En el espacio politico que se agrupan los partidos de izquierda,
ha llegado la hora de renovar las autoridades en quienes se delega
-por mandato de sus estatutos- quienes las van a representar
en los diferentes ambitos de toma de decisiones , de manera de
asegurar la confirmacion de los cambios tan deseados.
Estos procesos que deberian servir para afianzar el proceso
de cambio, se ha convertido en una lucha de candidaturas que
mas se parece a una distribucion de cargos de los rosados que
a la verdadera intencion de trabajar juntos para encontrar esas
soluciones tan esperadas, para beneplacito de una derecha
anquilosada, pero expectante y efectiva cuando de destruir
conquistas sociales se trata.
Mas alla de los nombres que habran de representarnos, seria
deseable lograr el concenso necesario para impulsar de manera
organica, esas transformaciones aun pendientes en salud, vivienda
infraestructura, derechos humanos, etc, etc, de manera de retomar
el impulso y la iniciativa involucrando a la sociedad en la construccion
de esa alternativa solidaria que termine de una vez por todas con
el neoliberalismo y el capitalismo depredador.
Nada mejor para ello que salir a ver cuales son las verdaderas
inquietudes de la gente comun, que esta mas alla de reuniones
y papers y memorandos, con muchas ganas de hacer algo pero
sin saber por donde canalizarlas, sintiendose ajena a esa puja
distributiva por donde se diluyen muchas buenas intenciones.
El gran desafio, radica precisamente, en como agrupar esas
voluntades y asociarlas a los cambios necesarios, que respuestas
les damos a esa multitud de jovenes cuyos modelos de comunicacion
son tan diferentes a las estructuras partidarias y como se puede
interactuar con la experiencia de tantos luchadores sociales que
ven hoy imposibitado su acceso a las cuestiones de fondo.
A su vez, la tarea de gobierno que encabeza el Pepe, debe tener
en diputados y senadores, un acompañamiento mas energico y
esclarecedor de la tarea que se esta llevando a cabo, como algo
imprescindible para contrarrestar el poder mediatico de aquellos
que en los ultimos años se han enriquecido a costa del abandono
de las politicas sociales en beneficio de la especulacion y hoy
se presentan como modelo de gestion y transparencia.
Por eso, la eleccion de autoridades, sin restarle importancia,
es solo un eslabon mas en la cadena de responsabilidades
que tiene el Frente como respuesta a una forma anterior de
gestion, basada en la violacion sistematica de todo derecho,
la inequidad social como fundamento y el contubernio de civiles
y militares para legitimar el despojo que tanta desgracia ha traido.
El Frente tiene una vez mas la posibilidad de reencontrarse con
esa tradicion de lucha y esperanza, veremos si la renovacion de
autoridades, le da el impulso que la sociedad necesita o seguiremos
en la inercia de las interminables discusiones sobre su funcionamiento,
18 mar 2012
13 feb 2012
Articulo recomendado: AUSTERIDAD VS ESTADO DE BIENESTAR
Fracasó la doctrina de austeridad
PAUL KRUGMAN
DESDE NUEVA YORK
A fines de enero, el Instituto Nacional de Investigación Económica y Social, una fundación británica, publicó un gráfico alarmante que comparaba la depresión actual con recesiones y recuperaciones anteriores. Resulta que según un indicador importante -los cambios en el Producto Interno Bruto (PIB) desde que empezó la recesión- al Reino Unido le está yendo peor esta vez de lo que le fue durante la Gran Depresión. Tras cuatro años de depresión, el PIB británico había vuelto a alcanzar su máximo anterior; cuatro años después de que empezara la Gran Recesión, el Reino Unido está muy lejos de recuperar el terreno perdido.
El Reino Unido no es el único caso. A Italia también le está yendo peor que durante la década de 1930, y con España dirigiéndose claramente hacia una doble recesión, tenemos a tres de las cinco grandes economías europeas como miembros del club de los "peores que". Sí, existen algunas salvedades y complicaciones, pero esto constituye, no obstante, un asombroso fracaso de la política.
Y es un fracaso, concretamente, de la doctrina de austeridad que ha predominado en el debate político de las élites tanto en Europa como, en gran medida, en Estados Unidos durante los dos últimos años.
Y bien, en cuanto a esas salvedades: por una parte, el desempleo en el Reino Unido era mucho más elevado en la década de 1930 de lo que lo es ahora, porque la economía británica estaba deprimida -principalmente por culpa de un regreso desacertado al patrón oro- incluso antes de que estallara la depresión. Y por otra parte, el Reino Unido sufrió una depresión muy llevadera en comparación con la de Estados Unidos.
Incluso así, superar el historial de la década de 1930 no debería ser un reto difícil. ¿Acaso no hemos aprendido muchas cosas sobre la gestión económica a lo largo de los últimos ochenta años? Sí, así ha sido, pero en el Reino Unido y en otros lugares, la élite política decidió tirar por la ventana los conocimientos obtenidos a duras penas y confiar en cambio en ilusiones que le convinieran desde un punto de vista ideológico.
Se creía que el Reino Unido, en concreto, era un modelo de "austeridad expansionista", la idea de que, en vez de aumentar el gasto del Gobierno para luchar contra las recesiones, hay que recortarlo, y que esto induciría un crecimiento económico más rápido. "Los que sostienen que ocuparse de nuestro déficit y fomentar el crecimiento son de alguna manera alternativas se equivocan", declaraba David Cameron, el primer ministro británico. "No puedes aplazar lo primero para impulsar lo segundo".
¿Cómo podía prosperar la economía cuando el desempleo ya era elevado y las políticas del Gobierno estaban reduciendo directamente el empleo más todavía? ¡La confianza! "Creo firmemente", manifestaba Jean-Claude Trichet -que por aquel entonces era el presidente del Banco Central Europeo y un firme partidario de la doctrina de la austeridad expansionista- "que, en la coyuntura actual, las políticas que impulsen la confianza acelerarán la recuperación económica en vez de obstaculizarla, porque la confianza es el factor clave hoy en día".
Semejantes invocaciones al hada de la confianza nunca fueron plausibles; los investigadores del Fondo Monetario Internacional y de otras instituciones desacreditaron rápidamente la supuesta prueba de que los recortes en el gasto crean empleo. Sin embargo, la gente influyente a ambos lados del Atlántico colmó de elogios a los profetas de la austeridad, y a Cameron en especial, porque la doctrina de la austeridad expansionista encajaba con sus programas ideológicos.
Por tanto, en octubre de 2010, David Broder, quien prácticamente encarnaba la opinión común, alabó a Cameron por su audacia, y en concreto por "no hacer caso de las advertencias de los economistas de que una medicina repentina y fuerte podría frenar en seco la recuperación económica y volver a sumir al país en la recesión". Más tarde, instó al presidente Barack Obama a "hacer una cameronada" y llevar a cabo "una reducción drástica del Estado de bienestar ya mismo".
Sin embargo, por extraño que parezca, esas advertencias de los economistas resultaron ser totalmente acertadas. Y tenemos bastante suerte de que Obama no hiciera, de hecho, una cameronada.
Lo que no quiere decir que todo vaya bien en la política estadounidense. Es cierto que el Gobierno ha evitado una austeridad total, pero los gobiernos estatales y locales, que deben tener unos presupuestos más o menos equilibrados, han recortado el gasto y el empleo a medida que se acababa la ayuda federal, y eso ha sido un lastre importante para el conjunto de la economía. Sin esos recortes del gasto, ya podríamos haber estado en la senda del crecimiento autosostenible; tal y como están las cosas, la recuperación pende de un hilo.
Y es posible que el continente europeo, donde las políticas de austeridad están teniendo el mismo efecto que en el Reino Unido y donde muchos indicios apuntan a una recesión este año, nos lleve por mal camino.
Lo más exasperante de esta tragedia es que era totalmente innecesaria. Hace un siglo, cualquier economista -o, de hecho, cualquier estudiante universitario que hubiese leído el libro de texto Economía, de Paul Samuelson- les podría haber dicho que la austeridad frente a una depresión era una idea muy mala. Pero los que elaboran las políticas, los expertos y, siento decirlo, muchos economistas decidieron, en gran parte por razones políticas, olvidar lo que solían saber. Y millones de trabajadores están pagando el precio de su amnesia deliberada. THE NEW YORK TIMES
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