Víctor López
On Mar 14, 2026

El presidente de España Pedro Sanchez junto con la Presidenta de la Comisión Europea Úsula von der Leyen
Ursula von der Leyen defendió el lunes que Europa no podía seguir siendo «la guardiana del viejo orden mundial», para desdecirse el miércoles tras un aluvión de críticas, incluso en su propio Ejecutivo. «La UE tiene que defender unas relaciones internacionales basadas en el respeto del derecho no solo por convicción, sino también por necesidad y supervivencia», defiende la jurista Mariola Urrea. «El continente está a tiempo de promover enfoques basados en la cooperación más allá de sus fronteras: no sería solo una elección normativa, también una ventaja estratégica», insisten desde la Fundación Berghof.
«Ya no podemos confiar en el sistema basado en reglas como la única forma de defender nuestros intereses. (…) Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y que no volverá». Ursula von der Leyen arrancó la semana con una suerte de renuncia a los tratados fundacionales de la Unión Europea. Lo hizo frente a un mapamundi luminoso y sobre la moqueta de la Conferencia Anual de Embajadores de la UE, custodiada por cuatro banderas con las doce estrellas amarillas que representan -precisamente- la unidad, la solidaridad y la armonía.
«La Unión Europea se fundó como un proyecto de paz. El compromiso inquebrantable con (…) los principios de la Carta de las Naciones Unidas y con el derecho internacional es tan fundamental ahora como lo era en el momento de nuestra creación», rectificó este miércoles la líder comunitaria. Entre la primera cita y la segunda, pasaron menos de 48 horas.
El discurso inicial de la política alemana desató un aluvión de críticas, tanto en Bruselas como en el resto de las capitales de la UE. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, fue uno de los primeros en desdecir a Von der Leyen. «Los europeos debemos defender el orden internacional basado en normas, tenemos que defender los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, tal como recogen nuestros tratados», deslizó el portugués. «Corresponde al Consejo Europeo fijar posición con respecto a la posición exterior», recordó Teresa Ribera, vicepresidenta de la Comisión Europea.
«El derecho internacional es una premisa básica no solamente desde el punto de vista moral y de construcción de la paz, también desde el punto de vista de la seguridad del espacio europeo», continuó la exministra, antes de reconocer sus «discrepancias» con la jefa comunitaria. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, también se desmarcaron de las declaraciones iniciales de Von der Leyen.
«La Unión Europea no solo es Ursula von der Leyen. Las competencias en política exterior las tiene -de hecho- António Costa, que intervino el martes para hacer una defensa explícita del derecho internacional. Lo que vimos [con la mandataria alemana] fue un ejercicio de extralimitación clarísima de sus funciones», insiste José Luis de Castro, catedrático de Relaciones Internacionales y director del departamento de Derecho Público de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). «Lo importante es quedarse con el final.
La presidenta ha rectificado y -de manera implícita- ha aceptado el error de forma y fondo en sus declaraciones, unas declaraciones cuyo contenido escapa de sus competencias y que no responden a una posición consensuada entre los Estados miembros», insiste Mariola Urrea, catedrática (acreditada) de Derecho Internacional y de la UE en la Universidad de La Rioja. ¿Cómo se ha configurado históricamente la Unión Europea? ¿Qué futuro tiene una comunidad basada en reglas en un mundo sin reglas?
«La Unión Europea no solo es Ursula von der Leyen. Las competencias en política exterior las tiene -de hecho- António Costa, que intervino el martes para hacer una defensa explícita del derecho internacional. Lo que vimos [con la mandataria alemana] fue un ejercicio de extralimitación clarísima de sus funciones», insiste José Luis de Castro, catedrático de Relaciones Internacionales y director del departamento de Derecho Público de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). «Lo importante es quedarse con el final.
La presidenta ha rectificado y -de manera implícita- ha aceptado el error de forma y fondo en sus declaraciones, unas declaraciones cuyo contenido escapa de sus competencias y que no responden a una posición consensuada entre los Estados miembros», insiste Mariola Urrea, catedrática (acreditada) de Derecho Internacional y de la UE en la Universidad de La Rioja. ¿Cómo se ha configurado históricamente la Unión Europea? ¿Qué futuro tiene una comunidad basada en reglas en un mundo sin reglas?
Las reglas, «líquido amniótico» de la UE

Las relaciones peligrosas de Ùrsula
Von der Leyen lleva recibiendo críticas desde que arrancó la -nueva- espiral de conflictos en Oriente Medio, tanto por asumir funciones que no le corresponden como por alinearse públicamente con Estados Unidos e Israel. La líder comunitaria aseguró que «no debería derramarse ninguna lágrima por un régimen» como el de Irán, que «encarceló y torturó a sus propios ciudadanos».
Y todavía se resiste a calificar de genocidio los ataques continuados de Tel Aviv sobre la Franja de Gaza. El amago de renuncia al derecho internacional que hizo este lunes fue la última estocada de un liderazgo que lleva meses en entredicho, la fractura más seria con los tratados fundacionales de la Unión Europea.
«La presidenta tiene razón en una cosa: el mundo ha cambiado. El continente debe avanzar hacia una política común de seguridad más potente, coordinada y asertiva, pero sin olvidar que la defensa del multilateralismo forma parte del ADN de la Unión Europea. La seguridad no es incompatible con el respeto de los tratados y -mucho menos- del derecho internacional», reivindica el profesor José Luis de Castro.
«Las violaciones del derecho internacional -por parte de cualquier actor- tenemos que abordarlas con contundencia y de manera clara, porque, si no, corremos el riesgo de erosionar más aún el sistema basado en normas tal y como lo conocemos. Los propios países europeos podrían -de hecho- convertirse en víctimas de esta nueva lógica«, insiste Chris Coulter, directora ejecutiva de la Fundación Berghof, una organización alemana que trabaja en busca de soluciones pacíficas para los conflictos armados.
Este es un escenario que también contempla Janina Dill, profesora de Seguridad Global en la Universidad de Oxford. «La Unión Europea siempre se ha configurado -al menos, históricamente- como una unión de democracias basada en el Estado de Derecho. Si Bruselas no exige a sus aliados el cumplimiento de las reglas del orden mundial, cuando quiera invocar esas mismas reglas frente a sus adversarios, sufrirá las consecuencias de su debilitamiento», advierte la investigadora británica.
Turquía ha interceptado en los últimos días dos misiles balísticos iraníes. Reino Unido también denunció que un dron «lanzado desde Líbano» atacó el 1 de marzo una base británica en Chipre.
La necesidad de anteponer la legalidad a los delirios de poder es una máxima en la que reparan casi todos los expertos consultados por Público, forma parte, matizan, de la idiosincrasia de las instituciones comunitarias. «La Unión Europea no solo nace como un proyecto de paz, sino que es precisamente el ecosistema basado en reglas que surge tras la Segunda Guerra Mundial el que permite construir una organización tan jurídica, política y económicamente sofisticada como lo es la UE.
Este mundo basado en reglas constituye, de hecho, el líquido amniótico en el que se desarrolla la comunidad», resume Mariola Urrea. La última palabra la tienen, además, los gobiernos en clave nacional. «La política exterior sigue siendo competencia propia de cada Estado. Los dirigentes de cada uno de los países pueden decidir si quieren acercarse más o menos a cada uno de sus socios», desliza Montse Pintado, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidade de Santiago de Compostela (USC).
Von der Leyen lleva recibiendo críticas desde que arrancó la -nueva- espiral de conflictos en Oriente Medio, tanto por asumir funciones que no le corresponden como por alinearse públicamente con Estados Unidos e Israel. La líder comunitaria aseguró que «no debería derramarse ninguna lágrima por un régimen» como el de Irán, que «encarceló y torturó a sus propios ciudadanos».
Y todavía se resiste a calificar de genocidio los ataques continuados de Tel Aviv sobre la Franja de Gaza. El amago de renuncia al derecho internacional que hizo este lunes fue la última estocada de un liderazgo que lleva meses en entredicho, la fractura más seria con los tratados fundacionales de la Unión Europea.
«La presidenta tiene razón en una cosa: el mundo ha cambiado. El continente debe avanzar hacia una política común de seguridad más potente, coordinada y asertiva, pero sin olvidar que la defensa del multilateralismo forma parte del ADN de la Unión Europea. La seguridad no es incompatible con el respeto de los tratados y -mucho menos- del derecho internacional», reivindica el profesor José Luis de Castro.
«Las violaciones del derecho internacional -por parte de cualquier actor- tenemos que abordarlas con contundencia y de manera clara, porque, si no, corremos el riesgo de erosionar más aún el sistema basado en normas tal y como lo conocemos. Los propios países europeos podrían -de hecho- convertirse en víctimas de esta nueva lógica«, insiste Chris Coulter, directora ejecutiva de la Fundación Berghof, una organización alemana que trabaja en busca de soluciones pacíficas para los conflictos armados.
Turquía ha interceptado en los últimos días dos misiles balísticos iraníes. Reino Unido también denunció que un dron «lanzado desde Líbano» atacó el 1 de marzo una base británica en Chipre.
La necesidad de anteponer la legalidad a los delirios de poder es una máxima en la que reparan casi todos los expertos consultados por Público, forma parte, matizan, de la idiosincrasia de las instituciones comunitarias. «La Unión Europea no solo nace como un proyecto de paz, sino que es precisamente el ecosistema basado en reglas que surge tras la Segunda Guerra Mundial el que permite construir una organización tan jurídica, política y económicamente sofisticada como lo es la UE.
Este mundo basado en reglas constituye, de hecho, el líquido amniótico en el que se desarrolla la comunidad», resume Mariola Urrea. La última palabra la tienen, además, los gobiernos en clave nacional. «La política exterior sigue siendo competencia propia de cada Estado. Los dirigentes de cada uno de los países pueden decidir si quieren acercarse más o menos a cada uno de sus socios», desliza Montse Pintado, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidade de Santiago de Compostela (USC).
Europa, ¿perdida en un sistema sin reglas?
Von der Leyen habló este lunes de «un mundo que se ha ido y no volverá». El mundo que desaparece es el del «viejo orden mundial». El mundo de antes de Donald Trump, Vladímir Putin o Benjamín Netanyahu. El que se queda, uno en el que prevalecen los intereses de los más fuertes: Estados Unidos, Rusia, China o Israel. Las declaraciones de la dirigente alemana supusieron un salto -cualitativo y cuantitativo- en la posición histórica de la Unión Europea, vulnerando incluso las bases de sus tratados y los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Muñecas rusas de madera que representan al presidente ruso Vladimir Putin y al presidente estadounidense Donald Trump.
Von der Leyen recogió cable el mismo miércoles, para defender su «compromiso inquebrantable» con el derecho internacional. ¿Qué posición ocuparían los países europeos en un mundo regido por la ley de la selva? El continente sería el gran damnificado, al menos, así lo ven los académicos que han hablado con Público.
«China, Rusia o Estados Unidos pueden funcionar en un sistema sin reglas. La Unión Europea poco puede hacer. La única posibilidad que tienen los países miembros de jugar un papel -cualquiera- en el tablero internacional pasa por defender un mundo con normas y encaminado al multilateralismo, sin olvidar, eso sí, que hacen falta instrumentos de actuación en materia de defensa y seguridad», reconoce José Luis de Castro.
«Europa y Estados Unidos son sin duda los actores que más se han beneficiado del orden internacional liberal y de la estabilidad relativa que nos ha proporcionado la progresiva normativización de las relaciones internacionales. Von der Leyen y Costa han evidenciado con sus declaraciones contradictorias que el continente está tratando de responder a un entorno en el que se mueve de forma más torpe y menos influyente», insiste Montse Pintado.
Von der Leyen recogió cable el mismo miércoles, para defender su «compromiso inquebrantable» con el derecho internacional. ¿Qué posición ocuparían los países europeos en un mundo regido por la ley de la selva? El continente sería el gran damnificado, al menos, así lo ven los académicos que han hablado con Público.
«China, Rusia o Estados Unidos pueden funcionar en un sistema sin reglas. La Unión Europea poco puede hacer. La única posibilidad que tienen los países miembros de jugar un papel -cualquiera- en el tablero internacional pasa por defender un mundo con normas y encaminado al multilateralismo, sin olvidar, eso sí, que hacen falta instrumentos de actuación en materia de defensa y seguridad», reconoce José Luis de Castro.
«Europa y Estados Unidos son sin duda los actores que más se han beneficiado del orden internacional liberal y de la estabilidad relativa que nos ha proporcionado la progresiva normativización de las relaciones internacionales. Von der Leyen y Costa han evidenciado con sus declaraciones contradictorias que el continente está tratando de responder a un entorno en el que se mueve de forma más torpe y menos influyente», insiste Montse Pintado.
Chris Coulter, directora ejecutiva de la Fundación Berghof, reconoce que «el sistema internacional se está volviendo más inestable«, pero no por ello los países europeos tienen que renunciar a sus valores ni a «una concepción más amplia» de la seguridad. «La UE surgió como un proyecto regional de paz, basado en la cooperación y el fomento de la confianza.
El continente todavía está a tiempo de promover enfoques de este tipo más allá de sus fronteras: no sería solo una elección normativa, también una ventaja estratégica», recalca la también exasesora de los departamentos de asuntos exteriores en los gobiernos de Colombia y Suecia. Mariola Urrea coincide con esta tesis y añade, a modo de conclusión: «La UE tiene que defender unas relaciones internacionales basadas en el respeto del derecho no solo por convicción, sino también por cuestión de pura necesidad y supervivencia. Es un ejercicio de resistencia frente a la barbarie».
*Periodista. Redactor del equipo de Investigación de Publico.es. Escribe temas de análisis político y social.