La rueda de prensa del Departamento de Estado fue el 4 de enero un buen ejemplo de la actitud de EEUU hacia Arabia Saudí, incluso hacia las actuaciones de los gobiernos saudíes que perjudican los intereses de la política exterior norteamericaba, de los que ya ha habido varios casos durante la presidencia de Obama.
Tras la ejecución del disidente chií Al-Nimr y el posterior ataque a la embajada saudí en Teherán, los periodistas preguntaron al portavoz por qué no se utilizaban palabras más duras en relación al primero de los hechos. El portavoz de Estado condenó el asalto a la delegación diplomática, lo que es lógico, pero no hizo lo mismo con la ejecución de Al-Nimr, el mismo día en que eran ajusticiados 46 presos, la mayoría por delitos relacionados con Al Qaeda. Washington sólo manifiesta “preocupación” por una decisión que todo el mundo sabía que tendría graves repercusiones en Oriente Medio, y en especial en los hasta ahora tímidos esfuerzos diplomáticos por encontrar una salida negociada a la guerra de Siria.