Luis Gonzalo Segura
21 abr 2021

La Superliga europea de fútbol, que ahora se resquebraja, era un negocio tan extraordinario, con cifras tan mareantes, que hasta doce equipos europeos –seis ingleses, tres italianos y tres españoles– fueron capaces de firmar su adhesión y abandonar –o intentarlo– el ecosistema futbolístico continental. Un apetitoso negocio que, sin embargo, fue rechazado por tres equipos –dos alemanes y uno francés–. Unas calabazas que, al igual que la resolución de abandonar el proyecto por parte de los equipos ingleses, fue condicionada por cuestiones geopolíticas y estructurales que esbozan varios elementos clave de la naturaleza de Europa y de los países implicados.


