2 sept 2014

El futuro depende del pacto mundial entre las empresas y la sociedad

IPS

NACIONES UNIDAS (IPS/George Kell*) - ¿Podemos imaginar el día en que una masa crítica de empresas invierta en un mundo mejor? ¿En que apueste al valor a largo plazo, no solo en términos económicos, sino también sociales, ambientales y éticos? Hace más de una década era difícil de imaginar, pero ahora podemos decir con confianza que está en marcha un movimiento mundial.

A fines de los años 90, la necesidad de actuar era inconfundible. En muchos sentidos, parecía que el resto del mundo no figuraba en el crecimiento y las oportunidades asociadas con el fuerte incremento de la inversión y el comercio internacional.

Este frágil estado de la unión entre las empresas y la sociedad llevó al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a proponer que el sector privado y el foro internacional iniciaran en conjunto un "pacto mundial de valores y principios compartidos, para darle un rostro humano al mercado global".

De las 40 empresas que respondieron al lanzamiento en 2000, el Pacto Mundial de la ONU se amplió a más de 8.000 compañías signatarias de 140 países que representan aproximadamente 50 millones de empleados, de casi todos los tamaños y sectores de la economía, y en partes iguales del Sur en desarrollo y el Norte industrial.

Cada participante se comprometió a respetar y a apoyar los derechos humanos, garantizar condiciones de trabajo dignas, salvaguardar y restaurar el ambiente y poner en práctica la buena gestión empresarial, para luego informar públicamente sobre su progreso.

Además, 4.000 signatarios de la sociedad civil desempeñan un papel importante, como es el de hacer que las empresas respondan por sus compromisos y la colaboración con el sector privado en las causas comunes.

Ahora tenemos redes en 100 países que convocan a empresas afines y facilitan la acción sobre el terreno, que incorporan principios universales y prácticas empresariales responsables.

Estas redes desempeñan una función esencial para arraigar las normas internacionales, lanzar plataformas y campañas dentro del contexto nacional y proporcionar una base importante para impulsar a la acción y el conocimiento local.

Queda claro que la sostenibilidad ocupa un lugar cada vez más importante en las agendas de las empresas de todo el mundo. La realidad es que los desafíos sociales, ambientales y de gobernanza afectan las ganancias. Las alteraciones del mercado, el malestar social y la devastación ecológica tienen impactos reales en los negocios con respecto a las cadenas de suministro, los flujos de capital y la productividad de los empleados.

También vivimos en un mundo de hipertransparencia, y ahora la gente tiene más poder que nunca para hacer que los gobiernos y las empresas respondan por sus acciones.

Se produjo un cambio fundamental, a medida que las empresas se percataron de que no basta con mitigar el riesgo, sino que se espera que contribuyan de manera positiva con las comunidades en las que operan.

Más convincentes que los riesgos son las oportunidades derivadas de la globalización. A medida que el crecimiento económico se desplazaba al este y al sur, más compañías pasaron de ser tomadoras de recursos a constructoras de mercado.

Ahora, frente a problemas complejos como la pobreza extrema, la falta de educación, la desigualdad de género y la degradación ambiental, las compañías responsables se ven como socias en igualdad de condiciones y a largo plazo, sabiendo que no pueden prosperar en sociedades que fracasan.

Esto las animó a colaborar y coinvertir en soluciones que producen valor compartido para el sector privado y la sociedad. Y también hay una interdependencia cada vez mayor entre ambos.

Se espera que las empresas hagan más en áreas que antes eran del dominio exclusivo del sector público, como la salud y la educación, la inversión en la comunidad y la administración ambiental. De hecho, cinco de cada seis directores ejecutivos creen que sus compañías deben desempeñar un papel de liderazgo en cuestiones prioritarias a nivel mundial. Esto es sumamente alentador.

Si bien se ha visto un gran progreso, queda mucho trabajo. A compañías de todo el mundo se les pide que hagan más cosas sostenibles y que pongan fin a aquello que no lo es. La sostenibilidad empresarial debe estar en el ADN de la cultura y las actividades de negocios. La prioridad es llegar a aquellos que aún no tomaron medidas, y sobre todo a quienes se oponen activamente al cambio.

Para alcanzar la escala plena se deben realinear las estructuras de incentivos económicos para que se valore la sostenibilidad. Los gobiernos deben crear entornos propicios para las empresas e incentivar las prácticas responsables.

Los mercados financieros deben trascender el cortoplacismo para que los rendimientos a largo plazo se conviertan en el criterio general de las decisiones de inversión. Necesitamos señales claras de que el buen desempeño ambiental, social y en materia de gobernanza de las empresas tendrá apoyo y será rentable.

Este año, el sector privado tendrá la enorme oportunidad de cumplir su compromiso con la sociedad mientras los gobiernos y la ONU trabajan para definir un conjunto de objetivos mundiales de desarrollo sostenible para 2015.

Esta agenda posterior a 2015 tiene el poder de estimular la acción de todos los actores claves, con un papel muy importante del sector privado.

Estas metas y objetivos podrían dar pie a un marco para que las empresas midan su propio progreso en materia de sostenibilidad y ayudarlas a establecer objetivos corporativos alineados con las prioridades mundiales. Esta oportunidad es importante para crear valor en el sector privado y el bien público.

¿Cómo será el futuro? Las piezas están en su lugar para lograr una nueva era de sostenibilidad. La buena noticia es que las empresas progresistas, que comprenden grandes sectores del mercado mundial, demostraron que están dispuestas a ser parte de la solución y avanzar.

Las decisiones que tomen los líderes empresariales en aras de la sostenibilidad pueden hacer la diferencia. Podemos pasar de un impacto incremental a uno transformador, para demostrar que la compañía responsable es una fuerza para el bien.

*Director ejecutivo del Pacto Mundial de Naciones Unidas.

Los yihadistas en el Despacho Oval y los gaseoductos de Eurasia

 Fue en 1985 cuando el mulá Omar y su equipo Yihadista-Taliban-Al qaedista fueron invitados por Ronald Reagan a la Casa Blanca para tomar té y negociar la construcción del gaseoducto transafgano (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India, “ TAPI”) sobre las ruinas del espacio soviético. Después del 11 de septiembre, y para no herir sensibilidades, esos encuentros con la ultraderecha  islamista, financiada por la CIA,  se trasladaron a las bases del Pentágono en el Golfo Pérsico: de allí es de donde salen los “rebeldes”  afganos, chechenos, libios, yemeníes, sirios, iraquíes, chinos, entre otros, con la misión de cortar cabezas y provocar el llamado“caos creativo” —o lo que es lo mismo, guerras—, en los países rivales y/o productores de hidrocarburo.

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El actual “Gran Juego” entre las potencias grandes y medianas del mundo, que discurre en Eurasia agitando la bandera negra yihadista sigue girando en torno a los gaseoductos. En esta partida, la ofensiva del intrépido Obama contra China —su principal obsesión—, pasa por el control sobre el gas de Rusia y de Irán, principales reservas mundiales del “Oro Azul”, con el fin de impedir la llegada de energía a las venas de la económica del gigante asiático.
La recesión económica de los principales clientes del gas ruso, la inseguridad provocada por las guerras y la fuerte entrada de EEUU como productor de gas esquisto —y el uso de la técnica de fracturación hidráulica y perforación horizontal que han hecho posible la explotación del conocido como “tight gas” (el gas de arenas compactas), del “shale gas” (el gas de arcillas) y el petróleo de esquisto—, no solo han cambiado el lugar de los vendedores y compradores de energía, sino que han convertido en obsoletas las instalaciones de los tradicionales productores. Gazprom, Total y Statoil, por ejemplo, han suspendido el gran proyecto iniciado en 2007 en el yacimiento de gas del Shtokman en el Mar Barents: el cliente interesado, EEUU, ya no lo necesita; que este país dejase de comprar el 40% del gas de Qatar ha hecho que el sultanato buscara nuevos clientes, aunque por ello tuviera que contratar a los matones del Estado Islámico para arrasar Siria e Irak allanando el camino del gaseoducto árabe.
Demasiado “fracking”, demasiados excedentes del gas, han hecho bajar los precios y la quiebra de muchas pequeñas empresas, por lo que las compañías han empezado a exportarlo, sin que el Congreso levantara la prohibición que pesa sobre las exportaciones de hidrocarburo desde 1975: el primer barco zarpó hacia Corea del Sur.
La supuesta “autosuficiencia energética” de EEUU puede tener unas inesperadas consecuencias: sus antiguos proveedores dejarán de almacenar dólares, mientras Rusia pedirá rublo o yuan a cambio de sus productos, introduciendo en el sistema monetario mundial los términos “petrorublo” y “petroyuan” con todo lo que ello podría acarrear.
Rusia: “arena movediza”
Uno de los objetivos de la actual ofensiva militar y económica lanzada contra Rusiapor EEUU es forzar a Gazprom Germania, la empresa estatal de gas ruso con sede en Berlín, suspender unos 25 proyectos que estaba desarrollando en Europa, y que le iba a convertir en la mayor compañía estatal de gas natural del mundo. La respuesta de Vladimir Putin fue firmar con China un mega acuerdo para suministrarle gas a partir de 2018 durante las próximas tres décadas, fortaleciendo la Organización de Shangai y también el BRICS, y de paso aumentar la entrada del capital chino en la economía rusa.
La guerra de gas también explica parte de las razones del respaldo del Kremlin a Bashar Al Asad. Mientras él esté en el poder, no permitirá la construcción del gaseoducto árabe, ni los qataries y saudíes permitirán a Irán poner en marcha el gaseoducto Irán-Irak-Siria (IIS) firmado en 2011, y que iba a ser inaugurado en 2016. EEUU, que busca el declive de político de Moscú y desmantelar la Federación Rusa, con las sanciones lo que ha hecho es empujar a la alza los precios de gas —que pueden llegar hasta el 50%—, ¡y así compensarle por la pérdida en ventas debido a las sanciones!
Rusia con sus gaseoductos South y North Stream enterró el proyecto de Nabucco—financiado por EEUU, Turquía, Reino Unido, Francia e Israel— y luego comprando el gas de Turkmenistán y Azerbaiyán para las próximas décadas, mantiene su dominio casi absoluto sobre el gas y las tuberías en Eurasia. En esta guerra de gas, solo Bulgaria y Serbia se han descolgado de la tubería South Stream.
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Los dirigentes europeos que anteponen los intereses de las empresas de EEUU a los de sus pueblos, no tienen ningún sustituto al gas ruso: perdieron a Libia, hoy sumida en el caos, al tiempo que los “amigos americanos” impedían la puesta en marcha del gaseoducto Irán-Turquía-Europa (ITE), cuyo protocolo fue firmado en 2008, y si tienen que esperar el esquisto de EEUU, mejor que lo hagan sentados: no llegará a tiempo ni será suficiente. Que se conformen con que la OTAN haya ganado en Ucrania, y que paren este conflicto que puede terminar en una guerra total.
Irán, desaprovechado y aislado
Las negociaciones nucleares entre Occidente e Irán sufren altibajos debido a la incertidumbre y tensión en el escenario político de la región: a Europa le urge el regreso de Irán al mercado de energía, no así a los republicanos de EEUU, Israel, Arabia y Qatar.
Las amenazas militares, las sanciones, los yihadistas del Estado Islámico y también los peculiares rasgos de la teocracia gobernante han convertido a este gigante energético y ubicado en un lugar privilegiado en un importador neto de productos petrolíferos: recibe el gas turcomano.
EEUU, además de impedir la construcción de TAPI , ha evitado que Pakistán e India construyeran el gaseoducto IPI, para recibir el gas iraní desde el Golfo Pérsico. India se ha quedado sin el gas “transafgano” y sin el iraní: a cambio Washington le ha “banqueado” su ilegal arma nuclear y puede que reciba un escaño en el Consejo de Seguridad. Cierto, la desgracia india beneficia a China.
A pesar de que Teherán ha cedido en su programa nuclear, Barak Obama ha renovado la Ley de Emergencia Nacional sobre Irán, manteniendo las sanciones contra la industria energética iraní.
El “gaseoducto árabe”
Los 3 mil millones de dólares que Qatar ha invertido en el terrorismo yihadista en Siria e Irak no es para restaurar el Islam mahometano, sino que busca destruir los gobiernos de ambos países, impidiendo así la construcción del gaseoducto IIS, para después levantar el suyo.
Qatar, que comparte con Irán el dominio sobre Campo del gas “Pars del Sur”, uno de los más grandes del mundo descubierto en 1990 en el Golfo Pérsico, tiene dos proyectos: “Qatar- Arabia Saudi-Kuwait-Irak-Turquía” y “Qatar- Arabia-Jordania- Siria-Turquía”. Assad en 2009 había rechazado la propuesta por su alianza con Moscú y Teherán y hay dudas razonables que consiga llevarlos a cabo.
Erdogan: “Aquí, el que no corre, vuela”
Turquía, uno de los principales respaldos del terrorismo yihadista, planea levantar un gaseoducto que le conecte a la Región Autónoma de Kurdistán Iraquí. ¡Mal negocio en el medio de interminables conflictos! Ankara aún no se ha recuperado de las billonarias pérdidas por la invasión dirigida por EEUU a Irak en 2003, que destruyó el oleoducto iraquí-turco, ni del disgusto de la pérdida del proyecto Nabucco.
Quizás debería conformarse con el contrato firmado con Moscú en 2011 para el transporte de parte del gas de South Stream y con lo que Irán le manda para su consumo interno. Teherán no quiere contribuir en el fortalecimiento de un miembro de la OTAN en sus fronteras, quien además intenta derribar a su aliado en Damasco y en Bagdad.
Al Occidente tampoco le gusta que Erdogan tenga el monopolio sobre el tránsito del hidrocarburo del Caspio o del Pérsico a Europa: podría utilizar esta ventaja para presionar a la UE, que le quiere como un peón en el mapa europeo.
China, sin inmutarse
“Acupuntura en vez de los ataques quirúrgicos” de EEUU, sigue siendo la política de Pekín, contra las guerras líquidas de EEUU. Tras inaugurar en 2009 el mayor gaseoducto del mundo que transporta el gas de Turkmenistán hasta Xinjiang, China se puso a construir otras cinco tuberías que unen su vasto territorio con Asia Central.
Los intentos de Washington de estrangular su economía a través del control sobre el Estrecho de Malaca, presionar a Myanmar (como regalar un Nobel de la Paz a la opositora Aung San Suu Kyi), para que dejase de construir las tuberías de transporte de hidrocarburo a China, sancionar a Irán suspendiendo el “contrato del siglo” de la venta del gas durante 25 años, que Teherán firmó con Pekín en 2004, o desalojarle del puerto pakistaní de Gwadar, en el océano índico, han sido parte de las travesuras de la Casa Blanca contra China.
EEUU, que ha abandonado a Pakistán al caos total, está barajando “independizar” la provincia de Beluchistán —un mar de gas, además de grandes minas de piedras preciosas, con gentes viviendo en la absoluta miseria—, porque China planea colocar un gaseoducto desde esta provincia pasando por la cordillera de Karakoram hasta a Xinjiang.
El desgarrado Oriente Próximo aún puede ir a peor: los yihadistas no son más que un pretexto e instrumento para una gran guerra por gas que tiene a Irán en su punto de mira

1 sept 2014

A la inseguridad en Libia se suma ahora el caos institucional

Tres años después de la intervención militar, Libia no produce el petróleo que le reclaman

Por Ignacio Cembrero
30 agosto 2014 | 
Un miembro islamista de la milicia de Fajr Libia (El Alba de Libia), en el aeropuerto de Trípoli. Foto: AFP
Un miembro islamista de la milicia de Fajr Libia (El Alba de Libia), en el aeropuerto de Trípoli. Foto: AFP
Massoudou Hassoumi, ministro de Asuntos Exteriores de Níger, un país fronterizo de Libia, se lamentó, a principios de año, que las potencias occidentales que derrocaron en 2011 a Muamar el Gadafi no garantizaron “el servicio postventa”. Por eso, añadió, Libia se ha convertido en “una incubadora de terroristas”.
A mediados de mes fue el propio Parlamento libio el que pidió, por amplia mayoría, a la comunidad internacional que interviniese en Libia para “proteger a los civiles” de las milicias algunas de las cuales rayan el terrorismo.
Ninguna de las potencias occidentales que ayudaron a acabar con Gadafi respondió a este llamamiento. Entonces, por primera vez, dos países árabes aliados de Estados Unidos, Egipto y Emiratos Árabes Unidos (EAU), intervinieron por su cuenta para tratar de frenar, a principios de esta semana, el avance de una coalición de milicias islamistas, Fajr Libia (El Alba de Libia) en Trípoli, la capital.
Que dos regímenes árabes hayan actuado sin consultar con Washington demuestra hasta qué punto la pasividad de la Administración de Barack Obama en Oriente Próximo, por lo menos hasta el inicio de los bombardeos en el norte de Iraq a principios de mes, incita a sus aliados a suplir sus carencias, señalan fuentes diplomáticas.

Bengasi está en un 80% bajo el yugo de Ansar Sharia

Egipto puso los aeropuertos militares y EAU, que posee la mejor fuerza aérea en el Golfo, los aviones con los que se bombardeó un campamento de una milicia islamista procedente de la ciudad de Misrata integrada en la coalición Fajr Libia. De poco sirvió porque los rebeldes consiguieron expulsar a otra milicia, la de Zintan, menos tintada de religión. Tras casi mes y medio de combates se adueñaron del aeropuerto de la capital.
A grandes rasgos el país que posee las mayores reservas de petróleo en África está ahora en manos de varias milicias. En su capital y en Misrata, tercera ciudad libia, predominan los islamistas moderados de Fajr Libia. Bengasi, la segunda ciudad más poblada, está en un 80% bajo el yugo de Ansar Sharia (Partidarios de la Ley Islámica), un grupo tachado de terrorista por EEUU porque participó en el asesinato de su embajador en Libia en septiembre de 2012.
El resto de Bengasi y Tobruk lo controlan los hombres del general jubilado Khalifa Haftar al que obedecen los despojos del Ejército libio y que mantiene estrechas relaciones con la milicia de Zintan. El general cuenta con el respaldo de Abdelfatah Al Sisi, el presidente de Egipto.
En la vasta región meridional del Fezán, con una superficie equivalente a la de España, pero con apenas medio millón de habitantes, confluyen grupos terroristas, incluida la rama magrebí de Al Qaeda y la escisión que protagonizó Mojtar Belmojtar, el que ha perpetrado en el Magreb más secuestros de occidentales.

Libia tendrá la semana próxima dos gobiernos

Al caos en materia de seguridad, con choques entre milicias, atentados, los secuestros etcétera, se añade ahora un gran embrollo institucional. El llamamiento desde la lejana Tobruk -en Trípoli se consideraba amenazado- del recién elegido Parlamento a favor de una intervención internacional ha incitado a los islamistas moderados a no reconocerle.
Ahora solo consideran legítimo al Congreso General Nacional, elegido en 2012, y en el que obtuvieron mejores resultados que en las últimas legislativas. Reunida en Trípoli esta asamblea destituyó el lunes al primer ministro, Abdalá el Theni, huido a Tobruk, y encargó a un islamista, Omar al Hassi, la formación de un “gobierno de salvación nacional”. Además de dos parlamentos, Libia tendrá la semana próxima dos gobiernos. Es decir, que los occidentales -que en su gran mayoría cerraron sus embajadas- carecerán de interlocutores.
Pese a que una parte del este del país está gobernada por un grupo terrorista que ha expresado sus simpatías por el Estado Islámico; pese a que el sur de Libia es un refugio para terroristas y un punto de partida de sus ataques como el de la planta gasística argelina de In Amenas; pese a que en lo que va de año han zarpado de las costas libias rumbo a Italia y Malta casi 110.000 inmigrantes; ninguna de las potencias occidentales que ayudaron a acabar con Gadafi se plantea asegurar el servicio post venta que reclamaba el ministro nigerino.
(Tomado de El Mundo)

Rusia ayudará a Irán a burlar el boicot de Occidente

Sanciones de Occidente no afectarán a los pueblos de Rusia e Irán


08:57 01/09/2014
Moscú, 1 sep (Nóvosti).


Las sanciones contra Rusia conducen a su acercamiento a Irán, tanto en política internacional como en el comercio y la cooperación económica, escribe el periódicoNezavisimaya Gazeta.
El hecho de que también Rusia se vea bajo sanciones conduce a un acercamiento de posiciones respecto al programa nuclear iraní, la guerra en Afganistán o el problema del Oriente Medio.
Pero en el mundo suscita incluso mayor atención el desarrollo de la cooperación comercial y económica de los dos países.
Los expertos sostienen que Rusia comprará petróleo a cambio de sus mercancías y servicios.
Se supone que Rusia revenderá el petróleo iraní a otros países. Estados Unidos y la Unión Europea, que impusieron sanciones contra Irán, no le compran crudo.
Al mismo tiempo, el acuerdo ruso-iraní supone que a raíz de esta operación Rusia no se verá castigada por las sanciones occidentales, por cuanto no suministrará a Irán las mercancías prohibidas, pero sí metales, equipamiento para estaciones eléctricas, camiones, artículos agropecuarios, etcétera.
La revistas norteamericana Time indica que tal vez los acuerdos con Rusia le permitan a Irán suavizar parcialmente las consecuencias de las duras sanciones occidentales y los esfuerzos orientados a impedir el programa nuclear iraní no conducirán a nada.
Las negociaciones para impedir que el programa nuclear iraní pueda rendir resultados militares se llevan a cabo desde hace ya ocho años.
Rusia siempre se caracterizó por una posición más suave que la de los socios occidentales respecto a Irán.
Moscú, al igual que Pekín, aboga por que Irán pueda desarrollar la parte de su programa nuclear que apunta al desarrollo de la energética.
La reciente reunión de los cancilleres de Rusia e Irán dejó patente la proximidad de posiciones respecto a los sucesos en Siria e Irak.
Rusia destacó que Irán hace su aporte a la lucha contra el extremismo y debe participar en el arreglo de la situación en ambos países.

Triunfarán las ideas justas o triunfará el desastre

Por Fidel Castro Ruz

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La sociedad mundial no conoce tregua en los últimos años, particularmente desde que la Comunidad Económica Europea, bajo la dirección férrea e incondicional de Estados Unidos, consideró que había llegado la hora de ajustar cuentas con lo que restaba de dos grandes naciones que, inspiradas en las ideas de Marx, habían llevado a cabo la proeza de poner fin al orden colonial e imperialista impuesto al mundo por Europa y Estados Unidos.
En la antigua Rusia estalló una revolución que conmovió al mundo.
Se esperaba, que la primera gran revolución socialista tendría lugar en los países más industrializados de Europa, como Inglaterra, Francia, Alemania y el Imperio Austrohúngaro. Ésta, sin embargo, tuvo lugar en Rusia, cuyo territorio se extendía por Asia, desde el norte de Europa hasta el Sur de Alaska, que había sido también territorio zarista, vendido por unos dólares al país que sería posteriormente el más interesado en atacar y destruir la revolución y al país que la engendró.
La mayor proeza del nuevo Estado fue crear una Unión capaz de agrupar sus recursos y compartir su tecnología con gran número de naciones débiles y menos desarrolladas, víctimas inevitables de la explotación colonial. ¿Sería o no conveniente en el mundo actual una verdadera sociedad de naciones que respetara los derechos, creencias, cultura, tecnologías y recursos de lugares asequibles del planeta que a tantos seres humanos les gusta visitar y conocer?¿Y no sería mucho más justo que todas las personas que hoy, en fracciones de segundo se comunican de un extremo a otro del planeta, vean en los demás un amigo o un hermano y no un enemigo dispuesto a exterminarlo con los medios que ha sido capaz de crear el conocimiento humano?
Por creer que los seres humanos podrían ser capaces de albergar tales objetivos, pienso que no hay derecho alguno a destruir ciudades, asesinar niños, pulverizar viviendas, a sembrar terror, hambre y muerte en todas partes. ¿En qué rincón del mundo se podrían justificar tales hechos? Si se recuerda que al final de la masacre de la última contienda mundial el mundo se ilusionó con la creación de las Naciones Unidas, es porque gran parte de la humanidad la imaginó con tales perspectivas, aunque no estuviesen cabalmente definidos sus objetivos. Un colosal engaño es lo que se percibe hoy cuando surgen problemas que insinúan el posible estallido de una guerra con el empleo de armas que podrían poner fin a la existencia humana.
Existen sujetos inescrupulosos, al parecer no pocos, que consideran un mérito su disposición a morir, pero sobre todo a matar para defender privilegios bochornosos.
Muchas personas se asombran al escuchar las declaraciones de algunos voceros europeos de la OTAN cuando se expresan con el estilo y el rostro de las SS nazis. En ocasiones hasta se visten con trajes oscuros en pleno verano.
Nosotros tenemos un adversario bastante poderoso como lo es nuestro vecino más próximo: Estados Unidos. Le advertimos que resistiríamos el bloqueo, aunque eso podía implicar un costo muy elevado para nuestro país. No hay peor precio que capitular frente al enemigo que sin razón ni derecho te agrede. Era el sentimiento de un pueblo pequeño y aislado. El resto de los gobiernos de este hemisferio, con raras excepciones, se habían sumado al poderoso e influyente imperio. No se trataba por nuestra parte de una actitud personal, era el sentimiento de una pequeña nación que desde inicios de siglo era una propiedad no solo política, sino también económica de Estados Unidos. España nos había cedido a ese país después de haber sufrido casi cinco siglos de coloniaje y de un incalculable número de muertos y pérdidas materiales en la lucha por la independencia.
El imperio se reservó el derecho de intervenir militarmente en Cuba en virtud de una pérfida enmienda constitucional que impuso a un Congreso impotente e incapaz de resistir. Aparte de ser los dueños de casi todo en Cuba: abundantes tierras, los mayores centrales azucareros, las minas, los bancos y hasta la prerrogativa de imprimir nuestro dinero, nos prohibía producir granos alimenticios suficientes para alimentar la población.
Cuando la URSS se desintegró y desapareció también el Campo Socialista, seguimos resistiendo, y juntos, el Estado y el pueblo revolucionarios, proseguimos nuestra marcha independiente.
No deseo, sin embargo, dramatizar esta modesta historia. Prefiero más bien recalcar que la política del imperio es tan dramáticamente ridícula que no tardará mucho en pasar al basurero de la historia. El imperio de Adolfo Hitler, inspirado en la codicia, pasó a la historia sin más gloria que el aliento aportado a los gobiernos burgueses y agresivos de la OTAN, que los convierte en el hazmerreír de Europa y el mundo, con su euro, que al igual que el dólar, no tardará en convertirse en papel mojado, llamado a depender del yuan y también de los rublos, ante la pujante economía china estrechamente unida al enorme potencial económico y técnico de Rusia.
Algo que se ha convertido en un símbolo de la política imperial es el cinismo.
Como se conoce, John McCain fue el candidato republicano a las elecciones de 2008. El personaje salió a la luz pública cuando en su condición de piloto fue derribado mientras su avión bombardeaba la populosa ciudad de Hanói. Un cohete vietnamita lo alcanzó en plena faena y nave y piloto cayeron en un lago ubicado en las inmediaciones de la capital, colindante con la ciudad.
Un antiguo soldado vietnamita ya retirado, que se ganaba la vida trabajando en las proximidades, al ver caer el avión y un piloto herido que trataba de salvarse se movió para auxiliarlo; mientras el viejo soldado prestaba esa ayuda, un grupo de la población de Hanói, que sufría los ataques de la aviación, corría para ajustar cuentas con aquel asesino. El mismo soldado persuadió a los vecinos que no lo hicieran, pues era ya un prisionero y su vida debía respetarse. Las propias autoridades yankis se comunicaron con el Gobierno rogando que no se actuara contra ese piloto.
Aparte de las normas del Gobierno vietnamita de respeto a los prisioneros, el piloto era hijo de un Almirante de la Armada de Estados Unidos que había desempeñado un papel destacado en la Segunda Guerra Mundial y estaba todavía ocupando un importante cargo.
Los vietnamitas habían capturado un pez gordo en aquel bombardeo y como es lógico, pensando en las conversaciones inevitables de paz que debían poner fin a la guerra injusta que le habían impuesto desarrollaron la amistad con él, que estaba muy feliz de sacar todo el provecho posible de aquella aventura. Esto, desde luego, no me lo contó ningún vietnamita, ni yo lo habría preguntado nunca. Lo he leído y se ajusta completamente a determinados detalles que conocí más tarde. También leí un día que Mister McCain había escrito que siendo prisionero en Vietnam, mientras era torturado, escuchó voces en español asesorando a los torturadores qué de­bían hacer y cómo hacerlo. Eran voces de cubanos, según McCain. Cuba nunca tuvo asesores en Vietnam. Sus militares conocen sobradamente cómo hacer su guerra.
El General Giap fue uno de los jefes más brillantes de nuestra época, que en Dien Bien Phu fue capaz de ubicar los cañones por selvas intrincadas y abruptas, algo que los militares yankis y europeos consideraban imposible. Con esos cañones disparaban desde un punto tan próximo que era imposible neutralizarlos sin que las bombas nucleares afectaran también a los invasores. Los demás pasos pertinentes, todos difíciles y complejos, fueron empleados para imponer a las cercadas fuerzas europeas una bochornosa rendición.
El zorro McCain sacó todo el provecho posible de las derrotas militares de los invasores yankis y europeos. Nixon no pudo persuadir a su consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger, de que aceptara la idea sugerida por el propio Presidente cuando en momentos de relajamiento le decía ¿Por qué no le lanzamos una de esas bombitas Henry? La verdadera bombita llegó cuando los hombres del Presidente trataron de espiar a sus adversarios del partido opuesto ¡Eso sí que no podía tolerarse!
A pesar de eso lo más cínico del Sr. McCain ha sido su actuación en el Cercano Oriente. El senador McCain es el aliado más incondicional de Israel en las marañas del Mossad, algo que ni los peores adversarios habrían sido capaces de imaginar. McCain participó junto a ese servicio en la creación del Estado Islámico que se apoderó de una parte considerable y vital de Irak, así como según se afirma, de un tercio del territorio de Siria. Tal Estado cuenta ya con ingresos multimillonarios, y amenaza a Arabia Saudita y otros Estados de esa compleja región que suministra la parte más importante del combustible mundial.
¿No sería preferible, luchar por producir más alimentos y productos industriales, construir hospitales y escuelas para los miles de millones de seres humanos que los necesitan desesperadamente, promover el arte y la cultura, luchar contra enfermedades masivas que llevan a la muerte a más de la mitad de los enfermos, a trabajadores de la salud o tecnólogos que según se vislumbra, podrían finalmente eliminar enfermedades como el cáncer, el ébola, el paludismo, el dengue, la chikungunya, la diabetes y otras que afectan las funciones vitales de los seres humanos?
Si hoy resulta posible prolongar la vida, la salud y el tiempo útil de las personas, si es perfectamente posible planificar el desarrollo de la población en virtud de la productividad creciente, la cultura y desarrollo de los valores humanos ¿Qué esperan para hacerlo?
Triunfarán las ideas justas o triunfará el desastre.