Ociel Alí López
17 jun 2026
Biggerstaff / Gettyimages.ru
La mentada "Guerra Fría" del siglo pasado nos acostumbró a decodificar los grandes juegos deportivos como tableros de una confrontación total, agónica y diametral. Cuando pensamos en la relación entre política y deporte, el reflejo automático nos devuelve a la época en que los grandes bloques geoideológicos convocaron sendos boicots contra las Olimpiadas organizadas por países "enemigos". Un verdadero choque civilizatorio que se produjo no en los campos deportivos, sino en los micrófonos y cancillerías, donde se anunciaba de manera oficial una inasistencia que intentaba quitarle todo brillo y competitividad a los juegos.
La mentada "Guerra Fría" del siglo pasado nos acostumbró a decodificar los grandes juegos deportivos como tableros de una confrontación total, agónica y diametral. Cuando pensamos en la relación entre política y deporte, el reflejo automático nos devuelve a la época en que los grandes bloques geoideológicos convocaron sendos boicots contra las Olimpiadas organizadas por países "enemigos". Un verdadero choque civilizatorio que se produjo no en los campos deportivos, sino en los micrófonos y cancillerías, donde se anunciaba de manera oficial una inasistencia que intentaba quitarle todo brillo y competitividad a los juegos.


