29 sept 2013
EEUU, Chile y la estrategia contra la integración latinoamericana
ANIBAL GARZON*
– América Latina está viviendo un momento esencial, la institucionalidad de su integración regional. A pesar de instalarse varios proyectos históricos en el continente americano a nivel micro, como el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), la Comunidad Andina (CAN) o el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), entre otros, solo uno ocupaba toda la región continental, la Organización de Estados Americanos (OEA), fundada en 1948, aunque Cuba fue expulsada el 31 de enero de 1962, “en la octava reunión de consulta de ministros de relaciones exteriores de la OEA”, tras declarase un estado socialista en 1961.
Este fue un indicador sobre que la OEA no era una estructura horizontal y democrática sino que justamente fue creada al inicio de la Guerra Fría por parte de Estados Unidos para hacer frente al “fantasma del comunismo” y continuar con su escena imperialista de la “Doctina Monroe” y “el Corolario 1904”, donde se confirma en este último guión que si un país americano amenazaba los derechos o propiedades estadounidenses el mismo gobierno estaba obligado a intervenir.
La llegada a la presidencia venezolana en enero de 1999 del recién difunto expresidente Hugo Rafael Chávez Frías dio un giro en la relación asimétrica entre Norteamérica y Latinoamérica. La tesis histórica de Simón Bolívar sobre la unión latina de los estados iniciaba su puesta en práctica casi 200 años después. El pragmático Chávez no buscaba simplemente una microintegración de gobiernos progresistas, como el de Ecuador, Cuba, Nicaragua o el Estado Plurinacional de Bolivia con la conformación del organismo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), sino la unificación de todos los estados de América Latina a favor de la soberanía de cada uno de ellos para hacer frente a la injerencia de los Estados Unidos. El año 2011 pasó a la historia con la fundación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), organismo que paralelamente planta cara a la creciente deslegitimación de la OEA y Estados Unidos. Pese a que todos los estados latinoamericanos y caribeños se han integrado en este nuevo organismo regional, esto no quiere decir que todos los miembros actúan políticamente en una misma dirección a favor de la integración contra las injerencias de Estados Unidos y sobre todo por la soberanía nacional.
El giro permanente de la República de Chile
Justamente, el estado chileno es un caso particular. Un caso que tiene su contexto histórico propio. En 1969 se firmó, entre Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, el Acuerdo de Cartagena para fundar el Pacto Andino, lo que es en el presente la CAN. La función de este organismo interestatal era unirse para impulsar un desarrollo productivo en cada nación gracias a la libre circulación de mercancías de origen andino en un mercado pluriestatal y a la vez ampliar los aranceles para los productos externos, es decir, en definitiva, constituir una economía conjunta proteccionista. Después del golpe de estado del dictador Augusto Pinochet hace 40 años, el camino de Chile cambió su rumbo. El régimen militar de Pinochet sacó a Chile de la CAN en 1976 por una principal incompatibilidad con el organismo, la soberanía nacional.
El fascismo chileno no estaba inspirado en el fascismo clásico europeo de Hitler, Mussolini o Franco, en lo referente al proteccionismo autárquico económico, sino todo lo contrario, a la apertura de su economía a la liberalización internacional mediante un sin fin de privatizaciones[1] que derrumbaban todos los logros socialistas conseguidos por el expresidente Salvador Allende. Un modelo iluminado bajo la tesis del ultraneoliberal norteamericano Milton Friedman ya que asesoraron al régimen chileno sus discípulos economistas llamados “Chicago Boys”.
En Chile, como jamás ocurrió un proceso de transición política estructural con la implementación de una nueva Asamblea Constituyente después de la derrota de Pinochet en el plebiscito nacional de 1988, el neoliberalismo continúa en plena acción actualmente afectando la soberanía nacional del país, pese a la latencia del actual gobierno de Sebastián Piñera. Justamente el Presidente, en las replicadas confrontaciones recientes a causa del conflicto de la salida marítima de Bolivia – un conflicto que se arrastra desde la Guerra del Pacífico en 1879 – como el caso de los tres militares bolivianos retenidos en la ciudad chilena de Iquique el pasado mes de febrero, afirmó en dirección al primer mandatario boliviano que “Chile no le va a entregar soberanía ni territorio chileno a Bolivia”[2]. Soberanía nacional consiste en tener autonomía y el poder independiente en un país en concreto, algo que de tanto intenta presumir Piñera sobre Bolivia mientras oculta con este discurso las directrices a las que se somete Chile por parte de otros actores internacionales, concretamente el gobierno de los Estados Unidos.
El vínculo entre Estados Unidos y Chile
La íntima relación, las últimas décadas, entre Estados Unidos y Chile no ha sido oculta. El gran desfase inicial fue la cooperación del estado norteamericano y su aparato de inteligencia de la CIA con la implementación del golpe de estado de Pinochet contra el gobierno democrático socialista de Allende y toda la represión deshumanizada que ello conllevó[3]. Además, Estados Unidos estuvo aliado al régimen militar en su lucha contra todos los movimientos clandestinos de izquierda en Chile, y en toda América Latina en lo que se llamó la Operación Cóndor. Esta operación se cofundó en Santiago de Chile en 1975 por Manuel Contreras, jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), en coordinación con las dictaduras militares de Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina, y Bolivia.
En la actualidad las condiciones han cambiado, caminando las Américas hacía una democratización. Como hemos señalado al inicio, Estados Unidos quiere hacer frente a esa nueva estrategia regionalista y soberana de América Latina que impulsó Chávez, no solamente por el nacimiento de gobiernos de izquierdas con expectativas anticapitalistas sino por el crecimiento de gobiernos antineoliberales progresistas con desarrollismo nacional, como el caso de las potencias de Brasil, Argentina, que se unieron en la IV Cumbre de las Américas para decir “No” al proyecto asimétrico de libre mercado que quería Estados Unidos implementar en todo el continente americano, el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Por ello, que mejor que utilizar sus satélites históricos, entre ellos Chile, para hacer frente al proteccionismo.
De unipolar a multipolar
Actualmente está en tensión el debate sobre la existencia de un mundo unipolar, con la hegemonía de los Estados Unidos, o la existente de un mundo multipolar con la presencia de potencias como China, Rusia, Brasil, entre otras. Parece ser que Estados Unidos ha perdido hegemonía en su principal histórico patio trasero, América Latina. Según un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), justamente después de la crisis económica financiera de 2008, en 2009 las exportaciones de América Latina a China aumentaron un 5% mientras que hacia Estados Unidos y Europa cayeron un 26 y 28% respectivamente. El crecimiento económico de China, de 8,7% en 2009, seguía demandando materias primas para la posterior elaboración de sus productos manufacturados, mientras la crisis norteamericana y europea reducía esta demanda, y complementariamente América Latina iniciaba la compra, por calidad y precio, de estos productos manufacturados a China. Es decir, se proyectaba un nuevo proceso de cooperación comercial directa entre América Latina y China. América Latina, a inicios del siglo XXI, exportaba el 60% de su producción a Estados Unidos, cerca del 12% a Europa, y un 1% a China, mientras que 9 años después, en 2009, a Estados Unidos el 38,6%, a Europa el 13,8%, y a China el 7,6%. Y en caso de las importaciones, Estados Unidos pasó del 50% al 33,1%, la Unión Europea de cerca del 13% al 14,7%, y China, de ser casi nulo, con cerca del 1% al 9,5% en menos de 10 años[4].
Uno de los sujetos esenciales en esta saliente cooperación sur-sur es Brasil, un nuevo gigante internacional como economía emergente, pasando a ser a finales de 2011 la sexta economía mundial según el Centro de Investigaciones Económicas y Negocios (CEBR en inglés)[5]. El comercio entre China y Brasil ha crecido abismalmente los últimos años, por ello nació, entre otros casos, una nueva estructura en el regionalismo internacional que se llama BRICS, el cual aglutina a los principales países que presentan un mayor crecimiento del PIB a nivel mundial; Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y que a la vez, no pertenecen a la entidad neoliberal liderada por Estados Unidos y Europa, donde también la integra Chile, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). China actualmente le compra casi el 20% del total de las exportaciones de Brasil, principalmente materias primas, y a inicios del siglo XXI no llegaba ni al 2%. Por el contrario Brasil le compra actualmente a China un 30% de total de lo que importa en su totalidad, siendo hoy día China y Brasil el corredor más importante de las transacciones globales[6].
El Corredor Bioceánico
Según las condiciones físicas continentales China y Brasil no tienen una buena conexión, efecto que complica y encarece su comercio bilateral. Ya no solamente por su lejanía sino por las malas infraestructuras comunicativas terrestres que hay en Sudamérica para cruzar desde el Océano Atlántico brasileño a la costa pacífica. Como primera repuesta, salió a la luz el proyecto del “Corredor Bioceánico de Capricornio” en 1992 para unir la ciudad brasileña de Santos con la chilena de Antofagasta. En ese momento Brasil ya veía el mercado asiático como una meta esencial para su crecimiento económico. Finalmente, el proyecto pasó de ser una idea a un hecho, paralelamente al crecimiento comercial constante de Brasil con China, y en 2007 el presidente brasileño Lula, el boliviano Evo Morales y la mandataria chilena Michelle Bachelet, lanzaron el plan tripartito para la construcción de los últimos tramos del corredor y unir finalmente Santos con los puertos de Arica e Iquique, atravesando Bolivia de un extremo a otro.
A pesar de las históricos pugnas entre Bolivia y Chile desde la Guerra del Pacífico (1879-1883), el reinicio de negociaciones entre los dos estados en 2006 con la llamada “Agenda de los 13 Puntos”, donde se retomaban conversaciones sobre la salida al mar de Bolivia, llevó a institucionalizar una relación bilateral ausente durante décadas. Más allá de que no se avanzará mucho pragmáticamente en la negociación, los pequeños logros de confianza conseguidos se desvanecieron con la ruptura de relaciones entre los dos estados en 2011, donde Chile tuvo un cambio de gobernante, de la líder de la Concertación, Bachelet, al conservador y líder de Renovación Nacional, Sebastián Piñera. El crecimiento de la tensión diplomática entre Chile y Bolivia llevó a que finalmente, por decisión de Evo Morales, el corredor bioceánico ya no acabase su destino en las costas chilenas de Tarapacá sino en el puerto peruano de Ilo. El corredor espera ser inaugurado en San José de Chiquitos, en un futuro próximo cercano, departamento boliviano de Santa Cruz de la Sierra, con la presencia de Evo Morales, la mandataria brasileña Dilma Rousself y veremos si acude el presidente peruano Ollanta Humala y la futura presidenta que gane las elecciones chilenas el próximo mes de noviembre.
La desintegración de las Américas y los costes en Tarapacá
La región de Tarapacá, con su capital, Iquique, situada al norte de Chile, es una zona que tiene un elevado comercio histórico con los países fronterizos, Bolivia y Perú, principalmente por las reexportaciones que se iniciaron en 1975 mediante la Zona Franca de Iquique. Tarapacá no solamente tiene como fuente de ingresos las exportaciones de minería, principalmente, a países europeos, Norteamérica o estados asiáticos, sino también haciendo de puente su puerto entre productos asiáticos y latinoamericanos. Según estadísticas de 2003[7], la región de Tarapacá exportó un total de mercancía con valor de 1.913 millones de dólares, siendo 1.209 millones exportaciones de productos nacionales chilenos y 704 millones corresponde a envíos al exterior de productos no producidos en Chile, como por ejemplo, productos de China hacia Bolivia. Los principales productos exportados son cobre, harina, aceite de pescado, yodo, vehículos, y sal, siendo el 95% de exportaciones lideradas por 12 empresas mineras y 2 de harina de pescado[8]. En el caso de los países vecinos, Perú, Brasil, Bolivia, es muy distinto si se consideran solamente los productos originarios de Chile o si se incluyen las reexportaciones de productos extranjeros comercializados por la zona franca. Justamente las exportaciones directas de Chile fueron el 4,3% de su total a Bolivia, Perú y Brasil, pero de las reexportaciones se consideró un total de 460,3 millones en 2003, es decir, el 65% de todas las ventas extranjeras, siendo Bolivia el principal mercado con 39,3%[9], principalmente por la compra de combustibles y lubricantes. En definitiva, un mecanismo de comercio de gran trascendencia en Tarapacá son las reexportaciones de Chile a Bolivia mediante el puerto de Iquique como punto intermedio transcontinental entre Asia y América. Las mismas instituciones públicas locales de Iquique y las regionales de Tarapacá, además de su población local como mano de obra en comercio, logística o transporte de mercancía, entre otras, se benefician de este mercado binacional fronterizo. Un beneficio que puede ser vaporeado por las posturas centralistas y transnacionales de Sebastián Piñera.
El último estrecho del Corredor Binacional que finalmente irá desde Bolivia al puerto peruano de Iló, y no hacía el iquiqueño, no solamente afectará el comercio reexportador de Chile con Bolivia, mediante el traspaso de productos asiáticos, sino también de Chile con Brasil, el gigante latinoamericano que estabiliza su fuerte mercado con China. La pérdida de beneficios económicos que padecerá Tarapacá será una dura consecuencia que Piñera someterá al pueblo local, y en general a la economía chilena nacional, en beneficio de una postura política simplista vinculada a la estrategia mundial de los Estados Unidos, de impedir la integración latinoamericana como soberanía de los pueblos, el comercio entre pueblos vecinos, como el crecimiento del los vínculos comerciales entre países del sur, como China o Brasil, que conforman la BRICS, el frente contra la OCDE. Por ello, mientras Piñera prefiere seguir en conflicto con Bolivia desde su despacho en Santiago de Chile rompiendo la unidad regional latinoamericana que tanto desfavorece los intereses de Washington, y utilizando oraciones demagógicas en defensa de la “soberanía de Chile”[10], se olvida traicioneramente de la verdadera soberanía del pueblo de Tarapacá para decidir el destino de su desarrollo regional. Contrariamente, como substitución, y presión, de este fraccionamiento de Piñera en la integración continental, Bolivia ha fortalecido los lazos con el gobierno de Ollanta Humala para emigrar su comercio de Chile a Perú y se ha pactado bilateralmente iniciar la construcción de un ferrocarril bioceánico en 2015. Previamente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde China ingresó como donante a inicios de 2009, otorgó un crédito de 6,4 millones de dólares para realizar el estudio básico del tren bioceánico que creará las bases para su licitación, midiendo el impacto ambiental y las características técnicas. El proyecto conectará la ciudad peruana marítima de Puerto Illo con la boliviana oriental de Puerto Suárez, con un costo aproximado de 2.500 millones de dólares[11].
Más allá del debate histórico de la salida al mar de Bolivia, polémica que no hay que dejar de lado en la diplomacia, existe una partida de ajedrez esencial entre la unión soberana de Latinoamérica y los mandamientos del imperio con sus peones. Mientras Bolivia sigue con su rol estratégico integracionista latinoamericano, y su puente entre el comercio bilateral entre China y Brasil, Chile, como peón, intenta romper ese proyecto de unidad latinoamericana y generar incomodidades en la BRICS a favor de la OCDE, utilizando a Bolivia como enemigo por la negación de todo tipo de negociación en la concesión marítima. La estrategia insuficientemente soberana del gobierno de Piñera de marcar fronteras entre Bolivia y Chile por intereses trasnacionales en la nueva multipolaridad conlleva principalmente a la ausencia y sufrimiento del pueblo chileno de Tarapacá.
[1] Según una Comisión de Investigación del Parlamento chileno desde el inicio de la dictadura hasta 1990 se vendieron 725 macroempresas estatales a un precio irrisorio. Ver http://elchileno.cl/world/nacional/841-las-privatizaciones-de-la-dictadura.html
[2] Nota de prensa: http://www.paginasiete.bo/2013-02-27/Nacional/Destacados/Pinera—Chile-no-le-va-a-entreg.aspx
[3] Ver afirmaciones de la injerencia de Estados Unidos en Chile: http://www.archivochile.com/Imperialismo/us_contra_chile/UScontrach0008.pdf
[4] Ver datos económicos. http://www.eclac.org/publicaciones/xml/2/39082/RP_China_America_Latina_el_Caribe_una_relacion_estrategica_906.pdf
[5] Nota de prensa: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/12/111226_economia_brasil_sexta_economia_mundo.shtml
[6] Nota de prensa: http://www.eldiario.com.ar/diario/economia/75866-china-y-brasil-protagonistas-del-comercio-global.htm
[7] Estos datos, algo caducos, en la actualidad habrán tenido un crecimiento considerable al presentarse, como hemos citado anteriormente, un aumento del comercio entre América Latina y China entre 2000 y 2009. Pasando las exportaciones de América a China del 1% en el 2000 al 7,6% en 2009. Y las importaciones de 1% al 9,5%.
[8] Información estadística de Tarapacá: http://www.docstoc.com/docs/119502074/CAP%EF%BF%BDTULO-5–EXPORTACIONES-REGION-TARAPACA
[9] http://www.docstoc.com/docs/119502074/CAP%EF%BF%BDTULO-5–EXPORTACIONES-REGION-TARAPACA
[10] Nota de prensa: http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/nacional/20130304/pinera-ningun-presidente-de-chile-entregara-el-territorio-y-soberania-a_204358_437179.html
[11] Nota de prensa: http://www.opinion.com.bo/opinion/articulos/2012/1123/noticias.php?id=78290
* Sociólogo y licenciado en estudios internacionales sobre América Latina por la UAB. Master en Desarrollo Internacional por la UPC. Experiencias de trabajo de campo en países como Argentina, Cuba, selva colombiana, Venezuela en el barrio 23 de Enero, Angola, El Alto (La Paz-Bolivia), consultor en proyectos de educación en Ecuador, Perú y Bolivia, y actualmente consultor en Chile. Colaboró en Cubainformacion y fue miembro de la corresponsalía sobre América Latina en el Setmanari catalán El Triangle, forma parte del consejo editorial del semanario boliviano La Epoca, y perteneció a la corresponsalía en Bolivia del canal HISPAN TV siendo actualmente analista internacional.
Guía de Archivos Represivos del Cono Sur
El Instituto de Políticas Públicas del Mercosur presentó una Guía de Archivos Represivos del Cono Sur
26 septiembre, 2013 Mercosur
Se trata de la Guía de Archivos y Fondos documentales sobre Coordinaciones Represivas del Cono Sur, proyecto surgido del mandato que recibió el IPPDH de brindar asistencia al Grupo Técnico de obtención de datos, información y relevamiento de archivos de las coordinaciones represivas del Cono Sur”.
“En particular, de la Operación Cóndor, que funciona en la órbita de la Comisión Permanente de Memoria, Verdad, y Justicia de la Reunión de Altas Autoridades de Derechos Humanos y Cancillerías del MERCOSUR y Estados Asociados (RAADDHH)”, indicaron en el comunicado emitido por Cancillería.
En la presentación también tuvo lugar un panel de expertos en políticas públicas sobre archivos en los procesos de Verdad y Justicia del que participaron Jorge Vivar, investigador del IPPDDH; Natalia Federman, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Seguridad; Ludmila Catella, directora del Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba; y Hugo Cañon, ex fiscal y presidente de la Comisión Provincial de la Memoria de la provincia de Buenos Aires”.
Se indicó que “la Guía releva, organiza y difunde información vinculada a las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en el marco de las coordinaciones represivas del Cono Sur”.
Asimismo, fue confeccionada en versión web, y allí puede verse el contenido de 115 fondos documentales de instituciones de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay.
Por último, resaltaron que la guía presentada es “una potente herramienta que permite acceder a documentos útiles para la investigación, estudio e interpretación del pasado reciente, con el objetivo de contribuir con los procesos de verdad, memoria y justicia que se llevan a cabo en la región”.
La guía se puede consultar en el siguiente sitio web: http://www.ippdh.mercosur.int/ArchivoCondor/
26 septiembre, 2013 Mercosur
Se trata de la Guía de Archivos y Fondos documentales sobre Coordinaciones Represivas del Cono Sur, proyecto surgido del mandato que recibió el IPPDH de brindar asistencia al Grupo Técnico de obtención de datos, información y relevamiento de archivos de las coordinaciones represivas del Cono Sur”.
“En particular, de la Operación Cóndor, que funciona en la órbita de la Comisión Permanente de Memoria, Verdad, y Justicia de la Reunión de Altas Autoridades de Derechos Humanos y Cancillerías del MERCOSUR y Estados Asociados (RAADDHH)”, indicaron en el comunicado emitido por Cancillería.
En la presentación también tuvo lugar un panel de expertos en políticas públicas sobre archivos en los procesos de Verdad y Justicia del que participaron Jorge Vivar, investigador del IPPDDH; Natalia Federman, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Seguridad; Ludmila Catella, directora del Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba; y Hugo Cañon, ex fiscal y presidente de la Comisión Provincial de la Memoria de la provincia de Buenos Aires”.
Se indicó que “la Guía releva, organiza y difunde información vinculada a las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en el marco de las coordinaciones represivas del Cono Sur”.
Asimismo, fue confeccionada en versión web, y allí puede verse el contenido de 115 fondos documentales de instituciones de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay.
Por último, resaltaron que la guía presentada es “una potente herramienta que permite acceder a documentos útiles para la investigación, estudio e interpretación del pasado reciente, con el objetivo de contribuir con los procesos de verdad, memoria y justicia que se llevan a cabo en la región”.
La guía se puede consultar en el siguiente sitio web: http://www.ippdh.mercosur.int/ArchivoCondor/
28 sept 2013
Uruguay: En los límites del crecimiento y al comienzo de las tensiones
Uruguay: En los límites del crecimiento y al comienzo de las tensiones
Pablo Basso
Rebelión, 18-09-2013
Un período de acelerada expansión de la economía, que comenzó con la crisis del 2002 y se prolongó por diez años, llega a su fin, en Uruguay, revelando simultáneamente los límites del crecimiento y un horizonte de tensiones políticas.
La crisis del año 2002 aumentó el desempleo y rebajó los salarios, dejando en la pobreza a la tercera parte de la población, mientras que multiplicó, como por arte de magia, la valorización de las exportaciones y las inversiones extranjeras. Empobrecimiento de unos y enriquecimiento de otros crearon súbitamente las condiciones de ganancia para la recuperación.
Esas condiciones se vieron ratificadas, a su vez, por la suba de precios de los productos agrícolas y la baja de las tasas de interés, en el mercado mundial. La producción reanudó el curso ascendente y ya, para el año 2004, registró 12 por ciento de aumento.
El encuentro del desempleo y los bajos salarios con la demanda mundial de alimentos y capitales en busca de inversión, creó las bases del crecimiento de la economía uruguaya.
Si ese crecimiento, además, pudo mantenerse durante una década fue no sólo porque se sostuvo la demanda externa, sino porque reprodujo también las condiciones locales.
Sólo muy lentamente disminuyó el desempleo. Las empresas recurrieron a las horas extraordinarias, la polivalencia y el empleo temporal como métodos más flexibles a las variaciones comerciales.
De ese modo, el aumento de la producción se fundó en la mayor explotación de los trabajadores ocupados antes que en la contratación de nuevo personal.
Según del Ministerio de Economía, la mitad del crecimiento del período no obedeció a una mayor incorporación de trabajadores o capital, sino a este incremento continuo de la productividad del trabajo.
La persistencia del desempleo contuvo los salarios. Los trabajadores extendieron la conflictividad y la organización sindical, pero los salarios sólo aumentaron en una proporción inferior al crecimiento del producto, con lo que la mayor productividad favoreció a los márgenes de ganancia de las empresas.
Desempleo y bajos salarios fueron, no sólo el punto de partida, sino también la condición continuamente renovada del crecimiento de la economía uruguaya hasta que, al cabo de diez años, esa dinámica terminó por agotarse.
La desocupación disminuyó hasta 6 por ciento, mientras que la población incorporada al mercado de trabajo alcanzó el máximo histórico en el año 2011.
La demanda de trabajo favoreció a la suba de los salarios. Un intenso ciclo de conflictos impuso aumentos equivalentes al crecimiento de la producción y amenazó con la reducción de los márgenes de ganancia.
Cambió también la subjetividad de los trabajadores. La demanda de trabajo facilita la rotación de los empleos y conspira contra las exigencias de identificación con las empresas.
Crece también el ausentismo, la resistencia a las horas extraordinarias y el rechazo de la polivalencia. Las agencias laborales se quejan de dificultades para contratar y retener el personal; una rebeldía creciente contra los métodos de organización del trabajo les impide disponer de una mano de obra flexible y obediente.
Quedaron plenamente de manifiesto, entonces, los límites del crecimiento de la economía uruguaya. Aún en el momento de máxima extensión del empleo, 28 por ciento de los trabajadores carece de seguridad social y 7 por ciento está subocupado. Los salarios aumentaron en una proporción similar a la producción pero, en términos absolutos, son notablemente bajos: 57 por ciento de los trabajadores ganaba menos de 14.000 pesos mensuales, equivalentes a 500 dólares, en el año 2011.
Luego de una década de crecimiento inflacionario, la tercera parte de los trabajadores se desempeña en condiciones precarias y más de la mitad no gana lo suficiente para cubrir media canasta de necesidades básicas, cuando ya choca con los límites de la ganancia.
Si la evolución de las condiciones internas reveló lo máximo que el crecimiento económico podía ofrecer, una reducción de la demanda externa vino a conspirar incluso contra la conservación de los niveles alcanzados.
Desde el 2012, caen los niveles de crecimiento de la región y las organizaciones empresariales plantean problemas de competitividad que reclaman la rebaja de los salarios.
Sin embargo, la pretensión de recuperar los márgenes de ganancia haciendo retroceder los salarios se encuentra con una situación distinta de los trabajadores.
El capital no se enfrenta ya con personas aisladas por el desempleo y desesperadas por la pobreza.
La extensión de la conflictividad, el crecimiento de la organización sindical y los cambios en la subjetividad del trabajador produjeron esa recomposición de clase que choca con los límites del capital.
Por cierto, los límites del capital son apenas el comienzo de la independencia de los trabajadores y ambos anuncian un panorama de tensiones políticas.
Rebelion - postaporteñ@ 1030 - 2013-09-21
Pablo Basso
Rebelión, 18-09-2013
Un período de acelerada expansión de la economía, que comenzó con la crisis del 2002 y se prolongó por diez años, llega a su fin, en Uruguay, revelando simultáneamente los límites del crecimiento y un horizonte de tensiones políticas.
La crisis del año 2002 aumentó el desempleo y rebajó los salarios, dejando en la pobreza a la tercera parte de la población, mientras que multiplicó, como por arte de magia, la valorización de las exportaciones y las inversiones extranjeras. Empobrecimiento de unos y enriquecimiento de otros crearon súbitamente las condiciones de ganancia para la recuperación.
Esas condiciones se vieron ratificadas, a su vez, por la suba de precios de los productos agrícolas y la baja de las tasas de interés, en el mercado mundial. La producción reanudó el curso ascendente y ya, para el año 2004, registró 12 por ciento de aumento.
El encuentro del desempleo y los bajos salarios con la demanda mundial de alimentos y capitales en busca de inversión, creó las bases del crecimiento de la economía uruguaya.
Si ese crecimiento, además, pudo mantenerse durante una década fue no sólo porque se sostuvo la demanda externa, sino porque reprodujo también las condiciones locales.
Sólo muy lentamente disminuyó el desempleo. Las empresas recurrieron a las horas extraordinarias, la polivalencia y el empleo temporal como métodos más flexibles a las variaciones comerciales.
De ese modo, el aumento de la producción se fundó en la mayor explotación de los trabajadores ocupados antes que en la contratación de nuevo personal.
Según del Ministerio de Economía, la mitad del crecimiento del período no obedeció a una mayor incorporación de trabajadores o capital, sino a este incremento continuo de la productividad del trabajo.
La persistencia del desempleo contuvo los salarios. Los trabajadores extendieron la conflictividad y la organización sindical, pero los salarios sólo aumentaron en una proporción inferior al crecimiento del producto, con lo que la mayor productividad favoreció a los márgenes de ganancia de las empresas.
Desempleo y bajos salarios fueron, no sólo el punto de partida, sino también la condición continuamente renovada del crecimiento de la economía uruguaya hasta que, al cabo de diez años, esa dinámica terminó por agotarse.
La desocupación disminuyó hasta 6 por ciento, mientras que la población incorporada al mercado de trabajo alcanzó el máximo histórico en el año 2011.
La demanda de trabajo favoreció a la suba de los salarios. Un intenso ciclo de conflictos impuso aumentos equivalentes al crecimiento de la producción y amenazó con la reducción de los márgenes de ganancia.
Cambió también la subjetividad de los trabajadores. La demanda de trabajo facilita la rotación de los empleos y conspira contra las exigencias de identificación con las empresas.
Crece también el ausentismo, la resistencia a las horas extraordinarias y el rechazo de la polivalencia. Las agencias laborales se quejan de dificultades para contratar y retener el personal; una rebeldía creciente contra los métodos de organización del trabajo les impide disponer de una mano de obra flexible y obediente.
Quedaron plenamente de manifiesto, entonces, los límites del crecimiento de la economía uruguaya. Aún en el momento de máxima extensión del empleo, 28 por ciento de los trabajadores carece de seguridad social y 7 por ciento está subocupado. Los salarios aumentaron en una proporción similar a la producción pero, en términos absolutos, son notablemente bajos: 57 por ciento de los trabajadores ganaba menos de 14.000 pesos mensuales, equivalentes a 500 dólares, en el año 2011.
Luego de una década de crecimiento inflacionario, la tercera parte de los trabajadores se desempeña en condiciones precarias y más de la mitad no gana lo suficiente para cubrir media canasta de necesidades básicas, cuando ya choca con los límites de la ganancia.
Si la evolución de las condiciones internas reveló lo máximo que el crecimiento económico podía ofrecer, una reducción de la demanda externa vino a conspirar incluso contra la conservación de los niveles alcanzados.
Desde el 2012, caen los niveles de crecimiento de la región y las organizaciones empresariales plantean problemas de competitividad que reclaman la rebaja de los salarios.
Sin embargo, la pretensión de recuperar los márgenes de ganancia haciendo retroceder los salarios se encuentra con una situación distinta de los trabajadores.
El capital no se enfrenta ya con personas aisladas por el desempleo y desesperadas por la pobreza.
La extensión de la conflictividad, el crecimiento de la organización sindical y los cambios en la subjetividad del trabajador produjeron esa recomposición de clase que choca con los límites del capital.
Por cierto, los límites del capital son apenas el comienzo de la independencia de los trabajadores y ambos anuncian un panorama de tensiones políticas.
Rebelion - postaporteñ@ 1030 - 2013-09-21
27 sept 2013
Fábula del gato de Felipe González
ESPAÑA, AÑO CERO
Fábula del gato de Felipe González
Por Luis Sepúlveda, escritor, autor de (junto a Daniel Mordzinski) Últimas noticias del Sur, Espasa, Barcelona, 2012.
La crisis afecta a los españoles con toda su furia devastadora. Pero el PP y el PSOE son incapaces de explicar a los ciudadanos qué ha pasado. La función de un Gobierno es hacer el relato de la sociedad, con sus contradicciones y problemas, pero este relato no existe en España porque desde la muerte de Franco en 1975 y el inicio de la Transición, los responsables políticos han hecho de la pereza intelectual una marca de identidad. El gran escritor chileno, residente en España, Luis Sepúlveda, nos propone su propio relato de la ascensión y caída de una ilusión económica.
La literatura sirve para explicar la complejidad del universo, porque el relato tiene como punto de partida un lugar y un momento determinado. La crisis me afecta de una manera directa, muchos de mis amigos españoles la padecen con toda su furia devastadora, sienten que el futuro no puede ser más incierto y contemplan atónitos como la normalidad de un país europeo se desmorona cada día entre la deriva de dos Gobiernos, del Partido Popular y del PSOE, incapaces de hacer una exposición que permita a los ciudadanos entender qué diablos pasó, qué está pasando y, lo peor, qué demonios pasará mañana. Se supone que la función de cualquier Gobierno es mantener actualizado el relato de la sociedad, con todas sus contradicciones y problemas, pero este necesario relato no existe en España, no ha existido nunca, porque desde la muerte de Franco y el inicio de la transición a la democracia, los responsables de la conducción política del país hicieron de la pereza intelectual una marca de identidad. No había para qué pensar en un modelo de país viable y, si se revisan como yo lo he hecho, las intervenciones en el Parlamento o los discursos de las campañas electorales, no se encontrará ni una sola frase memorable que apuntara a eso que se llama idea de país y sociedad.
El único estadista español que intentó trazar el relato de la sociedad española fue Azaña. No hubo ni hay otro, porque la gran carencia de España es la falta de una burguesía ilustrada, esa misma que genera la figura del Hombre o la Mujer de Estado.
La única frase destacable es la cita que Felipe González hizo de un proverbio chino: “no importa si el gato es blanco o negro; lo que importa es que cace ratones”. Y a partir de esa frase, que se impuso aplicada a todas las situaciones sociales, económicas, culturales y políticas, intentaré hacer un relato que me permita entender qué diablos pasó, qué demonios está pasando, y por qué está pasando. Como ciudadano europeo necesito un relato para entender este presente de pesadilla, que me ayude a encontrar la puerta de salida y no dejar que me atrape como el maldito retrato de Dorian Gray.
Hacía bastante frío en Madrid la mañana del 4 de febrero de 1988, pero las bajas temperaturas se sentían en la calle y no así en la bien atemperada sala del Palacio de Congresos. Más de mil empresarios convocados por la APD, Asociación para el Progreso de la Dirección, esperaban las palabras animadoras de Carlos Solchaga, ministro de Economía y Hacienda del gobierno socialista de Felipe González.
Y el ministro habló: “España es el país donde se puede ganar más dinero a corto plazo de Europa y quizá del mundo. No sólo lo digo yo: es lo que dicen los asesores y expertos bursátiles”.
El aplauso hizo subir la temperatura a niveles tropicales. El PSOE hablaba claro y contundente; España era un país en donde sólo los imbéciles no podían ser ricos, o vivir convencidos de que eran ricos. Cualquier consideración sobre las reglas fundamentales de la economía, sobre ética o solidaridad social, sobre la idea socialdemócrata del bienestar o acerca de una eventual posición de izquierda respecto de la génesis de la riqueza, podía ser considerada un escollo salvable, insignificante, intrascendente en el camino hacia una sociedad cuya única seña de identidad sería la riqueza, y además a corto plazo.
¿Y cómo un país puede caer en la trampa de la fortuna súbita? La crisis global tiene ya muchas explicaciones dadas por economistas que obvian lo fundamental: que el sistema capitalista en su conjunto ha fallado, pero en el caso específico de España las razones han de buscarse en una transición del Estado dictatorial nacional-católico a un Estado democrático, cuya máxima fue el borrón y cuenta nueva.
En España todas las discusiones fueron postergadas o relegadas a un plano intrascendente en aras de la incorporación al conjunto de naciones democráticas europeas. Así, la experiencia democrática republicana fue ignorada, aún al precio de quedar sin referente histórico, y primó un modo de ser basado, más que en el deseo de ser rabiosamente occidentales en la Guerra Fría con la incorporación en la OTAN, en la maldición cultural española llamada “La Picaresca”. El gato, fuera cual fuese su color, tenía que cazar ratones.
Puede resultar simpático que un canalla le coma las uvas a un pobre ciego, pero cuando esa picaresca se convierte en fórmula para aceptar el día a día, a todos los niveles y, peor aún, para gobernar, los resultados permanecen, inmutables, porque lo que se hace mal siempre está presente para recordarnos justamente lo que hicimos mal.
Algo que se hizo muy mal en España, y se insiste en ello, fue una perversión del vocabulario para alejarlo de la realidad. No es casual que el terrorismo de Estado practicado en la lucha contra ETA en los años 1980 fuera llamado política antiterrorista, ni que la palabra crisis fuera remplazada por “desaceleración del crecimiento”, o que el rescate de la banca privada sea presentado como “préstamo de óptimas condiciones”. Desde el primer día de la Transición el eufemismo se impuso como parte fundamental del discurso político.
Tres años antes de la caída del muro de Berlín, del final del llamado socialismo real de los países del Este de Europa, y del establecimiento fallido del primer “nuevo orden internacional”, España ingresaba a la Unión Europea, y la palabra globalización fue entendida como una suerte de algarabía, sin una sola reflexión acerca del cómo integrar al Estado español en este nuevo statu quo, de prever la manera de ser parte del fenómeno globalizante de la economía. Así, con la certeza de pertenecer por ósmosis a la parte rica de la humanidad, la clase política española en su conjunto, los economistas españoles casi sin excepción, no hicieron el menor análisis sobre las consecuencias del hecho que es genéricamente el primer paso hacia la actual crisis.
Cuando las economías más fuertes del mundo decidieron que los países menos desarrollados debían ser un gran mercado en expansión, a condición de que compitieran con los productos del Primer Mundo, ningún profeta al estilo de Carlos Solchaga se detuvo a pensar que, por muy injustas y maniqueas que fueran las condiciones impuestas a los países del Tercer Mundo para competir, estas generarían una dinámica imparable: los pobres empezarían a vender cada día más a los ricos, a competir con las industrias del primer mundo.
Los países pobres empezaron a crecer a un ritmo sorprendente y pasaron a llamarse economías emergentes. Esto, que muy bien podía haber quedado como una ética y justa reparación por siglos de saqueos, no quedó ajeno a las minorías dueñas de la mayor parte de la riqueza de las potencias industriales, e impusieron a los Estados una visión económica por sobre las consideraciones políticas. Decididos a participar de la nueva riqueza que se genera en los países emergentes no vacilaron en sacrificar a sus propias industrias nacionales. Las deslocalizaciones de fábricas y entramado productivo, los chantajes del tipo “o no pago impuestos o me voy”, como el caso de la sueca Volvo, obligaron a los países del Primer Mundo a tomar medidas restrictivas y el Estado de Bienestar empezó a mostrar las primeras fisuras de un desmantelamiento al parecer imparable.
Y cabe preguntarse si era ésta una nueva forma de actuar de los dueños de la riqueza. No. No era una novedad en el comportamiento del capitalismo. Quien mejor supo definir esta actitud mucho antes de que la globalización entrara en el vocabulario de la economía y de la política, fue el presidente de una lejana nación sudamericana, Salvador Allende, que en un discurso pronunciado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el cuatro de diciembre de mil novecientos setenta y dos, dijo: “Estamos ante un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones y los Estados. Estos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales –políticas, económicas y militares– por organizaciones globales que no dependen de ningún Estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún Parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo. En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada”.
El Mercado comenzó a actuar como una dictadura y, la política, ese viejo arte de lo posible, pasó a ser una competencia para ver quienes gestionan mejor los intereses, en ningún caso de los países, sino del Mercado.
Pero todo esto fue voluntariamente ignorado por los políticos españoles, el “desprecio lo que ignoro” tan característico del pícaro, los llevó al inmovilismo absoluto en términos de cómo afrontar los primeros síntomas de la crisis.
No hay político español que dude al afirmar que el turismo es la primera o segunda industria española, ninguno se atreve a reconocer que está sujeto a contingencias ajenas a la voluntad del hombre y, que lo que genera, además del enriquecimiento de los dueños de los establecimientos turísticos, es un complejo de inferioridad que daña a las sociedades que viven del turismo. No es lo mismo ser habitante de un país puntero en innovación tecnológica que de un país de camareros, cocineros y recepcionistas.
La incorporación de España, junto a Grecia y Portugal, a la Unión Europea significó, además de abandonar el aislacionismo y la autarquía, recibir, ya sea como Fondos de Cohesión o de Ayuda al Desarrollo, más dinero del que el Plan Marshall puso en toda la Europa de posguerra. Durante el periodo 2007-2013, España continúa recibiendo fondos por un importe de 3.250 millones de euros y, a pesar que durante los ocho años del aznarismo la consigna de “España va bien” fue un dogma, y que en el Gobierno de Rodríguez Zapatero se aseguraba que la economía española superaba a la italiana, se acercaba a la francesa y el sistema financiero español era el mejor del mundo, España no ha puesto ni un euro para los diez países incorporados a la UE en 2004.
Este último detalle debió alertar a los dirigentes de toda Europa sobre la sostenibilidad de la economía española, pero no ocurrió así porque los mercados habían descubierto, de la misma manera como sucedió en Estados Unidos, un negocio mucho más rentable que la modernización del sistema productivo español: la especulación inmobiliaria y la concesión ilimitada de préstamos hipotecarios.
A ningún político o economista español le preocupó que en los últimos cinco años anteriores a la crisis surgida a partir de la quiebra del banco Lehman Brothers, las economías emergentes como China, la India y Brasil crecieran a un ritmo desenfrenado. No les afectaba, los empeños por ser competitivas de las pocas empresas españolas capaces de incidir en la economía global les resultaban indiferentes en contraste con las ganancias a corto plazo que aseguraba la construcción, el ladrillo.
La corrupción irrumpió en la vida política española como la esencia misma de la picaresca: yo te financio los gastos electorales y tú me recalificas el suelo de tu ayuntamiento declarándolo urbanizable. Así, se dieron esperpentos como una ciudad fantasma llamada Seseña, más de 13.500 pisos levantados en un secarral, sin agua, ni electricidad ni infraestructuras urbanas, construidos gracias a la generosidad de bancos que, antes de conceder los primeros créditos a un analfabeto pero pícaro llamado Paco el Pocero –pocero es el desatascador de alcantarillas, alguien que vive de los excrementos– elevaron artificialmente el precio del suelo y en consecuencia el valor de los pisos que ni siquiera existían en los planos.
El ejemplo de Seseña se repitió a lo largo y ancho del territorio español. Y naturalmente que la construcción, que el ladrillo, daba empleo. El ex presidente Rodríguez Zapatero, en una de sus más esperpénticas declaraciones, aseguró que entre 2006 y 2008 en España se habían creado más puestos de trabajo que en Francia, Italia y Alemania juntas, pero ocultando que los salarios eran la tercera parte de los que ganaban los trabajadores de Italia, Francia y Alemania. El país iba bien, muy bien. El mito de la “Marca España” se consolidaba como un dogma más.
El modelo productivo dependiente de la construcción como eje central no sólo corrompió la vida política, sino también la cultural y social. La educación fue un derecho al que cientos de miles de jóvenes renunciaron voluntariamente. El ladrillo, la construcción, los esperaba con los brazos abiertos. ¿Por qué esforzarse cinco o más años para ser médico o ingeniero si depositando sus tres primeros sueldos en un banco o caja de ahorros les concederían un préstamo hipotecario a 30 ó 40 años, y podrían comprar de inmediato un piso, un coche, un televisor de alta definición y el iPhone de última generación?
Nunca un país vio una deserción escolar tan grande en tan poco tiempo. Nunca un país sacrificó su futuro de una manera tan entusiasta bajo la consigna del “compra dos”.
La fiebre del ladrillo y la corrupción generalizada llevó a construir aeropuertos en los que jamás ha aterrizado un avión, líneas de tren de alta velocidad a los que no sube ningún pasajero, circuitos de Fórmula 1 en medio de ciudades, palacios de la cultura faraónicos en los que hoy anidan los pájaros. Y entre todo eso, los bancos ofrecían los balances más favorables de la historia. El gato cazaba ratones.
España iba bien, las proféticas palabras de Solchaga se cumplían, España era el mejor país del mundo para ganar dinero a corto plazo. Y todo gracias a un recurso natural inagotable que cada día subía de valor: el suelo.
La cultura empresarial de un país se mide en la diversidad de su producción. El ladrillo se encargó de asesinar ese axioma, y las pequeñas y medianas empresas dedicaron sus líneas productivas casi enteramente al boom de la construcción.
Tal vez la mayor prueba de incapacidad intelectual de los dirigentes políticos españoles, consistió y consiste en no entender que el necesario relato de la sociedad debe ceñirse a las reglas dramatúrgicas aristotélicas; tiene, en progresión, un planteamiento, un clímax y un desenlace. Esto, en buen castellano puede traducirse en no creer que el futuro es una repetición del presente, y en economía se trata de entender que los ciclos tienen, indefectiblemente, un final. España es un país católico y lo que cabía esperar era que sus dirigentes dieran una pequeña mirada a los tiempos bíblicos, y así habrían descubierto que el casto José interpretó el sueño del faraón con las vacas gordas que se convertían en vacas flacas, como la premonición del fin de un ciclo económico.
Cuando empezó el boom de la construcción todos los dirigentes políticos y sindicales de España sabían que estaban sentados sobre un barril de pólvora, pero, salvo las voces tímidas de Izquierda Unida advirtiendo del peligro, nadie se atrevía a poner el cascabel al gato. El gato tenía que seguir cazando ratones, aunque estos no existieran.
Dice Bertolt Brecht en un poema, que de la misma manera como los pueblos deben cambiar a los dirigentes que no sirven, a veces los dirigentes deben cambiar de pueblo. Claro que es una afirmación cínica, pero es lo que deben haber sentido en el PSOE al conocer los resultados de las dos últimas elecciones, autonómicas y municipales primero, y luego generales, el año pasado. Los primeros pasos para enfrentar la crisis que dio el Gobierno de Rodríguez Zapatero –luego de negar su existencia porque los ideólogos del libre mercado le habían convencido de que la economía española era invulnerable– significaron el abandono de cualquier pretensión de izquierda o socialdemócrata en la política de un gobierno socialista. No se hizo un sólo análisis coherente de cara a la sociedad para explicar lo que ocurría, para que el ciudadano entendiera por qué los bancos dejaban de conceder préstamos, por qué las pequeñas y medianas empresas caían, arrastradas por un efecto dominó y el paro crecía día a día, minuto a minuto. Y la derecha, el Partido Popular, además de hacer la oposición más irresponsable que se haya visto en un país democrático, torpedeaba los tímidos intentos del Gobierno por hacer una política que salvara la situación. Sólo que la situación no estaba representada por la creciente ansiedad y desamparo de los ciudadanos, sino por una jamás explicada necesidad de “recuperar la confianza de los mercados”, que se tradujo en entregar dinero del erario público a los bancos que, tal como ocurrió en Estados Unidos, tenían sus cajas llenas de activos tóxicos.
Los últimos meses del Gobierno del PSOE tuvieron el sello de la comedia lentamente transformada en tragedia. De una parte el Gobierno recortaba sueldos, entregaba más dinero público a los bancos, y de la otra parte, personajes como el actual ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, no vacilaban en declarar públicamente: dejemos que España caiga, ya la levantaremos nosotros. Tampoco lo hacía mejor Luis de Guindos, hoy ministro de Economía y Competitividad. Fue el hombre de Lehman Brothers en España y Portugal, alguien que consciente y sabedor de las investigaciones realizadas por la Reserva Federal de Estados Unidos, que acusaban a las agencias de calificación norteamericanas de haber falseado la situación del banco que luego quebró y arrastró a todo el sistema financiero, no advirtió al Gobierno español de los alcances del aluvión que se dejaba caer.
Así, mientras el Gobierno socialista recortaba prestaciones bajo el eufemismo de “necesarios ajustes” o “deberes impuestos por Bruselas” y entregaba dinero a los bancos, el paro crecía de los dos a los tres millones, a los cuatro, hasta superar los más de cinco millones de desempleados que hoy tiene España. Al amparo de las sombras, con nocturnidad y alevosía, se cambió la Constitución para fijar unas metas de déficit imposibles de cumplir a rajatabla sin agregar otra crisis a la económica; la social, la de la pobreza que campeaba sobre el suelo español, ese suelo que no valía tanto como habían determinado los tasadores bancarios.
En las elecciones, la falta de relato para entender lo que ocurría, llevó a los ciudadanos a la más nefasta de las preguntas: ¿Queremos ser ciudadanos o consumidores? Y gran parte de la sociedad se decidió por lo último y otorgó una aplastante mayoría absoluta a la derecha.
¿Y el gato? ¿Había dejado de cazar ratones? Una nueva despensa se abrió para la voracidad del gato. España sacó a la venta su deuda pública. Con el dinero recibido por el Gobierno, los bancos, en lugar de mantener las líneas de crédito que hubieran sido la salvación de muchas pequeñas y medianas empresas, o de revisar los créditos hipotecarios y no pasar violentamente al embargo de las propiedades de los que no podían seguir pagando, se dedicaron a comprar deuda pública al 3, 4 y 5% de interés. La especulación contó con la inapreciable ayuda del Estado, con el dinero público. ¿Cómo afectó la crisis al sistema financiero español? Simplemente dejó de ganar tanto, pero en ningún caso dejó de ganar.
Según las reglas económicas de la UE, son los Estados los que avalan la seriedad, sostenibilidad y salud de sus sistemas financieros, de la economía privada. Esta perversión del capitalismo permite que las ganancias se mantengan a beneficio de los especuladores, pero cuando hay problemas o situaciones de riesgo, ahí está el Estado, el dinero público para sacar las castañas del fuego.
Las arcas fiscales se agotaron a pocos meses del fin del Gobierno socialista, el gato seguía con hambre de ratones, y entonces intervino el Banco Central Europeo concediendo préstamos al 1% de interés, y sin la menor investigación sobre el estado real de salud de los bancos españoles que los recibían. Y el gato siguió engordando: con ese dinero conseguido al 1% de interés, con el aval del Estado, se dedicaron a comprar más deuda pública española, al 4, 5, 6 y 7% de interés. Sí. España seguía siendo el mejor país de Europa y del mundo para ganar dinero a corto plazo.
En el país de los eufemismos, al asco frente a la corrupción se llama “desafección de la política”. Mientras el país se hundía en la ciénaga del desempleo, los ejecutivos y directores de los bancos y Cajas de Ahorros preparaban sus retiros auto otorgándose indemnizaciones millonarias ante la impavidez de la mal llamada “clase política”. Una clase social defiende sus intereses como tal, y la clase política española al servicio del mercado defiende los intereses de los especuladores. Pero hay excepciones, y de la misma manera como Roma no premia traidores, el mercado sí premia a quienes han demostrado fidelidad. No es casual que el ex presidente José María Aznar sea asesor “ético” del imperio Murdoch, asesor externo de la multinacional energética Endesa, que el ex presidente Felipe González sea consejero independiente de Gas Natural-Fenosa, o que la ex ministra socialista Elena Salgado haya fichado también por Endesa, como consejera de la filial chilena Chilectra, impulsora de los peores crímenes medio ambientales en la Patagonia. Formidable el gato, nunca deja de cazar ratones.
En España, al contrario de lo que ocurre en otras latitudes, tenemos pánico del amanecer, porque la aurora nos trae nuevas sombras y cada vez más espesas. El Gobierno del Partido Popular, fiel a lo que es Mariano Rajoy, un registrador de la propiedad, un burócrata decimonónico de los que usaban manguitos de felpa negra para proteger la inmaculada blancura de sus camisas, amparado en la mayoría absoluta se ha convertido en una suerte de emisario de lo que dictan los mercados para aumentar la precariedad de los ciudadanos transformados en consumidores en desgracia. Cada amanecer somos despertados por un nuevo zarpazo del gato que insiste en cazar ratones, aunque tengan forma humana. Recortes a la educación, recortes sanitarios, más despidos presentados como “ajustes”, y silencio absoluto frente a los nuevos escándalos de corrupción, robo, estafa, cometidos por instituciones como Bankia, un banco que, tras presentarse como la institución financiera más sólida, hoy amenaza con hacer estallar todo el sistema financiero.
Bankia nace de la fusión y consiguiente desnaturalización de un conjunto de Cajas de Ahorros. El afán de ser “competitivos” en el mercado elimina la función social de las antiguas cajas, los primeros resultados son muy optimistas, esperanzadores para quienes han invertido en acciones, pero en muy poco tiempo algo inexplicable hasta ahora ocurre, el balón se desinfla y Bankia recibe una inyección de dinero público de 23.500 millones de euros, más que todo el presupuesto de infraestructuras del Estado español.
Supongo que todos hemos visto la imagen de un banquero saltando al vacío durante el crash económico de 1929, pero en España, banqueros como el ex ministro de Aznar Rodrigo Rato, ex funcionario del FMI y ex presidenciable no considerado por el dedo de Aznar que prefirió indicar a Mariano Rajoy como sucesor, no salta por ninguna ventana de La Castellana. No con un sueldo de 2.184.000 euros.
Así, todo intento de hacer un relato sobre qué diablos pasó, qué demonios pasa y qué va a ocurrir mañana, empieza y termina con el llamado a la corrupción, al abandono de la ética que pronunciara Carlos Solchaga y que refrendara la alusión al gato de color indefinido citado por Felipe González.
Karl Marx escribió que el capitalismo tenía el germen de su propia destrucción. El filósofo de barbas blancas pensaba en Inglaterra, pero si hoy estuviera sentado bajo el sol en una playa de Marbella y con el gato que caza ratones en sus piernas, tal vez descubriría que el capitalismo clásico, sustentado en la explotación generadora de plusvalía, lejos de auto destruirse se ha metamorfoseado en el rostro invisible del mercado, en el cuerpo inasible del mercado, en la voracidad inimaginable del mercado. Y tal vez con su iPhone llamaría a su colega Friedrich Engels. Juntos, en bermudas y bajo el sol de Marbella escribirían: “un fantasma recorre el mundo. Es el fantasma del mundo en que queremos vivir, el fantasma posible de la sociedad posible en que deseamos participar”.
Pero mientras ese fantasma no empiece su andar, el maldito gato seguirá cazando ratones
26 sept 2013
O GLOBO Y LA DICTADURA :Fantasmas del pasado
Fantasmas del pasado
09/09/2013 -
SUZANA SINGER
ombudsman@uol.com.br
Ante los gritos " ¡la verdad es dura dura, Globo apoyó la dictadura!", que se oyen en las protestas, la reacción esperada de un gran medio de comunicación sería: 1) ignorar la provocación; 2) desmentirla; 3) intentar justificarse.
El domingo pasado, las Organizaciones Globo sorprendieron al no hacer nada de eso. El diario "O Globo" publicó un editorial en el que reconoce que el apoyo dado al golpe militar fue un error.
"De hecho, se trata de una verdad, y, también de hecho, de una verdad dura", admite el periódico. El editorial cita el contexto de la época -Guerra Fría, radicalización del gobierno de João Goulart y la promesa de los militares de que sería una "intervención pasajera"- para justificar el apoyo dado al golpe, llamado durante mucho tiempo "revolución".
"Globo" subrayó que, al estar de acuerdo con la intervención militar, estaba "al lado de otros grandes diarios, como 'O Estado de S. Paulo', Folha, 'Jornal do Brasil' y el 'Correio da Manhã'". De hecho, de los grandes periódicos, solo "Última Hora", de Samuel Wainer, estuvo al lado João Goulart.
Solo que "Globo" dio su apoyo a la dictadura prácticamente hasta el final, lo que el periódico admite, aunque resalte que "siempre pidió () el restablecimiento, en el más breve plazo posible, de la normalidad democrática".
"'O Globo' no tiene dudas de que el apoyo al golpe del 1964 fue para los que dirigían el periódico en aquel momento la actitud correcta, mirando por el bien del país. A la luz de la historia, con todo, no hay por qué no reconocer, hoy, explícitamente, que el apoyo fue un error, así como fueron un error otras decisiones editoriales del periodo que siguieron a ese desacierto inicial", dice el texto divulgado en internet y en la televisión.
Es la primera vez que se ve tal acto de remordimiento en la prensa brasileña. Se trata del principal grupo mediático asumiendo un error editorial -no de información- sobre un momento decisivo de la historia reciente del país.
Globo había ensayado algo parecido al incluir en el libro "Jornal Nacional, la noticia hace historia" (2004) valoraciones que pretendían refutar dos acusaciones que pesan sobre la emisora: la de que hizo una mala cobertura de los comicios que pedían las elecciones presidenciales directas y la que favoreció a Fernando Collor en la edición del debate presidencial con Luiz Inácio Lula da Silva en 1989.
La diferencia es que en esos casos había implicaciones que buscaban más alejar imputaciones de mala fe que la admisión de errores, en un tono muy diferente al asumido ahora.
Folha, el periódico más abierto a las criticas y el único, entre los grandes, que tiene ombudsman, nunca hizo algo parecido.
Con la polémica que se formó en torno al término "dictablanda", en 2009, el diario publicó solo una nota en la que decía que el uso de la expresión en un editorial había sido un error. "El término tiene una connotación liviana que no se presta a la gravedad del asunto. Todas las dictaduras son igualmente abominables", decía la nota, cuyo título -"Folha considera que se equivocó, pero reitera críticas"- mostraba que el periódico estaba corrigiendo contra su voluntad.
El estruendoso mea-culpa global, que ocupó casi tres minutos del "Jornal Nacional", fue impulsado por las manifestaciones de junio. El texto que introduce el editorial "1964" asume eso, al decir que "gobierno e instituciones tienen, de alguna forma, que responder al clamor de la calle".
No importa tanto si hay otros intereses en esa autocrítica, hecha la víspera de los 50 años del golpe, o si había mucho más que decir. Lo principal es darse cuenta de que se está dando una explicación al público, que hoy, gracias a las redes sociales, tiene una capacidad inédita de expresión -y de presión.
Es un primer paso del largo camino hacia la transparencia, que pasa por el respeto al "otro lado", por la obsesión con el equilibrio, por el reconocimiento rápido de los errores cometidos y por los canales que permitan una critica constante.
Quien sabe si "el futuro ya comenzó", como dice el eslogan de fin de año de la emisora.
Lo mismo cabria para los grandes diarios de America Latina,de Argentina,Chile, Uruguay por poner solo algunos ejemplos en que los medios de prensa con el aval de la SIP, NO SOLO APOYARON DICHOS GOLPES, SINO QUE ADEMAS DE LA DESINFORMACION, se enriquecieron de manera considerable con la publicidad oficial y la creacion de
verdaderos monopolios en nombre de una libertad que ternia un solo sentido :
el del beneficio economico y el pensamiento unico occidental y cristiano.
09/09/2013 -
SUZANA SINGER
ombudsman@uol.com.br
Ante los gritos " ¡la verdad es dura dura, Globo apoyó la dictadura!", que se oyen en las protestas, la reacción esperada de un gran medio de comunicación sería: 1) ignorar la provocación; 2) desmentirla; 3) intentar justificarse.
El domingo pasado, las Organizaciones Globo sorprendieron al no hacer nada de eso. El diario "O Globo" publicó un editorial en el que reconoce que el apoyo dado al golpe militar fue un error.
"De hecho, se trata de una verdad, y, también de hecho, de una verdad dura", admite el periódico. El editorial cita el contexto de la época -Guerra Fría, radicalización del gobierno de João Goulart y la promesa de los militares de que sería una "intervención pasajera"- para justificar el apoyo dado al golpe, llamado durante mucho tiempo "revolución".
"Globo" subrayó que, al estar de acuerdo con la intervención militar, estaba "al lado de otros grandes diarios, como 'O Estado de S. Paulo', Folha, 'Jornal do Brasil' y el 'Correio da Manhã'". De hecho, de los grandes periódicos, solo "Última Hora", de Samuel Wainer, estuvo al lado João Goulart.
Solo que "Globo" dio su apoyo a la dictadura prácticamente hasta el final, lo que el periódico admite, aunque resalte que "siempre pidió () el restablecimiento, en el más breve plazo posible, de la normalidad democrática".
"'O Globo' no tiene dudas de que el apoyo al golpe del 1964 fue para los que dirigían el periódico en aquel momento la actitud correcta, mirando por el bien del país. A la luz de la historia, con todo, no hay por qué no reconocer, hoy, explícitamente, que el apoyo fue un error, así como fueron un error otras decisiones editoriales del periodo que siguieron a ese desacierto inicial", dice el texto divulgado en internet y en la televisión.
Es la primera vez que se ve tal acto de remordimiento en la prensa brasileña. Se trata del principal grupo mediático asumiendo un error editorial -no de información- sobre un momento decisivo de la historia reciente del país.
Globo había ensayado algo parecido al incluir en el libro "Jornal Nacional, la noticia hace historia" (2004) valoraciones que pretendían refutar dos acusaciones que pesan sobre la emisora: la de que hizo una mala cobertura de los comicios que pedían las elecciones presidenciales directas y la que favoreció a Fernando Collor en la edición del debate presidencial con Luiz Inácio Lula da Silva en 1989.
La diferencia es que en esos casos había implicaciones que buscaban más alejar imputaciones de mala fe que la admisión de errores, en un tono muy diferente al asumido ahora.
Folha, el periódico más abierto a las criticas y el único, entre los grandes, que tiene ombudsman, nunca hizo algo parecido.
Con la polémica que se formó en torno al término "dictablanda", en 2009, el diario publicó solo una nota en la que decía que el uso de la expresión en un editorial había sido un error. "El término tiene una connotación liviana que no se presta a la gravedad del asunto. Todas las dictaduras son igualmente abominables", decía la nota, cuyo título -"Folha considera que se equivocó, pero reitera críticas"- mostraba que el periódico estaba corrigiendo contra su voluntad.
El estruendoso mea-culpa global, que ocupó casi tres minutos del "Jornal Nacional", fue impulsado por las manifestaciones de junio. El texto que introduce el editorial "1964" asume eso, al decir que "gobierno e instituciones tienen, de alguna forma, que responder al clamor de la calle".
No importa tanto si hay otros intereses en esa autocrítica, hecha la víspera de los 50 años del golpe, o si había mucho más que decir. Lo principal es darse cuenta de que se está dando una explicación al público, que hoy, gracias a las redes sociales, tiene una capacidad inédita de expresión -y de presión.
Es un primer paso del largo camino hacia la transparencia, que pasa por el respeto al "otro lado", por la obsesión con el equilibrio, por el reconocimiento rápido de los errores cometidos y por los canales que permitan una critica constante.
Quien sabe si "el futuro ya comenzó", como dice el eslogan de fin de año de la emisora.
Lo mismo cabria para los grandes diarios de America Latina,de Argentina,Chile, Uruguay por poner solo algunos ejemplos en que los medios de prensa con el aval de la SIP, NO SOLO APOYARON DICHOS GOLPES, SINO QUE ADEMAS DE LA DESINFORMACION, se enriquecieron de manera considerable con la publicidad oficial y la creacion de
verdaderos monopolios en nombre de una libertad que ternia un solo sentido :
el del beneficio economico y el pensamiento unico occidental y cristiano.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)