El frente oculto de la guerra en Irán que amenaza con llegar a los comedores de todo el mundo
25 mar 2026

25 mar 2026
Imagen ilustrativaCostfoto / NurPhoto / Gettyimages.ru
La crisis económica provocada por el conflicto que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán sigue agravándose, y sus consecuencias ya traspasan ampliamente los límites del mercado energético.
Las interrupciones en los suministros a través del estrecho de Ormuz, el aumento de los precios de los fertilizantes y la alteración de los ciclos agrícolas ya están provocando una reacción en cadena cuyas consecuencias podrían afectar a millones de personas en todo el mundo.
Las restricciones a la navegación por el estrecho de Ormuz se reflejaron de inmediato en el precio del petróleo y el gas, impulsándolos a nuevos máximos. Sin embargo, un proceso mucho menos visible, pero potencialmente más peligroso, se está desarrollando en otro frente: el mercado mundial de fertilizantes.
Además de su papel clave en el sector energético global, por el estrecho transita alrededor del 30 % de las exportaciones mundiales de fertilizantes. La reestructuración del mercado de fertilizantes que se está produciendo es mucho más lenta, pero irreversible. A diferencia del petróleo, este sector no cuenta con reservas estratégicas capaces de amortiguar el impacto. Cualquier interrupción aquí afecta directamente a la seguridad alimentaria.

Primer país en declarar emergencia nacional por problemas energéticos a raíz de la guerra con Irán
Por ahora, las consecuencias se reflejan en el aumento de los precios de los fertilizantes, pero el golpe más fuerte podría estar aún por llegar: se producirá con retraso, en forma de encarecimiento de los alimentos y posibles crisis alimentarias, sobre todo en los países más vulnerables.
Región rica no solo en petróleo
Los países del golfo Pérsico no solo son un pilar energético mundial, sino también un nodo clave del mercado global de fertilizantes.
Aquí se produce una parte significativa de los fertilizantes nitrogenados, que dependen directamente del gas natural. La región representa alrededor del 30–35 % de las exportaciones mundiales de urea y del 20–30 % de las de amoníaco. Además, los países del golfo son los principales proveedores de azufre, un componente fundamental para la producción de fertilizantes.
Guerra en Irán redefine el mapa energético: quiénes ganan y quiénes pierden en la crisis global
La crisis económica provocada por el conflicto que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán sigue agravándose, y sus consecuencias ya traspasan ampliamente los límites del mercado energético.
Las interrupciones en los suministros a través del estrecho de Ormuz, el aumento de los precios de los fertilizantes y la alteración de los ciclos agrícolas ya están provocando una reacción en cadena cuyas consecuencias podrían afectar a millones de personas en todo el mundo.
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Además de su papel clave en el sector energético global, por el estrecho transita alrededor del 30 % de las exportaciones mundiales de fertilizantes. La reestructuración del mercado de fertilizantes que se está produciendo es mucho más lenta, pero irreversible. A diferencia del petróleo, este sector no cuenta con reservas estratégicas capaces de amortiguar el impacto. Cualquier interrupción aquí afecta directamente a la seguridad alimentaria.
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Aquí se produce una parte significativa de los fertilizantes nitrogenados, que dependen directamente del gas natural. La región representa alrededor del 30–35 % de las exportaciones mundiales de urea y del 20–30 % de las de amoníaco. Además, los países del golfo son los principales proveedores de azufre, un componente fundamental para la producción de fertilizantes.
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La escalada del conflicto en Medio Oriente ya comienza a generar impactos económicos a escala global, con efectos desiguales entre países productores y consumidores de energía, en un escenario donde el petróleo vuelve a ocupar un rol central.
El aumento de los precios del combustible y las tensiones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz están alterando el equilibrio del mercado energético, generando tanto oportunidades como riesgos para distintas economías.
Productores fuera del conflicto, los principales beneficiados
Uno de los efectos más claros de la crisis es el reposicionamiento de países productores que no están directamente involucrados en el conflicto.
Naciones como Noruega y Canadá aparecen entre los principales beneficiados, al poder aumentar exportaciones en un contexto de mayor demanda global y precios elevados.
También Rusia podría capitalizar la situación, impulsada por el incremento de sus ventas de crudo, particularmente hacia mercados como India, en un escenario de flexibilización de restricciones y búsqueda de alternativas energéticas.
El encarecimiento del petróleo también abre oportunidades para exportadores de otros combustibles, como el carbón, en un contexto donde algunos países vuelven a recurrir a fuentes más contaminantes ante la escasez.
Medio Oriente, epicentro de la disrupción
A diferencia de otras crisis energéticas, el impacto actual golpea directamente a productores del Golfo, donde se concentran algunas de las principales reservas mundiales.
Los ataques a infraestructuras energéticas y la amenaza sobre el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz han generado una disrupción significativa en el suministro, afectando a países como Qatar y Arabia Saudita.
Esta situación pone en evidencia la vulnerabilidad del sistema energético global ante conflictos en zonas estratégicas.
Consumidores, los más expuestos
Del otro lado, los países dependientes de importaciones energéticas enfrentan los mayores riesgos.
Estados Unidos, Europa y gran parte de Asia se ven afectados por el aumento de los costos de energía, con impactos directos sobre la inflación y el crecimiento económico.
Según estimaciones, una suba sostenida del petróleo podría traducirse en un aumento generalizado de precios y afectar sectores clave como el transporte, la producción de alimentos y la industria.
Asia, en el centro de la vulnerabilidad
El impacto es particularmente relevante en Asia, donde varios países dependen fuertemente del petróleo de Medio Oriente.
Corea del Sur, por ejemplo, obtiene cerca del 70% de su crudo de la región, mientras que el promedio en Asia alcanza el 59%, lo que expone a estas economías a posibles interrupciones en el suministro.
En algunos países ya se han implementado medidas de emergencia, como racionamiento de combustible, reducción de jornadas laborales y cierres temporales de instituciones.
Un equilibrio frágil
El conflicto también pone en evidencia la dependencia global de los combustibles fósiles, pese a los avances en energías renovables.
Si bien algunas economías han mejorado su eficiencia energética, el sistema sigue siendo vulnerable a shocks externos, especialmente en escenarios de conflicto geopolítico.
Un escenario abierto
La evolución del conflicto será determinante para definir el alcance de sus consecuencias económicas.
Si las tensiones se prolongan, el impacto podría amplificarse no solo en países individuales, sino también en el sistema económico global, a través de inflación, disrupciones logísticas y cambios en el comercio energético.
En ese contexto, la crisis en Medio Oriente no solo redefine el equilibrio regional, sino también el mapa global de la energía.