9 sept 2014

EE.UU. cree necesario prepararse para actuar militarmente en megaciudades como México

El imperio contrataca

Publicado: 9 sep 2014 
Según el ejército estadounidense, las más grandes ciudades del mundo, como México, Nueva York o Sao Paulo, mañana mismo podrían convertirse en un campo de batalla para el ejército, así que ya va siendo la hora de prepararse para dicho escenario.
El grupo de investigadores del Estado Mayor del Ejército de EE.UU. ha realizado estudios de campo en 'megaciudades' tales como Nueva York, México, Bangkok, la capital de Nigeria, Lagos, y la capital de Bangladés, Daca, para estudiar la posibilidad de una intervención del ejército. También se han realizado estudios para casos virtuales de intervención militar en las ciudades brasileñas de Rio de Janeiro y de Sao Paulo. "Es plausible que el Ejército pueda ser llamado para actuar en uno de estos lugares mañana", dice el estudio.
 
La razón del estudio radica en el hecho de que el ejército estadounidense, si bien tiene cierta experiencia en zonas urbanas como Seúl y Bagdad, entre otras, "no ha operado en megaciudades: zonas urbanas con una población de más de 10 millones". Esto, según los jefes militares de EE.UU., podría cambiar "mañana", así que ha llegado la hora de prepararse. Según el estudio "es inevitable que en algún momento al Ejército de EE.UU. se le pida actuar en una megaciudad y, por el momento, el Ejército está mal preparado para hacerlo".
 
Según el estudio, entre los mayores problemas de las megaciudades, cuya solución requiere la intervención militar, figuran las tasas de crecimiento explosivas, la enorme disparidad de ingresos que sigue creciendo, y el entorno de seguridad que es "cada vez más atractivo para los políticamente desposeídos", así como los desastres naturales y las redes ilegales.
 
El informe salió a la luz en junio de este año, anticipando la creciente polémica dentro de EE.UU. por la militarización de la policía, que salió a relucir tras los disturbios por la muerte de un joven abatido por un agente en el estado de Misuri. El portal 'Infowars' cree que "muchos cuestionarían que el Ejército se enfocara en la ocupación interna de las ciudades, mientras la permeable frontera estadounidense representa una amenaza para seguridad mucho más fuerte", sobre todo teniendo en cuenta los informes sobre los yihadistas del grupo Estado Islámico que podrían entrar en EE.UU. por su frontera con México.


Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/139687-eeuu-ejercito-actuar-mexico-megaciudades

8 sept 2014

Violaciones y abuso sexual sistemático en la dictadura

Contra la impunidad y las "caducidades"

Quizás el aspecto más impactante de la denuncia que 28 ex presas políticas realizaron el viernes 28 ante un juez penal es la convicción de que la violación y el abuso sexual fue masivo y sistemático a lo largo de toda la dictadura. La agresión sexual en todas sus formas fue, como las prácticas de tortura, una herramienta para destruir al prisionero, para doblegar la voluntad, para lacerar el cuerpo y el espíritu.

Nunca hasta ahora se había presentado una denuncia colectiva sobre estas prácticas comunes en los centros clandestinos de detención. Ya no es posible argumentar -como en su momento se dijo de los asesinatos y las desapariciones forzadas- que se trató de un exceso puntual, de un episodio aislado. El informe elaborado por Sala de Redacción, los testimonios de las víctimas, las opiniones de psicológos, revelan el horror y la degradación de este costado todavía no asumido del terrorismo de Estado.


HAY QUE DENUNCIAR


Jorge Silveira

Manuel Cordero

Gilberto Vázquez

José Gavazzo

















¿Qué haría usted si mañana volviendo a su casa un hombre la mete en un auto y la viola? Probablemente al reunirse con su familia les cuente lo ocurrido y juntos vayan a hacer una denuncia. Seguramente se sentirá  ultrajada, humillada, dolida, impotente, por lo que le acaba de pasar, pero entenderá que realizar la denuncia es la única vía para que el hombre que la atacó pague por lo que hizo y no abuse a otras mujeres.
Ese es un razonamiento lógico al que seguramente muchos adhieran. Es una reacción acorde a las circunstancias. Imagínese ahora que el funcionario que le toma la denuncia es el mismo señor que la violó, y el juez que decidirá en la causa también tiene el mismo rostro de quien la violó. Y todo el sistema legal y político descansa en la moral de quien la violó.
En esas circunstancias puede entenderse que las víctimas de violaciones y abuso sexual durante la dictadura tuvieran miedo de denunciar a sus violadores, que también eran sus torturadores, sus carceleros, sus verdugos.
A 26 años del restablecimiento de la democracia y la liberación de los presos políticos aun hay cosas que no sabemos. Hay personas que siguen impunes por delitos cometidos hace más de treinta años. A partir del coraje de algunas mujeres se explicitan nuevos crímenes.
Son 28 ex presas de la dictadura, de varios sectores políticos, que estuvieran detenidas en diferentes momentos pero que sufrieron lo mismo: violencia sexual, otra cara del plan sistemático que operó en las dictaduras del Cono Sur. Denuncian a militares, policías, médicos y funcionarios del Hospital Militar, más de 150 acusados en total.
Por violencia sexual se entiende la desnudez impuesta, la tortura en los genitales, manoseo constante, amenazas de violación y violaciones consumadas. Según indica la denuncia presentada “la violación sistemática de los derechos humanos de las detenidas, con particular énfasis en su condición de mujeres, se traduce indudablemente en violencia de género ejercida por agentes del Estado sin que las detenidas pudieran recurrir a ningún tipo de autoridad en su defensa”.
Es triste decir que las violaciones no eran lo más grave, en el afán de destrucción de los detenidos y de los grupos sociales y políticos; las torturas sexuales se realizaban cumpliendo un plan minuciosamente elaborado, general y sistemático. Seguramente en el desarrollo de esa estrategia, los torturadores contaban con que frecuentemente las víctimas de violación no hablan de lo que les pasó, por vergüenza, por culpa, una culpa que instalan los mismos violadores.
Los abogados apelan en el escrito ―presentado el viernes 28 de octubre― a la jurisprudencia internacional y a los tratados multilaterales que nuestro país ha adoptado, acerca de los crímenes de lesa humanidad y en particular al fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Gelman, que insta al Estado a “investigar, perseguir y juzgar a los responsables (…) sin impedimento de ninguna ley de caducidad, prescripción, amnistía o institutos análogos”.
Es difícil de entender que una persona guarde durante tanto tiempo un secreto, amparando de esa manera al autor de un delito. Muchas de las víctimas no pudieron hablar ni siquiera con sus familias de lo que debieron padecer estando detenidas. Parece que como sociedad tampoco queremos saber qué pasó; ocasionalmente hemos oído de algún caso, un trascendido, algún comentario, alguna crónica, pero no nos ofrecemos para compartir la carga de la mochila. ¿Cuál sería el argumento para que un violador esté impune? Un pueblo sin memoria está condenado a repetir su pasado y la única manera de dar vuelta la página en algunas cuestiones es a través de la justicia.
Las consecuencias de lo que vivieron algunas mujeres prisioneras décadas atrás se pueden ver hasta el día de hoy. Muchas vieron afectada su vida sexual, su vida íntima, la culpa les generó depresión. Los abogados exigen que “la respuesta a las víctimas también debe darse desde la clase política mediante políticas públicas que garanticen la no repetición de estos hechos, de lo contrario el riesgo será que la violencia contra las mujeres se perpetúe”.
En el camino hacia la justicia el primer paso es la denuncia. El grupo de denunciantes ha pasado por un largo proceso de elaboración antes de poder acercarse al juzgado. Al hablar con ellas se podría decir que aun les cuesta nombrar lo que sufrieron, y que les sería muy difícil tener en frente a sus victimarios. Es comprensible que no quieran tener cerca a quienes les generaron tanto dolor. Pero entienden que es necesario, para que la justicia pueda ejercerse,  acusar claramente y citar los hechos con el mayor detalle posible.
Las violaciones y la violencia sexual en general se considera delito de lesa humanidad en tanto es un “delito cometido en masa contra la población civil, por agentes de Estado y amparados por dicho poder. Se dirigían a la intimidación de grupos identificados por ideas políticas y su comisión ofende gravemente a la humanidad en su conjunto”.
Puede que al llegar tan tarde no sea justicia, pero hay que ir sentando precedentes. Hay que denunciar.
Lucía Pedreira

Los denunciados

Esta es la lista de represores presentada por el equipo de abogados del colectivo de ex presas, según surge de los testimonios.
Jorge Silveira,José Nino Gavazzo, Gilberto Vázquez, Cap. Chiosi, Comandante “La Momia”, soldados enfermeros Sunna y Techera, soldados mujeres Rivero, Izmendi, Selva De Mello, Lestón; Coronel Barrabino, Abi Vique, Teniente Echeverría, Cap. Parisi, médicos Rosa Marsicano, Marabotto, Cap. Gustavo Criado, Sargento Díaz, Dr. Abu Arab, Cap. Herrera, soldado “Mosquito” Modernel , Uruguay Ortega, Cabo Luciano González, Dr. Simeone, Jefe del Batallón Laborde, Cabo Armando Paz, Alférez Abella, Mayor Bonilla, Ohannessian, ,Comandante Chialanza, Sargento Pérez, Miguel Dalmao, Teniente 1o. Araujo, Teniente Cuello, Cap. Segnini, Cap. Antonio Tucci, Teniente 1o. Mario Menjou, Alférez Altes, Alférez Castiglioni, Sub Oficial Mayor Bobadilla,, Teniente Casco, Cresci, Achavarría, Victorino Vázquez, Jorge Grau Olaizola (alías Gonzalo), Wellington Asarle (alías Simón, Sargento Siva, Dr. Serkisian, enfermero Techera, Sargento González (mujer), Cap. Martínez, Alférez Abella, Dr. Rivero, Sargento Silva, Jefe de la Unidad Taramasco, Ariel, Cap. Aguirre, Alférez o Teniente Silva de Caballería, ambos de la OCOA, Sargento Gómez y Cap. Aquines, Cap. Felipe Gómez, Teniente Viera, Teniente Braida, Sargento “El Gato”, Teniente Coronel Rodríguez, Mayor Lucero, Teniente Coronel Albornoz, Coronel Orozco, Mayor Kuster, Teniente Coronel Brasca, Teniente Coronel Alemán, Mayor Maurente, Teniente de Coraceros Centurión, Teniente de Coraceros Gau, Teniente de Artillería Bonaboglia, Teniente Ramón Barboza, Capitán Fernañdez, Comisario Lucas, Comandante González, Coronel Camps, Cap. Omar Lacaza, Dr. Herneder, Dr. Revetria, Pomoli, Gresi, Tuceli, Fons, Ariel Ubillos, Cap. Manuel Cordero, Comandante Washington Varela, Teniente Ramón Barboza, Cap. Fernández, Comandante o Sargento Lucas, Comandante González, Sargento Pedro Faliú, Durán, Sargento Mello, Rodríguez, Maurín, Wolf, Caballero, Juana González, Carlota Vázquez, Pyñeiro, Benítez, Leites, Sánchez, Suárez, Lito Vsky, Teniente Silva, Armando Méndez, Aguirre,
Y a todos los oficiales y suboficiales que entre el período 1972 y 1985 se encontraban en los siguientes establecimientos: Penal de Punta de Rieles, 300 Carlos, Regimiento de Caballería No. 9, Cuartel Km. 14 Cno. Maldonado, Establecimiento La Tablada, Casa de Punta Gorda, Cárcel de Pueblo (Parque Rodó), Regimiento de Caballería No. 4, Hospital Militar, Artillería No. 1 (Cuartel La Paloma), Batallón de Ingenieros No. 1, Batallón de Infantería No. 5 de Mercedes, Batallón 5o. de Artillería, Cuartel de Infantería No. 7 de Salto, Cuartel No. 13, Cuartel No. 6 de Caballería.

7 sept 2014

De eso no se habla


El de los transgénicos es un tema silenciado en la sociedad, dijo a Brecha Claudio Martínez Debat, doctor en biología molecular y celular y docente en la sección bioquímica del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias. No hablan de él los medios de comunicación, ni las instancias de regulación ni la comunidad científica. Y no está en la agenda de ningún gran partido a pesar de ser un asunto de primera importancia que tiene que ver con algo tan esencial como los alimentos que consumimos.


Claudio Martínez es biólogo, docente, académico, científico. Fotografía hecha en uno de los laboratorios de la Facultad de Ciencias. Foto: JUANJO CASTEL


Transgénicos, agrotóxicos, bioseguridad


—¿Por qué el silencio?

—Lo que pasa es que los organismos genéticamente modificados forman parte de un modelo que se aplica mejor si no hay discusión.
Es un asunto con muchas aristas. La que cito siempre en primer lugar es la económico-política, que tiene una base geopolítica: a cada lugar del mundo se le ha asignado desde los centros de poder un papel, una función en materia de producción de insumos, de commodities. Y a nosotros nos ha tocado ser parte de la república sojera del Sur.

Está luego la arista científica. De ahí surge el modelo, de las investigaciones científicas, pero en realidad es un nivel sin poder real de decisión. Quienes toman las decisiones son las grandes empresas biotecnológicas, a las cuales no les interesa discutir sobre la seguridad de los productos que generan, como tampoco les interesa hacerlo a los científicos que trabajan para ellas. Las otras aristas son la de la salud, la cultural, la medioambiental, la bioética…

—¿Hay gente trabajando en el tema en Uruguay?

—No mucha. Y menos aun desde un punto de vista independiente. Aquí en la Facultad de Ciencias hay dos grupos. Puede haber otro en Agronomía, y en el inia, pero en este caso no se trata de científicos independientes sino de gente que cree en el modelo. Tal vez no crean tanto en las compañías trasnacionales, pero ahí tendrán un problema, porque cuando logren un producto patentable, ¿quién les va a comprar la patente? ¿Hasta dónde uno es independiente al desarrollar un transgénico, vistas las enormes presiones que reciben de las grandes empresas?

Después estamos los científicos que abordamos el tema desde otra óptica. En mi caso particular lo abordo desde dos aspectos: uno es el de la materia prima y el otro el de la alimentación. En ambos casos lo he hecho a partir de demandas de la sociedad civil, de asociaciones que se nos acercaron con preocupaciones. Yo estaba trabajando en otro tema, cuando tomé contacto por primera vez con éste y encontré oportunidad de desarrollar experiencias en laboratorio. Fue cuando un grupo de productores orgánicos de maíz llegó a la facultad preocupado por saber si sus cultivos estaban siendo contaminados por el maíz transgénico. Las empresas semilleras les decían que no, les aseguraban que es perfectamente posible la coexistencia entre las dos producciones, la orgánica y la modificada genéticamente, y nosotros terminamos demostrando que no es así. Uruguay es un país muy ventoso, lo que facilita la difusión de las semillas trans por todos lados, pero en realidad el modelo de coexistencia regulada está en crisis en el conjunto del planeta. Y obviamente a las grandes compañías semilleras no les interesa en lo más mínimo si se da o no contaminación. ¿Por qué les interesaría? Paralelamente, los organismos estatales de regulación, a los que el tema debería sí importarles, se ven desbordados y reaccionan haciendo la del avestruz o pura y simplemente con inopia. El resultado de todo esto es que no hay herramientas para impedir la contaminación de la producción orgánica por la transgénica: se ha encontrado maíz modificado hasta en la Quebrada de los Cuervos, por intercambio de semillas. Y eso sucede también porque las empresas venden las semillas transgénicas sin etiquetado claro, lo que hace que un productor del Uruguay profundo no sepa con seguridad si la semilla que compró está o no genéticamente modificada: le pueden llegar a decir que no lo es, y sí lo es.

—Decías que en tu laboratorio trabajaban también sobre los alimentos.

—Sí, y es el aspecto en el que estamos actualmente más concentrados.
En 2008 vinieron a la facultad un grupo de asociaciones interesadas en saber si la polenta consumida en Uruguay tenía componentes transgénicos. Nos contactamos entonces con la división Salud de la Intendencia de Montevideo, que nos entregó un muestreo de 20 polentas, todas codificadas, sin que aparecieran las marcas. Cuando las analizamos en laboratorio, vimos que todas (pudimos extraerle el adn a 18) tenían componentes transgénicos. A partir de ahí empezamos a buscar transgénicos en otros alimentos, como quesos de cabra, hamburguesas de carne, snacks, cereales para el desayuno. En los quesos de cabra encontramos que el almidón de maíz es Bt, en los panchos y hamburguesas aparecieron adiciones con pasta de soja RR. También encontramos maíz transgénico Bt en los snacks y en los cereales.
Una cosa interesante: estas experiencias nos permitieron ir desarrollando recursos humanos de grado y de posgrado y afianzando infraestructura en esta materia, algo a lo que yo le doy especial prioridad. Y lo hicimos en colaboración estrecha con la división Salud de la Intendencia de Montevideo, que el año pasado concretó una fuerte inversión en aparatos de última generación para analizar la presencia de transgénicos en alimentos (véase recuadro).

—¿Notás una mayor sensibilidad respecto al tema en los últimos años en la Universidad?

—Sí. Una evolución positiva de los últimos años es que en la Udelar se ha ido extendiendo la preocupación por generar un debate. A nivel de rectorado y de pro rectorados (investigación, extensión, enseñanza) hay gente sensible al tema y hemos recibido apoyo. El problema es que la Universidad carece de recursos económicos suficientes.

Por otro lado, hemos ido generando un núcleo interdisciplinario interesado en los temas de transgénicos y bioseguridad. Allí hay gente de diversas facultades (Medicina, Química, Ciencias, Agronomía, Nutrición, Derecho), del Clemente Estable y de la sociedad civil.

Los científicos que estamos en este núcleo damos la cara, en el sentido de que nos interesa que haya un debate. Las compañías y algunos organismos reguladores, el poder político también en muchos casos, sostienen que los transgénicos son seguros desde el punto de vista sanitario y nosotros preguntamos de dónde sacan eso. La mayoría de las veces lo sacan de los estudios realizados por los científicos que trabajan para las propias compañías. Y resulta que hay otros experimentos, sobre animales, que van en sentido contrario. Los transgénicos, además, no vienen solos, vienen con un paquete asociado de productos agrotóxicos que nos preocupan sobremanera: sabemos de muchísimos casos de contaminación por fumigaciones con esos productos y sabemos igualmente que una parte de esos agrotóxicos quedan en el grano.

Este es un tema muy polarizado en el que muchos prefieren no intervenir. Los que están a favor no se pronuncian o lo hacen a través del gobierno.

Organizan debates, pero invitan a gente que tiene apoyos en las grandes compañías del sector, y el contenido de sus cursos está basado en una ciencia perimida, en la que se respaldan las propias trasnacionales para sacar sus productos.

—¿A qué te referís cuando decís que se basan en una “ciencia perimida”?

—La biología ha avanzado enormemente en los últimos años, al punto que las grandes verdades que dábamos en el salón de clases ya no las podemos sostener. Vos no podés aplicar un modelo como éste sin tener en cuenta que opera con interacciones complejas, en un contexto en el que cada componente incide en el otro. A mí no me pueden venir con un discurso del tipo: “introduje un gen en una planta y lo único distinto en la planta es ese gen y el resto es igual”. Es una mentira enorme. Las técnicas modernas consideran a la planta como un todo y la relacionan con el entorno en el que se desarrolla. En este caso no se la puede analizar sin tener en cuenta que vive en un entorno sometido a una alta presión de pesticidas, en el que sufre un cambio mucho mayor que la mera introducción de un segmento de adn. Cómo impacta ese cambio en la salud del consumidor es lo que no se sabe aún porque no hay demasiados estudios al respecto.

—¿La Universidad participa en alguna instancia de evaluación estatal de los productos transgénicos?

—Durante tres-cuatro años intervino en el Comité de Articulación Interinstitucional (cai), junto al msp, el latu, la Dinase, el Clemente Estable, entre otros. Pero hace dos años nos retiramos porque nuestro malestar era creciente respecto a su forma de funcionamiento. El cai no es vinculante, se puede opinar pero nada más. Reclamamos que la opinión de la Universidad fuera pública, cosa que no lo era. También que el Estado apoyara el trabajo en estos temas, y el trabajo sigue siendo honorario, lleva mucho tiempo y es como jugar con la cancha flechada, con el aditivo de que desde el punto de vista personal y profesional es muy frustrante.

Nuestra estrategia actual es fortalecer dentro de la Udelar un equipo interdisciplinario sobre bioseguridad, transgénicos y paquete asociado para luego eventualmente volver al cai bajo otras reglas del juego.

El sistema de evaluación, además, tiene una debilidad fundamental: se nos pedía que analizáramos la planta transgénica aislada del paquete tecnológico. Y al paquete tecnológico se lo dejaba de lado.

Lo que nosotros queremos es que se hable, que no se maneje el tema con la ley del silencio. A nivel científico, Uruguay tiene la oportunidad de generar toda la estructura necesaria alrededor del tema. Podemos ser referentes en la región montando laboratorios para analizar transgénicos en alimentos, en las semillas, cómo se comportan en el campo. Cuando se va a aprobar un transgénico y las compañías nos ofrecen un dossier deberíamos ser capaces de replicar esas pruebas: ¿es realmente como dicen las empresas? En Estados Unidos no hacen esos estudios y en otros lugares dicen: “como se aprobó en tal lado, también acá”. Tenemos una enorme oportunidad de distinguirnos y ya contamos con los recursos humanos necesarios.

—Cuando hablabas de investigaciones preocupantes sobre transgénicos, ¿te referías por ejemplo a las que llevó a cabo el francés Gilles Seralini?1

—Sí, a las de Seralini y a las del argentino Andrés Carrasco,2 entre otras. A Seralini se lo puede criticar por la espectacularidad mediática con que se movió, por el hecho de ser muy personalista, tal vez por alguna de sus conclusiones, pero el suyo fue un trabajo serio, llevado a cabo con los mismos protocolos que emplean los laboratorios de las grandes compañías, y fue el primero desarrollado a largo plazo. De su investigación se desprende que el consumo de transgénicos produce en las ratas envejecimiento acelerado prematuro, con lo cual los tumores que él ve aparecen más prontamente porque el glifosato, el herbicida asociado al transgénico, es un veneno potente. Se nos hizo pensar durante años que el glifosato era inocuo –yo mismo me tragué la pastilla–, hasta que Andrés Carrasco nos abrió los ojos con sus investigaciones. No sólo el glifosato, sino también los coadyuvantes que hacen que el glifosato entre a la planta y los productos de degradación del glifosato. Todos son recontratóxicos.

La campaña de desprestigio a la que fueron sometidos tanto Seralini como Carrasco por parte de las empresas fue tremenda.

Las denuncias sobre las presiones a científicos independientes que han llegado a conclusiones cuestionadoras del modelo han aparecido hasta en publicaciones académicas muy poco sospechosas de estar contra los modelos de gran producción. Es terrible lo que les ha sucedido: en Estados Unidos en su gran mayoría han sido obligados a cambiar de tema o a abandonar la ciencia.

Carrasco decía que estamos en un momento en que los científicos nos vemos obligados a demostrar la realidad en el laboratorio, cuando la realidad está ahí pero nadie la quiere ver.

—¿Y acá qué sucede? Sería raro que no hubiera presiones…

—No las conozco a un nivel tan grande. Estamos esperando el marronazo, sobre todo de parte de las empresas.

1. Véase Brecha, 28-IX-12.
2. Véase Brecha, 16-V-14.

Otra apuesta por la guerra

En la cita llovieron las amenazas a Moscú y las promesas de “ayudar a Ucrania”
Fueron dos días de sonrisas de un conjunto de jefes de Estado y de la OTAN, quienes parecían disfrutar del contexto internacional adverso, por el que apuestan a la guerra como solución.
El primer punto, como era de esperar, versó sobre la situación en Ucrania y la interpretación occidental. Plantea que la culpabilidad de lo que allí ocurre es de Moscú, acusado, además, de haber enviado hombres y medios militares para combatir contra fuerzas de Kiev, que bombardean a los poblados del este fronterizos con Rusia.
La “justificación” de las amenazas a Rusia nos recuerda lo sucedido cuando el entonces secretario general de la OTAN, Javier Solana, transmitió la orden —que había recibido de Estados Unidos— de bombardear Yugoslavia en 1999; el “motivo” era una supuesta ma­tanza serbia de desplazados kosovares.
También cuando se apretaron los gatillos para dejar caer miles de cohetes y bombas sobre Irak en el año 2003, ambos protagonistas —OTAN y Pentágono— encontraron co­mo “justificación” la tenencia de armas atómicas por parte del gobierno iraquí, que nunca aparecieron porque nunca existieron.
La Alianza y Washington usaron la misma táctica para bombardear, invadir y ocupar Afganistán en busca de un Bin Laden que no estaba allí. Atacaron Libia y mataron a su presidente para “estabilizar” a un país que han destruido desde todos los puntos de vista.
En fin, el prontuario letal de ambos participantes —sea quien sea el que esté al frente de la Casa Blanca y quien dirija la organización militar— es el mismo, de Cumbre en Cumbre se repite para crear más incertidumbre en un mundo convulso y caótico.
La OTAN debió desaparecer con la caída del campo socialista y la desintegración de la URSS y el Pacto de Varsovia; pero lejos de extinguirse, se ha fortalecido, ampliado y traspasado las propias fronteras geográficas de los países que la integraban.
Ahora realiza funciones tal si fuera un verdadero policía mundial.
Así las cosas, la organización amplió su membresía en 1999, con la entrada de ávidos gobiernos de países otrora llamados socialistas de Europa del Este: Polonia, la República Checa y Hungría.
Más tarde, en 2004, fueron acogidos en la organización belicista, los estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania; así como Bul­garia, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.
En la actual Cumbre de Gales, a Ucrania se le permitió la prerrogativa de que su actual presidente, Petro Poroshenko, estuviese presente como parte de un coro anti-ruso.
En la cita llovieron las amenazas a Moscú y las promesas de “ayudar a Ucrania”.
Uno que estuvo más belicista que nunca en este cónclave es el secretario general de la Alianza, Anders Fgoh Rasmussen, quien hasta quiso “levantar la parada” y no solo llamar a nuevas y más fuertes sanciones contra Moscú, sino fortalecer la presencia militar de la OTAN en las cercanías de su territorio, para lo que se crearán cinco nuevas bases militares en Po­lonia, Rumanía, Letonia, Lituania y Estonia.
Obama afirmó que “Estados Unidos iba a enviar más unidades de la fuerza aérea a la zona báltica”.
“La OTAN —añadió— es firme ante este desafío. Hemos suspendido nuestra cooperación con Rusia. Hemos impulsado nuestra coo­peración con nuestro socio, Ucrania. Hemos reforzado nuestra defensa colectiva”.
Otros puntos de la agenda de la Cumbre de la OTAN en Gales, son la situación en Irak y las amenazas a ese país y a Siria por el grupo terrorista Estado Islámico. La desmovilización de las fuerzas militares que tiene Estados Unidos en Afganistán no ocuparon el auge mediático que se le dio a Ucrania, más que todo por haber tenido esta cita un contenido totalmente anti-ruso.

Nueva Guerra Fría



Serge Halimi

Director de 'Le Monde diplomatique'.

En 1980, para resumir su visión de las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética, Ronald Reagan usó esta expresión: “Nosotros ganamos; ellos pierden”. Doce años más tarde, su sucesor inmediato en la Casa Blanca, George Bush, se congratulaba por el camino recorrido: “Un mundo antes dividido entre dos campos armados reconoce que sólo hay una única superpotencia: Estados Unidos de América”. Fue el fin oficial de la Guerra Fría.

Este periodo, a su vez, ya es pasado. La hora de su muerte sonó el día en que Rusia se cansó de “perder” y estimó que su programado descenso nunca tocaría fondo, dado que cada uno de sus vecinos se veía sucesivamente atraído –o sobornado– por una alianza económica y militar dirigida contra ella. Por otra parte, el pasado marzo, en Bruselas, Barack Obama recordó: “Los aviones de la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte] patrullan los cielos sobre el Báltico, hemos reforzado nuestra presencia en Polonia y estamos dispuestos a hacer más” (1). Frente al Parlamento ruso, Vladímir Putin asimiló tal disposición a la “infame política de la contención” que, según él, las potencias occidentales oponen a su país desde… el siglo XVIII (2).


Sin embargo, la nueva Guerra Fría será diferente a la anterior. Ya que, como ha señalado el Presidente de Estados Unidos, “a diferencia de la Unión Soviética, Rusia no lidera ningún bloque de naciones, no inspira ninguna ideología global”. La confrontación que se instala también ha dejado de oponer una superpotencia estadounidense que basa en su fe religiosa la seguridad imperial en un “destino manifiesto” a un “Imperio del Mal” que Ronald Reagan maldecía además por su ateísmo. En cambio, Vladímir Putin corteja –no sin éxito– a los cruzados del fundamentalismo cristiano. Y cuando se anexiona Crimea, recuerda de inmediato que es el lugar “donde fue bautizado San Vladímir (…), un bautismo ortodoxo que determinó los fundamentos básicos de la cultura, los valores y la civilización de los pueblos rusos, ucranianos y bielorrusos”.

Tanto como decir que Moscú no admitirá que Ucrania se convierta en la base de operaciones de sus adversarios. Candente por una propaganda nacionalista, que incluso excede el lavado de cerebro occidental, el pueblo ruso se opondría a ello. Ahora bien, en Estados Unidos y en Europa, los partidarios del gran rearme superan la apuesta: proclamaciones marciales, avalancha de sanciones heteróclitas que sólo fortalecen la determinación del campo contrario. “Quizás la nueva Guerra Fría será aún más peligrosa que la anterior –ya advirtió uno de los mejores expertos estadounidenses sobre Rusia, Stephen F. Cohen–, porque, contrariamente a su predecesora, no encuentra ninguna oposición –ni en la Administración, ni en el Congreso, ni en los medios de comunicación, las universidades, los think tanks (3)–”. La receta comprobada de todos los engranajes…
(1) Discurso de Barack Obama en Bruselas, 26 de marzo de 2014.
(2) Discurso de Vladímir Putin en el Parlamento ruso, 18 de marzo de 2014.
(3) Pronunciada en la conferencia anual Rusia-Estados Unidos, Washington, 16 de junio de 2014. Retomada en The Nation, Nueva York, 12 de agosto de 2014.