1 abr 2026

LOS FELICES GENOCIDAS

La pena de muerte como doctrina de apartheid en pleno siglo XXI


Matías Caciabue
On Mar 31, 2026


Benjamin Netanyahu e Itamar Ben-Gvir



La aprobación por parte del gobierno de Benjamin Netanyahu y su ministro de seguridad nacional, Itamar Ben-Gvir, de una ley que habilita la pena de muerte contra eventuales prisioneros palestinos (presos políticos) es la cristalización jurídica definitiva de un régimen de dominación colonial.

Como en la Sudáfrica de los boers, donde el apartheid organizaba la vida y la muerte en función del origen, hoy se institucionaliza un sistema donde la justicia tiene colonialidad y la condena tiene identidad nacional. Tribunales militares con tasas de condena casi absolutas, definiciones difusas de “terrorismo”, y ejecuciones en plazos perentorios configuran un dispositivo de disciplinamiento y muerte.


El dispositivo de la Pena de Muerte ya tiene una base material concreta. Según fuentes como Amnistía Internacional, hoy más de 9.300 palestinos y palestinas se encuentran encarcelados en prisiones israelíes, incluyendo mujeres y centenares de menores, cifra que en distintos momentos recientes ha superado los 11.000 detenidos tras oleadas de arrestos masivos.

No se trata de casos aislados, sino de un sistema estructural de encarcelamiento que funciona como pilar del control colonial sobre toda la población de Gaza y Cisjordania. No estamos ante una “medida de seguridad”: estamos frente a una arquitectura de exterminio. Esta ley se inscribe en una lógica más amplia de castigo colectivo, detención arbitraria, tortura y destrucción sistemática de las condiciones de existencia nacional del Pueblo Palestino.

Es, en términos políticos y jurídicos, un paso más en un proceso que la Corte Penal Internacional está juzgado como de GENOCIDIO. La comparación con el apartheid sudafricano es histórica y material. Aquel régimen, en su carácter neocolonial británico y europeo, no sólo organizó la segregación racial, sino que se sostuvo sobre una economía extractiva profundamente desigual.


La llamada República de los Boers llegó a producir cerca de un tercio del oro mundial desde las minas del Witwatersrand, explotadas sobre la base del trabajo forzado y la superexplotación de la población negra. Como entonces, hoy también se articula una relación entre dominación política, apropiación de recursos y explotación racializada, donde el control territorial y humano es condición para la acumulación capitalista.

Aquí resuena con fuerza la obra del historiador Ilan Pappé, académico formado en la Universidad de Haifa, quien documentó la limpieza étnica de Palestina como un proceso estructural. Pappé, marginado por el establishment israelí, sostuvo una posición ética radical frente al colonialismo, y eligió pararse del lado de la verdad histórica y del pueblo oprimido, reivindicando incluso su pertenencia a la tierra de Palestina.

Se acaba de institucionalizar la muerte como política de Estado. Frente a ello, la historia ya ha dado su veredicto. El apartheid cayó. Y caerán también los regímenes que pretendan sostenerse sobre la negación sistemática de un Otro como Humano. Palestina no es sólo un territorio en disputa: es el nombre de una lucha que interpela al mundo entero.


*Licenciado en Ciencia Política y ex Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional UNDEF en Argentina. Analista de NODAL. Investigador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).