Por Eduardo Camín, CLAE
NODAL, 5 junio, 2019

El globo era antaño el símbolo del misterio que incitaba a pensar. Ahora lo global ha dejado de ser un misterio. Constituimos una civilización que se apoya en la tecnología y está virtualmente entrelazada. En realidad el hombre tiene que vérselas cada vez más y en todo momento consigo mismo, es decir, con las huellas de su actividad, de manera que se mueve en el mundo de sus propios signos, un mundo que aparece enredado en la inminente posibilidad de que algo peor suceda.
















