CLARISIMO
¿Por qué todos hablan bien de Mandela?
8/12/2013 Santiago Alba Rico *
Poco se puede añadir a lo ya dicho en estos días sobre Nelson Mandela: pocas veces se ha rendido un homenaje tan unánime a la memoria de un hombre. Ahora bien, quizás sí cabe decir algo precisamente sobre esta estrepitosa unanimidad.
De entrada puede producir alguna extrañeza que los mismos gobernantes que cierran las fronteras a los emigrantes o los deportan a golpes o pagan a dictadores para que se deshagan de ellos con discreción en los desiertos, los que mandan drones a bombardear otros países y soldados a invadirlos, los que apoyan dictaduras en las que los extranjeros trabajan en condiciones de esclavitud, los que persiguen y encarcelan a jóvenes por soñar la autodeterminación de sus pueblos, los que promulgan leyes liberticidas, los que apoyaron en otro tiempo el apartheid en Sudáfrica y lo apoyan hoy en Palestina; que los mismos periodistas e intelectuales que piden a gritos la cadena perpetua y hasta la pena de muerte, los que arremeten contra Cuba o contra Venezuela, los que legitiman golpes de Estado en Honduras y criminalizan a Correa o Morales, los que defienden la privatización de los recursos, la educación y la cultura, los que en estos días rend= 3�an también homenaje a Kennedy y un poco antes a Thatcher y Reagan, produce sin duda extrañeza -digo- que estos gobernantes y estos periodistas sientan de pronto ese arrebatado fervor por un expreso político que luchó toda su vida contra ellos y lo que representan.
Desde la izquierda, este desmayo místico de los políticos y los medios de comunicación produce, más que extrañeza, indignación y en las redes y en los periódicos más comprometidos muchos comentaristas han denunciado con razón su hipocresía y su cinismo, recordando que Mandela fue considerado durante años “terrorista”, que defendió la lucha armada y que su proyecto de liberación para Sudáfrica se medía en el espejo de Argelia y de Cuba. Hay, sí, una tentativa de “asimilación” o de “recuperación” de Mandela por parte del “sistema”, tentativa que inspira una inevitable repugnancia. Pero conviene ir un poco más allá de esta repugnancia instintiva para no quedar atrapados en el horizonte de nuestras desdichas placenteras e incontaminadas.
Nos quieren robar a Mandela, quieren robar a Mandela a ese pueblo damné que luchó a su lado. ¿Eso es necesariamente malo? En general, desde la izquierda tendemos a juzgar a los personajes históricos por su resistencia a la “recuperación”. Si un personaje histórico es susceptible de recuperación por parte del “sistema”, si el “sistema” muestra una decidida voluntad de recuperarlo, si habla elogiosamente de un revolucionario muerto, eso se debe bien a que en realidad fue derrotado, bien a que han conseguido arrebatarnos su legado. En el caso de Mandela las dos cosas son en parte ciertas y la desconfianza de la izquierda está bastante justificada. Si leemos el capítulo que Naomí Klein dedicó a Sudáfrica en su obra La doctrina del shock o atendemos a los datos relativos a desigualdad económica y violencia racial en ese país, podemos decir que el combate de Mandela fracasó o al menos no triunfó enteramente. Asimismo podemos decir que convertir a Mandela en un “antirracista abstracto” y homenajearlo por ello supone una manipulación que busca volverlo “inservible” para las causas populares. A menudo los capitalistas, los racistas, los machistas premian u homenajean a los anticapitalistas, a los antirracistas y a los antimachistas no tanto para sobornarlos y ablandarlos -que también- sino para contaminarlos e inutilizarlos en sus propias filas. Y lo hacen porque a menudo también desde la izquierda caemos en la trampa.
Pero la izquierda somos c uatro gatos y no deberíamos perder mucho tiempo en recordarnos los unos a los otros lo que ya sabemos. La unanimidad del homenaje a Mandela, ¿qué significa? ¿Es una tentativa de recuperación que indicaría una derrota? No estoy seguro. Hay que pensar en la gente normal. Mandela es un personaje de ficción. Es un personaje de ficción porque la realidad produce sobre todo personajes de ficción. En este sentido, Mandela o Ghandi o el Che Guevara son personajes de ficción a igual título que Rambo, que defendió “la causa de la libertad” en Afganistán junto a Ben Laden, otro personaje de ficción. Pero para la gente normal unos y otros no son lo mismo; y no lo son porque cuando la gente normal, acosada por la dictadura o el FMI, sale a las plazas a reclamar libertad se pone una camiseta del Che y no una de Rambo. Claro que sí: desde la izquierda puede resultarnos indignante que hayan convertido al Che en el icono de l a rebeldía abstracta, a Ghandi en el icono del pacifismo abstracto y a Mandela en el icono del antirracismo abstracto. Pero esos iconos, a veces hasta económicamente rentables, no son una victoria del mercado. Cuando un pueblo deja su pasividad para luchar por buenas razones (la justicia, la igual dad, la democracia, la autodeterminación) es una excelente cosa que recuerde e invoque la rebeldía abstracta, el pacifismo abstracto y el antirracismo abstracto, pues la propia lucha vuelve estos conceptos inevitablemente concretos. Cuando un pueblo, en cambio, acepta o reivindica malas causas (como el neoliberalismo o el franquismo) no será jamás rebelde ni pacifista ni antirracista: nunca a nadie se le ha ocurrido salir a la calle a apoyar a Franco, a Thatcher o a Pinochet en nombre del Che, de Ghandi o de Mandela. Digamos que los iconos esperan desactivados, o activados en otra parte, a que los pueblos tomen las plazas. Entonces no hay ninguna duda acerca de c uáles son utilizables y cuáles no. Ningún neonazi se pondrá jamás una camiseta del Che o de Ghandi o de Mandela para dar una paliza a un inmigrante. El Che, Ghandi y Mandela son “inrobables” incluso como personajes de ficción.
Porque incluso esta tentativa de robo indica que, de hecho, al menos de manera parcial, y a pesar de los datos económicos de Sudáfrica, Mandela ha triunfado sobre los mismos que lo nombran. Vivo, doblegó el brazo del apartheid que apoyaban muchos de los que ahora lo alaban. Muerto, reprime el racismo de los que antaño apoy aron la discriminación y que hoy no tienen arrestos para decir lo que realmente piensan. ¿Quién se lo impide? El personaje de ficción Mandela y los millones de personas en todo el mundo que lo lloran sinceramente. Mandela los obliga, sí, a ser “políticamente correctos”. No debemos desdeñar este pequeño logro en nombre de un falso radicalismo. El mundo en el que vivimos es atroz, pero sabemos por experiencia que podría ser aún peor si los discursos confinados en minorías subterráneas ascendieran desde las profundidades y hablaran desde las instituciones “sin complejos”. Es bueno que las instituciones del capitalismo sean hip� �ritas; es bueno que un Mandela de ficción -con millones de personas detrás- los obligue a ser hipócritas. Ni la derrota del apartheid ni el establecimiento de un antirracismo abstracto -que no deben impedirnos seguir luchando contra el racismo concreto- son victorias pequeñas.
Como sabemos, la alta cultura se entretiene en establecer, por ejemplo, “cánones” literarios con listas más o menos arbitrarias de obras y autores. Más allá de diferencias ideológicas o nacionales, todas coinciden al menos en las exclusiones: habrá listas en las que estarán Flaubert, Manzoni y Cervantes y otras en las que no estarán, pero no hay ninguna lista en las que estén Paul de Cock o Campoamor.
La gente normal también “canoniza” sus modelos y referentes políticos. Tiene sus panteones populares, reservas de resistencia encarnada para los días de revuelta. En todos esos panteones, sin duda, están el Che, Ghandi y Mandela, Espartaco y José Martí. En muchos de ellos están Chávez, Shankara, Abdelkrim. En algunos Fidel Castro y Simón Bolívar. En ninguno están -no sé- Hitler, Stalin, Thatcher u Obama. No es que no haya diferencias entre estos últimos cuatro nombres, pero tienen en común que ninguno de ellos sirve para rebelarse en nombre de la justicia.
Queda en pie la pregunta, dirigida a la izquierda, de por qué siempre nos roban o intentan robarnos los nuestros mientras que nosotros nunca tratamos de robarles los suyos. Una respuesta es que la derecha es mucho más promiscua y mucho menos puritana que la izquierda. El capitalismo convierte al Che en una camiseta y a Mandela en un “hombre bueno” mientras que nosotros somos incapaces de apropiarnos de lo que hay nuestro en ciertos católicos, en ciertos liberales , en ciertos ilustrados: cierto Chesterton, cierto Locke, cierto Kant o incluso cierto Roosvelt y cierto Papa Francisco.
La otra respuesta tiene que ver con la victoria de los buenos personajes de ficción. Es que son realmente buenos. Nunca se verá a nuestros gobernantes y a nuestros medios de comunicación “recuperar” a Stalin. ¿Por qué? Porque es un perdedor universal. Dejan ese trabajo de recuperación a un pequeño sector de la izquierda que de esa manera, mediante ese esfuerzo insensato, se derrota a sí misma sin necesidad de intervenciones exteriores. La derecha es muy lista. ¿Por qué recupera al Che, a Ghandi, a Mandela? La derecha “recupera” a los nuestros porque son más populares, porque forman parte del canon resistente de la gente normal, porque representan una victoria de esa “decencia común” sin la cual toda legitimidad es imposible. Su recuperación es el triunfo de los pueblos. Gloria al victorioso Mandela que, tras obligar a los “malos” a abolir el sistema de apartheid, les obliga ahora a hablar bien de él.
(*) Santiago Alba Rico es filósofo y columnista.
13 dic 2013
Información es poder
Información es poder
11 diciembre 2013 Haga un comentario
Por Frei Betto
La presidenta Dilma no hubiera sido tomada por sorpresa por las revelaciones de Edward Snowden -de que el Planalto es espiado por el gobierno de los EE.UU.- si sus asesores estuvieran más atentos a las nuevas estrategias de la Casa Blanca después de la caida del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética.
Joseph S. Nye y William A. Owen escribieron en la revista Foreing Affairs de marzo-abril de 1996 un intrigante artículo titulado “La ventaja informativa de los Estados Unidos”. Nye dirigió el Consejo Nacional de Inteligencia y fue subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos Internacionales en el gobierno de Clinton; luego dirigió la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la universidad de Harvard. Owen fue subjefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas en el gobierno de Clinton.
Estos autores resaltan que, a pesar de la superioridad estadounidense en las esferas militar y económica, “su mayor ventaja comparativa es la habilidad para recoger, procesar, manipular y diseminar información”. Para ellos la información ejerce ahora el papel de “poder suave”, gracias al cual los EE.UU. pueden influenciar la política internacional, sustituyendo la coerción por la seducción.
Las transmisiones por satélite reducen nuestro planeta a las dimensiones de una pequeña aldea. Ese ojo instantáneo que nos permite ver, desde el sur de América, el instante preciso en que sucede una inundación en China, produce profundas modificaciones en la estrategia militar, que ahora utiliza drones -aeronaves no tripuladas- para bombardear a supuestos terroristas.
Todos sabemos que las guerras son sucias. Lo complicado es cuando los telespectadores de todos los rincones del mundo asisten al criminal procedimiento de las fuerzas militares de los países que se precian de no actuar como Hitler, pero que hacen exactamente como los nazis: segregación étnica, secuestros, torturas, confinamiento territorial, invasión de propiedades, etc.
Durante la Guerra Fría la frágil estabilidad internacional dependía del arsenal nuclear de los países antagónicos. Según Nye y Owen, en la era de la globalización todo depende de la capacidad estadounidense de mantener informados a sus aliados. Y aliados no son solamente los gobiernos sino también amplios sectores de la población de países cuyos gobiernos son contrarios a la Casa Blanca.
En Irán, China o Cuba hay personas convencidas de que el símbolo de la democracia es un McDonald’s en cada esquina y que por tanto son susceptibles de ser movilizadas por el poder informativo de los EE.UU. Entiéndase: por la versión estadounidense de los hechos.
Nye y Owen no dudan en afirmar que “a medida que su capacidad de proveer este tipo de información crezca, los EE.UU. serán vistos, cada vez más, como el lider natural de la coalición, no sólo por ser el más fuerte sino porque puede producir el insumo más importante para las buenas (sic) decisiones y para la acción efectiva sobre otros miembros de la coalición”. Por tanto, “así como el dominio nuclear fue la llave para el liderazgo en el pasado, el dominio de la información será la llave en esta era informativa“.
Lo que encanta a los autores es constatar que la información generada desde los EE.UU. ha ampliado los espacios del libre mercado y restringido la esfera de acción de los poderes centralizados. Citan como ejemplo el papel de los ordenadores y de las máquinas xerox en el gobierno de Gorbachov, cuando “las tecnologías pudieron esparcer también diversas ideas políticas”.
Ahora, con la proliferación de redes sociales y la conexión facilitada por la internet, se dilatan los espacios democráticos en China. “Lo hermoso de la información, como recurso de poder -dicen dichos autores- es que, en tanto refuerza la efectividad del poder militar, paralelamente democratiza las sociedades”.
A través del “poder suave” los EE.UU. pueden proyectar en todo el orbe terrestre (como día un papa) su ideología, su cultura, su modelo de democracia, sus instituciones sociales y políticas, “liderando las redes de negocios internacionales y las telecomunicaciones”.
Ese “poder suave” atañe a cuatro objetivos prioritarios: 1) Favorecer las transiciones democráticas de los actuales Estados considerados autoritarios y dictatoriales. 2) Prevenir el retroceso de las democracias frágiles. 3) Prever y resolver los conflictos regionales. 4) Enfrentar la amenaza del terrorismo, del crimen internacional y de la proliferación de armas, sobre todo atómicas (que los EE.UU. e Israel tienen pero no admiten el derecho de otros países a tenerlas).
La internet es otra arma nada despreciable. “Dejada a su arbitrio, el mercado probablemente continuará la tendencia de concentrar desproporcionadamente el acceso a la internet”. Por eso, la Agencia de Información de los EE.UU. (USIA) y la AID “deben trabajar por mejorar el acceso global a internet”.
Por tanto, información globalizada es eso: una versión que se impone como la única y se juzga como la verdadera. Y es precedida de un inescrupuloso espionaje electrónico, le duela a quien le duela.
11 diciembre 2013 Haga un comentario
Por Frei Betto
La presidenta Dilma no hubiera sido tomada por sorpresa por las revelaciones de Edward Snowden -de que el Planalto es espiado por el gobierno de los EE.UU.- si sus asesores estuvieran más atentos a las nuevas estrategias de la Casa Blanca después de la caida del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética.
Joseph S. Nye y William A. Owen escribieron en la revista Foreing Affairs de marzo-abril de 1996 un intrigante artículo titulado “La ventaja informativa de los Estados Unidos”. Nye dirigió el Consejo Nacional de Inteligencia y fue subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos Internacionales en el gobierno de Clinton; luego dirigió la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la universidad de Harvard. Owen fue subjefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas en el gobierno de Clinton.
Estos autores resaltan que, a pesar de la superioridad estadounidense en las esferas militar y económica, “su mayor ventaja comparativa es la habilidad para recoger, procesar, manipular y diseminar información”. Para ellos la información ejerce ahora el papel de “poder suave”, gracias al cual los EE.UU. pueden influenciar la política internacional, sustituyendo la coerción por la seducción.
Las transmisiones por satélite reducen nuestro planeta a las dimensiones de una pequeña aldea. Ese ojo instantáneo que nos permite ver, desde el sur de América, el instante preciso en que sucede una inundación en China, produce profundas modificaciones en la estrategia militar, que ahora utiliza drones -aeronaves no tripuladas- para bombardear a supuestos terroristas.
Todos sabemos que las guerras son sucias. Lo complicado es cuando los telespectadores de todos los rincones del mundo asisten al criminal procedimiento de las fuerzas militares de los países que se precian de no actuar como Hitler, pero que hacen exactamente como los nazis: segregación étnica, secuestros, torturas, confinamiento territorial, invasión de propiedades, etc.
Durante la Guerra Fría la frágil estabilidad internacional dependía del arsenal nuclear de los países antagónicos. Según Nye y Owen, en la era de la globalización todo depende de la capacidad estadounidense de mantener informados a sus aliados. Y aliados no son solamente los gobiernos sino también amplios sectores de la población de países cuyos gobiernos son contrarios a la Casa Blanca.
En Irán, China o Cuba hay personas convencidas de que el símbolo de la democracia es un McDonald’s en cada esquina y que por tanto son susceptibles de ser movilizadas por el poder informativo de los EE.UU. Entiéndase: por la versión estadounidense de los hechos.
Nye y Owen no dudan en afirmar que “a medida que su capacidad de proveer este tipo de información crezca, los EE.UU. serán vistos, cada vez más, como el lider natural de la coalición, no sólo por ser el más fuerte sino porque puede producir el insumo más importante para las buenas (sic) decisiones y para la acción efectiva sobre otros miembros de la coalición”. Por tanto, “así como el dominio nuclear fue la llave para el liderazgo en el pasado, el dominio de la información será la llave en esta era informativa“.
Lo que encanta a los autores es constatar que la información generada desde los EE.UU. ha ampliado los espacios del libre mercado y restringido la esfera de acción de los poderes centralizados. Citan como ejemplo el papel de los ordenadores y de las máquinas xerox en el gobierno de Gorbachov, cuando “las tecnologías pudieron esparcer también diversas ideas políticas”.
Ahora, con la proliferación de redes sociales y la conexión facilitada por la internet, se dilatan los espacios democráticos en China. “Lo hermoso de la información, como recurso de poder -dicen dichos autores- es que, en tanto refuerza la efectividad del poder militar, paralelamente democratiza las sociedades”.
A través del “poder suave” los EE.UU. pueden proyectar en todo el orbe terrestre (como día un papa) su ideología, su cultura, su modelo de democracia, sus instituciones sociales y políticas, “liderando las redes de negocios internacionales y las telecomunicaciones”.
Ese “poder suave” atañe a cuatro objetivos prioritarios: 1) Favorecer las transiciones democráticas de los actuales Estados considerados autoritarios y dictatoriales. 2) Prevenir el retroceso de las democracias frágiles. 3) Prever y resolver los conflictos regionales. 4) Enfrentar la amenaza del terrorismo, del crimen internacional y de la proliferación de armas, sobre todo atómicas (que los EE.UU. e Israel tienen pero no admiten el derecho de otros países a tenerlas).
La internet es otra arma nada despreciable. “Dejada a su arbitrio, el mercado probablemente continuará la tendencia de concentrar desproporcionadamente el acceso a la internet”. Por eso, la Agencia de Información de los EE.UU. (USIA) y la AID “deben trabajar por mejorar el acceso global a internet”.
Por tanto, información globalizada es eso: una versión que se impone como la única y se juzga como la verdadera. Y es precedida de un inescrupuloso espionaje electrónico, le duela a quien le duela.
12 dic 2013
Opinion:La degradación y la esperanza del FA
La degradación y la esperanza del FA
Julio A. Louis - Voces - 12/13
Muchos de los que hemos participado en varios Congresos del FA, coincidimos en que éste ha sido el peor.
Si bien son erróneas las apreciaciones unilaterales (“todo es negro”, o “todo es blanco”) es evidente que en este Congreso ha predominado lo negativo, trasuntado en criterios antidemocráticos y pésima organización retroalimentados entre sí, y notorio retroceso ideológico
Lo positivo es que ante el acentuado proceso de derechización, de social-liberalización (más que de social-democratización), las grandes corrientes se han agrupado básicamente en tres: la defensora del sistema -molesta ante cualquier definición antiimperialista o contraria al gran capital- expresada en el Frente Líber Seregni y en la mayoría del Partido Socialista; las fuerzas centristas, encabezadas por el Partido Comunista y el MPP, empujando sin convicción a perfumar el documento central, pero a la vez promotoras del Dr. Vázquez, adalid del conservadurismo ideológico y de la alianza con el imperialismo norteamericano; y una renacida izquierda, plural, proveniente del “abajo que se mueve” en los Comités de Base, sindicatos, movimiento cooperativista, etc., en derredor de Constanza.
Los criterios antidemocráticos priman ya con anterioridad a las sesiones del Congreso. Se trabaja con dificultades en las Comisiones, soportando presiones, hasta que informan. Ahí comienzan a operar tres miembros designados centralmente, quienes se abrogan derechos para fijar qué cosas pueden “pasar” a las bases y qué cosas deben impedirse.
Claro está que en nombre de “la unidad”, la que también reclama el Dr. Vázquez, el mismo que gobernó sin atender a su fuerza política, contraviniendo sus principios y programa y hasta vetando una ley emanada de ella.
Hubo pésima organización de las Comisiones del Congreso; en el caso de economía con aportes de “los 8”, abandonados después fruto de “negociaciones” y presiones varias, fundamentados en el “consenso” defendido por V. Turianski, mediando la convocatoria urgente de un Plenario Nacional paralelo al Congreso
Y peor, recuento de votos sin garantías. En una época en que con mínima estructura se puede votar y saber al instante exactamente cuántos son los votantes, el recuento por quienes muchas veces ni explicaron los criterios a los congresales (por ejemplo, que no contaban los votos de quienes estaban de pie) no ha ofrecido garantías.
Si bien el Congreso adoptó el criterio de proclamar como pre-candidatos a Moreira y Vázquez, pasados a expedirse por uno u otro, quedó la duda de si Vázquez llegó a los dos tercios, esto es, el 66.66% por ciento con su 67%, dos tercios que en otras condiciones se erigía en el mínimo para ser proclamado candidato oficial.
Retroceso respecto a definiciones del Congreso del 2008, de un programa “pos-socialdemócrata” según Mujica. Otra vez, se ha “tirado la pelota para adelante” con ambigüedades que sirven a un roto como a un descosido.
Así, ha predominado “la unidad” en base a dejar que el próximo Presidente interprete las resoluciones
Lo positivo ha sido la amplitud de la rebelión de las bases. Pese a la disciplina exigida por las direcciones a sus afiliados –en especial del MPP y del PC- y al intento de despreciar el significado de la pre-candidatura de Constanza, el 43% de los congresales votaron en contra de tener que elegir entre uno y otro, y más de un 23% votaron por ella, con otro 10% de abstención.
La candidatura de Constanza es el nuevo “fitito” del que escribía despectivamente el Senador Michelini acerca de la pre-candidatura de Mujica en 2009. Con algunas diferencias: la solidez intelectual y la firmeza de la que hace gala Moreira, opuesta al bamboleo pequeño-burgués constante del hoy presidente y además, al hecho que su pre-candidatura atenta contra los aparatos partidarios, promovida desde las bases solo con el apoyo de algunos pequeños partidos
Queda planteada una lucha desigual. Entre el septuagenario ex presidente, y la primera aspirante mujer, adalid del cambio generacional; entre el conservadurismo ideológico (expresado en el veto al “aborto”) y el pensamiento de izquierda en proceso de reconstrucción y afirmación; entre el Presidente de la Fundación W. Wilson y aliado de Bush, y una consecuente antiimperialista; entre quien augura el renacimiento de viejos y nuevos problemas con los vecinos y el Mercosur y quien apuesta a la integración de Nuestra América. Y entre las tres corrientes en la interna.
El favoritismo de Vázquez para ganar las elecciones depende de los votos de Constanza.
Pero para su proyecto “unitario” y sin “atajos”, requerirá apartarse de la izquierda y contar con nuevos aliados, entre los cuales ya se apuntan el Partido Independiente y el Intendente Omar Lafluf.
El proyecto histórico del FA llegará a su fin, apostando en tiempos de crisis a las recetas que aplican los social-demócratas y social-liberales en Grecia, España o Francia.
La clase trabajadora y el pueblo o reaccionan rápidamente, o deberán hacer el aprendizaje doloroso de la frustración de un proyecto que nació antiimperialista y opuesto al gran capital.
@PostaPortenia - postaporteñ@ 1077 - 2013-12-09
Julio A. Louis - Voces - 12/13
Muchos de los que hemos participado en varios Congresos del FA, coincidimos en que éste ha sido el peor.
Si bien son erróneas las apreciaciones unilaterales (“todo es negro”, o “todo es blanco”) es evidente que en este Congreso ha predominado lo negativo, trasuntado en criterios antidemocráticos y pésima organización retroalimentados entre sí, y notorio retroceso ideológico
Lo positivo es que ante el acentuado proceso de derechización, de social-liberalización (más que de social-democratización), las grandes corrientes se han agrupado básicamente en tres: la defensora del sistema -molesta ante cualquier definición antiimperialista o contraria al gran capital- expresada en el Frente Líber Seregni y en la mayoría del Partido Socialista; las fuerzas centristas, encabezadas por el Partido Comunista y el MPP, empujando sin convicción a perfumar el documento central, pero a la vez promotoras del Dr. Vázquez, adalid del conservadurismo ideológico y de la alianza con el imperialismo norteamericano; y una renacida izquierda, plural, proveniente del “abajo que se mueve” en los Comités de Base, sindicatos, movimiento cooperativista, etc., en derredor de Constanza.
Los criterios antidemocráticos priman ya con anterioridad a las sesiones del Congreso. Se trabaja con dificultades en las Comisiones, soportando presiones, hasta que informan. Ahí comienzan a operar tres miembros designados centralmente, quienes se abrogan derechos para fijar qué cosas pueden “pasar” a las bases y qué cosas deben impedirse.
Claro está que en nombre de “la unidad”, la que también reclama el Dr. Vázquez, el mismo que gobernó sin atender a su fuerza política, contraviniendo sus principios y programa y hasta vetando una ley emanada de ella.
Hubo pésima organización de las Comisiones del Congreso; en el caso de economía con aportes de “los 8”, abandonados después fruto de “negociaciones” y presiones varias, fundamentados en el “consenso” defendido por V. Turianski, mediando la convocatoria urgente de un Plenario Nacional paralelo al Congreso
Y peor, recuento de votos sin garantías. En una época en que con mínima estructura se puede votar y saber al instante exactamente cuántos son los votantes, el recuento por quienes muchas veces ni explicaron los criterios a los congresales (por ejemplo, que no contaban los votos de quienes estaban de pie) no ha ofrecido garantías.
Si bien el Congreso adoptó el criterio de proclamar como pre-candidatos a Moreira y Vázquez, pasados a expedirse por uno u otro, quedó la duda de si Vázquez llegó a los dos tercios, esto es, el 66.66% por ciento con su 67%, dos tercios que en otras condiciones se erigía en el mínimo para ser proclamado candidato oficial.
Retroceso respecto a definiciones del Congreso del 2008, de un programa “pos-socialdemócrata” según Mujica. Otra vez, se ha “tirado la pelota para adelante” con ambigüedades que sirven a un roto como a un descosido.
Así, ha predominado “la unidad” en base a dejar que el próximo Presidente interprete las resoluciones
Lo positivo ha sido la amplitud de la rebelión de las bases. Pese a la disciplina exigida por las direcciones a sus afiliados –en especial del MPP y del PC- y al intento de despreciar el significado de la pre-candidatura de Constanza, el 43% de los congresales votaron en contra de tener que elegir entre uno y otro, y más de un 23% votaron por ella, con otro 10% de abstención.
La candidatura de Constanza es el nuevo “fitito” del que escribía despectivamente el Senador Michelini acerca de la pre-candidatura de Mujica en 2009. Con algunas diferencias: la solidez intelectual y la firmeza de la que hace gala Moreira, opuesta al bamboleo pequeño-burgués constante del hoy presidente y además, al hecho que su pre-candidatura atenta contra los aparatos partidarios, promovida desde las bases solo con el apoyo de algunos pequeños partidos
Queda planteada una lucha desigual. Entre el septuagenario ex presidente, y la primera aspirante mujer, adalid del cambio generacional; entre el conservadurismo ideológico (expresado en el veto al “aborto”) y el pensamiento de izquierda en proceso de reconstrucción y afirmación; entre el Presidente de la Fundación W. Wilson y aliado de Bush, y una consecuente antiimperialista; entre quien augura el renacimiento de viejos y nuevos problemas con los vecinos y el Mercosur y quien apuesta a la integración de Nuestra América. Y entre las tres corrientes en la interna.
El favoritismo de Vázquez para ganar las elecciones depende de los votos de Constanza.
Pero para su proyecto “unitario” y sin “atajos”, requerirá apartarse de la izquierda y contar con nuevos aliados, entre los cuales ya se apuntan el Partido Independiente y el Intendente Omar Lafluf.
El proyecto histórico del FA llegará a su fin, apostando en tiempos de crisis a las recetas que aplican los social-demócratas y social-liberales en Grecia, España o Francia.
La clase trabajadora y el pueblo o reaccionan rápidamente, o deberán hacer el aprendizaje doloroso de la frustración de un proyecto que nació antiimperialista y opuesto al gran capital.
@PostaPortenia - postaporteñ@ 1077 - 2013-12-09
La batalla de Venezuela
La batalla de Venezuela
Publicado en 9 diciembre
Ángeles Diez*
Hace poco más treinta años Patricio Guzmán filmaba en Chile el triunfo de la Unidad Popular, el apoyo del pueblo chileno a su presidente y la reacción violenta de la burguesía que con sus armas económicas, mediáticas y organizativas emprendió la batalla por el derrocamiento, no sólo de un presidente sino de un proyecto de país soberano y popular. El presidente Allende y su pueblo dieron la batalla pero, en la coyuntura de los años 70, la fortaleza del imperio estadounidense y de las burguesías nacionales consiguió derrotarles. La opción golpista clásica, la de los militares, la de los desaparecidos, la de las torturas y la del exterminio, se impuso a los intentos desestabilizadores que requerían más tiempo y una inversión económica mayor.
El contexto internacional ha cambiado, especialmente el latinoamericano. La resistencia de la revolución cubana que ha mantenido la antorcha de la dignidad encendida ha sido recogida por otros gobiernos y otros pueblos, entre ellos, Venezuela. Los proyectos soberanistas son, en estos momentos, la piedra de toque del capitalismo. No son digeribles por un sistema que se levanta sobre la necesidad de la explotación de clase al interior de los Estados, y de pueblos y territorios más allá de las fronteras nacionales. La acumulación por desposesión que se impone en todo el orbe está encontrando la resistencia más firme en los proyectos progresistas de América Latina.
El imperio estadounidense y sus socios europeos han entrado en declive embarrancados en guerras neocoloniales en oriente y el norte de África y sumidos en una crisis económica cuya única salida es aumentar la explotación de sus clases populares y la destrucción de capital mediante la guerra (a ser posible externa). La experiencia chilena fue un aprendizaje también para el imperio. Los golpes de Estado tienen hoy sonrisa Obama y marca “si se puede”. Mientras, los socios europeos se debaten entre la necesidad de rentabilidad de sus empresas mediante inversiones en el exterior y la presión estadounidense para conseguir gobiernos afines a sus propios intereses.
En este contexto y con esta correlación de fuerzas existen importantes analogías entre el golpe de Estado en Chile de 1973 y el golpe de Estado que se va gestando contra el gobierno bolivariano en Venezuela y que tuvo su primer episodio en el 2002.
La debilidad política, intelectual y de liderazgo de la burguesía autóctona, y la determinación del pueblo venezolano para defender su revolución, hicieron fracasar el golpe contra Chávez y recondujeron la ofensiva imperial hacia los cauces de la desestabilización, el acoso y el aislamiento.
La guerra por las conciencias, primera y decisiva batalla.
En los años 50 Estados Unidos puso en marcha una gran operación de guerra encubierta contra el comunismo. La CIA movilizó recursos económicos y humanos que iban desde la desestabilización económica y golpes de estado hasta la financiación y promoción de intelectuales, revistas, congresos, periodistas. Si en América Latina se utilizó con mayor profusión la vía desestabilizadora y militar en Europa fue la guerra psicológica y cultural quien recibió más recursos económicos y humanos. Intelectuales, académicos, escritores, periodistas, unos conscientes otros sin saberlo, se pusieron al servicio de la causa de la “libertad y la democracia” norteamericana. A menudo desde posiciones de izquierda.
América Latina y Europa en los años 50 y 60 eran un hervidero transformador. Movimientos revolucionarios y liderazgo intelectual actuaban en simbiosis hacia un horizonte compartido. Sin embargo, en estos momentos mientras en América Latina siguen fluyendo las fuentes revolucionarias en Europa parecen haberse secado. Una población europea en estado de shock por las recetas liberales y una intelectualidad sin liderazgo político y embarrancada en el postmodernismo han favorecido que la guerra psicológica se centre en las corporaciones mediáticas que han pasado a ser las principales abanderadas de la guerra contra Venezuela.
Los medios españoles conforman la vanguardia de esta guerra. Encontramos en ellos la ilustración perfecta, la imagen más afinada de la propaganda de guerra en lengua castellana. Sus consignas, su lenguaje, la unicidad de criterio, la combinación de argumentos racionales y emocionales, la ocultación de datos, la interpretación tendenciosa, la sobreadjetivación…. Un catálogo completo de técnicas de manipulación que en los momentos electorales alcanzan su punto culminante.
Algunas de ellas han sido desplegadas recientemente al hilo de las elecciones municipales del 8 de diciembre. Unas elecciones que han sido tratadas por los medios como si fueran elecciones presidenciales, por la única razón de que los procesos electorales han sido, hasta las elecciones del 14 de abril una de las mayores fortalezas del proyecto bolivariano. A pesar de los 19 procesos electorales desde que ganó las elecciones Hugo Chávez no ha habido campaña electoral que no haya contado con el cuestionamiento del sistema electoral y acusaciones sistemáticas y reiteradas de autoritarismo.
Los sabotajes en el suministro de energía, el acaparamiento y desabastecimiento de bienes de primera necesidad han sido parte de la precampaña en casi todas las elecciones venezolanas. Desde finales del 2002 a principios del 2003 durante el paro empresarial, la cadena de producción y distribución de alimentos más importante, Central Madeirense, se sumó a las acciones de sabotaje, y las Empresas Polar especializadas en productos elaborados –nueve de ellos de la canasta básica- hicieron lo mismo. Desde entonces esta táctica ha sido empleada para minar la voluntad popular en su apoyo a la revolución y para desestabilizar la economía haciendo necesaria una intervención del gobierno que posteriormente es tachada por todos los medios de autoritaria. Así, en las medidas del gobierno venezolano para enfrentar el sabotaje económico, los periodistas han visto las derivas totalitarias del presidente Maduro supuestamente heredadas del presidente Chávez. Ewald Scharfenberg, articulista de El País, nos decía que “La oposición marchaba contra la deriva autoritaria de Maduro”[1]. Poco ha importado si la Ley Habilitante está contemplada en la constitución venezolana, o si impone unos límites legislativos que no están presentes en los famosos Decretos ley con los que lleva gobernando Rajoy desde que llegó al gobierno del reino de España.
Sean cuales sean los resultados el “chavismo” siempre pierde las elecciones.
Cuando se hace campaña por un candidato nunca se reconoce la derrota. Es el primer mandamiento del catecismo mediático. En las elecciones del 14 de abril que dieron la victoria a Nicolás Maduro, la oposición no reconoció los resultados electorales a pesar del reconocimiento internacional y de la fiabilidad del sistema electoral venezolano avalada también internacionalmente. Los medios masivos convirtieron la victoria de Maduro en una derrota en un doble sentido. Dieron más publicidad y por tanto credibilidad a las declaraciones de la oposición que a las autoridades venezolanas (muy diferente a lo que ha ocurrido recientemente con las elecciones en Honduras) cuestionando la limpieza del proceso electoral así como los resultados. Finalmente, cuando fue inviable sostener el discurso de la oposición y las acusaciones de fraude, la noticia no fue la victoria de Maduro sino la “pérdida de votos del chavismo”.
En el caso de las elecciones municipales del 8 de diciembre los medios ya han bombardeado convenientemente a las audiencias garantizando que sean cuales sean los resultados el “chavismo” o el “oficialismo” –términos habituales de los periodistas para descalificar la revolución bolivariana- ha perdido apoyos. Si se pierde alguna de las alcaldías actuales los medios ratificarán su consigna de “la falta de liderazgo de Maduro”, incluso se volverá a insistir con la oposición “que carece de legitimidad” para ser presidente o que y que la revolución no se sostiene sin Chávez. Si se mantienen los resultados actuales significará que el proyecto bolivariano no es capaz de avanzar entre la población y que no tardará en retroceder. Si se ganan más municipios será el resultado de que las medidas económicas “autoritarias de Maduro” han sido un “ardid electoral” que ha funcionado.
Unos malos resultados para la oposición siempre son justificados por los medios: ha sido una campaña desigual, el “chavismo” ha contado con todos los aparatos del estado, se han producido irregularidades, los medios de comunicación no han apoyado suficientemente a la oposición, o se acusa al CNE de “laxitud para sancionar las infracciones”[2]etc. Sorprendentemente en un país donde el 80% de los medios son privados y hacen campaña contra el gobierno se llega a decir que “con los medios masivos plegados a la voluntad del presidente Nicolás Maduro. Todos estos argumentos se manejan antes de las elecciones de forma que cuando se conocen los resultados se puede echar mano de cualquier de ellos para corroborar la propaganda bélica.
A diferencia de lo que ocurre en cualquier país del planeta, en Venezuela, los medios europeos y norteamericanos siempre han hecho campaña con y a favor de los perdedores, es decir, de la oposición venezolana. Periodistas de El País como Alfredo Meza o Miguel Ángel Bastenier se han esforzado constantemente en demostrar que aunque “el chavismo” ganara, en realidad había perdido. En estas elecciones nos ha dicho Meza que aunque la oposición no tenga más alcaldías si hay poca diferencia respecto a los chavistas Maduro se tendrá que enfrentar a un referéndum revocatorio de su mandato[3].
M. A. Bastenier, otro de los habituales opinadores del Grupo Prisa, ha coincidido con las editoriales de El País, las agencias como EFE, AP y medios de ideología más conservadora y se ha centrado en los aspectos económicos. No para denunciar los sabotajes, el acaparamiento, el desabastecimiento etc. no, sus proyectiles han ido dirigidos a la negación de la evidencia.
Frente a los datos económicos de organismos internacionales como la CEPAL o el PNUD que han informado del incremento de los flujos de Inversión Extranjera Directa en un 44% , de la reducción de la pobreza en más de un 50%, de una tasa de desempleo del 7,6%, del crecimiento de la economía venezolana en 5,7% , de ocupar el puesto 47 de los países con índice de Desarrollo Humano alto y de ser el país de América latina que presenta el menor porcentaje de desigualdad y donde la inversión social se ha triplicado desde 1998; frente a estos datos, Bastenier prefiere seleccionar aquellos que mejor se ajustan a la imagen de caos y abismo económico que alimentan la campaña desestabilizadora. Para él sólo existen los datos de la inflación, la evasión de capitales, la corrupción y la violencia, cuatro patas ya clásicas de las campañas electorales contra el proceso bolivariano.
Los mecanismos de percepción de los datos sobre Venezuela están terriblemente alterados, sean los datos positivos o no el público español encontrará su lado negativo. Los periodistas ocultarán los indicadores positivos, magnificarán y difundirán solo los negativos, y si alguno no se puede ocultar será el resultado de la propaganda gubernamental. Como suelen afirmar los sociólogos si uno tortura suficientemente los datos estos acaban por confesar lo que uno quiere. Los periodistas son los grandes torturadores de los datos y de los hechos.
El fantasma cubano sigue recorriendo América Latina
Siguiendo con las analogías del golpe de Estado en Chile los informes desclasificados, nos recuerda Atilio Boron, demuestran que hubo un plan trazado desde la Casa blanca, la CIA y la fiscalía general para desestabilizar el país entre otros medios estrangulando la economía. La excusa entonces era la diseminación de la revolución comunista cubana. Como dice Atilio “es ingenuo pensar que hoy, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, el inverosímil Premio Nobel de la Paz convoque a sus asesores para elaborar estrategias políticas distintas en relación con las resistencias que se alzan en contra del imperialismo”[4]. Lo que resulta realmente sorprendente es que las razones que Nixon se daba para impedir la consolidación de Allende, la expansión del comunismo cubano, sigan siendo hoy los mismos argumentos de la propaganda imperial.
Al frente de este argumento se alistan los periodistas más amarillistas y biliosos como Ludmila Vinogradoff que no duda en detallarnos cómo la “oposición venezolana toma las calles para protestar por la cubanización del país”. Ludmila se hace eco de los manifestantes que ven en la intervención del gobierno en la economía un paso más hacia la conversión de Venezuela en “una colonia de los cubanos” [5].
La amenaza cubana remite a un imaginario de sacrificios y escasez que forma parte ya de la matriz ideológica anticomunista. Actúa como una amenaza hacia los deseos y aspiraciones de justicia social del pueblo venezolano. El miedo a la cubanización es el miedo a los sacrificios y se aliña a menudo con artículos como el de A. Meza hablando de que Maduro conduce a Venezuela hacia “el socialismo real”[6]
En los últimos años, las políticas sociales a través de las Misiones han mejorado la salud, la educación, la alimentación y la vivienda de los venezolanos y han minado la identificación negativa de la trilogía propagandística socialismo-autoritarismo-escasez. Desaparecidos el “socialismo real” sólo Cuba puede ser utilizada para apuntalar el fantasma del comunismo que ha empezado a disiparse.
La Batalla de Chile fue y sigue siendo un legado para nuestra memoria. La prueba de que desde 1917, desde el triunfo de la revolución rusa, el capital no ha descansado en su lucha constante para aniquilar cualquier gobierno popular. Como dijera Nixon hablando de Chile, cualquier medio para impedir que se extienda el comunismo que es como decir cualquier medio para acabar con la voluntad popular. Venezuela ahora, como entonces Chile libra una guerra sin cuartel. La primera batalla, la más decisiva, sigue siendo la que se libra contra nuestras conciencias.
Madrid, 8 de diciembre de 2013
Ángeles Diez es Doctora en CC. Políticas y Sociología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid.
[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/23/actualidad/1385237530_268803.html?rel=rosEP
[2] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/04/actualidad/1386186413_709721.html?rel=rosEP
[3] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/04/actualidad/1386186413_709721.html?rel=rosEP
[4] http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-228729-2013-09-11.html
[5] http://www.abc.es/internacional/20131123/abci-oposicion-venezolana-toma-calles-201311232022.html
[6] ttp://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/30/actualidad/1385772161_362268.html?rel=rosEP
Publicado en 9 diciembre
Ángeles Diez*
Hace poco más treinta años Patricio Guzmán filmaba en Chile el triunfo de la Unidad Popular, el apoyo del pueblo chileno a su presidente y la reacción violenta de la burguesía que con sus armas económicas, mediáticas y organizativas emprendió la batalla por el derrocamiento, no sólo de un presidente sino de un proyecto de país soberano y popular. El presidente Allende y su pueblo dieron la batalla pero, en la coyuntura de los años 70, la fortaleza del imperio estadounidense y de las burguesías nacionales consiguió derrotarles. La opción golpista clásica, la de los militares, la de los desaparecidos, la de las torturas y la del exterminio, se impuso a los intentos desestabilizadores que requerían más tiempo y una inversión económica mayor.
El contexto internacional ha cambiado, especialmente el latinoamericano. La resistencia de la revolución cubana que ha mantenido la antorcha de la dignidad encendida ha sido recogida por otros gobiernos y otros pueblos, entre ellos, Venezuela. Los proyectos soberanistas son, en estos momentos, la piedra de toque del capitalismo. No son digeribles por un sistema que se levanta sobre la necesidad de la explotación de clase al interior de los Estados, y de pueblos y territorios más allá de las fronteras nacionales. La acumulación por desposesión que se impone en todo el orbe está encontrando la resistencia más firme en los proyectos progresistas de América Latina.
El imperio estadounidense y sus socios europeos han entrado en declive embarrancados en guerras neocoloniales en oriente y el norte de África y sumidos en una crisis económica cuya única salida es aumentar la explotación de sus clases populares y la destrucción de capital mediante la guerra (a ser posible externa). La experiencia chilena fue un aprendizaje también para el imperio. Los golpes de Estado tienen hoy sonrisa Obama y marca “si se puede”. Mientras, los socios europeos se debaten entre la necesidad de rentabilidad de sus empresas mediante inversiones en el exterior y la presión estadounidense para conseguir gobiernos afines a sus propios intereses.
En este contexto y con esta correlación de fuerzas existen importantes analogías entre el golpe de Estado en Chile de 1973 y el golpe de Estado que se va gestando contra el gobierno bolivariano en Venezuela y que tuvo su primer episodio en el 2002.
La debilidad política, intelectual y de liderazgo de la burguesía autóctona, y la determinación del pueblo venezolano para defender su revolución, hicieron fracasar el golpe contra Chávez y recondujeron la ofensiva imperial hacia los cauces de la desestabilización, el acoso y el aislamiento.
La guerra por las conciencias, primera y decisiva batalla.
En los años 50 Estados Unidos puso en marcha una gran operación de guerra encubierta contra el comunismo. La CIA movilizó recursos económicos y humanos que iban desde la desestabilización económica y golpes de estado hasta la financiación y promoción de intelectuales, revistas, congresos, periodistas. Si en América Latina se utilizó con mayor profusión la vía desestabilizadora y militar en Europa fue la guerra psicológica y cultural quien recibió más recursos económicos y humanos. Intelectuales, académicos, escritores, periodistas, unos conscientes otros sin saberlo, se pusieron al servicio de la causa de la “libertad y la democracia” norteamericana. A menudo desde posiciones de izquierda.
América Latina y Europa en los años 50 y 60 eran un hervidero transformador. Movimientos revolucionarios y liderazgo intelectual actuaban en simbiosis hacia un horizonte compartido. Sin embargo, en estos momentos mientras en América Latina siguen fluyendo las fuentes revolucionarias en Europa parecen haberse secado. Una población europea en estado de shock por las recetas liberales y una intelectualidad sin liderazgo político y embarrancada en el postmodernismo han favorecido que la guerra psicológica se centre en las corporaciones mediáticas que han pasado a ser las principales abanderadas de la guerra contra Venezuela.
Los medios españoles conforman la vanguardia de esta guerra. Encontramos en ellos la ilustración perfecta, la imagen más afinada de la propaganda de guerra en lengua castellana. Sus consignas, su lenguaje, la unicidad de criterio, la combinación de argumentos racionales y emocionales, la ocultación de datos, la interpretación tendenciosa, la sobreadjetivación…. Un catálogo completo de técnicas de manipulación que en los momentos electorales alcanzan su punto culminante.
Algunas de ellas han sido desplegadas recientemente al hilo de las elecciones municipales del 8 de diciembre. Unas elecciones que han sido tratadas por los medios como si fueran elecciones presidenciales, por la única razón de que los procesos electorales han sido, hasta las elecciones del 14 de abril una de las mayores fortalezas del proyecto bolivariano. A pesar de los 19 procesos electorales desde que ganó las elecciones Hugo Chávez no ha habido campaña electoral que no haya contado con el cuestionamiento del sistema electoral y acusaciones sistemáticas y reiteradas de autoritarismo.
Los sabotajes en el suministro de energía, el acaparamiento y desabastecimiento de bienes de primera necesidad han sido parte de la precampaña en casi todas las elecciones venezolanas. Desde finales del 2002 a principios del 2003 durante el paro empresarial, la cadena de producción y distribución de alimentos más importante, Central Madeirense, se sumó a las acciones de sabotaje, y las Empresas Polar especializadas en productos elaborados –nueve de ellos de la canasta básica- hicieron lo mismo. Desde entonces esta táctica ha sido empleada para minar la voluntad popular en su apoyo a la revolución y para desestabilizar la economía haciendo necesaria una intervención del gobierno que posteriormente es tachada por todos los medios de autoritaria. Así, en las medidas del gobierno venezolano para enfrentar el sabotaje económico, los periodistas han visto las derivas totalitarias del presidente Maduro supuestamente heredadas del presidente Chávez. Ewald Scharfenberg, articulista de El País, nos decía que “La oposición marchaba contra la deriva autoritaria de Maduro”[1]. Poco ha importado si la Ley Habilitante está contemplada en la constitución venezolana, o si impone unos límites legislativos que no están presentes en los famosos Decretos ley con los que lleva gobernando Rajoy desde que llegó al gobierno del reino de España.
Sean cuales sean los resultados el “chavismo” siempre pierde las elecciones.
Cuando se hace campaña por un candidato nunca se reconoce la derrota. Es el primer mandamiento del catecismo mediático. En las elecciones del 14 de abril que dieron la victoria a Nicolás Maduro, la oposición no reconoció los resultados electorales a pesar del reconocimiento internacional y de la fiabilidad del sistema electoral venezolano avalada también internacionalmente. Los medios masivos convirtieron la victoria de Maduro en una derrota en un doble sentido. Dieron más publicidad y por tanto credibilidad a las declaraciones de la oposición que a las autoridades venezolanas (muy diferente a lo que ha ocurrido recientemente con las elecciones en Honduras) cuestionando la limpieza del proceso electoral así como los resultados. Finalmente, cuando fue inviable sostener el discurso de la oposición y las acusaciones de fraude, la noticia no fue la victoria de Maduro sino la “pérdida de votos del chavismo”.
En el caso de las elecciones municipales del 8 de diciembre los medios ya han bombardeado convenientemente a las audiencias garantizando que sean cuales sean los resultados el “chavismo” o el “oficialismo” –términos habituales de los periodistas para descalificar la revolución bolivariana- ha perdido apoyos. Si se pierde alguna de las alcaldías actuales los medios ratificarán su consigna de “la falta de liderazgo de Maduro”, incluso se volverá a insistir con la oposición “que carece de legitimidad” para ser presidente o que y que la revolución no se sostiene sin Chávez. Si se mantienen los resultados actuales significará que el proyecto bolivariano no es capaz de avanzar entre la población y que no tardará en retroceder. Si se ganan más municipios será el resultado de que las medidas económicas “autoritarias de Maduro” han sido un “ardid electoral” que ha funcionado.
Unos malos resultados para la oposición siempre son justificados por los medios: ha sido una campaña desigual, el “chavismo” ha contado con todos los aparatos del estado, se han producido irregularidades, los medios de comunicación no han apoyado suficientemente a la oposición, o se acusa al CNE de “laxitud para sancionar las infracciones”[2]etc. Sorprendentemente en un país donde el 80% de los medios son privados y hacen campaña contra el gobierno se llega a decir que “con los medios masivos plegados a la voluntad del presidente Nicolás Maduro. Todos estos argumentos se manejan antes de las elecciones de forma que cuando se conocen los resultados se puede echar mano de cualquier de ellos para corroborar la propaganda bélica.
A diferencia de lo que ocurre en cualquier país del planeta, en Venezuela, los medios europeos y norteamericanos siempre han hecho campaña con y a favor de los perdedores, es decir, de la oposición venezolana. Periodistas de El País como Alfredo Meza o Miguel Ángel Bastenier se han esforzado constantemente en demostrar que aunque “el chavismo” ganara, en realidad había perdido. En estas elecciones nos ha dicho Meza que aunque la oposición no tenga más alcaldías si hay poca diferencia respecto a los chavistas Maduro se tendrá que enfrentar a un referéndum revocatorio de su mandato[3].
M. A. Bastenier, otro de los habituales opinadores del Grupo Prisa, ha coincidido con las editoriales de El País, las agencias como EFE, AP y medios de ideología más conservadora y se ha centrado en los aspectos económicos. No para denunciar los sabotajes, el acaparamiento, el desabastecimiento etc. no, sus proyectiles han ido dirigidos a la negación de la evidencia.
Frente a los datos económicos de organismos internacionales como la CEPAL o el PNUD que han informado del incremento de los flujos de Inversión Extranjera Directa en un 44% , de la reducción de la pobreza en más de un 50%, de una tasa de desempleo del 7,6%, del crecimiento de la economía venezolana en 5,7% , de ocupar el puesto 47 de los países con índice de Desarrollo Humano alto y de ser el país de América latina que presenta el menor porcentaje de desigualdad y donde la inversión social se ha triplicado desde 1998; frente a estos datos, Bastenier prefiere seleccionar aquellos que mejor se ajustan a la imagen de caos y abismo económico que alimentan la campaña desestabilizadora. Para él sólo existen los datos de la inflación, la evasión de capitales, la corrupción y la violencia, cuatro patas ya clásicas de las campañas electorales contra el proceso bolivariano.
Los mecanismos de percepción de los datos sobre Venezuela están terriblemente alterados, sean los datos positivos o no el público español encontrará su lado negativo. Los periodistas ocultarán los indicadores positivos, magnificarán y difundirán solo los negativos, y si alguno no se puede ocultar será el resultado de la propaganda gubernamental. Como suelen afirmar los sociólogos si uno tortura suficientemente los datos estos acaban por confesar lo que uno quiere. Los periodistas son los grandes torturadores de los datos y de los hechos.
El fantasma cubano sigue recorriendo América Latina
Siguiendo con las analogías del golpe de Estado en Chile los informes desclasificados, nos recuerda Atilio Boron, demuestran que hubo un plan trazado desde la Casa blanca, la CIA y la fiscalía general para desestabilizar el país entre otros medios estrangulando la economía. La excusa entonces era la diseminación de la revolución comunista cubana. Como dice Atilio “es ingenuo pensar que hoy, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, el inverosímil Premio Nobel de la Paz convoque a sus asesores para elaborar estrategias políticas distintas en relación con las resistencias que se alzan en contra del imperialismo”[4]. Lo que resulta realmente sorprendente es que las razones que Nixon se daba para impedir la consolidación de Allende, la expansión del comunismo cubano, sigan siendo hoy los mismos argumentos de la propaganda imperial.
Al frente de este argumento se alistan los periodistas más amarillistas y biliosos como Ludmila Vinogradoff que no duda en detallarnos cómo la “oposición venezolana toma las calles para protestar por la cubanización del país”. Ludmila se hace eco de los manifestantes que ven en la intervención del gobierno en la economía un paso más hacia la conversión de Venezuela en “una colonia de los cubanos” [5].
La amenaza cubana remite a un imaginario de sacrificios y escasez que forma parte ya de la matriz ideológica anticomunista. Actúa como una amenaza hacia los deseos y aspiraciones de justicia social del pueblo venezolano. El miedo a la cubanización es el miedo a los sacrificios y se aliña a menudo con artículos como el de A. Meza hablando de que Maduro conduce a Venezuela hacia “el socialismo real”[6]
En los últimos años, las políticas sociales a través de las Misiones han mejorado la salud, la educación, la alimentación y la vivienda de los venezolanos y han minado la identificación negativa de la trilogía propagandística socialismo-autoritarismo-escasez. Desaparecidos el “socialismo real” sólo Cuba puede ser utilizada para apuntalar el fantasma del comunismo que ha empezado a disiparse.
La Batalla de Chile fue y sigue siendo un legado para nuestra memoria. La prueba de que desde 1917, desde el triunfo de la revolución rusa, el capital no ha descansado en su lucha constante para aniquilar cualquier gobierno popular. Como dijera Nixon hablando de Chile, cualquier medio para impedir que se extienda el comunismo que es como decir cualquier medio para acabar con la voluntad popular. Venezuela ahora, como entonces Chile libra una guerra sin cuartel. La primera batalla, la más decisiva, sigue siendo la que se libra contra nuestras conciencias.
Madrid, 8 de diciembre de 2013
Ángeles Diez es Doctora en CC. Políticas y Sociología y profesora de la Universidad Complutense de Madrid.
[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/23/actualidad/1385237530_268803.html?rel=rosEP
[2] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/04/actualidad/1386186413_709721.html?rel=rosEP
[3] http://internacional.elpais.com/internacional/2013/12/04/actualidad/1386186413_709721.html?rel=rosEP
[4] http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-228729-2013-09-11.html
[5] http://www.abc.es/internacional/20131123/abci-oposicion-venezolana-toma-calles-201311232022.html
[6] ttp://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/30/actualidad/1385772161_362268.html?rel=rosEP
11 dic 2013
Brightest Flashlight Free: la linterna para Android que recababa datos de usuarios sin permiso
Brightest Flashlight Free: la linterna para Android que recababa datos de usuarios sin permiso
Brightest Flashlight Free, una aplicación de linterna para los sistemas Android de celulares, recababa datos de los usuarios sin su consentimiento y los pasaba en secreto a empresas de publicidad. Son más de 50 millones las personas que han descargado la aplicación desde la tienda virtual Google Play.
1Lunes 09 de diciembre de 2013
Celular usado como linterna
La empresa GoldenShores Technologies desarrolló hace meses una simple pero poderosa aplicación para el sistema operativo Android, que permitía que los usuarios utilizasen su Smartphone como linterna.
Bajo el nombre de Brightest Flashlight Free (La más brillante linterna gratis, en español) la app fue descargada más de 50 millones de veces, y contaba con una valoración de 5 estrellas en Google Play, lo que la ubicaba en los primeros puestos del ranking de aplicaciones.
De todas formas, recientemente se pudo comprobar que la aplicación recopilaba datos sobre la ubicación de los equipos celulares al mismo tiempo que copiaba su código único de identificación, sin permiso de los usuarios.
Una vez instalada en el Smartphone, Brightest Flashlight Free le permitía a los usuarios elegir si estos deseaban compartir su información o no, aunque independientemente de la opción que se seleccionara, los datos de los mismos ya habían sido copiados y almacenados en una base de datos que la empresa se encargaba de repartir entre diversas empresas de publicidad.
“Una linterna que dejaba a oscuras”
El caso de Brightest Flashlight Free llegó hasta los oídos de la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) que inmediatamente se puso en campaña para regularizar la situación.
Jessica Rich, directora del Departamento de Protección al Consumidor de la FTC, se pronunció al respecto: “Cuando a los consumidores se les da la oportunidad de tener una verdadera e informada elección, ellos pueden decidir por sí mismos si el beneficio de un servicio merece la información que deben compartir para usarlo. Pero esta aplicación de linterna los dejaba a oscuras al respecto de cómo su información iba a utilizarse”.
A pesar de las numerosas peticiones de los usuarios traicionados, la FTC resolvió no sancionar económicamente a GoldenShores. De ahora en más, la empresa deberá cambiar su política de privacidad, avisando en todos los casos la manera en la que los datos de los usuarios serán utilizados. También, toda la información hasta ahora recopilada por Brightets Flashlight Free deberá ser inmediatamente eliminada.
Actualmente, la aplicación sigue disponible de forma gratuita en Google Play.
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