Carmen Parejo Rendón
4 mar 2025
Soldados ucranianos en un campo de entrenamiento en la región de Donetsk, 19 de enero del 2025.Scott Peterson / Gettyimages.ru
Mientras las potencias europeas, recientemente reunidas en Londres, siguen marchando al son de los tambores de una guerra perdida, los derechos sociales y económicos de sus pueblos se desangran.
No había dinero, nos decían, para garantizar la sanidad pública, la educación o la vivienda. No había margen para subir salarios, ni para reducir jornadas, ni para aumentar pensiones. Sin embargo, sí hay dinero, y a raudales, para seguir alimentando una guerra que nunca debió ser, una guerra que se libra a costa de las condiciones de vida de millones de trabajadores en Europa.
Mientras las potencias europeas, recientemente reunidas en Londres, siguen marchando al son de los tambores de una guerra perdida, los derechos sociales y económicos de sus pueblos se desangran.
No había dinero, nos decían, para garantizar la sanidad pública, la educación o la vivienda. No había margen para subir salarios, ni para reducir jornadas, ni para aumentar pensiones. Sin embargo, sí hay dinero, y a raudales, para seguir alimentando una guerra que nunca debió ser, una guerra que se libra a costa de las condiciones de vida de millones de trabajadores en Europa.

