EZLN: Una mirada a su historia
I. El núcleo
Por Raúl Romero (SubVersiones AAC)
… la condición humana tiene una porfiada tendencia a la mala conducta.
Donde menos se espera, salta la rebelión y ocurre la dignidad.
En las montañas de Chiapas, por ejemplo.
Largo tiempo callaron los indígenas mayas.
La cultura maya es una cultura de la paciencia, que sabe esperar.
Ahora, ¿cuánta gente habla por esas bocas?
Los zapatistas están en Chiapas, pero están en todas partes.
Son pocos, pero tienen muchos embajadores espontáneos.
Como nadie nombra a esos embajadores, nadie puede destituirlos.
Como nadie les paga, nadie puede contarlos. Ni comprarlos.
El desafío, Eduardo Galeano [1]
El 17 de noviembre del 2013 se cumplen 30 años de la formación del Ejército Zapatista de Libera ción Nacional (EZLN), y el 1 de enero del 2014 se celebrarán 20 años de su aparición pública. Como una forma de homenaje a los hombres y mujeres que hicieron que el grito de YA BASTA retumbara por todo el mundo, hoy iniciamos una serie de entregas que pretenden ser una breve revisión histórica de los actores que se entrelazaron para dar origen al EZLN.
Para hacerlo se ha recurrido a diversas fuentes, pero sobre todo a los escritos, entrevistas y comunicados que los propios neozapatistas han generado.
El texto se divide en tres apartados: I. El núcleo guerrillero, II. La resistencia milenaria y III. La opción por los pobres
Es necesaria una aclaración: no ha sido nuestra intensión hablar por los zapatistas, ellos y ellas han contado su historia. Nuestro único objetivo aquí es contribuir a la difusión de su experiencia, esa que sin duda alguna representa la alternativa más avanzada en el mundo. Esperemos que estás líneas también sirvan para alimentar la historia del otro mundo posible que aún se encuentra en construcción.
I. El “núcleo guerrillero” [2]
Es 1968 y la Union de Republicas Socialistas Soviéticas (URSS) y los Estados Unidos de América (EUA) se disputan la hegemonía mundial en una guerra disfrazada: la “Guerra Fría”. En Checoslovaquia la “Primavera de Praga” muestra al mundo el autoritarismo y la burocracia del “socialismo realmente existente”. Los manifestantes pugnan por un “socialismo con rostro humano”, pero sobre todo democrático. La respuesta de la URSS y sus aliados es la invasión del país. En Francia el “Mayo francés” evidencia –entre muchas otras cosas–, un rechazo generalizado a la sociedad de consumo.
Es 1968 y las Américas también están inquietas.
En América Latina el triunfo de la revolución cubana sigue despertando expectativas y miles de jóvenes engrosan las filas de los movimientos y partidos revolucionarios. En EUA Martin Luther King –líder del movimiento por los derechos civiles– es asesinado y las manifestaciones contra la invasión a Vietnam polarizan aún más la sociedad norteamericana.
Es 1968, México será la sede de los Juegos Olímpicos y en el mes de julio estalla uno de los movimientos estudiantiles más importantes de su historia. Las condiciones políticas y sociales del país hacen que un conflicto que parecía menor rápidamente encuentre dimensiones nacionales. México está nuevamente a tono –como lo fue durante la revolución de 1910– con el descontento social que recorre el mundo. Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez –Presidente y Secretario de Gobernación de México, respectivamente– ordenan reprimir una manifestación estudiantil.
El 2 de octubre grupos militares y paramilitares atacan a los manifestantes en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco, Ciudad de México; provocando cientos de muertos, desaparecidos y lesionados
Es 1969 y el mundo no es el mismo después de la “Revolución Cultural” de 1968, como la llamo Hobsbawm [3]. Es 1969 y México aun duele: muchas familias buscan a sus hijos e hijas desde aquel 2 de octubre en que no regresaron a sus casas. Mientras tanto, el gobierno mexicano justifica la masacre argumentando que la primera agresión salió de los estudiantes, que había extranjeros interesados en desestabilizar el país y que el fantasma del comunismo estaba detrás de las protestas.
Cientos de jóvenes que hab&ia cute;an participado en las movilizaciones estudiantiles concluyeron que no lograrían transformar a México por la vía institucional. Para muchos de ellos y ellas la vía pacífica estaba agotada y era hora de pasar a una siguiente etapa: la vía armada.
El 6 de agosto de 1969 en Monterrey, Nuevo León, fueron fundadas las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN). A la cabeza del grupo se encontraban los hermanos Cesar Germán y Fernando Yáñez Muñoz, Alfredo Zárate y Raúl Pérez Vázquez.
El grupo tenía la estrategia de acumular fuerzas en silencio y de no enfrentarse con las fuerzas del Estado. En 1972 Cesar Germán Yáñez se estableció en el estado de Chiapas en el campamento denominado “El Diamante” donde operaba el “Núcleo Guerrillero Emiliano Zapata (NGEZ)”.
Cinco años después de su fundación, las FLN contaban con redes en Tabasco, Puebla, Estado de México, Chiapas, Veracruz y Nuevo León [4]
Si bien las FLN tenían una ideología marxista-leninista, el grupo distaba mucho de caer en el dogmatismo. Desde su fundación, las FLN se plantearon como objetivo general la crea ción de un ejército y adoptaron como lema la frase del independentista Vicente Guerrero: “Vivir por la patria o morir por la libertad”
El 14 de febrero de 1974 las FLN fueron atacadas por policías y militares en una de sus principales casas de seguridad: “La casa grande”, ubicada en San Miguel Nepantla, Estado de México. En el operativo participó Mario Arturo Acosta Chaparro, uno de los principales actores de la guerra sucia en México y quien después fue acusado en varias ocasiones por tener vínculos con el crimen organizado.
En “La casa grande” fueron asesinados 5 guerrilleros y otros 16 fueron apresados. La persecución contra el FLN se extendió hasta Ocosingo, Chiapas, donde fue atacado el campamento “El diamante” y varios miembros del NGEM fueron asesinados; algunos más alcanzaron a escapar, entre ellos Cesar Germán Yáñez. “Versiones periodísticas –escribe Laura Castellanos– aseguran que a mediados de abril de 1974, el grupo sobreviviente encabezado por Cesar Germán fue aniquilado por el ejército en plena selva. Su hermano Fernando se traslado entonces a Chiapas y con una brigada lo busco a él y a su grupo sin fortuna” [5]
De 1974 a 1983 la historia de las FLN es un tanto confusa, pues no existen muchos registros de aquella etapa. Durante esta época las FLN realizan incursiones de forma más constante en la Selva Lacandona y reinician la etapa de reclutamiento.
Se reclutó a muchos estudiantes de universidades en las que el marxismo cobraba mucha fuerza, como fue el caso de la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad Autónoma de Chapingo. Igualmente, durante este periodo (1974-1983) muchas de las actividades de las FLN fueron en el estado de Chiapas.
En 1977, por ejemplo, montaron un campamento en Huitiupán, y un año más tarde instalaron una casa de seguridad en San Cristóbal de las Casas
El trabajo que realizaron las FLN en Chiapas les permitió ir construyendo redes de solidaridad con organizaciones locales que tenían un trabajo previo con los indígenas de la región: grupos de corte ma oísta, personas que impulsaban la formación de cooperativas e indígenas que habían sido animados a desarrollar trabajo comunitario desde la iglesia católica, impulsados principalmente por el obispo Samuel Ruíz
Las experiencias armadas en Centroamérica como el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador, el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua o la guerra civil que duró más de treinta años en Guatemala reavivaron la intención de las FLN de conformar un ejército –no un grupo guerrillero, sino un ejército regular– y el trabajo exitoso en Chiapas hizo que desde 1980 comenzara a figurar el acrónimo FLN-EZLN en los documentos de la guerrilla.
Sin embargo, es hasta el 17 de noviembre de 1983 cuando, ayudados nuevamente por un grupo de indígenas politizados y con amplia experiencia organizativa –del que más tarden surgirán mandos como el Mayor Mario o la Mayor Yolanda– y reforzados por los nuevos militantes de las universidades, se estableció el primer campamento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional denominado “La Garrapata” [6]
Entrevistado por Yvon Le Bot y Maurice Najman, el S ubcomandante Insurgente Marcos explicó que los tres grandes componentes del EZLN son “un grupo político-militar, un grupo de indígenas politizados y muy experimentados, y un movimiento indígena de la Selva” [7].
Ese tercer grupo al que se refiere Marcos comienza a ser parte crucial de la organización después de 1983, etapa en la que el EZLN inició una segunda fase de “acumulación de fuerzas en silencio”; pero en esta ocasión buscando combatientes principalmente entre los indígenas de la región que no tenían experiencias previas de militancia política. Para esta tarea, los indígenas politizados fungieron como puente, pues además de la barrera cultural –en la que el lenguaje significó un gran obstáculo– el hermetismo y la desconfianza –originados por siglos de opresión y desprecio– de los indígenas dificultó el acceso de los mestizos a las comunidades.
Los primeros integrantes del EZLN que se adentraron a la selva Lacandona pronto empezaron a vivir una realidad distinta y muy ajena a la que su adscripción ideológica le permitía ver.
Los primeros años no sólo no se construía confianza con los ind ígenas, todo lo contrario: “A veces nos perseguían porque decían que éramos robavacas, o bandidos o brujos. Muchos de los que ahora son compañeros o inclusive comandantes del Comité, nos perseguían en aquella época porque pensaban que éramos gente mala” [8]
El contacto con las comunidades indígenas originó una especie de conversión del grupo original. Marcos narra este proceso de la siguiente forma:
“Sufrimos realmente un proceso de reeducación, de remodelación. Como si nos hubieran desarmado. Como si nos hubiesen desmontado todos los elementos que teníamos –marxismo, leninismo, socialismo, cultura urbana, poesía, literatura-, todo lo que formaba parte de nosotros, y también cosas que no sabíamos que teníamos. Nos desarmaron y nos volvieron a armar, pero de otra forma. Y esa era la única manera de sobrevivir”[9]
Como señalamos líneas arriba, el trabajo que el núcleo guerrillero de las FLN desarrolló en Chiapas sólo pudo madurar y convertirse en el EZLN gracias a la cosmovisión y tradición de resistencia de diferentes grupos indígenas, sobre este asunto abundaremos en la siguiente entrega
[1] Galeano, E. (1995) “El desafío. Mensaje enviado al Segundo Diálogo de la Sociedad Civil”. En Clajadep, ;Red de divulgación e intercambios sobre autonomía y poder popular.
[2] Una primera versión de este apartado fue publicada en 2012 en el periódico digital Rebelión. La versión que aquí publicamos contiene elementos nuevos.
[3] Hobsbawm, E. (1998) Historia del siglo XX. Argentina: Grijalbo.
[4] Castellanos, L. (2008) México armado 1943-1981. México: Era, p. 244.
[5] Castellanos, L. (2008), Op. cit., p. 247.
[6] Cfr. Morquecho, G. (2011) “La Garrapata en el Chuncerro, cuna del EZLN” [en línea]. En Agencia Latinoamericana de Información, 15 de noviembre. Disponible en: http://alainet.org/active/50889&lang=es [Consulta: 13 de noviembre de 2012].
[7] Le Bot, Y. (1997) Subcomandante Marcos. El sueño zapatista. Entrevistas con el Subcomandante Marcos, el mayor Moisés y el comandante Tacho, del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. México: Plaza & Janés, p. 123.
[8] Ibídem, pp. 137-138.
[9] Ídem., p. 1 51
23 nov 2013
22 nov 2013
"Bancarización”: o el cinismo como cultura política.
PUBLICADO POR GERARDO BLEIER
"Bancarización”: o el cinismo como cultura política.
Los desafíos de la izquierda de América del Sur en el Siglo XXI (Micropolítica I)
Lo que el proyecto de ley de “bancarización” que el Poder Ejecutivo de Uruguay remitió en octubre de 2013 al Poder Legislativo pone en juego es mucho y muy hondo. Es por esa razón que el análisis del mismo es incluido en estos apuntes titulados “Los Desafíos de la izquierda de América del Sur en el Siglo XXI”, “El Uruguay como modelo”, en el contexto de la serie MICROPOLÍTICA, dedicada a analizar aspectos contingentes del complejo arte de gobernar.
No obstante, se advierte al lector que algunos de los comentarios de esta sección responden a las urgencias de un debate político – cultural que serán depurados para su versión definitiva en libro.
Capítulo I
“Bancarización”: o el cinismo como cultura política.
El Poder Ejecutivo de Uruguay remitió recientemente al parlamento un proyecto de ley así titulado: DISPOSICIONES PARA FOMENTAR LA INCLUSIÓN FINANCIERA Y EL USO DE MEDIOS DE PAGO ELECTRONICOS.
En sucesivas notas se analizarán aquí aspectos vinculados a la iniciativa y reflexiones de carácter político – cultural que la misma estimula a abordar.
No obstante, para ser claros desde el principio conviene señalar que el proyecto también denominado de “bancarización” está concebido para favorecer a dos o tres bancos privados de capitales internacionales de plaza, en particular, por su posición en el mercado del crédito al consumo al Scotiabank, (Nuevo Banco Comercial), propietario de Pronto, la empresa de intermediación financiera que más denuncias recibe en Defensa del Consumidor.
Para justificar el proyecto se esgrime una dosis muy ingeniosa de lugares comunes entre las cuales que contribuirá a reducir las tasas de interés.
El nivel de competencia entre instituciones del sistema financiero uruguayo es extremadamente alto. El proyecto de “bancarización” que el Poder Ejecutivo ha remitido al Parlamento, por ello, no será relevante en cuanto a la reducción de los intereses que se cobran en el país por el otorgamiento de créditos al consumo.
Mucho menos relevante, posiblemente nulo, será el efecto que tendrá el proyecto sobre los intereses de mora que cobran algunas instituciones de intermediación financiera que funcionan en lógica “prestamista” o directamente los prestamistas, y es todavía improbable que reduzca el número de personas que recurren a esas formas de financiación por no tener acceso a otras modalidades.
Ocurriría como hasta el presente, que una vez agotadas las formas de acceso al crédito en instituciones formales controladas recurran a esas modalidades donde ciertamente suelen ser esquilmados. No será está ley la que resuelva ese drama.
Las tasas de interés y los intereses de mora entonces, ambos seguirán moviéndose dentro de los parámetros que fija el Banco Central de Uruguay para las instituciones más controladas y estirarán el margen de maniobra legal aquellas que no están sometidas a controles tan rigurosos.
Las tasas de interés en Uruguay, como en cualquier otro país con mercados no superiores a decenas de millones de personas se establecen más por razones externas que como resultado de la oferta y la demanda, lo que no quiere decir que ésta no influya en un porcentaje de esas tasas de interés.
Aunque la iniciativa es extremadamente rica en contradicciones se comienza por aquí el análisis del proyecto puesto que de modo engañoso es lo que se presenta (así se hizo en el Consejo de Ministros) como su principal objetivo.
Lo que el proyecto denominado de bancarización según sus promotores del Ministerio de Economía se propone es extender el uso de sistemas de pago y débito electrónicos a toda la población económicamente activa, reducir el uso de dinero contado por parte de la población e impulsar la reducción de la evasión con estímulos tales como la baja del IVA para quienes pagan lo que consumen con tarjetas de crédito o debito asociadas directamente a las cuentas personales donde se depositarán obligatoriamente los salarios y pasividades.
Una vez que los ciudadanos accedan al sistema bancario, que éste comience a conocer sus hábitos y capacidad de consumo las instituciones estarán en condiciones de orientarlos en la utilización más intensa de sus servicios y estimularlos al consumo en tal o cual dirección así como a la utilización de otros productos.
La aprobación del proyecto no fomentará el ahorro, pese a que de modo más bien cínico la exposición de motivos le adjudica también esa intención.
Todo lo contrario, la aprobación del proyecto tal y como fue redactado empujará el endeudamiento por encima de sus posibilidades de los sectores más vulnerables de la población.
Según el discurso oficial el proyecto de bancarización pretende fomentar “la inclusión financiera” y el uso de medios de pago electrónicos.
“Un sistema financiero inclusivo permite alcanzar un mayor volumen de operaciones, generando así ganancias de eficiencia derivadas de las economías de escala que se producen” dice la exposición de motivos del proyecto ahora a consideración de la voluntad popular expresada en el Parlamento de la República.
Y ello es correcto. Es precisamente por esa razón que NO es necesario que el proyecto beneficie especialmente a dos o tres bancos privados de capitales internacionales además concediéndoles una prerrogativa que el Uruguay le había dado únicamente a las cooperativas de ahorro y crédito, al BROU, el Banco Hipotecario e instituciones similares como ANDA, precisamente para favorecer su desarrollo de modo de facilitarles la competencia con multinacionales que por escala y disponibilidad de recursos se encuentran en condiciones de crear un oligopolio en el mercado del crédito al consumo y otros servicios financieros.
Estudiado el proyecto es entendible ahora por qué ha habido una sistemática campaña de desprestigio contra el cooperativismo de ahorro y crédito y sus principales líderes, (no contra las empresas de intermediación financiera que utilizan el prestigio del cooperativismo sino contra las cooperativas de ahorro y crédito) utilizando incluso el MEF a través de la Auditoría Interna de la Nación procedimientos irregulares e ilegales que más adelante analizaremos.
Como si lo anterior fuese poco, antes de continuar describiendo los rasgos principales del proyecto me parece pertinente señalar que todo el discurso ideológico con el que se pretende “empaquetar” la iniciativa, nunca mejor usado ese término, me parece un grave retroceso en la cultura política de la izquierda.
Ya veremos por qué. Adelanto no obstante que en mi opinión el sistema financiero y los mercados de acciones y bonos son una parte constitutiva de la economía capitalista y que cuando funcionan bien cumplen un rol importante en el desarrollo de modelos de ahorro, satisfacción de necesidades y estímulo al emprendedurismo de los individuos.
Se expresa esto porque no se seguirá aquí uno de esos discursos especializados en demonizar algo, una institución, una nación, una idea, un conjunto de acontecimientos, frecuentemente para evitarse el esfuerzo de analizar la complejidad de los fenómenos históricos y sus causas profundas.
Esa lógica de la demonización perturba siempre la capacidad de enfrentar los más graves dilemas que para alcanzar el fin de la igualdad entre los hombres se presentan a la izquierda.
Lo que ocurre es que la “mimetización” con discursos propios de las clases privilegiadas de la sociedad derivan también en un retroceso en el proceso de transformación de la sociedad. Y eso es lo que, por decir lo menos, ocurre con este proyecto.
Ahora continuemos.
En su edición del 31 de octubre, el semanario Búsqueda informa que “los trabajadores y pasivos que perciban su remuneración o prestación a través de acreditación en cuenta en una institución de intermediación financiera podrán acordar con esa entidad el otorgamiento de un “crédito de nómina” y autorizar a su empleador, instituto de seguridad social o compañía de seguro a realizar el descuento legal sobre su salario o pasividad de las sumas necesarias para el pago de las cuotas respectivas” de ese denominado crédito de nómina.
Este es el corazón del proyecto.
Sigue explicando el semanario que “el proyecto fija ciertas limitaciones a este tipo de préstamos: que sea otorgado en la moneda en que la persona percibe la remuneración o prestación; que el valor de la cuota o la suma de las mismas (en caso de ser más de una) no supere el 20% de los haberes mensuales y que la tasa de interés implícita del crédito no supere en más de 10% la tasa media del mercado.
La iniciativa habilita a los bancos privados a dar estos créditos de nómina, facultad que hasta el presente tenían únicamente el BROU, las Cooperativas de Ahorro y Crédito (puesto que son las únicas que cuando el mercado atraviesa períodos de crisis o desaceleración económica están ahí para resolver necesidades de sus socios, como la adquisición de un medicamento por citar un caso extremo).
El proyecto, sintetiza también Búsqueda, establece un “mínimo intangible” que no podrá ser pasible de ser utilizado por ninguna institución financiera para cobrarse créditos de cualquier naturaleza. Establece que “ningún individuo podrá recibir por concepto de retribución salarial o pasividad una cantidad en efectivo inferior a 30% del monto nominal, deducidos impuestos y contribuciones especiales a la seguridad social. Ese porcentaje se elevará a 40% desde enero de 2015 y a 50% un año después.
Este es un asunto muy delicado porque el Estado se concede el derecho a disponer hasta cuánto dinero puede un trabajador disponer de su propio salario pero demos por bueno que la intención es loable: pretende evitar que el asalariado o el pasivo se endeude por encima de sus posibilidades de repago por lo menos mediante el uso de estos créditos de nómina. Naturalmente cuando el trabajador o el pasivo no puedan disponer de una parte de su salario o prestación para volver a solicitar un crédito porque han alcanzado un tope, si necesitan un remedio para un nieto van a recurrir a otras formas de obtención de dinero que es lo que el proyecto dice que quiere evitar que ocurra…
En fin, a vuelo de pájaro, para enunciar asuntos que serán tratados en próximos artículos es bueno indicar que el proyecto remitido por el Poder Ejecutivo si es votado tal y como fue enviado (lo que me cuesta mucho creer) va a hacer un poquitín más ricos a los accionistas del Scotiabank (el de los aviones de PLUNA) y no va a resolver sustancialmente ningún asunto vinculado a la igualdad, ni siquiera en relación al acceso al crédito o la utilización de modernas tecnologías. Eso sí, quizá nos permita debatir asuntos tan delicados como cual es la diferencia entre poderes democráticos, poderes constituidos, poderes fácticos y poderes económicos; entre modernización capitalista y proyecto nacional de desarrollo, entre igualdad y consumismo… etcétera.
(Continuará en los próximos días)
GB
PUBLICADO POR GERARDO BLEIER
GIGANTE CON CAMBIOS
GIGANTE CON CAMBIOS
China anunció un plan de reformas económicas y sociales
15.11.2013
PEKÍN (Uypress) — El gobierno de China dio a conocer este viernes un profundo plan de reformas económicas y sociales que incluye abolir los campos de trabajo, reducir los delitos de pena de muerte y ajusten en la ley del hijo único.
El anuncio fue realizado por el Partido Comunista tras cuatro días de cónclave de sus principales líderes y difundido por la agencia oficial Xinhua.
Las medidas que deberán llevar a cabo el presidente de China Xi Jinping y el primer ministro Li Keqiang, implicarán reformas a los registros de tierras y de residencia, con el objetivo de aumentar la población urbana en el gigante asiático e incluso permitir una transición hacia a una economía más cercana al impulso del consumo.
Los precios de combustibles, electricidad y otros recursos clave serán decididos principalmente por los mercados y se espera una mayor liberalización financiera, informaron agencias internacionales.
Otras medidas que pueden leerse como una respuesta a los cuestionamientos sobre violaciones a los derechos humanos en China, se anunció la abolición de los campos de trabajo (conocidos en China como "laogai") y la reducción de la pena de muerte, además de medidas para la reinserción de delincuentes.
Asismismo, el país "trabajará para prohibir la obtención de confesiones mediante la tortura y el abuso físico", señala el documento y "se pedirá a los tribunales que sean estrictos y no acepten evidencias obtenidas ilegalmente".
El documento de PC chino establece que se modificará la "política de hijo único": se autorizará "a tener dos hijos si uno de los cónyuges no tiene hermanos".
ac
China anunció un plan de reformas económicas y sociales
15.11.2013
PEKÍN (Uypress) — El gobierno de China dio a conocer este viernes un profundo plan de reformas económicas y sociales que incluye abolir los campos de trabajo, reducir los delitos de pena de muerte y ajusten en la ley del hijo único.
El anuncio fue realizado por el Partido Comunista tras cuatro días de cónclave de sus principales líderes y difundido por la agencia oficial Xinhua.
Las medidas que deberán llevar a cabo el presidente de China Xi Jinping y el primer ministro Li Keqiang, implicarán reformas a los registros de tierras y de residencia, con el objetivo de aumentar la población urbana en el gigante asiático e incluso permitir una transición hacia a una economía más cercana al impulso del consumo.
Los precios de combustibles, electricidad y otros recursos clave serán decididos principalmente por los mercados y se espera una mayor liberalización financiera, informaron agencias internacionales.
Otras medidas que pueden leerse como una respuesta a los cuestionamientos sobre violaciones a los derechos humanos en China, se anunció la abolición de los campos de trabajo (conocidos en China como "laogai") y la reducción de la pena de muerte, además de medidas para la reinserción de delincuentes.
Asismismo, el país "trabajará para prohibir la obtención de confesiones mediante la tortura y el abuso físico", señala el documento y "se pedirá a los tribunales que sean estrictos y no acepten evidencias obtenidas ilegalmente".
El documento de PC chino establece que se modificará la "política de hijo único": se autorizará "a tener dos hijos si uno de los cónyuges no tiene hermanos".
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21 nov 2013
BACHELET: EL REGRESO DE LA MATRIA GRANDE
BACHELET: EL REGRESO DE LA MATRIA GRANDE
Luego de tres años en Nueva York como funcionaria de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet volvió a Chile para disputar las elecciones. Obtuvo el 46,7% de los votos contra 25 % de la oficialista Evelyn Matthei, con quien jugaba cuando era chica. Nadie duda que ganará el ballotage pero esta vez su triunfo no tiene el encanto épico de la primera vez. Frente a una ciudadanía más exigente y activa, la candidata sabe que no podrá evadir ciertas reformas estructurales como el sistema educacional y la reforma tributaria; además del compromiso de crear una nueva Constitución.
Por: Patricio Fernández
—Se lo dije a cuánta persona pasó por allá, en comidas, en discusiones: ‘yo creo que es hora de recambio’. Se lo dije a usted mismo en una entrevista. Pero no sucedió y por eso estoy aquí.
Michelle Bachelet llegó de su estadía en Nueva York con un corte de pelo nuevo, más anguloso y formal. Lucía un traje rojo de dos piezas. Según ella misma confesó entonces, más funcionaria de Naciones Unidas que candidata presidencial.
— Usted podría haberse negado.
—Si hubiera nacido distinta, probablemente. Pero parece que en mi leche materna venían las palabras “deber” y “responsabilidad”.
Los años en que la candidata no estuvo en Chile (2011-2012) fueron sin duda los de mayor agitación social desde la caída de Pinochet. Cientos de miles de personas salieron a marchar. La educación fue la causa más bulliciosa, pero no la única. No se trató exclusivamente de un malestar con el gobierno de Sebastián Piñera, el primero de la derecha en democracia, sino de una queja mayor, enraizada principalmente en la gigantesca desigualdad de ingresos. De ingresos y de poder. Unos pocos grupos económicos concentran casi todo el dinero. Si preguntan por el dueño de algún gran almacén, de los medios de comunicación, de las minas, y de cualquier cosa grande, menos de cinco nombres se repetirán todo el tiempo. El resto se desarrolló con “el chorreo” (derrame), a ratos incluso excitante y obnubilador. Nos convertimos en los paladines del neoliberalismo, mientras dejábamos resquebrajarse los pilares de lo público. La comunidad se atomizó, las marchas salieron a reclamar de nuevo el ánimo de avanzar más juntos, alegando la reconstrucción de algo que nos recuerde que no estamos solos. Muchas de las protestas apuntaban con el dedo a la Concertación. El conglomerado que alguna vez fue sinónimo de democracia, se había convertido con el paso del tiempo en un cosmos cerrado, cada vez más viejo y lento, al que no dejaron entrar la vida que se multiplicaba a su alrededor. Las protestas del 2011, también fueron contra eso. La gente quería volver a ser escuchada. Algo tenían que decir en lo que a sus propias vidas respecta.
Bachelet no estuvo cuando esto detonó. En el caso de los estudiantes, sin embargo, el movimiento había comenzado durante su gobierno, en 2006, con el Pingüinazo. A los secundarios se les llama “Pingüinos” (eso parecen con su uniforme). Cinco años después, renacía el movimiento estudiantil, esta vez encabezado por los universitarios. Ella no fue precisamente un objeto de su devoción. Más de un cartel la atacaba. En ninguna de estas marchas se dejaban ver los rostros emblemáticos de la Concertación, ni banderas de sus partidos. Antes de asomarse entre la multitud, se morían de miedo.
Al mismo tiempo, Bachelet crecía (incomprensiblemente) en las encuestas. Ellas fueron, en último término, quienes la trajeron de vuelta.
—Tal vez, en unos años más, analistas escriban sobre esto y se expliquen esta curiosa situación de una persona que está afuera, pero que está súper presente en la conversación, en el discurso, en la cotidianeidad, siendo que yo intenté ser prudente y dejar que todo el mundo hiciera lo que tenía que hacer acá, intenté no interferir, etc. Se dijo que mi presencia impedía el surgimiento de nuevos liderazgos y yo me fui a 10 horas de viaje en avión, y sin embargo, curiosamente, parece que estuve más presente que nunca.
Cuando la entrevisté, a comienzos de año, los grandes medios nacionales como La Tercera y El Mercurio competían ansiosos por la primicia, pero ella eligió una revista alternativa como The Clinic para hablarle a la prensa por primera vez desde su regreso. El hecho en sí constituyó una noticia. Fue un golpe a la cátedra.
El mundo político chileno no hacía más que hablar de ella. La derecha suponía que era la carta tapada y muda de un plan bien urdido entre la candidata y sus partidos, pero hasta bastante entrada la campaña, en las dependencias del Partido Socialista, nadie sabía nada. Ni siquiera hoy saben. Bachelet llegó más hermética que nunca. Su núcleo de confianza son un par de amigas con que veranea hace décadas en el lago Caburgua, en unas pequeñas casas de madera, y dos profesionales jóvenes que morirían antes de darle la espalda. No aterrizó con un plan pre diseñado ni nada que se le parezca.
—Lo entiendo, ellos han estado hablando tres años de que yo soy candidata. Pero yo no he estado de candidata. Tengo que organizarme, buscar los equipos, no sé qué, no sé cuánto, mientras todo el mundo estaba convencido de que yo tenía todo armado, y que durante tres años estuve trabajando en esto.
Desde abril a estas elecciones han transcurrido siete meses. La derecha ha cambiado tres veces de candidato. Uno de ellos renunció por depresión. Finalmente se decidieron por Evelyn Matthei. Podría ser la trama de una teleserie, o de una gran novela, o de unas Vidas Paralelas de Plutarco. Evelyn y Michelle.
Evelyn era la hija del general Fernando Matthei, amigo de Alberto Bachellet (padre de Michelle), y miembro de la Junta de Gobierno.
De niñas coincidieron en el cuartel de Cerro Moreno, a una le gustaba el piano y a la otra la guitarra, una estudió Ingeniería Comercial y la otra medicina, después vino el golpe, y a una le rompieron la guitarra en la cabeza mientras la otra interpretaba los Nocturnos de Chopin. Michelle: torturada, exiliada y socialista. Evelyn: un rostro de la dictadura. En la votación, con casi todos las mesas escrutadas, la pianista sacó un 25,04% de las preferencias y un 46,75% la guitarrera.
Muchos esperaban que la elección se resolviera en primera vuelta, pero la existencia de otros ocho candidatos, siete de los cuales comparten los afanes reformistas de Bachelet, y la implementación del voto voluntario, lo impidieron. Nadie duda que ganará en el ballotage, ni siquiera sus más encarnados opositores. Está menos dicharachera. Se ha ido volviendo, también, una mujer de Estado. Alguien me dijo que ahora separaba más lo público de lo privado. Casi no hace chistes espontáneos. “No volverá a ser la de antes; ahora tiene la tristeza del cargo”, me dijo una de las colaboradoras de ese círculo estrecho.
A mediados de octubre la seguí de cerca en un acto de campaña. Cuando aparecieron las bailarinas con unos jeans cortísimos y bailando “dale cuerda a la cadera”, ella también bailó, pero ya no era una más en la fiesta. Esta vez su triunfo no contiene el encanto épico. No se trata de “terminar con la patria para comenzar la matria”, como gritó desde un escenario la actriz Malucha Pinto el día en que Michelle fue electa por primera vez. En esta vuelta son muchas las demandas planteadas, es menor la fuerza moderadora de los partidos (harto deslegitimados). Existe una ciudadanía más exigente y activa, y ella sabe que no podrá evadir ciertas reformas estructurales. Se comprometió a transformar de raíz el sistema educacional, a una profunda reforma tributaria y, como si fuera poco, a la creación de una nueva Constitución.
Los resultados parlamentarios ratifican que todas estas demandas han tomado una fuerza incontestable. Prácticamente todos los dirigentes estudiantiles que encabezaron el movimiento social de los últimos años y que se presentaron como candidatos al parlamento -Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Gabriel Boric, etc.-, fueron electos con mayorías importantes. Exactamente lo contrario sucedió con algunos de los rostros más emblemáticos de la política nacional de las últimas décadas. Se hizo sentir fuerte la demanda por renovación.
Los políticos chilenos por fin dejaron de ningunear a la Bachelet. Durante mucho tiempo quisieron creer que se trataba de un fenómeno superficial, un capricho de las muchedumbres, alguien sin peso específico. A comienzos de su presidencia, hizo público su desagrado con el machismo del mundo del poder, al hablar de “femicidio político”. Es cierto que es desconfiada. En torno suyo cunde el sigilo. La lealtad que ella pide no admite matices. Su relación con los partidos que la apoyan ha sido displicente. Sabe que dependen de ella. Consiguió aunar en torno suyo desde la Democracia Cristiana hasta los comunistas, incluyendo a buena parte del movimiento estudiantil. Sus detractores reclaman que se ha expuesto poco, que evita debatir con sus contrincantes, que no ha sido clara respecto de su programa. Y, efectivamente, esta Bachelet ha sido más protegida que la anterior. Ya no irradia la frescura de entonces, y no pretende fingir inocencia ni una falsa espontaneidad.
—¿Usted por qué cree que concita tanto apoyo?
—Lo primero que debiera decirle es que nunca he buscado el poder. Jamás en mi vida pretendí ser presidenta de la república. La vida me ha ido poniendo en posiciones destacadas. Y yo creo que la gente se da cuenta de eso. De que aquí hay una intención genuina, más allá de si ha resultado o no lo que he intentado hacer.
Cumplió 62 años en septiembre. En marzo próximo, salvo que algo muy sorprendente lo impida, asumirá por segunda vez la presidencia del país. Las aguas no están quietas. El domingo de las votaciones, un grupo de jóvenes anarquistas, entre los que se encontraba la nueva presidenta de los estudiantes de la Universidad de Chile, tomó la sede de su comando. En el discurso que dio esa noche a sus adherentes, con un ánimo más entusiasta que el que dejaban ver sus colaboradores, dijo: “No ofrecemos un camino corto ni creemos que las tareas se puedan completar de un día para otro. Sabemos que no va a ser fácil. Pero eso no nos desalienta. Porque las grandes tareas de un país son siempre complejas, y requieren de unidad, paciencia, diversidad y voluntad”. No será un gobierno fácil. Lo sabe. Pero a Michelle Bachelet –lo ha dicho muchas veces- lo que más le gusta es bailar. Y en Chile la música está sonando fuerte.
Luego de tres años en Nueva York como funcionaria de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet volvió a Chile para disputar las elecciones. Obtuvo el 46,7% de los votos contra 25 % de la oficialista Evelyn Matthei, con quien jugaba cuando era chica. Nadie duda que ganará el ballotage pero esta vez su triunfo no tiene el encanto épico de la primera vez. Frente a una ciudadanía más exigente y activa, la candidata sabe que no podrá evadir ciertas reformas estructurales como el sistema educacional y la reforma tributaria; además del compromiso de crear una nueva Constitución.
Por: Patricio Fernández
—Se lo dije a cuánta persona pasó por allá, en comidas, en discusiones: ‘yo creo que es hora de recambio’. Se lo dije a usted mismo en una entrevista. Pero no sucedió y por eso estoy aquí.
Michelle Bachelet llegó de su estadía en Nueva York con un corte de pelo nuevo, más anguloso y formal. Lucía un traje rojo de dos piezas. Según ella misma confesó entonces, más funcionaria de Naciones Unidas que candidata presidencial.
— Usted podría haberse negado.
—Si hubiera nacido distinta, probablemente. Pero parece que en mi leche materna venían las palabras “deber” y “responsabilidad”.
Los años en que la candidata no estuvo en Chile (2011-2012) fueron sin duda los de mayor agitación social desde la caída de Pinochet. Cientos de miles de personas salieron a marchar. La educación fue la causa más bulliciosa, pero no la única. No se trató exclusivamente de un malestar con el gobierno de Sebastián Piñera, el primero de la derecha en democracia, sino de una queja mayor, enraizada principalmente en la gigantesca desigualdad de ingresos. De ingresos y de poder. Unos pocos grupos económicos concentran casi todo el dinero. Si preguntan por el dueño de algún gran almacén, de los medios de comunicación, de las minas, y de cualquier cosa grande, menos de cinco nombres se repetirán todo el tiempo. El resto se desarrolló con “el chorreo” (derrame), a ratos incluso excitante y obnubilador. Nos convertimos en los paladines del neoliberalismo, mientras dejábamos resquebrajarse los pilares de lo público. La comunidad se atomizó, las marchas salieron a reclamar de nuevo el ánimo de avanzar más juntos, alegando la reconstrucción de algo que nos recuerde que no estamos solos. Muchas de las protestas apuntaban con el dedo a la Concertación. El conglomerado que alguna vez fue sinónimo de democracia, se había convertido con el paso del tiempo en un cosmos cerrado, cada vez más viejo y lento, al que no dejaron entrar la vida que se multiplicaba a su alrededor. Las protestas del 2011, también fueron contra eso. La gente quería volver a ser escuchada. Algo tenían que decir en lo que a sus propias vidas respecta.
Bachelet no estuvo cuando esto detonó. En el caso de los estudiantes, sin embargo, el movimiento había comenzado durante su gobierno, en 2006, con el Pingüinazo. A los secundarios se les llama “Pingüinos” (eso parecen con su uniforme). Cinco años después, renacía el movimiento estudiantil, esta vez encabezado por los universitarios. Ella no fue precisamente un objeto de su devoción. Más de un cartel la atacaba. En ninguna de estas marchas se dejaban ver los rostros emblemáticos de la Concertación, ni banderas de sus partidos. Antes de asomarse entre la multitud, se morían de miedo.
Al mismo tiempo, Bachelet crecía (incomprensiblemente) en las encuestas. Ellas fueron, en último término, quienes la trajeron de vuelta.
—Tal vez, en unos años más, analistas escriban sobre esto y se expliquen esta curiosa situación de una persona que está afuera, pero que está súper presente en la conversación, en el discurso, en la cotidianeidad, siendo que yo intenté ser prudente y dejar que todo el mundo hiciera lo que tenía que hacer acá, intenté no interferir, etc. Se dijo que mi presencia impedía el surgimiento de nuevos liderazgos y yo me fui a 10 horas de viaje en avión, y sin embargo, curiosamente, parece que estuve más presente que nunca.
Cuando la entrevisté, a comienzos de año, los grandes medios nacionales como La Tercera y El Mercurio competían ansiosos por la primicia, pero ella eligió una revista alternativa como The Clinic para hablarle a la prensa por primera vez desde su regreso. El hecho en sí constituyó una noticia. Fue un golpe a la cátedra.
El mundo político chileno no hacía más que hablar de ella. La derecha suponía que era la carta tapada y muda de un plan bien urdido entre la candidata y sus partidos, pero hasta bastante entrada la campaña, en las dependencias del Partido Socialista, nadie sabía nada. Ni siquiera hoy saben. Bachelet llegó más hermética que nunca. Su núcleo de confianza son un par de amigas con que veranea hace décadas en el lago Caburgua, en unas pequeñas casas de madera, y dos profesionales jóvenes que morirían antes de darle la espalda. No aterrizó con un plan pre diseñado ni nada que se le parezca.
—Lo entiendo, ellos han estado hablando tres años de que yo soy candidata. Pero yo no he estado de candidata. Tengo que organizarme, buscar los equipos, no sé qué, no sé cuánto, mientras todo el mundo estaba convencido de que yo tenía todo armado, y que durante tres años estuve trabajando en esto.
Desde abril a estas elecciones han transcurrido siete meses. La derecha ha cambiado tres veces de candidato. Uno de ellos renunció por depresión. Finalmente se decidieron por Evelyn Matthei. Podría ser la trama de una teleserie, o de una gran novela, o de unas Vidas Paralelas de Plutarco. Evelyn y Michelle.
Evelyn era la hija del general Fernando Matthei, amigo de Alberto Bachellet (padre de Michelle), y miembro de la Junta de Gobierno.
De niñas coincidieron en el cuartel de Cerro Moreno, a una le gustaba el piano y a la otra la guitarra, una estudió Ingeniería Comercial y la otra medicina, después vino el golpe, y a una le rompieron la guitarra en la cabeza mientras la otra interpretaba los Nocturnos de Chopin. Michelle: torturada, exiliada y socialista. Evelyn: un rostro de la dictadura. En la votación, con casi todos las mesas escrutadas, la pianista sacó un 25,04% de las preferencias y un 46,75% la guitarrera.
Muchos esperaban que la elección se resolviera en primera vuelta, pero la existencia de otros ocho candidatos, siete de los cuales comparten los afanes reformistas de Bachelet, y la implementación del voto voluntario, lo impidieron. Nadie duda que ganará en el ballotage, ni siquiera sus más encarnados opositores. Está menos dicharachera. Se ha ido volviendo, también, una mujer de Estado. Alguien me dijo que ahora separaba más lo público de lo privado. Casi no hace chistes espontáneos. “No volverá a ser la de antes; ahora tiene la tristeza del cargo”, me dijo una de las colaboradoras de ese círculo estrecho.
A mediados de octubre la seguí de cerca en un acto de campaña. Cuando aparecieron las bailarinas con unos jeans cortísimos y bailando “dale cuerda a la cadera”, ella también bailó, pero ya no era una más en la fiesta. Esta vez su triunfo no contiene el encanto épico. No se trata de “terminar con la patria para comenzar la matria”, como gritó desde un escenario la actriz Malucha Pinto el día en que Michelle fue electa por primera vez. En esta vuelta son muchas las demandas planteadas, es menor la fuerza moderadora de los partidos (harto deslegitimados). Existe una ciudadanía más exigente y activa, y ella sabe que no podrá evadir ciertas reformas estructurales. Se comprometió a transformar de raíz el sistema educacional, a una profunda reforma tributaria y, como si fuera poco, a la creación de una nueva Constitución.
Los resultados parlamentarios ratifican que todas estas demandas han tomado una fuerza incontestable. Prácticamente todos los dirigentes estudiantiles que encabezaron el movimiento social de los últimos años y que se presentaron como candidatos al parlamento -Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Gabriel Boric, etc.-, fueron electos con mayorías importantes. Exactamente lo contrario sucedió con algunos de los rostros más emblemáticos de la política nacional de las últimas décadas. Se hizo sentir fuerte la demanda por renovación.
Los políticos chilenos por fin dejaron de ningunear a la Bachelet. Durante mucho tiempo quisieron creer que se trataba de un fenómeno superficial, un capricho de las muchedumbres, alguien sin peso específico. A comienzos de su presidencia, hizo público su desagrado con el machismo del mundo del poder, al hablar de “femicidio político”. Es cierto que es desconfiada. En torno suyo cunde el sigilo. La lealtad que ella pide no admite matices. Su relación con los partidos que la apoyan ha sido displicente. Sabe que dependen de ella. Consiguió aunar en torno suyo desde la Democracia Cristiana hasta los comunistas, incluyendo a buena parte del movimiento estudiantil. Sus detractores reclaman que se ha expuesto poco, que evita debatir con sus contrincantes, que no ha sido clara respecto de su programa. Y, efectivamente, esta Bachelet ha sido más protegida que la anterior. Ya no irradia la frescura de entonces, y no pretende fingir inocencia ni una falsa espontaneidad.
—¿Usted por qué cree que concita tanto apoyo?
—Lo primero que debiera decirle es que nunca he buscado el poder. Jamás en mi vida pretendí ser presidenta de la república. La vida me ha ido poniendo en posiciones destacadas. Y yo creo que la gente se da cuenta de eso. De que aquí hay una intención genuina, más allá de si ha resultado o no lo que he intentado hacer.
Cumplió 62 años en septiembre. En marzo próximo, salvo que algo muy sorprendente lo impida, asumirá por segunda vez la presidencia del país. Las aguas no están quietas. El domingo de las votaciones, un grupo de jóvenes anarquistas, entre los que se encontraba la nueva presidenta de los estudiantes de la Universidad de Chile, tomó la sede de su comando. En el discurso que dio esa noche a sus adherentes, con un ánimo más entusiasta que el que dejaban ver sus colaboradores, dijo: “No ofrecemos un camino corto ni creemos que las tareas se puedan completar de un día para otro. Sabemos que no va a ser fácil. Pero eso no nos desalienta. Porque las grandes tareas de un país son siempre complejas, y requieren de unidad, paciencia, diversidad y voluntad”. No será un gobierno fácil. Lo sabe. Pero a Michelle Bachelet –lo ha dicho muchas veces- lo que más le gusta es bailar. Y en Chile la música está sonando fuerte.
"Río de Libertad": el testimonio de Mario Cayota
"Río de Libertad": el testimonio de Mario Cayota
Entrevista
El próximo 27 de noviembre se cumplen 30 años del más famoso y multitudinario acto por la democracia uruguaya del siglo XX. Aunque la consigna de la convocatoria fue “Por un Uruguay democrático sin exclusiones”, el evento generalmente se lo recuerda como el “acto del Obelisco” o "Río de Libertad". La ONDA digital dialogó con el ex - embajador uruguayo en el Vaticano, profesor Mario Cayota, quien aquel dia fue uno de los 130 integrantes del estrado del histórico acto, donde el actor Alberto Candeau leyó una proclama ante 400.000 personas que reclamaron democracia y el fin de la dictadura.
- ¿Cuál es el recuerdo más fuerte que conserva de aquel 27 de noviembre de 1983, en el Obelisco de los Constituyentes?
- Bueno en particular mi recuerdo más fuerte es sobre la cantidad de gente presente y las palabras de Alberto Candeau, esos tonos en su voz…, por momento enérgica, por momentos reflexiva, también recuerdo que era un dia luminoso, la gente se empezó a reunir más o menos a las tres de la tarde, el acto fue a las cinco. Antes actuaron varios conjuntos musicales, se notaba una emoción importante algo extraña. La gente se abrazaba, se rencontraba y hubo lágrimas de alegría. Fue un acto de miles de personas cargado de fervor y alegría pero pacífico sin ningún problema. La gente se fue dispersando muy lentamente.
Claro, el General Gregorio Alvarez que habló a las pocas horas, se refirió en forma peyorativa, definiendo el acto como “cambalache” y en tono de reto a los partidos tradicionales.
- Cómo se preparó, porque estábamos en plena dictadura y los actos públicos estaban prohibidos.
- Hay que recordar que ese acto no fue espontáneo, caído del cielo, en los meses anteriores y los días previos se realizaron reuniones del más diverso tipo. El 25 de noviembre se había efectuado una gran “caceroleada”. Estas caceroleadas en cada barrio y en muchas ciudades del interior llegaron a tener una gran incidencia social ya que repercutían directamente en las familias, muchas de ellas, de los familiares de los militares que veían a sus vecinos de todos los días participar pacíficamente en aquellas protestas.
- ¿Quiénes estaban en el estrado?
- El estrado en sí mismo fue todo un símbolo político, había 130 personas. Allí se encontraban representados todos los partidos políticos (Partido Colorado, Nacional, Frente Amplio, Unión Cívica) las organizaciones sindicales de los trabajadores (del PIT) y de los estudiantes, personalidades diversas, familiares de los presos políticos. Todos en una relación muy cordial y con un anhelo muy fuerte por el retorno a la democracia.
Pero es muy importante recordar, abajo entre el público estaban presente diversas personalidades de distinto origen, recuerdo muy vivamente a Mons. Carlos Parteli, la Iglesia también había participado oficiosamente.
- ¿Quién redactó la proclama que leyó Candeau?
- Los doctores Gonzalo Aguirre y Enrique Tarigo, luego fueron consultados los frenteamplistas y otros sectores y personalidades, que todos hicieron pequeñas agregados o correcciones. Fue un gran acierto haber elegido a Candeau para leer esa proclama, hasta los silencios, las pausas, las inflexiones de esa voz extraordinaria, de alguien que estaba totalmente compenetrado con lo que estaba diciendo, era evidente que se sentía el vocero de esa multitud
- ¿Dónde se gestó la idea del acto y la idea de la Proclama?
- En la casa del historiador Pivel Devoto en el barrio de Punta Carreta, allí se realizaron una serie de reuniones bien importantes.
Un elemento a tener en cuenta es que se conversó mucho, con mucha gente en las semanas y días previos, por ejemplo con el Coronel Varela que era el jefe de policía de Montevideo y era quien debía autorizar el acto, por lo menos formalmente. Que también autorizó un acto de la ASCEEP, que por aquellos días realizó un acto en el Estadio Luis Franzini, como culminación de la “Semana del estudiante”. Esta se preparó en reuniones que se hicieron en los Conventuales en la calle Canelones y la actual Michelini
- Se ha dicho que ese acto simbólicamente es equiparable al éxodo artiguista. ¿Usted comparte esa valoración?
- Sin duda es un gran hito en nuestra historia y en el de la lucha contra la dictadura.
- Estaría de acuerdo que esa proclama hoy se estudiara en nuestros centros de enseñanza.
Sí, son palabras que están fuera de todo partidismo y expresaban y espesan el sentir de la mayoría del pueblo uruguayo. Incluso expresan el sentir de no pocos militares.
- También para muchos historiadores es como una “marca” de los uruguayos “El Rio de Libertad”
- Sí eso fue así, “El Rio de Libertad”, fue el periódico democratacristiano que lo tituló así, acompañado de una foto. Hoy todos lo han incorporado con esa imagen, está bien no es propiedad de nadie. Yo conozco a quien sacó la foto, fue Pepe el hijo del abogado laboralista Plá Rodríguez, una foto tomada desde lo alto, que hoy es famosa.
LA ONDA® DIGITAL
Entrevista
El próximo 27 de noviembre se cumplen 30 años del más famoso y multitudinario acto por la democracia uruguaya del siglo XX. Aunque la consigna de la convocatoria fue “Por un Uruguay democrático sin exclusiones”, el evento generalmente se lo recuerda como el “acto del Obelisco” o "Río de Libertad". La ONDA digital dialogó con el ex - embajador uruguayo en el Vaticano, profesor Mario Cayota, quien aquel dia fue uno de los 130 integrantes del estrado del histórico acto, donde el actor Alberto Candeau leyó una proclama ante 400.000 personas que reclamaron democracia y el fin de la dictadura.
- ¿Cuál es el recuerdo más fuerte que conserva de aquel 27 de noviembre de 1983, en el Obelisco de los Constituyentes?
- Bueno en particular mi recuerdo más fuerte es sobre la cantidad de gente presente y las palabras de Alberto Candeau, esos tonos en su voz…, por momento enérgica, por momentos reflexiva, también recuerdo que era un dia luminoso, la gente se empezó a reunir más o menos a las tres de la tarde, el acto fue a las cinco. Antes actuaron varios conjuntos musicales, se notaba una emoción importante algo extraña. La gente se abrazaba, se rencontraba y hubo lágrimas de alegría. Fue un acto de miles de personas cargado de fervor y alegría pero pacífico sin ningún problema. La gente se fue dispersando muy lentamente.
Claro, el General Gregorio Alvarez que habló a las pocas horas, se refirió en forma peyorativa, definiendo el acto como “cambalache” y en tono de reto a los partidos tradicionales.
- Cómo se preparó, porque estábamos en plena dictadura y los actos públicos estaban prohibidos.
- Hay que recordar que ese acto no fue espontáneo, caído del cielo, en los meses anteriores y los días previos se realizaron reuniones del más diverso tipo. El 25 de noviembre se había efectuado una gran “caceroleada”. Estas caceroleadas en cada barrio y en muchas ciudades del interior llegaron a tener una gran incidencia social ya que repercutían directamente en las familias, muchas de ellas, de los familiares de los militares que veían a sus vecinos de todos los días participar pacíficamente en aquellas protestas.
- ¿Quiénes estaban en el estrado?
- El estrado en sí mismo fue todo un símbolo político, había 130 personas. Allí se encontraban representados todos los partidos políticos (Partido Colorado, Nacional, Frente Amplio, Unión Cívica) las organizaciones sindicales de los trabajadores (del PIT) y de los estudiantes, personalidades diversas, familiares de los presos políticos. Todos en una relación muy cordial y con un anhelo muy fuerte por el retorno a la democracia.
Pero es muy importante recordar, abajo entre el público estaban presente diversas personalidades de distinto origen, recuerdo muy vivamente a Mons. Carlos Parteli, la Iglesia también había participado oficiosamente.
- ¿Quién redactó la proclama que leyó Candeau?
- Los doctores Gonzalo Aguirre y Enrique Tarigo, luego fueron consultados los frenteamplistas y otros sectores y personalidades, que todos hicieron pequeñas agregados o correcciones. Fue un gran acierto haber elegido a Candeau para leer esa proclama, hasta los silencios, las pausas, las inflexiones de esa voz extraordinaria, de alguien que estaba totalmente compenetrado con lo que estaba diciendo, era evidente que se sentía el vocero de esa multitud
- ¿Dónde se gestó la idea del acto y la idea de la Proclama?
- En la casa del historiador Pivel Devoto en el barrio de Punta Carreta, allí se realizaron una serie de reuniones bien importantes.
Un elemento a tener en cuenta es que se conversó mucho, con mucha gente en las semanas y días previos, por ejemplo con el Coronel Varela que era el jefe de policía de Montevideo y era quien debía autorizar el acto, por lo menos formalmente. Que también autorizó un acto de la ASCEEP, que por aquellos días realizó un acto en el Estadio Luis Franzini, como culminación de la “Semana del estudiante”. Esta se preparó en reuniones que se hicieron en los Conventuales en la calle Canelones y la actual Michelini
- Se ha dicho que ese acto simbólicamente es equiparable al éxodo artiguista. ¿Usted comparte esa valoración?
- Sin duda es un gran hito en nuestra historia y en el de la lucha contra la dictadura.
- Estaría de acuerdo que esa proclama hoy se estudiara en nuestros centros de enseñanza.
Sí, son palabras que están fuera de todo partidismo y expresaban y espesan el sentir de la mayoría del pueblo uruguayo. Incluso expresan el sentir de no pocos militares.
- También para muchos historiadores es como una “marca” de los uruguayos “El Rio de Libertad”
- Sí eso fue así, “El Rio de Libertad”, fue el periódico democratacristiano que lo tituló así, acompañado de una foto. Hoy todos lo han incorporado con esa imagen, está bien no es propiedad de nadie. Yo conozco a quien sacó la foto, fue Pepe el hijo del abogado laboralista Plá Rodríguez, una foto tomada desde lo alto, que hoy es famosa.
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