5 abr 2015

José Gervasio Artigas, el héroe incómodo de la Revolución de Mayo

PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES

La historia popular y federalista rioplatense reconoce en Artigas a un gran revolucionario.

Eduardo Anguita


El 24 de septiembre de 1850, una necrológica fechada en Asunción del Paraguay decía con tono lacónico: "Sólo cuatro personas acompañaron a la tumba los restos mortales de quien fuera ilustre caudillo en tierras del Plata, José Artigas. No hubo siquiera cortejo fúnebre para ese oriental que muere justo treinta años después de su expatriación, en la más absoluta pobreza y en el mayor de los desamparos. Mientras tanto, sus compatriotas siguen sin encontrar una fórmula que les permita vivir en paz."
Artigas moría en el lugar que había elegido en 1820 para exiliarse. Había batallado una década, convirtiéndose en el Protector de los pueblos libres, en una referencia imprescindible para la idea del federalismo popular. Sin embargo, las diferencias entre Artigas y los caudillos de Entre Ríos, Francisco Ramírez, y de Santa Fe, Estanislao López, habían pasado al enfrentamiento abierto. En ese 1820, López y Ramírez habían derrotado a los unitarios porteños en la batalla de Cepeda. Entraron a la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) y algunos soñaron con que las cosas cambiarían. Pero, de inmediato, los jefes federales firmaron un acuerdo –el Pacto de Pilar– con el gobernador de Buenos Aires Manuel de Sarratea, viejo enemigo de Artigas. El pacto establecía que se le diera "vista" al caudillo de la provincia oriental. Pero no lo habían consultado antes. Y las tensiones aumentaron, al punto tal que las tropas entrerrianas de Ramírez y las orientales de Artigas terminaron chocando en la batalla de Las Tunas. Ramírez triunfaba y Artigas con los suyos fue a Corrientes, donde encontró el apoyo de caciques guaraníes. Artigas, con todo el dolor a cuestas, cruzó el Paraná y se dirigió a Asunción, donde el dictador Gaspar Rodríguez de Francia lo acogería.
A los 86 años, de manera súbita, terminaban los días de Artigas entre los mortales. Apenas habían pasado 48 horas del comienzo de la primavera en Paraguay. Veinte años más tarde, esas tierras eran regadas de sangre por la guerra de la triple alianza. Las provincias unidas del Río de la Plata, el sueño de Artigas y de muchos federales, había dejado paso a la hegemonía liberal porteña, heredera de los unitarios de Buenos Aires, que detestaban al caudillo de la provincia oriental.

¿QUIÉN ERA ARTIGAS? 


El verdadero Artigas era ocultado por la historiografía liberal creada al compás del genocidio en Paraguay. Bartolomé Mitre, responsable en la Argentina de aquella invasión y pionero del relato liberal porteño de la historia, en carta a Vicente Fidel López, decía: "Los dos, usted y yo, hemos tenido la misma predilección por las grandes figuras y las mismas repulsiones contra los bárbaros desorganizadores como Artigas, a quienes hemos enterrado históricamente."
El también historiador y político liberal López no se quedaba atrás al referirse al líder federal: "Artigas fue un malvado, un caudillo nómade y sanguinario, señor de horca y cuchillo, de vidas y haciendas, aborrecido por los orientales que un día llegaron hasta resignarse con la dominación portuguesa antes que vivir bajo la ley del aduar de aquel bárbaro."
Por el contrario, la historia popular y federalista rioplatense reconoce en Artigas a un gran revolucionario. Un caudillo de a caballo y de armas llevar que fue, a la vez, un lúcido pionero del voto popular, cuando la democracia directa no se practicaba en ninguna nación europea ni en el norte de América. Artigas llevó a cabo la primera reforma agraria de América latina. Fue un promotor incansable del federalismo y peleó contra las minorías librecambistas aliadas a los intereses británicos que pretendían mantener el monopolio de la renta portuaria. El ideario artiguista no pensaba en el paisito sino en la unión de los pueblos libres que habitan los territorios de las actuales Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay.
Tras haber sido cuatrero y vivir con los indios y los criollos del campo, Artigas entró a la milicia en el llamado Regimiento de Blandengues. Al poco tiempo, la milicia lo convocaba a filas. Se producían las invasiones inglesas y Artigas participó tanto de la reconquista de Buenos Aires como de la defensa de Montevideo. Artigas peleó nuevamente contra los ingleses.

EL GRITO DE LIBERTAD.

 La creación de la Junta Revolucionaria en mayo de 1810 produjo que la autoridad virreinal recayera sobre las espaldas de Francisco Javier De Elío, hasta entonces gobernador de la corona en Montevideo, quien mandó a Artigas al frente de los blandengues a sofocar los levantamientos patriotas en Entre Ríos. Sin embargo, los patriotas los rechazaron y los enviados por De Elío retrocedieron hasta Colonia. Tras esa primera acción a favor de España, de inmediato Artigas se identificó con la causa y, en febrero de 1811, desertó. No era fácil para un hombre que tenía a toda su familia en Montevideo. Junto a un puñado de blandengues que lo siguieron, cruzó a Buenos Aires y se puso a las órdenes de la Junta Grande. De inmediato, le fue encomendado sumar su prestigio y su experiencia al sitio de Montevideo iniciado por las tropas porteñas. Fue entonces que Artigas lanzó una proclama a los orientales para que se sumaran a la gesta independentista. Esa convocatoria terminaba de modo vibrante: "¡A la empresa compatriotas! Que el triunfo es nuestro. Vencer o morir sea nuestra cifra. Y tiemblen estos tiranos de haber excitado vuestro enojo sin advertir que los americanos del sur están dispuestos a defender su patria y a morir antes con honor que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio."
Es preciso advertir que Artigas, cuando hablaba de Patria, se refería a la América del sur y no a la provincia Oriental, que veía como una parte más de ese sueño compartido por otros patriotas latinoamericanos. El llamado de Artigas corrió como reguero de pólvora. Y se lanzó, al frente de una tropa bisoña, a combatir al ejército colonial. El caudillo oriental no tenía formación en la academia militar. Pero eso no le impidió preparar con visión táctica y estratégica el enfrentamiento con un ejército profesional. Artigas venció a las tropas del virrey en el paraje de Las Piedras, al este de Montevideo y cerca del Río de la Plata.
A tal punto esta batalla es parte de la revolución de las provincias unidas que el himno nacional, en su versión completa, reconoce "ambas Piedras, Salta y Tucumán". La otra batalla de Las Piedras fue pocos meses después y correspondió a un combate del Ejército del Norte, en Salta, donde también las armas patriotas se impusieron sobre las fuerzas realistas.
Este himno era un texto escrito por Vicente López y Planes que fue aprobado por la Asamblea del año XIII. Pero la historia de la independencia está poblada de paradojas. En este caso, al menos, dos paradojas. Una es que el autor de estas letras que incluyen el triunfo artiguista es el padre del historiador Vicente Fidel López que detestaba al caudillo oriental. La otra es que aquella asamblea pretendía ser fundacional de las provincias unidas. Sin embargo, los delegados de la Banda Oriental fueron segregados.
El triunfo de Las Piedras no era interpretado de la misma manera por quienes se reivindicaban parte de la Provincia Oriental y quienes tenían una visión porteña y centralista. En apenas dos años, salían a luz las diferencias políticas y también los intereses contradictorios de quienes pugnaban por profundizar una revolución soberana y quienes buscaban privilegiar los intereses del librecambismo británico.
Artigas, además de ser un referente para otros caudillos federales, estaba en un territorio en el que a las coronas británica y española se sumaba la del imperio portugués. A tal punto el escenario oriental era complejo, que para desalojar a quienes sitiaban a Montevideo, el virrey De Elío autorizó a los portugueses a que se adentraran en territorio oriental para aniquilar a las tropas patriotas. Pero, a su vez, ante esa decisión, el gobierno porteño decidió pactar con De Elío y levantar el sitio.

LA REDOTA. 

Artigas quedaba en una situación más que desfavorable: peleaba contra los españoles a los que se sumaban ahora los portugueses y no estaba dispuesto a aceptar ese pacto. En vez de deprimirse, encabezó el éxodo oriental. Esa gesta consistía en partir hasta un lugar seguro como fue Ayuí, en la margen occidental del río Uruguay, en territorio entrerriano, donde luego se fundó la ciudad de Concordia. La Redota, así la bautizaron los paisanos orientales. Era una curiosa acepción popular de derrota. Pero que no puede ser calificada como tal porque dejó a Artigas como el primero de los líderes federales que se plantaban con firmeza ante las decisiones centralistas de Buenos Aires.
Los oficios diplomáticos británicos obligaron al retiro de las tropas portuguesas. Y esa orden se plasmó en un tratado, firmado en mayo de 1812, que aquietó los conflictos entre centralistas porteños y artiguistas. En efecto, el Primer Triunvirato había reemplazado a la Junta Grande. Se trataba de un gobierno centralista porteño. Manuel de Sarratea, uno de los triunviros, fue a controlar la salida de los portugueses y, de paso, intentó poner autoridad sobre Artigas. Autoridad que incluía robarle las armas y las caballadas. Pero los orientales no se dejaron avasallar. En la navidad de 1812, desde su campamento en Costa del Yi, en el centro mismo de las tierras uruguayas, Artigas le envió una carta a Sarratea donde afirmaba que "el pueblo de Buenos Aires es y será siempre nuestro hermano, pero nunca su gobierno actual". De inmediato, invita al representante del gobierno porteño a retirarse. Lejos de aceptar el convite, Sarratea lo declara "traidor a la Patria".
Ese mismo año, el campamento de Artigas fue el lugar donde se eligieron los diputados para la Asamblea General Constituyente del año 1813 a celebrarse en Buenos Aires. Allí, los presentes votaron las instrucciones que, básicamente, reclamaban la independencia del poder español, libertad civil y religiosa y la organización de un gobierno republicano. El gran tema era el federalismo, tema que distanciaba a Artigas del gobierno porteño. Para neutralizar al oriental, el general Rondeau armó un encuentro paralelo que pretendía reemplazar a estos legítimos delegados. La brecha entre la Banda Oriental y Buenos Aires se hacía insalvable. Ante el atropello a la voluntad popular, Artigas abandonó el sitio de Montevideo a mediados de enero de 1814.

EL PROTECTOR DE LOS PUEBLOS. 

Los desaires del gobierno centralista con varias provincias llevaron a que Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, las Misiones y parte de Córdoba se unieran a la provincia Oriental con el nombre de Liga Federal. Se constituyeron como "pueblos libres" y nombraron a Artigas su "protector". Se dio una circunstancia que muestra palmariamente la coherencia del caudillo oriental. El general español Joaquín de la Pezuela derrotaba a las tropas del general Rondeau. Conciente de las diferencias entre Artigas y Rondeau, de la Pezuela le ofrece un entendimiento. La respuesta de Artigas al intento de soborno español fue contundente: "Han ofendido mi carácter cuando le informaron que yo defiendo a su rey. Si las desavenencias domésticas han lisonjeado el deseo de quienes claman por el dominio español, sepa que no soy vendible ni quiero más premio que ver libre a mi Nación."
El gobierno porteño le ofreció una negociación: la independencia de la Banda Oriental a cambio de que Entre Ríos y Corrientes quedaran bajo dominio porteño. Artigas se negó y una nueva expedición porteña va a castigarlo. Artigas llevaba años peleando contra España y Portugal, no quería separarse de Buenos Aires pero peleaba por la igualdad de las provincias desde una visión federal. Los sacrificios del oriental dieron, una vez más, sus frutos. Un tratado de paz y amistad firmado por las autoridades de Buenos Aires y Artigas ratificó el legítimo gobierno de este y afirmaba que tanto Entre Ríos como Corrientes podían ponerse “bajo la protección de quien gusten”.

EL CONGRESO DE LOS PUEBLOS LIBRES.

Llegó entonces uno de los momentos culminantes de la carrera de Artigas como brillante político de todos los territorios que conformaron ese espacio de federalismo. El oriental convocó al congreso de Oriente o Congreso de los pueblos libres. Se llevó a cabo en el Arroyo de la China, en Concepción del Uruguay, que por entonces era la capital entrerriana. Concurrieron diputados de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba y de la provincia Oriental. Los de las Misiones (departamentos de Yapeyú y Concepción) no llegaron a tiempo, pero se alineaban con Artigas y tenían como líder a Andrés Guacurarí, el indio guaraní que sumó Artigas como segundo apellido.
Ese congreso, que sesionó en junio de 1815 proclamó la independencia de los territorios de las provincias unidas. Sucedió un año y unos días antes del congreso de Tucumán, manejado por los centralistas porteños. Estas provincias no asistieron al encuentro de Tucumán. La importancia, más allá de los desencuentros entre centralistas y federales, está en la decisión de Artigas de avanzar en profundos cambios sociales. El congreso de Oriente decidió una reforma agraria que incluía tierras para "los negros libres, los zambos de toda clase, los indios y los criollos pobres".

1820. Las desavenencias con otros jefes federales hicieron que Artigas terminara cruzando las armas de sus valientes con otros no menos valientes gauchos federales. Como se decía al principio de esta nota, el caudillo entrerriano Francisco Ramírez venció en Cepeda a los unitarios porteños. Pero de inmediato quiso desplazar a Artigas y formar una república independiente en la Mesopotamia, con epicentro en Entre Ríos y sumando la provincia de Corrientes así como las Misiones. Ramírez tuvo el visto bueno de las autoridades porteñas, que pretendían desterrar definitivamente al caudillo oriental. Entre junio y julio de 1820, las tropas de Artigas y de Ramírez chocaron varias veces. Artigas, en el combate de Las Tunas pudo salvarse gracias a que su hijo primogénito Manuel lo subió en ancas de su propio caballo. El primer revolucionario del Plata, a diez años de haber sumado su capacidad y su entusiasmo a la causa revolucionaria, estaba sin fuerzas militares y con un escenario político desfavorable. Tras los choques con Ramírez estuvo un tiempo en los Esteros del Iberá.
Artigas decidió partir a Paraguay. Los porteños centralistas festejaban, querían sellar de modo definitivo que la provincia Oriental se convirtiera en una república separada, en 1825. Se consumaban los planes británicos para la América del sur. Ramírez logró proclamarse jefe Supremo de esa República de Entre Ríos en noviembre de 1820. Fue una jefatura más que efímera. Las coincidencias entre jefes federales no eran muchas y las intrigas de sus enemigos se colaban en sus propios planes. Ramírez murió en combate en julio de 1821, en Córdoba.
Estos hechos cristalizan una etapa trágica para quienes querían una Patria Grande y Federal sin el tutelaje del patriciado porteño. La historiografía liberal quiso borrar las huellas de identidad popular de aquellos caudillos. Por eso, la conmemoración de la Revolución de Mayo en la Argentina, no puede dejar de recordar a José Artigas como una figura central de la gesta independentista. 

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VII CUMBRE DE LAS AMÉRICAS







Panamá se convertirá en pocos días en el punto de encuentro de las Américas, dos proyectos históricos, económicos y sociales distintos, que tienen el reto de encontrar una nueva forma de relacionarse.
La VII cita hemisférica, que tendrá lugar el 10 y 11 de abril próximos, puede marcar el inicio de un nuevo capítulo de convivencia pa­cífica, respetuosa y productiva, o ratificar la continuidad de las amenazas y agresiones del pasado.
Por primera vez desde su fundación en 1994, la Cumbre de las Américas hará honor a su nombre con la presencia de Cuba, cuya au­sencia de las seis citas anteriores conllevó presiones de Estados Uni­dos y algunos de sus más cercanos aliados para acallar las voces que reclamaban desde un inicio la asistencia de todos los países del continente.
Pero hay que tener claro que la participación de nuestro país no es una concesión norteamericana, si­no la reivindicación de una demanda colectiva de América Latina y el Caribe, y sobre todo una muestra de los profundos cambios que vive la región.
De otra manera no se podría explicar la asistencia de nuestro país a un cónclave que surgió como plataforma de la neoliberal Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y que ha estado bajo la sombrilla de la Organización de Estados Americanos (OEA), un or­ganismo al que Cuba ha dicho que no regresará jamás.
Los más de cien representantes de nuestros jóvenes, empresarios y miembros de la sociedad civil —que participarán en los Foros paralelos de la Cumbre— constituyen una pe­queña pero ilustrativa muestra de quiénes somos, así como los principios y valores que se han formado durante más de medio siglo de Revolución.
Contra sus debates honestos sobre los problemas y también los innegables logros de nuestro sistema social, nada podrían hacer los intentos de montar un escenario para delincuentes con nexos terroristas y otros mercenarios que buscan pasar como luchadores por los derechos humanos.
La delegación cubana se unirá a otros miles de latinoamericanos y caribeños en la Cumbre de los Pue­blos, que durante los días 10 y 11 de abril convertirán al Paraninfo de la Universidad de Panamá en el verdadero muestrario de la sociedad civil de la región.
No la sociedad civil de los ricos y las ONG pagadas para la subversión, sino la de los pobres, pueblos originarios, luchadores ambientalistas, estudiantes, los campesinos, los defensores de los derechos de los inmigrantes, los que denuncian la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, la brutalidad policial, las prácticas racistas, los que reclaman para las mujeres salario igual por trabajo igual, los que exigen reparación por los daños a las compañías trasnacionales, entre mu­chos otros, tal y como vislumbró el General de Ejército Raúl Castro, en su discurso durante la III Cumbre de la Celac.
En esa fiesta latinoamericana y caribeña estará presente también nuestra música, un lenguaje universal que compartimos de manera especial con la mezcla de culturas que pobló las tierras al sur del Río Bravo.



El segmento de alto nivel, donde se darán cita 35 mandatarios o sus más altos representantes, será también un espacio para la voz de los pueblos de la región.
Después del anuncio del 17 de diciembre y el reconocimiento del presidente Barack Obama del fracaso de su política de agresión contra Cuba, se esperaba un ambiente más distendido. Sin embargo,  Washing­ton le recordó al mundo que no ha licenciado su garrote al declarar a Venezuela una “amenaza a su seguridad nacional”.
Haya sido un error de retórica imperial o una concesión a los sectores más radicales que detentan el poder real en EE.UU., la orden ejecutiva del 9 de marzo pasado constituye una muestra de cómo los norteamericanos subvaloran a sus ve­cinos.
Los cálculos de la Casa Blanca deben haber pasado por alto que su agresión directa contra un gobierno legítimo tiene lugar en una región que cada vez más mira al sur para resolver sus propios problemas, sin tutelajes ni injerencias.
En ese escenario llegarán a Pana­má los Jefes de Estado y de Gobier­no a una Cumbre que tiene por le­ma  Prosperidad con equidad: El de­safío de la cooperación en las Amé­ricas.
El tema no puede tener mayor vigencia. De década en década, si­glo en siglo, los latinoamericanos y caribeños han ido escuchando promesas como la Política del Buen Vecino, la Alianza para el Progreso, la Iniciativa para las Américas y el ALCA, que nunca llegaron a nada o solo dejaron un saldo mayor de de­sigualdad y atraso económico.
Durante la sesión inaugural de la IV Cumbre Iberoamericana en Car­ta­gena, pocos meses antes de la cita hemisférica de Miami, el Coman­dan­te en Jefe Fidel Castro mostraba su esperanza de que la relación entre el Norte y el Sur de América fuera distinta.
“Nada sería para Cuba de mayor placer que Estados Unidos ofreciera a todos los países de la región, en particular a los de menos ingresos, un libre acceso a sus mercados co­mo contribución al desarrollo económico de esos países”, afirmó.
“A Cuba le parece igualmente ne­cesaria la inversión extranjera in­cluso norteamericana, como apor­te al desarrollo en este continente”, añadió.
Respecto a la idea de convocar a las organizaciones no gubernamentales del continente para producir recomendaciones respecto a la agenda, una iniciativa que se man­tiene en la actual Cumbre, Fidel dijo que era algo positivo. “Pero deben ser invitadas todas y escucharse las demandas de los indígenas, las mujeres, las organizaciones campesinas, los sindicatos  —sin injustas exclusiones— y los demás representantes de las sociedades civiles, que tienen mucho que decir respecto a los temas de esa cumbre”, precisó.
Pero si esa y otras condiciones ele­mentales no se cumplían, el Coman­dante en Jefe llamó a recordar las palabras de José Martí cuando juzgó una reunión similar a la Cumbre de las Américas que tuvo lugar en Washing­ton en 1891:
“Después de ver con ojos ju­diciales los antecedentes, causas y fac­tores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora   de declarar su segunda indepen­dencia”.
Editores: Claudia Fonseca, Iramsy Peraza, 
Linet Perera, Laura Prada y Sergio Gómez

4 abr 2015

Quiénes apoyaron a Argentina en la Guerra por Malvinas

Uno de los aspectos menos considerados cuando se recuerda la controvertida decisión de la Junta Militar argentina de 1982, de ocupar las Islas Malvinas, es el de los gobiernos latinoamericanos que ofrecieron o trajeron ayuda bélica contra los ingleses.
La Redacción 03/04/2015


Por: Modesto Emilio Guerrero

Uno de los aspectos menos considerados cuando se recuerda la controvertida decisión de la Junta Militar argentina de 1982, de ocupar las Islas Malvinas, es el de los gobiernos latinoamericanos que ofrecieron o trajeron ayuda bélica contra los ingleses.

Fue un hecho geopolítico inédito en la historia continental desde las guerras de Independencia, aunque esa ayuda no significó en todos lo casos apoyo político a la Junta genocida.

De hecho, este aspecto dividió aguas en el mapa diplomático latinoamericano. Los gobiernos de Chile, Colombia y Trinidad&Tobago se colocaron del lado de la potencia invasora, Iglaterra, y de su socio global, Estados Unidos.

En sentido contrario, la mayoría del resto de naciones apoyaron a Argentina como Nación, aunque algunos gobiernos se conformaron con el gesto diplomático.

Pero los gobiernos de Perú, Venezuela, Cuba, Brasil, Nicaragua y República Dominicana, aportaron pertrechos bélicos o lo ofrecieron sin haberlo podido entregar, o lo enviaron y la Junta Militar lo abandonó.

Esto ocurrió, a pesar de que algunos gobiernos adversaran al gobierno militar, incluso con denuncias en organismos internacionales por violación de derechos humanos. Para el año 1982, la Junta Militar, comandada en ese momento por el General Fortunato Galtieri, ya estaba denunciada en decenas de países y organismos, por múltiples asesinatos, detenciones masivas, desapariciones y persecución indiscriminada.

Estados Unidos acompañó a Inglaterra contra Argentina, un hecho previsible en la naturaleza imperial de ambos, en el contexto de la Guerra Fría y de la práctica regular de EEUU en la región. El asunto es que con ese apoyo, EEUU contravino todo lo pautado en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíoproca, TIAR.

La Junta Militar esperaba lo contrario, debido a su sociedad con Washington desde 1976. Esto explica la reacción sorprendida de Rónald Reagan, al decir: “Nunca creí que se iban a atrever”. El Departamento de Defensa había actuado directamente desde 1976 en Argentina “contra el riesgo comunista”, con el mismo criterio geopolítico que lo había hizo en Chile desde 1970, en Brasil durante el gobierno de Goulart, en Guatemala contra Árbenz, en la Argentina de 1955, y en otros países, regidos por la Doctrina de Seguridad Nacional y la dispúta global de la Guerra Fría.

El TIAR fue promovido por Estados Unidos en 1947 para congregar a los Estados latinoamericanos y a EE.UU en un sola entidad militar ante a la amenaza militar de Europa. Según el TIAR, todo Estado parte estaba obligado a defender a cualquiera de sus miembros cuando fuera amenazado o atacado por un Estado extra continental. En 1982 hizo lo opuesto.

En aquella década, ese riesgo solo venía de la Europa fascista y el Japón del Mikado, derrodos dos años antes, en 1945, y del propio Estados Unidos, que metía sus Fuerzas Armadas donde le daba la gana. Al gobierno estadounidense, el TIAR le servía para controlar los ejércitos y Estados latinoamericanos, con guerra o sin ella.

Lo que no esperaban, tanto la Junta como Londres y Washington, era que varios gobiernos adoptaran posturas independientes y apoyaran la reivindicación de Argentina en Malvinas, incluso en el terreno militar, como establecía el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

Entre los países que se destacaron por haber hecho efectivo un aporte militar para enfrentar a los ingleses, se cuentan Perú y Venezuela. Ambos gobiernos convocaron a sus poblaciones a la calle contra Inglaterra. Otros quisieron, pero no pudieron o no se atrevieron.

Bajo la responsabilidad criminal de Galtieri y la Junta Militar esa ayuda militar fue mal utilizada o simplemente defraudada, bajo el mismo criterio irresponsable y oportunista con el que había sometido al país a una guerra técnicamente tan desigual, usufructuado muchas donaciones de la población, y manipulado la voluntad nacionalista de los combatientes.

Perú aportó una escuadrilla de por lo menos diez caza bombarderos Mirage V, artillados con misiles teledirigidos AS30, todos fueron despachados clandestinamente del Perú a Argentina, en abril y mayo de 1982. Una Comisión Investigadora del Senado peruano reveló la ayuda militar años después en una Sesión reservada del 23 de setiembre de 1991: “En abril del 82 … el Primer Ministro Manuel Ulloa-, consultó al jefe de las Fuerzas Armadas Peruanas, si era posible entregarles unos aviones a los argentinos y el Jefe militar contestó que si”, informa el blog conflictomalvinas.com

En Venezuela, el gobierno socialcristiano de Luis Herrera Campins, bajo la presión de un poderoso movimiento nacional contra los británicos y EEUU, decidió aportar piezas militares, en una acción temeraria, tratándose de un país y un gobierno que estaban sometidos a Washington mediante el petróleo.

El general de las Fuerzas Aéreas de Argentina, Rómulo Henriquez, ex agregado militar en Washington durante el gobierno de Arturo Illía, declaró EN 1999 para el libro Reportaje con la Muerte, que dos aviones de la Fuerza Aérea de Venezuela llegaron clandestinamente a Tucumán en mayo de 1982. Esos aviones nunca fueron usados y permanecieron en hangares militares de esa ciudad durante años. (Reportaje con la Muerte, pág. 171, M.E. Guerrero, Ediciones B, Buenos Aires 2002).

Además de los dos aparatos, la Junta recibió gran cantidad de municiones de 7.62mm, bombas MK-82/84, algunos torpedos y tanques lanzables para Mirage III y repuestos para éste avión, según el blog especializado conflictomalvinas.com.ar
Brasil, un país con hipótesis de guerra contra Argentina desde comienzos del siglo XX, aportó dos aviones EMB-111 Bandeirante en versión patrulla marítima para la Armada Argentina. Vinieron a reemplazar a los dos P-2H Neptune que quedaron fuera de servicio luego de la misión del Sheffield.

República Dominicana, ofreció públicamente el envío de tropas para apoyar a la Argentina, pero nunca salió de puertos dominicanos. En cambio, Uruguay, que había mantenido una posición equidistante, modificó parcialmente su postura y ofreció ser mediador en el canje de prisioneros entre la Argentina y Gran Bretaña, preparó el Operativo Maíz para habilitar el Hospital Militar y el Hospital Maciel para recibir heridos argentinos de guerra, y además, habría pasado datos al gobierno argentino para detectar submarinos y buques sospechosos, pero esto nunca fue confirmado.

Cuba, que había cumplido órdenes de Moscú favorables a la dictadura en 1976, decidió facilitar información de la KGB en Londres sobre el lugar del desembarco de las fuerzas inglesas. La Habana ofreció dos batallones de casi 6.000 hombres de tropas especializadas en combate en clima frío, entrenados por los rusos en Siberia, además, de aviones MIG-21 pilotados por cubanos, MIG-23BN Flogger H, especializada en ataques antibuque y submarinos clase “Foxtrot”. Ninguno de esos aparatos o equipos pudieron desembar en territorio argentino.

Otro gobierno que tampoco pudo cumplir su ofrecimiento de ayuda militar fue Nicaragua. Públicamente había anunciado estar dispuesta a enviar tropas entrenadas en la guerra a los “Contras”, además de municiones para los cañones AA de 20 y 35mm. Panamá, un pequeño país del Istmo, con un pequeño ejército, se limitó al apoyo diplomático.

Tres países europeos también se atrevieron a colocarse del lado argentino, aunque más por razones de competencia geopolítica con la agresiva Inglaterra: España fue el único país europeo-occidental que condenó el ataque británico y votó contra la Resolución de la ONU, y trascendió que habría enviado “extraoficialmente” un paper con indicaciones técnicas sobre los Harriers ingleses, por ser el mismo modelo operardo por su Armada.

La URSS, en cambio, en agradecimiento a Argentina por el trigo y la carne aportada contra el embargo norteamericano, suministró fotos satelitales y utilizó aviones TU-95 desde Angola para seguir a la Flota británica. Se sabe que también desplegó en la zona de conflicto un submarino nuclear y uno de propulsión convencional para hacer seguimiento a los buques británicos. El blog citado sostiene que también facilitaron sus equipos de comunicación de alta tecnología para que los diplomáticos argentinos pudieran comunicarse con Buenos Aires sin ser infiltrados.

Irlanda e Italia, se limitaron, como lo hicieran Panamá y otros países latinoamericanos aliados de EEUU, al apoyo diplomático.

En cambio, el gobierno de Kadaffi en Libia, ofreció la lista de armas de guerra más completa: 15 misiles aire-aire Matra R530 con cabeza buscadora por infrarrojos, 5 misiles aire-aire Matra R530 con cabeza de autoguiado por radar semiactivo, 20 misiles aire-aire R550 Magic, 20 misiles Istrella con lanzador Kasef (SAM-7), 60 misiles Istrella con lanzador Maksuf (SAM-7), 10 morteros de 60mm con accesorios, 492 proyectiles de mortero de 60mm, 10 morteros de 81mm con accesorios, 498 proyectiles de mortero de 81mm superexplosivo, 198 proyectiles de mortero de 81mm iluminantes, 1000 bombas iluminantes de 26,5mm, 50 ametralladoras calibre .50, alrededor de 49.500 proyectiles calibre .50, unas 4.000 minas antitanque, más de 5.000 minas antipersonales y el compromiso de buscar misiles AM.39 en el mercado negro de armas. Aunque conflictomalvinas.com lo da como un hecho consumado, nunca se pudo comfirmar si este paquete llegó y fue usado en Malvinas contra el imperio inglés.

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Las cinco estrategias del capitalismo contra los movimientos sociales

La reestructuración de la economía mundial ha adoptado cinco estrategias básicas para dar respuesta al ciclo de luchas sociales que entre los años sesenta y los setenta transformaron la organización de la reproducción y las relaciones de clase. Primero, se ha producido una expansión del mercado de trabajo. La globalización ha producido un salto histórico en el tamaño del mundo proletario, tanto mediante un proceso global de «cercamiento» que ha provocado la separación de millones de personas de sus tierras, sus trabajos y sus «derechos consuetudinarios», como mediante el aumento del empleo de las mujeres. No es sorprendente que la globalización se nos aparezca como un proceso de acumulación primitiva, que ha asumido formas variadas.

2015-03-28




Mediante la destrucción de las economías de subsistencia y la separación de los productores de los medios de subsistencia, al provocar la dependencia de ingresos monetarios a millones de personas, incluso a aquellas imposibilitadas para adquirir un trabajo asalariado, la clase capitalista ha relanzado el proceso de acumulación y recortado los costes de la producción laboral. Dos mil millones de personas han sido arrojados al mercado laboral demostrando la falacia de las teorías que defienden que el capitalismo ya no necesita cantidades masivas de trabajo vivo, porque presumiblemente descansa en la creciente automatización del trabajo.

Segundo, la desterritorialización del capital y la financiarización de las actividades económicas, posibilitadas por la «revolución informática», han creado las condiciones económicas por las que la acumulación primitiva se ha convertido en un proceso permanente, mediante el movimiento casi instantáneo del capital a lo largo del planeta, al haber derribado una y otra vez las barreras levantadas contra el capital por la resistencia de los trabajadores a la explotación.

Tercero, hemos sido testigos de la desinversión sistemática que el Estado ha llevado a cabo en la reproducción de la fuerza de trabajo, implementada mediante los programas de ajuste estructural y el desmantelamiento del «Estado de bienestar». Como se ha mencionado anteriormente, las luchas llevadas a cabo durante los años sesenta han enseñado a la clase capitalista que la inversión en la reproducción de la fuerza de trabajo no se traduce necesariamente en una mayor productividad laboral.

Como resultado de esto, surgen ciertas políticas y una ideología que resignifica a los trabajadores como microemprendedores, supuestamente responsables de la inversión en ellos mismos y únicos beneficiarios de las actividades reproductivas en ellos materializadas. En consecuencia se ha producido un cambio en los ejes temporales existentes entre reproducción y acumulación. Los trabajadores se ven obligados a hacerse cargo de los costes de su reproducción en la medida en que se han reducido los subsidios en sanidad, educación, pensiones y transporte público, además de sufrir un aumento de los impuestos, con lo que cada articulación de la reproducción de la fuerza de trabajo ha devenido un momento de acumulación inmediata.

Cuarto, la apropiación empresarial y la destrucción de bosques, océanos, aguas, bancos de peces, arrecifes de coral y de especies animales y vegetales han alcanzado un pico histórico. País tras país, de África a las islas del Pacífico, inmensas áreas agrícolas y aguas costeras ―el hogar y los medios de subsistencia de extensas poblaciones― han sido privatizadas y hechas accesibles para la agroindustria, la extracción mineral o la pesca industrial. La globalización ha revelado, sin lugar a dudas, el coste real de la producción capitalista y de la tecnología lo que hace imposible hablar, tal y como Marx hizo en los Grundrisse, de «la gran influencia civilizadora del capital» que surge de su «apropiación universal tanto de la naturaleza como de la relación social misma» donde «la naturaleza se convierte puramente en objeto para el hombre, en cosa puramente útil; cesa de reconocérsele como poder para sí; incluso el reconocimiento teórico de sus leyes autónomas aparece solo como una artimaña para someterla a las necesidades humanas, sea como objeto del consumo, sea como medio de la producción».

En el año 2011, tras el derrame de petróleo de BP y el desastre de Fukushima ―entre otros desastres producidos por los negocios corporativos―, cuando los océanos agonizan, atrapados entre islas de basura, y el espacio se ha convertido en un vertedero además de en un depósito armamentístico, estas palabras no pueden sonar más que como ominosas reverberaciones. Este desarrollo ha afectado, en diferentes grados, a todas las poblaciones del planeta. Aun así, como mejor se define el Nuevo Orden Mundial es como un proceso de recolonización.Lejos de comprimir el planeta en una red de circuitos interdependientes, lo ha reconstruido como un sistema de estructura piramidal, al aumentar las desigualdades y la polarización social y económica, y al profundizar las jerarquías que históricamente han caracterizado la división sexual e internacional del trabajo, y que se habían visto socavadas gracias a las luchas anticoloniales y feministas.



Si además tenemos en cuenta que, mediante la deuda y el ajuste estructural, los países del «Tercer Mundo» se han visto obligados a desviar la producción alimentaria del mercado doméstico al mercado de exportación, convertir tierras arables y cultivables para el consumo humano en terrenos de extracción mineral, deforestar tierras, y convertirse en vertederos de todo tipo de desechos así como en campo de depredación para las corporaciones cazadoras de genes, entonces, debemos concluir que, en los planes del capital internacional, existen zonas del planeta destinadas a una «reproducción cercana a cero». De hecho, la destrucción de la vida en todas sus formas es hoy tan importante como la fuerza productiva del biopoder en la estructuración de las relaciones capitalistas, destrucción dirigida a adquirir materias primas, «desacumular» trabajadores no deseados, debilitar la resistencia y disminuir los costes de la producción laboral.

Hasta qué punto ha llegado el subdesarrollo de la reproducción de la fuerza de trabajo mundial se refleja en los millones de personas que frente a la necesidad de emigrar se arriesgan a dificultades indecibles y a la perspectiva de la muerte y el encarcelamiento. Ciertamente la migración no es tan solo una necesidad, sino también un éxodo hacia niveles más altos de resistencia, un camino hacia la reapropiación de la riqueza robada. Esta es la razón por la que la migración ha adquirido un carácter tan autónomo que dificulta su utilización como mecanismo regulador de la reestructuración del mercado laboral. Pero no hay duda alguna de que si millones de personas abandonan su país hacia un destino incierto, a cientos de kilómetros de sus hogares, es porque no pueden reproducirse por sí mismas, al menos no bajo las condiciones necesarias.

Esto se hace especialmente evidente cuando consideramos que la mitad de los migrantes son mujeres, muchas con hijos que deben dejar atrás. Desde un punto de vista histórico esta práctica es altamente inusual. Las mujeres son habitualmente las que se quedan, y no debido a falta de iniciativa o por impedimentos tradicionalistas, sino porque son aquellas a las que se ha hecho sentir más responsables de la reproducción de sus familias. Son las que deben garantizar que sus hijos tengan comida, a menudo quedándose ellas mismas sin comer, y las que se cercioran de que los ancianos y los enfermos reciben cuidados. Por eso cuando cientos de miles de ellas abandonan sus hogares para enfrentarse a años de humillaciones y aislamiento, viviendo con la angustia de no ser capaces de proporcionarles a sus seres queridos los mismos cuidados que les dan a extraños en otras partes del mundo, sabemos que algo dramático está sucediendo en la organización del mundo reproductivo.

Debemos rechazar, de todas maneras, la afirmación de que la indiferencia de la clase capitalista internacional frente a la pérdida de vidas que produce el capitalismo es una prueba de que el capital ya no necesita el trabajo vivo. Más cuando en realidad la destrucción a gran escala de la vida ha sido un componente estructural del capitalismo desde sus inicios, como necesaria contrapartida a la acumulación de la fuerza de trabajo, acumulación que inevitablemente supone un proceso violento. La recurrente «crisis reproductiva» de la que hemos sido testigos en África durante las últimas décadas se encuentra enraizada en esta dialéctica de acumulación y destrucción de trabajo. También la expansión del trabajo no contractual y otros fenómenos que deberían ser considerados como abominaciones en un «mundo moderno» ―como las encarcelaciones masivas, el tráfico de sangre, órganos y otras partes del cuerpo humano― deben ser leídas dentro de este contexto.

El capitalismo promueve una crisis reproductiva permanente. Si esto no ha sido más visible en nuestras vidas, por lo menos en muchas partes del Norte Global, es porque las catástrofes humanas que ha causado han sido en su mayor parte externalizadas, confinadas a las colonias y racionalizadas como un efecto de una cultura retrógrada o un apego a tradiciones erróneas y «tribales». Pero observado desde el punto de vista de la totalidad de las relaciones capital-trabajo, este desarrollo demuestra el esfuerzo continuo del capital de dispersar a los trabajadores y de minar los esfuerzos organizativos de los obreros dentro de los lugares de trabajo. Combinadas, estas tendencias han abolido los contratos sociales, desregulado las relaciones laborales, reintroducido modelos laborales no contractuales destruyendo no solo los resquicios de comunismo que las luchas obreras habían logrado sino amenazando también la creación de los nuevos comunes.

Junto con el empobrecimiento, el desempleo, las horas extras, el número de personas sin hogar y la deuda, se ha producido un incremento de la criminalización de la clase trabajadora, mediante una política de encarcelamiento masivo de la clase obrera que recuerda al Gran Encierro del siglo XVII, y la formación de un proletariado, constituido por inmigrantes indocumentados, estudiantes que no pueden pagar sus créditos, productores o vendedores de mercancías ilícitas, trabajadoras del sexo. Es una multitud de proletarios, que existen y trabajan en las sombras, que nos recuerda que la producción de poblaciones sin derechos ―esclavos, sirvientes sin contrato, peones, convictos, sans papiers― permanece como una necesidad estructural de la acumulación capitalista.

Silvia Federici
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Benjamín Netanyahu, firmó la solicitud para adherirse al BAII, liderado por China

BAII: China deja a EE.UU. sin Israel y amenaza al dólar estadounidense
 4 abr 2015 

REUTERS/Nicky Loh

Israel, uno de los aliados más fieles de EE.UU., después del enfriamiento de sus relaciones con el país norteamericano ha solicitado su unión al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII), creado por China. Así el país asiático priva a EE.UU. de sus aliados, quedando sólo Japón fuera de su ingeniosa entidad financiera.

El reelegido primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, firmó la solicitud para adherirse al BAII, liderado por China, informa 'The Telegraph'.

"Su adhesión al banco chino permitirá a Tel Aviv la integración de las compañías israelíes en diferentes proyectos de infraestructura financiados por el banco asiático", dice el comunicado publicado en el sitio web del Ministerio de los Asuntos Exteriores de Israel.

Además, el país asiático desafía a EE.UU al tratar de obtener del Fondo Monetario Internacional (FMI) el estatus de moneda de reserva para su divisa nacional, el yuan, con lo cual este será incluido en la bolsa junto con el dólar, euro y otras monedas internacionales, reporta 'The Wall Street Journal'.
Así este intento del país asiático, que cuenta con el apoyo de diferentes miembros del FMI, permitirá a diferentes gobiernos e instituciones utilizar la divisa nacional china como parte de sus reservas internacionales, facilitando el comercio internacional y el pago con yuanes.

Cuatro datos esenciales sobre el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura


REUTERS / Takaki Yajima


El Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) creado por China atrae cada vez más la atención de los financistas. Algunos creen que competirá con el Banco Mundial y el FMI, que están bajo la influencia de Occidente. Otros opinan que el banco representa un intento de China de aumentar su influencia en la economía mundial o incluso de cambiar el orden financiero mundial. Pero, ¿qué más sabemos sobre el BAII? A continuación les presentamos los datos básicos sobre el nuevo banco.

¿Para qué fue creado el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura?

Oficialmente el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) fue fundado en Pekín en octubre de 2014. Sus objetivos principales son estimular la cooperación financiera en la región y financiar proyectos de infraestructura en Asia: desde la construcción de carreteras y aeropuertos hasta de antenas de comunicación y viviendas económicas, informa el portal vestifinance.ru.

Sin embargo, a un nivel más profundo, los economistas señalan que la creación del BAII es el resultado de años de críticas por parte de China hacia el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, entidades que, según Pekín, ofrecen oportunidades muy limitadas para las economías en desarrollo.

¿Quién participa en el proyecto?

REUTERS / Takaki Yajima

Hasta la fecha, 45 países ya se han unido al BAII. Excepto EE.UU. y Japón, las principales economías del mundo, incluidos los países europeos, han expresado su deseo de unirse al banco. Entre los 21 países que participaron en la ceremonia de inauguración del banco el año pasado figuraban la India, Tailandia y Singapur.

En lo que va de año, la lista de participantes se ha ampliado con el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Suiza, Luxemburgo, Brasil, Australia, Corea del Sur y Rusia. Además, Arabia Saudita, Omán, Catar y Egipto también manifestaron su deseo de unirse a esta estructura. Y la lista todavía puede ampliarse.

¿De dónde proviene el capital?

REUTERS / Takaki Yajima

De acuerdo con el Memorando de Entendimiento de octubre de 2014, el capital social del BAII asciende a 100.000 millones de dólares. La mitad de esta suma está proporcionada por China. Aunque algunos opinan que esta enorme contribución facilitará a Pekín un control de facto sobre la nueva institución, el ministro de Finanzas chino, Lou Jiwei, afirmó que su país no pretende obtener una participación del 50% en el nuevo banco.
La contribución del 50% del capital inicial representa un apoyo para el nuevo proyecto y la participación de China irá reduciéndose a medida que nuevos países se unan al proyecto. Además, de acuerdo con el semanal estatal chino 'Economy & Nation Weekly' otras posibles opciones para la financiación del BAII son lospréstamos interbancarios y la emisión de bonos soberanos por parte de los Estados miembros del banco.

¿Qué lugar ocupa el nuevo banco en la política global en China?

REUTERS / Takaki Yajima

La creación del nuevo banco es parte del plan de China para construir "una nueva ruta de la seda", una iniciativa del presidente chino, Xi Jinping, para abrir nuevas rutas comerciales. Su objetivo se centra en fomentar el desarrollo del comercioy la cooperación económica con otros países de Eurasia y África a través del desarrollo de infraestructura en la región. El BAII proporcionará una plataforma para que China exporte capital, mano de obra y experiencia en la construcción de infraestructura en las economías emergentes de Asia. Además, será muy útil para la economía china.

Asimismo, de acuerdo con las autoridades del país, este proyecto ayudará a crear la imagen de China como una potencia mundial responsable que apoya las ideas de internacionalización del yuan y del aumento de la contribución de China al sistema financiero global.