Sonda lunar Chang’e-3 de China realiza alunizaje suave
12/14/13
XINHUA – La sonda lunar Chang’e-3 de China, con el primer vehículo lunar del país a bordo, descendió en la superficie de la luna esta noche, la primera vez que China envía una nave espacial para un aterrizaje suave sobre la superficie de un cuerpo extraterrestre.
La sonda lunar empezó a llevar a cabo el alunizaje suave alrededor de las 21:00 horas del sábado y descendió en Sinus Iridum o Bahía de los Arco Iris, unos 12 minutos después, dijo el Centro de Control Aeroespacial de Beijing.
Durante el proceso, la sonda se desaceleró a 15 kilómetros de la luna, sobrevoló a 100 metros de la superficie lunar para usar los sensores con el fin de evaluar el área de alunizaje para evitar obstáculos y localizar el sitio final de descenso, lo que hizo lentamente sobre la superficie.
El éxito convierte a China en el tercer país, después de Estados Unidos y de la ex Unión Soviética en alunizar suavemente.
En comparación con los otros dos países, que han realizado exitosamente 13 alunizajes suaves sobre la luna, la misión de China diseñó las etapas de suspensión y de elusión de obstáculos para estudiar el área de alunizaje con mucha mayor precisión a través de la colocación de sensores, dijeron los científicos.
El alunizaje suave, que fue calificado como “los 12 minutos negros”, fue la tarea más difícil de la misión, dijo Wu Weiren, diseñador en jefe del programa lunar.
La Chang’e-3 se basó en el autocontrol para las medidas de descenso, alcance y velocidad, encontrando el punto de descenso apropiado y de caída libre.
El alunizaje fue llevado a cabo 12 días después de que la sonda despegara de un cohete portador Gran Marcha-3B mejorado.
La Chang’e-3 es parte de la segunda etapa del programa lunar de China, que incluye la orbitación, descenso y retorno a la Tierra. La misión tiene lugar después de las exitosas llevadas a cabo por la Chang’e-1 y Chang’e-2 en 2007 y 2010.
El alunizaje exitoso muestra que China tiene la habilidad de la exploración in situ de un cuerpo extraterrestre, dijo Sun Huixian, ingeniero adjunto en jefe encargado de la segunda etapa del programa lunar de China.
En los años recientes ha surgido un interés renovado por la luna después del climax de las misiones lunares de la década de los 60 y 70.
La Chang’e-3 realizó el primer alunizaje suave del mundo de una sonda en la luna en casi cuatro década. El último alunizaje de ese tipo fue llevado a cabo por la Unión Soviética en 1976.
“A diferencia de la carrera espacial del siglo pasado entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética, el retorno actual de la humanidad a la luna se basa más en la curiosidad y la exploración del universo desconocido”, dijo Sun.
“El programa lunar de China es un componente importante de las actividades de la humanidad para explorar el uso pacífico del espacio”, dijo el ingeniero en jefe.
Para una civilización antigua como la de China, alunizar tiene otro significado. La luna, una fuente importante de inspiración, es uno de los temas más significativos de la literatura y de los mitos antiguos chinos, incluido el de Chang’e, una mujer que llevó a su mascota “Yutu” (Conejo de jade) en un vuelo hacia la luna, donde se convirtió en diosa.
“Aunque la gente ha descubierto que la luna está descolorida y desolada, eso no cambia su papel espléndido en la cultura tradicional china”, dijo Zhang Yiwu, un profesor de la Universidad de Pekín.
“Aparte de la exploración científica, la sonda lunar es una respuesta a la cultura tradicional e imaginación de China. El programa lunar de China mantendrá vivas las leyendas hermosas”, dijo Zhang. Fi
16 dic 2013
15 dic 2013
Macri subestima a Cuba
Macri subestima a Cuba
Robledo y Aragona son humanos de derecha
El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, sigue siendo funcional a la política de los norteamericanos en el continente, y si puede agredir a Cuba, piensa que gana puntos y podrá llegar a ser el Capriles Argentino.
No solo reunió, en una acción conjunta con la Fundación Libertad, a consagrados dinosaurios de la derecha golpista internacional y agentes de la CIA como Vargas Llosa, José María Aznar, Luis Lacalle, Joaquín Lavín, Marcel Granier, Corina Machado y Alberto Montaner, entre otros, en Buenos Aires y Rosario, a mediados de año.
También mandó, financiado por los EE.UU. en dos oportunidades, agentes de la Policía Metropolitana a El Salvador a recibir instrucción de lucha “antiterrorista” en la International Law Enforcement Academy (ILEA), sucesora de la tristemente célebre “Escuela de las Américas” que formara a tantos torturadores y asesinos del continente. Allí los agentes recibieron entrenamiento en represión, torturas y espionaje político, como en la mejor época de la Doctrina de la Seguridad Nacional
Ahora también manda militantes del PRO (Propuesta Republicana) a falsas conferencias de derechos humanos en La Habana. Nada contradictorio.
Un abonado de la Sección de Intereses de los EEUU en Cuba, Antonio Rodiles, convocó al I° Encuentro Internacional sobre Derechos Humanos y Pactos de la ONU, como parte del plan del gobierno norteamericano para mostrar la existencia de una “fuerte disidencia” en la Isla.
Rodiles, quien se fuera libremente de Cuba en 1998 y regresara en el 2007, reporteado por el Washington Post declaró que “la situación que vivimos es insostenible”…“los ciudadanos cubanos se mantienen en una posición de total indefensión”, al tratar de justificar su convocatoria
Pedro Robledo y Valentina Aragona, argentinos, militantes del derechista partido PRO, y con visas de turistas, pretendieron darle la característica de internacional a la convocatoria de Rodiles y participaron de su encuentro. El jefe político de ambos, justificó ante la prensa corporativa dicha actitud, ya que afirmó “en derechos humanos ahí no hay nada” en alusión a Cuba.
La jugada de los mercenarios del imperio no les salió muy bien, según su propia prensa no lograron reunir 30 personas, y los que quisieron jugar en las grandes ligas de la reacción, Robledo y Aragona, descubrieron lo que es un pueblo decidido a defender su Revolución, y ya están por llegar a Ezeiza, subidos de urgencia a un vuelo de TACA, según informara el diario empresarial Infobae.
Los militantes del PRO comprobaron que más de once millones de cubanos, no pierden su dignidad frente a la propaganda barata de Norteamérica y sus satélites, respondiendo con contundencia a quienes pretenden insultar la inteligencia al decir que en Cuba no se respetan los Derechos Humanos, porque la educación es un derecho logrado y mantenido, como la salud, donde la desnutrición no existe, donde la mortalidad infantil es la menor del continente, donde no se ve gente viviendo a la intemperie, bajo puentes o en la calle, donde la droga no es un flagelo para la juventud, a pesar de soportar el genocida bloqueo económico y financiero por parte del gendarme del mundo desde hace más de cincuenta años
Sería bueno que al llegar a la Argentina, Pedro y Valentina, salieran a caminar por el conurbano bonaerense, por Fiorito o Laferrere, o por la Villa 31, o por Constitución, a pocas cuadras de donde ellos viven, o si quieren ir a ver las paupérrimas condiciones de vida de nuestros campesinos en el impenetrable chaqueño, o como sobreviven muchos de nuestros pueblos originarios, para hacer un curso acelerado sobre que son los derechos humanos. Y eso que no hablamos de nuestros 30.000 desaparecidos y de la infame dictadura que la familia Macri, como otros empresarios, apoyaron para ampliar sus fortunas a costa de la sangre del pueblo
Alberto Mas
corresponsal de Cubainformación en Buenos Aires.- 11/12/13
Robledo y Aragona son humanos de derecha
El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, sigue siendo funcional a la política de los norteamericanos en el continente, y si puede agredir a Cuba, piensa que gana puntos y podrá llegar a ser el Capriles Argentino.
No solo reunió, en una acción conjunta con la Fundación Libertad, a consagrados dinosaurios de la derecha golpista internacional y agentes de la CIA como Vargas Llosa, José María Aznar, Luis Lacalle, Joaquín Lavín, Marcel Granier, Corina Machado y Alberto Montaner, entre otros, en Buenos Aires y Rosario, a mediados de año.
También mandó, financiado por los EE.UU. en dos oportunidades, agentes de la Policía Metropolitana a El Salvador a recibir instrucción de lucha “antiterrorista” en la International Law Enforcement Academy (ILEA), sucesora de la tristemente célebre “Escuela de las Américas” que formara a tantos torturadores y asesinos del continente. Allí los agentes recibieron entrenamiento en represión, torturas y espionaje político, como en la mejor época de la Doctrina de la Seguridad Nacional
Ahora también manda militantes del PRO (Propuesta Republicana) a falsas conferencias de derechos humanos en La Habana. Nada contradictorio.
Un abonado de la Sección de Intereses de los EEUU en Cuba, Antonio Rodiles, convocó al I° Encuentro Internacional sobre Derechos Humanos y Pactos de la ONU, como parte del plan del gobierno norteamericano para mostrar la existencia de una “fuerte disidencia” en la Isla.
Rodiles, quien se fuera libremente de Cuba en 1998 y regresara en el 2007, reporteado por el Washington Post declaró que “la situación que vivimos es insostenible”…“los ciudadanos cubanos se mantienen en una posición de total indefensión”, al tratar de justificar su convocatoria
Pedro Robledo y Valentina Aragona, argentinos, militantes del derechista partido PRO, y con visas de turistas, pretendieron darle la característica de internacional a la convocatoria de Rodiles y participaron de su encuentro. El jefe político de ambos, justificó ante la prensa corporativa dicha actitud, ya que afirmó “en derechos humanos ahí no hay nada” en alusión a Cuba.
La jugada de los mercenarios del imperio no les salió muy bien, según su propia prensa no lograron reunir 30 personas, y los que quisieron jugar en las grandes ligas de la reacción, Robledo y Aragona, descubrieron lo que es un pueblo decidido a defender su Revolución, y ya están por llegar a Ezeiza, subidos de urgencia a un vuelo de TACA, según informara el diario empresarial Infobae.
Los militantes del PRO comprobaron que más de once millones de cubanos, no pierden su dignidad frente a la propaganda barata de Norteamérica y sus satélites, respondiendo con contundencia a quienes pretenden insultar la inteligencia al decir que en Cuba no se respetan los Derechos Humanos, porque la educación es un derecho logrado y mantenido, como la salud, donde la desnutrición no existe, donde la mortalidad infantil es la menor del continente, donde no se ve gente viviendo a la intemperie, bajo puentes o en la calle, donde la droga no es un flagelo para la juventud, a pesar de soportar el genocida bloqueo económico y financiero por parte del gendarme del mundo desde hace más de cincuenta años
Sería bueno que al llegar a la Argentina, Pedro y Valentina, salieran a caminar por el conurbano bonaerense, por Fiorito o Laferrere, o por la Villa 31, o por Constitución, a pocas cuadras de donde ellos viven, o si quieren ir a ver las paupérrimas condiciones de vida de nuestros campesinos en el impenetrable chaqueño, o como sobreviven muchos de nuestros pueblos originarios, para hacer un curso acelerado sobre que son los derechos humanos. Y eso que no hablamos de nuestros 30.000 desaparecidos y de la infame dictadura que la familia Macri, como otros empresarios, apoyaron para ampliar sus fortunas a costa de la sangre del pueblo
Alberto Mas
corresponsal de Cubainformación en Buenos Aires.- 11/12/13
Estados Unidos y Reino Unido suspenden ayuda a la oposición siria
Estados Unidos y Reino Unido suspenden ayuda a la oposición siria
11 diciembre 2013
Estados Unidos y Reino Unido han decidido suspender la ayuda a todos los grupos que luchan contra el régimen de Asad en el norte de Siria, alarmados por el ascenso de los extremistas islámicos y el caos de la oposición. Ambos países retiran su apoyo debido al aumento en los secuestros y la lucha interna entre los guerrilleros.
Desde la primavera Estados Unidos había doblado su asistencia a los grupos opositores (hasta 250 millones de dólares, unos 182 millones de euros al cambio actual) y donaba armamento militar de protección. Toda esa ayuda, que también incluye comida y medicinas, está ahora congelada en el norte de Siria, la zona controlada por la oposición y donde el grupo más moderado, llamado Ejército Libre Sirio, está perdiendo terreno respecto a otros radicales.
El Frente Islámico, que pretende establecer una teocracia en Siria, ha expulsado en los últimos días a los moderados de bases y almacenes con arsenal cerca del paso de Bab al-Hawa entre Siria y Turquía por donde entra la ayuda internacional, según confirmó la embajada de Estados Unidos en Turquía.
El Ejército Libre Sirio también se enfrenta a grupos que dicen representar Al Qaeda, como el Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS), cuyos miembros se cree secuestraron al corresponsal de EL MUNDO Javier Espinosa el 16 de septiembre. Más de 30 periodistas han desaparecido en Siria, entre ellos 20 extranjeros. Aparte de Espinosa, grupos opositores también retienen al fotógrafo Ricardo García Vilanova y al enviado de El Periódico de Catalunya Marc Marginedas. También se multiplica la ofensiva contra los críticos moderados de Asad.
Una abogada de derechos humanos fue secuestrada este martes junto a su marido y a otros dos activistas a las afueras Damasco. Razan Zeitouneh fue una de las primeras líderes de la oposición (y unas de las pocas mujeres), pero también documentaba los abusos de los grupos extremistas. Sus captores, hombres enmascarados, aún no han sido identificados, pero se teme que pertenezcan a los grupos que se dedican a castigar a quienes no comulgan suficiente con sus ideas.
La semana pasada, un grupo cercano a Al Qaeda asesinó al periodista iraquí Yaser Faisal por informar sobre las críticas contra los opositores extremistas.
En este contexto, Estados Unidos y Reino Unido se muestran extremadamente alarmados. “Obviamente estamos muy preocupados”, dijo este miércoles un portavoz diplomático en Turquía. También indicó que el Departamento de Estado está trabajando con los opositores moderados para hacer “un inventario sobre el estatus del equipo y los recursos de Estados Unidos” enviados a los grupos moderados.
Reino Unido anunció hoy miércoles que no mandará más ayuda mientras la oposición moderada no vuelva a controlar la zona. “No tenemos ningún plan para entregar ningún equipo mientras la situación siga tan poco clara. Vigilaremos de cerca el asunto”, dijo un portavoz de la embajada británica en Ankara
11 diciembre 2013
Estados Unidos y Reino Unido han decidido suspender la ayuda a todos los grupos que luchan contra el régimen de Asad en el norte de Siria, alarmados por el ascenso de los extremistas islámicos y el caos de la oposición. Ambos países retiran su apoyo debido al aumento en los secuestros y la lucha interna entre los guerrilleros.
Desde la primavera Estados Unidos había doblado su asistencia a los grupos opositores (hasta 250 millones de dólares, unos 182 millones de euros al cambio actual) y donaba armamento militar de protección. Toda esa ayuda, que también incluye comida y medicinas, está ahora congelada en el norte de Siria, la zona controlada por la oposición y donde el grupo más moderado, llamado Ejército Libre Sirio, está perdiendo terreno respecto a otros radicales.
El Frente Islámico, que pretende establecer una teocracia en Siria, ha expulsado en los últimos días a los moderados de bases y almacenes con arsenal cerca del paso de Bab al-Hawa entre Siria y Turquía por donde entra la ayuda internacional, según confirmó la embajada de Estados Unidos en Turquía.
El Ejército Libre Sirio también se enfrenta a grupos que dicen representar Al Qaeda, como el Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS), cuyos miembros se cree secuestraron al corresponsal de EL MUNDO Javier Espinosa el 16 de septiembre. Más de 30 periodistas han desaparecido en Siria, entre ellos 20 extranjeros. Aparte de Espinosa, grupos opositores también retienen al fotógrafo Ricardo García Vilanova y al enviado de El Periódico de Catalunya Marc Marginedas. También se multiplica la ofensiva contra los críticos moderados de Asad.
Una abogada de derechos humanos fue secuestrada este martes junto a su marido y a otros dos activistas a las afueras Damasco. Razan Zeitouneh fue una de las primeras líderes de la oposición (y unas de las pocas mujeres), pero también documentaba los abusos de los grupos extremistas. Sus captores, hombres enmascarados, aún no han sido identificados, pero se teme que pertenezcan a los grupos que se dedican a castigar a quienes no comulgan suficiente con sus ideas.
La semana pasada, un grupo cercano a Al Qaeda asesinó al periodista iraquí Yaser Faisal por informar sobre las críticas contra los opositores extremistas.
En este contexto, Estados Unidos y Reino Unido se muestran extremadamente alarmados. “Obviamente estamos muy preocupados”, dijo este miércoles un portavoz diplomático en Turquía. También indicó que el Departamento de Estado está trabajando con los opositores moderados para hacer “un inventario sobre el estatus del equipo y los recursos de Estados Unidos” enviados a los grupos moderados.
Reino Unido anunció hoy miércoles que no mandará más ayuda mientras la oposición moderada no vuelva a controlar la zona. “No tenemos ningún plan para entregar ningún equipo mientras la situación siga tan poco clara. Vigilaremos de cerca el asunto”, dijo un portavoz de la embajada británica en Ankara
14 dic 2013
El saludo entre Obama y Raúl: las preguntas que faltan
El saludo entre Obama y Raúl: las preguntas que faltan
Por Iroel Sánchez Espinosa
12 diciembre, 2013 Opinión
Prácticamente todos los medios de comunicación del mundo se han hecho eco del saludo entre el presidente estadounidense, Barack Obama, y el líder cubano Raúl Castro en el funeral de Nelson Mandela. Algunos se han remitido al saludo casual entre Fidel y Bill Clinton durante la Cumbre del Milenio del año 2000 en la ONU, pero esta vez no ha habido casualidad y, sin embargo, los medios no han hecho las preguntas pertinentes y mucho menos buscado las respuestas correctas.
¿Por qué el presidente de Cuba ocupó un lugar tan prominente en la ceremonia, ya que entre las más de cien importantes personalidades extranjeras presentes que asistieron sólo hablaron seis: potencias o grandes economías como Estados Unidos, China, India y Brasil y el vecino más ligado históricamente a Sudáfrica, Namibia?
¿Por qué estaba Raúl Castro ubicado exactamente frente al lugar por el que entró el presidente Obama, de modo que era inevitable un encuentro entre ambos?
¿Por qué el presidente de Estados Unidos, que en otros escenarios se ha negado a aceptar la presencia del líder cubano, no pudo hacerlo esta vez, ni tampoco logró evitar la preminencia otorgada al presidente de Cuba?
Una cuarta pregunta que sí ha intentado responder alguna prensa: ¿Qué consecuencias, si las tiene, traerá lo ocurrido en las relaciones entre ambos países?
Para comenzar a responder hay que remitirse al apoyo prolongado y decisivo de Cuba a la lucha contra el Apartheid y por la liberación de los pueblos africanos del colonialismo. El propio Nelson Mandela resumió así los orígenes de la relación de Cuba con el Congreso Nacional Africano (ANC):
“¿Dónde hay un país que haya solicitado la ayuda de Cuba y que le haya sido negada? ¿Cuántos países amenazados por el imperialismo o que luchan por su liberación nacional han podido contar con el apoyo de Cuba? Debo decir que cuando quisimos alzarnos en armas nos acercamos a numerosos gobiernos occidentales en busca de ayuda y solo obtuvimos audiencia con ministros de muy bajo rango. Cuando visitamos Cuba fuimos recibidos por los más altos funcionarios, quienes de inmediato nos ofrecieron todo lo que queríamos y necesitábamos. Esa fue nuestra primera experiencia con el internacionalismo de Cuba”.
El líder al que se honró en el estadio de Soweto estableció claramente la relación entre la victoria de las tropas cubanas en la batalla de Cuito Cuanavale y el fin del Apartheid en Sudáfrica:
“¡La decisiva derrota de las fuerzas agresoras del apartheid destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco! ¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica! ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no habrían sido legalizadas! ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes! ¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral! ¡Cuito Cuanavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid! La decisiva derrota infligida en Cuito Cuanavale alteró la correlación de fuerzas en la región y redujo considerablemente la capacidad del régimen de Pretoria de desestabilizar a sus vecinos. Este hecho, conjuntamente con la lucha de nuestro pueblo dentro del país, fue crucial para hacer entender a Pretoria que tenía que sentarse a la mesa de negociaciones”.
Por esa razón, el presidente de Cuba fue el orador que cerró el homenaje internacional a Nelson Mandela. Raúl Castro fue presentado por la coordinadora nacional del ANC, Bapela Mbete, que como reseña el diario Granma: “al invitar al Presidente cubano a hacer uso de la palabra, recordó, visiblemente emocionada, que representaba al país que había contribuido a liberar a Sudáfrica; al país vencedor en la batalla de Cuito Cuanavale, que tanto impacto tuvo para la lucha contra el apartheid”. Las palabras de Mbete, como las referencias de Mandela a Cuba, que permitirían entender el por qué del papel de Raúl Castro en la ceremonia, han sido absolutamente silenciadas por los grandes medios de comunicación pero Obama tuvo que escucharlas, al igual que las del vicepresidente del ANC, Ciryl Ramaphosa, en el mismo sentido, al concluir el discurso de Raúl .
Tomando en cuenta esa historia y la gratitud de Mandela hacia Cuba, expresada particularmente en su amistad con Fidel, los organizadores del acto decidieron otorgar al presidente cubano un espacio de honor e hicieron más, colocaron a Raúl Castro en un lugar en que al presidente de Estados Unidos le era inevitable encontrarlo de frente al entrar al escenario. Como es obvio, el gobierno estadounidense conoció con anterioridad el protocolo del homenaje y no tuvo más remedio que aceptarlo.
Sudáfrica no es Colombia, el país en que se organizó la más reciente Cumbre de las Américas, al que EE.UU. impuso la exclusión de Cuba de ese cónclave, ni tampoco es Panamá, la sede del próximo evento de ese tipo en 2015. La nación refundada por Mandela pertenece al mundo nuevo que obligó a Barack Obama a replantearse su decisión de invadir Siria y el presidente norteamericano no está en condiciones de imponerle protocolos, negarle invitados o cancelarle oradores, un escenario al que deberá adaparse EE.UU. de manera creciente en buena parte del planeta. Su cambio del guerrerismo bushista hacia el soft power obamista es un intento de responder a esa necesidad, aunque Obama preserve su papel de tribunal y verdugo en las ejecuciones de los drones.
Respondiendo a esa realidad, en el funeral de Mandela, Obama aceptó lo que los sudafricanos organizaron, no tenía otro camino para aprovechar ese escenario y lanzar su discurso demagógico. Tampoco podía negarse a saludar al líder cubano en un contexto como ese, sería una torpeza colosal que mancharía el homenaje en contradicción con el propio legado de Nelson Mandela que el presidente norteamericano trata de mostrar como propio. De algún modo, el Secretario de Estado John Kerry, lo reconoció ante la congresista cubanoamericana Ileana Ross Lehtinen que lo increpó durante una audiencia legislativa en el Capitolio de Washington: “Hoy era un día para homenajear a Nelson Mandela. El presidente estuvo en un funeral internacional y no eligió quién asistía”.
El gobierno de Estados Unidos está cada vez más cuestionado por su cerco contra Cuba, lo sucedido en Soweto es una gota en un vaso cada vez más lleno y empuja en la dirección del cambio. El ex canciller británico David Owen, interrogado al respecto por la BBC, expresó: “Esto abre el camino para que mejoren las relaciones entre ambos, algo que se necesita desde hace mucho tiempo”.
Y sí, si el gobierno de Barack Obama quisiera aparentar un mínimo de coherencia con el legado de Nelson Mandela, aprovecharía la positiva acogida mundial de este encuentro para avanzar en la relación con Cuba. Lo ocurrido este diez de diciembre se inscribe en el reclamo universal para que Estados Unidos cambie su política hacia la Isla. El propio Obama y su Secretario de Estado, reconocieron semanas atrás el carácter obsoleto de la misma, incluso para cumplir los objetivos de “cambio de régimen” que Washington preconiza desde hace más de cinco décadas hacia la Isla y que este gobierno continúa enarbolando. La repercusión de este saludo guarda estrecha relación con eso y si no fuera así, una representante de los interesados en mantener el status quo con Cuba, como Ros-Lehtinen, no hubiera reaccionado del modo en que lo hizo.
La mayoría de los oradores extranjeros en el funeral de Nelson Mandela representaban grandes potencias, Cuba es la potencia moral que Estados Unidos no ha logrado doblegar. Su política exterior de principios es una de las causas por la que Washington se ha empeñado en derrocar la Revolución de Fidel y Raúl Castro, y es también la que ha hecho posible un escenario en que el jefe del imperio se incline —a los ojos del mundo— ante el presidente de una Isla con once millones de habitantes cuya economía bloquea y cuyo gobierno intenta derrocar. Demasiado subversivo para que el periodismo de superficie que se practica en los grandes medios, ese que no se hace preguntas, intente buscar respuestas.
http://www.cubahora.cu/politica/el-saludo-entre-barack-obama-y-raul-castro-las-preguntas-que-faltan#.Uql63dLuIl8
Por Iroel Sánchez Espinosa
12 diciembre, 2013 Opinión
Prácticamente todos los medios de comunicación del mundo se han hecho eco del saludo entre el presidente estadounidense, Barack Obama, y el líder cubano Raúl Castro en el funeral de Nelson Mandela. Algunos se han remitido al saludo casual entre Fidel y Bill Clinton durante la Cumbre del Milenio del año 2000 en la ONU, pero esta vez no ha habido casualidad y, sin embargo, los medios no han hecho las preguntas pertinentes y mucho menos buscado las respuestas correctas.
¿Por qué el presidente de Cuba ocupó un lugar tan prominente en la ceremonia, ya que entre las más de cien importantes personalidades extranjeras presentes que asistieron sólo hablaron seis: potencias o grandes economías como Estados Unidos, China, India y Brasil y el vecino más ligado históricamente a Sudáfrica, Namibia?
¿Por qué estaba Raúl Castro ubicado exactamente frente al lugar por el que entró el presidente Obama, de modo que era inevitable un encuentro entre ambos?
¿Por qué el presidente de Estados Unidos, que en otros escenarios se ha negado a aceptar la presencia del líder cubano, no pudo hacerlo esta vez, ni tampoco logró evitar la preminencia otorgada al presidente de Cuba?
Una cuarta pregunta que sí ha intentado responder alguna prensa: ¿Qué consecuencias, si las tiene, traerá lo ocurrido en las relaciones entre ambos países?
Para comenzar a responder hay que remitirse al apoyo prolongado y decisivo de Cuba a la lucha contra el Apartheid y por la liberación de los pueblos africanos del colonialismo. El propio Nelson Mandela resumió así los orígenes de la relación de Cuba con el Congreso Nacional Africano (ANC):
“¿Dónde hay un país que haya solicitado la ayuda de Cuba y que le haya sido negada? ¿Cuántos países amenazados por el imperialismo o que luchan por su liberación nacional han podido contar con el apoyo de Cuba? Debo decir que cuando quisimos alzarnos en armas nos acercamos a numerosos gobiernos occidentales en busca de ayuda y solo obtuvimos audiencia con ministros de muy bajo rango. Cuando visitamos Cuba fuimos recibidos por los más altos funcionarios, quienes de inmediato nos ofrecieron todo lo que queríamos y necesitábamos. Esa fue nuestra primera experiencia con el internacionalismo de Cuba”.
El líder al que se honró en el estadio de Soweto estableció claramente la relación entre la victoria de las tropas cubanas en la batalla de Cuito Cuanavale y el fin del Apartheid en Sudáfrica:
“¡La decisiva derrota de las fuerzas agresoras del apartheid destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco! ¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica! ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no habrían sido legalizadas! ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes! ¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral! ¡Cuito Cuanavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid! La decisiva derrota infligida en Cuito Cuanavale alteró la correlación de fuerzas en la región y redujo considerablemente la capacidad del régimen de Pretoria de desestabilizar a sus vecinos. Este hecho, conjuntamente con la lucha de nuestro pueblo dentro del país, fue crucial para hacer entender a Pretoria que tenía que sentarse a la mesa de negociaciones”.
Por esa razón, el presidente de Cuba fue el orador que cerró el homenaje internacional a Nelson Mandela. Raúl Castro fue presentado por la coordinadora nacional del ANC, Bapela Mbete, que como reseña el diario Granma: “al invitar al Presidente cubano a hacer uso de la palabra, recordó, visiblemente emocionada, que representaba al país que había contribuido a liberar a Sudáfrica; al país vencedor en la batalla de Cuito Cuanavale, que tanto impacto tuvo para la lucha contra el apartheid”. Las palabras de Mbete, como las referencias de Mandela a Cuba, que permitirían entender el por qué del papel de Raúl Castro en la ceremonia, han sido absolutamente silenciadas por los grandes medios de comunicación pero Obama tuvo que escucharlas, al igual que las del vicepresidente del ANC, Ciryl Ramaphosa, en el mismo sentido, al concluir el discurso de Raúl .
Tomando en cuenta esa historia y la gratitud de Mandela hacia Cuba, expresada particularmente en su amistad con Fidel, los organizadores del acto decidieron otorgar al presidente cubano un espacio de honor e hicieron más, colocaron a Raúl Castro en un lugar en que al presidente de Estados Unidos le era inevitable encontrarlo de frente al entrar al escenario. Como es obvio, el gobierno estadounidense conoció con anterioridad el protocolo del homenaje y no tuvo más remedio que aceptarlo.
Sudáfrica no es Colombia, el país en que se organizó la más reciente Cumbre de las Américas, al que EE.UU. impuso la exclusión de Cuba de ese cónclave, ni tampoco es Panamá, la sede del próximo evento de ese tipo en 2015. La nación refundada por Mandela pertenece al mundo nuevo que obligó a Barack Obama a replantearse su decisión de invadir Siria y el presidente norteamericano no está en condiciones de imponerle protocolos, negarle invitados o cancelarle oradores, un escenario al que deberá adaparse EE.UU. de manera creciente en buena parte del planeta. Su cambio del guerrerismo bushista hacia el soft power obamista es un intento de responder a esa necesidad, aunque Obama preserve su papel de tribunal y verdugo en las ejecuciones de los drones.
Respondiendo a esa realidad, en el funeral de Mandela, Obama aceptó lo que los sudafricanos organizaron, no tenía otro camino para aprovechar ese escenario y lanzar su discurso demagógico. Tampoco podía negarse a saludar al líder cubano en un contexto como ese, sería una torpeza colosal que mancharía el homenaje en contradicción con el propio legado de Nelson Mandela que el presidente norteamericano trata de mostrar como propio. De algún modo, el Secretario de Estado John Kerry, lo reconoció ante la congresista cubanoamericana Ileana Ross Lehtinen que lo increpó durante una audiencia legislativa en el Capitolio de Washington: “Hoy era un día para homenajear a Nelson Mandela. El presidente estuvo en un funeral internacional y no eligió quién asistía”.
El gobierno de Estados Unidos está cada vez más cuestionado por su cerco contra Cuba, lo sucedido en Soweto es una gota en un vaso cada vez más lleno y empuja en la dirección del cambio. El ex canciller británico David Owen, interrogado al respecto por la BBC, expresó: “Esto abre el camino para que mejoren las relaciones entre ambos, algo que se necesita desde hace mucho tiempo”.
Y sí, si el gobierno de Barack Obama quisiera aparentar un mínimo de coherencia con el legado de Nelson Mandela, aprovecharía la positiva acogida mundial de este encuentro para avanzar en la relación con Cuba. Lo ocurrido este diez de diciembre se inscribe en el reclamo universal para que Estados Unidos cambie su política hacia la Isla. El propio Obama y su Secretario de Estado, reconocieron semanas atrás el carácter obsoleto de la misma, incluso para cumplir los objetivos de “cambio de régimen” que Washington preconiza desde hace más de cinco décadas hacia la Isla y que este gobierno continúa enarbolando. La repercusión de este saludo guarda estrecha relación con eso y si no fuera así, una representante de los interesados en mantener el status quo con Cuba, como Ros-Lehtinen, no hubiera reaccionado del modo en que lo hizo.
La mayoría de los oradores extranjeros en el funeral de Nelson Mandela representaban grandes potencias, Cuba es la potencia moral que Estados Unidos no ha logrado doblegar. Su política exterior de principios es una de las causas por la que Washington se ha empeñado en derrocar la Revolución de Fidel y Raúl Castro, y es también la que ha hecho posible un escenario en que el jefe del imperio se incline —a los ojos del mundo— ante el presidente de una Isla con once millones de habitantes cuya economía bloquea y cuyo gobierno intenta derrocar. Demasiado subversivo para que el periodismo de superficie que se practica en los grandes medios, ese que no se hace preguntas, intente buscar respuestas.
http://www.cubahora.cu/politica/el-saludo-entre-barack-obama-y-raul-castro-las-preguntas-que-faltan#.Uql63dLuIl8
ARGENTINA A 30 AÑOS : RETROSPECTIVA
Por Eduardo Aliverti
Estamos cumpliendo 30 años trascendentales y es una buena oportunidad para hacer algunas reflexiones conducentes, tal vez, a comprender las coyunturas desde un lugar distinto. Más universal. Menos apretado.
Hay una fórmula descriptiva, usada chiquicientas veces, cuyo impacto suele ser seguro. Consiste, tratándose de períodos extensos, en comparar a lo mucho o puntual que en el presente se toma con toda la naturalidad del mundo. El resto es confiar en el cimbronazo que eso provoca, sobre todo respecto de quienes viven en un vértigo permanente, imparable, ya sea en la visión de la política como de los aspectos sociales y personales, sin reparar jamás en que inevitablemente se viene desde algún lugar siempre complejizable. Situadas en diciembre de 1983, y por más deterioradas que estuviesen, había tribus militares con poder de coacción sobre una civilidad que no terminaba de confiar por completo en lo firme de las urnas reaparecidas (o peor: esa misma sociedad civil era la que había respaldado el golpe del ’76, y la misma que continuó sustentándolo hasta que en marzo del ’80 cayó el primer gran banco privado, el BIR, y empezaron a esfumarse las fantasías del país con clase media satisfecha). Internet y celulares eran idioma desconocido, cuando ahora regulan nuestra cotidianidad. Circulaban casi clandestinos, o de contraseña, los cassettes de Silvio y Pablo. No había ley de divorcio, existía la Unión Soviética, la Iglesia Católica seguía mostrándose oronda en su dictamen público de lo que sí y lo que no. Cantábamos que sólo le pedíamos a Dios, volvía del exilio la Negra Sosa y retornaba el código Serrat, pero el liberalismo sexual seguía viviéndose con culpa. Los gays andaban escondidos, los peronistas decían que Alfonsín era el líder de la Coca-Cola, los radicales advertían que significaban la paz contra la rabia de Perón, el PC y su complejo de culpa venían de apoyar a Luder y Herminio, y los liberales se aprestaban a que Alsogaray fuese un icono de que la democracia pro-mercado era movida única, como si no se hubiera provenido de idéntica movida pero bajo horror milico. Decir “ecología” era como recitar en ruso al revés; nos creíamos o decíamos que la patota del doctor Oscar Alende era revolucionaria; el porro no era el romanticismo lisérgico de sesenta y setenta sino una transgresión que mejor esconder. No había troscos ni militantes del verdor capaces de creer que está a la vuelta de la esquina la revolución proletaria, o la de las ONG, que por algo cuentan con tanto financiamiento a la hora de confiar más en el individualismo de las redes sociales, y en la lucha contra la caza de ballenas, y contra el fracking, y contra la explotación petrolífera en el Artico, que en un Estado progre construido desde la política. Como sea, para estar de acuerdo o no, consideraciones como éstas deberían llamar la atención sobre lo cerca que queda lo antagónico de lo que pasaba hace, apenas, 30 años. O sea: sobre la necesidad de que seamos mucho menos expeditivos en nuestros análisis de entrecasa.
Para quien firma esta nota, y como ya lo expresó en otros muchos artículos que trataban de balances o repasos, los “arqueos” políticos deben incluir el análisis –o la cita, aunque más no fuere– de los comportamientos populares y sectoriales. E incluso, el de la actuación individual. En general, los periodistas de opinión no tendemos hacia allí. Los recuentos suelen posarse con exclusividad sobre el objeto de estudio “clase política” y, más aún, específicamente en torno de la actuación de los gobiernos de turno: nunca alrededor del papel de las dirigencias opositoras. Ni qué hablar del ejercicio de la autocrítica profesional. Para el caso de estos 30 años, el más largo período de vigencia democrática conocido por la corta historia argentina, un esquema cerrado de esa naturaleza significa que Alfonsín cayó solamente por la impericia propia de un partido como el suyo, que jamás demostró una valentía contundente en el dictado del poder. Que al menemato lo parió el sexo de los ángeles y que su ratificación en las urnas, en 1995, fue producto de un país que mal que mal se había modernizado y estabilizado. Que la Alianza entre los radicales y las viudas peronistas, cuatro años después, ganó porque la corruptela del sultanato ya no se aguantaba. Que el estallido de 2001/2002 subrayó la ineficacia de cualquier experiencia que no sea pejotista. Que el surgimiento de la “anomalía” kirchnerista fue casi nada más que la obra de una casualidad, o de un descarte, tras los fracasos de Duhalde con sus dos grandes esperanzas blancas: Reutemann y De la Sota. Y que la base de apoyo popular a los K, capaz de sostenerse con por lo menos un tercio del electorado tras diez años de gestión y más de la mitad después de ocho, es análoga a la fiebre consumista clasemediera que sostuvo al riojano y que liquidará al kirchnerismo en 2015. Todo eso, sin necesidad de abundar, es “solamente”. Es decir, no existe que a Alfonsín terminó de tumbarlo un golpe de mercado fenomenal; ni que Menem berreó en un parto populista por izquierda para terminar ratificado por derecha con el voto-licuadora; ni que la esperanza del mayor grueso social resultó pobrísima al suponer que bastaba con derruir la corrupción; ni que el comienzo de siglo fue un fin de fiesta mediático de los gerentes ideológicos que hablaban de modernización y estabilidad, y que lograron una transferencia de ingresos bíblica favor de los privilegiados; ni que los Kirchner fueron el vector de una lectura acertada respecto de que no había salida por medio de otro ajuste, así lo perpetraran Reutemann, De la Sota o Mandinga.
En esos análisis incompletos, ordinarios, que no tienen en cuenta el rol que juega la conciencia de las masas y la diferencia entre sus necesidades y sus intereses, ni la posibilidad de que una franja social significativa recupere con gusto el valor de la política como único instrumento de cambio, se pierde la chance de profundizar. De asumir contradicciones. De asimilar que la política, surcada invariablemente por medidas que van para acá o para allá, es y debe ser conflicto inevitable. La democracia debe serlo. Hace pocos días, con el cientista político Edgardo Mocca, recordábamos el principio de Maquiavelo que tan bien harían en tener presente, y aceptar, los consensualistas extremos: la grandeza de Roma se debe al conflicto entre el Senado y la plebe. Uno no les pediría a los cultores de la frivolidad que se inoculen con ese concepto elemental. No tienen cómo, o sencillamente no quieren. Esa gente que juzga las cosas a través de shows televisivos disfrazados de periodismo, que se caga de risa con chistes fáciles presumidos de osadía, y que hasta se cree que mediante ese solo recurso ya porta información suficiente. Pero las variantes grasamente coloreadas del otrora profesor Mariano Grondona, así como los “republicanistas” circunspectos, deberían admitir que ese principio maquiavelesco es terminante: sin conflicto no hay política, y si no hay política que no choque con éstos o aquéllos no hay nada que no sea masturbación. Como señaló recientemente Horacio González, hace falta algo de retorno al patio griego. Lo dijo con referencia al nivel de debate paupérrimo que sufre la vida universitaria, pero al firmante le parece que es un concepto extensible más allá de esos muros. Si el ágora ateniense es hoy una puteada atrás de otra, como toda acción de pensamiento crítico, estamos puestos.
Los 30 años de democracia ininterrumpida que se cumplen mañana son los de las virtudes y deméritos de las gestiones oficiales. Pero lo son igualmente de lo que los “balances” invisibilizan por eso del extremismo consensual, cómodo, no interpelante. Estamos a 30 años de venir sufriendo políticos de mierda, como lo estamos en un durante que tiene a Germán Abdala, a Jorge Rivas y a tantos otros. Tres décadas del Alfonsín aldeano de Chascomús y del gordito de bigotes que como pudo se la bancó contra las mafias sindicales del PJ, contra un partido militar decadente pero presionante, contra la propia inexperiencia de gobernar, contra los eternos patrones del campo y contra la curia. Estamos a 30 años que incluyen un vendepatria como Menem, y un matrimonio presidencial tan millonario y contradictorio como restituyente de que la política no está vencida frente a los barones de la exclusión social. A 30 años de un pueblo que se demostraría más avanzado que ningún otro en el juzgamiento de sus asesinos, en sus Madres, en sus Abuelas, en su movilidad intelectual y movilizadora. Y simultáneamente, una sociedad que sucumbiría en el egoísmo estúpido de su clase media, cuando reprodujo, dos veces, en Domingo Cavallo, en democracia, la ensoñación del dólar 1 a 1 que Martínez de Hoz dejó imponer a sangre y fuego. Esa sociedad que se reproduce en tanto desconcientizado que insiste en reclamar mano dura, en tantos triviales que vuelven a creer que todo se arregla si no hay corrupción oficial, en tantos racistas contra la Asignación Universal por Hijo. Y somos periodistas que debimos rendirnos, en los ’90, a ser empresarios de nosotros mismos, porque se trataba de subsistir en el cable o en la radio con auspicios de empresas privadas que nos condicionaban el discurso. Periodistas que pujamos por una ley de medios de la democracia, hasta que salió esa ley pero contrariando a nuestras patronales. Periodistas que estábamos bárbaro cuando Menem se caía, y bastaba con hacerse el compadrito denunciando corruptelas mientras no fueran sistémicas. Periodistas de izquierda que no contábamos con que un gobierno peruca nos viniera a correr por ahí, por izquierda, y con éxito, con argumentos. Somos todo eso, los argentinos, y tantísimo más, en la suma neta de estos 30 años.
Lo que no deberíamos ser es la suma bruta. Y como quiera que fuere, felicidades.
Estamos cumpliendo 30 años trascendentales y es una buena oportunidad para hacer algunas reflexiones conducentes, tal vez, a comprender las coyunturas desde un lugar distinto. Más universal. Menos apretado.
Hay una fórmula descriptiva, usada chiquicientas veces, cuyo impacto suele ser seguro. Consiste, tratándose de períodos extensos, en comparar a lo mucho o puntual que en el presente se toma con toda la naturalidad del mundo. El resto es confiar en el cimbronazo que eso provoca, sobre todo respecto de quienes viven en un vértigo permanente, imparable, ya sea en la visión de la política como de los aspectos sociales y personales, sin reparar jamás en que inevitablemente se viene desde algún lugar siempre complejizable. Situadas en diciembre de 1983, y por más deterioradas que estuviesen, había tribus militares con poder de coacción sobre una civilidad que no terminaba de confiar por completo en lo firme de las urnas reaparecidas (o peor: esa misma sociedad civil era la que había respaldado el golpe del ’76, y la misma que continuó sustentándolo hasta que en marzo del ’80 cayó el primer gran banco privado, el BIR, y empezaron a esfumarse las fantasías del país con clase media satisfecha). Internet y celulares eran idioma desconocido, cuando ahora regulan nuestra cotidianidad. Circulaban casi clandestinos, o de contraseña, los cassettes de Silvio y Pablo. No había ley de divorcio, existía la Unión Soviética, la Iglesia Católica seguía mostrándose oronda en su dictamen público de lo que sí y lo que no. Cantábamos que sólo le pedíamos a Dios, volvía del exilio la Negra Sosa y retornaba el código Serrat, pero el liberalismo sexual seguía viviéndose con culpa. Los gays andaban escondidos, los peronistas decían que Alfonsín era el líder de la Coca-Cola, los radicales advertían que significaban la paz contra la rabia de Perón, el PC y su complejo de culpa venían de apoyar a Luder y Herminio, y los liberales se aprestaban a que Alsogaray fuese un icono de que la democracia pro-mercado era movida única, como si no se hubiera provenido de idéntica movida pero bajo horror milico. Decir “ecología” era como recitar en ruso al revés; nos creíamos o decíamos que la patota del doctor Oscar Alende era revolucionaria; el porro no era el romanticismo lisérgico de sesenta y setenta sino una transgresión que mejor esconder. No había troscos ni militantes del verdor capaces de creer que está a la vuelta de la esquina la revolución proletaria, o la de las ONG, que por algo cuentan con tanto financiamiento a la hora de confiar más en el individualismo de las redes sociales, y en la lucha contra la caza de ballenas, y contra el fracking, y contra la explotación petrolífera en el Artico, que en un Estado progre construido desde la política. Como sea, para estar de acuerdo o no, consideraciones como éstas deberían llamar la atención sobre lo cerca que queda lo antagónico de lo que pasaba hace, apenas, 30 años. O sea: sobre la necesidad de que seamos mucho menos expeditivos en nuestros análisis de entrecasa.
Para quien firma esta nota, y como ya lo expresó en otros muchos artículos que trataban de balances o repasos, los “arqueos” políticos deben incluir el análisis –o la cita, aunque más no fuere– de los comportamientos populares y sectoriales. E incluso, el de la actuación individual. En general, los periodistas de opinión no tendemos hacia allí. Los recuentos suelen posarse con exclusividad sobre el objeto de estudio “clase política” y, más aún, específicamente en torno de la actuación de los gobiernos de turno: nunca alrededor del papel de las dirigencias opositoras. Ni qué hablar del ejercicio de la autocrítica profesional. Para el caso de estos 30 años, el más largo período de vigencia democrática conocido por la corta historia argentina, un esquema cerrado de esa naturaleza significa que Alfonsín cayó solamente por la impericia propia de un partido como el suyo, que jamás demostró una valentía contundente en el dictado del poder. Que al menemato lo parió el sexo de los ángeles y que su ratificación en las urnas, en 1995, fue producto de un país que mal que mal se había modernizado y estabilizado. Que la Alianza entre los radicales y las viudas peronistas, cuatro años después, ganó porque la corruptela del sultanato ya no se aguantaba. Que el estallido de 2001/2002 subrayó la ineficacia de cualquier experiencia que no sea pejotista. Que el surgimiento de la “anomalía” kirchnerista fue casi nada más que la obra de una casualidad, o de un descarte, tras los fracasos de Duhalde con sus dos grandes esperanzas blancas: Reutemann y De la Sota. Y que la base de apoyo popular a los K, capaz de sostenerse con por lo menos un tercio del electorado tras diez años de gestión y más de la mitad después de ocho, es análoga a la fiebre consumista clasemediera que sostuvo al riojano y que liquidará al kirchnerismo en 2015. Todo eso, sin necesidad de abundar, es “solamente”. Es decir, no existe que a Alfonsín terminó de tumbarlo un golpe de mercado fenomenal; ni que Menem berreó en un parto populista por izquierda para terminar ratificado por derecha con el voto-licuadora; ni que la esperanza del mayor grueso social resultó pobrísima al suponer que bastaba con derruir la corrupción; ni que el comienzo de siglo fue un fin de fiesta mediático de los gerentes ideológicos que hablaban de modernización y estabilidad, y que lograron una transferencia de ingresos bíblica favor de los privilegiados; ni que los Kirchner fueron el vector de una lectura acertada respecto de que no había salida por medio de otro ajuste, así lo perpetraran Reutemann, De la Sota o Mandinga.
En esos análisis incompletos, ordinarios, que no tienen en cuenta el rol que juega la conciencia de las masas y la diferencia entre sus necesidades y sus intereses, ni la posibilidad de que una franja social significativa recupere con gusto el valor de la política como único instrumento de cambio, se pierde la chance de profundizar. De asumir contradicciones. De asimilar que la política, surcada invariablemente por medidas que van para acá o para allá, es y debe ser conflicto inevitable. La democracia debe serlo. Hace pocos días, con el cientista político Edgardo Mocca, recordábamos el principio de Maquiavelo que tan bien harían en tener presente, y aceptar, los consensualistas extremos: la grandeza de Roma se debe al conflicto entre el Senado y la plebe. Uno no les pediría a los cultores de la frivolidad que se inoculen con ese concepto elemental. No tienen cómo, o sencillamente no quieren. Esa gente que juzga las cosas a través de shows televisivos disfrazados de periodismo, que se caga de risa con chistes fáciles presumidos de osadía, y que hasta se cree que mediante ese solo recurso ya porta información suficiente. Pero las variantes grasamente coloreadas del otrora profesor Mariano Grondona, así como los “republicanistas” circunspectos, deberían admitir que ese principio maquiavelesco es terminante: sin conflicto no hay política, y si no hay política que no choque con éstos o aquéllos no hay nada que no sea masturbación. Como señaló recientemente Horacio González, hace falta algo de retorno al patio griego. Lo dijo con referencia al nivel de debate paupérrimo que sufre la vida universitaria, pero al firmante le parece que es un concepto extensible más allá de esos muros. Si el ágora ateniense es hoy una puteada atrás de otra, como toda acción de pensamiento crítico, estamos puestos.
Los 30 años de democracia ininterrumpida que se cumplen mañana son los de las virtudes y deméritos de las gestiones oficiales. Pero lo son igualmente de lo que los “balances” invisibilizan por eso del extremismo consensual, cómodo, no interpelante. Estamos a 30 años de venir sufriendo políticos de mierda, como lo estamos en un durante que tiene a Germán Abdala, a Jorge Rivas y a tantos otros. Tres décadas del Alfonsín aldeano de Chascomús y del gordito de bigotes que como pudo se la bancó contra las mafias sindicales del PJ, contra un partido militar decadente pero presionante, contra la propia inexperiencia de gobernar, contra los eternos patrones del campo y contra la curia. Estamos a 30 años que incluyen un vendepatria como Menem, y un matrimonio presidencial tan millonario y contradictorio como restituyente de que la política no está vencida frente a los barones de la exclusión social. A 30 años de un pueblo que se demostraría más avanzado que ningún otro en el juzgamiento de sus asesinos, en sus Madres, en sus Abuelas, en su movilidad intelectual y movilizadora. Y simultáneamente, una sociedad que sucumbiría en el egoísmo estúpido de su clase media, cuando reprodujo, dos veces, en Domingo Cavallo, en democracia, la ensoñación del dólar 1 a 1 que Martínez de Hoz dejó imponer a sangre y fuego. Esa sociedad que se reproduce en tanto desconcientizado que insiste en reclamar mano dura, en tantos triviales que vuelven a creer que todo se arregla si no hay corrupción oficial, en tantos racistas contra la Asignación Universal por Hijo. Y somos periodistas que debimos rendirnos, en los ’90, a ser empresarios de nosotros mismos, porque se trataba de subsistir en el cable o en la radio con auspicios de empresas privadas que nos condicionaban el discurso. Periodistas que pujamos por una ley de medios de la democracia, hasta que salió esa ley pero contrariando a nuestras patronales. Periodistas que estábamos bárbaro cuando Menem se caía, y bastaba con hacerse el compadrito denunciando corruptelas mientras no fueran sistémicas. Periodistas de izquierda que no contábamos con que un gobierno peruca nos viniera a correr por ahí, por izquierda, y con éxito, con argumentos. Somos todo eso, los argentinos, y tantísimo más, en la suma neta de estos 30 años.
Lo que no deberíamos ser es la suma bruta. Y como quiera que fuere, felicidades.
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