24 mar 2026

LAS COMPLICIDADES CIVILES

ARGENTINA
A 50 AÑOS DE LA DICTADURA GENOCIDA
Los guionistas de Videla y Martínez de Hoz

Por Gustavo Campana

23 de marzo de 2026


(Imagen Web)


Nadie mejor que Harold Burson y Bill Marsteller, para enfrentar a la “campaña antiargentina” que había estallado en Europa. La consultora creada en 1953, a principios de la década del 70 había limpiado el prontuario de una larga galería de dictadores africanos. Uno de los primeros clientes de Burson-Marsteller fue el gobierno nigeriano, ante la necesidad de herramientas mediáticas para negar las acusaciones de genocidio, durante la lucha independentista de Biafra (1967-1970).

La empresa estadounidense fue contratada por Videla-Martínez de Hoz y brindó servicios hasta que ambos se alejaron del poder a principios de 1981. Desde la publicidad de la silla contra la industria nacional, hasta “Somos derechos y humanos” para enfrentar la visita de la CIDH.

Como guionistas del Ejército y el “poder real”, la consultora puso a disposición todo su capital: oficinas en ocho países de América, Europa y Asia (Estados Unidos, Canadá, Japón, el Reino Unido, Bélgica, Holanda, México, Colombia) y contactos con periodistas y medios extranjeros, fundamentalmente europeos. A fines del 76, inauguraron su sede en San Pablo.


La idea de contar con un plan de comunicación y propaganda destinado a combatir el plan internacional contra la dictadura fue del ministro de Economía, José Martínez de Hoz. Guillermo Walter Klein fue el enviado a Nueva York (230 de la Avenida Park), para cerrar el trato. En Buenos Aires, la coordinación estuvo a cargo de la Secretaría de Presidencia que manejaba el general José Villarreal.

La forma en que Argentina “elimina el terrorismo” es “el único problema que se interpone entre el gobierno de Videla y la aprobación del mundo libre”, sentenció el primer diagnóstico de Burson Marstaller. El paquete comprendía: cortos televisivos que resaltaban “una tierra de paz”; imágenes con las atracciones turísticas del granero del mundo; calles inundadas con afiches de obras; merchandising del Mundial 78 y notas para negar los informes de los corresponsales de medios extranjeros, que hablaban de crímenes y desapariciones.

La agencia recomendaba la realización de encuentros con la cultura, como el del 4 de abril de 1979 en la Casa de Gobierno. La foto de Videla saludando a Piazzolla fue la imagen que Burson-Marsteller necesitaba para neutralizar el ataque que imperaba en casi toda Europa, pero fundamentalmente en Francia. Esa imagen cerró el capítulo negro de la carrera de Astor, porque un año antes apareció el LP que le dedicó al Mundial 78. Dos años después, Astor enmascaró aquel vergonzoso trabajo y lo reeditó como “Chador”. Para este relanzamiento, también fue necesario cambiar los nombres de los temas: “Thriller” (“Mundial 78”), “Panic” (“Marcación”), “Tango Fever” (“Penal”), “Chador” (“Gambeta”), “Buenos Aires Promenade” (“Wing”), “Milonga Trip” (“Corner”) y “Tango Blues” (“Campeón”).

Buscaron el mismo efecto con la imagen que apareció en todos los medios documentando el encuentro “casual”, de Jorge Luis Borges y el brigadier Omar Graffigna, en la Feria del Libro de marzo de 1979.

“Es de fundamental importancia, que la Argentina empiece a hablar hoy con una sola voz ante el mundo. Y eso solo puede ser logrado con un programa de comunicación minuciosamente controlado”, decía el documento titulado “Mejorando la imagen internacional de la Argentina”. El texto apuntaba que, si bien la dictadura “ha generado respeto, producto del éxito de la campaña argentina para eliminar el terrorismo izquierdista y restablecer el orden y la tranquilidad”, al mismo tiempo “aquellos actos ilegales han generado preocupación entre los amigos y han reforzado a los enemigos en materia de Derechos Humanos”.

Burson Marsteller planteaba que el país necesitaba una “nueva imagen” en torno a la palabra “estabilidad” y que había que pensar en un plan a largo plazo aprovechando especialmente la oportunidad de la Copa del 78. “En el Mundial de la paz, los argentinos hemos sabido disfrutar de la alegría del triunfo; en un marco de corrección y respeto, que fue reconocido por el mundo entero. Hagamos que ese triunfo sea permanente. Argentina, voluntad de los argentinos”, decía el eje de la campaña.

Los norteamericanos proponían organizar seminarios exclusivos bajo el título “Argentina, amigos y enemigos” destinados a diplomáticos y encargados de prensa: “Cómo responder a los pedidos de medios de comunicación escrita, radial y televisiva” y “cómo relacionarse con grupos locales, nacionales o internacionales, como Amnistía Internacional”.

Los maquilladores de la realidad nacional planteaban entre 1976 y 1980, que había que trabajar sobre “los que influyen en el pensamiento, las inversiones, las decisiones de turismo y el público en general”. Proponían invitar al país periodistas con peso en la línea editorial de sus medios y entre las publicaciones internacionales figuraban New York Times, Washington Post y Wall Street Journal (EE.UU.); The Economist y The Times (Gran Bretaña); El Tiempo y El Espectador (Colombia) y Excelsior (México). 

El segundo paso era enviar periodistas argentinos para que brindaran su testimonio en el exterior; los que antes de partir serían “profundamente instruidos y preparados”, para contestar las críticas. Reneé Salas, una de las piezas más importantes de la estructura periodística de la revista Gente, recorría habitualmente las redacciones de Paris Match, L’Express, Le Point, Le Monde y Le Figaro.

En la primera propuesta presentada a la Junta Militar, la empresa decía que “la gente cree lo que ve en televisión”, por eso sugirió la elaboración de una serie de audiovisuales de entre 30 minutos y una hora, para ser mostrados en el exterior y que los mismos estén a disposición de las embajadas argentinas.

En esos films aparecían el presidente de Estados Unidos, Gerald Ford, diciendo que “los derechos humanos son respetados en la Argentina”; el fundador de la Universidad Católica Argentina, Octavio Derisi; el empresario Julio Werthein y el titular de la Asociación Argentina de Psiquiatras, Felipe Cia (“si hubo algún tipo de persecución fue porque esas personas estaban involucradas”).

Los últimos dos capítulos de esta relación comenzaron con “Somos derechos y humanos”. La campaña con las postales que traía Para Ti, para contarle al mundo la verdad argentina, inició un trabajo que atacó a través de todos los medios de comunicación. Por orden de Burson-Marsteller, el ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, compró 250 mil calcomanías autoadhesivas en dos tamaños (15 x 9 y 20 x 20 centímetros), que sobre la bandera argentina llevaban el lema “Los argentinos somos derechos y humanos”. Los calcos costaron 23 millones de pesos y la empresa Libson S.A. obtuvo la licitación.

El último trabajo de la consultora fue la retirada de Videla y Martínez de Hoz, con una batería de largos mensajes televisivos y cinematográficos con la palabra paz, enmascarando a un país de 30 mil desaparecidos y más de 600 centros clandestinos de detención, tortura y muerte.