8 feb 2026

ES LA VIDA QUE RESISTE

EL CRIMINAL BLOQUEO Y SUS CONSECUENCIAS
Cuba: la resistencia tiene rostro de mujer

Luis Hernández Navarro
07 de febrero de 2026 


Una niña camina por el callejón de Hamel donde se encuentran santos y murales de la religión de Yoruba. Foto Jair Cabrera Torres


La Habana. Un bloqueo criminal. Emma Doris Ricardo Santana es maestra de enseñanza superior, pero tuvo que interrumpir su trabajo porque el mal la asaltó. Hace unos meses padeció un agresivo cáncer de mama. Y, por culpa del bloqueo económico estadunidense contra la isla, no pudo recibir el tratamiento completo para su cura. No había en ese momento sueros citostáticos suficientes para combatir la enfermedad.

Para sortear la adversidad, tuvo que atenderse en tres hospitales diferentes, buscando en cada uno de ellos el medicamento necesario. La transportación a las distintas instalaciones médicas se volvió un calvario. Un enfermo con un padecimiento tan devastador y un tratamiento tan invasivo, sufre para trasladarse de un lado a otro. Igual, siguió adelante.

Finalmente, la maestra Emma Doris, pudo atenderse gracias a la infraestructura sanitaria, y al apoyo de su esposo, sus compañeros de trabajo y su comunidad. Rememorando su cruzada, dice conmovida: “las medicinas sanan pero también cura la solidaridad. Te hace levantarte”.



Jair Cabrera Torres

La Habana. Un bloqueo criminal. Emma Doris Ricardo Santana es maestra de enseñanza superior, pero tuvo que interrumpir su trabajo porque el mal la asaltó. Hace unos meses padeció un agresivo cáncer de mama. Y, por culpa del bloqueo económico estadunidense contra la isla, no pudo recibir el tratamiento completo para su cura. No había en ese momento sueros citostáticos suficientes para combatir la enfermedad.

Para sortear la adversidad, tuvo que atenderse en tres hospitales diferentes, buscando en cada uno de ellos el medicamento necesario. La transportación a las distintas instalaciones médicas se volvió un calvario. Un enfermo con un padecimiento tan devastador y un tratamiento tan invasivo, sufre para trasladarse de un lado a otro. Igual, siguió adelante.

Finalmente, la maestra Emma Doris, pudo atenderse gracias a la infraestructura sanitaria, y al apoyo de su esposo, sus compañeros de trabajo y su comunidad. Rememorando su cruzada, dice conmovida: “las medicinas sanan pero también cura la solidaridad. Te hace levantarte”.

La profesora Ricardo Santana, es una de las mil 64 habitantes de la comunidad Manuel Isla Pérez, enclavada en las orilladas de la Provincia de La Habana. Ocupa una de las 284 viviendas, de 2 o 3 recámaras y una extensión de 85 metros cuadrados, distribuidas en las 284 viviendas del complejo habitacional. Comparado con las pantallas planas de otras viviendas, su pequeño televisor parece una pieza digna de una tienda de antigüedades.

Según la ingeniera en construcciones, Marilesydis Maura Álvarez, de 40 años de edad y una de las primeras pobladoras de la comunidad, que trabajó allí en su edificación desde el 2012, el proyecto nació para dotar de servicios de habitabilidad a los trabajadores.


Jair Cabrera Torres

A lo largo de un año, mientras convalecía, Emma Doris estuvo desvinculada de su trabajo. Ya se reintegró. Y recuperó el cabello que perdió en las quimioterapias. Es madre de dos hijos, una de ellas de nombre Claudia, que mañana cumplirá 10 años. Tristemente, la niña también tiene una situación de enfermedad: no crece. Pero, no hay reactivos en el país para poder atenderla.

Sentada en un sillón adornado con macramé, con una barra a sus espaldas con macetas y coloridas flores de plástico, dice: La mayor prioridad de la familia es ella. ¿Pero, qué hago? La pequeñita requiere un tratamiento que todavía no podemos hacerle aquí en Cuba. No hay hormonas del crecimiento.

No llegan por el bloqueo. Es muy complicado, pero hay que hay que champar adelante.




Jair Cabrera Torres

Sobreviviente del cáncer y con una hija, enferma, no se rinde. No puede rendirse. La mujer cubana -explica- es fuerte, es valiente. Más que los hombres. Tiene una responsabilidad muy alta porque apoya al hombre, guía a la familia, aporta a la sociedad profesionalmente, tiene que superarse, y cuando llega a la casa, debe preparar los alimentos y enfrentar todo tipo de vicisitudes. Debe educar a las nuevas generaciones, a sus hijos y conversar mucho con ellos.

Reflexiva, ubica el agravamiento de sus padecimientos como parte de un contexto más general. No dejamos de buscar alternativas -señala- para paliar la situación que provoca el bloqueo. En todas las aristas de nuestra vida social, el bloqueo está presente. Nos impone todo tipo de carencias, desde los alimentos hasta las primeras necesidades. Pero los cubanos somos valientes y perseverantes al buscaralternativas para resistir. Y concluye: “estoy con las botas puestas. No nos vamos a amilanar. La rendición en el cubano no cabe. El destino nuestro, lo tenemos que decidirnos nosotros. Nadie más”.

Ansia de maternidad

En una especie de terraza a la entrada del departamento de Rocío Rincón, trabajadora civil del hospital Carlos J. Finley de 29 años de edad, hay un brasero con carbón prendido y una olla con un guiso. Así preparan sus alimentos muchas familias, ante la crisis energética. En un costado de su pequeña sala, en el suelo, hay un altar yoruba. Y en una de las paredes, cuelga una pintura de cinco rostros de niñas como si fueran ángeles.

“Ninguna de esas criaturas es mía”, dice, con un rostro invadido por tristeza, mientras señala con el dedo el cuadro. “Lo que más quiero en la vida es ser madre. Lograr tener un bebé es mi objetivo en la vida”, dice. Seguramente, Rocío le rezó a todas deidades para serlo. Pero su deseo no se cumple.

“Yo tengo -explica- una enfermedad que es un tumor en hipófisis. Gracias al bloqueo que impone el presidente Trump, muchas veces no tengo mis medicamentos para tratar mi enfermedad. Estoy bajo tratamiento. Le estoy muy agradecida al comandante Fidel Castro. Gracias a él, a mí toda mi curación me ha salido gratis. No tengo que pagar a médicos. Yo no sé qué es ir a comprar mis pastillas. Están ahí. Las tengo y a veces no las tengo. Son de donación, gracias a los países amigos que las mandan”.



Jair Cabrera Torres

Y añade: “Hay mucha gente que está sufriendo por este bloqueo. Demasiadas personas están pasando malos momentos por esto. La situación ahora con Trump, es mucho peor a como era antes. Está más recia. Las medidas son mucho más agresivas. Condeno todas las imposiciones con las que nos quiere sofocar y tener bajo su puño. No lo va a lograr”.

Como trabajadora del hospital, al que va mucha gente, ve el impacto que en la sanidad ha tenido el estrangulamiento económico. Lo que sufren los pacientes que necesitan respiración artificial, los de nefrología, los de cáncer; todos los que requieren medicinas, como ella mismas.



Jair Cabrera Torres

El hospital cuenta con una planta eléctrica. El fluido se destina a las áreas que más la necesitan. Hay, además, políticas de ahorro. Por ejemplo, no se enciende la climatización. Están creando huertos medicinales para tratar las enfermedades de uso común, como los dolores. Son enormes los esfuerzos que se hacen para paliar la escasez de recursos. Pero igual no alcanzan.

Tratamos -asegura- de salir adelante. Ponemos nuestra resistencia, nuestra creatividad y nuestro empeño para resolver los retos. Jerarquizamos y priorizamos.

El objetivo de Trump -afirma- es asfixiarnos, ponernos de rodillas. Pero nunca lo va a lograr. Está perdiendo el tiempo con sus patrañas. Aquí hay un pueblo que resiste y lucha y va a vencer. Los cubanos nos sabemos reinventar. Aquí hay una joven que va a luchar hasta su última gota de sangre si es necesario. Porque la Revolución soy yo, somos todos.

La repostera

La comunidad Manuel Islas fue bautizada con ese nombre, en honor de un joven combatiente del Movimiento 26 de Julio, que perdió la vida peleando en la Revolución, con apenas 19 años de edad. Cada aniversario de su nacimiento y muerte le rinden homenaje. Viven allí educadores, profesionistas, militares y trabajadores. Las viviendas son suyas. Las adquieren pagando cuotas simbólicas, sin intereses.

Está enclavada en una zona alejada de la capital. Cuenta con 10 Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Cada uno tiene su nombre patriótico y sus monumentos alegóricos. Buscan generar alternativas para acercarse productos alimenticios. Una vez al mes llevan artistas y realizan actividades culturales. Organizan Ferias agropecuarias. Procuran que la población tengan acceso a servicios, sin tener que desplazarse.

Los departamentos están llenos de plantas y flores. Hay parcelas para producir alimentos y plantas medicinales. Donde hay un rincón sin cosechar, lo preparan para sembrar. Y eso ayuda a llevar comida sana al plato diario.

Hacen guardias y se encargan de garantizar la vigilancia para mantener la tranquilidad de la zona.

María Eva Puentes Torres es una orgullosa repostera de esa comunidad, con más de 60 años de edad. Cocina los pasteles por encargo, con imaginación y arte. Tiene 10 años viviendo en Manuel Islas. Es del Oriente, de Santiago, la tierra donde luchó en la Sierra el comandante Fidel Castro. Ataviada con un delantal de cuadros rojos y blancos, y tres conejitos, da los últimos toques a un enorme pastel para celebrar el cumpleaños de una joven de 14 primaveras.



Jair Cabrera Torres

Hornea las tartas en su casa. Y los apagones la afectan muchísimo. Imagínese -dice más que enojada- lo que sucede cuando nos quitan la corriente. No tenemos cómo trabajar. Yo tengo una niña que está en la universidad, estudiando Filosofía. No hay combustible, no hay transporte, para que la niña vaya a la universidad. Y sin electricidad no puede cargar el teléfono para ver sus materisa. Todo eso no afecta. Está indignada con Donald Trump. Dice, sin dejar de trabajar en los últimos detalles de la tarta: “Repudiamos enérgicamente las medidas que ha tomado el gobierno de los Estados Unidos contra nuestro país. Después de lo mucho que hemos luchado por esto, no vamos a dejar que nos lo quite. Vamos a resistir con creatividad y a buscar alternativas para seguir adelante.

“Este país no lo coge nadie. Es de nosotros. Aquí no se rinde nadie. Lo defenderemos a capa y espada. Esto es un país libre y soberano. Es de Cuba, no de Estados Unidos. Que no piensen que van a coger esto. Aquí lucharemos y resistiremos. No nos vamos a doblegar porque esta es una patria libre y soberana. ¡Aquí no se rinde nadie!¡Viva Cuba!

Pionera

La vida de Tatiana Coll está estrechamente asociada a Cuba. Colaboró estrechamente con Arnaldo Orfila, director de la Editorial Siglo XXI, un editor clave en las luchas de liberación nacional en América Latina y la difusión del pensamiento crítico de la mayor de las Antillas. Ella participó en la histórica zafra de 1970 y ha vivido en distintos momentos en la isla.

Siempre solidaria con la Revolución, recuerda que en su época en aquellas tierras se decía por todos “chico, el cubano es un relajo. No es tan bueno para el trabajo diario y disciplinado, pero en cuanto suena la trompeta de guerra y defensa, nadie lo supera. Se ponen en modo guerrilla indomables y es ¡Patria o muerte!”. No tiene ahora duda alguna de que, en estos tiempos difíciles, se crecen como solo ellos saben hacerlo, como les enseñó Fidel Castro a hacerlo.

Sabe de lo que habla.

La bravura cubana para defender a su país y su Revolución, de la que habla Tatiana, les viene desde pequeños. Basta conversar con Ainara Neira Reyes para calibrar la respuesta de una parte de la niñez, al signo de los tiempos en La Habana. Ella tiene apenas 11 años y cursa sexto grado, pero habla como si hubiera cursado un doctorado y solucionado toda clase de problemas. Cree que sus maestros son buenos, juega fútbol y es pionera. También le gusta el voleibol, pero ahora no pueden practicarlo porque se les ponchó la pelota.

“Los pioneros -explica- somos niños que, a pesar de las dificultades que tiene el país, siempre vamos a la escuela, cumplimos tareas y participamos en actividades. Siempre seguimos adelante y tenemos protección de los maestros”.

En el centro de sus reflexiones están los problemas provocados por el bloqueo impuesto por Estados Unidos. Por su culpa -asegura- se impide la entrada de suficientes materiales de estudio, y los niños que no tienen el privilegio de vivir cerca de una escuela, no siempre pueden asistir, porque no entra suficiente petróleo para que se el transporte que los lleva a ellos hasta su escuela, pueda moverse. No hay suficientes cuadernos ni lápices, aunque sus profesores tratan de proporcionárselos para que sigan con sus estudios y “sean alguien en el futuro”.



Jair Cabrera Torres

Ainara siempre trata de estar informada. Se sienta a ver noticiero de la televisión y procura estar al tanto de todo. En clases, sus maestros les cuentan también lo que sucede.

En la escuela -advierte- les enseñan valores como el respetar la revolución, participar en actividades pioneriles y no permitir que les afecte tanto el bloqueo. Nunca tienen miedo de que otras personas intervengan en su estudio. Están seguros de que su vida siempre va a estar respaldada.

Para ella, el presidente Donald Trump, les tiene odio y les impone el bloqueo, para que los cubanos entreguen su país y su revolución. Pero, está segura de que Cuba se caracteriza porque no se rinde. “Nosotros -afirma- no nos vamos a rendir por el bloqueo, aunque lo incrementen o pongan muchos obstáculos en el camino.

Ainara quieren mandarles un mensaje a los niños y niñas de México. “Nosotros -dice- estamos pasando por un momento difícil. En caso de que ustedes pasen por un momento igual, nosotros desde aquí, desde nuestro país los vamos a apoyar. ¡No se dejen vencer!”

En Cuba, la solidaridad y la resistencia tienen rostro de mujer.

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