10 jun 2014

Revocaron sentencia sobre empresario acusado de explotar sexualmente a una menor

COMUNICADO DE PRENSA
Ante los graves hechos sucedidos en los últimos días donde dos Ministros del Tribunal de Apelaciones de 2º Turno absuelven a empresario imputado de explotar sexualmente a una adolescente de 15 años, las organizaciones de la sociedad civil repudiamos el fallo y exigimos justicia para las niñas, niños y adolescentes víctimas de explotación sexual.
Desde nuestro rol como organizaciones de la sociedad civil en la promoción y defensa de los derechos humanos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes expresamos enfáticamente que la explotación sexual es una de las más graves violaciones a los derechos humanos e implica la utilización de menores de edad en actos de naturaleza sexual a cambio de una contraprestación, en dinero o en especie.
Reafirmamos una vez más que las adolescentes sometidas a explotación sexual son víctimas y los daños sufridos son profundos y de difícil reversibilidad. Dadas sus condiciones de desventaja y la violencia a la que se las somete, tanto física como psíquicamente, las adolescentes víctimas no pueden ser responsables en ninguna medida. La utilización de su historia sexual como forma de justificación o atenuación de la responsabilidad de los perpetradores es un nuevo delito contra su persona y es considerada prueba ilícita según los estándares internacionales.
Por este motivo convocamos a la ciudadanía a acompañar las siguientes acciones:
Concentración en la puerta de la Suprema Corte de Justicia el viernes 20 de junio a las 15hs con motivo de expresar nuestro rechazo a la actuación judicial en este caso y solicitar una entrevista a la Suprema Corte de Justicia.
Elevar petitorio a la Fiscal Letrada Nacional en lo Penal de Primer Turno, Dra. Adriana Úmpierrez, para que agote todos los recursos legales disponibles en este caso, a fin de que se haga justicia con esta adolescente víctima, sancionando la violencia sexual que ha sido perpetrada contra ella.
Las organizaciones seguiremos todos los pasos posibles para lograr justicia en esta situación apelando a diversos recursos. Estamos dispuestas a recurrir a los organismos internacionales y solicitar una audiencia temática ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos si fuera necesario.
Hacemos un llamado a la ciudadanía a acompañar la movilización y pedimos especialmente a los medios de comunicación difundan este comunicado, generen espacios para discutir este tema y realicen cobertura mediática desde una perspectiva de género y derechos el viernes 20 de junio a las 15hs en la puerta de la Suprema Corte de Justicia.
AGENCIA VOZ Y VOS
AIRE.UY
S.A.I. PROGRAMA ARCOIRIS
CAINFO
CENTRO INTERISCIPLINARIO CAMINOS
CIRE – CIUDADANÍAS EN RED
CLADEM-URUGUAY
CNS MUJERES POR DEMOCRACIA EQUIDAD Y CIUDADANÍA
COMITE DE LOS DERECHOS DEL NIÑO
COLECTIVA MUJERES
COTIDIANO MUJER
COOPERATIVA MUJER AHORA
DATOS –DATOS ABIERTOS, TRANSPARENCIA Y ACCESO A LA INFORMACIÓN
EL ABROJO
EL PASO
FLACSO- URUGUAY – PROGRAMA GÉNERO Y CULTURA
FUNDACIÓN VISIONAIR
IACI – INFANCIA Y ADOLESCENCIA CIUDADANA
MYSU – MUJER Y SALUD EN URUGUAY
MUJERES DE VISTA LINDA
MUJERES DEL OBELISCO
MUJERES EN EL HORNO
MUJERES LAS PIEDRAS
OVEJAS NEGRAS
RED CANARIAS EN MOVIMIENTO
RED DE MUJERES AFROLATINOAMERICANAS AFROCARIBEÑAS Y DE LA DIASPORA
RED URUGUAYA CONTRA LA VIOLENCIA DOMÉSTICA Y SEXUAL
SERPAJ
SEXUR- INSTITUTO DE FORMACIÓN SEXOLÓGICA INTEGRAL
URUGUAY TRANSPARENTE
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CONAPEES PIDE REVEER EL FALLO

Revocaron sentencia sobre empresario acusado de explotar sexualmente a una menor

07.06.2014

MONTEVIDEO (Uypress) -El Tribunal de Apelaciones absolvió al empresario por un "error de Derecho". El Comité para la Erradicación de la Explotación Sexual entiende que este antecedente es gravísimo y marca un retroceso.

El empresario Javier Moya, que había sido procesado en diciembre del año pasado por un delito de explotación sexual comercial de una adolescente de 15 años, fue absuelto por el Tribunal de Apelaciones atendiendo al hecho que la menor mintió sobre su edad.
Moya estuvo recluido en la Cárcel de Campanero en Minas hasta este miércoles, cuando el Tribunal de 2º Turno revocó el fallo anterior emitido por el juez Javier Gabdinim, según publica El País.
Los ministros José Balcaldi y William Corujo concluyeron que incurrió en un "error de derecho", ya que si bien Moya mantuvo relaciones sexuales con una menor de 15 años, la adolescente le dijo que tenía 18.� Por su parte, el ministro Daniel Tapié no estuvo de acuerdo con la revocación y votó en contra.
Para Luis Purstcher, presidente del Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y No Comercial de la Niñez y la Adolescencia (CONAPEES), se están violando los derechos humanos y esto significa un error de la justicia porque una menor no puede consentir su propia explotación sexual, además, el desconocimiento de la ley no sirve de excusa, señaló a El Espectador.
Para el CONAPEES, este hecho es "gravísimo" y marca un "retroceso importante para la justicia, dijo a Montevideo Portar la socióloga y asistente social Crisitna Pego, integrante del CONAPEES. En este sentido, pidió "rever el fallo".
"Las personas que deciden pagar a cambio de sexo tienen que entender que son ellas las responsables de saber la edad de la persona", dijo Prego, agregando que "muchos explotadores pretenden justificarse diciendo que no sabían que la persona con la que mantuvieron relaciones era menor de edad".
Además, Prego apuntó a los jueces y dijo que "es más grave si estas excusas son legitimadas por la Justicia, porque se trata de una clara violación de los Derechos Humanos".� Prego consideró además que falta capacitación sobre explotación sexual en todo el sistema de judicial e indicó que "durante todo el proceso judicial las víctimas son colocadas como testigos o como objetos de prueba, lo que las revictimiza".
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Cómo opera la contrainsurgencia del Pentágono

Título: Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos
Manuales, mentalidades y uso de la antropología
Autor: Gilberto López y Rivas
Editorial Ocean Sur
Casa Lamm, 10 de junio de 2014.
Con base en dos manuales del Pentágono y una “guía cultural” de las fuerzas especiales de Estados Unidos, Gilberto López y Rivas nos entrega una obra de gran actualidad que nos permite entender, si se busca entre líneas, qué pasó en el sexenio pasado en el marco de la falsa guerra a las drogas de Felipe Calderón, y qué está ocurriendo ahora, en materia de seguridad y violencia, bajo el régimen autoritario de Enrique Peña Nieto.
El texto parte del concepto “terrorismo global de Estado” para caracterizar la política violenta del capitalismo en su fase actual, y exhibe algunos rasgos neofascistas de las guerras neocoloniales de Estados Unidos y sus aliados europeos de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) de comienzos del siglo XXI.
Para ello, el autor recurre a una definición clásica de fascismo, formulada en 1935 por la Internacional Comunista, que plantea que “fascismo en el poder es la dictadura abierta y terrorista de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Pero dado que el mundo cambió en los últimos 70 años, y que el nazifascismo respondió a realidades concretas que germinaron en Europa a partir de la primer posguerra de la pasada centuria, nos advierte que todavía no se ha generado un término más adecuado o categoría para caracterizar la violencia terrorista del capital financiero en nuestros días.
Entre las similitudes del fascismo clásico con los regímenes de George W. Bush y Barack Obama, López y Rivas destaca el componente militarista de las cruzadas neocoloniales actuales, la fe ciega en la tecnología bélica, el favoritismo hacia las grandes corporaciones del llamado complejo militar-industrial (con epicentro en el Pentágono), el ultra nacionalismo, el racismo genocida que aniquila pueblos enteros y el social darwinismo derivado de la imposición a sangre y fuego de las políticas neoliberales. Esos elementos, junto con la transgresión de los marcos ideológicos y políticos de la represión “legal” (la justificada por el marco jurídico tradicional), que implica la aplicación de facto de medidas de excepción, así como la utilización de métodos guerreros “no convencionales” para desestabilizar, invadir y ocupar territorialmente países y exterminar a las oposiciones políticas y la protesta social, conformarían la base del nuevo colonialismo de matriz estadunidense en curso.
Como viene anunciado en el subtítulo de la obra, y dada su profesión, Gilberto Lóez y Rivas pone énfasis en la utilización, por el Pentágono, de antropólogos y otros científicos sociales en las unidades de combate de las tropas de ocupación estadunidenses en Afganistán e Irak. El autor parte de un artículo de David Rohde en The New York Times, de octubre de 2007, que define el involucramiento de las ciencias sociales en los esfuerzos bélicos como una “nueva arma crucial en las operaciones contrainsurgentes”, en el marco de un “programa experimental” del Departamento de Defensa puesto en práctica ese mismo año.
Dicho programa, que tiene sus antecedentes en el uso de antropólogos en las campañas contrainsurgentes de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam y en el Plan Camelot experimentado en Chile a mediados de los años sesenta, llevó ahora a un sector importante de la academia estadunidense a considerarlo como una “prostitución de la disciplina”.
Un año antes, la Asociación Antropológica Americana había condenado por unanimidad “el uso del conocimiento antropológico como elemento de tortura física y psicológica” en la prisión de Abu Ghraib, en Irak. No obstante lo cual, la antropóloga Montgomery McFate, creadora del programa Sistema Operativo de Investigación Humana en el Terreno del Pentágono −quien, dice Gilberto, se impuso la tarea de “educar” a los militares−, se dedicó a convencer a los estrategas de la contrainsurgencia de que “la antropología puede ser un arma más efectiva que la artillería”. Una visión cínica y beligerante que el autor no duda en calificar como propia de la “antropología mercenaria”.
Como expresión de ese involucramiento de la alta burocracia académica con la maquinaria de guerra de Estados Unidos, cita la publicación, en julio de 2007, del Manual de campo de contrainsurgencia 3-24, editado por la Universidad de Chicago, la misma de la que salieron Milton Friedman y sus Chicago boys en 1973, a experimentar el aterrizaje de las políticas neoliberales en el Chile, todavía humeante el Palacio de La Moneda, tras el golpe de Estado de Richard Nixon, Henry Kissinger y el general Augusto Pinochet.
Coordinado por el general David Petraeus, quien estuvo a cargo de las fuerzas expedicionarias de Estados Unidos en Irak, el Manual exhibe la falta de ética de ese centro de enseñanza superior y a sus “intelectuales mercenarios”, en lo que David Price, citado por el autor, describió como una “prostitución de la antropología al servicio de las guerras del imperio”.
En el prefacio del Manual, firmado por Petraeus y el general James Amos, del cuerpo de Marines, se adelantan algunos elementos y conceptos clave para entender el remozamiento o puesta al día de la contrainsurgencia. Entre ellos, el uso combinado de las fuerzas de combate (soldados y marinos), con habilidades asociadas con frecuencia a agencias no militares. Ello supone la cooperación y coordinación intergubernamental del Departamento de Defensa con las demás agencias de la llamada “comunidad de inteligencia” (CIA, DEA, FBI, etc.) y, también, a la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés), que depende del Departamento de Estado, entre otras.
También resalta la necesidad de que las campañas de contrainsurgencia cuenten con “fuerzas flexibles”, adaptables a las distintas circunstancias en un país dado, con líderes castrenses “agiles, bien informados y astutos culturalmente”. Es decir, capaces de “comprender” las culturas de los “nativos” que se rebelan contra el orden establecido.
Debido a que desde hace más de medio siglo los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca se abrogan el derecho de intervenir militarmente en cualquier parte del mundo, para justificar la extraterritorialidad de sus operaciones de contrainsurgencia, los actuales estrategas del Pentágono utilizan una entelequia jurídica denominada “nación huésped”, cuyo gobierno “invita” a Estados Unidos a intervenir en su territorio en contra de su propio pueblo. Verbigracia, para citar un caso cercano, el México de Felipe Calderón.
Pero debido a que la nueva modalidad guerrera del Pentágono es contra lo que define como “enemigos irregulares” o “asimétricos”, no contra ejércitos profesionales, el Manual incluye una serie de aspectos y tareas “no militares” que deben integrar la contrainsurgencia en su fase actual. Entre ellos, materias complejas como la gobernanza, el desarrollo económico, la administración pública y el imperio de la ley, todo lo cual se combina con las formas más conocidas de la “guerra interna”, es decir, las acciones militares directas o encubiertas, la guerra psicológica, la guerra sucia, la acción cívica, el control de población, el paramilitarismo, el mercenarismo y el uso de la economía y de los medios de difusión masiva como armas de guerra.
Otros aspectos clave de la contrainsurgencia son las labores de inteligencia y el análisis y aprendizaje de la sociedad de un país objetivo, los grupos étnicos que lo habitan, la forma de gobierno, las fuerzas coercitivas del Estado, sus instituciones, cultura, lenguaje, percepciones de sus connacionales, valores, redes, creencias de la población, para lo cual se recurre a expertos en antropología, economía y ciencias políticas, quienes juegan un papel importante en lo que técnicamente se conoce como “Preparación de Inteligencia del Campo de Batalla”.
Todo ello busca conocer el apoyo o tolerancia de la población hacia un grupo guerrillero, un gobernante o dirigente político, sus capacidades y vulnerabilidades, sus tácticas y estrategias y formas de organización. Cada dirigente es motivo de un escrutinio detallado, que incluye su historia personal, trayectoria, creencias, ideología, temperamento, educación y un largo etcétera.
Para recabar información se utilizan todos los tipos de inteligencia: humana (que incluye la obtención de datos de periodistas, académicos, políticos, empresarios, contratistas, militares y policías del gobierno pelele o a desestabilizar); la inteligencia militar; el interrogatorio a detenidos y desertores, muchas veces a través de la tortura; la escucha telefónica y el espionaje de las redes de Internet − como quedó evidenciado con las revelaciones de Edward Snowden en torno al papel de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA)−, a lo que se suman las formas rutinarias de obtención de información, vía el reconocimiento y la vigilancia, así como el uso de sensores, cámaras, inteligencia espacial, análisis de archivos de propiedad, financieros, del contenido de celulares y computadoras.
López y Rivas cita otro documento, el Manual del Equipo Humano sobre el Terreno, elaborado por el militar Nathan Finney en 2008, que es utilizado para preparar y entrenar a especialistas militares y académicos provistos por empresas contratistas del Pentágono, que junto con soldados integran pequeños equipos compuestos de cinco a nueve personas, cuya tarea es apoyar a los comandantes en el teatro de guerra.
Es decir, aparte de las materias tradicionales que debe tomar en cuenta la comandancia: misión, enemigo, terreno y condiciones meteorológicas, tropas amigas y apoyos disponibles, son necesarios otros datos sobre la cultura local y los factores políticos, económicos y religiosos de la población, que les son proporcionados por estos equipos mixtos de soldados y civiles. Ello, porque según el Manual, “la dimensión humana es la esencia misma de la guerra irregular”.
Como consigna el autor, estos pequeños equipos conformados por 5 a 9 miembros, cuentan con un líder, que por lo general es un oficial en actividad o retiro, un científico social, un procesador de información y dos analistas, y lo óptimo es que haya una mujer, alguien que hable la lengua local y otro que sea experto en el país en cuestión.
Ambos manuales son utilizados en la llamada dominación de espectro completo (full espectrum), noción diseñada por el Pentágono antes del 11 de septiembre de 2001, que abarca una política combinada donde lo militar, lo económico, lo mediático y lo cultural tienen objetivos comunes. Dado que el espectro es geográfico, espacial, social y cultural, para imponer la dominación se necesita manufacturar el consentimiento. Es decir, colocar en la sociedad sentidos “comunes” que mediante imágenes y una narrativa determinada refuerzan la visión del mundo del poder hegemónico, lo que deriva en masas conformistas que aceptan de manera acrítica y pasiva el mantenimiento y la reproducción del orden establecido, o, en el caso de un país y un gobernante considerado “hostil” por Washington, construyendo un enemigo a derrocar a través de medias verdades, mentiras y mitos, como parte de la guerra psicológica y las operaciones encubiertas.
Esa es la tarea que el Pentágono deja a las grandes cadenas multimedia bajo control monopólico privado, que en procesos de desestabilización como los de Cuba y Venezuela recurren al terrorismo mediático, instigando magnicidios y golpes de Estado..
Otro documento citado por el autor, que se suma a los anteriores, es la Guía para el asesor de las fuerzas especiales, que según el antropólogo David Price −parafraseando a Emily Post−, es “un manual de etiqueta de la contrainsurgencia”. Para Price, el principal propósito de la Guía es instruir o entrenar a los militares para interactuar mejor con otras culturas. El documento fue elaborado para evitar el shock cultural de frágiles boinas verdes (como se denomina usualmente a los soldados de las fuerzas especiales de la Marina estadunidense).
Un cuarto documento utilizado por López y Rivas para estructurar la obra que presentamos, es el Manual de campo 31-20-3, tácticas, técnicas y procedimientos de defensa interna para las Fuerzas Especiales en el extranjero, tercero de una serie producida por el Departamento de Defensa, cuyo propósito político-militar es la defensa de los intereses nacionales estadunidenses (esto es, los intereses de las corporaciones y el acceso a territorios con valor geopolítico y a recursos geoestratégicos como el petróleo, el agua dulce, la biodiversidad y otros), por medio del asesoramiento y entrenamiento contrainsurgente de tropas de “cipayos” en la “nación huésped”. Lo que nos remite, en el caso del México de Calderón y el actual, a los cursos y asesorías militares que reciben miembros de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina.
Al respecto, el Manual echa luz sobre una serie de facetas que cubre la guerra de contrainsurgencia, entre ellas, las actividades previas a una misión intervencionista, los permisos de entrenamiento, el despliegue de tropas de elite (abierto o encubierto) en la nación huésped, los programas de instrucción de tropas, las operaciones tácticas, el control de población, las operaciones conjuntas, así como anexos que incluyen operaciones de inteligencia, fuerzas de autodefensa civil (paramilitares), establecimiento de bases, y un etcétera que incluye a los medios de difusión masiva (la prensa escrita, radial y televisiva) y por supuesto al Servicio de Información de Estados Unidos (USIA), adscrito a cada embajada de Washington en el mundo. Lo que alude a tareas de propaganda, desinformación y terrorismo mediático, en coordinación con operaciones de guerra psicológica del Pentágono.
Cabe destacar, como señala López y Rivas en su texto, la importancia que el Manual le otorga al reclutamiento e integración de fuerzas paramilitares o irregulares, y escuadrones de la muerte, como parte integral de las actividades de contrainsurgencia. Su misión es la guerra sucia y/o el llamado “cazar-matar” utilizado por las “fuerzas amigas” como una “técnica” (sic) en operaciones de consolidación. Esto es, cazar y destruir o exterminar enemigos aislados.
Cito textual: “El equipo de cazar-matar consiste en dos secciones: los cazadores y los asesinos. Los cazadores deben estar ligeramente equipados y (ser) altamente móviles. Su misión es localizar a las fuerzas enemigas mientras mantienen comunicación constante con los ejecutores, quienes están alertas y listos para entrar en acción. Cuando los cazadores hacen contacto, estos notifican a los asesinos”.
Cabe destacar el énfasis del Manual sobre la misión principal de las fuerzas especiales en un país huésped: organizar, entrenar, aconsejar y desarrollar la capacidad táctica y técnica de las fuerzas militares locales, de modo que pueda derrotar a la insurgencia o el “enemigo interno” sin el involucramiento directo de Estados Unidos, y recurriendo, si es necesario, a la acción clandestina de organizaciones de civiles armados, ya sea bajo la forma paramilitar, el mercenarismo o de grupos de autodefensa.
Para el caso de México, vía la Iniciativa Mérida (2007), el esquema se utilizó bajo la pantalla de la guerra a las drogas, con la aquiescencia servil de Felipe Calderón que subordinó a la Sedena, la Semar, la Policía Federal, el Cisen y otras corporaciones del aparato de seguridad del Estado a sus contrapartes estadunidenses, con el saldo conocido: una catástrofe humanitaria. Más de 150 mil muertos, muchos asesinados de manera sumaria y extrajudicial (algunos posiblemente víctimas del llamado “cazar-matar” del manuela estadunidense), 30 mil detenidos-desaparecidos y 250 mil desplazados forzosos. Con el añadido de que la guerra de contrainsurgencia estadunidense es instrumental a la estrategia de tomar el control de la “nación huésped”, lo que efectivamente ocurrió en materia de seguridad e inteligencia bajo el régimen genocida de Calderón.
Mencionábamos más arriba la importancia que el Pentágono da a la lucha ideológica en el campo de la información; al papel de los medios de difusión masiva como arma estratégica y política. Un párrafo citado por López y Rivas es de suyo elocuente:
Las guerras modernas tienen lugar en espacios más allá de simplemente los elementos físicos del campo de batalla. Uno de los más importantes son los medios, en los cuales (…) la ‘batalla de la narrativa’ ocurrirá. Nuestros enemigos han reconocido que la percepción es tan importante para su éxito como el evento mismo (…) Al final del día, la percepción de qué ocurrió importa más, que lo que pasó realmente. Dominar la narrativa de cualquier operación, ya sea militar o de otro tipo, paga enormes dividendos. Fracasos en el terreno, mina el apoyo para nuestras políticas y operaciones, y actualmente pueden dañar la reputación del país y su posición en el mundo”.
Al respecto, cabe señalar que Calderón logró imponer en las primeras planas de los medios “su” narrativa sobre la “guerra” a las drogas. A su vez, sus patrocinadores en Washington lograron fabricar a ratos la imagen de México como un “Estado fallido” (pérdida de control físico del territorio nacional, erosión de la autoridad gubernamental, incapacidad para interactuar con otros Estados de la comunidad internacional, crisis económica aguda, corrupción grave, incapacidad de proveer servicios públicos y cobrar impuestos), lo que les permitió desencadenar en México un acelerado proceso que, con eje en una violencia caótica y de apariencia demencial −dado que fue una violencia fríamente calculada−, derivó en una militarización, paramilitarización y mercenarización del país. Igual que antes en Colombia.
Hacia el final del texto, en el acápite sobre “el narcotráfico como arma del imperio”, nuestro autor se apoya en el argentino Marcelo Colussi al señalar que Estados Unidos ha encontrado en ese campo de batalla (el de la falsa guerra a las drogas), un terreno fértil para prolongar y readecuar su estrategia de control social universal.
Una población asustada es mucho más manejable. Por eso que en regiones y países donde existen recursos geoestratégicos como petróleo, gas natural, agua dulce, biodiversidad, etcétera, y/o focos de resistencia popular, aparece el “demonio” del narcotráfico y las respuestas político-militares de Washington.
En rigor, y más allá de que en Colombia y México existan traficantes de drogas ilícitas, ambos países fueron elegidos como plataformas de la guerra de contrainsurgencia y la guerra social desatada contra las distintas formas de resistencias y oposiciones políticas.
Tengo algunas dudas sobre las afirmaciones de López y Rivas acerca de que los grupos de la economía criminal tengan recursos materiales superiores a los de las Fuerzas Armadas mexicanas, por lo menos en cuanto a armamento y equipos de inteligencia se refiere. Pero coincidimos con él y con Pablo González Casanova en cuanto a que la llamada globalización neoliberal es un proceso de dominación y apropiación del mundo, en el marco de una reconversión transnacional del sistema capitalista.
En el marco de una guerra de amplio espectro o espectro completo, “la territorialidad de la dominación” −según la expresión acuñada por Ana Esther Ceceña hace más de un lustro−, combina intereses de seguridad y económicos relacionados con el acceso a zonas privilegiadas por sus materias primas y recursos estratégicos, con una acción de control directo sobre poblaciones y puntos geográficos determinantes, para los que han sido diseñados megaproyectos de infraestructura (redes multimodales de carreteras, puertos, aeropuertos, vías de ferrocarril, canales, cables de fibra óptica). Como resumió en 2007 el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, “se trata de transformar el territorio; adecuarlo a las nuevas mercancías, a las nuevas tecnologías y los nuevos negocios. Cuadricularlo, ordenarlo, hacerlo funcional y… productivo”.
Eso es, a mi juicio, lo que ha venido ocurriendo y consolidándose de manera acelerada en México desde 2007 hasta el presente, y esta obra de Gilberto López y Rivas es esencial para ver cómo opera la contrainsurgencia del Pentágono para lo consecución de esos fines.
Dejé para el final las palabras de un veterano de la guerra de Irak:
“He sido un asesino psicópata porque me entrenaron para matar. No nací con esa mentalidad. Fue el Cuerpo de Infantería de Marina quién me educó para que fuera un gánster de las corporaciones estadunidenses, un delincuente. Me entrenaron para cumplir ciegamente la orden del Presidente de Estados Unidos y traerle a casa lo que él pidiera, sin reparar en ninguna consideración moral. Yo era un psicópata porque nos enseñaron a disparar primero y a preguntar después, como lo haría un enfermo y no un soldado profesional que solo debe enfrentar a otro soldado. Si había que matar mujeres y a niños, lo hacíamos. Por tanto, no éramos soldados, sino mercenarios”.
Creo que esa confesión podrían reflejar parte de lo que ha venido pasando en México, producto del entrenamiento militar del Pentágono a cuerpos de élite del Ejército, la Marina de Guerra y la Policía Federal. Muchas muertes podrían atribuirse a asesinos psicópatas que vienen actuando como mercenarios de una potencia extranjera en el territorio nacional.
Felicitaciones al autor, cuya larga y comprometida trayectoria permite constatar que el campo popular cuenta con académicos y antropólogos patriotas, que con su obra y su militancia adversan de manera decidida al Pentágono y al poder capitalista transnacional.
CARLOS FAZIO / REBELION

El juego geopolítico ruso . chino

La Jornada : El juego geopolítico ruso . chino


IMMANUEL WALLERSTEIN / 
LA JORNADA – Los gobiernos, los políticos y los medios en el mundo “occidental” parecen incapaces de entender los juegos geopolíticos que juegue alguien situado en cualquier otra parte. Sus análisis en torno al nuevo acuerdo proclamado por Rusia y China son un pasmoso ejemplo de esto.
El 16 de mayo, Rusia y China anunciaron que habían firmado un “tratado de amistad” que durará “por siempre”, pero que no es una alianza militar. Simultáneamente anunciaron uno sobre gas, en el que ambos países construirán un gasoducto para exportar gas ruso a China. China prestará a Rusia el dinero para que pueda construir su parte del gasoducto. Parece que Gazprom (principal productor de gas y petróleo en Rusia) hizo algunas concesiones en el precio a China, punto que había estado deteniendo el acuerdo por algún tiempo.
Si uno lee los medios del 15 de mayo, están llenos de artículos que explican por qué un acuerdo así sería poco probable. Al día siguiente, cuando sin embargo se concretó el acuerdo, los gobiernos de Occidente, los políticos y los medios se dividieron entre quienes pensaron que era una victoria geopolítica del presidente ruso Vladimir Putin (y lo deploraron) y aquellos que argumentaron que esto no haría mucha diferencia geopolítica.
Es bastante claro, a partir de las discusiones y los votos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante los últimos años, que Rusia y China comparten una aversión por las varias propuestas puestas a consideración por Estados Unidos (y con frecuencia secundadas por varios países europeos) para autorizar el involucramiento directo en la lucha civil en Ucrania y en los múltiples conflictos en Medio Oriente (lo que abriría en última instancia el camino a un involucramiento militar).
Las sanciones unilaterales que Estados Unidos impuso a Rusia debido a su presunto comportamiento en Ucrania y la amenaza de más sanciones sin duda han apresurado el deseo de Rusia por encontrar salidas adicionales para su gas y petróleo. Y esto, a su vez, condujo a hablar mucho de una revivida Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos. Pero ¿es esto en realidad el punto central del nuevo acuerdo de Rusia y China?
A mí me parece que ambos países están realmente interesados en una restructuración diferente de las alianzas entre los Estados. Lo que Rusia busca en realidad es un acuerdo con Alemania. Y lo que China realmente busca es un acuerdo con Estados Unidos. Y su táctica es anunciar esta alianza “para siempre”entre ellos.
Alemania claramente está dividida acerca de la perspectiva de incluir a Rusia en una esfera europea. La ventaja de Alemania en un arreglo así sería consolidar su base de consumidores en Rusia para su producción, garantizar sus necesidades energéticas e incorporar la fuerza militar rusa a su planeación global de largo plazo. Dado que esto haría inevitable la creación de una Europa post-OTAN, existe oposición a la idea no sólo en Alemania, sino por supuesto en Polonia y en los Estados bálticos. Desde el punto de vista de Rusia, el objetivo del tratado de amistad Rusia-China es fortalecer la posición de aquellos en Alemania favorables a trabajar con Rusia.
China, por otra parte, está fundamentalmente interesada en domar a Estados Unidos y reducir su papel en Asia oriental, pero dicho esto quiere reforzar, no debilitar, sus vínculos con Estados Unidos. China busca invertir en Estados Unidos a tasas de ganga y piensa que ahora es la oportunidad. Quiere que Estados Unidos acepte su emergencia como potencia regional dominante en Asia oriental y sudoriental. Y quiere que Estados Unidos utilice su influencia para evitar que Japón y Corea del Sur se conviertan en potencias nucleares.
Por supuesto que lo que China quiere no está en consonancia con el lenguaje ideológico que prevalece en Estados Unidos. Sin embargo, parece haber dentro de Estados Unidos un respaldo callado para una evolución de las alianzas, especialmente al interior de las principales estructuras corporativas. Justo como Rusia quiere utilizar el tratado de amistad para dar aliento a que ciertos grupos en Alemania se muevan en la dirección que les parece más útil, así China busca hacer lo mismo en Estados Unidos.
¿Funcionarán estos juegos geopolíticos? Posiblemente, pero no hay la certeza, para nada. No obstante, desde la perspectiva de Rusia y China, tienen todo qué ganar y muy poco qué perder con esta táctica. La cuestión real es cómo evolucionará en el futuro cercano el debate interno en Alemania y en Estados Unidos. Y en cuanto al argumento de que el mundo está regresando a la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, piensen que este argumento es sólo la contratáctica de aquellos que entienden el juego que están jugando Rusia y China e intentan contrarrestarlo.
Traducción: Ramón Vera Herrera

Nuevo estudio de EU sobre narcotráfico



El problema es más grave que Al-Qaeda 
Siguen la violencia y las drogas sin freno



A poco más de un año del cambio de gobierno en México, en donde el Partido Acción Nacional (PAN) perdió el poder y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) asumió la Presidencia de la República, autoridades, analistas y académicos en Estados Unidos siguen ocupados en revisar la crisis de violencia, narcotráfico y marginación que se vive en México, pues temen que estos problemas agudizados crucen la frontera y agraven aún más la situación en el vecino país.
Por ello en el Congreso de Estados Unidos es motivo de estudios la Iniciativa Mérida, mediante la cual buscan conocer el verdadero impacto de las inversiones con presupuesto público que aplica el erario estadounidense desde hace ya más de una década, y determinar si ha sido un error desde que se instrumentó, tal como se hizo en Colombia cuando los cárteles azotaban a ese país.
Mientras tanto, México parece que avanza en sentido contrario cuando se confirma que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), a cargo del general Salvador Cienfuegos, ha disminuido el número de efectivos militares destinados la lucha contra el narcotráfico, pero sobre todo a preservar la seguridad nacional, lo que empieza a marcar un rumbo distinto y una distancia sana en la toma de decisiones entre los dos países.
Es conocido como el anterior gobierno a cargo del panista Felipe Calderón había accedido a todas las peticiones de sus homólogos estadunidenses, al punto de perder el control sobre la seguridad nacional y la soberanía estaba como nunca en grave riesgo. Esto ha sido informado a Enrique Peña Nieto y se empieza a establecer una nueva relación que, por lo menos, dé autonomía y un mayor margen de maniobra al gobierno federal para tomar las decisiones que considere pertinentes en torno al combate al crimen organizado, con el propósito de reducir la violencia y dar algo de seguridad a la población de todo el país.
En ese sentido el número de efectivos militares en las actividades de combate al narcotráfico se redujo de 50 mil a 32 mil, de acuerdo con información del reportero Gustavo Castillo García en el diario La Jornada del 19 de abril pasado. La nota, sin embargo, puede leerse en varios sentidos, pues también hay un fortalecimiento de la Secretaría de Marina en estas actividades frente al hecho de una creciente corrupción en las estructuras del Ejército.
Robert J. Bunker, académico del Instituto de Estudios Estratégicos de las Fuerzas Armadas, concluye en una amplia investigación sobre la situación actual de la criminalidad en territorio mexicano que la evolución de los cárteles y las pandillas genera nuevas estrategias para impulsar la guerra en territorio mexicano.
Es decir, Estados Unidos está muy alerta de la operación de los cárteles y las pandillas que actúan en México y que algunos de ellos tienen ramificaciones en territorio estadunidense, pues el gobierno en Washington considera de muy peligroso que el problema siga creciendo en nuestro país porque se ha convertido en un alto riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Lo que contradice la actual política gubernamental, que habla de esfuerzos mayores y sobre todo de estrategia para disminuir las operaciones de los cárteles de la droga con la detención de los jefes de las bandas, sin embargo poco o casi nada se hace para atacar el lavado de dinero producto del tráfico de drogas y otros delitos graves, por lo que las estructuras financieras de los cárteles siguen intactas.
La semana pasada comentamos las nuevas disposiciones del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en el sentido de elaborar listas y hacerlas públicas sobre las empresas y personas que se presume están vinculadas con el blanqueo de capitales producto del narcotráfico, igual como lo hace ya Estados Unidos, a fin de cerrar el acceso a operaciones financieras con la banca y reducir sus espacios de actuación. Pero hace falta más que esto para combatir el lavado de dinero.
De acuerdo con Bunker, insurgencias criminales y “espirituales” promueven la guerra social y el ciclo continuo de contraataques mediante la institucionalización de acciones que buscan construir un Estado paralelo, que califica como un “Para-Estado”. Esto fue promovido principalmente en el gobierno de Calderón, quien exaltó las operaciones criminales del narcotráfico y puso a la nación a su servicio.
Por ello, los especialistas en Estados Unidos observan que la Iniciativa Mérida, igual que sucedió con estrategias de corte político, económico y militar aplicadas en Colombia y América Central, necesita de un mayor sentido de urgencia estratégica por parte del Congreso de ese país.
En un mapa sobre las frases y la evolución de estas insurgencias criminales en el territorio mexicano, Bunker estable varias fases:
1) Los carteles y organizaciones criminales buscan eliminar o neutralizar a sus rivales fuera de los territorios en los que tienen prioridad clara y continua como detentadores de influencia.
2) Generar posiciones de Estado al eliminar o neutralizar a los enemigos de sus clientes. Les garantizan seguridad y protección.
3) Extracción al adquirir los medios para llevar a cabo las primeras actividades de la guerra, la toma de Estado y la protección.
Personajes como Pablo Escobar Gaviria, “El Patrón” del Cartel de Medellín, y Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo” del Cártel de Sinaloa, generaron este tipo de estructuras que simulan funciones de Estado para generar influencia mediante el nacimiento de células cancerosas cuyo principal objetivo es fortalecerlos sin importar que lentamente maten al organismo del cual dependen.
Estos organismos obtienen su alimento de una economía ilícita cada vez más diversa que está creciendo desproporcionadamente, lo que se constituye en un peligroso fenómeno para la salud de las instituciones en México.
Bunker compara el fenómeno del narcotráfico y los grupos criminales con las condiciones que permitieron el surgimiento y fortalecimiento del grupo militar islamista Al Qaeda, cuya influencia replanteó por completo los paradigmas en materia de seguridad nacional en Estados Unidos y en el mundo occidental, porque el ataque del 11 de septiembre no sólo fue un acto criminal al interior de sus fronteras, sino un acto de guerra totalmente desconcertante que aún mantiene a su población sumergida en entre el terror y el miedo permanente.
La guerra ahora, se pregunta el analista de EU, no sólo vendría de Estados contrarios sino de ejércitos mercenarios que no respetan fronteras. Por ello, la crisis de seguridad en México se ha fortalecido como un tema de gran preocupación para Estados Unidos, país que aprovechó todos los espacios que los gobernantes panistas le cedieron para ocuparlos y decidir lo que acá debe hacerse. Entonces si Peña Nieto y las fuerzas armadas no frenan este avance estadunidense estaríamos al borde de prácticamente una anexión de facto, en los hechos, pues nuestra economía depende de ese país y en materia política tienen una fuerte injerencia, lo que nos hace cada vez más dependientes.
La noticia, sin embargo, es que en este momento para el gobierno de Estados Unidos los cárteles de la droga y las narco-pandillas en toda América Latina, con énfasis especial en México, se están convirtiendo en la amenaza estratégica número uno para ese país, mientras que el riesgo planteado por Al Qaeda y su radical Islam, debe ser rebajado a una importancia estratégica secundaria.
Entonces mientras en Estados Unidos su gobierno aún considera que debe ayudar a defender lo que ellos califican como “democracia” y “seguridad estratégica” contra ataques terroristas, los especialistas reconocen que se ha ignorado durante demasiado tiempo un nuevo tipo de amenaza que ha surgido más cerca de su casa: el crimen y el narcotráfico en México.
Sin embargo, más allá del discurso en investigaciones académicas que se presentan ante el Congreso de Estados Unidos, el recrudecimiento de la crisis en Siria revela que el gobierno de Barack Obama sigue presente y no renuncia a su influencia y sentido imperialista a costa de todo. Recientemente se develó un acuerdo entre Estados Unidos, Turquía, Arabia Saudita y Qatar para el envío de armas desde Libia, país que también fue invadido por las tropas estadunidenses.
En el discurso formal, no obstante, México es ahora el objetivo. De acuerdo con el investigador Bunker, después de varias décadas de trabajo bien intencionado, ahora es posible afirmar que Colombia es “mejor de lo que era en la década de 1980, cuando asediada por los dos carteles más fuertes del mundo, el de Medellín y el de Cali; que Miami es mucho más tranquilo porque los operarios de Colombia ya no luchan por la participación en el mercado, y que las pandillas afroamericanas (como los Crips y los Bloods ) ya no están luchando abiertamente en algunas de nuestras ciudades”.
Añade que "la grieta de distribución ahora la ocupa la mafia generada en México, así como en países como Honduras, Guatemala y Belice, la frontera sur de Estados Unidos ahora está en peligro. Ciertas áreas, incluyendo ciudades enteras, ya no están bajo el control del gobierno de México. Se han convertido en realidad ciudades de enclaves criminales , y Para-Estados”.
El investigador experto en fuerzas armadas asegura que “Estados Unidos ya está salpicado con operativos del cártel mexicano y contratistas de pandillas”, por ello, le guste o no al gobierno de Estados Unidos le conviene ya terminar con el financiamiento vía el sistema bancario y financiero (no regulado) de organizaciones criminales que sin recursos para generar esos “Para-Estados” tendría que replegarse a operaciones menos significativas.

China proyecta una larga sombra sobre América Latina

IPS

China proyecta una larga sombra sobre América Latina

BOSTON (IPS/Jill Richardson*) 

En los últimos 15 años, China pasó de ser un socio económico relativamente menor de América Latina a ocupar la primera posición en la balanza comercial de algunas de las mayores economías de la región.

En muchos casos, China desbancó a Estados Unidos de lo que Washington consideraba su propio patio trasero. En su conjunto, las exportaciones latinoamericanas a China crecieron considerablemente a partir del año 2000, con una expansión anual promedio de 23 por ciento .
Sin embargo, este cuadro relativamente optimista oculta el hecho de que en los últimos años ese porcentaje se redujo precipitadamente. En 2012 el crecimiento de las exportaciones a China bajó a 7,2 por ciento.
Gran parte de la contracción se puede atribuir a la caída de los precios de las materias primas. Aunque las exportaciones latinoamericanas a China crecen en volumen, la volatilidad de los precios permitió el estancamiento de su valor, cuando no su caída.
América Latina tiene una fuerte dependencia de la exportación de sus materias primas a China y esto hizo que la región sea vulnerable a las fluctuaciones de precios. Más de 50 por ciento de sus envíos al exterior se limitan a tres sectores: el cobre, el hierro y la soja.
Esta falta de diversificación genera un conjunto de problemas, ya que los precios del cobre y del hierro cayeron en un porcentaje de dos dígitos en los últimos años, mientras los valores de la soja comenzaron a estancarse.
Además, estos tres principales productos de exportación se concentran en Argentina, Brasil y Chile, lo que revela también la falta de diversificación regional en las ventas a China.
Por el contrario, las exportaciones chinas a América Latina crecen tanto en volumen como en valor, sobre todo debido a la diversidad y a la naturaleza relativamente especializada de los productos exportados, en su mayoría provenientes del sector manufacturero, con un fuerte énfasis en la electrónica y los vehículos.
Estas industrias, en comparación con las materias primas, son mucho menos propensas a la volatilidad de los precios.
La consecuencia de esta tendencia es el déficit comercial que se abrió paso entre América Latina y China desde 2011. Aunque el volumen de las exportaciones latinoamericanas va en aumento, la naturaleza fundamental de sus productos socava el crecimiento y genera un problema en la balanza de pagos.
Mientras los precios de los productos básicos sigan a la baja, esta tendencia se mantendrá a lo largo de 2014.
A medida que China continúe superando a Estados Unidos como el principal socio comercial de América Latina, la influencia de Washington en la región podría menguar.
Es probable que la política exterior de la región se rija en el futuro próximo por la mayor dependencia de la demanda china por los productos básicos de exportación latinoamericanos.
China ya empleó su peso económico para disminuir la influencia política de Taiwán en América Latina.
Los nacionalistas chinos ven al pequeño estado insular como una extensión rebelde del territorio chino. Por eso los gobiernos chinos han procurado limitar todo apoyo internacional a la independencia de Taiwán.
Si la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o la Corte Penal Internacional alguna vez tratan el asunto, Beijing ya tiene asegurado el respaldo de casi todos los países latinoamericanos.
Algunos de los países de tradición de izquierda en la región se arriman a China por razones políticas, ya que la ven como una alternativa a la hegemonía de Estados Unidos, pero quizás más significativamente es que lo hagan por razones económicas.
Naciones productoras de petróleo - como Venezuela, Brasil y Ecuador - son enormemente dependientes de la economía china, y Beijing ejerce gran influencia en ellos por este motivo. En consecuencia, tienden a seguir el liderazgo chino en el escenario diplomático internacional.
De hecho, un reciente estudio concluyó que cuanto mayor sea el comercio de un país con China, más propenso estará a votar a favor de Beijing en la ONU.
Eso limitará la capacidad internacional para indagar en la situación de derechos humanos china, y podría significar una gran ayuda para aquellos países en conflicto que reciben el apoyo de Beijing, pero no el de Washington.
En última instancia, a medida que China continúa la expansión de su influencia política y económica en América Latina, es posible que Washington se sienta cada vez más ajeno en lo que otrora calificaba como "el patio trasero de Estados Unidos".
*Jill Richardson es investigadora en comunicaciones de la Iniciativa de Gobernanza Económica Mundial de la Universidad de Boston y colaboradora de Foreign Policy In Focus. Actualmente realiza una maestría en Relaciones Internacionales y Comunicación. Este artículo apareció por primera vez en Foreign Policy in Focus.