1 sept 2015

Argentina: corte de Nueva York ordena desestimar demanda de fondos buitre contra Banco Central

La Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York falló a favor del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y rechazó la demanda realizada por los fondos buitre que buscaban determinar a la entidad bancaria como un “alter ego” del Estado argentino con el fin de embargar sus reservas.

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La Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York falló a favor del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y rechazó la demanda realizada por los fondos buitre que buscaban determinar a la entidad monetaria como un “alter ego” del Estado argentino con el fin de embargar sus reservas.
En un documento de 43 páginas, la Corte de Apelaciones “revocó” la orden de Griesa del 26 de septiembre de 2013, y lo instruyó a que desestime el reclamo de los fondos buitre EM y NML Capital realizado en el marco del litigio que llevan adelante contra Argentina en los tribunales de Estados Unidos.
“La decisión de la Corte de Apelaciones de Nueva York sienta un precedente internacional y garantiza de manera decisiva la inembargabilidad de las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) frente a la pretensión de los fondos buitre y demuestra que el BCRA desarrolló una estrategia correcta en este litigio”, subrayó el presidente de la entidad, Alejandro Vanoli, al destacar la importancia del fallo.
Para la Corte, en su decisión, Griesa “incurrió en error” de interpretación respecto a “la imputación de la renuncia de Argentina sobre inmunidad soberana del BCRA en base a una teoría del alter ego”, así como en “la aplicación de la excepción a la actividad comercial del uso del BCRA de sus cuentas con la Reserva Federal de Nueva York”.
En el extenso y detallado texto con fecha de hoy, el tribunal de segunda instancia desestimó los argumentos de los fondos buitre por “no ser suficientes” respecto a la supuesta dependencia del BCRA con el Estado argentino en lo que hace a las operaciones diarias.
“La mayoría de las acciones que supuestamente tomadas por el BCRA son funciones gubernamentales llevadas adelante por la mayoría de los bancos centrales”, sostuvo el pronunciamiento.
En ese sentido, el tribunal mencionó que los gobiernos “comúnmente ejercitan algunas medidas de control sobre sus agencias” siendo que junto con los bancos centrales, “incluida” la administración estadounidense y la Reserva Federal, “con frecuencia consultan y coordinan sus acciones con respecto a las políticas monetarias”.
A su vez, los magistrados de la instancia de apelación rechazaron otro de los argumentos de los fondos buitre respecto a “fraudes e injusticias” en referencia a la cancelación con el Fondo Monetario Internacional, al asegurar que “no hay nada irregular o fraudulento acerca de que Argentina reconozca una preferencia por el pago de un conjunto de acreedores sobre otros”.
“El alegato de los demandantes simplemente no muestra que Argentina ha utilizado al BCRA para frustrar los esfuerzos de cobro de sus acreedores o de que trató al BCRA como una entidad `falsa´ para ocultar sus propios activos”, aseveró el texto.
Por otro lado, la Corte de Apelaciones responde a “la otra excepción a la inmunidad soberana en la que se basó” el tribunal del distrito sur liderado por Griesa, que dice que un estado extranjero no es inmune en una acción comercial desarrollada en los Estados Unidos.
Así, “ninguna de estas acciones después del 2001 -préstamos otorgados por el BCRA a la Argentina, coordinación de la política monetaria, el nombramiento o remoción de directores del BCRA- son actividades comerciales que ocurrieron en los Estados Unidos”, detalló.
Luego de desestimar uno a uno los planteos realizados por los fondos buitre, el tribunal de apelación determinó que el “BCRA no constituye un `alter ego´ de Argentina a los efectos de esta demanda”.
La orden adoptada hoy representa un fuerte revés para los fondos buitre y es el segundo pronunciamiento en contra de las decisiones del juez Griesa en lo que va del mes, luego que el 10 de agosto el tribunal le revocara una orden en un caso sobre una serie de demandas colectivas de tenedores de bonos emitidos por Argentina y le ordenara al magistrado seguir las instrucciones impartidas con anterioridad.

Medios, poder y política en el centro del debate

Por Andrés Mora Ramírez

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No cabe duda que la esfera de la comunicación social representa un campo de intensas disputas, en el que no sería aventurado afirmar que se libran batallas decisivas para el futuro de los proyectos nacionales y regionales que se pusieron en marcha en los últimos 15 años.
La sede académica de FLACSO en Quito, Ecuador, albergó durante los días 26, 27 y 28 de agosto el III Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, un evento que contó con la participación de más de mil investigadores y estudiantes que se abocaron al estudio de los principales problemas y desafíos de nuestro continente. Uno de los ejes temáticos analizó el complejo entramado de intereses y relaciones entre medios de comunicación, poder y procesos políticos en la actual coyuntura de nuestra América. Tres dimensiones de análisis, en las que convergen los enfoques de la investigación en nuestros países, permiten caracterizar y comprender las transformaciones que tienen lugar en nuestras sociedades, y las tensiones que animan los debates y discusiones en foros institucionales, en la academia y en los espacios de acción propios de los movimientos sociales.
La primera dimensión es la cultural, que se expresa en la paulatina constitución de lo que algunos autores definen como sociedades tecno-mediáticas, en las que la omnipresencia de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en prácticamente todos los órdenes de la vida, ha favorecido la emergencia de un nuevo sujeto tecno-mediatizado: ese cuya posibilidad de ejercer ciudadanía en el nuevo contexto, va a depender de su capacidad de consumo de productos y contenidos mediados por las TIC (y, en realidad, por los agentes económicos que controlan su producción). Un sujeto, además, cuya forma de ser y estar en el mundo –su identidad cultural- se define en función de experiencias vinculadas, por un lado, a una percepción del tiempo diferente: el eterno presente, la instantaneidad de los inmensos flujos de información y entretenimiento que viajan sin descanso de la red internet a los dispositivos móviles; y por el otro lado, a la normalización o incorporación del sentido común dominante a través del consumo narrativas mediáticas –implícitas en todos los productos de consumo cultural- que naturalizan el orden hegemónico, desmovilizan políticamente y, en el peor de los casos, “inmunizan” al ser humano frente al dolor de sus semejantes y frente a la barbarie de nuestro tiempo.
Si bien este fenómeno ocurre a escala global, las formas específicas que adquiere en América Latina son claves para explicar los procesos de despolitización propios de aquella sociedad neoliberales avanzadas, que poco a poco van abandonando la acción política emancipadora y el horizonte utópico a cambio de participar –aunque sea solo marginalmente- de las fantasías del mercado y del consumo.
La segunda dimensión es la política, que nos remite a los diversos escenarios de confrontación entre los gobiernos posneoliberales (Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Venezuela), con su apuesta social, de redistribución de la riqueza y de forja de nuevas alianzas sociales, y los poderosos grupos económicos de la comunicación, cuyo control oligopólico de los medios tradicionales y los emergentes (vinculados a las nuevas TIC) en varios países suramericanos ha sido cuestionado y sometido a nuevas regulaciones que, en su afán de democratización de las comunicaciones, tocaron delicados intereses políticos relacionados con la custodia del statu quo neoliberal. Asimismo, afectaron intereses económicos vinculados a las condiciones que hacían posible –hasta hace pocos años- el desarrollo de un capitalismo informacional que no seguía más leyes que las de la oferta y la demanda, aunque en ello se cometieran atropellos a derechos sociales y culturales de pueblos originarios y de sectores de la población que eran prácticamente invisibilizados en la construcción de los relatos o narrativas sobre la realidad que difunden los medios hegemónicos.
A diferencia de lo que pasó en el sur de nuestra América, más al norte, en México y Centroamérica, los grupos mediáticos lograron apuntalar su dominación sobre los sistemas de medios de comunicación y, desde allí, sobre los sistemas políticos y las llamadas instituciones democráticas, haciendo de los procesos electorales, por ejemplo, un mercado de compra y venta de votos (que garantiza el acceso al poder de partidos y dirigentes leales al poder económico-mediático), imágenes y discursos, que vacían de sentido las prácticas propias de la democracia liberal burguesa. En efecto, desde la campaña electoral del 2006 en México, en la que los poderosos grupos Televisa y TV Azteca se empeñaron en derrotar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, apelando a procedimientos espurios, vacíos legales e interpretaciones jurídicas leoninas; hasta las recientes campañas sucias que presenciamos en Honduras, El Salvador y Costa Rica, en los comicios celebrados entre 2013 y 2014, se va configurando un modus operandi de complicidad entre clases dominantes y grupos mediáticos, que pretende blindar a esta región de la eventual llegada al poder de partidos y líderes que supongan un cuestionamiento al modelo neoliberal, a sus formas de acumulación y, en definitiva, que impida que fuerzas sociales por largo tiempo constreñidas eventualmente exploren alternativas de cambio político y económico.
Finalmente, con respecto de la dimensión de la integración latinoamericana, parece existir un acuerdo en torno a la necesidad de potenciar el desarrollo de nuevos paradigmas de la comunicación, que consideren los aportes originales de nuestra región (la comunicación popular, la comunicación comunitaria, la comunicación participativa), desde las distintas iniciativas de integración construidas en el siglo XXI. Si bien los empeños puestos por los gobiernos posneoliberales en la aprobación de leyes que regulan temas como propiedad de los medios, concentración, cuotas de producción, participación de actores sociales, reconocimiento de la diversidad cultural y la pluralidad, entre otros, representan un avance sustancial en esta materia, no se puede negar que resta mucho por hacer a escala regional para forjar sistemas soberanos de medios, cada vez menos dependientes de los grupos mediáticos nacionales y extranjeros, y a la vez, para dotar de mayor presencia ciudadana, desde el espacio de la comunicación, al proceso complejo, diverso y multipolar de la integración nuestroamericana de los últimos lustros. Iniciativas de la importancia y calibre de TeleSur, la Radio del Sur o Unión Latinoamericana de Agencias de Noticias, que se consolidaron en los últimos diez años, demuestran la urgencia de articular estos y otros proyectos a los espacios de integración, como una prenda de garantía de continuidad y sobrevivencia ante la ofensiva de la derecha continental, y lo que se ha dado en llamar la restauración neoliberal conservadora.
Para quienes optamos por pensar a América Latina desde acá, desde nuestras historias, trayectorias y aspiraciones comunes, no cabe duda que la esfera de la comunicación social representa un campo de intensas disputas, en el que no sería aventurado afirmar que se libran batallas decisivas para el futuro de los proyectos nacionales y regionales que se pusieron en marcha en los últimos 15 años. Y en esa medida, debemos estar presentes, posicionarnos y actuar por la construcción de nuevos conocimientos que nos ayuden a develar los entramados del poder, la dominación y los caminos posibles de la liberación comunicacional.
*Académico e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos y del Centro de Investigación y Docencia en Educación, de la Universidad Nacional de Costa Rica.

Familiares de Desaparecidos: un llamado humanitario

DESAPARECIDOS


31.08.2015

MONTEVIDEO (Uypress) - Familiares de detenidos desaparecidos ha emitido una carta a la opinión pública, con el objetivo de realizar una nueva acción en la búsqueda de los familiares desaparecidos en el régimen de facto.

Texto de la misiva.

El rescate de la política

Financiarización significa que el dinero lo invade todo. Que el capital especulativo es hegemónico. Los bancos ya no prestan para inversiones productivas o para que la gente compre lo que necesita o para se hagan investigaciones. No, los bancos viven de la compra y venta de papeles. Cuando se anuncia, con todos sus ceros, al final de cada día, cuánto ha movido cada Bolsa de valores, no se ha producido ni un bien, ni se ha generado ni un empleo.


 Por Emir Sader


El capital financiero nació para apoyar a la agricultura, adelantar capital que recibirá después de la cosecha. Hoy ese capital fue promovido al sector hegemónico de las economías, un fin en sí mismo.
Cuando se agotó el ciclo anterior del capitalismo, el diagnóstico triunfante decía que la economía había dejado de crecer porque había demasiadas trabas, demasiadas regulaciones. Habría que terminar con ellas y, según Ronald Reagan, la economía volvería a crecer y todos ganarían de nuevo.
Las regulaciones fueron canceladas –programa central del neoliberalismo–, pero no se retomó el crecimiento. Porque, como decía Marx, el capital no está hecho para producir, sino para acumular. Sin trabas, el capital se transfirió en cantidades gigantescas al sector financiero, que es donde gana más, paga menos impuestos y tiene liquidez total. No es que existan capitalistas productivos y especulativos. Todo gran grupo económico tiene un banco o un centro de inversiones, de donde gana más que en sus actividades originales.
Liberado de trabas, el capital se concentró en su forma financiera, como capital especulativo, el que sólo vende y compra papeles, el que vive del endeudamiento –de países, de empresas, de personas–. El que se alimenta de las deudas y alimenta las deudas.
Cuando empezó la crisis actual en el centro del capitalismo, Obama dijo que había que salvar a los bancos porque si no sus techos caerían en las cabezas de todos. Se han salvado los bancos, que están muy bien, a Dios gracias, los que han quebrado enseguida fueron los países.
En un mundo así dominado por el dinero, no cabe la política, como espacio de decisión de las personas sobre el destino de la sociedad. Pueden pronunciarse pero, si se pronuncian por otra lógica que no sea la de los bancos, viven su frustración, porque las redes de poder no dejan espacio para otra lógica que no sea la de la especulación financiera.
Hacer política es ir a contramano de la lógica capitalista contemporánea, la lógica neoliberal, que busca imponer los intereses del capital financiero. El que entra en esa lógica es devorado por ella. Hacer política es construir alternativas que privilegien las políticas sociales y no los ajustes fiscales, los procesos de integración regional y no los Tratados de Libre Comercio, que recuperen la capacidad de acción y de hacer política de los Estados y de los gobiernos.
Actuar en esa dirección es estar condenado por los organismos financieros internacionales, por los grandes medios, por los partidos tradicionales. Pero es la única forma de rescatar el derecho de la gente de escoger su destino, en contra del destino definido por el dinero y los bancos.

El nazismo, los fenómenos hiperinflacionarios y la respuesta de la historia

El uso de la historia para explicar el presente es absolutamente necesario aunque los contextos no sean iguales. Recurrir a la historia permite sin duda poder evitar la repetición de sus procesos más negativos, como también proyectar hacia el futuro aquellos momentos, traducidos en políticas, que beneficiaron a las sociedades humanas. Los fenómenos históricos no se repiten, pero pueden ser sospechosamente similares. El problema es conocer bien la historia.

 Por Mario Rapoport *


En primer lugar, hay que señalar que las crisis económicas que ha sufrido el mundo o determinados países no fueron consecuencias de fenómenos inflacionarios, sino deflacionarios. Tanto la gran depresión de los años ’30 como la crisis argentina de 2001 se debieron, por ejemplo, a situaciones de este tipo.
En el caso de Estados Unidos, las políticas de New Deal tendieron desde un principio a volver a valorizar los bienes de una economía, cuyos precios habían caído abruptamente junto con la Bolsa de Valores de Nueva York. Esto se hizo a través de políticas de demanda, como lo aconsejaban economistas institucionalistas norteamericanos que pertenecían al Brain Trust (consejo de asesores) del presidente Roosevelt, desde su asunción a la presidencia en 1933, reafirmadas por el influjo de las ideas de Keynes luego de la publicación de su Teoría General, tres años más tarde.
Roosevelt analizaba retrospectivamente en un discurso pronunciado en 1937, las causas del colapso del ’29 y la depresión que lo siguió, justificando las políticas adoptadas para enfrentarla. Según él, debido a la “sobreespeculación y sobreproducción de prácticamente todos los artículos o instrumentos usados por el hombre, (hubo) millones de personas desocupadas, porque lo producido (anteriormente) por sus manos había excedido el poder de compra de sus bolsillos... los bienes ofrecidos llegaron a sobrepasar de tal manera la demanda que podía pagarlos, que la producción debió frenarse bruscamente. Como resultado de ello: desempleo y fábricas cerradas. Esos fueron los trágicos años de 1929 a 1933”. Como vemos no se trataba de una crisis inflacionaria, sino de un descenso de los precios como consecuencia de una crisis de sobreproducción y de una fuerte especulación bursátil.
En el caso argentino la desmonetización de su economía originada por el tipo de cambio fijo, la política de convertibilidad y el endeudamiento externo nos llevódirectamente a la abrupta caída del PBI, altas tasas de desempleo, pobreza e indigencia y la pérdida de los ahorros de gran parte de la población. Esto originó la devaluación del 2002. No fue tampoco un fenómeno hiperinflacionario.
Vayamos ahora a lo que ocurrió en Alemania para que el nazismo llegara al poder. En su primer libro, Las consecuencias económicas de la paz, de 1919, Keynes se oponía a las medidas establecidas en el Tratado de Versalles señalando: “La política de degradar a Alemania a la servidumbre de toda una generación, de degradar la vida de millones de seres humanos” era “odiosa y repulsiva (...) nada autoriza a las naciones a hacer recaer sobre los hijos de sus enemigos las perversidades de sus padres o gobernantes”. Sin duda, la ascensión de Hitler, en 1933, fue un resultado, en gran medida, de ese error que imponía a Alemania sacrificios imposibles de cumplir, como ahora la misma Alemania se los impone a Grecia.
El proceso hiperinflacionario (o sea, mucho más que una simple inflación) fue una consecuencia de ese tratado, como Keynes mismo lo pronosticó cuando señalaba, en agosto de 1922, “que Alemania sucumbirá ante la inevitable falta de pago” anticipándose a lo que iba a ocurrir. En diciembre de aquel año ese país fue declarado en quiebra y de inmediato, tropas francesas y belgas ocuparon la cuenca del Ruhr, región altamente industrializada. La resistencia pasiva de los germanos se tradujo en la negativa a trabajar en las minas y en los ferrocarriles y la actividad industrial de la zona ocupada quedó paralizada. Entonces, el gobierno apoyó a la población mediante una considerable emisión de papel moneda.
Estimuló así, respaldado por las grandes corporaciones industriales, un devastador proceso hiperinflacionario. Ante un balance de pagos adverso, se desplegó una política financiera deficitaria en la que la diferencia entre gastos e ingresos fue enjugada mediante un aumento de la deuda flotante y una emisión de moneda por parte del banco central alemán, el Reichsbank. La hiperinflación alcanzó su máximo en noviembre de 1923: el valor del marco había llegado prácticamente a cero y se requería de una cifra varias veces millonaria para poder comprar un dólar. Recién entonces se estableció una nueva moneda que devolvió la confianza a la economía. Era evidente que Alemania no estaba en condiciones de pagar las reparaciones de guerra mientras que la hiperinflación favorecía sobre todo el crecimiento de los grandes trusts y carteles, permitiendo a los empresarios carentes de escrúpulos construir a expensas de la clase media y de los trabajadores gigantescos imperios económicos cuyo prototipo fue el imperio de Hugo Stinnes, el enemigo más encarnizado de la democracia y de la política exterior de la primera República de Weimar. El endeudamiento externo tomado en esos años en Estados Unidos a través de grandes empréstitos (los planes Dawes y Young también criticados por Keynes), que inundaron la economía alemana a partir de 1924 dieron a la industria germana el capital líquido necesario para racionalizar y ampliar sus plantas e instalaciones. Los mayores trusts de la historia alemana, sostenedores luego del nazismo, se formaron en esos años.
Cierto es que también en 1923, Hitler intentó su primer putsch (golpe de Estado) en una cervecería de Munich, lo que lo llevó a la cárcel, donde escribió Mein Kampf (Mi lucha), su libro de cabecera. Pero luego de frenada la crisis hiperinflacionaria, en 1925, por el economista de derecha Hjalmar Schacht, presidente del Reichsbank y luego ministro de Economía del mismo Hitler, éste debió esperar 8 años para llegar al poder, en 1933.
En el medio hubo una breve recuperación y más tarde, la gran crisis mundial de 1929, que originó una profunda depresión como en Estados Unidos, con caída de los precios y desocupación (en 1932 había casi 6 millones de desocupados). Una situación que se sumaba a las políticas de austeridad de los gobiernos conservadores (que habían desplazado a la socialdemocracia), la baja del gasto público y la disminución de los salarios. La hiperinflación se frenó, pero seguía existiendo un gran resentimiento por parte de la población alemana por el tratado de Versalles y un rol activo del capital germano financiando a Hitler. A eso hay que agregar, sin duda, fenómenos políticos, como la debilidad de los gobiernos socialdemócratas, que con el pretexto de impedir una revolución bolchevique llegaron a diversos acuerdos con los militares y la derecha alemana, que se afirmó en el gobierno con el presidente Hindenburg, en mayo de 1925.
Fue Hindenburg el que en enero de 1933, luego de varias maniobras palaciegas, le otorgó a Hitler el cargo de canciller. Se disolvió entonces el parlamento existente, llamándose nuevas elecciones el 5 de marzo. A pocos días del proceso electoral Hitler provocó el incendio del Reichstag, culpando a los comunistas, lo que dio lugar a la supresión de numerosas libertades civiles, a la represión de los sectores de izquierda y a una situación de terror político. Esto facilitó el resultado electoral y los nazis pasaron del 2,6 por ciento de votos obtenidos en 1928, al 44,9 por ciento. Ni uniéndose los tres partidos opositores hubieran ganado. Pese a ello, como no consiguió los dos tercios necesarios para obtener un poder absoluto, Hitler expulsó a numerosos representantes opositores, logrando votar la llamada ley habilitante y convirtiéndose en un dictador “constitucional”.
Para finalizar, como señalaba Keynes con respecto al tratado de Versalles mucho antes de que Hitler apareciera en escena: “Si nosotros aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de la Europa central, la venganza, no dudo en predecirlo, no tardará”. Los horrores que se producirían, serían, según él, insignificantes en relación a los de la anterior guerra destruyendo “la civilización y el progreso de nuestra generación”. Su predicción resultó así exacta.
* Economista e historiador.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-280658-2015-09-01.html