14 nov 2013

OPINION:El vuelo de Constanza – Por Emilio Cafassi

El vuelo de Constanza – Por Emilio Cafassi

11 noviembre, 2013 Opinión


fin de semana la precandidata presidencial por el Frente Amplio uruguayo (FA), Constanza Moreira, desarrolló una serie de actividades en Buenos Aires.


Concedió entrevistas a medios de comunicación, expuso en algunos foros de debate, pero su actividad política fundamental la encontró encabezando un acto con uruguayos residentes en la ciudad, organizado por un puñado entusiasta de ellos que comenzaron a nuclearse informalmente en torno a su candidatura. Colaboro con esta iniciativa mientras estoy en la ciudad, de forma tal que no soy neutral en cuanto a preferencias. Tal vez el propio atractivo de la convocatoria o tal vez el error de cálculo de la organización, hizo que la sala prevista se viera desbordada por más de un centenar de asistentes, teniendo que mudar ad-hoc al público con las consecuentes dilaciones. En cualquier caso lo sustantivo es el carácter del encuentro y los contenidos puestos en debate. También la proyección que contiene ya que el área metropolitana porteña sería el segundo distrito electoral uruguayo si no se hubiera perdido vergonzosamente y por paliza el plebiscito por el voto blanco (de enmienda constitucional habilitando el voto consular) en 2009 y si la derecha encarnada en la coalición de facto de los partidos blanco y colorado no bloqueara la búsqueda de alternativas parlamentarias (que requerirían de mayorías especiales) para el reconocimiento de un derecho ciudadano elemental del que gozan las diásporas de la amplia mayoría de los países occidentales. Aún así, mantiene relevancia cuantitativa en virtud de que la proximidad geográfica ha permitido en la historia reciente el desplazamiento a votar de unos 30.000 ciudadanos uruguayos, algo menos de la cuarta parte de los residentes legales en Argentina, según el último censo.

No soy periodista de forma tal que no podría glosar la exposición de la actual senadora. Tampoco bastaría una página para la diversidad de problemas abordados. Simplemente intentaré señalar algunas significaciones del encuentro en particular y más ampliamente de la alternativa que encabeza. En primer lugar creo que la precandidatura, ya casi oficializada por el Plenario del FA del fin de semana pasado (aunque resta formalmente la confirmación por parte del Congreso a fin de mes), resulta expresiva de la imperiosa necesidad —cuyo peso resulta indeterminable por el momento— de renovación y rectificación del rumbo frentista , no exclusivamente en lo que a programa y medidas actuales de gobierno respecta, sino también al modelo de organización o al menos a su mecánica de funcionamiento concreto. Constanza lo expresó en términos ilustrativos como cerramientos partidarios que en sucesión secuencial, iban ocluyendo alternativas hipotéticas y perfilando de este modo el futuro de la izquierda. La histórica unidad en la amplia diversidad que caracterizó al FA parecía encaminarse a la unanimidad, borrando toda diferencia en materia de oferta electoral. Algo inconcebible para un movimiento de tan variadas fuentes ideológicas. No sólo los sectores políticos más próximos al otro precandidato, el ex presidente Tabaré Vázquez, decidían apoyar su precandidatura, sino además el MPP y el partido Comunista. Algo así como el 95% del electorado propio si se considerara una proyección proporcional a sus influencias pasadas. Tuvo que aparecer el ofrecimiento por parte de opciones partidarias electoralmente minoritarias y la propia aceptación del desafío por parte de la precandidata, para que este curso pretendidamente ineluctable se viera al menos interpelado.

Hipotetizo que las decisiones partidarias mayoritarias quebraron el puente que unía a dirigentes y dirigidos, que comenzó a debilitarse y estrecharse desde el acceso al gobierno en 2005, dejando ahora entre ellos, lo que considero un hueco abisal. Independientemente de la voluntad o el grado de conciencia de los líderes para la adopción de estas decisiones, es evidente la consolidación de una capa dirigencial autonomizada que encuentra intereses y argumentos en común produciendo una gran desideologización y pasteurizan el debate. Sin embargo, no debería ser extraño que este fenómeno sociológico se vuelva a expresar en la historia, aún al interior de una izquierda —lo que lo hace más triste aún— cuando el régimen político, la democracia liberal fiduciaria, sigue gozando de impunidad teórica y consecuente supervivencia acrítica en su interior. Es imposible luchar contra tendencias o desviaciones que ni siquiera se conciben. La historia no prevé otra consecuencia que ser víctima de ellas. El electoralismo es estructuralmente inherente al statu quo de la democracia a secas.

Tampoco es ajeno a esta resultante el reeleccionismo como instituto permisivo, no casualmente encarnado en la alternativa del ex presidente en este caso preciso, aunque sea discontinuo. Entre sus aspectos negativos, deberá agregarse la reproducción del caudillismo y el paternalismo que a la vez estimula la creencia en los dirigentes insustituibles facilitando la perpetuación y la concentración de poder. Además de antidemocrático, en el sentido del obstáculo a la distribución del poder, también resulta culturalmente autoritario. Refuerza los roles jerárquicos y potencia la división señalada entre bases y líderes, facilita la burocratización e infunde la superioridad imaginaria del “dirigente profesional y experimentado”, organiza la red de cooptación y resguarda a sus usufructuarios suprimiendo o disuadiendo todo análisis de costo y beneficio. Aún si se probara que con esta alternativa reeleccionista se garantizara excluyentemente el acceso a un tercer gobierno (tal como sin mayores fundamentos estadísticos se sostuvo) además de interrogarnos por las causas de tal polarización, resultaría indispensable un debate acerca de los institutos que contengan o morigeren estas tendencias. Pero más aún, estas consideraciones no atañen sólo a los cargos unipersonales como la presidencia, sino a todos los elegibles, tanto en el Estado como en los partidos, y también en las organizaciones civiles.

La alternativa que se presentó en Buenos Aires instala un lazo embrionario de superación práctica de la resignación de muchos militantes ante la artificiosa —e ideológica— imposición de la “naturalidad”. Sin exitismo alguno, en esta etapa al menos, este lazo debiera ser cuidadosamente cultivado con el famoso apotegma gramsciano del optimismo de la voluntad, aunque con el pesimismo de la razón. Con propuestas propias y sin personalización alguna, ya que la personalización de la actividad política y el culto a la personalidad es otro de los riesgos que acecha por igual a todo liderazgo, incluyendo obviamente no sólo al que apoyan casi todos los partidos, sino también al de la senadora. Para decirlo más claramente aún, no creo que sea el momento de criticar a Tabaré Vázquez (lo he hecho cuando lo creí oportuno por razones de gestión o intervención pública fuera del período electoral) sino de enfatizar el carácter diferencial y propositivo del proyecto alternativo.

Por eso creo fundamental el énfasis puesto en el acto de priorizar el carácter frenteamplista por sobre las agrupaciones políticas que lo conforman. Constanza lo sintetizó (sin ser textual) más o menos así: primero debemos ser frenteamplistas y luego del partido X. Porque, como se insinuó, si así no fuera, se correría el riesgo de conversión del FA desde un movimiento hacia una mera coalición electoral. Agregaría que en este caso, se incrementaría la sangría participativa y militante de los independientes, que en mi opinión —claramente comprometida por mi inclusión entre ellos— constituyen la amalgama y encarnadura de la osamenta ideológica y organizativa de toda la fuerza.

Pero este principio llama además al reforzamiento de la ética militante que en alguna intervención puntual en las redes sociales encontré puesta en duda bajo la forma del voto a Constanza en las internas aunque con posterior voto en blanco, anulado o hasta a otra fuerza en caso de derrota de esta alternativa. Considero absolutamente reprobable la no aceptación de los resultados si se participa con las reglas de juego comunes a todos y previamente aceptadas. Intervenir de este modo la concibo una maniobra de invasión promiscua en un espacio político cuya pertenencia y participación posterior se supedita exclusivamente al éxito de la propia opinión u opción. El deber ético exige apoyar incondicionalmente a quien gane, al menos en el espacio temporal de 4 o 5 meses entre las internas y la elección nacional.

Pero si no bastara la ética, existen algunas razones pragmáticas que sustentan esta conclusión y podrían sintetizarse en la idea de que “nos necesitamos todos”. Al FA no le sobra caudal electoral, ni creo que haya líder que pueda aportarle mucho más que lo ya obtenido en su mejor elección. Por el contrario, viene de caídas diversas y desiguales sobre las que no abundaré. Comprometer las mayorías parlamentarias llevaría a negociar el programa de gobierno con la derecha reforzando aún más la tibieza o, si se prefiere, el centrismo hacia el que viene desplazándose la gestión frentista. Peor aún, podría llevar al retorno de esa secular derecha al Poder Ejecutivo. Por último, si bien la participación en las instancias políticas de base se ha reducido drásticamente, la vitalidad de los sindicatos, movimientos sociales y organizaciones varias de la sociedad civil, y su vinculación con el FA compensan en parte esta tendencia y han llevado a que las pocas aventuras centrífugas que partieron de sí, tanto por izquierda como por derecha, hayan quedado reducidas a la insignificancia electoral o bien fueron posteriormente re-atraídas. Con sus limitaciones y preocupantes declinaciones, el FA sigue siendo la expresión política de los más amplios estratos sociales explotados y las minorías discriminadas.

El modo más contundente de superar el riesgo de la restauración conservadora, se encuentra en el propio trabajo colectivo. Nos une mucho más que el espanto. Es fundamental retomar el debate sobre los grandes temas de las izquierdas sin condicionamientos y convocar con ellos a la más amplia movilización y participación de todos aquellos activos actuales o los de otros tiempos, hoy refugiados en el remanso de la vida privada. El vuelo de Constanza a Buenos Aires fue una primera contribución a tal debate en estas tierras.

Resta que de conjunto también vayamos remontando vuelo.

http://www.republica.com.uy/el-vuelo-de-constanza/

13 nov 2013

IRÁN / ESTADOS UNIDOS:hacia un acuerdo "heroico"


IRÁN / ESTADOS UNIDOS

¿Hacia un ‘acuerdo

heroico’?

Ignacio Ramonet



Los gestos de acercamiento entre Teherán y Washington se multiplican. Una nueva era parece comenzar. De ahora en adelante se vislumbra una solución política que ponga fin al conflicto que enfrenta, desde hace treinta y tres años, a Irán y Estados Unidos. De repente, los gestos de conciliación han sustituido a las amenazas y a las imprecaciones proferidas desde hace décadas. Las cosas se aceleran. Hasta el punto de que la opinión pública se pregunta cómo hemos pasado tan rápidamente de una situación de enfrentamiento constante a la perspectiva, ahora plausible, de un próximo acuerdo entre estos dos países.

Apenas hace dos meses, a principios del mes de septiembre, estábamos –una vez más– al borde de la guerra en Oriente Próximo. Los grandes medios de comunicación mundiales solo publicaban titulares sobre el “inminente ataque” de Estados Unidos contra Siria, gran aliado de Irán, acusado de haber cometido, el 21 de agosto, una “masacre química” en la periferia este de Damasco. Francia, por razones que aún continúan siendo enigmáticas, se hallaba en primera línea. Dispuesta a participar en este ataque, incluso sin la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU), sin haber pedido la aprobación del Parlamento francés y sin esperar el informe de los expertos de la ONU… David Cameron, primer ministro británico, también se alistaba en lo que se presentaba como una nueva “Coalición internacional” decidida a “castigar” a Damasco tal y como se había “castigado”, con el concurso de la OTAN, en 2011, a la Libia del coronel Gadafi… Por último, varios Estados vecinos –Arabia Saudí (el gran rival regional de Irán), Catar y Turquía–, que ya estaban muy involucrados en la guerra civil siria del lado de los insurgentes, apoyaban asimismo el proyecto de “bombardeos aéreos”.

Todo apuntaba pues hacia un nuevo conflicto. Y esto, en esa zona de “todos los peligros”, corría el riesgo de transformarse pronto en una conflagración regional. Porque Rusia (que dispone de una base naval geoestratégica en Tartús, en la costa siria, y suministra masivamente armas a Damasco) y China (en nombre del principio de la soberanía de los Estados) habían advertido que opondrían su veto a toda petición de acuerdo del Consejo de Seguridad para llevar a cabo ese ataque. Por su parte, Teherán, a la vez que denunciaba el uso de armas químicas, se oponía asimismo a una intervención militar, pues temía que Israel aprovechara la ocasión para atacar a Irán y destruir sus instalaciones nucleares… Por tanto, el conjunto del polvorín próximo-oriental (incluyendo el Líbano, Irak, Jordania y Turquía) corría el riesgo de explosionar.

Pero, de repente, ese proyecto de “ataque inminente” se abandonó. ¿Por qué? En primer lugar, hubo un rechazo de las opiniones públicas occidentales, mayoritariamente hostiles a un nuevo conflicto cuyos principales beneficiarios, sobre el terreno, solo podían ser los grupos yihadistas ligados a Al Qaeda. Grupos, por otra parte, contra los cuales luchan las fuerzas occidentales en Libia, Malí, Somalia, Irak, Yemen y en otros lugares… Más tarde, el 29 de agosto, vino la humillante derrota de David Cameron en el Parlamento británico que dejaba fuera de juego al Reino Unido. A continuación, el 31 de agosto, se produjo el giro de Barack Obama, quien decidió, para ganar tiempo, solicitar la luz verde del Congreso estadounidense… Y por último, el 5 de septiembre, durante la Cumbre del G-20 en San Petersburgo, Vladimir Putin propuso colocar el arsenal químico sirio bajo control de la ONU para ser destruido. Esta solución (indiscutible victoria diplomática de Moscú) le convenía tanto a Washington como a París, Damasco y Teherán. En cambio, suponía, paradójicamente, una derrota diplomática para… algunos de los aliados de Estados Unidos (y enemigos de Irán), a saber: Arabia Saudí, Catar e Israel.

No cabe duda de que esa solución –inimaginable hace tan solo dos meses– debía transformar la atmósfera diplomática y acelerar el acercamiento entre Washington y Teherán.

En realidad, todo había comenzado el pasado 14 de junio cuando fue elegido a la presidencia de Irán Hasán Rohaní, quien sucedió al muy polémico Mahmud Ahmadineyad. En su investidura, el 4 de agosto, el nuevo presidente declaró que comenzaba una etapa diferente y que procuraría, mediante “el diálogo”, sacar a su país del aislamiento diplomático y de la confrontación con Occidente acerca del programa nuclear. Su objetivo principal, dijo, era aflojar la presión de las sanciones internacionales que ahogan la economía iraní.

Estas sanciones se sitúan entre las más duras jamás infligidas a un país en tiempos de paz. Desde 2006, el Consejo de Seguridad, actuando conforme al Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas (1), ha aprobado cuatro resoluciones muy vinculantes –1737 (2006), 1747 (2007), 1803 (2008) y 1929 (2010)– como respuesta a los riesgos de proliferación que presentaría el programa nuclear iraní. Estas sanciones se reforzaron en 2012 mediante un embargo petrolero y financiero de Estados Unidos y de la Unión Europea, que aislaron a Irán del mercado mundial, cuando el país está sentado sobre las cuartas reservas mundiales de petróleo del mundo y las segundas de gas (2).

Todo ello ha deteriorado en gran medida las condiciones de vida. En torno a 3,5 millones de iraníes ya están en paro (es decir, el 11,2% de la población activa), una cifra que podría aumentar hasta los 8,5 millones según el propio ministro de Economía. El salario mínimo mensual es de apenas 6 millones de riales (200 dólares, o 154 euros), mientras que el IPC (Índice de Precios al Consumo) se ha duplicado. Y los productos básicos (arroz, aceite, pollo) continúan siendo demasiado caros. Los medicamentos importados no se pueden encontrar. La tasa anual de inflación es del 39%. La moneda nacional ha perdido el 75% de su valor en dieciocho meses. Por último, a causa de las sanciones, se ha hundido la producción automovilística.

En este contexto de malestar social agudo, el presidente Rohaní ha multiplicado los signos de cambio. Hizo liberar a una decena de presos políticos, entre ellos a Nasrin Sotoudeh, militante de derechos humanos. Después, el 25 de agosto, por primera vez desde hacía décadas, se producía la visita a Teherán de un diplomático estadounidense, Jeffrey Feltman, secretario general adjunto de la ONU, venido en viaje oficial para examinar junto con el nuevo jefe de la diplomacia iraní, Mohammad Javad Zarif, la situación en Siria. Pero nadie duda que ambos abordaron igualmente la cuestión de las relaciones entre Irán y Estados Unidos. Por otra parte, acto seguido, acontecía un hecho insólito: Hasán Rohaní y Barack Obama se enviaban cartas en las que se declaraban dispuestos a llevar a cabo “discusiones directas” para intentar encontrar una “solución diplomática” a la cuestión nuclear iraní.

A partir de ahí, Hasán Rohaní se ha puesto a decir las frases que, desde hacía años, los occidentales querían oír. Por ejemplo, durante una entrevista a la CNN, declaraba a una pregunta sobre el holocausto: “Todo crimen contra la humanidad, incluidos los crímenes cometidos por los nazis contra los judíos, es reprensible y condenable”. Es decir, exactamente lo contrario de lo que Mahmud Ahmadineyad había martilleado durante ocho años. Rohaní afirmaba igualmente a la cadena NBC: “Jamás hemos pretendido obtener una bomba nuclear, y no tenemos intención de hacerlo”. Por último, en una tribuna publicada en el Washington Post, el presidente iraní proponía a los occidentales buscar, mediante la negociación, soluciones “beneficiosas para todas las partes”.

Como respuesta, Barack Obama, en su discurso ante la ONU del 24 de septiembre, en el cual citó veinticinco veces a Irán, dijo asimismo lo que Teherán quería oír. Que Estados Unidos no “pretendía cambiar el régimen” iraní, y que Washington respeta “el derecho de Irán a acceder a la energía nuclear con fines pacíficos”. Sobre todo, por primera vez, no amenazó a Irán ni repitió la frase fatídica: “Todas las opciones están sobre la mesa”.

Al día siguiente, el secretario de Estado estadounidense John Kerry y el ministro iraní de Asuntos Exteriores Mohammed Javad Zarif mantenían –por primera vez desde la ruptura de las relaciones diplomáticas entre los dos países el 7 de abril de 1980– una reunión diplomática bilateral acerca del programa nuclear iraní. Y se volvieron a ver en Ginebra el 15 de octubre en el marco de la reunión del Grupo de los Seis (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia, más Alemania), encargado de seguir, con mandato de la ONU, la cuestión iraní.

Esta atmósfera de frases conciliadoras y de pequeños pasos en el camino hacia la reconciliación iba a encontrar su escenificación más espectacular durante el ya famoso intercambio telefónico del 27 de septiembre entre Barack Obama y Hasán Rohaní.

A excepción del Gobierno ultraconservador de Israel que intenta torpedear este acercamiento (3), otros aliados de Estados Unidos no quieren ser los últimos en subirse al tren de la paz ni, sobre todo, dejar escapar jugosos contratos comerciales con un país de ochenta millones de consumidores… Así, el Reino Unido anunció inmediatamente que había decidido volver a abrir su embajada en Teherán y relanzar las relaciones diplomáticas. Y, el 24 de septiembre, el presidente francés François Hollande se apresuró a ser el primer dirigente occidental que se reunía y estrechaba públicamente la mano de Hasán Rohaní. Hay que decir que Francia tiene importantes intereses económicos que defender en Irán. En particular en el sector del automóvil con dos fabricantes (Renault y Peugeot) presentes allí. Desde hace unos meses, estos observan –y ello es significativo– la llegada en gran número de fabricantes estadounidenses rivales, en concreto la General Motors.

Por tanto, todo indica que el deshielo actual va a intensificarse. Irán y Estados Unidos tienen, objetivamente, interés en hacer las paces. El argumento de la diferencia abismal entre los sistemas políticos estadounidense e iraní no vale. Hay numerosos precedentes. ¿Qué similitud política había, por ejemplo, entre la China comunista de Mao Zedong y el Estados Unidos capitalista de Richard Nixon? Ninguna. Lo cual no impidió que estos dos países normalizaran sus relaciones en 1972 y comenzasen su espectacular entendimiento comercial y económico que dura hasta hoy. Y podríamos también citar el inaudito acercamiento, a partir del 17 de noviembre de 1933, entre el Estados Unidos de Roosevelt y la Unión Soviética de Stalin, que todo separaba, y que permitió a ambos países finalmente ganar juntos la Segunda Guerra Mundial.

En el plano geoestratégico, Obama intenta liberarse de Oriente Próximo para dirigirse hacia Asia, la “zona del futuro y del crecimiento, según Washington, del siglo XXI”. La implantación de Estados Unidos en Oriente Próximo, sólida desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se justificaba por la existencia en esta área geográfica de los principales recursos en hidrocarburos, indispensables para la máquina productiva estadounidense. Pero esto ha cambiado desde el descubrimiento, en Estados Unidos, de importantes yacimientos de gas y de petróleo de esquisto que podrían aportarle una casi autonomía energética.

Por otro lado, el estado de las finanzas, tras la crisis de 2008, ya no permite a Washington asumir el considerable coste de sus múltiples participaciones en guerras y conflictos próximo-orientales. Negociar con Irán para que abandone todo proyecto de programa nuclear militar es menos costoso que una guerra ruinosa. Sin contar con que la opinión pública estadounidense continúa siendo radicalmente hostil a la posibilidad de un conflicto de este tipo. Y que aliados como Alemania y el Reino Unido, visto lo que acaba de suceder a propósito de Siria, sin duda no participarían. En cambio, si se alcanza un acuerdo, Irán podría contribuir a estabilizar el conjunto de Oriente Próximo, particularmente en Afganistán, en Siria y en el Líbano. Y aliviar de ese modo a Estados Unidos.

Teherán, por su parte, necesita totalmente este acuerdo para aflojar la presión de las sanciones y reducir las dificultades diarias de los iraníes. Porque el país no está a salvo de un gran levantamiento social. Respecto a la cuestión nuclear, Irán parece haber comprendido que poseer una bomba que no podría utilizar, y hallarse en la situación de Corea del Norte, no es una opción. Podría satisfacerse, igual que Japón, con dominar el proceso técnico pero detenerse en el umbral de lo nuclear militar...el cual quedaría a su alcance (4). Para la defensa del país, más le vale apostar por sus avances militares tradicionales, que están lejos de ser despreciables. Por otra parte, el estatus de potencia regional, al que Teherán desde siempre ha aspirado, pasa por un acuerdo (e incluso una alianza) con Estados Unidos, como sucede con Israel o Turquía. Y por último, elemento no desdeñable, el tiempo apremia; existe el riesgo de que el sucesor de Barack Obama, dentro de tres años, se revele más intransigente.

No faltarán obstáculos en uno y en otro campo. Los adversarios de un acuerdo no son pocos y tienen poder. Washington, por ejemplo, para firmar un eventual acuerdo necesita el aval del Congreso donde los amigos de Israel, en particular, son numerosos. En Teherán también, los adversarios de un acuerdo son temibles. Pero todo indica que un ciclo se acaba. La lógica de la historia empuja a Irán y a Estados Unidos –que comparten una fe común en el liberalismo económico– hacia lo que podríamos llamar un “acuerdo heroico”.



(1) Este capítulo trata de la “acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión».
(2) Las exportaciones de petróleo han caído de 2,5 millones de barriles diarios en 2011 a menos de un millón (según los datos de los últimos meses facilitados por la Agencia Internacional de la Energía). La recaudación por esas exportaciones disminuyó de 95.000 millones de dólares en 2011 a 69.000 en 2012. La cifra de 2013 será previsiblemente todavía inferior.
(3). Sin que se entienda muy bien por qué; pues un acuerdo de Estados Unidos con Irán le garantizaría a Israel la supremacía militar en la región, eliminaría el riesgo de un Irán nuclear y le evitaría una guerra costosa y peligrosa.
(4) Las cuestiones técnicas sobre las que se negocia vierten especialmente alrededor del programa de enriquecimiento de uranio, un proceso que, hasta ciertos niveles tiene usos civiles, pero que, con mayor grado de refinamiento, permite producir cabezas nucleares. En los últimos años, Irán ha multiplicado su capacidad de enriquecimiento elevando el número de centrifugadoras aptas para ello; y también ha empezado a enriquecer uranio hasta niveles del 20%, un umbral todavía de uso civil, pero que le ha acercado significativamente al grado militar. Occidente reclama mayor capacidad de inspección sobre las instalaciones nucleares; que Irán deje de enriquecer al 20% y entregue a algún país o entidad neutral el material ya producido –o lo convierta a formas que impiden o dificultan su ulterior procesamiento hasta niveles militares-. El objetivo es que Teherán no disponga de suficiente stock para armar –si hubiese la voluntad- una bomba.

Le Monde Diplomatique.
Nº: 217 Noviembre 2013

12 nov 2013

ELECCIONES EN CHILE:Una historia de padres y fantasmas (cruces entre Bachelet y Matthei)

Una historia de padres y fantasmas (cruces entre Bachelet y Matthei) -

Por Ariel Dorfman

11 noviembre, 2013 Análisis/Documentos
El general Fernando Matthei, otrora comandante en jefe de la fuerza aérea chilena, habrá de despertarse el domingo 17 de noviembre anticipando un día excepcional, donde tendrá la oportunidad única de votar por su propia hija Evelyn como candidata a la presidencia, un día en que espera que no le ronden resquemores y fantasmas.

Falta que le hace a Evelyn Matthei, que representa la alianza derechista que actualmente gobierna Chile, el sufragio de su padre, ya que no sólo parece asegurada su contundente derrota a manos de la ex presidenta Michelle Bachelet, un resultado desdoroso que puede suscitar una crisis letal en la derecha chilena.

Me pregunto qué va a sentir el general Matthei cuando vea en la papeleta electoral el apellido Bachelet junto al suyo. ¿Recordará que hay un chileno, un íntimo amigo suyo, camarada de toda la vida, un general de Aviación que no podrá emitir su voto en estas elecciones? ¿Pensará Fernando Matthei en Alberto Bachelet, padre de Michelle, que no tendrá jamás la posibilidad de votar por su hija, puesto que en marzo de 1974 el general Bachelet murió de un paro cardíaco inducido por las torturas a las que fue sometido durante seis meses por sus propios colegas militares?

Unicamente por haber sido colaborador del presidente Salvador Allende y mantenerse leal a su causa y su palabra.

Fernando Matthei era agregado aéreo en Londres para el golpe del 11 de septiembre de 1973 y nada pudo hacer para ayudar a su compadre del alma. Su inacción ya es injustificable cuando vuelve a Santiago en enero de 1974 y es nombrado director de la Academia de Guerra de la Aviación, el lugar donde precisamente estaba detenido y fallecería dos meses más tarde el hombre al que su hija Evelyn conocía como el Tío Beto. Aunque en varios procesos posteriores la Justicia chilena determinó que al entonces coronel Matthei no le cabía culpa penal en la muerte del general Alberto Bachelet –debido a que los subterráneos donde apremiaban a su compañero de armas estaban fuera de límites para todo personal que no perteneciera a la fiscalía militar–, otra cosa es la responsabilidad moral. La que, según el mismo Fernando Matthei, todavía le pesa y avergüenza, según confiesa en un libro del 2003: “Primó la prudencia”, dice, “por sobre el coraje”.

Ni el más delirante novelista –y me cuento con orgullo como uno de ellos– podría haber imaginado una historia más inusitada, de dos amigos con destinos tan contrarios. Uno que muere por haber tenido el coraje, pero tal vez no la prudencia, de aceptar, con rango ministerial, un puesto en el gobierno de Salvador Allende. Y el otro que vive con excesiva prudencia y sin coraje para convertirse por dos años en el ministro de Salud de Pinochet y enseguida, durante trece años, integrante de la Junta. La hija de Alberto que llegaría a ser ministro de Salud y después de Defensa en el gobierno de centro-izquierda de Ricardo Lagos y la hija de Fernando que fue senadora y después ministro del Trabajo en el gobierno conservador de Sebastián Piñera. La socialista que fue presidenta de Chile y la derechista que aspira a serlo.

Aunque a estas alturas a lo que de veras aspira es obtener una votación que le permita ocupar por lo menos un honroso segundo lugar en las urnas.

Y es aquí donde la historia de Chile nos ofrece otra sorpresa. Puesto que el general Matthei reconocerá en la papeleta con los aspirantes a la presidencia el apellido de otro candidato cuyo padre tampoco podrá votar en estas elecciones porque fue ultimado por la dictadura.

Se trata de Marco Enríquez, hijo de Miguel Enríquez, líder del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), abatido por la policía secreta en una calle de Santiago el 5 de octubre de 1974. Dejando tras sí a un hijo de un año y medio de edad, que ahora, casi cuarenta años más tarde, le está pisando los talones a Evelyn Matthei. Si Marco puede, en efecto, repetir el 20 por ciento de los votos que consiguió con su candidatura a la presidencia en las elecciones del 2009, logrará desplazar a la hija del general Matthei, para enfrentar a Michelle Bachelet en una posible segunda vuelta, permitiendo que el pueblo de Chile eligiera entre dos candidatos progresistas.

De todos los protagonistas de esta historia, ha sido Miguel al que más conocí. Mi mujer Angélica y yo fuimos amigos suyos, hasta el punto de que, pese a que no estábamos de acuerdo con la vía armada que proponía el MIR, arriesgamos todo para darle amparo en nuestra pequeña casa a él y a otros dirigentes de su partido en 1970, cuando entraron a la clandestinidad durante el gobierno de Frei padre para provocar en Chile una rebelión al estilo de Cuba, una tesis que nunca dejaron de esgrimir, aun durante los tres años del gobierno Allendista.

¿Qué diría Miguel si viera hoy a su hijo defendiendo la necesidad de transformar a Chile por medios pacíficos, si contemplara a su hijo desechando la violencia en que creía con fervor?

Tantos otros revolucionarios latinoamericanos sobrevivieron la represión de las dictaduras y llegaron a entender que la democracia, lejos de ser la camisa de fuerza de los pueblos, es condición esencial de todo cambio profundo, toda justicia duradera. Espero que así hubiera también evolucionado Miguel, que fue tan imprudente en sus ideas y acciones y a la vez tan pleno de coraje en su vida, tan animado por una sed de liberación humana que todavía me emociona.

Me hubiera gustado abrir esa discusión con Miguel. Me hubiera gustado preguntarle si se arrepiente de los errores que cometió durante los años en que Allende fue presidente, cuando el MIR (junto a elementos extremos y díscolos dentro de la Unidad Popular) desestabilizaron al gobierno popular con sus tomas irresponsables de fábricas y terrenos y predios agrícolas, y aceleraron el golpe con su retórica de una revolución armada inminente que nunca se materializó.

Pero, claro, es una conversación que nunca tendremos.

Si hay una insinuación de justicia divina en la derrota que Evelyn va a sufrir incontestablemente a manos de Michelle, un hecho maravillosamente simbólico que la hija de Alberto triunfe sobre la hija del hombre que abandonó a su padre, ¿no sería más que divino y justo que el hijo del guerrillero e insurrecto Miguel Enríquez dejara fuera de juego a la candidata del Pinochetismo? Que el hijo de una de las víctimas le ganara a la hija de uno de los cómplices de esa política de exterminio sería una muestra definitiva de que Chile le ha dado para siempre la espalda al legado de Pinochet.

Pero queda en este cuento inverosímil de fantasmas y padres y linajes, todavía una vuelta más de la tuerca histórica.

Puesto que fue el mismo aborrecible general Matthei el que facilitó que hubieran hoy en Chile elecciones libres, que su propia hija y la hija de su compañero Alberto y el hijo de su enemigo Miguel, pudieran disputar la presidencia, y que fuera el pueblo de Chile, y no sus fuerzas armadas, el que decidiera el porvenir.

Fue para el plebiscito de 1988. Cuando Pinochet quiso desconocer su derrota y fomentar un auto-golpe que lo mantuviera indefinidamente en el poder, fue el general Matthei quien impidió tal maniobra, concediendo públicamente la victoria del “No”, abriendo paso al retorno de la democracia.

Yo quisiera creer que Fernando Ma-tthei, esa noche de octubre de 1988, estaba pagando una deuda con su viejo amigo Alberto, mostrando ante Pinochet la valentía que no mostró catorce años antes cuando ni siquiera fue a visitar ni menos a consolar a un camarada al que estaban torturando a escasos metros de su propia oficina en la Academia de Guerra.

Es una deuda, sin embargo, que no está enteramente saldada. Le queda al general Matthei, a los 88 años de edad, todavía otro gesto de redención con que pudiera señalar silenciosamente su verdadero arrepentimiento, conseguir que los fantasmas finalmente lo dejen en paz.

Sería un gesto simple, aunque arriesgado.

Sólo bastaría que el general, cuando entre al recinto electoral este próximo 17 de noviembre y recorra la lista de los candidatos, sólo bastaría que el general Fernando Matthei decida en forma clara y tajante y deliberada hacer una pequeña marca al lado del nombre de Michelle Bachelet, bastaría solamente entonces que él, su Tío Fernando, vote por ella, puesto que es desafortunadamente imposible que lo haga ahora y siempre su papá.

Ariel Dorfman es el autor de La muerte y la doncella y Konfidenz, dos de las seis obras que publica Página/12 como parte de la Biblioteca Dorfman.



http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-233248-2013-11-10.html

11 nov 2013

LISTAS NEGRAS DE LA DICTADURA ARGENTINA





El Ministerio de Defensa argentino difundió las listas de artistas, intelectuales y periodistas prohibidos por la Dictadura. Aquí las tres actas en las que aparecen personas catalogadas como parte del peligro “marxista” y calificadas en una escala de uno a cuatro según sus antecedentes ideológicos
8 noviembre, 2013 Análisis / Documentos, Documentos
Ministerio de Defensa argentino difundió las listas de artistas, intelectuales y periodistas prohibidos por la Dictadura. Aquí las tres actas en las que aparecen personas catalogadas como parte del peligro “marxista” y calificadas en una escala de uno a cuatro según sus antecedentes ideológicos

Lista de abril de 1979:

http://www.pagina12.com.ar/fotos/20131107/notas/lista1979.pdf/

Lista de enero de 1980:

http://www.pagina12.com.ar/fotos/20131107/notas/lista1980.pdf/


Lista de septiembre de 1982:

http://www.pagina12.com.ar/fotos/20131107/notas/lista1982.pdf/"

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10 nov 2013

Asesinato de Arafat: “Israel es el principal y único sospechoso” (Palestina)

Asesinato de Arafat: “Israel es el principal y único sospechoso” (Palestina)
Publicado el 11/09/13

EFE y AFP – “Israel es el principal sospechoso, el principal y único sospechoso en el caso del asesinato de Yasser Arafat”, afirmó este viernes el presidente de la comisión de investigación palestina, Tawfiq Tiraui, en una rueda de prensa en Ramala (Cisjordania).

Tiraui precisó que la comisión se basa en las conclusiones de los informes médicos suizo y ruso, realizados a partir de muestras biológicas tomadas el 27 de noviembre de 2012 de los restos mortales del líder palestino.

Los informes concluyen que Arafat “no murió de vejez, ni de enfermedad, sino por envenenamiento”, afirmó el doctor Abdalá al Bashir, jefe del equipo médico de la comisión de investigación. Se cree que el polonio sería el causante.

Además, aseguró que “el comité seguirá buscando las verdaderas causas y las anunciará pronto al pueblo”.

De las declaraciones del funcionario se desprende que Israel pudo valerse del entorno más próximo del entonces líder palestino para consumar el envenenamiento.

Una teoría que sustenta la que la viuda, Suha Arafat, difunde desde el año pasado y que acusa a sus allegados de haber introducido el polonio en su comida o bebida.

La comisión palestina aún no dispone del informe francés sobre las mismas muestras y pidió a París que acelere el procedimiento.

“Francia conoce toda la verdad y los detalles sobre el martirio de Yasser Arafat”, insistió Tiraui.

Los motivos de la muerte del dirigente histórico palestino el 11 de noviembre de 2004 en un hospital militar francés no han sido aclarados y muchos palestinos sospechan que Israel lo envenenó.

El Estado hebreo por su parte ha negado siempre estas acusaciones. Sus portavoces recordaron que en 2004 Arafat ya no representaba ninguna amenaza porque “estaba marginado” de la vida política palestina.

Además, destacaron que fue precisamente Israel la que autorizó su salida a Francia para recibir tratamiento médico.