19 mar 2026

AGRESIONES EN NOMBRE DE LA PAZ

Culpar a Irán por las represalias y hacer vista gorda a su causa: Europa y su clásico doble rasero

19 mar 2026 


Incendio en un depósito de petróleo iraní tras bombardeos estadounidenses e israelíes el 8 de marzo de 2026.Hassan Ghaedi / Gettyimages.ru


A pesar de que los ataques iraníes contra instalaciones energéticas en Catar fueron una respuesta a las agresiones contra su propia infraestructura, los líderes europeos prefirieron ignorar este hecho.
Los precios del gas en Europa siguen subiendo ante la intensificación del conflicto en Oriente Medio.

Primero se produjeron los ataques contra un yacimiento de gas en Irán y, a continuación, las represalias de Teherán contra las infraestructuras de almacenamiento de gas en Catar. La cadena energética se vio interrumpida y los mercados reaccionaron de inmediato.

Los futuros de gas llegaron a subir hasta un 35 %, informa Bloomberg. Según Financial Times, los precios del gas en la región alcanzaron los 70,7 euros por MWh, el nivel más alto desde el inicio del conflicto.


La guerra contra Irán podría abrir una grieta entre EE.UU. e Israel

A pesar de que la actual escalada forma parte de una cadena de acontecimientos más amplia, en la que las acciones de Irán constituyeron una respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel, en Bruselas prefieren ignorar este contexto.
Confundir la consecuencia con la causa

"Los ataques de Irán contra las infraestructuras energéticas de Catar generan aún más caos, y está claro que necesitamos una salida a esta guerra, no una escalada", declaró la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas.

A sus palabras se sumó el primer ministro británico, Keir Starmer, quien condenó "en los términos más enérgicos" los ataques contra instalaciones cataríes y afirmó que Londres "trabaja para lograr una rápida resolución de la situación en Oriente Medio".

El presidente francés, Emmanuel Macron, por su parte, informó que había mantenido conversaciones telefónicas con el emir de Catar y con Donald Trump, e instó a "que se aplique, sin demora, una moratoria sobre los ataques dirigidos contra infraestructuras civiles, en particular las instalaciones de suministro de energía y agua".

Irán denuncia la hipocresía europea

Teherán ha señalado la selectividad de las condenas por parte de los líderes europeos, en particular del mandatario francés. "Macron no ha pronunciado ni una sola palabra de condena contra la guerra de Israel y EE. UU. contra Irán. No condenó a Israel cuando este voló un depósito de combustible en Teherán, exponiendo a millones de personas a sustancias tóxicas. Su actual 'preocupación' no se produjo tras el ataque de Israel contra nuestras instalaciones de gas, sino tras nuestra represalia. ¡Qué triste!", criticó en X el canciller iraní, Abbas Araghchi.


Irán bombardea la mayor refinería de Israel

Al mismo tiempo, el ministro lanzó una advertencia ante la posibilidad de nuevos ataques contra la infraestructura energética de Irán. "Nuestra respuesta al ataque de Israel contra nuestra infraestructura solo ha supuesto una fracción de nuestro poder. La única razón para actuar con moderación fue el respeto por la desescalada solicitada", precisó.

"Cero moderación si nuestras infraestructuras vuelven a ser atacadas. Cualquier fin de esta guerra debe abordar los daños causados a nuestros objetivos civiles", añadió Araghchi.

Trump se desmarca

Al parecer, los ataques recíprocos contra el sector energético también han generado inquietud en Donald Trump, quien se apresuró a desvincular a Washington de los ataques. Según el mandatario, "Israel, enfurecido por lo ocurrido en Oriente Medio, ha arremetido violentamente contra el yacimiento de gas de South Pars en Irán". Aseguró también que "no sabía nada de este ataque, y que Catar no estaba involucrado ni al corriente de ello en modo alguno".

El presidente declaró que "Israel no llevará a cabo más ataques relacionados con South Pars a menos que Irán decida imprudentemente atacar a Catar", y advirtió de que, en caso contrario, respondería con "una fuerza y un poder que Irán nunca ha visto antes".

Por qué el bombardeo de la infraestructura energética de Catar afecta a todo el mundo

Catar no es un exportador más. Su complejo de Ras Laffan es considerado la mayor instalación de exportación de gas natural licuado del mundo.


La ciudad industrial de Mesaieed, al sur de Doha, CatarGettyimages.ru


Los recientes ataques contra instalaciones energéticas clave de Catar han encendido alarmas que van mucho más allá del golfo Pérsico. Además de ser un problema de violación de la soberanía o de seguridad nacional catarí, se trata de un golpe directo a una pieza crítica del sistema energético global, con efectos inmediatos en los precios, en la logística marítima y en el abastecimiento de gas para Europa y Asia, dos regiones altamente dependientes de importaciones.

¿Qué pasó?

El complejo industrial de Ras Laffan, bombardeado con misiles la noche de este miércoles en medio de la ofensiva de EE.UU. e Israel contra Irán, sufrió graves daños en lo que Catar —una fuente clave de gas natural para los mercados mundiales— describió como un "brutal ataque iraní".

Los daños infligidos podrían retrasar la capacidad del país para llevar suministros al mercado incluso después de que termine el actual conflicto armado.
'Punto único de fallo' para el gas del planeta

Catar no es un exportador más. Su complejo de Ras Laffan es descrito por QatarEnergy, la empresa estatal de petróleo y gas catarí, como la mayor instalación de exportación de gas natural licuado (GNL) del mundo.

Cuando una infraestructura de ese tamaño se ve dañada —y, peor aún, cuando la operación se frena por seguridad o por fuerza mayor— el mercado global se queda sin un proveedor que actúa como una especie de 'colchón' en momentos de tensión. Básicamente, se trata del 'punto único de fallo', el componente cuyo fallo en el funcionamiento lleva a un fallo global en el resto del sistema.


Ataque iraní reduce 17 % de capacidad de GNL de Catar y genera pérdidas multimillonarias al país

En el caso de Ras Laffan, la producción fue detenida ya a principios de marzo, tras un ataque cercano a las instalaciones. Si bien debido a esa suspensión temprana los expertos en la materia no esperaban ningún 'shock' inmediato para los suministros globales a corto plazo como resultado de los últimos ataques, sí advirtieron de más presión para los suministros energéticos de la región y el riesgo de que los precios se mantengan altos por más tiempo.

Según QatarEnergy, los ataques iraníes contra la infraestructura energética del país ya han paralizado el 17 % de su capacidad de exportación de GNL, causando pérdidas multimillonarias.
El efecto dominó: por qué Europa lo siente primero

Europa, que en los últimos años ha reconfigurado su matriz de suministro buscando más gas natural licuado, es especialmente vulnerable a cualquier interrupción en Catar. Ante noticias de ataques y paradas operativas, los futuros de gas europeos reaccionan con subidas bruscas, en gran parte por el miedo a un recorte prolongado y a la competencia con Asia por cada cargamento disponible.

Los futuros de gas natural en Europa ya subieron este jueves hasta un 35 % ante el incremento de los temores de interrupciones persistentes de suministros tras el ataque contra Ras Laffan.



Un buque cisterna de gas natural licuado de Catar está siendo cargado con GNL en el puerto de Ras Laffan, al norte de CatarAP

El problema se agrava por la naturaleza del GNL: aunque haya gas en otras partes, no siempre existe capacidad inmediata de licuefacción, transporte y regasificación para sustituir los volúmenes cataríes a corto plazo. En el sector energético, la oferta 'alternativa' suele existir más en teoría que en contratos, barcos y terminales disponibles.

Asia: la tormenta de demanda y competencia por cargamentos

En Asia, donde el gas natural licuado es un combustible clave para la electricidad y la industria, el impacto se manifiesta en dos vías:Suben los precios al contado por temor a menos cargamentos.
Los compradores con más poder adquisitivo pueden absorber la oferta del mercado, elevando aún más la factura para economías más sensibles.

En las operaciones bursátiles de la región, el índice Nikkei 225 de Tokio cayó esta jornada un 3,4 % hasta 53.372,53, el Kospi en Seúl perdió un 2,7 % y se ubicó en 5.763,22, mientras que en Hong Kong, el Hang Seng bajó un 2 % hasta 25.500,58 y el índice compuesto de Shanghái cedió un 1,4 % hasta 4.006,55.


VIDEOS del masivo incendio en uno de los complejos de gas natural licuado más importantes de Catar

Japón y Corea del Sur, la tercera y la quinta economía más grandes de Asia, respectivamente, dependen de los combustibles fósiles importados para cubrir entre el 80 % y el 90 % de sus necesidades energéticas. En 2024, también ocuparon el segundo y el tercer puesto entre los mayores importadores de gas natural licuado, con 68 millones y 47 millones de toneladas, respectivamente, según la Unión Internacional del Gas.

Reparar no equivale a arreglar

Una de las razones por las que el riesgo de los ataques a las instalaciones energéticas cataríes es global es que la infraestructura de GNL no se repara como una planta convencional. Supone la reconstrucción de una máquina industrial de alta complejidad, en la que incluso daños parciales pueden detener procesos enteros por motivos de seguridad y certificación. En un complejo como el de Ras Laffan, se trata, concretamente, de:Sistemas criogénicos (temperaturas extremas).

Trenes de licuefacción altamente integrados.
Almacenamiento y carga marítima.
Redes eléctricas e instrumentación.
Una cadena de repuestos y especialistas que suele depender de proveedores internacionales.

Además, en un contexto de ataques repetidos, el problema no es solo técnico: aseguradoras, navieras y contratistas ajustan riesgos, suben primas, exigen garantías o directamente evitan operar, ralentizando cualquier plan del regreso a la normalidad.

Catar, por su peso en la industria del GNL, se convierte en un termómetro global: lo que pase allí se traduce en inflación energética, presión industrial, tensión política en los países importadores y los mercados en vilo.