5 oct 2014

La lulización de la izquierda latinoamericana

Después de más de una década de gobiernos populares, la “etapa heroica” de las izquierdas latinoamericanas en el poder ha quedado atrás. Hoy la crisis venezolana le ha dejado libre a Brasil el camino hacia el liderazgo regional con su exitoso modelo económico neodesarrollista.

LULA DA SILVA, NÉSTOR KIRCHNER Y HUGO CHÁVEZ
Lula, Néstor Kirchner y Hugo Chávez en 2006 / Foto: Alejandro Arigón
Desde fines de los años noventa América Latina viene transitando lo que a falta de términos más precisos se ha definido como pos-neoliberalismo, y que el presidente ecuatoriano Rafael Correa denominó “cambio de época”. Se trata, sin duda, de una variedad de experiencias difícilmente reductibles a la extendida clasificación de las “dos izquierdas”. Este clivaje, que Álvaro Vargas Llosa sintetizó –apelando a metáforas maniqueas– como “izquierdas vegetarianas” (Chile, Brasil, Uruguay) contra “izquierdas carnívoras” (Venezuela, Bolivia, Ecuador), corre el riesgo de congelar imágenes demasiado acotadas de procesos atravesados por una gran diversidad de pliegues y ángulos de análisis –y tampoco capta las convergencias entre ambas orillas–. Problemas similares encontramos con quienes, desde la izquierda radical, realizan la misma disección pero colocando del lado correcto a los gobiernos revolucionarios y del negativo a los reformistas. Que recientemente un largo artículo en The New York Times elogie la gestión macroeconómica de Evo Morales con el término “prudente”, que La Nación –“el diario de la oligarquía argentina”– titule un artículo “Bolivia da la nota”, o que el programa Dinero de la Cnn le haya entregado la “medalla de oro” al país andino diciendo que “Bolivia está mejor desde 2005” constituyen ilustrativas advertencias tanto para los antipopulistas furibundos como para quienes creen que en el bloque bolivariano se estaría transitando la salida del capitalismo. Lo mismo ocurre con el interesante proceso ecuatoriano, que combina transformaciones profundas –e incluso refundacionales– con un nacionalismo dolarizado.
En el análisis de las experiencias de las izquierdas en el poder no puede dejarse de lado el hecho de que esos gobiernos de cambio son precisamente pos-neoliberales porque, si bien buscan revertir los efectos de la “larga noche” del Consenso de Washington, se proponen recuperar el rol del Estado en sociedades profundamente modificadas por esas reformas estructurales y por el actual capitalismo globalizado, individualista y consumista, que el italiano Raffaele Simone ha llamado “el monstruo amable”, y en general se busca evitar volver al viejo estatismo cuya crisis habilitó las privatizaciones. En casos como Bolivia y Ecuador, los gobiernos populares han hecho del crecimiento y la estabilidad económica dos de sus banderas. Por eso Evo Morales acumuló uno de los stocks de reservas internacionales más altos del mundo con relación al Pbi, uno de los logros que precisamente resaltaban The New York Times y el Fondo Monetario Internacional. Esto, sin duda, distingue a estas dos naciones bolivarianas de Venezuela, donde parte de la complicada situación que atraviesa Nicolás Maduro se vincula a un manejo de la economía con fuertes tendencias redistributivas pero también derrochadoras y desinstitucionalizantes.
EL FIN DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI. Después de más de una década del giro a la izquierda (15 años en Venezuela y ocho en Bolivia y Ecuador), la “etapa heroica” ha quedado atrás: se visualiza un “amesetamiento” de la integración antiliberal –por ejemplo en el caso de la Unasur–, y las izquierdas han perdido el monopolio de las banderas del cambio. Una nueva derecha, capaz de combinar populismo securitario, liberalismo cultural y una “cara social”, ha comenzado a desafiar al bloque pos-neoliberal en el terreno regional (por ejemplo mediante la eficaz instalación simbólica de la Alianza del Pacífico como una mejor y más moderna alternativa para la región) y en los espacios nacionales: Sergio Massa y Mauricio Macri en Argentina, Henrique Capriles en Venezuela, y Mauricio Rodas, quien acaba de ganarle al correísmo la alcaldía de Quito, en Ecuador.
Esto no significa que la izquierda no conserve posibilidades de ganar en varios países (Evo Morales, Dilma Rousseff y Tabaré Vázquez corren hoy con ventaja para ser reelegidos de manera consecutiva o con delay, y la propia Michelle Bachelet derrotó por amplio margen a la derecha en diciembre pasado). Pero lo que en algún momento se imaginó como un tránsito lineal a algún tipo de socialismo del siglo XXI estaba más ligado al hiperactivismo voluntarista de Hugo Chávez que a un consenso regional, y la crisis venezolana ha dejado el camino libre a un Brasil que promueve un capitalismo desarrollista muy vinculado a sus empresas trasnacionales. Brasil juega a la vez el rol de “locomotora regional” y de subpotencia con sus propios intereses en el juego global. Parte de este rol se puede ver en el aumento de su influencia en Cuba, donde ha incrementado notablemente su presencia económica (y política) de la mano del aura de Lula. Si Fidel Castro era un estrecho aliado –político y emocional– de Chávez, no es sorprendente que los más fríos militares cubanos –que controlan los sectores estratégicos de la economía– y la elite tecnocrática “raulista” tengan más afinidad con los brasileños, aunque por el momento sigan dependiendo del petróleo venezolano. El diario El País, por ejemplo, informó que Lula llevó en uno de sus viajes a La Habana al llamado “Rey de la Soja”, el ex gobernador de Mato Grosso Blairo Maggi, para enseñarles a los cubanos a producir la oleaginosa con mejor calidad.
Tampoco el ex sindicalista de San Pablo se privó de aconsejar –no sin una dosis de paternalismo– al presidente venezolano: “Maduro debería intentar disminuir el debate político para dedicarse enteramente a gobernar, establecer una política de coalición, construir un programa mínimo y disminuir la tensión”.
EL CONSENSO NEODESARROLLISTA. En todas partes las izquierdas en el poder han combinado una ampliación de las fronteras extractivas con un despliegue de políticas sociales en el marco de un cierto consenso desarrollista. Ello ha generado una serie de conflictos ambientales (en Argentina, Perú, Ecuador, Brasil y Bolivia) y numerosos debates acerca de la reprimarización de las economías, la creciente influencia china, las infraestructuras y explotaciones en áreas protegidas (como el caso del Tipnis en Bolivia y de Yasuní en Ecuador) y los problemas del extractivismo en la propia integración regional. En los casos argentino, brasileño y paraguayo se suma al debate la sojización, que desde hace años ha transformado profundamente la producción agraria y la vida rural, precisamente impulsada por la demanda asiática.
Pero este imaginario desarrollista no opera sólo en las grandes economías regionales. Rafael Correa viene de inaugurar, con lágrimas en los ojos, la Ciudad del Conocimiento Yachay. Concebida en su inicio con apoyo surcoreano, esta “ciudad” busca fomentar la economía del talento en estrecha alianza con varias empresas y centros de investigación del exterior. Evo Morales, con la misma emoción, siguió desde China el lanzamiento del satélite boliviano Túpac Katari (Tksat-1), en el que el Estado invirtió 300 millones de dólares; en una reciente entrevista nombró tres veces a Corea del Sur, a la que se mira con interés en Bolivia y Ecuador.
Frente a estas ilusiones desarrollistas han surgido algunos discursos impugnadores con un peso político relativo. Una parte de ellos refiere a los conflictos socioambientales realmente existentes y busca deconstruir un “consenso de los commodities” que habría remplazado al Consenso de Washington de los años noventa. Otra parte, no siempre en relación directa con la primera, enarbola el discurso del “buen vivir”, supuestamente vinculado a las cosmovisiones indígenas, pero que debido a su carácter demasiado genérico y “filosófico” carece de apoyo social significativo frente a la integración vía el consumo que predomina desde Brasil hasta Bolivia y genera la base social de los gobiernos progresistas.
Pero la duda de fondo es si estos países podrán superar la actual dependencia de las materias primas.
¿PROGRESISTAS O POPULARES? En el terreno ético-moral, los nuevos gobiernos se enfrentan a otra tensión: a menudo son más populares (y antiliberales) que progresistas. Si en Argentina el kirchnerismo mantiene su oposición a discutir el aborto, pero avanzó de manera inédita en los derechos de las diversidades sexuales, en el resto de la región las izquierdas en el poder se mostraron más cautelosas en la ampliación de los derechos civiles a este sector de la sociedad.
Un ejemplo es Rafael Correa. Aunque en diciembre de 2013 se reunió con colectivos Lgbti, en la primera cita de un mandatario ecuatoriano con ese sector, poco después lanzó un virulento alegato contra los “excesos de la ideología de género”. “De repente –dijo Correa– hay unos excesos, unos fundamentalismos en los que se proponen cosas absurdas. Ya no es igualdad de derechos, sino igualdad en todos los aspectos, que los hombres parezcan mujeres y las mujeres hombres. ¡Ya basta!” Fiel a su adhesión al catolicismo, amenazó con renunciar si proseguía la discusión sobre el aborto en su propio partido, donde varios dirigentes defienden la despenalización. A pesar de esto, desde fines de 2012 se promueve como política de Estado la “píldora del día después” en los hospitales públicos, dejando ver que todos estos procesos no se resumen solamente en las declaraciones de los líderes.
En Bolivia, Evo Morales mandó a callar a los ministros y ministras que apoyaron la apertura del debate sobre la interrupción del embarazo. Y más recientemente el parlamento aprobó un nuevo Código del Niño y la Niña que establece que la vida comienza desde la concepción. Aunque en casos de violación se puede solicitar a la justicia una interrupción del embarazo, el código introduce un nuevo candado para discutir el tema. En cuanto a la diversidad sexual, aunque se ha creado una Unidad de Despatriarcalización dependiente del viceministerio de Descolonización, los avances han sido muy moderados. Sin duda, como decía una de las marchas del orgullo gay de los años dos mil, “Bolivia es más diversa de lo que te contaron”, es decir, la diversidad no se agota en lo étnico-cultural. Pero el Código de Familias en proceso de modificación sigue estableciendo para matrimonios, e incluso uniones de hecho, el requisito de que éstos sean entre un hombre y una mujer.
En el caso ecuatoriano, la nueva Constitución sí avala las uniones civiles: el artículo 68 reconoce “la unión estable y monogámica entre dos personas”, sin especificar el sexo.
En Argentina, las leyes de matrimonio igualitario y de identidad de género –que permite cambiar de género en el documento de identidad con sólo presentarse en el registro civil– se ubican entre las normas más avanzadas del mundo en términos de reconocimiento de derechos. Significativamente, en lugar de quitarle votos al gobierno, esas decisiones dieron lugar a spots de campaña electoral. También el matrimonio igualitario se aprobó en Uruguay y en Brasil (pero por decisión judicial, no política).
Todo ello remite no obstante a la capacidad de movilización social: en muchos países es mucho más fuerte la convocatoria de los grupos católicos y evangélicos que la de los Lgbti (el tema de la expansión evangélica entre los sectores populares sigue siendo poco abordado por las izquierdas). Y a menudo las propias organizaciones Lgbti se encuentran divididas, actúan de manera autorreferencial –con fuertes divisiones faccionales–, y la consigna de la lucha por el matrimonio igualitario genera divisiones internas, todo lo cual contribuye a fortalecer a las tendencias conservadoras dentro de los gobiernos.
PRESENTE Y FUTURO. Con luces y sombras, América Latina cambió en muchos sentidos, y las izquierdas contribuyeron a ello. Hoy, con la experiencia venezolana en crisis y sin capacidad de liderazgo regional, las supuestas “dos izquierdas” parecen converger en una, con tonalidades más lulistas, como ha observado Franklin Ramírez. De este modo se apuesta a un modelo de crecimiento, regulaciones de los mercados y distribución (entre la inclusión y la ciudadanía asistida, según los casos). El pos-neoliberalismo tiende a uniformizarse en una vía menos antisistémica, con más o menos profundidad de acuerdo a las reformas estructurales que cada gobierno ha efectuado: por ejemplo, Ecuador y Uruguay avanzaron en reformas impositivas ausentes en Argentina. Los acuerdos de Evo Morales con la burguesía de Santa Cruz pueden incluirse en esta tendencia. Y en cualquier caso esta deriva lulista reduce los experimentos económicos “poscapitalistas” a un espacio marginal.
El hecho de que las nuevas derechas no tengan abiertamente en su agenda propuestas reprivatizadoras, y a veces incluso compitan con los gobiernos progresistas con planteos de mayor inclusión –más allá de la sinceridad con la que eso se exprese–, da cuenta de un clima de época, que presenta nuevos escenarios y dificultades. Para las izquierdas nacional-populares, la posibilidad de derrota electoral está fuera de su horizonte. El problema para los partidos que se consideran la expresión indiscutida de la sustancia del pueblo es que “no pueden” perder, y ni siquiera pensar en abandonar transitoriamente el poder sin leer el retroceso como una contrarrevolución. En ese marco, cualquier medida institucional para asegurar la alternancia en el poder parece menor frente a las necesidades del pueblo o de la revolución. Pero como las actuales revoluciones (“ciudadana” en Ecuador, “bolivariana” en Venezuela, “democrática y cultural” en Bolivia) fueron habilitadas por triunfos electorales, también los electores podrían quitarles el respaldo. Todo ello obliga a forzar reelecciones indefinidas. El propio Correa, después del traspié en los recientes comicios locales, se mostró dispuesto a rever su decisión de no buscar otra reelección, aunque buena parte de la cúpula de Alianza País se ha pronunciado en contra. En el caso de los gobiernos más reformistas, se buscó resolver la continuidad con mayor institucionalidad en los partidos y con reelecciones no consecutivas: Bachelet ya retornó al poder, Tabaré espera su turno y Lula funciona como reserva y posible candidato a futuro, frente a cualquier traspié de Dilma. Todo esto demuestra que incluso en las izquierdas partidarias más institucionalizadas no hay un nítido proceso de recambio de elites, y que el peso de los líderes es enorme: para decirlo en pocas palabras, más lulismo que petismo.
En cualquier caso, las izquierdas enfrentan hoy el desafío de pensar nuevas agendas para profundizar los cambios: la referencia a la larga noche neoliberal resulta cada vez menos eficaz en la medida en que las generaciones más jóvenes no la vivieron y las otras comenzaron a olvidarla y a plantear demandas vinculadas a los nuevos problemas. Brasil vive precisamente esas tensiones, con un PT más estatizado y anquilosado y una nueva generación que plantea nuevas reivindicaciones con relación al espacio público, la educación, el ambiente, el transporte y los gastos de la Copa del Mundo, en medio de una desaceleración de la economía. En Bolivia, los nuevos sectores incluidos en el consumo pronto serán indígenas de una naturaleza diferente a los antiguos excluidos por el capital étnico del blanco de la piel. El caso uruguayo merece aun más análisis, con su combinación de audaces medidas societales (legalización del aborto y de la marihuana) y políticas económicas más bien convencionales y pro-inversión extranjera.
En síntesis: a diferencia de los primeros años, cuando la oposición era fácilmente asimilable al ancien régime neoliberal, hoy el destino de las izquierdas se juega en su creatividad, su apertura a las nuevas formas de hacer política y su capacidad para mantener la estabilidad y el crecimiento. Y no menos importante: en su habilidad para evitar que la bandera del cambio les sea arrebatada por una derecha posmoderna con nuevas caras, discursos renovados y candidatos más jóvenes y más entrenados para desplegar sus campañas en los escenarios pos-neoliberales pavimentados por las propias izquierdas.
*     Jefe de Redacción de la revista Nueva Sociedad.

4 oct 2014

Los malos de la pelicula

El Banco Mariva y el Grupo Clarín, investigados por maniobras fraudulentas

La entidad está siendo investigada por el fiscal Miguel Osorio, en la misma causa que lo hace con Ernestina Herrera, Héctor Magnetto, José Aranda y Lucio Pagliaro, por la transferencia a una entidad financiera de Bahamas de más de $ 3 millones en octubre de 2008.

El Banco Mariva, señalado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de concentrar 43% de las operaciones bajo la modalidad "contado con liqui", está siendo investigado por el fiscal Miguel Osorio, en la misma causa que lo hace con los directivos del Grupo Clarín, Ernestina Herrera, Héctor Magnetto, José Aranda y Lucio Pagliaro, por la transferencia a una entidad financiera de Bahamas de más de $ 3 millones en octubre de 2008.

Esta transferencia se hizo al día siguiente que el multimedios fuera denunciado por maniobras ilícitas en una operatoria a través de la cual acciones de Clarín que cotizaban en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires fueron compradas por las ex administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP), las cuales salieron al mercado con un valor de $ 35 y luego se derrumbaron a $ 9.

Esto significó una pérdida de 74,3% para los ahorristas de las AFJP, que gracias a la reestatización de los fondos previsionales, concretada por ley a fines de 2008, sortearon lo que hubiera significado un derrumbe en sus futuras jubilaciones.

Precisamente, esa transferencia de $3.053.784 el Grupo Clarín la hizo desde una cuenta en el Banco Mariva, a la firma First Overseas Bank Limited (FOBAL) de Nassau, Bahamas, propiedad de la misma entidad financiera argentina.

"En cuanto al Overseas, es un banco off shore del Banco Mariva, cuyo dueño –José Luis Pardo– es íntimo amigo del ex presidente Eduardo Duhalde. Según se sabe en el ambiente, el Mariva tiene su porcentaje dentro del Grupo Clarín", aseguró el ex vicepresidente de la filial local del banco estadounidense JP Morgan Hernán Arbizu,

Unos meses antes de esa operación, en mayo de 2008, Arbizu denunció la existencia de cuentas no declaradas que personas y empresas tenían depositadas en JP Morgan, entre las cuales se encontraban Ernestina Laura Herrera de Noble, José Antonio Aranda y Héctor Magnetto.

Fue en mayo de ese mismo año que el Grupo Clarín conformó una sociedad, GCBA Investment LLC, con un capital accionario de apenas U$S 100; en la cual fueron depositados unos U$S 9 millones.

En junio, Clarín transfirió a esa sociedad 4,9% de las acciones de Compañía Inversora en Medios de Comunicación (Cimeco), dueña de una parte de la Agencia Diarios y Noticias (DyN), de diarios del interior, como La Voz de Córdoba y Los Andes de Mendoza; y parte de algunas acciones de Papel Prensa.

Ya en octubre, y tras otra denuncia, referida a la maniobra fraudulenta con sus acciones compradas por AFJP, Clarín realizó la transferencia de $ 3 millones, desde el Mariva al First Overseas de Bahamas.

Las actuaciones judiciales se iniciaron tras un reporte de operación sospechosa de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) sobre la base de un informe de fiscalización de la firma "GC Dominio SA" y sus socios directores: Ernestina Laura Herrera de Noble, Héctor Horacio Magnetto, José Antonio Aranda y Lucio Rafael Pagliaro.

El mismo indicó que se había detectado una operación bancaria realizada el 23 de octubre de 2008, en la cual "GC Dominio SA" envió $ 3.053.784 desde una cuenta del Mariva hacia el First Overseas Bank.

Fue justo dos días después de que la Presidenta anunciara el envío al Congreso de un proyecto de ley para la recuperación por parte del Estado del manejo de los fondos previsionales.

QUEMAR LAS NAVES

El trasfondo del cambio en el Banco Central



Viernes 03 de Octubre de 2014

Por Mariano Beristain

El nombramiento de Alejandro Vanoli en el primer sillón del Banco Central blanqueó otro capítulo de la guerra que "los mercados" y lo peor del establishment le declaró a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.El nombramiento de Alejandro Vanoli en el primer sillón del Banco Central blanqueó otro capítulo de la guerra que "los mercados" y lo peor del establishment le declaró a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Es decir, Cristina reaccionó frente a una ofensiva que intenta esmerilar su figura para condicionarla de tal forma que la convierta en un elemento decorativo, como lo fue María Estela de Perón en 1975 o, directamente, la obligue a entregar el poder de forma anticipada como lo hizo Fernando De la Rúa.

En cualquier caso, el propósito era y sigue siendo transformar al kirchnerismo en una pesadilla histórica para los argentinos, de forma que sea irrepetible. Y así se abran las compuertas que permitan avasallar los avances políticos, económicos, sociales y culturales de los últimos años.

Pero este fenómeno no es exclusivo de la Argentina. Cuando uno analiza la coyuntura que ha vivido, primero Hugo Chávez, y ahora Nicolás Maduro, en Venezuela, puede concluir que la democracia de este país sufre un verdadero calvario.

Ha recibido andanadas políticas permanentes, la intervención solapada y no tan solapada de los Estados Unidos, ataques especulativos contra su moneda, maniobras extorsivas para generar una escasez generalizada de alimentos y bienes básicos, y muchos otros intentos de golpes económicos contra un modelo de país que ha triunfado en casi todas las contiendas electorales.

En Brasil, los grandes medios de comunicación inventaron una candidata para debilitar al Partido de los Trabajadores y a la presidenta Dilma Rousseff con el propósito de lograr el mismo objetivo que busca la derecha en Buenos Aires.

Marina Silva, candidata del Partido Socialista Brasileño (PSB), la preferida del empresariado, emergió de la nada. En poco tiempo, se transformó en una figura avasallante que crecía día a día en la medida en que los medios, construían su imagen.

Hoy el bluff de Silva pierde apoyo y se desvanece en los sondeos de opinión al mismo ritmo que fue edificada. Las últimas encuestas indican que en la primera vuelta que tendrá lugar el próximo domingo apenas obtendría el 25% de los sufragios.

En cualquier caso, el establishment de Brasil por lo menos habrá logrado que Dilma no gane en primera vuelta y deba enfrentarse con todo el aparato comunicacional en contra en una segunda vuelta.

Es importante hacer un somero análisis de lo que acontece en algunas naciones de la región porque la historia demuestra que los avatares político-económicos de la Argentina siempre estuvieron asociados a lo que ocurre en el resto de América latina.

Este contexto, Cristina lo tiene muy en claro. Por eso su extenso discurso del martes en el que advierte sobre un clima tendiente a generar una desestabilización política. "El problema no es de la economía ni de la sociedad, está ubicado en algunos sectores concentrados de la economía que quieren, sí, esa es la impresión que tengo, tal vez me equivoque, ojalá me equivoque, voltear al gobierno y hacerlo con ayuda extranjera además", señaló la mandataria.

Más allá de errores y aciertos que ha tenido el kirchnerismo en los 12 años de gestión, lo preocupante y llamativo es que la Argentina y el resto de los países de la región, viven en democracias sitiadas.

En los '70, las naciones latinoamericanas sufrieron una catarata de golpes de Estado, encabezados por militares. Sin embargo, ahora esta modalidad cambió y las democracias están siendo vigiladas de cerca por componentes del poder interno en el que confluyen los grandes medios y elementos del aparato burocrático del Estado en el que confluyen el Poder Judicial y algunos elementos del propio Ejecutivo que han ganado a lo largo de todos estos años autonomía política (y en paralelo mayor dependencia de grupos financieros) como es el caso del Banco Central.

Esto último explica porque la virulencia con la que respondieron "los mercados" frente a la determinación de Cristina de solicitarle la renuncia a Juan Carlos Fábrega y colocar en su lugar a Vanoli, un hombre que conoce el funcionamiento del circuito financiero pero que responde al poder político.

En su momento, Fábrega llegó al Banco Central como una suerte de mecanismo de "negociación" del kirchnerismo con el poder económico. El Ejecutivo lo colocó en ese lugar a modo de contrapeso frente a la designación en Economía, de Axel Kicillof.

El kirchnerismo entendió entonces que este maridaje entre Fábrega y Kicillof podía funcionar como un contrapeso tendiente a asegurar la gobernabilidad política y económica, ofreciéndole ciertas prebendas al poder.

Así también lo interpretó, Fábrega que en los 300 días de su gestión promovió y logró una devaluación de casi el 30% del peso frente al dólar, creo un seguro de cambio para los exportadores de granos, aumentó las tasas de interés y recreó las condiciones necesarias para garantizarles un buen nivel de rentabilidad y tranquilidad a las entidades financieras.

Además, Fábrega colocó en el freezer las reformas que había impulsado su antecesora Mercedes Marcó del Pont para reformular y transformar al Banco Central en una herramienta que acompañe la política económica.

En este marco se inscriben las denuncias de Cristina de que existían filtraciones de información privilegiada en el BCRA que terminaron privilegiando a algunas entidades financieras.

Además, la presidenta también indicó que en el Central existen "más de 80 mil expedientes, algunos datan de los años '80, sobre infracciones a la ley penal cambiaria, de exportadores, de bancos, de financieras, que no se tratan".

Como es lógico, la reacción de la presidenta fue visceral, dura, pero también cerebral. Es consciente que el nombramiento de Fábrega no surtió el efecto esperado por una sencilla razón: el establishment siempre va por más. Entonces, lo designó a Vanoli en ese lugar porque el saliente presidente de la Comisión Nacional de Valores conoce de cerca el funcionamiento del negocio del contado con liquidación, un mecanismo que las empresas y los bancos utilizaron para fugar o armar una bicicleta de U$S 37.400 millones mediante la compra de bonos y acciones que cotizan en el exterior.

Vanoli sabe bien la operatoria de estos mercados grises (incluido el denominado dólar blue) y también qué pasos debe seguir para minimizar el perjuicio de estas maniobras sin prohibirlas.

"A Vanoli lo conozco desde hace muchos años. Es probable que su gestión tenga un sesgo más normativo para lograr medidas concretas con el mercado ilegal del dólar", explicó Carlos Heller, responsable del Credicoop y uno de los legisladores oficialistas que tiene lectura política y conoce al dedillo el mundillo de las finanzas.

Ayer, la reacción de "los mercados", la primera jornada después de la formalización de Vanoli como presidente del Central, tuvo aristas interesantes. Es cierto que la Bolsa se desparramó y el Índice Merval (de las acciones líderes) se derrumbó un 7,1%, día que el diario especializado Ámbito Financiero interpretó como "una jornada negativa ante los renovadores temores de inversores por nuevos controles" y por el pesimismo puesto por la salida de Fábrega al que, nuevamente, "los mercados identificaban como un miembro más de la City porteña".

Sin embargo, en paralelo, también se derrumbaron los principales instrumentos de especulación financiera asociados al dólar. El tipo de cambio implícito descendió 46 centavos a $ 13,90 y acumuló en la semana una baja de 79 centavos, el dólar bolsa se precipitó 50 centavos hasta situarse en $ 14,06 y el dólar ilegal después de subir de forma casi ininterrumpida en los últimos meses, perdió 10 centavos a $ 15,50 en las principales cuevas.

Es decir, la primera reacción no resultó muy positiva para los mercados, pero el trabajo conjunto del Central con el Banco Nación, permitió bajar el precio de las divisas paralelas y hacerse de U$S 30 millones para sumar a las reservas.

Por su parte, Vanoli tuvo un debut movidito. Se reunió con los gerentes del BCRA y aprovechó para ratificar en su cargo a Juan Basco, el influyente subgerente general de Operaciones (el hombre que maneja la mesa de dinero) y de Jorge Rodríguez, gerente principal de Exterior y Cambios del Banco Central con el fin de llevar un poco de tranquilidad entre los grandes operadores.

Mientras tanto, Vanoli se dedicó a esquivar los exocet que le lanzaron los hombres por excelencia del sector financiero, mostrando el dolor que existía en el corazón del establishment por los cambios en el banco de bancos.

Martín Redrado, quien tuvo que salir eyectado de la presidencia del Banco Central, disparó con munición de calibre bajo al afirmar que Vanoli sólo podría servir para llevar las bandejas del Central. El consultor Orlando Ferreres consideró que la renuncia de Juan Carlos Fábrega al frente del Banco Central generó "incertidumbre" y estimó que ahora habrá "una tendencia con mayores controles".

Sin embargo, el verdadero objetivo de las desembozadas críticas al cambio en el BCRA lo puso en claro la agencia calificadora de riesgo Moody's. "El actual nivel de reservas en el Banco Central resulta insuficiente para afrontar pagos de deuda de 2015 y atender la demanda de dólares a nivel local… No alcanza para terminar el mandato", dijo el director de calificaciones soberanas de Moody's, Gabriel Torres.

Estas posiciones ponen en evidencia el trasfondo de la maniobra que persigue el poder en esta nueva batalla contra una democracia sitiada.

EL MUNDO EN BLOQUES

Putin firma la ley para crear la Unión Económica Euroasiática

Publicado: 3 oct 2014 
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha anunciado la firma de la ley sobre la ratificación del acuerdo para el establecimiento de la Unión Económica Euroasiática, que compondrán Rusia, Bielorrusia y Kazajistán.
"Este es un paso importante en nuestro trabajo para alcanzar la integración con nuestros socios y aliados más cercanos", aseguró el mandatario en una reunión con miembros del Gobierno ruso, informa RIA Novosti. 

El 29 de mayo Rusia, Bielorrusia y Kazajistán firmaron el tratado sobre la creación de la Unión Económica Euroasiática, que entrará en vigor el primero de enero de 2015. 

El acuerdo prevé el libre flujo de mercancías, servicios, capitales y trabajadores dentro de la Unión y una política común en los sectores clave de la economía: energía, industria, agricultura y transporte. El tratado "es histórico, marca una época", insistió Putin tras la firma del documento. 

"Conservamos plenamente la soberanía estatal, pero garantizamos una cooperación económica más ajustada y armonizada. Nuestra posición geográfica nos permite crear rutas logísticas no solo de importancia regional, sino también de importancia global, concentrando en ella los enormes flujos comerciales entre Europa y Asia", precisó el presidente ruso y comentó que esto es lo que garantizará a la nueva unión un desarrollo dinámico y una creciente capacidad competitiva. Adelantó que la Unión Euroasiática está negociando la creación de una zona del comercio libre con Vietnam y reforzará la cooperación económica con China. Además, podría ofrecer regímenes preferenciales de comercio a Israel y a la India. 

Este jueves Putin afirmó que el número de participantes en la Unión Económica Euroasiática crecerá. Recordó que se está completando el proceso de adhesión de Armenia y que es es muy activo el diálogo con Kirguistán.


Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/142238-putin-creacion-union-euroasiatica-economia

Minsk ve poco probable reconocer las repúblicas independentistas del este de Ucrania

La situación en Donbás tras la firma de la tregua



00:46 04/10/2014
Moscú, 4 oct (Nóvosti).


Bielorrusia no está preparada a reconocer las autoproclamadas repúblicas populares deDonetsk y Lugansk, declaró el presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko.
“No, pero si nuestra postura es totalmente distinta”, dijo el mandatario en una entrevista a la televisión Euronews preguntado si está dispuesto a reconocer las repúblicas independentistas de Ucrania Oriental.
Afirmó que Bielorrusia no quiere que el Estado ucraniano se desintegre. “Hay muchos que dicen que en su tiempo Crimea fue entregada ‘indebidamente’ a Ucrania, que es un territorio ancestral ruso, etc. Es un enfoque incorrecto”, afirmó Lukashenko.
El presidente bielorruso indicó que aboga por la unidad y la integridad de Ucrania para que “no haya otro conflicto congelado, unas zonas semejantes a Transnistria o Nagorno Karabaj que son una bomba dormida”.
Asimismo, opinó que los acontecimientos en Crimea y su incorporación a Rusia en marzo pasado fueron “resultado de las acciones equivocadas de Ucrania en aquel momento”.
Lukashenko señaló que tanto Occidente como Rusia han cometido numerosas errores con respecto a Ucrania pero afirmó a la vez que Occidente “tiene mayor responsabilidad” por la crisis.
“No fue Rusia que provocó una escalada del conflicto en el Maidán, sino algunos funcionarios occidentales, y todo el mundo lo sabe, y nosotros también pues estamos cerca. Estas personas actuaron abiertamente incitando a los enfrentamientos en el Maidán”, dijo.
A la vez, afirmó que Rusia no librará una guerra por el sureste de Ucrania pero al mismo tiempo no mirará con indiferencia la suerte de los habitantes de esta región.
“Estoy absolutamente convencido de que si Occidente y las autoridades ucranianas se comportan adecuadamente y adoptan una táctica correcta, Rusia nunca librará guerras por esta región. Pero tampoco aceptará agresiones contra sus compatriotas allí”, dijo.
Según Lukashenko, fueron las autoridades ucranianas que provocaron la situación que se configuró en Crimea y que se observa actualmente en Donetsk y Lugansk. “Las autoridades ucranianas dieron por lo menos un pretexto para que los rusos se pusieran alertos y tomaran medidas preventivas para proteger a la población rusoparlante, por ejemplo en Crimea”, dijo el líder bielorruso al estimar que en una situación semejante Occidente actuaría de una misma manera.
El presidente declaró que ve posible estabilizar la situación en Ucrania dentro de un año siempre y cuando lo deseen Kiev, Moscú y Occidente.
“Creo que con buena voluntad de Ucrania, Rusia y Occidente es posible estabilizar la situación allí en un año hasta con la crisis actual”, dijo.
A la vez destacó la influencia de las fuerzas externas sobre el conflicto en Ucrania al insinuar que uno tiene que buscarlas “al oeste de las fronteras ucranianas”.
Según Lukashenko, Ucrania se está convirtiendo en “un teatro de guerra entre los grandes actores mundiales”. “Estos enfrentamientos se venían cocinando desde hace mucho. Finalmente, estallaron en el territorio de Ucrania”, dijo.