VENEZUELA
El manual de Kissinger para
una intervención en marcha
Por el licenciado Fernando Britos V.
Como en Cuba, como en la República Dominicana, como en Chile, como en Servia, como en Iraq, como en Afganistán, como en Libia, el imperialismo estadounidense se apresta ahora para atacar a Venezuela y culminar así un proceso que comenzó hace quince años.
Imposible ignorar las lúcidas advertencias del profesor Moniz Bandeira: los Estados Unidos están listos para una intervención armada para derrocar al gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela. Tal vez la expresión usada para denunciar lo que allí sucede no sea precisamente la de “golpe suave”. Sería más apropiado hablar de un “golpe escalonado” donde el cerco y aniquilamiento de un gobierno legítimo se desarrollan mediante una escalada implacable y una panoplia de medidas orquestadas y financiadas por el gobierno estadounidense.
En el siglo XIX y hasta Playa Girón (1961) primero y la Dominicana (1965) después, la política del gran garrote era menos sutil. El rinoceronte embestía: las cañoneras bombardeaban las capitales costeras y los infantes de marina o los mercenarios desembarcaban a sangre y fuego. Sin embargo el perfeccionamiento de la intervención imperialista se debe imputar, sin duda alguna, a Henry Kissinger, el Secretario de Estado que, desde 1969, afinó y perfeccionó la técnica de los más ominosos crímenes intervencionistas. Kissinger, nacido en 1923 en Baviera, escapó de su país en 1938 con sus padres. Como tantos judíos alemanes, los Kissinger (que habían adoptado ese apellido germanizado en 1817) huyeron a Londres para escapar del nazismo y enseguida a los Estados Unidos. En 1943, Henry (que había cambiado su nombre alemán, Heinz) volvió como soldado especializado en espionaje y contraespionaje, debido a su inteligencia y a su perfecto dominio del idioma.
En 1969 alcanzó la cúspide del poder en los Estados Unidos, como astuto político y despiadado asesor de los presidentes del derechista Partido Republicano. Desde 1970 fue el artífice de la estrategia desarrollada por los Estados Unidos para destruir al gobierno chileno de la Unidad Popular, asesinar al Presidente Salvador Allende y patrocinar la dictadura sangrienta y corrupta de Augusto Pinochet (el 11 de setiembre de 1973) con su secuela de miles de muertos, decenas de miles de torturados y billones de dólares saqueados.
Ahora con 90 años cumplidos, este criminal de guerra sigue asesorando a los gobiernos estadounidenses y se mantiene activo para actualizar su legado: el plan maestro para subvertir la democracia, derrocar gobiernos y establecer dictaduras complacientes para defender los intereses estadounidenses a cualquier costo. Ya no ha de tener interés en dirigir personalmente la escalada contra Venezuela pero su marca está vigente. Veamos.
La técnica imperialista para el derrocamiento de gobiernos que amenazan sus intereses consta de varios pasos. El primero de ellos es propagandístico y su volumen y densidad está en relación directa con las extraordinarias capacidades de los medios electrónicos, agencias noticiosas, cadenas de televisión, periódicos, redes informáticas, que mantienen una producción constante de noticias, imágenes y versiones sesgadas, adulteradas e inventadas para satanizar y aislar a los gobiernos que pretenden derrocar. Estos gigantescos operativos de desinformación no son novedosos pero siguen siendo fundamentales. Basta ver la acción y las imágenes que han difundido y difunden CNN, Associated Press, para estigmatizar a Hugo Chavez y ahora a Nicolás Maduro para percibir de que viene la cosa. En cada país hay medios repetidores, en el nuestro los canales privados y la mayoría de los periódicos simplifican, deforman, desinforman.
La manipulación de la opinión pública es una de las claves del espionaje estadounidense al que seguramente se dedican recursos más inmensos aún que los que invierten en grabar las conversaciones de amigos y enemigos, interceptar sus mensajes, crear imágenes para comprometer y chantajear, etc. Los múltiples organismos de inteligencia de los Estados Unidos disponen de enormes sumas de dinero y grandes recursos tecnológicos para pagar corresponsales, columnistas, politólogos y toda laya de operadores que marcan la tónica de la campaña y para “crear” imágenes.
En este campo la orientación actual consiste en presentar al gobierno que preside Maduro, no ya como despótico sino como incapaz de frenar la violencia y enseguida como promotor de la violencia. La justificación de la intervención armada es el correlato necesario de la versión “el gobierno masacra a su pueblo” y toda una cadena de aparentes silogismos (“gobierno masacra y encarcela estudiantes”, “estudiantes son el pueblo”, etc.).
Otra de las condiciones necesarias para una intervención armada, un golpe de Estado, una invasión, es una oposición unida o por lo menos con sus pujas y rivalidades suficientemente sujetadas como para atacar al unísono y, naturalmente, para “pedir” la intervención externa como forma de derribar al gobierno. Esta operación política también incluye el sembrar la división entre quienes apoyan al gobierno y sobre todo intentar fracturar a las fuerzas armadas por todos los medios (campañas propagandísticas, sobornos, chantaje, utilización de vínculos familiares y de camaradería como los que crean en los cursos de entrenamiento, maniobras conjuntas, etc. con los militares estadounidenses y con los agentes internos). En Venezuela la oposición, según el verso borgiano, no está unida por el amor sino por el espanto pero en los últimas semanas ha dado algunos indicios de amortiguación de sus odios mutuos.
Sin perjuicio de que en cualquier caso los panoramas políticos no son siempre homogéneos y que las simplificaciones conducen a error, debe advertirse que el manual de Kissinger reclama una oposición firme y obediente. En Venezuela se ha venido trabajando para crearla desde hace muchos años y hay que tener una idea acerca de los Golem que los servicios de inteligencia han creado.
Tanto Henrique Capriles como Leopoldo López son opositores de diseño. El primero más exitoso (aunque como le sucedió a Hitler en noviembre de 1932 puede sufrir un descalabro electoral inesperado a manos de sus socios). El segundo más agresivo, minoritario y mediático. Ahí se terminan las diferencias. Ambos provienen de rancia oligarquía, son los vástagos de las fortunas más grandes de Venezuela. Su cuna es el Chacao, el barrio de los super ricos, ante el cual su amado Miami o los barrios de los megamillonarios de cualquier urbe latinoamericana o mundial pueden parecer de medio pelo.
El Chacao, que otrora fuera un valle fértil anexo a Caracas, es el epicentro del dinero de una país que ha tenido enormes ingresos muy mal repartidos. En la “Venezuela saudita” de adecos (extinto partido Acción Democrática, especie de socialdemócratas) y copeyanos (implosionado partido de los socialcristianos) los petrodólares fluían a raudales hacia ese barrio que concentra los edificios de la banca, los shoppings y la producción de reinas de belleza junto con un arbolado magnífico, parques y paisajes de cordillera bajo la tutela del Monte Ávila.
Los dos opositores apenas superan los cuarenta años. Capriles Radonski, es heredero de una de las grandes fortunas de empresarios sefaraditas, por parte de padre, y de una familia judeo polaca que sobrevivió las matanzas de los nazis, por parte de madre. López y su ristra de apellidos patricios parece que es architatarasobrino del mismísimo Libertador Simón Bolívar y descendiente de políticos, gobernadores y galenos. Los dos han hecho brillantes y costosas carreras universitarias y la de López, además, en las mejores universidades de los Estados Unidos (es egresado de Harvard). Aunque su plataforma política es relativamente informe y llena de promesas inconsistentes, ninguno de los dos puede ocultar su odio racista y clasista (el propio de las rancias oligarquías) y calificaban a Hugo Chavez como “el zambo bembón”, haciendo befa así de la enorme mayoría de la población venezolana que es un crisol de pueblos indígenas, afrodescendientes y europeos, y a Maduro de un “pobre chofer bruto”.
La matriz de estos opositores tiene otro rasgo común: ambos se presentan como venezolanísimos, son orgullosos nacionalistas pero del Chacao y tienen una raigambre política en los movimientos católicos más conservadores. Como Bordaberry en Uruguay (el dictador Juan María, no su hijo Pedro a secas) abrevaron en lo más fundamentalista y reaccionario del catolicismo (Tradición, familia y propiedad, los enemigos de la teología de la liberación y de la efímera renovación que Juan XXIII produjo a través del Concilio Vaticano II). Los dos participaron activamente en el golpe de Estado de abril del 2002. Capriles encabezando el ataque contra la Embajada de Cuba en Caracas (intentó “inspeccionar” la sede a la cabeza de una turba que buscaba “Chavistas asilados”) y López “deteniendo” funcionarios del gobierno.
Cuando Capriles y López se acercan, puesto que ambos se negaron a participar en el diálogo “por la paz” que convocó el Presidente Maduro en febrero, es presumible que buscarán una confrontación más aguda con el gobierno. Ambos reclaman diálogo pero ¿con quién dialogarán? dado que le niegan legitimidad al Presidente.
Aunque la oposición y los errores del gobierno pueden ser considerados factores de desestabilización no son por si mismos ingredientes del caos. Aquí es donde intervienen los especialistas porque el principal de dichos ingredientes es el arte de la provocación. No cabe duda que las manifestaciones de la oposición han sido originalmente pacíficas pero los provocadores, pocos pero bien entrenados y armados, pueden transformar cualquier acto callejero o el entorno o las cercanías de una movilización en un escenario de violencia, tiros, piedras, quema de vehículos. En Caracas ha adoptado la forma de pequeñas bandas que se movilizan en motos potentes y multiplican los focos, provocan a la policía y atacan a los manifestantes indistintamente porque ese es el papel de los provocadores. En realidad no tienen otro objetivo táctico que agitar, provocar incendios, porque además de la fuerte impresión que causan las llamas permiten atacar a los bomberos y las ambulancias lo que suele suscitar reacciones y retaliación indiscriminada.
Esas acciones están en el manual del provocador y ellos mismos o sus colaboradores se favorecen ahora de un medio que muchas veces también puede ser empleado para desenmascararlos: la filmación o fotografía de sus hazañas mediante cámaras y teléfonos celulares. Algunas veces se organizan caceroleos u otras concentraciones de protesta, generalmente escenificadas por pocas personas, en lugares oscuros y con planos cerrados a través de los cuales no es posible saber si se trata de cinco o de cincuenta participantes. Cuando el medio no produce suficientes escenas de violencia, los provocadores se encargan de buscarlas en archivos de imágenes de donde sea a condición de que tengan cierto parecido y puedan ser presentadas, trampeando el tiempo y el espacio en que se registraron.
Otro de los elementos que obran en el manual de Kissinger es el de ampliar la base para una intervención armada. Cuando no alcanza con armar y entrenar a los oponentes que combaten a quienes los Estados Unidos quieren destruir porque puede suceder - como lo demostró Osama Bin Laden - que estos se vuelvan contra quien los adiestró, llega la hora de formar una “coalición de naciones amigas”. Ese es el papel que ha jugado Gran Bretaña y algunos otros países en las últimas intervenciones.
En el caso de Venezuela, al coro de ultraconservadores parlamentarios estadounidenses (la mayoría con apellidos latinoamericanos, seguramente provenientes del recalcitrante exilio de contras de Miami) se agregan algunos viejos personajes que tuvieron su base en Venezuela para atentados terroristas e intentonas contra Cuba bajo los gobiernos de adecos y copeyanos. A todo esto se suma una figura aún más ominosa, un verdadero atentado contra la paz en el continente: el involucramiento de Colombia en la intervención que se reclama.
Con el pretexto de combatir la guerrilla y el narcotráfico, Colombia se ha transformado en uno de los países del mundo que ha recibido mayor ayuda militar por parte de los Estados Unidos. Durante años ocupó el segundo lugar, detrás de Israel, en cuanto al armamento, los medios técnicos, municiones, aeronaves, recibidos. Además la presencia de tropas, asesores y bases militares ha significado una militarización importante. Distintos expertos aseguran que los servicios de inteligencia, estadounidenses e israelíes, contribuyeron en forma decisiva a la formación de unidades paramilitares, las llamadas bandas de autodefensa, responsables de sangrienta represión, asesinatos y pillaje contra la población civil. El principal responsable político de las peores violaciones a los derechos humanos en Colombia es el ex Presidente Álvaro Uribe. Este personaje de extrema derecha es uno de los que reclaman un ataque de su país contra Venezuela para “liberarla” de su actual gobierno. En la memoria están los ataques y acusaciones que permanentemente desarrolló cuando ejercía la presidencia de su país y Hugo Chavez la de Venezuela.
La oligarquía colombiana, bien personificada en Uribe, detesta a Venezuela de vieja data. “Los venezolanos son como un mono que se cayó en un Cadillac” decían los aristócratas colombianos que, dicho sea de paso, tampoco sienten orgullo alguno por su propio pueblo. Las relaciones entre ambos países no han estado exentas de cierta tensión a pesar de los lazos que los unen. Durante muchas décadas Venezuela fue a Colombia lo que Alemania fue a España e Italia primero y a Turquía después: fuente de trabajo para cientos de miles de sus migrantes. Dos puntos de una extensa frontera son especialmente críticos. El Táchira venezolano y Norte de Santander colombiano, con sus ciudades hermanadas y enfrentadas y al norte la península de la Guajira, su desierto y sus indígenas nómades que no reconocen fronteras ni nacionalidades. Un vistazo al mapa de América basta para percibir la escasa distancia que media entre esa frontera desértica y algunos de los mayores yacimientos petrolíferos de Venezuela, en el Lago Maracaibo.
Una confrontación clásica entre las fuerzas armadas de Colombia y Venezuela sería trágica e incierta. Tal vez ahora el ejército colombiano haya alcanzado paridad con el venezolano pero una hipótesis de guerra destruiría la unidad de la oposición venezolana y consolidaría el respaldo de la fuerza armada a su gobierno legítimo. De ambos lados hay quien puede desear un enfrentamiento armado. La derecha colombiana lo vería con buenos ojos pero tampoco tendría una visión unánime porque algunos despojos de “los gringos” todavía duelen a más de 110 años.
Pedro Carmona, el ex presidente de Fedecámaras el poderoso organismo de lobbying de los empresarios venezolanos, fue el Presidente que los golpistas colocaron en el Palacio de Miraflores al derrocar a Chavez en abril del 2002. En las 24 horas que duró su gobierno, Carmona derogó la Constitución y 49 leyes fundamentales impulsadas por el Presidente Chavez, lo proscribió junto con sus partidarios y funcionarios y terminó huyendo a Colombia cuyo gobierno le dio protección. Carmona ahora se dedica a la docencia y a escribir sus obras completas al amparo de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, fundada en 1985, que es una fachada académica del Opus Dei con sucursales en Barranquilla y en Madrid, España.
Kerry, McCain y otros políticos estadounidenses que “están haciendo contactos” para intervenir en Venezuela saben que no será fácil que los marines puedan actuar solos o que la fuerza aérea pueda hacer una “excursión libia” para derrocar a Maduro. Tal vez el proyecto cuente con la “mano de obra desocupada” de los paramilitares colombianos. Estos si podrían unirse con los golpistas y las bandas de provocadores que están desarrollando agitación en el Táchira para establecer una cabeza de puente, un enclave, un “gobierno provisorio”. Para Carmona ya no hay retorno pero ¿aparecerán Capriles o López en semejante escenario? ¿Superará Maduro las operaciones clásicas de degaste, aislamiento y provocación? De ser así ¿llegará Obama a la última recomendación del manual Kissinger? - Jakarta.
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4 mar 2014
Comando Sur yanqui instala centro de operaciones en Paraguay
Comando Sur yanqui instala centro de operaciones en Paraguay
En Santa Rosa del Aguaray, departamento de San Pedro, el Comando Sur ha inaugurado, el sábado 22 de febrero, un Centro de Operaciones para "Emergencias".
El anuncio fue realizado dos días antes por el director de planificación del Comando Sur, George Ballance, después de una reunión mantenida con el ministro de Defensa Nacional de Paraguay, Bernardino Soto Estigarribia. Al acto de inauguración asistieron el embajador estadounidense James Thessin, dos diputados del Partido Colorado y autoridades locales de los departamentos de San Pedro y Concepción.
El departamento de San Pedro es una zona en la que desde hace décadas se lleva una importante disputa por el territorio. Por un lado, organizaciones campesinas, pequeños productores y sintierras que han alcanzado un importante grado de desarrollo en la lucha social y política.
A esto se contrapone el modelo de agricultura mecanizada, que intenta seguir desplazando a los/as campesinos/as de sus tierras, y que ha ubicado a Paraguay como cuarto exportador mundial de soja.
Esta expansión apresurada de las empresas trasnacionales, que están dedicadas a la explotación de la tierra y biodiversidad, intenta manejar el rico territorio de los departamentos de la zona norte del Paraguay, aumentar hectáreas de plantación de soja y mayor control sobre la riquísima variedad natural que aún posee San Pedro y otros departamentos limítrofes.
Para el periodista Julio Benegas, el Centro de Respuesta a Situaciones de Emergencias representa un “envoltorio” más que legitima una decisión antigua del Estado paraguayo de ser aliado de los Estados Unidos para los planes de cooperación que los mismos impulsen.
Le resulta preocupante que esto se haya mantenido por décadas sin posibilidad alguna de abrir una discusión sobre el tema con la ciudadanía o con los mismos sectores políticos.
“Esta es una decisión no consultada, no puesta en discusión ni en el Parlamento, ni en la sociedad, ni en los grandes medios. Nos plantean como una naturalidad el hecho de la presencia de los norteamericanos, y esto es absolutamente abrumador, controlan todo, a nuestros oficiales, a los grupos operativos, en las capacitaciones sobre las nuevas amenazas, y en esa caracterización de las amenazas están ‘los otros’, los que ponen en peligro el orden, la paz y la estabilidad, desde el punto de vistas de ellos. Y esos ‘otros’ pueden ser los que ocupan plazas, territorios, los indígenas que resisten, una cantidad de actores que aparecen y que son los pobres. Ese es el marco ideológico bajo el cual se implementa eso y lamentablemente no lo tenemos discutido”, expresó.
Prácticamente desde la asunción de Horacio Cartes al poder, el departamento se encuentra militarizado, se han registrado varias situaciones irregulares por parte de los militares contra la población civil, sin mayor explicación por parte de las autoridades nacionales, ni muestras de interés por aclarar las diversas denuncias que se publicaron en contra del uso de la fuerza de los efectivos militares.
Santa Rosa del Aguaray es una de las ciudades más importantes de San Pedro. En todo este tiempo de transición democrática ha sido escenario de importantes movilizaciones campesinas, de luchas históricas para el movimiento popular, se han concentrado varias medidas de fuerza, se han resistido a represiones y persecuciones contra el campesinado, se han dado fuertes fricciones e importantes victorias de los asentamientos campesinos que rodean la ciudad, asentamientos que se constituyeron a pura lucha y movilización por medio de las ocupaciones de tierras improductivas hasta la llegada de los campesinos y campesinas.
Pero ¿cuál sería el objetivo político de Estados Unidos en edificar y equipar un Centro de Respuesta a Emergencias en el departamento de San Pedro y por qué justamente ahí? Según Benegas, “el norte es un centro de disputa territorial. Por un lado, una resistencia de las familias campesinas que se dan sobre todo en los asentamientos conquistados después del 89 y esos territorios están en litigio por las corporaciones multinacionales […] en un modelo donde están involucradas un montón de empresas norteamericanas y obviamente que las familias campesinas que se basan en el modelo de agricultura familiar son sus enemigos, porque cuestionan el latifundio, resisten, protestan. Desde esa perspectiva es claro el objetivo de la cooperación de Estados Unidos. Lo que hay aquí no es una cooperación, sino una intervención política directa para mantener un modelo de acumulación que otorga migajas a la oligarquía nacional”.
Radio del Sur
En Santa Rosa del Aguaray, departamento de San Pedro, el Comando Sur ha inaugurado, el sábado 22 de febrero, un Centro de Operaciones para "Emergencias".
El anuncio fue realizado dos días antes por el director de planificación del Comando Sur, George Ballance, después de una reunión mantenida con el ministro de Defensa Nacional de Paraguay, Bernardino Soto Estigarribia. Al acto de inauguración asistieron el embajador estadounidense James Thessin, dos diputados del Partido Colorado y autoridades locales de los departamentos de San Pedro y Concepción.
El departamento de San Pedro es una zona en la que desde hace décadas se lleva una importante disputa por el territorio. Por un lado, organizaciones campesinas, pequeños productores y sintierras que han alcanzado un importante grado de desarrollo en la lucha social y política.
A esto se contrapone el modelo de agricultura mecanizada, que intenta seguir desplazando a los/as campesinos/as de sus tierras, y que ha ubicado a Paraguay como cuarto exportador mundial de soja.
Esta expansión apresurada de las empresas trasnacionales, que están dedicadas a la explotación de la tierra y biodiversidad, intenta manejar el rico territorio de los departamentos de la zona norte del Paraguay, aumentar hectáreas de plantación de soja y mayor control sobre la riquísima variedad natural que aún posee San Pedro y otros departamentos limítrofes.
Para el periodista Julio Benegas, el Centro de Respuesta a Situaciones de Emergencias representa un “envoltorio” más que legitima una decisión antigua del Estado paraguayo de ser aliado de los Estados Unidos para los planes de cooperación que los mismos impulsen.
Le resulta preocupante que esto se haya mantenido por décadas sin posibilidad alguna de abrir una discusión sobre el tema con la ciudadanía o con los mismos sectores políticos.
“Esta es una decisión no consultada, no puesta en discusión ni en el Parlamento, ni en la sociedad, ni en los grandes medios. Nos plantean como una naturalidad el hecho de la presencia de los norteamericanos, y esto es absolutamente abrumador, controlan todo, a nuestros oficiales, a los grupos operativos, en las capacitaciones sobre las nuevas amenazas, y en esa caracterización de las amenazas están ‘los otros’, los que ponen en peligro el orden, la paz y la estabilidad, desde el punto de vistas de ellos. Y esos ‘otros’ pueden ser los que ocupan plazas, territorios, los indígenas que resisten, una cantidad de actores que aparecen y que son los pobres. Ese es el marco ideológico bajo el cual se implementa eso y lamentablemente no lo tenemos discutido”, expresó.
Prácticamente desde la asunción de Horacio Cartes al poder, el departamento se encuentra militarizado, se han registrado varias situaciones irregulares por parte de los militares contra la población civil, sin mayor explicación por parte de las autoridades nacionales, ni muestras de interés por aclarar las diversas denuncias que se publicaron en contra del uso de la fuerza de los efectivos militares.
Santa Rosa del Aguaray es una de las ciudades más importantes de San Pedro. En todo este tiempo de transición democrática ha sido escenario de importantes movilizaciones campesinas, de luchas históricas para el movimiento popular, se han concentrado varias medidas de fuerza, se han resistido a represiones y persecuciones contra el campesinado, se han dado fuertes fricciones e importantes victorias de los asentamientos campesinos que rodean la ciudad, asentamientos que se constituyeron a pura lucha y movilización por medio de las ocupaciones de tierras improductivas hasta la llegada de los campesinos y campesinas.
Pero ¿cuál sería el objetivo político de Estados Unidos en edificar y equipar un Centro de Respuesta a Emergencias en el departamento de San Pedro y por qué justamente ahí? Según Benegas, “el norte es un centro de disputa territorial. Por un lado, una resistencia de las familias campesinas que se dan sobre todo en los asentamientos conquistados después del 89 y esos territorios están en litigio por las corporaciones multinacionales […] en un modelo donde están involucradas un montón de empresas norteamericanas y obviamente que las familias campesinas que se basan en el modelo de agricultura familiar son sus enemigos, porque cuestionan el latifundio, resisten, protestan. Desde esa perspectiva es claro el objetivo de la cooperación de Estados Unidos. Lo que hay aquí no es una cooperación, sino una intervención política directa para mantener un modelo de acumulación que otorga migajas a la oligarquía nacional”.
Radio del Sur
RAMONET : ¡Peligro! Acuerdo Transatlántico
¡Peligro! Acuerdo Transatlántico
Publicado el 3/03/14
IGNACIO RAMONET / LE MONDE DIPLOMATIQUE
Dentro de dos meses, el 25 de mayo, los electores españoles elegirán a sus 54 diputados europeos. Es importante que, esta vez, a la hora de votar se sepa con claridad lo que está en juego. Hasta ahora, por razones históricas y psicológicas, la mayoría de los españoles –jubilosos de ser, por fin, “europeos”– no se molestaban en leer los programas y votaban a ciegas en las elecciones al Parlamento Europeo. La brutalidad de la crisis y las despiadadas políticas de austeridad exigidas por la Unión Europea (UE) les han obligado a abrir los ojos. Ahora saben que es principalmente en Bruselas donde se decide su destino.
Entre los temas que, en esta ocasión, habrá que seguir con mayor atención está el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI) (1). Este convenio se está negociando con la mayor discreción y sin ninguna transparencia democrática entre la Unión Europea y Estados Unidos (EEUU). Su objetivo es crear la mayor zona de libre comercio del planeta, con cerca de 800 millones de consumidores, y que representará casi la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) mundial y un tercio del comercio global.
La UE es la principal economía del mundo: sus quinientos millones de habitantes disponen, en promedio, de unos ingresos anuales per cápita de 25.000 euros. Eso significa que la UE es el mayor mercado mundial y el principal importador de bienes manufacturados y de servicios, dispone del mayor volumen de inversión en el extranjero, y es el principal receptor planetario de inversiones extranjeras. La UE es también el primer inversor en EEUU, el segundo destino de las exportaciones de bienes estadounidenses y el mayor mercado para las exportaciones estadounidenses de servicios. La balanza comercial de bienes arroja, para la UE, un superávit de 76.300 millones de euros; y la de servicios, un déficit de 3.400 millones. La inversión directa de la UE en EEUU, y viceversa, ronda los 1,2 billones de euros.
Washington y Bruselas quisieran cerrar el tratado ATCI en menos de dos años, antes de que finalice el mandato del presidente Barack Obama. ¿Por qué tanta prisa? Porque, para Washington, este acuerdo tiene un carácter geoestratégico. Constituye un arma decisiva frente a la irresistible subida en poderío de China; y, más allá de China, de las demás potencias emergentes del grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, la India, Sudáfrica). Hay que precisar que, entre los años 2000 y 2008, el comercio internacional de China creció más de cuatro veces: sus exportaciones aumentaron un 474% y las importaciones un 403%. ¿Consecuencia? Estados Unidos perdió su liderato de primera potencia comercial del mundo que ostentaba desde hacía un siglo… Antes de la crisis financiera global de 2008, EEUU era el socio comercial más importante para 127 Estados del mundo; China sólo lo era para 70 países. Ese balance se ha invertido. Hoy, China es el socio comercial más importante para 124 Estados; mientras que EEUU sólo lo es para 76.
¿Qué significa eso? Que Pekín, en un plazo máximo de diez años, podría hacer de su moneda, el yuan (2), la otra gran divisa de intercambio internacional (3), y amenazar la supremacía del dólar. También está cada vez más claro que las exportaciones chinas ya no sólo son productos de baja calidad a precios asequibles por su mano de obra barata. El objetivo de Pekín es elevar el nivel tecnológico de su producción (y de sus servicios) para ser mañana líder también en sectores (informática, finanzas, aeronáutica, telefonía, ecología, etc.) que EEUU y otras potencias tecnológicas occidentales pensaban poder preservar. Por todas estas razones, y esencialmente para evitar que China se convierta en la primera potencia mundial, Washington desea blindar grandes zonas de libre cambio a las que los productos de Pekín tendrían difícil acceso. En este mismo momento, EEUU está negociando, con sus socios del Pacífico (4), un Acuerdo Transpacífico de Libre Cambio (Trans-Pacific Partnership, TPP, en inglés), gemelo asiático del Acuerdo Transatlántico (ATCI).
Aunque el ATCI empezó a gestarse en los años 1990, Washington ha presionado para acelerar las cosas. Y las negociaciones concretas se iniciaron inmediatamente después de que, en el Parlamento Europeo, la derecha y la socialdemocracia aprobaran un mandato para negociar (aceptado también, en España, en la proposición presentada conjuntamente, en el Congreso de los Diputados, por el PP y el PSOE…). Un informe, elaborado por el Grupo de Trabajo de Alto Nivel sobre Empleo y Crecimiento, creado en noviembre de 2011 por la UE y EEUU, recomendó el inicio inmediato de las negociaciones.
La primera reunión tuvo lugar en julio de 2013 en Washington, seguida de otras dos en octubre y diciembre (5). Y aunque las negociaciones están actualmente suspendidas debido a desacuerdos en el seno de la mayoría demócrata en el Senado de Estados Unidos (6), las dos partes están decididas a firmar lo antes posible el ATCI. De todo esto, los grandes medios de comunicación dominantes han hablado poco, con la esperanza de que la opinión pública no tome conciencia de lo que está en juego, y de que los burócratas de Bruselas puedan decidir sobre nuestras vidas con toda tranquilidad y en plena opacidad democrática.
Mediante ese acuerdo de marcado carácter neoliberal, EEUU y la UE desean eliminar aranceles y abrir sus respectivos mercados a la inversión, los servicios y la contratación pública, pero sobre todo intentan homogeneizar los estándares, las normas y los requisitos para comercializar bienes y servicios. Según los defensores de este proyecto librecambista, uno de sus objetivos será “acercarse lo más posible a una eliminación total de todos los aranceles del comercio transatlántico en bienes industriales y agrícolas”. En cuanto a los servicios, la idea es “abrir el sector servicios, como mínimo, tanto como se ha logrado en otros acuerdos comerciales hasta la fecha” y expandirlo a otras áreas, como el transporte. Sobre la inversión financiera, las dos partes aspiran a “alcanzar los niveles más altos de liberalización y protección de las inversiones”. Y sobre los contratos públicos, el acuerdo pretende que las empresas privadas tengan acceso a todos los sectores de la economía (incluso a las industrias de defensa), sin discriminación alguna.
Aunque los medios de comunicación dominantes apoyan sin restricción este acuerdo neoliberal, las críticas se han multiplicado sobre todo en el seno de algunos partidos políticos (7), de numerosas ONG y de organizaciones ecologistas o de defensa de los consumidores. Por ejemplo, Pia Eberhardt, miembro de la ONG Corporate Europe Observatory, denuncia que las negociaciones se han llevado a cabo sin transparencia democrática y sin que las organizaciones civiles hayan tenido conocimiento en detalle de lo que se ha acordado hasta ahora: “Hay documentos internos de la Comisión Europea –declara la activista– que indican que esta se reunió, en la fase más importante, exclusivamente con empresarios y sus lobbys. No hubo un solo encuentro con organizaciones ecologistas, con sindicatos, ni con organizaciones protectoras del consumidor” (8). Eberhardt observa con inquietud una posible disminución de las exigencias para la industria alimentaria. “El peligro –comenta– lo conforman los alimentos no seguros importados de EEUU que podrían contener más transgénicos, o los pollos desinfectados con cloro, procedimiento prohibido en Europa”. Añade que la industria agrícola-ganadera estadounidense exige la supresión de los obstáculos europeos a ese tipo de exportaciones.
Otros críticos temen las consecuencias del ATCI en materia de educación y de conocimiento científico, pues podría extenderse a los derechos intelectuales. En este sentido, Francia, para proteger su importante sector audiovisual, ya impuso una “excepción cultural”. El ATCI no abarcará las industrias culturales.
Varias organizaciones sindicales denuncian que, sin ninguna duda, el Acuerdo Transatlántico ahondará en los recortes sociales, en la reducción de los salarios, y destruirá empleo en varios sectores industriales (electrónica, comunicación, equipos de transporte, metalúrgica, papel, servicios a las empresas) y agrarios (ganadería, agrocombustibles, azúcar).
Los ecologistas europeos y los defensores del comercio justo explican además que el ATCI, al suprimir el principio de precaución, podría facilitar la supresión de regulaciones medioambientales o de seguridad alimentaria y sanitaria, a la vez que puede suponer una merma de las libertades digitales. Algunas ONG ambientalistas temen que se comience también a introducir en Europa el fracking, o sea el uso de sustancias químicas peligrosas para los acuíferos, con el fin de explotar el gas y el petróleo de esquisto (9).
Pero uno de los principales peligros del ATCI es que incorpora un capítulo sobre “protección de las inversiones”, lo que podría abrir las puertas a demandas multimillonarias de empresas privadas en tribunales internacionales de arbitraje (al servicio de las grandes corporaciones multinacionales) contra los Estados por querer estos proteger el interés público, lo cual puede suponer una “limitación de los beneficios de los inversores extranjeros”. Aquí lo que está en juego es sencillamente la soberanía de los Estados y el derecho de estos para llevar a cabo políticas públicas en favor de sus ciudadanos. Para el ATCI, los ciudadanos no existen; sólo hay consumidores, y estos pertenecen a las empresas privadas que controlan los mercados.
El desafío es inmenso. Y la voluntad cívica de parar el ATCI no debe ser menor.
Notas:
(1) En inglés, Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP).
(2) El valor del yuan está alineado sobre el del dólar estadounidense.
(3) En abril de 2011, en el marco de la Cumbre de los BRICS en Sanya (isla de Hainan, China), se firmó un acuerdo de cooperación financiera entre las cinco potencias emergentes que prevé la apertura de líneas de crédito en sus monedas nacionales respectivas, con el fin de reducir la dependencia respecto al dólar. En 2008, ya Pekín había firmado este tipo de acuerdo con Argentina.
(4) Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Corea del Sur, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam.
(5) Por parte europea, el jefe de los negociadores de la UE es el español Ignacio García Bercero.
(6) Léase Le Figaro, París, 4 de octubre de 2013.
(7) Léase, por ejemplo, la resolución sobre el ATCI adoptada por Izquierda Unida: http://www.izquierda-unida.es/sites/default/files/doc/RESOLUCION_TLC_UE_EEUU_ConferenciaEuropa_Junio2013.pdf; Y la posición de Jean-Luc Mélenchon, líder del ‘Parti de Gauche’ francés: http://europe.jean-luc-melenchon.fr/sujet/grand-marche-transatlantique/
(8) Léase Deutsche Welle en español, 17 de febrero de 2013, http://www.dw.de/tratado-ee-uu-ue-libertades-recortadas/a-17438697
(9) Léase “A Brave New Transatlantic Partnership”, 4 de octubre de 2013, http://corporateeurope.org/trade/2013/10/brave-new-transatlantic-partnership-social-environmental-consequences-proposed-eu-us
Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=e76996f0-2f05-4b75-a811-74bd48af6868
Publicado el 3/03/14
IGNACIO RAMONET / LE MONDE DIPLOMATIQUE
Dentro de dos meses, el 25 de mayo, los electores españoles elegirán a sus 54 diputados europeos. Es importante que, esta vez, a la hora de votar se sepa con claridad lo que está en juego. Hasta ahora, por razones históricas y psicológicas, la mayoría de los españoles –jubilosos de ser, por fin, “europeos”– no se molestaban en leer los programas y votaban a ciegas en las elecciones al Parlamento Europeo. La brutalidad de la crisis y las despiadadas políticas de austeridad exigidas por la Unión Europea (UE) les han obligado a abrir los ojos. Ahora saben que es principalmente en Bruselas donde se decide su destino.
Entre los temas que, en esta ocasión, habrá que seguir con mayor atención está el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI) (1). Este convenio se está negociando con la mayor discreción y sin ninguna transparencia democrática entre la Unión Europea y Estados Unidos (EEUU). Su objetivo es crear la mayor zona de libre comercio del planeta, con cerca de 800 millones de consumidores, y que representará casi la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) mundial y un tercio del comercio global.
La UE es la principal economía del mundo: sus quinientos millones de habitantes disponen, en promedio, de unos ingresos anuales per cápita de 25.000 euros. Eso significa que la UE es el mayor mercado mundial y el principal importador de bienes manufacturados y de servicios, dispone del mayor volumen de inversión en el extranjero, y es el principal receptor planetario de inversiones extranjeras. La UE es también el primer inversor en EEUU, el segundo destino de las exportaciones de bienes estadounidenses y el mayor mercado para las exportaciones estadounidenses de servicios. La balanza comercial de bienes arroja, para la UE, un superávit de 76.300 millones de euros; y la de servicios, un déficit de 3.400 millones. La inversión directa de la UE en EEUU, y viceversa, ronda los 1,2 billones de euros.
Washington y Bruselas quisieran cerrar el tratado ATCI en menos de dos años, antes de que finalice el mandato del presidente Barack Obama. ¿Por qué tanta prisa? Porque, para Washington, este acuerdo tiene un carácter geoestratégico. Constituye un arma decisiva frente a la irresistible subida en poderío de China; y, más allá de China, de las demás potencias emergentes del grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, la India, Sudáfrica). Hay que precisar que, entre los años 2000 y 2008, el comercio internacional de China creció más de cuatro veces: sus exportaciones aumentaron un 474% y las importaciones un 403%. ¿Consecuencia? Estados Unidos perdió su liderato de primera potencia comercial del mundo que ostentaba desde hacía un siglo… Antes de la crisis financiera global de 2008, EEUU era el socio comercial más importante para 127 Estados del mundo; China sólo lo era para 70 países. Ese balance se ha invertido. Hoy, China es el socio comercial más importante para 124 Estados; mientras que EEUU sólo lo es para 76.
¿Qué significa eso? Que Pekín, en un plazo máximo de diez años, podría hacer de su moneda, el yuan (2), la otra gran divisa de intercambio internacional (3), y amenazar la supremacía del dólar. También está cada vez más claro que las exportaciones chinas ya no sólo son productos de baja calidad a precios asequibles por su mano de obra barata. El objetivo de Pekín es elevar el nivel tecnológico de su producción (y de sus servicios) para ser mañana líder también en sectores (informática, finanzas, aeronáutica, telefonía, ecología, etc.) que EEUU y otras potencias tecnológicas occidentales pensaban poder preservar. Por todas estas razones, y esencialmente para evitar que China se convierta en la primera potencia mundial, Washington desea blindar grandes zonas de libre cambio a las que los productos de Pekín tendrían difícil acceso. En este mismo momento, EEUU está negociando, con sus socios del Pacífico (4), un Acuerdo Transpacífico de Libre Cambio (Trans-Pacific Partnership, TPP, en inglés), gemelo asiático del Acuerdo Transatlántico (ATCI).
Aunque el ATCI empezó a gestarse en los años 1990, Washington ha presionado para acelerar las cosas. Y las negociaciones concretas se iniciaron inmediatamente después de que, en el Parlamento Europeo, la derecha y la socialdemocracia aprobaran un mandato para negociar (aceptado también, en España, en la proposición presentada conjuntamente, en el Congreso de los Diputados, por el PP y el PSOE…). Un informe, elaborado por el Grupo de Trabajo de Alto Nivel sobre Empleo y Crecimiento, creado en noviembre de 2011 por la UE y EEUU, recomendó el inicio inmediato de las negociaciones.
La primera reunión tuvo lugar en julio de 2013 en Washington, seguida de otras dos en octubre y diciembre (5). Y aunque las negociaciones están actualmente suspendidas debido a desacuerdos en el seno de la mayoría demócrata en el Senado de Estados Unidos (6), las dos partes están decididas a firmar lo antes posible el ATCI. De todo esto, los grandes medios de comunicación dominantes han hablado poco, con la esperanza de que la opinión pública no tome conciencia de lo que está en juego, y de que los burócratas de Bruselas puedan decidir sobre nuestras vidas con toda tranquilidad y en plena opacidad democrática.
Mediante ese acuerdo de marcado carácter neoliberal, EEUU y la UE desean eliminar aranceles y abrir sus respectivos mercados a la inversión, los servicios y la contratación pública, pero sobre todo intentan homogeneizar los estándares, las normas y los requisitos para comercializar bienes y servicios. Según los defensores de este proyecto librecambista, uno de sus objetivos será “acercarse lo más posible a una eliminación total de todos los aranceles del comercio transatlántico en bienes industriales y agrícolas”. En cuanto a los servicios, la idea es “abrir el sector servicios, como mínimo, tanto como se ha logrado en otros acuerdos comerciales hasta la fecha” y expandirlo a otras áreas, como el transporte. Sobre la inversión financiera, las dos partes aspiran a “alcanzar los niveles más altos de liberalización y protección de las inversiones”. Y sobre los contratos públicos, el acuerdo pretende que las empresas privadas tengan acceso a todos los sectores de la economía (incluso a las industrias de defensa), sin discriminación alguna.
Aunque los medios de comunicación dominantes apoyan sin restricción este acuerdo neoliberal, las críticas se han multiplicado sobre todo en el seno de algunos partidos políticos (7), de numerosas ONG y de organizaciones ecologistas o de defensa de los consumidores. Por ejemplo, Pia Eberhardt, miembro de la ONG Corporate Europe Observatory, denuncia que las negociaciones se han llevado a cabo sin transparencia democrática y sin que las organizaciones civiles hayan tenido conocimiento en detalle de lo que se ha acordado hasta ahora: “Hay documentos internos de la Comisión Europea –declara la activista– que indican que esta se reunió, en la fase más importante, exclusivamente con empresarios y sus lobbys. No hubo un solo encuentro con organizaciones ecologistas, con sindicatos, ni con organizaciones protectoras del consumidor” (8). Eberhardt observa con inquietud una posible disminución de las exigencias para la industria alimentaria. “El peligro –comenta– lo conforman los alimentos no seguros importados de EEUU que podrían contener más transgénicos, o los pollos desinfectados con cloro, procedimiento prohibido en Europa”. Añade que la industria agrícola-ganadera estadounidense exige la supresión de los obstáculos europeos a ese tipo de exportaciones.
Otros críticos temen las consecuencias del ATCI en materia de educación y de conocimiento científico, pues podría extenderse a los derechos intelectuales. En este sentido, Francia, para proteger su importante sector audiovisual, ya impuso una “excepción cultural”. El ATCI no abarcará las industrias culturales.
Varias organizaciones sindicales denuncian que, sin ninguna duda, el Acuerdo Transatlántico ahondará en los recortes sociales, en la reducción de los salarios, y destruirá empleo en varios sectores industriales (electrónica, comunicación, equipos de transporte, metalúrgica, papel, servicios a las empresas) y agrarios (ganadería, agrocombustibles, azúcar).
Los ecologistas europeos y los defensores del comercio justo explican además que el ATCI, al suprimir el principio de precaución, podría facilitar la supresión de regulaciones medioambientales o de seguridad alimentaria y sanitaria, a la vez que puede suponer una merma de las libertades digitales. Algunas ONG ambientalistas temen que se comience también a introducir en Europa el fracking, o sea el uso de sustancias químicas peligrosas para los acuíferos, con el fin de explotar el gas y el petróleo de esquisto (9).
Pero uno de los principales peligros del ATCI es que incorpora un capítulo sobre “protección de las inversiones”, lo que podría abrir las puertas a demandas multimillonarias de empresas privadas en tribunales internacionales de arbitraje (al servicio de las grandes corporaciones multinacionales) contra los Estados por querer estos proteger el interés público, lo cual puede suponer una “limitación de los beneficios de los inversores extranjeros”. Aquí lo que está en juego es sencillamente la soberanía de los Estados y el derecho de estos para llevar a cabo políticas públicas en favor de sus ciudadanos. Para el ATCI, los ciudadanos no existen; sólo hay consumidores, y estos pertenecen a las empresas privadas que controlan los mercados.
El desafío es inmenso. Y la voluntad cívica de parar el ATCI no debe ser menor.
Notas:
(1) En inglés, Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP).
(2) El valor del yuan está alineado sobre el del dólar estadounidense.
(3) En abril de 2011, en el marco de la Cumbre de los BRICS en Sanya (isla de Hainan, China), se firmó un acuerdo de cooperación financiera entre las cinco potencias emergentes que prevé la apertura de líneas de crédito en sus monedas nacionales respectivas, con el fin de reducir la dependencia respecto al dólar. En 2008, ya Pekín había firmado este tipo de acuerdo con Argentina.
(4) Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Corea del Sur, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam.
(5) Por parte europea, el jefe de los negociadores de la UE es el español Ignacio García Bercero.
(6) Léase Le Figaro, París, 4 de octubre de 2013.
(7) Léase, por ejemplo, la resolución sobre el ATCI adoptada por Izquierda Unida: http://www.izquierda-unida.es/sites/default/files/doc/RESOLUCION_TLC_UE_EEUU_ConferenciaEuropa_Junio2013.pdf; Y la posición de Jean-Luc Mélenchon, líder del ‘Parti de Gauche’ francés: http://europe.jean-luc-melenchon.fr/sujet/grand-marche-transatlantique/
(8) Léase Deutsche Welle en español, 17 de febrero de 2013, http://www.dw.de/tratado-ee-uu-ue-libertades-recortadas/a-17438697
(9) Léase “A Brave New Transatlantic Partnership”, 4 de octubre de 2013, http://corporateeurope.org/trade/2013/10/brave-new-transatlantic-partnership-social-environmental-consequences-proposed-eu-us
Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=e76996f0-2f05-4b75-a811-74bd48af6868
Yo me quedo con el chavismo
BERNARDO CORONEL / Yo me quedo con el chavismo
Critican la revolución los que se sientan en la mesa de evasores y persiguen a vendedores ambulantes. Los que imputan a mendigos y expían narcotraficantes
No obstante el caos (des) informativo y la manipulación mediática de la prensa sobre los acontecimientos en Venezuela, hay un hecho muy claro; los que hoy se indignan por lo que pasa en el país caribeño son los mismos que se callaron cuando en Honduras hubo un golpe de Estado y festejaron el golpe contra Lugo.
Son los mismos que le hacen el juego al fascismo. Los que se indignan porque en Cuba hay una “tiranía” y no se indignan por el medio siglo de bloqueo. Los que ocultan datos cuando la UNESCO reconoce a Venezuela como el quinto país con mayor matrícula universitaria del mundo. Son los mismos, los que se rasgan las vestiduras por los “crímenes” en Venezuela y no se acuerdan que en Curuguaty [Paraguay] hubo una matanza.
Los que defienden las semillas transgénicas. Los que compungidos oran a Dios por Venezuela y veneran el mercado. Son los mismos, para quienes los campesinos compatriotas son invasores y ni mencionan que Favero tiene más de un millón de hectáreas de tierras de origen sospechoso, ni publican que los apóstoles del libre mercado esconden toneladas de alimentos para crear el caos.
Son los mismos. Los que saben de las pistas clandestinas y de las ganancias clandestinas. Los que se sientan en la mesa de evasores y persiguen a venderos ambulantes. Los que imputan a mendigos y expían narcotraficantes. Los que saben de los negociados y los negociadores.
Los mismos que ignoran que Venezuela es uno de los cuatro países con menos hambre de América Latina según la FAO y la OMS. Los que hablan de dictadura y desconocen que Venezuela tiene la democracia más diáfana según la Fundación Carter y la Unión Europea.
Los afligidos por los detenidos, pero que no publican sobre los presos de conciencia en huelga de hambre hace dos semanas [ ver http://www.lahaine.org/index.php?p=44670 ].
Son los mismos, para quienes las víctimas son victimarios. Los que reverencian al poderoso y son implacables con los débiles. Los que se mortifican por el desabastecimiento en Caracas y no les mortifica el 25% de la población paraguaya que pasa hambre todos los días.
Los que reclaman libertad de prensa y persiguen modestas radios comunitarias. Los que hablan de libre expresión y desinforman manipulando fotos. Los que saben que todo es por el petróleo.
Son los mismos, y porque desconfío de ellos, y porque son dignos de sospecha, por eso, justamente por eso me quedo con el chavismo
La Haine / Insurgente.org
Critican la revolución los que se sientan en la mesa de evasores y persiguen a vendedores ambulantes. Los que imputan a mendigos y expían narcotraficantes
No obstante el caos (des) informativo y la manipulación mediática de la prensa sobre los acontecimientos en Venezuela, hay un hecho muy claro; los que hoy se indignan por lo que pasa en el país caribeño son los mismos que se callaron cuando en Honduras hubo un golpe de Estado y festejaron el golpe contra Lugo.
Son los mismos que le hacen el juego al fascismo. Los que se indignan porque en Cuba hay una “tiranía” y no se indignan por el medio siglo de bloqueo. Los que ocultan datos cuando la UNESCO reconoce a Venezuela como el quinto país con mayor matrícula universitaria del mundo. Son los mismos, los que se rasgan las vestiduras por los “crímenes” en Venezuela y no se acuerdan que en Curuguaty [Paraguay] hubo una matanza.
Los que defienden las semillas transgénicas. Los que compungidos oran a Dios por Venezuela y veneran el mercado. Son los mismos, para quienes los campesinos compatriotas son invasores y ni mencionan que Favero tiene más de un millón de hectáreas de tierras de origen sospechoso, ni publican que los apóstoles del libre mercado esconden toneladas de alimentos para crear el caos.
Son los mismos. Los que saben de las pistas clandestinas y de las ganancias clandestinas. Los que se sientan en la mesa de evasores y persiguen a venderos ambulantes. Los que imputan a mendigos y expían narcotraficantes. Los que saben de los negociados y los negociadores.
Los mismos que ignoran que Venezuela es uno de los cuatro países con menos hambre de América Latina según la FAO y la OMS. Los que hablan de dictadura y desconocen que Venezuela tiene la democracia más diáfana según la Fundación Carter y la Unión Europea.
Los afligidos por los detenidos, pero que no publican sobre los presos de conciencia en huelga de hambre hace dos semanas [ ver http://www.lahaine.org/index.php?p=44670 ].
Son los mismos, para quienes las víctimas son victimarios. Los que reverencian al poderoso y son implacables con los débiles. Los que se mortifican por el desabastecimiento en Caracas y no les mortifica el 25% de la población paraguaya que pasa hambre todos los días.
Los que reclaman libertad de prensa y persiguen modestas radios comunitarias. Los que hablan de libre expresión y desinforman manipulando fotos. Los que saben que todo es por el petróleo.
Son los mismos, y porque desconfío de ellos, y porque son dignos de sospecha, por eso, justamente por eso me quedo con el chavismo
La Haine / Insurgente.org
3 mar 2014
Moscú invierte los papeles en Kiev
THIERRY MEYSSAN / Moscú invierte los papeles en Kiev
Publicado el 3/03/14
THIERRY MEYSSAN / VOLTAIRENET.ORG – Mientras los dirigentes de la OTAN se regocijan por el golpe de Estado en Kiev, presentado a la opinión pública de Occidente como una nueva revolución, en el terreno se invierte la situación. Después de desplazar a un gobierno de delincuentes que buscaban el mejor postor entre Washington y Moscú, ahora son los agentes de Estados Unidos quienes se ven obligados –ya en el ejercicio del poder– a enfrentar los disturbios que anteriormente organizaron. El problema es que el país está arruinado y nadie, sea quien sea, podrá sacarlo rápidamente de la bancarrota. Y ahora Rusia puede defender sus intereses sin tener por ello que asumir las consecuencias de los 20 años de corrupción que antecedieron la nueva situación.
Durante los Juegos de Sochi, Rusia no reaccionó ante los acontecimientos ucranianos [1]. Mientras se producían los graves desórdenes registrados en Kiev y en otras capitales de provincias ucranianas, la prensa rusa siguió dedicando sus titulares a las hazañas de sus deportistas. El Kremlin consideraba, en efecto, que en cualquier momento los enemigos de Rusia podían tratar aún de convertir la fiesta deportiva en un baño de sangre.
Tal y como estaba previsto, para el momento de la clausura de los Juegos, el poder ya había cambiado de manos en Kiev. Ampliamente desinformada, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que se había producido una revolución proeuropea.
Sin embargo, la divulgación de una conversación telefónica entre la secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, y el embajador de Estados Unidos en Kiev, Geoffrey R. Pyatt, no deja lugar a dudas sobre la existencia del complot estadounidense [2]. A golpe de imágenes falsas, un gobierno de corruptos [3] fue presentado a la opinión como una banda de torturadores rusófilos [4]. Como en todas las demás «revoluciones de colores», misteriosos francotiradores posicionados en los techos dispararon contra la multitud y también contra la policía, y se responsabilizó al gobierno con esos hechos.
En medio de la confusión, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que «el pueblo» se había apoderado de los palacios nacionales. La realidad es que, mientras los activistas –en su mayoría nazis– se batían en la plaza Maidan bajo los lentes de las cámaras de televisión, en otros lugares de la ciudad eran los politiqueros quienes penetraban discretamente en los palacios nacionales. Por ese lado, los europeos pueden dormir tranquilos: no fueron los nazis quienes se instalaron en el poder.
Los nazis ucranianos nada tienen que ver con la extrema derecha que se conoce en Europa occidental, por lo general abiertamente sionista (con excepción del Frente Nacional francés). Durante la guerra fría, los nazis ucranianos fueron incorporados a las redes stay-behind de la OTAN para sabotear la economía soviética. Posteriormente, Polonia [5] y Lituania se encargaron de arroparlos. Durante los pasados 3 meses de manifestaciones se les unieron islamistas tártaros especialmente traídos de regreso desde Siria, donde estaban en plena yihad [6]. Habitantes históricos de Crimea, a los que Stalin decidió dispersar por haberse unido a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, los tártaros viven hoy principalmente en Ucrania y Turquía. En la plaza Maidan demostraron la pericia adquirida en Siria: mutilando policías y sacándoles los ojos [7].
La revolución de la plaza Maidan sirve para enmascarar un golpe de Estado extremadamente clásico [8]. En presencia de «diplomáticos» estadounidenses, la Rada [parlamento ucraniano] violó la Constitución abrogándola sin referéndum. Destituyó, sin debate ni proceso, al presidente en ejercicio y puso los poderes legislativos y ejecutivos en manos del ex jefe de los servicios secretos, Alexander Turchinov.
Este nuevo dictador designó como primer ministro a Arseni Yatseniuk, lo cual coincide –¡Oh casualidad!– con los cálculos expresados desde mucho antes –en la conversación telefónica anteriormente mencionada– por la secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland. El nuevo primer ministro conformó un gabinete que fue presentado a los manifestantes en la plaza Maidan. Estos últimos, ahora mucho más numerosos y en una proporción en la que los nazis ya vienen siendo sólo una tercera parte, abuchearon a varios de miembros del nuevo gabinete porque son judíos.
En Crimea, donde está basada la flota rusa del Mar Negro y la mayoría de la población es rusa, el parlamento regional, también presa de una «inspiración revolucionaria», derrocó el gobierno local (fiel a Kiev) y nombró uno nuevo (pro-ruso). Simultáneamente, hombres uniformados, pero sin bandera ni insignias, tomaron el control de los edificios oficiales y del aeropuerto, impidiendo así la posible llegada de fuerzas enviadas por el nuevo gobierno de Kiev.
En Kiev, la Rada denunciaba un acto de injerencia rusa y llamaba a que se respete el Memorándum de Budapest. En 1994, Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia firmaron un acuerdo sobre el congelamiento de las fronteras de Ucrania a cambio de su renuncia al arma nuclear [9]. Para Moscú, sin embargo, ese acuerdo perdió toda vigencia desde que fue violado por Washington y Londres en el momento de la «revolución naranja» de 2004 [10] y, con más razón aún, con el golpe de Estado de la semana pasada.
¿Qué va a pasar ahora? El 25 de mayo tendrá lugar la elección del Parlamento Europeo y Kiev organiza una elección presidencial mientras que Crimea realizará un referéndum de autodeterminación. Cuando Crimea sea independiente podrá optar por reintegrarse a la Federación Rusa, de la que formó parte hasta 1954.
Por su parte, la Unión Europea tendrá que ver cómo se las arregla para responder a las esperanzas que tanto se esforzó por suscitar en Ucrania, y tendrá por lo tanto que pagar –no se sabe con qué fondos– al menos una parte de los 35 000 millones de deuda ucraniana. Por su parte, los nazis de la plaza Maidan no regresarán a la clandestinidad sino que van a exigir formar parte del gobierno.
Pero la historia no parará ahí porque todavía quedarán por resolver, para el Kremlin, los problemas de la parte oriental de Ucrania –con una numerosa población rusa y una importante industria de defensa– y también de Transnitria (la antigua Besarabia, que sirvió en el pasado de centro de investigación para la cohetería soviética). Este pequeño país, de población rusa, que no aparece en los mapas porque no es miembro de la ONU–, proclamó su independencia en el momento de la disolución de la URSS pero aún está considerado como parte de Moldavia. Resistió valientemente a la guerra que contra él desataron en 1992 Moldavia, la fuerza aérea rumana y los consejeros de la OTAN [11]. Logró conservar el modelo social soviético, adoptando a la vez instituciones democráticas, y hoy en día una «fuerza de paz» rusa garantiza su seguridad [12]. Como mínimo, una veintena de kilómetros cuadrados de territorio ucraniano podrían sublevarse y unirse a Transnitria, ofreciéndole así una salida al Mar Negro, pero Ucrania se vería entonces separada de su apéndice occidental. En el mejor de los casos, para unir territorialmente la península de Crimea con el territorio de Transnitria habría que tomar varios cientos de kilómetros de costa, incluyendo la ciudad de Odesa.
Por lo tanto, continuarán los desórdenes en Ucrania. Con la diferencia de que Estados Unidos y la Unión Europea se verán ahora en la situación del «cazador cazado» y será su turno de enfrentar el caos. Además de la pesada carga financiera, ¿cómo van a arreglárselas para controlar a sus victoriosos aliados nazis y yihadistas? La demostración de fuerza orquestada por Washington se halla ahora a punto de convertirse en un fiasco [13].
[1] «Después de Yugoslavia, ¿le ha llegado el turno a Ucrania?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.
[2] «Conversación entre la secretaria de Estado adjunta y el embajador de Estados Unidos en Ucrania», Oriental Review/Red Voltaire, 8 de febrero de 2014.
[3] «L’Ukraine brade son secteur énergétique aux Occidentaux», por Ivan Lizan, Однако, Red Voltaire, 2 de marzo de 2013.
[4] «Imágenes falsas en Ucrania», Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.
[5] «Polonia, nueva cabeza de playa en el plan desestabilizador de la OTAN», por Andrew Korybko, Oriental Review, Red Voltaire, 28 de febrero de 2014.
[6] «Yihadistas dan servicio de seguridad a los manifestantes de Kiev», Red Voltaire, 4 de diciembre de 2013.
[7] «Евротвари выкололи глаз и отрубили руку пленному бойцу», YouTube, 21 de febrero de 2014.
[8] «Golpe de Estado proestadounidense en Ucrania», Red Voltaire, 24 de febrero de 2014.
[9] “Memorandum on Security Assurances in connection with Ukraine’s accession to the Treaty on the Non-Proliferation of Nuclear Weapons”, Voltaire Network, 5 de diciembre de 1994.
[10] «Moscú y Washington se enfrentan en Ucrania», por Emilia Nazarenko; «Ucrania: la calle contra el pueblo», Red Voltaire, 24 y 29 de noviembre de 2004.
[11] «En 1992, Estados Unidos trató de aplastar militarmente la Transnistria», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de abril de 2010.
[12] «Tiraspol, base avancée de l’armée russe?», por Arthur Lepic, Réseau Voltaire, 15 de agosto de 2007.
[13] «¿Puede Washington derrocar tres gobiernos a la vez?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 23 de febrero de 2014.
http://www.contrainjerencia.com/?p=83785
Publicado el 3/03/14
THIERRY MEYSSAN / VOLTAIRENET.ORG – Mientras los dirigentes de la OTAN se regocijan por el golpe de Estado en Kiev, presentado a la opinión pública de Occidente como una nueva revolución, en el terreno se invierte la situación. Después de desplazar a un gobierno de delincuentes que buscaban el mejor postor entre Washington y Moscú, ahora son los agentes de Estados Unidos quienes se ven obligados –ya en el ejercicio del poder– a enfrentar los disturbios que anteriormente organizaron. El problema es que el país está arruinado y nadie, sea quien sea, podrá sacarlo rápidamente de la bancarrota. Y ahora Rusia puede defender sus intereses sin tener por ello que asumir las consecuencias de los 20 años de corrupción que antecedieron la nueva situación.
Durante los Juegos de Sochi, Rusia no reaccionó ante los acontecimientos ucranianos [1]. Mientras se producían los graves desórdenes registrados en Kiev y en otras capitales de provincias ucranianas, la prensa rusa siguió dedicando sus titulares a las hazañas de sus deportistas. El Kremlin consideraba, en efecto, que en cualquier momento los enemigos de Rusia podían tratar aún de convertir la fiesta deportiva en un baño de sangre.
Tal y como estaba previsto, para el momento de la clausura de los Juegos, el poder ya había cambiado de manos en Kiev. Ampliamente desinformada, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que se había producido una revolución proeuropea.
Sin embargo, la divulgación de una conversación telefónica entre la secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, y el embajador de Estados Unidos en Kiev, Geoffrey R. Pyatt, no deja lugar a dudas sobre la existencia del complot estadounidense [2]. A golpe de imágenes falsas, un gobierno de corruptos [3] fue presentado a la opinión como una banda de torturadores rusófilos [4]. Como en todas las demás «revoluciones de colores», misteriosos francotiradores posicionados en los techos dispararon contra la multitud y también contra la policía, y se responsabilizó al gobierno con esos hechos.
En medio de la confusión, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que «el pueblo» se había apoderado de los palacios nacionales. La realidad es que, mientras los activistas –en su mayoría nazis– se batían en la plaza Maidan bajo los lentes de las cámaras de televisión, en otros lugares de la ciudad eran los politiqueros quienes penetraban discretamente en los palacios nacionales. Por ese lado, los europeos pueden dormir tranquilos: no fueron los nazis quienes se instalaron en el poder.
Los nazis ucranianos nada tienen que ver con la extrema derecha que se conoce en Europa occidental, por lo general abiertamente sionista (con excepción del Frente Nacional francés). Durante la guerra fría, los nazis ucranianos fueron incorporados a las redes stay-behind de la OTAN para sabotear la economía soviética. Posteriormente, Polonia [5] y Lituania se encargaron de arroparlos. Durante los pasados 3 meses de manifestaciones se les unieron islamistas tártaros especialmente traídos de regreso desde Siria, donde estaban en plena yihad [6]. Habitantes históricos de Crimea, a los que Stalin decidió dispersar por haberse unido a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, los tártaros viven hoy principalmente en Ucrania y Turquía. En la plaza Maidan demostraron la pericia adquirida en Siria: mutilando policías y sacándoles los ojos [7].
La revolución de la plaza Maidan sirve para enmascarar un golpe de Estado extremadamente clásico [8]. En presencia de «diplomáticos» estadounidenses, la Rada [parlamento ucraniano] violó la Constitución abrogándola sin referéndum. Destituyó, sin debate ni proceso, al presidente en ejercicio y puso los poderes legislativos y ejecutivos en manos del ex jefe de los servicios secretos, Alexander Turchinov.
Este nuevo dictador designó como primer ministro a Arseni Yatseniuk, lo cual coincide –¡Oh casualidad!– con los cálculos expresados desde mucho antes –en la conversación telefónica anteriormente mencionada– por la secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland. El nuevo primer ministro conformó un gabinete que fue presentado a los manifestantes en la plaza Maidan. Estos últimos, ahora mucho más numerosos y en una proporción en la que los nazis ya vienen siendo sólo una tercera parte, abuchearon a varios de miembros del nuevo gabinete porque son judíos.
En Crimea, donde está basada la flota rusa del Mar Negro y la mayoría de la población es rusa, el parlamento regional, también presa de una «inspiración revolucionaria», derrocó el gobierno local (fiel a Kiev) y nombró uno nuevo (pro-ruso). Simultáneamente, hombres uniformados, pero sin bandera ni insignias, tomaron el control de los edificios oficiales y del aeropuerto, impidiendo así la posible llegada de fuerzas enviadas por el nuevo gobierno de Kiev.
En Kiev, la Rada denunciaba un acto de injerencia rusa y llamaba a que se respete el Memorándum de Budapest. En 1994, Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia firmaron un acuerdo sobre el congelamiento de las fronteras de Ucrania a cambio de su renuncia al arma nuclear [9]. Para Moscú, sin embargo, ese acuerdo perdió toda vigencia desde que fue violado por Washington y Londres en el momento de la «revolución naranja» de 2004 [10] y, con más razón aún, con el golpe de Estado de la semana pasada.
¿Qué va a pasar ahora? El 25 de mayo tendrá lugar la elección del Parlamento Europeo y Kiev organiza una elección presidencial mientras que Crimea realizará un referéndum de autodeterminación. Cuando Crimea sea independiente podrá optar por reintegrarse a la Federación Rusa, de la que formó parte hasta 1954.
Por su parte, la Unión Europea tendrá que ver cómo se las arregla para responder a las esperanzas que tanto se esforzó por suscitar en Ucrania, y tendrá por lo tanto que pagar –no se sabe con qué fondos– al menos una parte de los 35 000 millones de deuda ucraniana. Por su parte, los nazis de la plaza Maidan no regresarán a la clandestinidad sino que van a exigir formar parte del gobierno.
Pero la historia no parará ahí porque todavía quedarán por resolver, para el Kremlin, los problemas de la parte oriental de Ucrania –con una numerosa población rusa y una importante industria de defensa– y también de Transnitria (la antigua Besarabia, que sirvió en el pasado de centro de investigación para la cohetería soviética). Este pequeño país, de población rusa, que no aparece en los mapas porque no es miembro de la ONU–, proclamó su independencia en el momento de la disolución de la URSS pero aún está considerado como parte de Moldavia. Resistió valientemente a la guerra que contra él desataron en 1992 Moldavia, la fuerza aérea rumana y los consejeros de la OTAN [11]. Logró conservar el modelo social soviético, adoptando a la vez instituciones democráticas, y hoy en día una «fuerza de paz» rusa garantiza su seguridad [12]. Como mínimo, una veintena de kilómetros cuadrados de territorio ucraniano podrían sublevarse y unirse a Transnitria, ofreciéndole así una salida al Mar Negro, pero Ucrania se vería entonces separada de su apéndice occidental. En el mejor de los casos, para unir territorialmente la península de Crimea con el territorio de Transnitria habría que tomar varios cientos de kilómetros de costa, incluyendo la ciudad de Odesa.
Por lo tanto, continuarán los desórdenes en Ucrania. Con la diferencia de que Estados Unidos y la Unión Europea se verán ahora en la situación del «cazador cazado» y será su turno de enfrentar el caos. Además de la pesada carga financiera, ¿cómo van a arreglárselas para controlar a sus victoriosos aliados nazis y yihadistas? La demostración de fuerza orquestada por Washington se halla ahora a punto de convertirse en un fiasco [13].
[1] «Después de Yugoslavia, ¿le ha llegado el turno a Ucrania?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.
[2] «Conversación entre la secretaria de Estado adjunta y el embajador de Estados Unidos en Ucrania», Oriental Review/Red Voltaire, 8 de febrero de 2014.
[3] «L’Ukraine brade son secteur énergétique aux Occidentaux», por Ivan Lizan, Однако, Red Voltaire, 2 de marzo de 2013.
[4] «Imágenes falsas en Ucrania», Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.
[5] «Polonia, nueva cabeza de playa en el plan desestabilizador de la OTAN», por Andrew Korybko, Oriental Review, Red Voltaire, 28 de febrero de 2014.
[6] «Yihadistas dan servicio de seguridad a los manifestantes de Kiev», Red Voltaire, 4 de diciembre de 2013.
[7] «Евротвари выкололи глаз и отрубили руку пленному бойцу», YouTube, 21 de febrero de 2014.
[8] «Golpe de Estado proestadounidense en Ucrania», Red Voltaire, 24 de febrero de 2014.
[9] “Memorandum on Security Assurances in connection with Ukraine’s accession to the Treaty on the Non-Proliferation of Nuclear Weapons”, Voltaire Network, 5 de diciembre de 1994.
[10] «Moscú y Washington se enfrentan en Ucrania», por Emilia Nazarenko; «Ucrania: la calle contra el pueblo», Red Voltaire, 24 y 29 de noviembre de 2004.
[11] «En 1992, Estados Unidos trató de aplastar militarmente la Transnistria», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de abril de 2010.
[12] «Tiraspol, base avancée de l’armée russe?», por Arthur Lepic, Réseau Voltaire, 15 de agosto de 2007.
[13] «¿Puede Washington derrocar tres gobiernos a la vez?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 23 de febrero de 2014.
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