The Guardian - Ryan Felton - Flint, Michigan 20/01/2016
Lee Anne Walters con muestras de agua recogidas en su casa el 15 y el 21 de enero, después de que las autoridades participaran en un encuentro con los ciudadanos por los posibles efectos nocivos del agua. EFE
Lee y Ernie Perez se percataron de que algo iba mal cuando sus tres gatos empezaron a vomitar después de beber agua. En 2014, los habitantes de Flint, en el Estado de Michigan (EEUU), ya lidiaban con las mismas circunstancias que ahora les consumen. Los problemas empezaron en abril de ese año, después de que las autoridades locales decidieran rescindir el contrato de suministro de agua con la ciudad de Detroit, como medida para ahorrar dinero, y empezaran a extraerla del río local. Las quejas de los usuarios sobre el repugnante olor del líquido incoloro no se hicieron esperar.