7 feb 2015

¿Por qué los rehenes del Estado Islámico visten de naranja?

El Pentágono sostiene que el Estado Islámico envía un mensaje a EE.UU. vistiendo a todos su rehenes ejecutados de color naranja, que es el color característico de los presos de Guantánamo.


 6 feb 2015
REUTERS/Toru Hanai

"No es coincidencia que en los recientes videos del Estado Islámico todos los rehenes vayan vestidos con uniforme naranja, que es conocido por simbolizar el centro de detención de Guantánamo", afirmó este jueves Brian McKeon, subsecretario adjunto de Defensa, ante la Comisión de las Fuerzas Armadas del Senado estadounidense, informa Reuters.

Este ha sido el caso de Muad al Kasaesbe, el piloto jordano quemado vivo a comienzos del pasado enero y los dos rehenes japoneses decapitados, quienes portaban un uniforme de color naranja similar al utilizado por los primeros hombres encarcelados en Guantánamo en el 2002 y que actualmente está reservado a ciertos presos rebeldes.

No en vano, en las últimas semana Guantánamo se ha convertido en un asunto polémico entre EE.UU. y Cuba. La semana pasada el presidente cubano Raúl Castro exigió a EE.UU. que devolviera el territorio de Guantánamo durante su intervención en la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). EE.UU. respondió que no contempla la devolución.

El Estado Islámico quema vivos a tres civiles iraquíes


El Estado Islámico ha quemado vivos a tres civiles iraquíes en el centro del país días después de que se diera a conocer el asesinato del piloto jordano Muad al Kasaesbe perpetrado con el mismo método.

Según informó la agencia Shafaq News, la última ejecución se llevó a cabo este viernes en la plaza central de la ciudad de Ramadi, capital de la provincia de Al Anbar. Los terroristas obligaron a los vecinos a acudir al acto.

Los tres hombres estaban acusados de proporcionar datos al Ejército iraquí, que está luchando contra el grupo terrorista.

Fuego en el islam

La ejecución con fuego es particularmente impactante porque es muy poco frecuente: quemar a alguien vivo no es solo atípico en la historia moderna de Oriente Próximo, sino también en toda la tradición del islam.

Este tipo de ejecución ha levantado un debate teológico, señaló 'The Washington Post'.

Rápidamente los clérigos del Estado Islámico emitieron una fetua para justificar la medida, pero otros líderes espirituales, como el saudita Salmán al Oudah, afirman que la quema está prohibida en el islam.

Honduras: Plan Colombia o Refundación de la Patria

Por Ricardo Salgado

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Es difícil analizar los hechos que se han dado en Honduras durante las primeras semanas del año 2015; seria arriesgado hacer pronósticos, o elaborar complejos análisis y opiniones sobre los movimientos que se dieron entre todos los actores implicados, especialmente después del fracaso del régimen de Juan Orlando Hernández en su intento por ratificar el rango constitucional para la Policía Militar de Orden Público, invento que está más relacionado con el Comando Sur que con la seguridad ciudadana en este país.
Sin embargo, hay hechos que son incontrovertibles y que han llevado el experimento de tiranía neoliberal, encabezado por los conspiradores más conspicuos del Golpe de Estado Militar de junio de 2009, a una derrota estrepitosa, que es mucho mayor que lo que de momento se puede percibir. El Presidente, infalible de antes del 24 de enero, paso a convertirse en un personaje de dudosa capacidad, no para el pueblo de Honduras, sino para quienes tras bambalinas lo han puesto a la cabeza del desmontaje de toda la institucionalidad, o lo que queda de ella, incluido todo el patrimonio nacional.
Como premisas podemos recurrir a tres aspectos que parecen tener una conexión evidente:
1) Estados Unidos busca implementar un Plan Colombia para Honduras, tal como lo anunciaba William Brownfield, secretario norteamericano de Estado adjunto para Asuntos Antinarcóticos en Febrero de 2011. Esta implementación requiere que Honduras adopte ciertas medidas, que podrían incluir hasta la disolución completa de su Policía Nacional y la restructuración del mando de las Fuerzas Armadas. Esto último, sostenido por Myles Frechette, ex embajador de Estados Unidos en Colombia, durante una serie de disertaciones que sostuvo en Honduras la semana anterior.
2) La Policía Militar de Orden Público, es insertada en la vida nacional como un ente de carácter temporal, que ayudaría en tareas de seguridad a la Policía Nacional. Esta versión fue repetida por Juan Orlando Hernández a la delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que visitó Honduras a finales de 2014, aunque su condición permanente había sido aprobada por el Congreso Nacional, presidido por Hernández, durante el mes de enero de 2014, días antes de que asumiera funciones el nuevo Congreso de la República y la administración del mismo Hernandez.
3) El fraude electoral que lleva a Juan Orlando Hernández al poder, alcanza dimensiones gigantescas debido a la amplia aceptación de la población por proyectos novedosos, que aborden los problemas críticos del país. Su escasa votación, apenas 34% del total de los votos según la versión oficial, lo ubica naturalmente como un gobierno débil, obligado a entrar en arreglos con su amplísima oposición politica. Ese fraude es rápidamente validado por el gobierno de los Estados Unidos, no viendo hacia atrás, sino con la mente fija en la necesidad de completar el puente Colombia-Honduras-México. El fraude, recibe la bendición inmediata de todos los organismos multilaterales de observación, a pesar de que ellos mismos reconocieron muchas veces todas las irregularidades existentes antes del proceso electoral, que impedían la transparencia del mismo.
Fácilmente inferimos que la Policía Militar de Orden Público, su existencia, tienen una relación directa con los planes de Estados Unidos, y que Juan Orlando Hernández, tenía la misión de elevarla a rango constitucional para permitir el avance del Plan Colombia en el país. Es claro que el fracaso en la ratificación de la ley respectiva en el Congreso Nacional, el pasado 24 de enero, representa un gran, revés de carácter estratégico para los planes hegemónicos del Comando Sur en Honduras. Hernández no perdió una simple votación, sino que puso en duda su imagen de hombre fuerte ante los ojos de los grupos que le apoyan.
Hablando en términos jurídicos, la discusión sobre la legalidad o no de elevar a rango constitucional a este cuerpo represivo es irrelevante, pero en la práctica politica la ineptitud de Juan Orlando Hernández pone en riesgo, o al menos demora, los planes que tienen no solamente un carácter local sino que ven hacia todo el continente.
Tratando de rescatar su imagen, Hernández recurre a un arma peligrosa para toda clase dominante, la consulta popular. A su primer impulso de presentar de inmediato la propuesta de plebiscito para elevar a rango constitucional la policía militar, le sucede una posición más racional que le dice que ha perdido su correlación de fuerzas en el Congreso Nacional y que puede volver a perder, esta vez su última carta. Nuevamente, lo que menos le interesa es la legalidad o no del asunto. Entonces decide hacer lo que le faculta el artículo cinco constitucional; recolectar firmas del pueblo para pedir la ratificación. Según el plan más obvio, una propuesta con un gran número de adhesiones del pueblo, haría imposible su rechazo en la cámara de diputados, lo que sin lugar a dudas tiene mucha lógica.
Sin embargo, con esto ha abierto una opción, cuya elección es obvia, y que ahora ha sido anunciada por el Coordinador General del Partido LIBRE, y Presidente derrocado Jose Manuel Zelaya Rosales: se comenzara de inmediato a recolectar firmas para que en la misma consulta se apruebe el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente. Entonces, se abre un momento excepcional en el que la voluntad popular pondrá a prueba todo el sistema; sería absurdo acceder al plebiscito por el rango constitucional de la Policía Militar y negar al pueblo el derecho a elegir una Asamblea Nacional Constituyente.
Es impresionante la lección que se obtiene en este corto pero complejo proceso, pues de la infalibilidad impuesta por la fuerza y el terror, la posición de Juan Orlando Hernández provoca una discusión que para la sociedad hondureña es indispensable desde hace años, y que en 2009, entre muchos otros factores, llevo a la oligarquía local a cometer el garrafal error de asumir como suya la causa de kos Estados Unidos que encontró aquí el escenario perfecto para revivir los Golpes de Estado como parte de su abanico de opciones de agresión contra nuestros pueblos.
Debatir entre lo que tenemos y lo que quisiéramos tener; entre la impunidad y la justicia, entre la movilización popular y el control factico de grupos económicos, en fin, la disputa entre seguir en este modelo o avanzar hacia un modelo alternativo viable, capaz de sostener una vida de calidad, poniendo el trabajo, y al ser humano que lo lleva a cabo por encima de las miserias del mercado.
La nueva coyuntura, permite de inmediato una movilización por una causa que se ha mantenido vigente a lo largo de los últimos cinco años: la refundación del país. Para la sociedad hondureña es imprescindible entender que la historia no es lineal, ni sus fenómenos mecánicos. Además caer en cuenta que la acumulación de fuerzas no es solamente un proceso cuantitativo.
Esto último sin mencionar, que cualquier posibilidad de victoria radica exclusivamente en la fuerza que seamos capaces de construir, y no en las condiciones legales que el sistema construye para defenderse, nunca para auto destruirse. Este un nuevo momento de esperanza para la sociedad, que debe verse a sí misma como el sujeto de su liberación, de la construcción de su historia, y si esto suena como un cliché, será bueno decir que difícilmente se podrá ganar a los enemigos aquello que no se les puede arrebatar.
Importante desarrollo en este país centroamericano, que prosigue en una tenaz lucha entre fuerzas que se empeñan en sumirla en su destrucción y una sociedad harta de embustes, trampas, engaños y promesas.
* Analista político y económico, Secretario de Relaciones Exteriores del partido Libertad y Refundación (LIBRE), y militantes de las bases del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP)

Sobre el terror en París

IGNACIO RAMONET / Le Monde diplomatique en español – Un mes después de los odiosos atentados yihadistas en París cometidos por tres terroristas que causaron 17 muertos (entre ellos casi todo el equipo de redacción del semanario satírico Charlie Hebdo) ¿qué lecciones se pueden sacar de esa brutal agresión?

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Como siempre, la irrupción del terrorismo y su violencia arrolladora obligan a una sociedad a interrogarse sobre sí misma. Igual que Estados Unidos después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 (o España después de las explosiones de Atocha, en Madrid, el 11 de marzo del 2004; o el Reino Unido después de las bombas en el metro de Londres, el 7 de julio de 2005; o Noruega después de los atentados de Oslo y Utoya el 22 de julio de 2011), Francia se sintió en “estado de shock”.
Y mil interrogantes han surgido de repente. En torno, por ejemplo, a la cohesión nacional. ¿Qué ocurrió para que tres jóvenes nacidos en Francia y educados en las escuelas de la República, hayan sido seducidos por ideas oscurantistas y medievales, y se hayan tornado en verdugos de sus propios conciudadanos? ¿En qué medida la crisis económica y las medidas de restricción del gasto público han acentuado la marginalización de las periferias urbanas y la segregación de sus habitantes, esencialmente inmigrantes, de donde surgieron los tres terroristas? ¿Cómo ha podido la República, que únicamente reconoce a ciudadanos iguales, permitir que se constituyan en su seno comunidades por afinidades religiosas, y que cada vez más se hable de “comunidad musulmana” o “comunidad judía” o “comunidad cristiana”?
Obviamente, en los minutos que siguieron a los atentados, en torno a François Hollande (hasta entonces el presidente más impopular de la V República) se constituyó una suerte de “unión sagrada” de todos los partidos del abanico parlamentario (con la excepción del Front National, extremista de derechas). Y, de inmediato, casi cinco millones de ciudadanos se lanzaron a las calles por todo el país para expresar –en la manifestación más multitudinaria jamás vista– su repugnancia contra la barbarie.
De hecho, las autoridades barruntaban que una acción yihadista estaba en preparación en territorio francés. Desde la víspera de las festividades de fin de año, el nivel de alerta antiatentados había sido alzado a casi el máximo nivel. Se temían represalias. Porque Francia está interviniendo militarmente contra el islamismo radical en por lo menos tres frentes: Malí (“operación Serval”, iniciada el 11 de enero de 2013), República Centroafricana (“operación Sangaris”, lanzada el 5 de diciembre de 2013), e Irak (“operación Chammal”, comenzada el 19 de septiembre de 2014, contra las fuerzas de la organización Estado Islámico, en el marco de una coalición internacional de unos cuarenta países liderada por Estados Unidos). Además, la red yihadista Al Qaeda, y en particular su rama yemenita Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA)1 [1. Los hermanos Kouachi, autores de los atentados contra Charlie Hebdo, admitieron explícitamente que actuaron en nombre de AQPA. Y en un vídeo que se difundió una semana después de la masacre en las oficinas del semanario en París, un comandante de AQPA, Nasr Ibn Ali al Ansi se adjudicó el ataque: “Hemos dejado claro al mundo islámico que quien eligió el blanco, trazó el plan, financió la operación y designó a su emir es la dirigencia de nuestra organización.” El ataque fue una venganza contra la revista por sus caricaturas del profeta Mahoma, señaló.] lanza desde 2009 llamamientos para “castigar a los franceses por combatir a Alá, su mensaje y sus creyentes”. Algo iba pues a ocurrir.
El semanario Charlie Hebdo llevaba años amenazado. En particular desde que, el 8 de febrero de 2006, reprodujo las caricaturas de Mahoma publicadas el 30 de septiembre de 2005 por el diario danés Jyllands-Posten (una de ellas representaba al profeta del islam con un turbante en forma de bomba con una mecha encendida) y que habían desencadenado en todo el mundo musulmán decenas de manifestaciones de repudio, algunas de ellas muy violentas, y amenazas de muerte contra el diario danés y los dibujantes de las caricaturas. Charlie Hebdo no solo reprodujo las ilustraciones danesas sino que, para mayor inri, añadió sus propias imágenes irreverentes realizadas por su equipo de dibujantes.
El objetivo del semanario –que acabó costándole la vida a buena parte de la redacción– era reafirmar la libertad de expresión y la libertad de creación. Obviamente un objetivo muy noble, y que se ha comentado mucho, en Francia y en el mundo, en los innumerables debates de después de los atentados. Como lo han subrayado varios participantes, si bien es cierto que, en las democracias occidentales, la libertad de expresión es una conquista irrenunciable y un derecho fundamental, también es cierto que esa libertad, en esas mismas democracias, no es ilimitada ni infinita, está acotada, circunscrita y restringida por la ley o las costumbres2 [2. En los días siguientes a los atentados de París, el humorista provocador francés Dieudonné –a quien ya en enero de 2014, la Justica francesa había prohibido un espectáculo en Nantes por temor a un “eventual desorden público”, lo cual había sido celebrado por el ministro francés del Interior (Manuel Valls) en los siguientes términos: “La República no puede tolerar el odio hacia el otro, el racismo, el antisemitismo, el negacionismo”– fue detenido por haber escrito, valiéndose de su supuesta libertad de expresión, en su página de Facebook, que se sentía “Charlie Coulibaly” (apellido del autor del odioso atentado antisemita que causó la muerte de cuatro personas en un supermercado kosher de París) y será sometido a juicio, acusado, como lo prevé la ley, de “apología del terrorismo”.].
En cuanto a la blasfemia (ofensa contra la majestad divina), hay que recordar que ha sido la piedra de toque central en el enfrentamiento entre razón y religión en Occidente desde finales del siglo XVIII. En esa época, los autores racionalistas de la Ilustración, y muy particularmente Voltaire, osaron denunciar ese pretendido delito y, arriesgando su vida, combatir la religión como una mera superstición. En los países occidentales, la lucha –esencialmente contra el cristianismo y sus poderosas instituciones– ha sido larga y dolorosa, jalonada de disputas, de juicios, de enfrentamientos, de violencias… téngase en cuenta que, en España, el delito de blasfemia no fue abolido hasta 1988…
Dos siglos han tenido que pasar, en Occidente y entre personas que comparten la cultura (si no la religión) cristiana, para alcanzar el frágil consenso actual3 [3. Regularmente, en los países de tradición cristiana, grupos de militantes cristianos agreden o amenazan a autores que proponen una representación –considerada como “blasfematoria”– de las principales figuras del cristianismo. Por ejemplo, en 2006, una bomba de fabricación casera fue colocada junto al camerino del artista Leo Bassi en el Teatro Alfil de Madrid, poco antes de que comenzara la representación de su espectáculo “La Revelación”. En 2008, un festival punk en Suecia pegó pósters que mostraban a Satanás defecando sobre Jesús en la cruz. La publicación del cartel en el periódico local Östgöta Correspondenten provocó amenazas de muerte de fanáticos cristianos contra el editor en jefe. Y en 2012, el cantautor español Javier Krahe fue sentado en el banquillo acusado de un delito de escarnio contra los sentimientos religiosos por un vídeo titulado “Cómo cocinar un cristo”.] en torno a la cuestión de la blasfemia. Por eso, como también se ha subrayado estos días en Francia, puede resultar a la vez ingenuo y presuntuoso, por parte de algunos caricaturistas occidentales, querer hacer aceptar sin más ni más, así de repente, a los musulmanes la blasfemia anti-islam en nombre de una idealizada “libertad de expresión”. En cierta medida y salvando las distancias, es el dilema de las “guerras napoleónicas”. A principios del siglo XIX, Napoleón se propuso exportar las generosas y avanzadas ideas de la Revolución Francesa. Pero lo hizo a base de cruentas guerras y violencias, arrasando las estructuras jerárquicas (feudalismo, caudillismo) y espirituales (cristianismo) de las sociedades invadidas que no podían entender que semejantes destrucciones fuesen un “progreso”. Resultado: en las más retrógradas de esas sociedades (España, Rusia), los potenciales beneficiarios del nuevo orden napoleónico (campesinos y siervos) se aferraron a sus opresores ancestrales (aristocracia, latifundistas, Iglesias católica y ortodoxa) para defender (con éxito en ambos casos) lo que consideraban ser sus “tradiciones”. Tanto España como Rusia quedaron traumatizadas por esa violenta penetración del progreso en el marco de una invasión extranjera. En ambos casos, la consecuencia fue que las fuerzas más reaccionarias se afianzaron largo tiempo en el poder.
Los colonialismos del siglo XIX resultaron otra suerte de “guerras napoleónicas”, se justificaban pretendiendo “llevar el progreso a sociedades arcaicas”. Fracasaron. Y más cerca de nosotros, los conflictos de George W. Bush en Afganistán y en Irak también fueron, a su manera, “guerras napoleónicas” que pretendían imponer, a base de despiadados bombardeos, “las luces de la democracia a sociedades oscurantistas”. Naufragaron.
Las mentalidades cambian, no cabe duda. Pero cambian más lentamente de lo que se cree. Y el ritmo del cambio no se decreta. Querer acelerarlo a base de provocaciones es, en algunas circunstancias, el mejor modo de ralentizarlo. Lo que llamamos islamismo, o sea el integrismo islámico (y más aún el islamismo radical o yihadismo), no es sino una reacción agónica de defensa frente a la marcha ineluctable de la modernidad. Muy violenta a veces porque sabe que tiene los días contados. Los adelantos de la ciencia y de la técnica van a seguir provocando mutaciones que también afectarán a las religiones, incluido el islam. Ni siquiera unos atentados, por criminales y abyectos que sean, podrán detener duraderamente esa evolución.

El auge de la crueldad

Visualizar la barbarie en directo siempre ha gozado de gran predicamento; lo nuevo es que ahora se ofrece estés donde estés y al momento. Quemar a un rehén y las degollinas del Califato intensifican el efecto contagio


EULOGIA MERLE
Casi podría decirse que la crueldad está ya en el principio. Es decir: como por encima de los orígenes de la humanidad, en ese tiempo anterior al que se refieren la mayor parte de las creencias religiosas: dioses que devoran a sus hijos, o que destruyen ciudades por la conducta lasciva de sus habitantes, o que castigan a toda la especie humana porque alguien se comió una manzana. De ahí que la imagen que tenemos de las antiguas civilizaciones esté indefectiblemente teñida asimismo de crueldad: sus guerras, sus conquistas, la propia vida cotidiana. Una imagen siempre vinculada, a modo de inevitable contrapartida, a la expansión y el esplendor de absolutamente todos los imperios.
Su brusca reaparición, tras varias décadas de buenismo que la daba poco menos que por extinguida, no supone de hecho una novedad ni a nivel individual ni colectivo, trátese de la ejecución de prisioneros, rehenes o como se quiera llamarles, o del típico crimen pasional fruto de los celos o el despecho. Lo que sí ha cambiado, lo único que ha cambiado, es su percepción por parte de la sociedad. Y es que desde los asesinatos cometidos por miembros del Califato o por las milicias enfrentadas del ámbito islámico hasta la reconstrucción del asesinato de una mujer a manos de alguien que por lo general tenía ya antecedentes, la televisión y demás pantallas grandes y pequeñas hoy nos informan de los hechos al momento. Esto es lo realmente nuevo: estés donde estés y al momento.
Visualizar la crueldad lo más en directo posible es algo que siempre ha gozado de gran predicamento. Si en la Antigüedad constituía un espectáculo de circo, a lo largo de los 1.000 años de Edad Media la quema de brujas y herejes y demás suplicios públicos fueron un espectáculo de lo más reconfortante por lo que tenían de acatamiento a las leyes divinas y humanas. Una práctica que se prolongó desde el Renacimiento hasta el Siglo de las Luces, cuando la posesión de un libro prohibido podía conducir a su portador directamente a la hoguera. Las principales plazas públicas de ciudades como París, Londres o Madrid se convertían entonces en atestados anfiteatros de un ritual que convocaba tanto al bajo pueblo como a nobles y miembros de la realeza.

El atentado de las Torres Gemelas cambió la percepción de la violencia a principios de este siglo
Sólo en el curso del siglo XIX la reiterada argumentación de pensadores e ideólogos consiguió erradicar paulatinamente tales hábitos, según se imponía en las conciencias su carácter inhumano. De ahí que en el curso de la primera mitad del siglo XX, probablemente el periodo más sangriento de la historia de la humanidad, las atrocidades cometidas durante las dos guerras mundiales, no menos que durante las revoluciones de diverso signo, fueran en lo posible silenciadas. Y, alcanzada la paz, el mundo entero pareció al fin decidido a iniciar una nueva era, protagonizada por los derechos humanos tanto individuales como colectivos. Claro que entretanto, a modo de réplicas de un terremoto, siguieron produciéndose guerras y revoluciones de lo más sangrientas en lugares remotos, pero el progreso en todos los órdenes llegó a parecer una realidad incuestionable, pasando la consideración de la crueldad de castigo ejemplar a la de delito, la ejerciera quien la ejerciera, no menos repudiable el abuso de poder que el maltrato machista. Y esas guerras y revoluciones, en la medida en que lejanas para Occidente —Camboya es el mejor ejemplo— tenían más de mera noticia, de cuento de terror, que de algo susceptible de repercutir de algún modo en nuestra vida cotidiana.
La apreciación de este tipo de hechos, como tantas otras cosas, cambió a comienzos del presente siglo. Y el hito o punto de referencia indiscutible del cambio fue el atentado de las Torres Gemelas, un espectáculo de muerte y destrucción sin equivalencia histórica en la medida en que el mundo entero pudo contemplarlo desde su propia casa a los pocos momentos, cuando no mientras estaba sucediendo. El atentado y sus repercusiones, Afganistán, Irak de nuevo… No en vano, políticos como Cheney o Rumsfeld —como agobiado éste último— habían anunciado que se iban a ver obligados a realizar cosas terribles… Es decir: pagar con la misma moneda. La mejor ilustración de tal enunciado, más que Guantánamo, sería la difusión de las imágenes que se filtraron de la prisión de Abu Ghraib, cerca de Bagdad, que hubieran hecho las delicias del marqués de Sade.
Claro que, como viéndolas venir, el cine, la televisión, los juegos de consola, etcétera, llevaban ya un tiempo ofreciendo imágenes de situaciones hasta entonces poco menos que inéditas. El cine tradicional, por ejemplo, podía contener escenas de una gran dureza, pero no recuerdo una sola película de relieve de la que brotaran imágenes como de casquería. Mientras que ahora, según se van cerrando cines y los productores adaptan sus productos a los gustos del mercado, la recreación en el horror se repite hasta la saciedad a modo de variantes de unos pocos modelos temáticos: asesinos seriales, ajustes de cuentas, crímenes relacionados con policías corruptos, mafias, droga y —no faltaría más— atentados terroristas. Dicho en imágenes: cuerpos destrozados, sangre, fuego, fogonazos, llamaradas en expansión… Razón por la que palabras como final, letal, mortal, total, etcétera, acostumbren a formar parte del título. Películas y series temáticamente intercambiables: una avalancha de más de lo mismo sólo explicable por su éxito, engañosamente dignificado por alguna que otra excepción de verdadera calidad. Y todo ello en paralelo a una rápida expansión de la violencia real que, promovida por actividades criminales relacionadas con la droga y la explotación sexual, especialmente en Latinoamérica, y con enfrentamientos étnicos o religiosos en África, ha hecho peligrosos, cuando no invivibles, una serie de países que tan sólo hace unos pocos años podían ser visitados sin problemas.

En las ejecuciones terroristas el verdadero protagonista es el verdugo, no la víctima
Lo realmente decisivo, no obstante, ha sido el contagio, el paso de todo ello a las redes sociales y demás fórmulas de difusión que ofrece Internet. Un buen ejemplo lo tenemos, a escala menor, en las innovaciones detectables en el comportamiento de niños y adolescentes. Romper cosas, experimentar la crueldad con animales, por ejemplo, ha sido siempre algo consustancial al comportamiento del niño, a su toma de contacto con la realidad, progresivamente encauzada y diluida por la educación. Pero fenómenos como el bullying, o las con frecuencia temibles novatadas ahora tan de moda, sólo son explicables por el contagio y la imitación de conductas similares difundidas en la Red, al igual que otras prácticas en auge como la violación en grupo, la pedofilia, la llamada violencia de género,con frecuencia crímenes pasionales de amantes despechados.
Ni más ni menos que lo que está sucediendo con la imagen del terrorismo islámico desarrollado en los escenarios más diversos —de Nueva York a París, de Pakistán a Nigeria—, de efecto directamente proporcional a su detallismo. El quemar vivo a un rehén y las degollinas que organiza el Califato en los territorios bajo su control, sin ir más lejos, y que, por mucho que las cadenas televisivas eviten ofrecerlas en toda su crudeza, su difusión en las redes es determinante con el consiguiente efecto contagio o llamada. Contemplar al encapuchado que, cuchillo en mano, acaricia el cuello que se dispone a cercenar ante las cámaras, despierta la vocación de hacer lo propio en los más diversos rincones del mundo. Es decir: lograr establecer el contacto adecuado, ser puesto a prueba, recibir la preparación y los medios necesarios para hacer algo parecido en alguna parte. Y si no se era creyente, se hace creyente, y si hay que autoinmolarse, se autoinmola. Lo esencial es aparecer en las redes igualmente encapuchado, igualmente protagonista de un acto que será contemplado en el mundo entero. Un triunfo personal a la vez que anónimo, algo que quienes lo contemplen ansíen a su vez imitar. Una ejecución en la que el verdadero protagonista es el verdugo, no la víctima.
El influjo de tal éxito de público lo podemos percibir hasta en la moda, en el vestir. De unos años a esta parte, la moda masculina está experimentando un retorno a los modelos románticos: barbas puntiagudas, abrigos como levitas, pantalones estrechos, estrecha la silueta considerada en su conjunto. Pero si se ensaya otro tipo de barba —abierta en abanico bajo un cráneo pelado— el personaje en cuestión se asemejará a un ayatolá, del mismo modo que si se afila no ya la barba sino el rostro entero, el cuerpo entero como adelgazándose en enérgicos movimientos, todo él como un cuchillo, su estampa será muy similar a la de un miembro de alguna de esas milicias yihadistas. Vamos, lo que se entiende por un peligro potencial, lo que el bueno de Lombroso no hubiera dudado de calificar de “criminal nato”.
Luis Goytisolo es escritor.

Detienen al tesorero del PT por Petrobras


LA TRAMA DE CORRUPCIÓN EN TORNO A LA PETROLERA SE AGRAVÓ

El gigantesco caso de corrupción en Petrobras se agravó ayer con la detención temporal del tesorero del Partido de los Trabajadores (PT) de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y con la ampliación de las investigaciones a una subsidiaria de la petrolera estatal.
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Vaccari Neto está acusado de pedir fondos ilegales a empresas asociadas. Foto: EFE

RÍO DE JANEIRO EFE

vie feb 6 2015


El tesorero del PT, João Vaccari Neto, el primer político detenido en el marco de la investigación, prestó declaración a la Policía Federal en San Pablo durante casi tres horas y después fue puesto en libertad porque no ha sido imputado por ningún delito.

El fiscal Carlos Fernando Lima explicó que el tesorero fue llamado a declarar porque se sospecha que "solicitó donaciones legales e ilegales" a varias empresas socias de Petrobras, que son investigadas por las corruptelas. Tras prestar declaración, Vaccari Neto afirmó que el PT "no tiene caja dos ni cuentas en el exterior, no recibe donaciones en efectivo y solamente recibe contribuciones legales, conforme a la ley, presentando cuentas a las autoridades competentes".

Sin embargo, según se dio a conocer este jueves, el exgerente de Petrobras Pedro Barusco declaró, a cambio de un acuerdo de reducción de su pena, que estimaba que la fuerza gobernante había recibido entre 150 millones y 200 millones de dólares de sobornos producto de 90 contratos entre 2003 y 2013. En la misma línea que Vaccari, el PT negó en un comunicado las acusaciones de soborno y precisó que la formación "recibe apenas donaciones legales que son debidamente declaradas a la justicia electoral". "Las nuevas declaraciones de un exgerente de Petrobras divulgadas hoy (ayer) siguen la misma línea de otras realizadas en procesos de delación premiada y que tiene como característica el intento de involucrar al partido en acusaciones", apunta el comunicado.

En la nueva fase de la investigación de Petrobras, se expidieron ayer 22 órdenes de arresto o de detención temporal, entre ellas la de Vaccari Neto y de 10 empresarios que son sospechosos de blanqueo de dinero y de servir de intermediarios para el pago de los sobornos.

Además, la Justicia emitió 40 órdenes de búsqueda de pruebas en las residencias de los sospechosos y en la sede de 26 empresas, la mayoría sociedades ficticias, en cuatro estados brasileños. Las investigaciones, antes centradas en las corruptelas de tres departamentos de Petrobras, se extendieron a BR Distribuidora, una subsidiaria de la petrolera que administra cerca de 7.500 gasolineras en todo Brasil. Según el fiscal, el pago de sobornos de las empresas investigadas a los ejecutivos de BR Distribuidora se produjo hasta fechas "muy recientes", a finales de 2014.