Por Ariel Dorfman
2 de mayo de 2024

Es una lástima que Daniel Noboa, el iletrado presidente de Ecuador, no hubiera leído a Alejo Carpentier. Se hubiera ahorrado los múltiples contrariedades que le han llovido desde que ordenó a la policía asaltar la embajada de México para detener al exvicepresidente Jorge Glas, que había buscado refugio ahí. En efecto, hubiera bastado que Noboa leyese El Derecho de Asilo de Carpentier para que encontrara la solución al dilema que le planteaba la presencia del prófugo Jorge Glas en la legación mexicana.



