Pese a la recuperación económica, la desigualdad fractura la ciudad. El censo de los sin techo ha crecido un 86% en 10 años y el crecimiento no basta para frenar la brecha
AMANDA MARS Nueva York 2 ENE 2016
Una mujer pide limosna e una esquina de la Quinta Avenida en Nueva York, a finales de noviembre. / JEWEL SAMAD (AFP)
El metro de Nueva York, esa gigante y envejecida red de trenes que turistas y artistas han convertido en un fetiche, es el único lugar de la ciudad donde las fronteras sociales se diluyen. El subsuelo tiene algo igualitario, ocho millones de personas con poco que ver entre sí se mezclan cada día en él y comparten espacio con las ratas que campan por las estaciones. Al salir a la superficie, cada uno se va a su compartimento social: a sus dispares colegios o barrios, a servir bagels, a vender acciones o a tomar fotografías, todo a un ritmo frenético.