8 dic 2014

Amor se escribe con T

En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a ver cómo ciertos periodistas considerados “independientes” critican abiertamente a Tenfield, y a ver cómo ciertos empleados de la citada empresa la defienden a capa y espada, como si de una cuestión vital se tratase.

18 - Juan Carlos Scelza
Juan Carlos Scelza
En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a ver cómo ciertos periodistas considerados “independientes” critican abiertamente a Tenfield, y a ver cómo ciertos empleados de la citada empresa la defienden a capa y espada, como si de una cuestión vital se tratase. Lejos de sumarnos a esta dinámica (pues ni somos independientes ni Casal nos ha firmado jamás un cheque), intentaremos indagar en los mecanismos que hacen de Tenfield una de las empresas mediáticas más defendidas (por sus propios empleados) del mundo.
“Yo soy Tenfield. Me siento Tenfield y estoy orgulloso de serlo y no tengo que justificarme ante nadie si defiendo mi fuente laboral”, declaró Juan Carlos Scelza en abril de este año a Sábado Show (El País).
No sé qué llegó primero. Si las críticas a Tenfield o las encendidas defensas de algunos de sus empleados, tanto en entrevistas como a través de la pantalla de Vtv, el canal de cable de la empresa. Lo cierto es que palabras como las de Scelza se han vuelto cosa frecuente en los últimos años, en los que la oposición a la empresa que maneja los derechos de imagen de los fenómenos más populares de nuestra cultura (el fútbol, el básquetbol, el Carnaval, el ciclismo y los actos del Frente Amplio) parece haberse recrudecido.
No pretendemos analizar las palabras de Scelza (ni las de Atilio Garrido, acaso los dos principales defensores del modelo Casal), sino indagar en aquello que les ha llevado a pensar que podría ser una buena idea pararse frente al gran público para decir cosas tales como: “Todos los que integramos Tenfield SA rendimos tributo con nuestra ofrenda de trabajo sin pausas, esfuerzo continuo y dedicación permanente, a la figura de Francisco Casal, genial inspirador y realizador de este proyecto que para muchos sólo podía concebirse en la dulce atmósfera de los sueños imposibles. El Paco, como en otras tantas actividades que desarrolló en el fútbol y en la vida, se encargó de demostrar que las barreras no existen cuando no se bajan los brazos, haciendo realidad la sentencia bíblica: la fe mueve montañas”.1
El trabajo de la semana. Generalmente estas defensas explícitas son de la forma “al Paco lo defiendo porque me dio trabajo, y porque se lo da a X familias” (X varía entre 200 y 500, según se considere a Tenfield propiamente dicha, al canal Vtv y a la señal internacional Gol TV). El argumento resulta, cuando menos, cuestionable. Soy de la idea de que uno no debe agradecer a quien le da trabajo, sino a quien le da las primeras oportunidades de mostrarse, sobre todo cuando uno pretende incursionar en el “apasionante mundo de los medios” y tiene el currículum medio vacío. Luego la cosa cambia, y se da una relación “empleador-empleado” en la que ambos –en teoría– ganan, o sacan el rédito necesario como para mantener el vínculo. Salvo que Tenfield sea una Ong dedicada a levantar el nivel económico de gente afín a Casal, lo que no parece ser el caso, se puede inferir que los periodistas que trabajan para la empresa son los mejores que la empresa puede contratar.
Sin embargo, algunos empleados demuestran un agradecimiento poco habitual hacia su empleador. Como si el orgullo de pertenecer a “La Empresa” les hiciera creerse indignos de ocupar esos espacios, algo que parecería rozar lo irracional.
Pero afortunadamente para los consumidores de productos Tenfield, y –me atrevo a decir– también para la empresa, cuya imagen difícilmente se beneficie de manifestaciones de amor tan radical como las de Atilio o J C, existen otros caminos para defenderla.
El periodista y conductor Federico Buysan trabajó durante diez años en las transmisiones de básquetbol de VTV, y hace seis meses que se encarga de la sección deportiva del noticiero de dicha señal. No es de los periodistas más identificados con la empresa Tenfield (de hecho, se lo identifica más con Sport, donde hace 17 años que trabaja) y no se lo visualiza como “vocero” de la empresa, lo que probablemente le permite tener una visión más imparcial de este tema.
A propósito de las defensas “a ultranza” ejercidas por algunos empleados de Tenfield, Buysan comentó a Brecha que “cada uno reacciona de manera diferente. Hay colegas que la defienden con ese estilo, y hay otros que la defendemos trabajando, y tratando de poner en escena el mejor producto posible. Creo que la defienden al aire, porque empresarialmente Tenfield no se defiende o no expone sus ideas por medio de sus autoridades y eso lleva a que los comunicadores a veces, teniendo otra campana, decidan hacerlo. A mí nunca me lo pidieron, ni me nació hacerlo, pero si hay algo que es injusto y que es solo para dañar, usaría el micrófono de cualquier empresa para manifestar mi discrepancia”.
Buenos contra malos. Buysan introduce un tema interesante: la ausencia de una voz oficial de la empresa. Quizás el error de Casal esté en que sus apariciones públicas son tan acotadas que los empleados de su empresa se sienten obligados a defenderla cada vez que tienen la posibilidad, en el entendido de que “alguien lo tiene que hacer”.
¿Cómo reacciona un empleado importante al ver que desde diversos medios se ataca la forma de actuar de quienes le pagan el sueldo, sabiendo que los atacados no saldrán a responder? “Reacciono normal –afirma Buysan–, como cuando yo critico a otra empresa y a sus empleados no les debe gustar. Veo qué se critica, quién y ahí puedo hacerme una composición de lugar para ver si me molesta o me es indiferente. Pero me pasa similar cuando critican algo en Canal 12, de su programación, o un programa específico, o en Sport 890. Trato de que todas las empresas en las que estoy sean exitosas, las mejores, para que nos vaya bien, porque es el beneficio para todos.”
También hay visiones más pragmáticas. Consultado por Brecha, el humorista y conductor Rafael Cotelo afirmó que los empleados de Tenfield la defienden “por la misma razón que otros comunicadores dicen que los alfajores que promocionan son ricos, o las mutualistas a las que asocian su imagen son buenas, o las cremas anticelulíticas que usan son milagrosas”. En cuyo caso, me permito arriesgar, debemos dar las gracias al cielo de que Garrido trabaje para Tenfield y no para las cremas Goicoechea.
Guste o no a las autoridades y empleados de la empresa, la imagen de Tenfield ante la opinión pública no es la mejor, por no decir que es decididamente mala. ¿Por qué? ¿Son sus productos de tan mala calidad? No creo. Puede no gustarnos que en Pasión dediquen 30 minutos a la nota de Londinsky en la casa de Iván Alonso y 14 segundos al compacto de Danubio-Rampla, quizás las trasmisiones no sean todo lo buenas que deberían ser, pero podríamos acordar que los productos satisfacen estándares mínimos de calidad, con puntos altos y no tan altos.
Los motivos hay que buscarlos en otro lado, en frases como “a los que están en contra les arrancamos la cabeza” que el periodista Mario Bardanca le adjudica a Nelson “Tano” Gutiérrez, una de las autoridades principales de Tenfield2. Guste o no, las palabras de Bardanca no sorprenden porque ha habido diversos episodios vinculados con esa modalidad de encarar las discrepancias o de imponer sus intereses “de pesado”. Y es cierto que falta “la otra campana”, la de personas que sin depender económicamente de Tenfield, tienen cosas positivas para decir del accionar de sus jerarcas.
Amigos son los amigos. Casal afirmó –paradójicamente– en el libro de Mario Bardanca Yo, Paco que la amistad se demuestra en tres circunstancias: a la hora de pelear, a la hora de prestar plata, y a la hora de donar sangre. Yo me permito agregar una cuarta: a la hora de decirle al otro lo que no quiere escuchar pero que lo ayudará a mejorar.
A mi gusto, uno de los grandes problemas de Casal y de su núcleo más cercano es su incapacidad para aceptar que la gente no los quiere tanto como ellos piensan o desean. No podemos culparlos del todo: la gente en general es muy afecta a criticar a tal o cual periodista para luego seguirlo en Twitter y, si se lo cruza en la calle, pedirle una selfie al grito de “sos un fenómeno, Sergio, te sigo siempre”. Y cuando uno genera tanto agradecimiento entre las personas de su entorno, resulta difícil no rodearse de alcahuetes, de gente para quienes “todo lo que hace Casal está bien, y todo lo que hacen los que no quieren a Casal está mal”.
Sin embargo, hay cosas que saltan a la vista. Que Tenfield filme a los jugadores de Fénix exclusivamente de espaldas debido a que sus camisetas lucen el logo de Fox al frente, además de ser una reacción cuasi infantil, no hace más que potenciar el poder publicitario de una acción tan simple como la de poner unos dólares para “esponsorear” a un equipo de mitad de tabla del fútbol uruguayo. ¿O es que acaso usted tiene claro cuál es el sponsor principal de Racing, Cerro, Tacuarembó o Juventud? Seguro que no. Sin embargo, todos los que estamos metidos en el fútbol sabemos que el de Fénix es Fox, y que eso a Tenfield le molesta. Como efecto colateral, la imagen de Fox (que hasta ayer era esa multinacional que socavaba las bases de nuestra nación a partir de comentarios eternamente filoargentinos) mejora.
Del mismo modo, el principal beneficiado por la actitud aparentemente persecutoria hacia Bardanca es el periodista, no tanto en su situación económica (volvemos al principio: si hoy Canal 4 lo respalda es porque a Canal 4 le sirve tenerlo como empleado; el día que no le sirva prescindirá de sus servicios, algo que Bardanca entiende perfectamente) sino en su imagen ante la opinión pública. Hoy Bardanca es sinónimo de rectitud. Menos plata pero más prestigio. Si uno agarra a una persona en la calle y le pregunta “nómbreme un periodista deportivo que le inspire confianza”, tres de cada cuatro mencionarán a Mario. Y Gutiérrez y Abuchalja mucho han contribuido en tal sentido.3
Acerca de qué podría hacer Casal para mejorar la imagen de su empresa, Buysan es contundente: “tratar de corregir sus errores, como cualquier empresa, pero siendo ésta especialmente mirada, más que cualquiera, y no permitiendo sólo una campana. Acercaría más a la gente a sus directores, para que expliquen, argumenten decisiones o procederes y que después cada uno defina su posición, pero teniendo ambas campanas”.
Quien critica abiertamente a quien ejerce el poder de un modo inadecuado no se convierte automáticamente en héroe. Para ello se necesita que quien ejerce el poder lo haga también para buscar acallar esas críticas.
Parece haber un miedo o aversión a la opinión disidente, que se materializa en encarar al que parece pensar distinto y pedirle explicaciones. Si en Tenfield tuvieran la apertura mental necesaria para ponerle un micrófono delante a quien piensa diferente, otro gallo cantaría. Bardanca tendría menos cosas para criticar, los derechos de imagen del fútbol se licitarían y Tenfield ganaría en un procedimiento por demás cristalino, y Scelza nos empezaría a parecer de lo más simpático. Hasta podríamos volver a nombrar a la selección como “la selección de Tenfield”, mote despectivo con el que solíamos premiar al combinado nacional cuando fracasaba. Como si no fuera tan de Tenfield la que quedaba fuera de los mundiales como ésta que clasifica y siempre da pelea.
Yo no podría prestarle plata ni donarle sangre (supongo que debe tener un grupo sanguíneo exclusivo), tampoco sería muy útil en una pelea. Pero si un día me pregunta, le comentaría estas cosas. Porque estamos para sumar.
1. Editorial publicada en Tenfield.com hace exactamente dos años, atribuida a Atilio Garrido, aunque no está firmada.
2. Según las palabras de Bardanca en Telenoche, esa frase fue proferida en la habitación 938 del hotel Tequendama, de Bogotá. No sé usted, pero si me golpean la puerta de la habitación, pregunto “¿quién es?” y me dicen “el Tano Gutiérrez”, no abro ni loco.
3. Hace algunos días trascendió que Pedro Abuchalja (gerente de Tenfield desde 2008 tras la destitución de Edward “Vela” Yern) había presionado a Canal 4 para que despidiera a Bardanca, algo que ha sido negado desde la empresa. Para un análisis más profundo sírvase leer “Casal, Bardanca y la ceguera”, de Diego Muñoz, en Brecha, 26-XI-14, haga el favor.

7 dic 2014

Cuarta noche de protestas por afroamericano abatido por policía


NY: 

Reuters
dom, 07 dic 2014 




Funeral de Akai Gurley, de 28 años de edad, quien fue abatido por la policía en Nueva York. Imagen del 05 de diciembre 2014. Foto Ap


Nueva York. Una cuarta noche de protestas contra la violencia policial tuvo un lento comienzo en un sábado lluvioso en Nueva York después del funeral de un hombre afroamericano abatido a tiros por un policía caucásico en la escalera de un edificio residencial de Brooklyn.

Pero los manifestantes en Berkeley, California, se enfrentaron con la policía, lanzaron objetos y quebraron vidrios de locales comerciales durante la noche del sábado.

El baleo de Akai Gurley, de 28 años de edad, en un edificio residencial el mes pasado fue el más reciente en una serie de incidentes que han provocado la indignación pública por lo que los manifestantes afirman que es un patrón de uso de fuerza excesiva por parte de agentes de la ley contra afroamericanos.

Las muertes y las decisiones de jurados de no presentar cargos contra los funcionarios involucrados han reactivado un debate nacional respecto a las relaciones raciales en Estados Unidos.

Las manifestaciones comenzaron el miércoles después de que un jurado decidió no presentar cargos contra el policía de Nueva York Daniel Pantaleo por la muerte en julio de Eric Garner, un hombre afroamericano de 43 años de edad y padre de seis hijos.

Nueve días antes, un jurado de Missouri resolvió no presentar cargos contra un policía caucásico que mató a tiros en agosto a un adolescente negro desarmado, lo que dio pie a dos noches de violencia e incendios intencionales en un suburbio de St. Louis.

El viernes, el fiscal de distrito de Brooklyn, en Nueva York, dijo que un jurado evaluará presentar cargos contra Peter Liang, el policía que baleó a Gurley. La policía ha dicho que Liang habría disparado su arma en forma accidental.

Clinton Jordan, un administrador de seguridad de 40 años en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, nació y creció en el complejo residencial Louis H. Pink, donde fue baleado Gurley.

"En este barrio ha habido mucha brutalidad policial, al punto en que estamos hartos", aseguró Jordan.

En otras áreas de Nueva York las manifestaciones eran más contenidas que el viernes, cuando se registraron 20 arrestos.

"Parece ser el clima, realmente no lo está haciendo fácil", comentó un policía en Times Square, que vio a cerca de 200 personas marchando en las inmediaciones durante la tarde.

"El hecho de que la gente se esté movilizando es una gran cosa", comentó Amine Lazreg, un joven de 24 años de Montreal, desde un local de café en Times Square.

Manifestantes y policías se han mostrado moderados en Nueva York, donde no se han registrado grandes hechos de violencia, pero una manifestación que comenzó pacíficamente en Berkeley se volvió violenta cuando algunos manifestantes rompieron ventanas de locales comerciales y lanzaron objetos contra la policía.

A su vez, los agentes de la ley lanzaron gas lacrimógeno y balas de goma, según mostraron imágenes de noticieros locales.

Había más protestas programadas el domingo en Nueva York, Chicago, Filadelfia, Miami y Minneapolis, además de otra decena de ciudades.

La guerra de la información y el triunfo de la propaganda

Por John Pilger

¿Por qué una parte del periodismo ha sucumbido a la propaganda? ¿Por qué la censura y la distorsión se han convertido en prácticas habituales? ¿Por qué la BBC se convierte tan a menudo en el portavoz del poder? ¿Por qué engañan a sus lectores The New York Times o Washington Post? ¿Por qué no se enseña a los jóvenes periodistas a comprender las intenciones de los medios y a objetar a las grandes declaraciones de falsa objetividad? ¿Y por qué no se les enseña que la esencia de gran parte de eso que se llama prensa de masas no es información sino poder?

Estas preguntas son urgentes. Nos enfrentamos a la posibilidad de una nueva guerra, puede incluso que una guerra nuclear, con Estados Unidos determinado a aislar y provocar a Rusia y a la larga a China. Estos hechos están siendo tergiversados por la prensa, incluyendo aquellos que promovieron las mentiras que llevaron al baño de sangre en Irak en 2003. Vivimos un momento tan peligroso y en el que la percepción pública está tan distorsionado que la propaganda ya no es, como la llamaba Edward Bernays, el gobierno invisible. Es el gobierno. Rige de forma directa sin miedo a la contradicción y nosotros somos su principal objetivo: nuestro sentido del mundo, nuestra habilidad de separar la verdad de las mentiras.

La era de la información es realmente la era de los medios. Nos encontramos en una guerra de los medios: censura, demonología, retribución y diversión por parte de los medios, una surrealista suma de dóciles clichés y falsos supuestos. Esta capacidad de crear una nueva realidad lleva años gestándose. Hace 45 años, un libro titulado The Greening of America causó sensación. Su portada traía estas palabras: Viene una revolución. No será como las revoluciones del pasado. Se originará del individuo”. En aquel momento era corresponsal en Estados Unidos y recuerdo cómo el autor, el joven académico de Yale Charles Reich, se convirtió, de la noche a la mañana, en gurú. Su mensaje era que la transmisión de la verdad y la acción política habían fracasado y que solo la cultura y la introspección podían cambiar el mundo. En unos años, guiado por las fuerzas del beneficio, el culto al yo había acabado con nuestro sentido de comunidad, justicia social e internacionalismo. Clase, género y raza quedaron separadas. Lo personal era lo político y el medio era el mensaje.

Tras el final de la guerra fría, la fabricación de nuevas amenazas completó la desorientación política de quienes, 20 años antes, habían conformado una vehemente oposición. En 2003 grabé una entrevista con Charles Lewis, distinguido periodista de investigación, en Washington. Hablamos de la entonces reciente invasión de Irak. Le pregunté: “¿Qué hubiera pasado si la prensa más libre del mundo realmente hubiera cuestionado a George Bush y Donald Rumsfeld y hubiera investigado sus acusaciones en lugar de transmitir lo que era en realidad pura propaganda?”. Contestó que si nosotros, los periodistas, hubiésemos hecho nuestro trabajo, “hay muchas posibilidades de que no hubiéramos ido a la guerra en Irak”. Es una afirmación sorprendente, apoyada por otro de los más famosos periodistas, a quien hice la misma pregunta. Dan Rather, antiguo presentador de noticias de la CBS, me dio la misma respuesta. David Rose, del Observer, y algunos veteranos productores de la BBC que han preferido mantener su anonimato, también dieron la misma respuesta.

En otras palabras, si la prensa hubiera hecho su trabajo, si hubiera cuestionado e investigado la propaganda en lugar de amplificarla, cientos de miles de hombres, mujeres y niños seguirían vivos hoy; millones no habrían tenido que huir de sus casas; no se habría prendido la mecha de la guerra sectaria entre chiíes y suníes y puede que el famoso Estado Islámico ni siquiera existiera. Incluso ahora, a pesar de los millones que protestaron en las calles, gran parte del público occidental no tiene la más mínima idea de la magnitud de los crímenes cometidos por nuestros gobiernos en Irak. Pocos conocen que, en los 12 años de invasión, los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña pusieron en marcha un holocausto, negando a la población iraquí de medios de vida.

Son palabras de un oficial británico responsable de las sanciones a Irak en la década de los 90, un sitio medieval que causó la muerte de medio millón de niños menores de 5 años, según datos de Unicef. El nombre de este oficial es Carne Ross. En el Foreign Office de Londres era conocido como Señor Irak. Hoy se dedica a destapar cómo los gobiernos  engañan y cómo los periodistas difunden, de forma voluntaria, esas mentiras. “Solíamos entregar a la prensa información manipulada de apariencia de inteligencia”, me dijo, “o los excluíamos”. Durante este terrible y silencioso periodo, el principal informante fue Denis Halliday. Entonces Subsecretario General de la Naciones Unidas y oficial veterano en Irak, Halliday dimitió en lugar de tener que implementar políticas que describía como genocidas. Estima que las sanciones costaron la vida a más de un millón de iraquíes. Lo que le ocurrió a continuación a Halliday es educativo. Fue demonizado, vilificado. En el programa Newsnight de la BBX, el presentador Jeremy Paxman le gritó: “¿Es que no estás haciendo apología de Saddam Hussein?”, algo que The Guardian ha calificado recientemente como uno de los “momentos memorables” de Paxman. La semana pasada, Paxman firmó un contrato de un millón de libras por un libro.

Los siervos de la supresión han hecho bien su trabajo. Consideremos los efectos. En 2013, una encuesta de ComRes encontró que la mayor parte del público británico cree que el número de muertos de la guerra de Irak no superó los 10.000, una pequeña fracción del número real. Los restos de sangre que iban desde Irak a Londres se han tapado casi por completo. Se dice que Rupert Murdoch es el padrino de la mafia de la prensa y no hay que dudar del poder de sus periódicos, 127 con una circulación total de 40 millones, y su red de canales Fox. Pero la influencia del imperio de Murdoch no es más grande que su reflejo en la prensa.

La propaganda más efectiva no se encuentra en el Sun o en Fox News, sino bajo el halo liberal. Las acusaciones de que Saddam Hussein disponía de armas de destrucción masiva fueron creídas a pesar de las pruebas falsas porque no las hacía Fox News, las hacía The New York Times.  Lo mismo es cierto en relación al Washington Post o The Guardian, que también han jugado un papel crítico a la hora de preparar a sus lectores para una nueva y peligrosa guerra fría. Los tres medios liberales han malinterpretado los hechos ocurridos en Ucrania como una agresión rusa cuando la realidad es que el golpe de Estado liderado por fuerzas fascistas fue instigado por Estados Unidos y apoyado por Alemania y la OTAN.

Esta perversión de la realidad es tan recurrente que ni se diputa la intimidación y el cerco militar sobre Rusia que Washington trata de imponer. Ni siquiera es noticia, sino que se tapa bajo una campaña de difamación y de miedo similar a las que se Y vivieron durante la primera guerra fría. Y otra vez, el imperio del mal viene a por nosotros, liderado por otro Stalin, o incluso un nuevo Hitler. Elige a tu demonio favorito y adelante.

La supresión de la verdad sobre Ucrania es uno de los más completos apagones informativos que recuerdo. Se está tapando el mayor aumento de tropas occidentales en el Cáucaso y Europa del este desde la segunda guerra mundial. Se encubre la ayuda secreta de Washington a Kiev y sus brigadas neo-nazis culpables de crímenes contra la población del este de Ucrania. Se ocultan las pruebas que contradicen la propaganda oficial que dice que Rusia es responsable del derribo del avión de Malaysian Airlines. Y otra vez, la prensa supuestamente liberal es la principal censora. Sin necesidad de citar hechos o pruebas, un periodista identificó a un líder rebelde como el hombre que derribó el Boeing. Este hombre, escribió, se hace llamar El Demonio. Era un hombre que dio miedo al periodista. Esas eran las pruebas.

Muchos en la prensa occidental han trabajado duro para presentar a la población rusa de Ucrania como extranjeros en su propio país y han obviado a esos ucranianos que buscaban una federación dentro de Ucrania y como ciudadanos ucranianos resistiéndose a un golpe de Estado instigado desde el extranjero contra su Gobierno electo.

No importa lo que tenga que decir el presidente ruso, se le ha convertido en un villano del que se puede abusar con impunidad. Un general americano que dirige la OTAN en Europa y que parece salido de “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”, de nombre General Breedlove, afirma periódicamente sobre las invasiones rusas sin un hilo de evidencia. Su imitación del General Jack D. Ripper de Stanley Kubrick roza la perfección. Según Breedlove, hay 40.000 rusos amasados en la frontera. Y eso es suficiente para The New York Times, The Washington Post o The Observer, este último conocido por las mentiras y fabricaciones que acompañaron a Blair en su invasión de Irak, tal y como reveló David Rose.

Encontramos casi el entusiasmo de una reunión de clase. Quienes hacen sonar tambores del Washington Post son los mismos editorialistas que calificaron de pruebas sólidas las alegaciones de que Saddam Hussein disponía de armas de destrucción masiva. “Si te preguntas”, escribió Robert Parry, “cómo el mundo puede ir a parar a la tercera guerra mundial, como ocurrió en la primera guerra mundial ahora hace 100 años, solo tienes que mirar a la locura en la que se ha envuelto toda la estructura política y mediática estadounidense en la crisis de Ucrania, donde la falsa narrativa de buenos y malos se instauró desde el principio y ha sido inmune a los hechos y a la razón”.

Parry, el periodista que destapó el escándalo Irán-Contra, es uno de los pocos que investigan el papel de los medios en este juego de la gallina, tal y como lo ha llamado el ministro de Exteriores ruso. ¿Pero es un juego? El Congreso de Estados Unidos vota ahora la Resolución 758, que, en pocas palabras, dice: “vamos a prepararnos para la guerra con Rusia”.

En el siglo XIX, el escritor Alexander Herzen describió el secularismo liberal como “la religión definitiva, aunque su iglesia no es del otro mundo sino de este”. Hoy, este divino derecho es más violento y más peligroso que nada que pueda inventar el mundo islámico, aunque puede que su mayor triunfo sea la ilusión de información abierta y libre. Las noticias hacen desaparecer países enteros. Arabia Saudí, fuente del extremismo y el terrorismo patrocinado por Occidente, no es una historia salvo que haga bajar el precio del petróleo. Yemen lleva 12 años aguantando ataques con drones estadounidenses. ¿Alguien lo sabe? ¿A alguien le importa?

En 2009, la Universidad del Oeste de Inglaterra publicó los resultados de un estudio de diez años de duración sobre la cobertura de la BBC sobre Venezuela. De las 304 piezas emitidas, tan solo tres mencionaban algún aspecto positivo de las políticas introducidas por el Gobierno de Hugo Chávez. El mayor programa de alfabetización de la historia de la humanidad apenas recibió una mención de paso. Millones de lectores y espectadores europeos y estadounidenses desconocen los importantes cambios llevados a cabo en América Latina, muchos de ellos inspirados por Chávez. Como la BBC, la información de The New York Times, The Washington Post, The Guardian o el resto de medios occidentales respetables está escrita a mala fe. Chávez fue ridiculizado hasta en su lecho de muerte. ¿Cómo se explica esto en las facultades de periodismo?

¿Por qué hay millones de personas en Gran Bretaña convencidas de que ese castigo colectivo llamado austeridad es necesario?
La crisis económica de 2008 expuso un sistema podrido. Por un Segundo, los bancos fueron señalados como bandidos que habían traicionado sus obligaciones con el público. Pero tras unos meses, salvo por las acusaciones de sobresueldos excesivos, el mensaje cambió. Las fotografías de banqueros culpables desaparecieron para dar paso a la austeridad, que se ha convertido en una carga para millones de ciudadanos.

Hoy, muchos de las instituciones de la vida civilizada británica están siendo desmanteladas para pagar una deuda fraudulenta. El valor de los recortes es de más de 83 millones de libras, una cantidad similar a los impuestos que los mismos bancos y grandes corporaciones como Amazon o el imperio Murdoch han evitado pagar. Y además los bancos reciben subsidios anuales con valor de 100.000 mullones de libras, una cantidad que podrían financiar todo el sistema de salud pública.

La crisis económica es pura propaganda. Las políticas extremas rigen Gran Bretaña, Estados Unidos, gran parte de Europa, Canadá y Australia. ¿Quién defiende a la mayoría? ¿Quién cuenta su historia? ¿No se supone que tienen que ser los periodistas? En 1977, Carl Bernstein, de fama Watergate, reveló que más de 400 periodistas y ejecutivos de los medios trabajaban para la CIA. Incluía ahí a periodistas de The New York Times, Time, y canales de televisión. En 1991, Richard Norton Taylor, del Guardian, reveló algo similar en Gran Bretaña.

Nada de esto es necesario hoy. Dudo que nadie pague al Washington Post u otros medios para acusar a Edward Snowden de apoyar al terrorismo. Dudo que nadie pague a quienes de forma rutinaria difaman a Julian Assange, aunque esto tiene otras recompensas. Me parece evidente que Assange ha atraído tal veneno y celos por la forma en la que WikiLeaks ha desvelado la y avergonzado la fachada de la prensa. No solo se ha convertido en un objetivo sino en la gallina de los huevos de oro. Tras lucrativos contratos para libros o películas, muchos han ganado dinero mientras que WikiLeaks lucha por sobrevivir. Nada de esto fue mencionado el 1 de diciembre en Estocolmo cuando el editor del Guardian Alan Rusbridger compartió con Edward Snowden el Right Livelihood Award, conocido como el Nobel alternativo. Lo sorprendente es que tampoco Assange of WikiLeaks fueran mencionados. Nadie dio la cara por los informantes que han dado a The Guardian una de las mayores exclusivas de la historia. Fue el equipo de Assange y WikiLeaks el que rescató a Snowden en Hong Kong. Ni una palabra. Lo que hace esta censura por omisión tan irónica y vergonzosa es que la ceremonia se celebraba en el parlamento de Suecia, cuyo silencio ha causado un grotesco uso de la justicia en Estocolmo.

“Cuando la verdad se sustituye con el silencio”, dijo el disidente soviético Yevtushenko, “el silencio es una mentira”. Este es el tipo de silencio que los periodistas tienen que romper. Necesitamos mirarnos en el espejo y denunciar los servicios de la prensa al poder y la psicosis que nos lleva hacia la amenaza de una guerra.

En el siglo XVII, Edmund Burke describió el papel de la prensa como el cuarto estado, que controla a los poderosos. ¿Fue cierto alguna vez? Desde luego, ya no lo parece. Necesitamos un quinto estado: un periodismo que monitorice y que contraponga la propaganda y que enseñe a los jóvenes a ser agentes del pueblo, no del poder. Necesitamos algo similar a lo que los rusos llamaron perestroika: una insurrección del conocimiento hasta ahora dominado. Podemos llamarlo periodismo de verdad.
Han pasado 100 años desde el inicio de la Primera Guerra Mundial. En aquel momento se condecoró a los reporteros por su silencio y su complicidad. En el punto álgido de la masacre, el primer ministro británico David Lloyd George confesó al editor del Manchester Guardian: “Si la gente realmente supiera la verdad, la guerra acabaría mañana, pero por supuesto no saben y no pueden saber”.

Es hora de que sepan.

LOS MEDIOS DE LA DICTADURA

El dueño de La Nueva Provincia, diario de Bahía Blanca, enfrenta una acusación por complicidad con la dictadura militar. Los aspectos centrales de la investigación: secuestros, homicidios y propaganda.
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Por Diego Kenis
¿Quién es Vicente Massot?
En su primera declaración ante la Justicia, en marzo de este año, Vicente Gonzalo María Massot eligió definirse como empresario y periodista. Su madre, Diana Julio, fue heredera, directora y propietaria del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, fundado en 1898 por su ancestro Enrique Julio. Convertido en hegemónico, el grupo agregó luego a sus empresas la radio LU2 de AM, una emisora FM y hasta 1980 el canal de televisión Telenueva. Además de los roles que eligió para definirse y conocido por su pensamiento reaccionario, Vicente Massot también incursionó en política: en 1993 fue Secretario de Asuntos Militares –virtual viceministro- del Ministerio de Defensa de la Nación, bajo la presidencia de Carlos Menem. Tanto los años de la dictadura como los del menemismo significaron un crecimiento significativo para la empresa familiar. A la sostenida hegemonía del medio impreso se agregó el liderazgo de la radio, a partir del cierre y el vaciamiento de otras dos emisoras de peso en Bahía Blanca: LU7 y LU3, en 1978 y 1994, respectivamente.
¿De qué se lo acusa?
Los delitos por los que se acusa a Massot se vinculan al rol que ocupó La Nueva Provincia durante la última dictadura cívico militar y en los años previos, y tienen que ver con su pertenencia al núcleo directivo, tanto empresarial como periodístico, del medio.
Existen dos grandes ejes en la acusación. Por un lado, los secuestros y homicidios de los obreros gráficos y delegados gremiales Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola, quienes encabezaron medidas de fuerza contra la patronal en 1975 y menos de un año más tarde, ya ocurrido el golpe del 24 de marzo, fueron asesinados. Previamente, las páginas del diario les habían advertido que no se creyeran parte de “una nueva raza invulnerable de por vida”. En sintonía con las consideraciones hechas por el matutino, la Prefectura elaboraba informes de inteligencia donde señalaba a las víctimas como parte del “personal a ser raleado de un medio de difusión fundamental” al formar parte de lo que llamaban “guerrilla sindical” y desde el Comando del V Cuerpo de Ejército se les advertía que se dejen de “romper las pelotas, que la mano viene brava”.
Por otro lado, los fiscales acusan a la cúpula directiva de La Nueva Provincia de entonces de haber efectuado “aportes esenciales” en el terreno de las operaciones psicológicas y de propaganda negra sobre la población, para favorecer el ejercicio de la violencia criminal por parte de la estructura estatal, lo que no podría haberse efectuado sin una construcción de sentido acorde. Esta fórmula de imputación es novedosa incluso en la jurisprudencia internacional, donde registra pocos antecedentes, y se asienta sobre la premisa de que un genocidio no puede perpetrarse si no cuenta con el aporte de medios hegemónicos que lo fundamenten filosóficamente, lo respalden en base a la desinformación, la tergiversación y la estigmatización del grupo social a ser exterminado, y posteriormente justifiquen lo actuado. Normativas castrenses secretas, puestas a la luz en los últimos años, arrojan claridad sobre el accionar. Una de ellas es el Reglamento de Operaciones Sicológicas, firmado por el dictador Alejandro Lanusse en 1968, que marca la importancia de los medios de prensa en las operatorias.
¿Cómo se llega a la acusación?
Hay varios puntos que considerar como antecedentes. En 1987, la Cámara Federal de Bahía Blanca tomó una extensa declaración indagatoria al general Adel Vilas, segundo comandante del V Cuerpo de Ejército y mandamás de la represión en Bahía Blanca y la región. Vilas calificó a La Nueva Provincia como “un valioso auxiliar de la conducción” y reconoció, por otra parte, que el aparato represivo montaba operaciones psicológicas para encubrir sus crímenes.
Tras la caída de las leyes de impunidad, a mediados de la década pasada se retomaron las investigaciones penales por delitos de lesa humanidad en Bahía Blanca. En 2011, el entonces fiscal de Derechos Humanos Abel Córdoba solicitó el allanamiento del archivo del diario. La solicitud fue rechazada por el juez Eduardo Tentoni, posteriormente recusado por sostener vínculos informales con autoridades navales y del propio medio de comunicación.
En 2011 comenzó en Bahía Blanca el primer juicio por delitos de lesa humanidad. Cuando concluyó, en septiembre de 2012, el Tribunal Oral Federal que lo llevó a cabo incluyó en su fallo un punto donde disponía que se remitiera al Juzgado Federal de primera instancia la investigación acerca del comportamiento del diario y su cúpula directiva durante la dictadura. La determinación surgió luego de que los jueces observaran el modo en que el medio informaba acerca de los delitos tratados en el debate y el marco en que se daban. Los magistrados encontraron que La Nueva Provincia produjo en la época una “comprobada campaña de desinformación y de propaganda negra, destinada no solo a imponer la versión de los victimarios, sino principalmente a colaborar en la creación de un estado tal de anomia legal en la sociedad, que permitió el ejercicio brutal de violencia irracional y desatada por parte de la estructura estatal”.
¿Cómo siguió la causa?
El juez subrogante Santiago Martínez recibió el expediente y delegó la investigación en la Unidad Fiscal de Derechos Humanos conducida por Córdoba, quien en marzo de 2013 fue designado al frente de la recién creada Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN). En Bahía Blanca, fue reemplazado por los fiscales Miguel Palazzani y José Nebbia.
En mayo del mismo año, Nebbia y Palazzani solicitaron la detención e indagatoria de Vicente Massot y el ex jefe de redacción Mario Gabrielli, quien murió dos meses después. En sintonía con sus resoluciones por la negativa en otros expedientes de lesa humanidad, Martínez desvinculó no sólo a Massot sino al diario en su conjunto del plan criminal de la dictadura y entendió que sus publicaciones de la época se enmarcaban en el ejercicio de la libertad de expresión, lo que implicó el desconocimiento del fallo del Tribunal que le remitió originalmente el expediente. La Cámara Federal revocó parcialmente esa resolución y la causa quedó en manos del juez Álvaro Coleffi, quien tomó una declaración espontánea a Massot y posteriormente lo citó a dos indagatorias y le prohibió la salida del país, además de ordenar un allanamiento a la sede de la empresa.
¿Cuáles son las coartadas de Massot?
De acuerdo a lo que trascendió al cabo de sus tres presentaciones ante la Justicia, Massot centró su defensa en una premisa general: que no formaba parte del grupo directivo del diario y que no se encontraba en Bahía Blanca en el año clave de 1976, cuando fueron asesinados los obreros gráficos y La Nueva Provincia publicó varias de las coberturas que fueron detectadas por los fiscales como operaciones psicológicas. Su ausencia dejaría como únicos responsables a su madre Diana Julio y su hermano Federico Massot, ambos fallecidos.
Varios documentos, hallados antes, durante y después del allanamiento – que se concretó el 8 de abril- lo desmienten. La documentación prueba que  para 1976 los hermanos Massot no sólo eran los hijos de la dueña de la empresa, sino también los  socios de ésta. Asimismo, está probado que  en 1978 Vicente Massot participó ya de la asamblea de socios de La Nueva Provincia SRL. Desde 1976 y hasta ese año no se tienen datos porque los libros correspondientes al bienio están sugestivamente desaparecidos de los archivos contables de la firma y no se efectuó sobre su faltante la denuncia de extravío, lo que es de rigor en tales casos.
Por otro lado, las pericias efectuadas por la Oficina de Investigación Económica y Análisis Financiero (OFINEC) sobre otros documentos contables hallados en la sede de la empresa revelan que el imputado se desempeñaba “en forma permanente” en 1976 y que cumplía el rol de editorialista, de los principales en la estructura periodística de un diario. Además consta que entre septiembre y noviembre de ese año tuvo “asistencia completa”. Los datos desmienten no sólo su ausencia de la ciudad en 1976 sino también sus afirmaciones respecto a que recién en 1977 comenzó a trabajar en la empresa familiar.
En el caso específico de los secuestros y homicidios de los obreros gráficos Heinrich y Loyola, un poder firmado por su madre certifica que a Massot le fue encomendado en 1975 “todo trato con el personal” en conflicto con la patronal y una decena de actas notariales avalan que los encuentros con los delegados gremiales no fueron excepcionales, como pretendió explicar el 18 de marzo en su declaración espontánea, sino frecuentes.
¿Cuál es la importancia y qué repercusiones ha tenido la causa?
Por sus características, la acusación contra Massot ha despertado el interés de medios nacionales e internacionales. Se trata de una fórmula de imputación novedosa, con pocos antecedentes en el mundo y que pone en discusión el rol de los medios de comunicación en la legitimación de un genocidio, mediante el aporte de operaciones psicológicas para su ejecución y con una construcción de sentido y un diseño de la subjetividad que permitan su implementación y posterior justificación, con la entronización como verdad dada de un relato falaz de los hechos y la caracterización de un Otro a ser exterminado.
¿Qué rumbo puede seguir la causa?
El 20 de noviembre, el juez Coleffi tomó declaración indagatoria al imputado por segunda vez. Una semana más tarde, los fiscales Palazzani y Nebbia elevaron al magistrado un nuevo escrito. En casi 700 páginas, analizaron pormenorizadamente las publicaciones del diario en el bienio 1976- 1977. Tras cada paso cumplido, reiteraron su pedido original: que Massot sea detenido y procesado. La decisión la tendrá el juez, de buenos antecedentes en causas por delitos de lesa humanidad y sometido a múltiples presiones de parte del mismo sector judicial que resolvió por la negativa ante las acusaciones iniciales contra el empresario.
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Identificaron restos de uno de los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos

La información fue publicada en redes sociales y luego confirmada por una fuente oficial.




Uno de los 43 estudiantes desaparecidos desde setiembre en el estado mexicano de Guerrero fue identificado en los estudios de ADN que se realizan en un laboratorio de Austria, informó este sábado una fuente oficial.

"Una de las piezas corresponde a uno de los normalistas" (estudiantes), confirmó a la AFP la fuente, que pidió guardar el anonimato. Felipe de la Cruz, vocero de los padres, avanzó que darán información sobre estos resultados en un encuentro que se realizará en Ciudad de México.

Fuentes cercanas a las familias señalaron a la AFP que el estudiante identificado es Alexander Mora. Se trata de la primera identificación de uno de los 43 estudiantes que desaparecieron el 26 de septiembre en Iguala (Guerrero) tras ser atacados a tiros por policías locales y sicarios narcotraficantes aliados.

Por declaraciones de detenidos, la fiscalía cree que los 43 estudiantes fueron asesinados por sicarios que después quemaron sus cadáveres en un basurero y arrojaron los restos a un río.

Los investigadores pudieron recuperar algunos restos humanos en un basurero y en la orilla del río y los enviaron a un prestigioso laboratorio de la universidad de Innsbruck (Austria) para su identificación. Hasta ahora, las familias siempre han rechazado esta versión y aseguran que sus hijos están vivos.

La fiscalía general no se ha pronunciado sobre esta información, pero ha convocado a una conferencia de prensa para este domingo.

El crimen de Iguala ha generado una ola de indignación sin precedentes en México y colocado a Enrique Peña Nieto en la peor crisis de su presidencia.

La noticia fue comunicada primero por integrantes de la Escuela Normal Rural de Ayoztinapa. El diario El Universal de México señala que el primer mensaje con la información fue publicado en la página de Facebook de la Escuela y estaba escrito en primera persona. Señalaba que los forenses argentinos que trabajan en el caso idenrificaron los restos de Alexander Mora Venancio y lo comunicaron al padre del estudiante.



Foto publicada en la página de Facebook de la Escuena normal rural de Ayoztinapa.