10 ene 2015

El terror en París: raíces profundas y lejanas

 El atentado terrorista perpetrado en las oficinas de Charlie Hebdo debe ser condenado sin atenuantes. Es un acto brutal, criminal, que no tiene justificación alguna. Es la expresión contemporánea de un fanatismo religioso que -desde tiempos inmemoriales y en casi todas las religiones conocidas- ha plagado a la humanidad con muertes y sufrimientos indecibles. La barbarie perpetrada en París concitó el repudio universal. Pero parafraseando a un enorme intelectual judío del siglo XVII, Baruch Spinoza, ante tragedias como esta no basta con llorar, es preciso comprender. ¿Cómo dar cuenta de lo sucedido? 

ATILIO A. BORON 

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La respuesta no puede ser simple porque son múltiples los factores que se amalgamaron para producir tan infame masacre. Descartemos de antemano la hipótesis de que fue la obra de un comando de fanáticos que, en un inexplicable rapto de locura religiosa, decidió aplicar un escarmiento ejemplar a un semanario que se permitía criticar ciertas manifestaciones del Islam y también de otras confesiones religiosas. Que son fanáticos no cabe ninguna duda. Creyentes ultraortodoxos abundan en muchas partes, sobre todo en Estados Unidos e Israel. Pero, ¿cómo llegaron los de París al extremo de cometer un acto tan execrable y cobarde como el que estamos comentando? Se impone distinguir los elementos que actuaron como precipitantes o desencadenantes –por ejemplo, las caricaturas publicadas por el Charlie Hebdo, blasfemas para la fe del Islam- de las causas estructurales o de larga duración que se encuentran en la base de una conducta tan aberrante. En otras palabras, es preciso ir más allá del acontecimiento, por doloroso que sea, y bucear en sus determinantes más profundos.
A partir de esta premisa metodológica hay un factor que merece especial consideración. Nuestra hipótesis es que lo sucedido es un lúgubre síntoma de lo que ha sido la política de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Es el resultado paradojal –pero previsible, para quienes están atentos al movimiento dialéctico de la historia- del apoyo que la Casa Blanca le brindó al radicalismo islámico desde el momento en que, producida la invasión soviética a Afganistán en Diciembre de 1979, la CIA determinó que la mejor manera de repelerla era combinar la guerra de guerrillas librada por los mujaidines con la estigmatización de la Unión Soviética por su ateísmo, convirtiéndola así en una sacrílega excrecencia que debía ser eliminada de la faz de la tierra. En términos concretos esto se tradujo en un apoyo militar, político y económico a los supuestos “combatientes por la libertad” y en la exaltación del fundamentalismo islamista del talibán que, entre otras cosas, veía la incorporación de las niñas a las escuelas afganas dispuesta por el gobierno prosoviético de Kabul como una intolerable apostasía. Al Qaeda y Osama bin Laden son hijos de esta política. En esos aciagos años de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, la CIA era dirigida por William Casey, un católico ultramontano, caballero de la Orden de Malta cuyo celo religioso y su visceral anticomunismo le hicieron creer que, aparte de las armas, el fomento de la religiosidad popular en Afganistán sería lo que acabaría con el sacrílego “imperio del mal” que desde Moscú extendía sus tentáculos sobre el Asia Central. Y la política seguida por Washington fue esa: potenciar el fervor islamista, sin medir sus predecibles consecuencias a mediano plazo.
Horrorizado por la monstruosidad del genio que se le escapó de la botella y produjo los confusos atentados del 11 de Septiembre (confusos porque las dudas acerca de la autoría del hecho son muchas más que las certidumbres) Washington proclamó una nueva doctrina de seguridad nacional: la “guerra infinita” o la “guerra contra el terrorismo”, que convirtió a las tres cuartas partes de la humanidad en una tenebrosa conspiración de terroristas (o cómplices de ellos) enloquecidos por su afán de destruir a Estados Unidos y el “modo americano de vida” y estimuló el surgimiento de una corriente mundial de la “islamofobia”. Tan vaga y laxa ha sido la definición oficial del terrorismo que en la práctica este y el Islam pasaron a ser sinónimos, y el sayo le cabe a quienquiera que sea un crítico del imperialismo norteamericano. Para calmar a la opinión pública, aterrorizada ante los atentados, los asesores de la Casa Blanca recurrieron al viejo método de buscar un chivo expiatorio, alguien a quien culpar, como a Lee Oswald, el inverosímil asesino de John F. Kennedy. George W. Bush lo encontró en la figura de un antiguo aliado, Saddam Hussein, que había sido encumbrado a la jefatura del estado en Irak para guerrear contra Irán luego del triunfo de la Revolución Islámica en 1979, privando a la Casa Blanca de uno de sus más valiosos peones regionales. Hussein, como Gadaffi años después, pensó que habiendo prestado sus servicios al imperio tendría las manos libres para actuar a voluntad en su entorno geográfico inmediato. Se equivocó al creer que Washington lo recompensaría tolerando la anexión de Kuwait a Irak, ignorando que tal cosa era inaceptable en función de los proyectos estadounidenses en la región. El castigo fue brutal: la primera Guerra del Golfo (Agosto 1990-Febrero 1991), un bloqueo de más de diez años que aniquiló a más de un millón de personas (la mayoría niños) y un país destrozado. Contando con la complicidad de la dirigencia política y la prensa “libre, objetiva e independiente” dentro y fuera de Estados Unidos la Casa Blanca montó una patraña ridícula e increíble por la cual se acusaba a Hussein de poseer armas de destrucción masiva y de haber forjado una alianza con su archienemigo, Osama bin Laden, para atacar a los Estados Unidos. Ni tenía esas armas, cosa que era archisabida; ni podía aliarse con un fanático sunita como el jefe de Al Qaeda, siendo él un ecléctico en cuestiones religiosas y jefe de un estado laico.
Impertérrito ante estas realidades, en Marzo del 2003 George W. Bush dio inicio a la campaña militar para escarmentar a Hussein: invade el país, destruye sus fabulosos tesoros culturales y lo poco que quedaba en pie luego de años de bloqueo, depone a sus autoridades, monta un simulacro de juicio donde a Hussein lo sentencian a la pena capital y muere en la horca. Pero la ocupación norteamericana, que dura ocho años, no logra estabilizar económica y políticamente al país, acosada por la tenaz resistencia de los patriotas iraquíes. Cuando las tropas de Estados Unidos se retiran se comprueba su humillante derrota: el gobierno queda en manos de los chiítas, aliados del enemigo público número uno de Washington en la región, Irán, e irreconciliablemente enfrentados con la otra principal rama del Islam, los sunitas. A los efectos de disimular el fracaso de la guerra y debilitar a una Bagdad si no enemiga por lo menos inamistosa -y, de paso, controlar el avispero iraquí- la Casa Blanca no tuvo mejor idea que replicar la política seguida en Afganistán en los años ochentas: fomentar el fundamentalismo sunita y atizar la hoguera de los clivajes religiosos y las guerras sectarias dentro del turbulento mundo del Islam. Para ello contó con la activa colaboración de las reaccionarias monarquías del Golfo, y muy especialmente de la troglodita teocracia de Arabia Saudita, enemiga mortal de los chiítas y, por lo tanto, de Irán, Siria y de los gobernantes chiítas de Irak.
Claro está que el objetivo global de la política estadounidense y, por extensión, de sus clientes europeos, no se limita tan sólo a Irak o Siria. Es de más largo aliento pues procura concretar el rediseño del mapa de Medio Oriente mediante la desmembración de los países artificialmente creados por las potencias triunfantes luego de las dos guerras mundiales. La balcanización de la región dejaría un archipiélago de sectas, milicias, tribus y clanes que, por su desunión y rivalidades mutuas no podrían ofrecer resistencia alguna al principal designio de “humanitario” Occidente: apoderarse de las riquezas petroleras de la región. El caso de Libia luego de la destrucción del régimen de Gadaffi lo prueba con elocuencia y anticipó la fragmentación territorial en curso en Siria e Irak, para nombrar los casos más importantes. Ese es el verdadero, casi único, objetivo: desmembrar a los países y quedarse con el petróleo de Medio Oriente. ¿Promoción de la democracia, los derechos humanos, la libertad, la tolerancia? Esos son cuentos de niños, o para consumo de los espíritus neocolonizados y de la prensa títere del imperio para disimular lo inconfesable: el saqueo petrolero.
El resto es historia conocida: reclutados, armados y apoyados diplomática y financieramente por Estados Unidos y sus aliados, a poco andar los fundamentalistas sunitas exaltados como “combatientes por la libertad” y utilizados como fuerzas mercenarias para desestabilizar a Siria hicieron lo que en su tiempo Maquiavelo profetizó que harían todos los mercenarios: independizarse de sus mandantes, como antes lo hicieran Al Qaeda y bin Laden, y dar vida a un proyecto propio: el Estado Islámico. Llevados a Siria para montar desde afuera una infame “guerra civil” urdida desde Washington para producir el anhelado “cambio de régimen” en ese país, los fanáticos terminaron ocupando parte del territorio sirio, se apropiaron de un sector de Irak, pusieron en funcionamiento los campos petroleros de esa zona y en connivencia con las multinacionales del sector y los bancos occidentales se dedican a vender el petróleo robado a precio vil y convertirse en la guerrilla más adinerada del planeta, con ingresos estimados de 2.000 millones de dólares anuales para financiar sus crímenes en cualquier país del mundo. Para dar muestras de su fervor religioso las milicias jihadistas degüellan, decapitan y asesinan infieles a diestra y siniestra, no importa si musulmanes de otra secta, cristianos, judíos o agnósticos, árabes o no, todo en abierta profanación de los valores del Islam. Al haber avivado las llamas del sectarismo religioso era cuestión de tiempo que la violencia desatada por esa estúpida y criminal política de Occidente tocara las puertas de Europa o Estados Unidos. Ahora fue en París, pero ya antes Madrid y Londres habían cosechado de manos de los ardientes islamistas lo que sus propios gobernantes habían sembrado inescrupulosamente.
De lo anterior se desprende con claridad cuál es la génesis oculta de la tragedia del Charlie Hebdo. Quienes fogonearon el radicalismo sectario mal podrían ahora sorprenderse y mucho menos proclamar su falta de responsabilidad por lo ocurrido, como si el asesinato de los periodistas parisinos no tuviera relación alguna con sus políticas. Sus pupilos de antaño responden con las armas y los argumentos que les fueron inescrupulosamente cedidos desde los años de Reagan hasta hoy. Más tarde, los horrores perpetrados durante la ocupación norteamericana en Irak los endurecieron e inflamaron su celo religioso. Otro tanto ocurrió con las diversas formas de “terrorismo de estado” que las democracias capitalistas practicaron, o condonaron, en el mundo árabe: las torturas, vejaciones y humillaciones cometidas en Abu Ghraib, Guantánamo y las cárceles secretas de la CIA; las matanzas consumadas en Libia y en Egipto; el indiscriminado asesinato que a diario cometen los drones estadounidenses en Pakistán y Afganistán, en donde sólo dos de cada cien víctimas alcanzadas por sus misiles son terroristas; el “ejemplarizador” linchamiento de Gadaffi (cuya noticia provocó la repugnante carcajada de Hillary Clinton); el interminable genocidio al que son periódicamente sometidos los palestinos por Israel, con la anuencia y la protección de Estados Unidos y los gobiernos europeos, crímenes, todos estos, de lesa humanidad que sin embargo no conmueven la supuesta conciencia democrática y humanista de Occidente. Repetimos: nada, absolutamente nada, justifica el crimen cometido contra el semanario parisino. Pero como recomendaba Spinoza hay que comprender las causas que hicieron que los jihadistas decidieran pagarle a Occidente con su misma sangrienta moneda. Nos provoca náuseas tener que narrar tanta inmoralidad e hipocresía de parte de los portavoces de gobiernos supuestamente democráticos que no son otra cosa que sórdidas plutocracias. Hubo quienes, en Estados Unidos y Europa, condenaron lo ocurrido con los colegas de Charlie Hebdo por ser, además, un atentado a la libertad de expresión. Efectivamente, una masacre como esa lo es, y en grado sumo. Pero carecen de autoridad moral quienes condenan lo ocurrido en París y nada dicen acerca de la absoluta falta de libertad de expresión en Arabia Saudita, en donde la prensa, la radio, la televisión, la Internet y cualquier medio de comunicación está sometido a una durísima censura. Hipocresía descarada también de quienes ahora se rasgan las vestiduras pero no hicieron absolutamente nada para detener el genocidio perpetrado por Israel hace pocos meses en Gaza. Claro, Israel es uno de los nuestros dirán entre sí y, además, dos mil palestinos, varios centenares de ellos niños, no valen lo mismo que la vida de doce franceses. La cara oculta de la hipocresía es el más desenfrenado racismo.
REBELION

9 ene 2015

Michel Houellebecq ha anunciado que suspende la campaña de promoción de su nueva novela 'Soumission' (sumisión).


El famoso escritor suspende la promoción de su libro sobre la islamización de Francia


9 ene 2015
REUTERS/Tony Gentile


El famoso escritor francés Michel Houellebecq, que perdió a su amigo Bernard Maris en el ataque terrorista a la redacción de 'Charlie Hebdo', ha anunciado que suspende la campaña de promoción de su nueva novela 'Soumission' (sumisión).

Según las filtraciones en Internet, el libro, cuya acción transcurre en 2022,describe una Francia imaginaria gobernada por un partido musulmán moderado que llega al poder tras un segundo e hipotético mandato del socialista François Hollande y que le gana las elecciones al Frente Nacional de Marine Le Pen.

Como informa la emisora France Info, el escritor ha abandonado París profundamente afectado por la muerte para reunirse con la naturaleza. Houellebecq explicará su decisión este viernes, en una entrevista grabada previamente en Canal Plus.

Medios franceses suponen que Houellebecq tendrá que responder a muchos medios, por ejemplo 'Libération', que lo acusan de apoyar ideas derechistas.

En la última página de su último ejemplar, la revista 'Charlie Hebdo' destacaba entre otras viñetas protagonizadas por el escritor una en la que aparecía su caricatura con el texto "¡Escándalo! ¡Alá ha creado a Houellebecq a su imagen y semejanza!".



¿Qué tiene que ver Houellebecq con el atentado contra Charlie Hebdo?

El francés era el protagonista de la última portada del semanario satírico y ha abandonado París.

Su última novela, donde imagina un futuro en el que Francia queda en manos de un presidente musulmán, iba a salir a la venta el día del atentado.

Contra todo pronóstico, la provocación de Michel Houellebecq podría tener límites. El polémico escritor, protagonista de la última portada de Charlie Hebdo, interrumpió ayer la promoción de su sexta novela y abandonó abruptamente París. Fue el miércoles, el día en que fueron asesinadas doce personas en la sede del semanario satírico, el previsto desde hace siete meses para el lanzamiento de Soumission (Sumisión), una fantasía en la que el final de Hollande y el miedo al ascenso de la ultraderecha representada por Marine Le Pen propulsa hacia la presidencia al candidato Mohammed Ben Abbes y su partido Fraternidad Musulmana.

Es un escenario que el autor mismo califica de poco probable, "principalmente porque los musulmanes tendrían que llevarse bien entre ellos". Pero la agitación ha sido tal que hasta el presidente François Hollande ha dicho que había que leerla "porque genera debate". La portada iba firmada por uno de los dibujantes fallecidos, Stephane Charbonnier.



La novela, cuyo título es la traducción literal de la palabra Islam, comparte título con el documental del holandés Van Gogh, asesinado en 2004 por Mohammed Bouyeri, un islamista holandés de origen marroquí enfurecido por su retrato del Islam.

Su protagonista es el típico alter ego del autor que enseña en la Sorbona, frecuenta prostitutas y suspira por jovencitas. Antes de las elecciones, abandona la capital -como el propio Houellebecq- para escapar del intenso ambiente político y entregarse a placeres más tranquilizadores, como mirar castillos y beber armagnac. Cuando regresa, la república de la igualdad, libertad y fraternidad se ha convertido en una teocracia.


Las mujeres han abandonado la minifalda y la vida laboral, arropadas por las generosas subvenciones del Gobierno, que acaban con el paro masculino de la noche a la mañana. El crimen se dispara. Las universidades amanecen forradas con versos del Corán, la Sorbona tiene un rector con tres esposas y los profesores no musulmanes tienen que elegir entre convertirse al Islam o abandonar la docencia.

El académico, que está especializado en la obra de Joris-Karl Huysmans, el famoso decadentista francés que se convirtió al cristianismo, deberá elegir entre esas dos posibilidades.

La novela como género inofensivo

El escritor asegura que su intención no es polémica sino descriptiva y que, si alguien puede sentirse ofendido, son las feministas, cosa sobre la que no puede hacer nada. "La idea de fondo, lo que más puede molestar a la gente, es que la ideología no importa mucho comparado con lo demográfico".

Acusado de hacerle el juego a Le Pen y de seguir el ejemplo de Éric Zemmour (El suicidio francés, 2014) en las últimas semanas Houellebecq ha defendido la naturaleza inofensiva de la ficción. "No sé de ningún ejemplo de una novela que haya cambiado el curso de la historia - dijo en la radio-. Son otras cosas las que cambian el curso de la historia: ensayos, el Manifiesto Comunista, pero nunca novelas".


Su relación con el Islam no es nueva, ni amistosa. En 2001, por ejemplo, lo describió en una entrevista como la más estúpida de las religiones:


"Me digo a mí mismo que el simple hecho de creer en un sólo dios es un comportamiento de cretino, no encuentro otra forma de describirlo. Y la religión más estúpida es, seamos honestos, el Islam. La Biblia por lo menos es bella porque los judíos tienen un gran talento literario... y sólo por eso se les perdona mucho."

Cuatro organizaciones musulmanas le llevaron a los tribunales por insultar sus creencias religiosas e incitar al odio racial. Fiel a su persona pública, con el cinismo que le caracteriza, Houellebecq explicó al juez que no despreciaba a los musulmanes sino a su religión porque, al igual que el cristianismo y el judaísmo, está "basada en textos de odio". El juez archivó el caso.

Paradójicamente, fue una crisis de ateísmo la que propició el libro. Después de la muerte de sus padres y de su perro, Houellebecq se declaró agnóstico, no ateo, y necesitado de espiritualidad. El título inicial de la novela era La conversion y su protagonista se convertía, pero no al islam sino al catolicismo. "Creo que hay una necesidad real de Dios y que el retorno de lo religioso no es un eslogan sino una realidad, y que está creciendo".

En cualquier caso y para no sembrar preocupación entre los muchos fans (o regocijar a sus casi tantos detractores), conviene recordar que no es la primera vez que abandona París en plena promoción de una novela. Tanto es así que en su propio mockumental, El secuestro de Michel Houellebecq, se produce su desaparición, que da lugar a todo tipo de especulaciones. Entre ellas, un secuestro de Al Qaeda.

Atentado en París: manipulación e islamofobia

8 ene 2015

Maximiliano Sbarbi Osuna

Nada justifica la barbarie cometida ayer en París. Ni las caricaturas burlonas de Mahoma publicadas por la revista Charlie Hebdo, ni las misiones de ocupación y bombardeo que realiza Francia actualmente en tres países musulmanes. El asesinato de civiles no tiene explicación racional.

Pero, el trato que le dieron los medios formadores de opinión revela un prejuicio social y una manipulación de las ideas de lo que significa el mundo musulmán, el terrorismo en todas sus formas y hasta del rol de Occidente en el mundo.

En primer lugar, la enorme mayoría de las victimas del terrorismo islámico son musulmanas. Eso no suele ser publicado ni conocido por el común de la gente, que sometida al manejo de la información sostiene que el mundo musulmán está en contra de la Europa libre y cristiana.

Los musulmanes de Medio Oriente suelen morir a causa del extremismo, cuyo origen es diverso. Uno claro es la tergiversación de la religión por parte de grupos que intentan dominar a las masas, con ayuda de algunos gobiernos –principalmente las monarquías árabes- y sus aliados occidentales, entre ellos Francia.

Que haya atentados terroristas no significa que el mundo musulmán y Occidente estén enfrentados. Esa es una simplificación falaz y etnocentrista, que sitúa a la Europa Cristiana y a Estados Unidos en el papel de fiscal y juez universal.

Por otro lado, pone a los musulmanes en una posición de incivilizados y que en su mayoría apoyan ataques como el cometido ayer en París. Nada más lejos de la realidad, dado que diariamente en Libia, Irak, Siria y Yemen sufren las consecuencias del integrismo.

Asimismo, la opinión pública occidental se escandalizó con el atroz atentado de ayer, pero hace oídos sordos a la matanza de musulmanes en Medio Oriente, muchas veces perpetrada por grupos armados y entrenados por la OTAN.

Es decir que si el atentado se produce en Yemen –ayer hubo 30 muertos en este país en un ataque islamista- no sucede nada porque “los musulmanes son bárbaros y les gusta matarse entre sí”. En cambio, cuando el ataque sucede en París, el odio hacia todo lo extranjero florece como en la década del treinta en los países del Eje. Si a esto se le suma una Europa en crisis, la combinación suele ser calamitosa.

¿Quiénes se benefician del atentado?

Para entender lo que ocurrió habría que analizar quiénes salen ganando con semejante matanza de civiles.

La ultraderecha lleva agua para su molino, dado que la islamofobia está creciendo en Francia, Alemania, Suecia y Gran Bretaña y sus postulados se ven legitimados con los asesinatos.

El Frente Nacional de los Le Pen, que ganó las elecciones del año pasado en el Parlamento Europeo, superando al resto de los partidos franceses, se ve altamente beneficiado.

Pero, tampoco hay que descartar una operación de false flag o falsa bandera, que busque apoyar las acciones bélicas de Francia en tres países musulmanes: Malí, República Centroafricana e Irak.

Francia mantiene más de tres mil soldados en estos tres países y lucha contra los islamistas. En Irak, Francia combate al Estado Islámico, apoyando al Kurdistán iraquí para que logre una mayor autonomía de Bagdad y pueda ser un proveedor de gas y petróleo, hacia Europa, alternativo a Rusia.

Sin embargo, el gobierno no combate sino que apoya al Estado Islámico del otro lado de la frontera, en Siria, junto con Turquía y Qatar.

Esta doble estrategia no es popular entre los ciudadanos franceses que perciben que los musulmanes “invaden” sus ciudades, cuando en realidad las mujeres que profesan esa fe son agredidas sólo por hacerlo. Así, la comunidad entera se ve estigmatizada.

Pero, dejando de lado la supuesta falsa bandera, el ataque en París va a ser aprovechado por el gobierno de Hollande, por el Frente Nacional y hasta por Nicolás Sarkozy, que en 2011 ayudó a llegar al poder a los islamistas radicales que derrocaron a Kadafi en Libia.

En consecuencia, en Europa entera va a crecer el etnocentrismo, la xenofobia y la simplificación.

El terrorismo islámico es una realidad, más cruda en Medio Oriente que en Europa, pero no es la única forma de terrorismo. La financiación de grupos armados, la intervención directa en países extranjeros por parte de Francia, y la expoliación de recursos en Irak y en las ex colonias francesas africanas también son terrorismo, que con estos atentados como el de ayer en París, parece estar cada vez más justificado por la opinión pública y los grandes medios de manipulación social.

http://actualidad.rt.com/

El Estado Islámico ordena ejecutar a sus miembros heridos

El Estado Islámico ha decidido ejecutar a los miembros de la organización que hayan resultado heridos en los enfrentamientos con el Ejército iraquí, supuestamente a causa de la falta de recursos médicos.

9 ene 2015

REUTERS/FBI/Handout

Como informa Hispan TV citando un documento presentado por la agencia iraní IRNA, los dirigentes del Estado Islámico ordenaron a sus comandantes matar a los integrantes de la organización heridos debido a "la falta de recursos médicos en Mosul", la ciudad del norte de Irak que es el principal bastión del EI en el país y que el grupo controla desde el pasado junio.

Es más, los líderes del Estado Islámico advirtieron a sus súbditos que castigarán duramente a aquellos que desobedezcan esta orden.

Según el analista militar Robert Farley, el Estado Islámico se ha transformado en una fuerza paramilitar muy bien armada y organizada que no es fácil derrotar; destaca asimismo su comportamiento totalmente profesional y su capacidad de improvisación.
youtube.com

Cinco fosas comunes con los restos de 320 personas supuestamente asesinadas por el Estado Islámico han sido encontradas en las afueras de la ciudad de Mosul, en el norte de Irak.
Los habitantes de la ciudad iraquí de Mosul, actualmente controlada por los militantes del autoproclamado Estado Islámico, descubrieron cinco fosas comunes con los restos de 320 personas asesinadas, entre ellas niños, informaron este miércoles testigos citados por Press TV.

Los testigos añadieron que algunos de los cuerpos hallados pertenecen a miembros de la minoría kurda de los yazidíes.

Durante el último mes, las fuerzas de las Peshmerga, el ejército kurdo iraquí, han descubierto cerca de la ciudad de Sinyar, en el noroeste de Irak, nueve fosas comunes con los cadáveres de yazidíes.

El Estado Islámico inició su campaña de terror en Irak a principios de junio de 2014. Los militantes llevan a cabo horribles actos de violencia, como decapitaciones públicas, contra todas las comunidades iraquíes: chiíes, suníes, kurdos y cristianos.

Mientras, los kurdos que hacen frente a la ofensiva de los terroristas, lograron expulsar a sus milicianos de una aldea yazidí en el norte de Irak. Miembros del Estado Islámico se hicieron con el control de este poblado dejando un saldo de más de 30.000 víctimas, entre muertos y desplazados.

El avance del Estado islámico en Irak puso en el foco de la atención mundial a un grupo étnico perseguido por sus creencias religiosas. En agosto del 2014, unos 50.000 yazidíes dejaron sus casas y se refugiaron en el monte de Sinyar, donde pasaron días asediados sin agua ni comida.

“Las mujeres y los niños huyeron al monte. Y aunque los yihadistas eran más que nosotros nos quedamos y luchamos contra ellos. Pero después entendimos que nos hacía falta armamento para hacerles frente. Ellos tenían tanques, lanzagranadas, es decir, armamento pesado y nosotros ligero. Tampoco teníamos mucha fuerza, así que fuimos al monte y nos quedamos ahí unos 5 o 6 días”, relató a RT Kammu Afda Ammi, jeque del tríbu maskura.
Ocupación y liberación

Las mujeres y niñas que se quedaron en el pueblo fueron violadas, torturadas y entregadas como esposas a los combatientes. Otras fueron vendidas al mejor postor por 150 o 250 dólares. Muchas de ellas se suicidaron.


Mientras tanto, el emir del pueblo de Jansur y sus fieles yihadistas escogían las mejores casas para quedárselas. Su califato en la zona se alargó hasta diciembre, mes en que los combatientes kurdos armados entraron en la ciudad y la liberaron.

Aunque el líder local del EI fue asesinado, los yihadistas se aseguraron de dejar su huella de terror en el pueblo. Dejaron cientos de casas minadas y aunque las autoridades prometieron enviar equipos, los pobladores denuncian que hasta el momento no ha llegado ninguno.

Presentes o no en la zona, los radicales continúan realizando una limpieza étnica contra los yazidíes gracias a estas minas. Una minoría religiosa kurda, hasta ahora desconocida por muchos, pero que involuntariamente ha cobrado relevancia mundial al ser brutalmente perseguidos por la fe que profesan.

Y es que la liberación de esta aldea, en el norte de Irak, parece ser un logro incipiente frente a la turbulencia yihadista que azota a la región.

Terrorista abatido que tomó rehenes en supermercado judío de París se entrevistó con Sarkozy

El presunto secuestrador del supermercado judío de Vincennes, al este de París, abatido, según fuentes policiales, fue entrevistado por el diario 'Le Parisien' en julio del 2009. Amedi Coulibary acudió al Palacio de El Elíseo junto a otros jóvenes a un encuentro con el entonces presidente francés Nicolas Sarkozy.
Publicado: 9 ene 2015



REUTERS/Gonzalo Fuentes

Según el diario 'El Mundo', la visita de los jóvenes al exmandatario galo se produjo en el marco de un encuentro con empresas que ayudaban a crear puestos de empleo juvenil.
"No sé lo que voy a decir", contaba entonces a 'Le Pariesen' Coulibary, quien trabajaba en una fábrica de Coca-Cola en su localidad natal. "Comenzaré por un hola", dijo para luego agregar que iba a pedir ayuda a Sarkozy, ya que su contrato estaba a punto de terminar.

La Policía de París ha difundido este viernes su imagen, junto a la de una mujer, de nombre Hayat Boumeddiene, supuestamente su novia. La Policía les busca en relación a los hechos de este jueves, en los que murió una agente de policía y fue herida otra persona.

La Policía sospecha además que Coulibaly está detrás del secuestro que se ha producido este viernes en Porte de Vincennes, en París. Coulibaly habría salido de prisión hace unos meses, después de 4 años en prisión. Su pareja, Boumeddiene, lo sería desde 2010, según medios franceses.

Un periodista de la cadena francesa BFMTV logró contactar por teléfono con uno de los atacantes de la redacción de 'Charlie Hebdo', Cherif Kouachi, y con Amedy Coulibaly, el asaltante del supermercado 'kosher'. Los terroristas explicaron que operaban en nombre de Al Qaeda y el Estado Islámico en calidad de defensores del profeta Mahoma.

La mañana de este viernes los hermanos Kouachi tomaron al menos un rehén en la sede de la empresa Création Tendance Découverte, en Dammartin-en-Goële, a escasos kilómetros de París. El reportero de BFMTV llamó al teléfono de la compañía y le contestó uno de los terroristas, informa el sitio web de la cadena.

Durante la conversación, que fue grabada, el yihadista afirmó que él y su hermano actuaban como defensores del profeta Mahoma. Cherif Kouachi, dijo que fue enviado a Yemen por Al Qaeda y que el jeque Anwar al Awlaki financió su viaje. Lo declaró en referencia a un famoso imam yemení, militante islámico y líder ideológico de Al Qaeda en la península Arábiga, supuestamente muerto en el ataque de un dron estadounidense en octubre de 2011.

"¿Cuándo realizó su viaje?", le preguntó el reportero y el terrorista respondió que "hace tiempo", antes de que lo mataran. También añadió que nunca mataría a mujeres y niños, al contrario de lo que hace Occidente en sus misiones enIrak, Afganistán y Siria.

Asimismo, la cadena francesa afirma que su periodista logró comunicarse con Amedy Coulibaly, responsable de la toma de rehenes en un supermercado judío de París y sospechoso del asesinato de una policía este miércoles. El islamista reveló que había actuado en nombre del grupo yihadista Estado Islámico y que coordinó sus acciones con los sospechosos del ataque contra 'Charlie Hebdo', los hermanos Kouachi. El islamista fue abatido este viernes por las fuerzas de seguridad francesas en medio de la operación de liberación de los rehenes de la tienda.