26 mar 2014

¿Quién es ese señor sin traje ni corbata?, desde Crimea, razones y personajes


¿Quién es ese señor sin traje ni corbata?, desde Crimea, razones y personajes
Por Rafael Cantera

Desde Crimea, razones y personajes que noticieros y periódicos no divulgaen permiten entender las razones de lo que está sucediendo a las orillas del Mar Negro.
En unos pocos días de manifestaciones, provocaciones, conspiraciones, amenazas y declaraciones a veces muy apasionadas, una provincia se separó de Ucrania e inmediatamente solicitó y consiguió la integración a Rusia. La ceremonia comenzó en Moscú con un discurso del presidente Putin frente al parlamento, reunido para la ocasión en la imponente y más grande sala de recepciones del Gran Palacio del Kremlin (la Sala de San Jorge, 1).
Las fotos publicadas por la prensa muestran a los parlamentarios sentados juiciosamente con las manos sobre la falda y vestidos de traje oscuro. Al frente, tras una mesa de ceremonias, se ven varios señores también vestidos de traje oscuro, camisa clara y corbata, otros de uniforme de guardia militar de gala y unas señoras vestidas de secretarias. Pero a la izquierda de Putin, uno de los firmantes muestra un ”look” discordante, informal, con una barba apenas recortada y sin traje ni corbata.
Los trajeados firmantes son el presidente de Rusia, el primer ministro de Crimea y el jefe del consejo de estado de Crimea. El destrajeado caballero de la izquierda, con pinta de colado, es Chaly, el flamante alcalde de Sebastopol.
El señor sin corbata es el nuevo alcalde de Sebastopol, Aleksey Chaly, un gran empresario que comenzó su carrera como ingeniero en un laboratorio soviético de innovación tecnológica y terminó al mando de Tavrida Electric, una de las principales empresas de Sebastopol (2) y pasó ahora a estar a cargo de la ciudad toda. El orígen de la empresa fue un laboratorio soviético de innovación tecnológica fundado por el padre de Chaly (Michael) en los setenta y privatizado en 1990, cuando la desintegración de la Unión Soviética acarreó una ola caótica de privatizaciones y enriquecimientos rapidísimos que dieron origen a los actuales oligarcas ucranianos y rusos.
En la página web de la empresa vemos que ya a comienzos de los ’80 Aleksey se vestía informalmente y prefería un pullover negro similar (suponemos que no es el mismo!) al que llevaba esta semana cuando entró al Kremlin a firmar el transpaso de Crimea, y su empresa, de Ucrania a Rusia. En ese entonces (1982) probablemente ni se le pasaba por la cabeza que en el futuro la empresa sería suya y establecería negocios de tal magnitud con Estados Unidos, Alemania y China que el presidente ruso le permitiría hacer una excepción al protocolo, dejándolo sentarse a la cabecera de la ceremonia en plena Sala de San Jorge, sin traje ni corbata.
Desde su filial en Canadá la empresa de los Chaly vende sus equipos en Norteamérica para las industrias de la minería, el petróleo y el gas. Es interesante notar que el presidente de Estados Unidos, luego de amenazar a Rusia con gravísimas sanciones en caso de que promoviera la secesión de Crimea, acaba de publicar una lista de once rusos y ucranianos sancionados, una lista negra, en la cual Chaly no figura (3).
La Unión Europea, en cambio, decidió incluirlo en su propia lista (4).
Aparentemente los enormes intereses económicos por el petróleo y el gas de Ucrania, algunos de cuyos grandes yacimientos están localizados en el área de Crimea, serían una parte importante del conflicto entre Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y las distintas fuerzas políticas en Ucrania.
Rusia, el mayor exportador de gas a la UE, depende en buena medida de este rubro para desarrollar su economía. Por otro lado, la industria europea se vendría abajo si se quedara sin el gas ruso de la noche a la mañana (primero la alemana y luego, con su caída, todas las demás). Los intereses a ambos lados del Atlántico no coinciden.
El principal sitio web de información sobre gas y petróleo (Oilprice.com) (5), informa sobre los contratos firmados hace poco, o casi listos para firmar, entre el viejo gobierno de Ucrania y gigantes empresas como la Shell y Exxon e informa que una de las primeras medidas del nuevo gobierno de Crimea fue nacionalizar las empresas de gas y petróleo, transfiriéndolas de este modo al gobierno ruso. En este caso, ”nacionalizar” significó transpasar esas empresas de Ucrania a Rusia y la secesión de Crimea significó que los yacimientos nuevos no serán explotados por Exxon y Shell sino por las empresas rusas.
Sabiendo esto, se comprende mejor la importancia de mantener una flota de guerra en el mar Negro y garantizar el funcionamiento de la base naval rusa en Sebastopol.
¿Cómo llegó Chaly a ocupar el puesto de alcalde de Sebastopol? Ni bien en Kiev los rebeldes del Maidán, apoyados por el gobierno de Estados Unidos (6) y varios gobiernos europeos, consiguieron derrocar al gobierno ucraniano electo, el gobierno de facto aprobó una serie de leyes que fueron mal recibidas en Crimea y otras zonas ucranianas donde la población rusa es mayoritaria. Una de ellas atentaba contra la educación en ruso y se transformó inmediatamente en uno de los argumentos con los cuales la gente de esas zonas explica su temor por las nuevas autoridades en Kiev y su deseo de separarse de Ucrania.
Los manifestantes que salieron a la calle en Crimea recibieron inmediatamente el apoyo ruso. En una de esas manifestaciones alguien propuso nombrar un nuevo alcalde, sustituyendo al alcalde designado por Kiev por uno dispuesto a apoyar sus consignas. En algunos videos colgados en Youtube se escucha a manifestates con banderas rusas corear ”Chaly, Chaly, Chaly” y en uno de ellos aparece Chaly, recibe un megáfono y comienza a hablarle a los manifestantes. Aleksey Chaly aceptó la oferta y luego de algunas discusiones y maniobras en la alcaldía fue designado en una elección apurada y confusa. Todo esto está muy bien documentado y lo resume maravillosamente bien la crónica del periodista Paul Sonne publicada por The Wall Street Journal (7).
Según textos en ruso y ucraniano (¡gracias, Olga, por las traducciones!) el prestigio de la familia Chaly en Crimea se ha ido consolidando a lo largo de las generaciones. Un abuelo del nuevo alcalde, Vasily Filopovich Chaly, fue Vicealmirante de la flota soviética del mar Negro, a cargo de una escuadrilla que luchó contra los nazis cuando estos sitiaban a Sebastopol. Otros integrantes de la familia permanecieron en Sebastopol mientras estuvo sitiada por los nazis en 1942.
Según dice la gente en los blogs, los Chaly tienen fama de ser gente leal a Rusia, inteligente y emprendedora, alejada de la política partidaria y no contaminada por la corrupción oligarca, al punto de que a pesar de que el actual Chaly es uno de los muchos millonarios enriquecidos luego de la desaparición de la Unión Soviética, los manifestantes lo consideraron el mejor candidato para representar el movimiento de masas que reivindicaba la secesión. Alguien lo convenció de arrimarse a una de las manifestaciones, alguien le pasó un megáfono y a las pocas semanas Chaly entró al magnífico hall de San Jorge en el Kremlin, a través de las enormes puertas doradas (¿será oro auténtico?) y se sentó a la izquierda de Putin a firmar el documento por el cual Crimea será parte de Rusia.

Rafael Cantera

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Palacio_del_Kremlin
(2) http://www.tavrida.com
(3)http://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/03/17/fact-sheet-ukraine-related-sanctions
(4)http://www.theguardian.com/world/2014/mar/17/us-sanctions-russian-ukrainian-targets
(5)http://oilprice.com/Energy/Energy-General/Russia-Eyes-Crimeas-Oil-and-Gas-Reserves.html
(6) http://www.informationclearinghouse.info/article37599.htm
(7)http://online.wsj.com/news/articles/SB20001424052702303880604579404851132885842

La ONDA digital

Silicon Valley y el enigma de la innovación

Silicon Valley y el enigma de la innovación

Por Joseph E. Stiglitz*

Alrededor del mundo, existe un gran entusiasmo por el tipo de innovación tecnológica que se simboliza en el Valle del Silicón. Según esta forma de ver las cosas, el ingenio de los Estados Unidos es su verdadera ventaja comparativa, ventaja que otros se esfuerzan por imitar. Sin embargo, existe también un enigma: es difícil detectar los beneficios de esta innovación en las estadísticas del PIB.
Lo que ocurre hoy en día es análogo a los avances de tuvieron lugar hace algunas décadas atrás, a principios de la era de las computadoras personales. En el año 1987, el economista Robert Solow – galardonado con el Premio Nobel por su trabajo pionero sobre el crecimiento – se lamentaba indicando que: “Se puede ver la era de las computadoras en todas partes, menos en las estadísticas de productividad”. Hay varias explicaciones posibles para esto.
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Quizás el PIB realmente no capture las mejoras en los estándares de vida que la innovación de la era de la computadora está engendrando. O, tal vez esta innovación es menos importante de lo que sus entusiastas creen. Sucede que hay algo de verdad en ambas perspectivas.
Recordemos la forma cómo hace unos años, justo antes del colapso de Lehman Brothers, el sector financiero se enorgullecía de su capacidad de innovación. Debido a que las instituciones financieras habían atraído a las mejores y más brillantes mentes de todo el mundo, uno no habría esperado nada menos. No obstante, al examinar esto de manera más detenida, se hizo evidente que la mayor parte de dicha innovación implicaba idear mejores formas para estafar a los demás, manipular a los mercados sin ser descubierto (al menos, no durante un largo periodo) y explotar el poder de mercado.
En este período, cuando los recursos fluían hacia este sector “innovador”, el crecimiento del PIB fue marcadamente menor al que se registraba anteriormente. Incluso en los momentos más propicios, el sector financiero no condujo hacia un aumento de los estándares de vida (con excepción de los estándares de vida de los banqueros), y con el tiempo condujo hacia la crisis de la cual recién ahora nos estamos recuperando. La contribución social neta de toda esta “innovación” fue negativa.
De manera similar, la burbuja del punto-com que precedió a este período se caracterizó por la innovación – existen sitios Web a través de los cuales uno puede pedir en línea refrescos y comida para perros. Por lo menos este período dejó un legado de motores de búsqueda eficientes y una infraestructura de fibra óptica. Sin embargo, no es nada fácil evaluar cómo el ahorro de tiempo que implica las compras en línea, o el ahorro de costos que pudiese derivarse de una mayor competencia (debido a que es más fácil comparar los precios en línea), afecta a nuestros estándares de vida.
Dos cosas deben quedar en claro. En primer lugar, puede que la rentabilidad de una innovación no sea una buena medida de su contribución neta a nuestros estándares de vida. En nuestra economía actual en la cual “el ganador se lleva todo”, un innovador quien desarrolla un mejor sitio Web para la compra y entrega de comida para perros puede atraer a todos los clientes alrededor del mundo que usan la red de Internet para realizar pedidos de comida para perros, obteniendo dicho innovador grandes ganancias en el proceso. Pero, sin el servicio de entrega, gran parte de las mencionadas ganancias simplemente hubiesen sido percibidas por otros. La contribución neta del sitio Web al crecimiento económico puede que sea, en los hechos, una contribución relativamente pequeña.
Es más, si una innovación, como por ejemplo los cajeros automáticos en la banca, conduce a un aumento en el desempleo, ninguno de los costos sociales – ni el sufrimiento de aquellos que son despedidos, ni el aumento en los costos fiscales por tener que pagar a estas personas las prestaciones por desempleo – se refleja en la rentabilidad de las empresas. Del mismo modo, nuestra métrica del PIB no refleja el costo del aumento de la inseguridad que las personas puedan llegar a sentir cuando aumenta el riesgo de pérdida de un puesto de trabajo. Es de igual importancia el hecho de que con frecuencia la métrica del PIB no refleja, de manera precisa, la mejora en el bienestar de la sociedad que se deriva de la innovación.
En un mundo más simple, en el cual la innovación significaba simplemente la reducción del costo de la producción de, digamos como ejemplo, un automóvil, era fácil evaluar el valor de una innovación. Sin embargo, cuando la innovación afecta a la calidad de un automóvil, la tarea se torna mucho más difícil. Y, esto se hace aún más evidente en otros ámbitos: ¿Cómo evaluamos con precisión el hecho de que, debido a los avances médicos, la cirugía cardíaca tiene ahora mayor probabilidad de éxito que en el pasado, lo que a su vez conduce a un aumento significativo en la esperanza y calidad de vida de las personas?
No obstante, uno no puede evitar la incómoda sensación de que, cuando todo está dicho y hecho, la contribución de las más recientes innovaciones tecnológicas al crecimiento a largo plazo, en lo que se refiere a los estándares de vida, puede ser sustancialmente menor a la que los entusiastas afirman que es. Se ha dedicado una gran cantidad de esfuerzo intelectual a la elaboración de mejores maneras de maximizar los presupuestos de publicidad y marketing – dirigiéndose dichos esfuerzos específicamente hacia determinados clientes, en especial hacia clientes ricos, quienes realmente pueden comprar el producto. Sin embargo, es posible que los estándares de vida se hubiesen elevado aún más si todo ese talento innovador se hubiese asignado a investigaciones fundamentales – o incluso a investigaciones más aplicadas que pudiesen haber dado lugar a nuevos productos.
Sí es verdad, estar mejor conectados unos con otros, a través de Facebook o Twitter, es realmente valioso. Pero, ¿cómo podemos comparar estas innovaciones con otras como ser el láser, el transistor, la máquina de Turing y el mapa del genoma humano, cada una de los cuales ha dado lugar a una avalancha de productos que a su vez conducen a transformaciones?
Por supuesto, tenemos motivos para soltar un suspiro de alivio. Si bien puede que no sepamos cuánto están contribuyendo a nuestro bienestar las recientes innovaciones tecnológicas, al menos sabemos que, a diferencia de lo que ocurrió con la ola de innovaciones financieras que caracterizaron a la economía mundial pre-crisis, el efecto de las más recientes innovaciones es positivo.
Por Joseph E. Stiglitz*
*Economista y profesor estadounidense. Ha recibido la Medalla John Bates Clark y es Premio Nobel de Economía 2001.
Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.
Fuente: project-syndicate.org

25 mar 2014

Ni ángeles, ni demonios

Desde México

Ni ángeles, ni demonios

Escrito por: Douglas Ifrán

Domingo 23 de marzo de 2014
Nuestro país ha demostrado en las últimas décadas tener una dificultad significativa a la hora de pensarse a sí mismo en el futuro. Hemos quedados prisioneros de un presente permanente en donde corremos tras lo puntual, procuramos solucionar este o aquel conflicto, pero sin entrar a la raíz de los problemas. Pretendemos solucionar efectos, mientras dejamos intacta la fuente que origina el conflicto. Entre muchas cosas ello resulta de un mal relacionamiento con nuestro pasado.

Si no somos capaces de comprender las claves del camino que nos ha conducido hasta acá es muy difícil que podamos, siquiera imaginar, lo que nos aguarda.

Este relacionamiento deficitario con el pasado no es algo casual, ni tampoco un efecto colateral de un desarrollo apresurado y que no nos ha dado un momento de respiro para situarnos. Ese relacionamiento con el pasado es parte de un relato general que nos ha ocultado la verdadera naturaleza de los pasos dados y esto nunca es una casualidad.

No hemos avanzado en línea recta desde el ayer hasta este hoy y no somos marionetas del destino. Tampoco nuestras instituciones y elementos de nuestra cotidianidad, son resultado de la acción de grandes héroes a los que les rendimos culto en forma de múltiples rituales. Nuestras dificultades no son fruto de la perversidad de determinados personajes que se empeñan veinticuatro horas en materializar males.

Entender esto implica redimensionar nuestra memoria colectiva, recuperar voces y eliminar silencios que se han tejido sobre las mismas. Significa un volver a vernos, a comprender que somos resultado de decisiones tomadas en determinados contextos específico y de las fuerzas que se enfrentaran oportunamente representando distintos intereses.

El relato que intenta trazar una continuidad, marcar un determinado rumbo, el que para muchos es fuente de las grandes soluciones a perseguir, está construido de muchos silencios, de mucho olvido impuesto.

Esos vacíos han pretendido ser llenados por grandes mitos que proporcionan un punto de partida que tiene la particularidad de no poder ser superado y que en definitiva, todo lo que hagamos para conquistas algo mejor, debe remitirse a ese marco definido por el mito. Los ejemplos abundan. Escuchamos de modo reiterado, volver al artiguismo, luchamos por una escuela vareliana, pero en todos los casos sin tomar en cuenta la naturaleza histórica de la figura de Artigas y de Varela, el contexto que da sentido a sus palabras.

Ello no implica renegar de su existencia, no se trata de ejercer una suerte de parricidio intelectual, tan común en el terreno de la literatura, sino de verlos y pensarlos como seres de su tiempo, con sus luces y sus sombras. Aceptar que el paso de la vida ha desgastado muchas de sus propuestas más audaces. Implica si, y ello debe ser colocado en primer plano, hacer resonar nuevamente aquellos principios y valores que se han mantenido a lo largo del tiempo y que debieran ser el eje de nuestras acciones.

Por referirme puntualmente a Artigas, me interesa menos la solución concreta que propusiera para solucionar la situación de la campaña, que su afirmación de la necesidad de luchar contras los que se oponen a la pública felicidad.

No abundaré sobre Varela porque inevitablemente al tocar la temática educativa nacional siempre vamos a ver su sombra proyectada de algún modo. El Varela que hemos de rescatar es el que no está en los museos, en los monumentos, sino el de las ideas que le fueran rechazadas, las que tuvo que abandonar en pro de llevar adelante, aunque más no fuera parte de lo que pensaba.

El relato de nuestro pasado está centrado en la presencia de grandes figuras que de acuerdo a la formación ideológica de quien las maneje, ocuparan lugares de mayor o menos proyección. Lo importante que hemos de considerar es que cada una de esas figuras, cobró significación porque era capaz de materializar una síntesis del pensamiento de un conjunto de personas que llevaban adelante una determinada pelea, una búsqueda. Esto es válido para cada una de las grandes instancias de nuestro pasado.

Es claro que esas personalidades no dejaron de estampar su sello personal. Al llevar adelante una tarea de síntesis, al consolidar un determinado sentir, una sensibilidad colectiva, también aportaban lo suyo al conjunto. Se entablaba así un juego dialéctico en donde esa sensibilidad colectiva, derivaba en pensamiento estructurado y este volvía sobre la masa nutriéndola y haciéndola avanzar en la comprensión de la realidad. Ninguno por sí y ante sí portó todas las respuestas, pero como fruto de esos colectivos de que formaran parte señalan rumbos por donde encontrar preguntas y construir teoría. Esta palabra tan denigrada en el concepto de algunos es de capital importancia ya que sin teoría no habrá nunca un cambio efectivo, sin el aporte de la teoría es imposible construir la praxis llamada a transformar la realidad.

En nuestros días parecería que ya no hay espacio para las grandes figuras, todos hemos sido reducidos al anonimato de la masa ciudadana. Somos en buena medida reducidos a números. Números que nos identifican, que nos abren el acceso a determinadas cosas, que nos ubican y dan razón a algún porcentaje con los que se pretende describir nuestro sentir.

Los partidos políticos han dejado de ser representativos de un cuerpo de ideas, de una ideología, de un arraigo en determinadas tradiciones, para pasar a representar un determinado porcentaje del electorado. Los grandes medios han contribuido a simplificar el planteo, no van más allá. Como todo debe formar parte de la sociedad del espectáculo, evitemos lo complejo ya que será de difícil comprensión y por ende no genera audiencia.

Considero que como nunca para acercarnos a una comprensión de nuestra realidad con intensión de cambiar aquello que muestra claras señales de no funcionar correctamente, debemos recordar las palabras que décadas atrás pronunciara Gabriel García Márquez en el momento de recibir el Premio Nobel de Literatura. En la oportunidad el escritor colombiano refiriéndose a la forma de vernos por parte de la vieja Europa afirmó:

“Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios.”

Tradicionalmente hemos sido importadores y consumidores – reproductores de pensamiento e ideas nacidas dentro de la lógica del pensamiento eurocéntrico. Hemos aplicado y aplicamos sus “varas” para medirnos a nosotros mismos y el resultado no es sino una imagen deformada casi grotesca de nuestra existencia.

Tiempo es que despleguemos la inteligencia. Es hora de rescatar nuestras propias voces, que definamos nuestras propias unidades de medida y que reconstruyamos nuestro pasado apropiándonos de él para con ese punto de partida lanzarnos a la aventura del por – venir. Para ello debemos aprender a pensar desde el sur, desde nuestra propia existencia.

Creo que sobre esta base es que debemos desarrollar grandes discusiones que cruzan nuestra escena nacional. No desde posiciones fundamentalistas, son desde la reflexión autónoma de cada uno. Desde la ponderación y el diálogo. Muchas veces se menciona el diálogo y se señala como tal a verdaderas conversaciones de sordos. Para dialogar hay que estar dispuesto a desplegar argumentos válidos y por sobre todas las cosas dejar la puerta abierta a considerar de que quien no comparte mi pensamiento puede tener razón, parcial o total. Ello no va en menoscabo de nuestro ego sino muestra la inteligencia para escuchar. La historia, esa que se procura ocultar demuestra que quienes se mostraron intransigentes, sordos a toda opinión en contrario, representaron a la larga un triste papel y derivaron hacia el autoritarismo y la negación de los propios ideales que pretendieron sostener.

Dialogar entonces implica hacerlo – como lo señalábamos en el título – sin caer en la disyuntiva de Ángeles o Demonios

Brasil en la encrucijada: ¿prolongar la dependencia o completar la invención?

Brasil en la encrucijada: ¿prolongar la dependencia o completar la invención?

Escrito por Leonardo Boff

Observador atento de los procesos de transformación de la economía mundial en contrapunto con la brasilera, Celso Furtado, uno de nuestros mejores nombres en economía política, escribió en su libro Brasil: la construcción interrumpida: «En medio milenio de historia, partiendo de una constelación de fechorías, de poblaciones indígenas desgarradas, de esclavos trasplantados desde otro continente, de aventureros europeos y asiáticos en busca de un destino mejor, llegamos a un pueblo de extraordinaria polivalencia cultural, un país sin paralelo por su inmensidad territorial y su homogeneidad lingüística y religiosa. Pero nos falta la experiencia de pruebas cruciales como las que conocieron otros pueblos cuya supervivencia llegó a estar amenazada. Nos falta también un verdadero conocimiento de nuestras posibilidades y principalmente de nuestras debilidades. Pero no ignoramos que el tiempo histórico se acelera y que la cuenta de ese tiempo se have contra nuestra. Se trata de saber si tenemos un futuro como nación que cuenta en la construcción del devenir humano o si prevalecerán las fuerzas que se empeñan en interrumpir nuestro proceso histórico de formación de un Estado-nación» (Paz e Terra, Rio 1993, 35).

La actual sociedad brasilera, hay que reconocerlo, ha conocido avances significativos bajo los gobiernos del Partido de los Trabajadores. La inclusión social realizada y las políticas sociales beneficiosas para millones de personas que siempre estuvieron al margen tienen una magnitud histórica cuyo significado todavía no acabamos de evaluar, especialmente si las comparamos con las fases históricas anteriores, hegemonizadas por las élites tradicionales que siempre detentaron el poder del Estado.

Pero estos avances no son aún proporcionales a la grandeza de nuestro país y de su pueblo. Las manifestaciones de junio de 2013 mostraron que buena parte de la población, particularmente los jóvenes, está insatisfecha. Estos manifestantes quieren más. Quieren otro tipo de democracia, la participativa, quieren una república no de negociados sino de carácter popular, exigen con razón transportes que no les roben tanto tiempo de vida, servicios básicos de higiene, educación, que los habilite para entender mejor el mundo y para mejorar el tipo de trabajo que escojan; reclaman sanidad con un mínimo de decencia y calidad. Crece en todos la convicción de que un pueblo enfermo e ignorante jamás dará un salto cualitativo hacia otro tipo de sociedad menos desigual y, por eso, como la llamaba Paulo Freire, menos malvada. El PT deberá estar a la altura de esos nuevos desafíos y renovar su agenda o pagar el precio de no continuar más en el poder.

Estamos aproximándonos a aquello que Celso Furtado llamaba “pruebas cruciales”. Tal vez como nunca antes en nuestra historia, hemos llegado al momento crítico de las “pruebas”. Las próximas elecciones tendrán, a mi modo de ver, una característica singular. Dada la aceleración de la historia, impulsada por la crisis sistémica mundial, nos veremos forzados a tomar una decisión: o aprovechamos las oportunidades que los países centrales en profunda crisis nos propician, reafirmando nuestra autonomía y garantizando nuestro futuro, autónomo pero relacionado con la totalidad del mundo, o las desperdiciamos y viviremos amarrados al destino decidido siempre por ellos, que nos quieren condenar a ser solo abastecedores de los productos in natura que les faltan y así nos vuelven a recolonizar.

No podemos aceptar esta extraña división internacional del trabajo. Tenemos que retomar el sueño de algunos de nuestros mejores analistas de la valía de Darcy Ribeiro y de Luiz Gonzaga de Souza Lima, entre otros, que propusieron una reinvención o refundación de Brasil sobre bases nuestras, gestadas por nuestro ensayo civilizatorio, tan enaltecido por Celso Furtado.

Este es el desafío lanzado de forma urgente a todas las instancias sociales: ¿Ayudan a la invención de Brasil como nación soberana, repensada en los marcos de la nueva conciencia planetaria y del destino común de la Tierra y de la humanidad? ¿Podrán ser co-parteras de una ciudadanía nueva ―la co-ciudadanía y la ciudadanía terrena― que articula al ciudadano con el Estado, al ciudadano con otro ciudadano, lo nacional con lo mundial, la ciudadanía brasilera con la ciudadanía planetaria, ayudando así a moldear el devenir humano? ¿O se harán cómplices de esas fuerzas que no están interesadas en la construcción del proyecto-Brasil porque se proponen incluir a Brasil en el proyecto-mundo-globalizado de una forma subalterna y dependiente, con ventajas concedidas a las clases opulentas, beneficiadas con este tipo de alianza?

Las próximas elecciones van a arrojar luz sobre estos dos proyectos. Debemos decidir de qué lado estaremos. La situación es urgente pues, como advertía pesaroso Celso Furtado: «todo apunta hacia la inviabilización del país como proyecto nacional» (op. cit. 35). No queremos aceptar como fatal esta seria advertencia. No hay que reconocer las derrotas sin haber dado antes todas las batallas, como nos enseñaba Don Quijote en su gaya ciencia.

Todavía hay tiempo para hacer cambios que pueden reorientar el país hacia su rumbo cierto, especialmente ahora que, con la crisis ecológica, Brasil ha adquirido un peso decisivo en la balanza y el equilibrio buscado por el planeta Tierra. Es importante creer en nuestras virtualidades, diría más, en nuestra misión planetaria.

Traducción de María Gavito Milano

CARMELO: Patio trasero del gran Buenos Aires

LA CIUDAD SE VISTE CON EL TURISMO ARGENTINO DESDE FINES DEL SIGLO XIX

Patio trasero del gran Buenos Aires
En el entorno rural de Carmelo florecen barrios privados, campos de golf y polo, pequeños hoteles de lujo. La mayor parte del dinero proviene de Argentina. Pero, como en el resto de Uruguay, la inversión argentina en inmuebles cayó en forma abrupta.

MIGUEL ARREGUI 23 mar 2014

Un día de enero de 2013 el presidente José Mujica y su esposa Lucía Topolansky almorzaron en una mesa exterior de la parrilla "Lo D`Pepe", a una cuadra del arroyo de las Vacas, y provocaron conmoción. En un video que un liceal grabó en su teléfono y colgó en YouTube se ve a personas que se turnan para saludarlos.

El presidente uruguayo comentó ese día a un periodista de una radio local que "aquí la inversión argentina es portentosa. Se pagan por las chacras valores que ni pa`producir cocaína. Es la expansión de Buenos Aires. Yo no lo voy a ver, pero esto será un hinterland ("tierra posterior" o zona de influencia) de la gran ciudad. El progreso trae muchas ventajas pero también porquerías".

La reiterada presencia de Mujica en Carmelo no es casual. La familia de su madre, Lucy Cordano, tiene un pedazo de tierra y una bodega en la zona de Colonia Estrella, en las afueras de la ciudad.

En su juventud José Mujica pasó mucho tiempo allí, a la estela de su abuelo, Antonio Cordano, productor rural y edil herrerista.

Ahora el presidente y su esposa gustan pasar los fines de semana en la estancia San Juan de Anchorena, un paraíso ubicado a 64 kilómetros de Carmelo, y visitar a sus familiares.

El impulso y su freno. Carmelo es amable, como suelen ser los pueblos del interior. Y además es próspero. Entre 2004 y 2011 su población creció 8,3%, lo que es toda una excepción, junto a Maldonado, en el depresivo mapa demográfico uruguayo.



En las últimas dos décadas la inversión argentina convirtió la zona rural circundante en una constelación de chacras, barrios privados, pequeñas tabernas y hoteles boutiques caros y hermosos. Desde 2011 se agregó la construcción de la fábrica de celulosa de Montes del Plata, con su inversión de más de 2.000 millones de dólares.

A 18 kilómetros está el puerto de Nueva Palmira, la gran terminal granelera uruguaya y nexo fluvial para el comercio exterior de Paraguay y Bolivia. Allí, en el cruce de los ríos Paraná y Uruguay, en las fuentes del Río de la Plata, se embarca o transborda soja, trigo, fertilizantes, celulosa de UPM, automóviles, maquinaria y todo lo imaginable.

Carmelo chapoteó en toda esa prosperidad, que se expresa en casas arregladas, supermercados bien surtidos y la proliferación de automóviles, motos y electrodomésticos.

Pero ya no. Los argentinos muy ricos siguen llegando, porque tienen ahorros afuera y son insumergibles, pero no tanto los de clase media. Y las obras de Montes del Plata están casi concluidas. El barrio de barracones blancos que albergó a más de 1.000 trabajadores ahora es habitado por menos de 300.

"La situación general comenzó a complicarse en 2008, con la crisis internacional, pero mucho más claramente desde 2013", cuenta Alejandro Brusco, alcalde de Carmelo.

Gabriel Conde, un fuerte operador de la zona y presidente de la Cámara Inmobiliaria Uruguaya, asegura que "la inversión extranjera en el litoral y en el este del país ha caído alrededor del 70%" desde que el 7 de febrero de 2013 se firmó el tratado de intercambio de información tributaria con Argentina. Conde dice que si bien no hay información oficial, esa cifra drástica surge de una "encuesta a boca de urna" entre agentes inmobiliarios.

Ese tratado implica que, ante un pedido formal, el Estado uruguayo debe proporcionar información sobre bienes de argentinos en su territorio. Uruguay se vio obligado a aceptarlo luego que el Foro Internacional de Transparencia Global de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dejara al país en "lista gris" de países no cooperantes en materia tributaria.

"Además los empresarios están muy temerosos por la ley de responsabilidad penal empresarial" aprobada el 18 de marzo y reconsideran sus proyectos de construcción, dice el alcalde Brusco.

Las dependientes de la parrilla "Lo D`Pepe", la misma en que Mujica y su esposa tomaron un helado en enero de 2013, están de acuerdo. "Vienen mucho menos argentinos", repiten; "Uruguay es muy caro para ellos".

De Carmelo a Miami. Enrique Rodríguez, quien se especializa en la venta de predios rurales, lo siente en el bolsillo. Hace poco negoció la venta de un campo a un argentino. Sin embargo, con el paso del tiempo, el cliente cambió de rumbo. "Compró en Miami una sociedad anónima, cosa que aquí ya no se puede hacer, y adquirió allá dos apartamentos, que todavía están baratos, en tanto aquí el precio de los campos está en el techo", resume. "Nadie le pregunta nada y les saca una renta anual del 8%. El campo de acá, si lo arrendaba, le rendiría 3,5%, y si se ponía a trabajarlo, obtendría entre 7 y 8%".

De todos modos las fracciones rurales se venden a 40.000 dólares la hectárea, una fortuna, e incluso a 100.000 o más si están en sitios privilegiados, junto al Río de la Plata o cerca del puerto de Nueva Palmira. Porque el capital es temeroso pero también suele ser paciente.

La caída de la demanda es manifiesta.

Trabajadores permanentes y puestos zafrales relucientes
Jardineros, domésticas, talleristas, proveedores: los clubes de campo y otras iniciativas destinadas al turismo son fuentes de empleo para los pobladores de Carmelo. Pero desde 2011 el empleador más atractivo fue la sueco-chilena Montes del Plata, que construye una gran fábrica a 44 kilómetros de distancia. Muchos jóvenes de Carmelo ganaron entre 40.000 y 50.000 pesos por mes. Algunos ahorraron o mejoraron sus viviendas. Otros se atiborraron de cerveza y bienes de consumo. Montes del Plata ya demanda mucho menos personal y la desocupación es incipiente. Carmelo ofrece puestos de trabajo en los que no se pagan mucho más de 10.000 pesos mensuales.