Olivia (Noticias Argentinas)
En la rambla de una ciudad inglesa mi mujer y su amiga toman mate frente al mar. Se les acerca un inglés joven porque las reconoce argentinas, el tipo vivió acá unos años y para demostrar que nos conoce le adivina a mi mujer en castellano: “y vos, seguro tuviste hijos con Néstor”. La frase aunque da para el chiste se entiende, y es verdadera, muchos tuvimos hijos cuando Néstor inventó que la Argentina era un país con futuro. Por eso a pesar de mis 61 tengo un hijo en la secundaria. Ese hijo me cuenta que en la escuela los chicos no hablan de política para poder seguir siendo amigos. El futuro que Néstor había creado para nosotros se nos rompió en alguna curva del camino.
“Por qué el arroz con huevo brinda los mismos beneficios que la carne roja en proteínas, según los expertos.” Leo este título en un portal informativo de los más vistos. Y me pregunto ¿por qué será que el arroz con huevo es más proteico que un buen churrasco? ¿Será porque hay unos malditos miserables que quieren todos los churrascos para ellos? Sé que mi sospecha es acertada, así que me evito el trabajo de leer el informe de “los expertos”. Expertos que son expertos en invasiones, pero la que mejor les sale es la invasión de cabezas. Yo sufrí una invasión de cabeza cuando el famoso Caso Graiver. Era 1976 y su foto borrosa fue tapa de muchas revistas, no puedo describir la operación psicológica, cómo fue la invasión, pero tenía 12 años y hasta hoy la cara de David Graiver me da miedo.
Busco en internet a ver si encuentro la tapa, pero no aparece, en cambio aparecen tapas de Gente muy interesantes “Los solteros hablan de las mujeres” y la foto de Jorge Barreiro, que no era soltero sino un hombre gay. ¿Qué habrá dicho Jorge en la entrevista de la que después se habría reído entre amigos? En otro número la tapa es “Después de Kennedy y de Onassis, la nueva vida de Jackie”, y la foto de Jackie. Me quedo pensando en la nueva vida de todos después de Kennedy y de Onassis, que en el contexto actual podrían ejercer de filántropos encantadores.
Las invasiones de cabezas se perfeccionan y no quiero sumar otra explicación dudosa sobre cómo lo logran. Sí puedo asegurar que Graiver, cuando lo veo, me sigue dando miedo, miedo que me dura un instante. Porque sé que no es Graiver lo que me afecta, es su foto, es su foto en la tapa de la revista, es su foto en la tapa de la revista en 1976 con un genocidio en plena tarea, con la apropiación de Papel Prensa en marcha y yo con 12 años. En nuestro presente las invasiones de cabezas son mucho más eficaces y seguramente son pocos los que puedan al menos revisarlas como hago ahora. Me pregunto cuántos otros miedos implantados habitan cabezas argentinas.
El proteico huevo con arroz no llegó a la mesa de la chica que murió intoxicada en Caleta Olivia por alimentarse en un basural, esa chica que tampoco tendría mesa. En nuestro suelo que una persona coma en un basural y muera es un horror inadmisible. Y es el resultado de una cadena de perversidades admitidas. Si a Clarín le hubiese interesado, el caso habría sido decenas de tapas, y su muerte espantaría al país entero. Un país entero sensibilizado, no por la chica, sino por su foto, por su foto y su nombre y su historia y lo que Clarín hubiese querido hacer con la tragedia. Todas las tragedias pueden ser manipuladas por los invasores de cabezas y la chica muerta de Caleta Olivia podría haberse usado para magullar al intendente, o al gobernador, o al presidente, o a Cristina. A pesar de la operación –cada letra en Clarín es operación- eventualmente hubiera servido para tomar consciencia, tomar ese trago horrible. Por eso no fue tapa. Y por eso la importancia relativa del caso queda a nuestro libre criterio, hoy más ocupado en la yerra de marcar traidores que en atender la tragedia que está avanzando sobre nosotros.
Hace pocos días Lucho Galende me comentaba que en el Cosquín Rock casi todos los artistas fueron críticos con el gobierno, con palabras fuertes y directas que el público hizo propias, cantando y puteando y saltando. Me decía Lucho que los artistas provocan lo que no provocan los políticos. Cosa que parece muy cierta. Pero además de la oposición en el rock, que es cosa de viejos, tenemos que mirar lo que pasa entre los músicos que los viejos no escuchamos y que muchas veces despreciamos: los que hacen “trap y esa música que no se entiende”. Ellos y ellas están en la primera línea denunciando la tragedia y poniendo el cuerpo y la cara. Ellas, las mujeres jóvenes, y así tan pop como se ven, están decididas a hacerle fuerza a la bestia desatada. María Becerra, Nicki Nicole, Lali Espósito están en la primera línea, sin buscar traidores y dedicadas a defender valores que los viejos creemos –prejuiciosamente- que a los jóvenes ya no les interesan: la dignidad, el trabajo, el humanismo, el amor propio, la solidaridad, la Argentina. ¿Puede ser un valor la Argentina?
Los jóvenes, a quienes endilgamos ser quienes más apoyan al gobierno, cuando van a recitales lo insultan. Y no sólo eso, si van a ver a Milo J escuchan folclore argentino cantado por un músico de la generación de hijos de Néstor. A veces creo que para nosotros los jovatos -ahora se dice “viejardos”- esos jóvenes son como los extraterrestres: no los conocemos, pero siendo el universo tan vasto es muy probable que existan. Que existan, que sea vida inteligente, y que tengan ideas tal vez más avanzadas que las nuestras. ¿Es un delirio lo que digo? ¿No había vida allá afuera mientras De La Rúa completaba la destrucción de Menem y el país parecía haberse hundido para todo el campeonato?
Agradezco mucho los comentarios de ustedes lectoras y lectores. Muchos con elogios cariñosos, que además de cariño expresan escepticismo. Algo así como “muy lindo todo lo que decís, pero vamos a morir como ratas”. Y puede ser verdad, sobre todo lo segundo. Pero también puede ser que esta gente de mierda quiera hacernos creer que nunca más podremos contra ellos, y que sospechar un futuro mejor es sólo candidez. Puede ser que esta gente de mierda nos haya convencido de que en las últimas elecciones sacamos 2 puntos y que se cumple el apotegma “no vuelven más”.
Pensemos que tal vez León Gieco no dijo una verdad absoluta con “un traidor puede más que unos cuantos”. Y que tampoco la pegó con “todo está guardado en la memoria”. Porque la memoria es cuando la trabajamos, y traidor es el adjetivo que le ponemos a los grandes desbandes. En tiempos en que la ley la impone esta gente de mierda, capaces de institucionalizar la miseria, la humillación y la muerte, me gusta más pensar en Bandidos Rurales. Esos que viven, resisten y cabalgan fuera de la ley. Porque la inteligencia de esa letra está en que cuando León canta “la ley” está nombrando todo lo que nos hace daño. Y los bandidos actúan con toda la audacia que les permiten sus consciencias, fuera de la ley.
En la rambla de una ciudad inglesa mi mujer y su amiga toman mate frente al mar. Se les acerca un inglés joven porque las reconoce argentinas, el tipo vivió acá unos años y para demostrar que nos conoce le adivina a mi mujer en castellano: “y vos, seguro tuviste hijos con Néstor”. La frase aunque da para el chiste se entiende, y es verdadera, muchos tuvimos hijos cuando Néstor inventó que la Argentina era un país con futuro. Por eso a pesar de mis 61 tengo un hijo en la secundaria. Ese hijo me cuenta que en la escuela los chicos no hablan de política para poder seguir siendo amigos. El futuro que Néstor había creado para nosotros se nos rompió en alguna curva del camino.
“Por qué el arroz con huevo brinda los mismos beneficios que la carne roja en proteínas, según los expertos.” Leo este título en un portal informativo de los más vistos. Y me pregunto ¿por qué será que el arroz con huevo es más proteico que un buen churrasco? ¿Será porque hay unos malditos miserables que quieren todos los churrascos para ellos? Sé que mi sospecha es acertada, así que me evito el trabajo de leer el informe de “los expertos”. Expertos que son expertos en invasiones, pero la que mejor les sale es la invasión de cabezas. Yo sufrí una invasión de cabeza cuando el famoso Caso Graiver. Era 1976 y su foto borrosa fue tapa de muchas revistas, no puedo describir la operación psicológica, cómo fue la invasión, pero tenía 12 años y hasta hoy la cara de David Graiver me da miedo.
Busco en internet a ver si encuentro la tapa, pero no aparece, en cambio aparecen tapas de Gente muy interesantes “Los solteros hablan de las mujeres” y la foto de Jorge Barreiro, que no era soltero sino un hombre gay. ¿Qué habrá dicho Jorge en la entrevista de la que después se habría reído entre amigos? En otro número la tapa es “Después de Kennedy y de Onassis, la nueva vida de Jackie”, y la foto de Jackie. Me quedo pensando en la nueva vida de todos después de Kennedy y de Onassis, que en el contexto actual podrían ejercer de filántropos encantadores.
Las invasiones de cabezas se perfeccionan y no quiero sumar otra explicación dudosa sobre cómo lo logran. Sí puedo asegurar que Graiver, cuando lo veo, me sigue dando miedo, miedo que me dura un instante. Porque sé que no es Graiver lo que me afecta, es su foto, es su foto en la tapa de la revista, es su foto en la tapa de la revista en 1976 con un genocidio en plena tarea, con la apropiación de Papel Prensa en marcha y yo con 12 años. En nuestro presente las invasiones de cabezas son mucho más eficaces y seguramente son pocos los que puedan al menos revisarlas como hago ahora. Me pregunto cuántos otros miedos implantados habitan cabezas argentinas.
El proteico huevo con arroz no llegó a la mesa de la chica que murió intoxicada en Caleta Olivia por alimentarse en un basural, esa chica que tampoco tendría mesa. En nuestro suelo que una persona coma en un basural y muera es un horror inadmisible. Y es el resultado de una cadena de perversidades admitidas. Si a Clarín le hubiese interesado, el caso habría sido decenas de tapas, y su muerte espantaría al país entero. Un país entero sensibilizado, no por la chica, sino por su foto, por su foto y su nombre y su historia y lo que Clarín hubiese querido hacer con la tragedia. Todas las tragedias pueden ser manipuladas por los invasores de cabezas y la chica muerta de Caleta Olivia podría haberse usado para magullar al intendente, o al gobernador, o al presidente, o a Cristina. A pesar de la operación –cada letra en Clarín es operación- eventualmente hubiera servido para tomar consciencia, tomar ese trago horrible. Por eso no fue tapa. Y por eso la importancia relativa del caso queda a nuestro libre criterio, hoy más ocupado en la yerra de marcar traidores que en atender la tragedia que está avanzando sobre nosotros.
Hace pocos días Lucho Galende me comentaba que en el Cosquín Rock casi todos los artistas fueron críticos con el gobierno, con palabras fuertes y directas que el público hizo propias, cantando y puteando y saltando. Me decía Lucho que los artistas provocan lo que no provocan los políticos. Cosa que parece muy cierta. Pero además de la oposición en el rock, que es cosa de viejos, tenemos que mirar lo que pasa entre los músicos que los viejos no escuchamos y que muchas veces despreciamos: los que hacen “trap y esa música que no se entiende”. Ellos y ellas están en la primera línea denunciando la tragedia y poniendo el cuerpo y la cara. Ellas, las mujeres jóvenes, y así tan pop como se ven, están decididas a hacerle fuerza a la bestia desatada. María Becerra, Nicki Nicole, Lali Espósito están en la primera línea, sin buscar traidores y dedicadas a defender valores que los viejos creemos –prejuiciosamente- que a los jóvenes ya no les interesan: la dignidad, el trabajo, el humanismo, el amor propio, la solidaridad, la Argentina. ¿Puede ser un valor la Argentina?
Los jóvenes, a quienes endilgamos ser quienes más apoyan al gobierno, cuando van a recitales lo insultan. Y no sólo eso, si van a ver a Milo J escuchan folclore argentino cantado por un músico de la generación de hijos de Néstor. A veces creo que para nosotros los jovatos -ahora se dice “viejardos”- esos jóvenes son como los extraterrestres: no los conocemos, pero siendo el universo tan vasto es muy probable que existan. Que existan, que sea vida inteligente, y que tengan ideas tal vez más avanzadas que las nuestras. ¿Es un delirio lo que digo? ¿No había vida allá afuera mientras De La Rúa completaba la destrucción de Menem y el país parecía haberse hundido para todo el campeonato?
Agradezco mucho los comentarios de ustedes lectoras y lectores. Muchos con elogios cariñosos, que además de cariño expresan escepticismo. Algo así como “muy lindo todo lo que decís, pero vamos a morir como ratas”. Y puede ser verdad, sobre todo lo segundo. Pero también puede ser que esta gente de mierda quiera hacernos creer que nunca más podremos contra ellos, y que sospechar un futuro mejor es sólo candidez. Puede ser que esta gente de mierda nos haya convencido de que en las últimas elecciones sacamos 2 puntos y que se cumple el apotegma “no vuelven más”.
Pensemos que tal vez León Gieco no dijo una verdad absoluta con “un traidor puede más que unos cuantos”. Y que tampoco la pegó con “todo está guardado en la memoria”. Porque la memoria es cuando la trabajamos, y traidor es el adjetivo que le ponemos a los grandes desbandes. En tiempos en que la ley la impone esta gente de mierda, capaces de institucionalizar la miseria, la humillación y la muerte, me gusta más pensar en Bandidos Rurales. Esos que viven, resisten y cabalgan fuera de la ley. Porque la inteligencia de esa letra está en que cuando León canta “la ley” está nombrando todo lo que nos hace daño. Y los bandidos actúan con toda la audacia que les permiten sus consciencias, fuera de la ley.


