5 abr 2015

La jerarquía de la muerte:

Por qué nos volcamos con Germanwings, pero nos olvidamos de Kenia

La facilidad para acceder a información y la proximidad son clave en la cobertura de los medios

Estudiantes rescatadas en el campamento militar de Garissa, un día después del ataque perpetrado contra la Universidad de Garissa (Kenia). Daniel Irungu / EFE
VERNE 04/04/2015 

Después de que la milicia islamista somalí de Al Shabab asesinara a 147 personas en la Universidad de Garissa (Kenia), muchos se han preguntado en Twitter por qué un ataque de esta magnitud no ha llamado tanto la atención de los medios como, por ejemplo, el atentado de Charlie Hebdo o el siniestro del avión de Germanwings, en el que murieron 150 personas.



EQUO @EquoSeguir

El periodista de El País Miguel Ángel Bastenier nos da, también en Twitter, alguna clave de por qué sucede esto.

Alberto Sotillos @AlbertoSotillosSeguir
Que fueran todos los líderes mundiales a Kenia -como hicieron en París- tendría un gran efecto. ¿Lo veremos?
05:59 - 4 abr 2015


Morenatti @MiguelMorenattiSeguir
48 horas después ya nadie habla de los 150 estudiantes asesinados en Kenia. -Lo importante es la segunda caja negra!
05:32 - 4 abr 2015


Xavier Aldekoa @xavieraldekoaSeguir
Insisto. Sé que Kenia queda lejos, y Garissa no es París. Pero un ataque yihadista así, con 147 universitarios muertos, es un ataque a todos
16:55 - 2 abr 2015
M. A. Bastenier @MABastenierSeguir
La información se guía por redes de poder. Por eso, 150 muertos en Kenia importan menos en Europa que 13 en París. La moral le es ajena.
05:27 - 4 abr 2015

M. A. Bastenier @MABastenierSeguir
Proximidad y vías de comunicación con el hecho determinan el eco de la noticia. Por eso 150 muertos en Kenia movilizan menos que 13 en París
05:33 - 4 abr 2015



Precisamente en Verne hablamos con Bastenier en enero cuando, tras el atentado al semanario Charlie Hebdo, muchos criticaron la menor atención que los medios dedicaban a la ofensiva de Boko Haram en el noreste de Nigeria. "Toda la información es local -nos explicó Bastenier- y si nos hacemos eco de noticias internacionales es por la proximidad y la vinculación que tenemos con esos países, además de por la calidad de la información que podamos obtener".

En ese artículo recordábamos la “jerarquía de la muerte”, un término que usan los medios anglosajones para describir cómo y por qué damos más cobertura a unas víctimas frente a otras, especialmente en información internacional. En esta jerarquía influyen varios factores, que podemos dividir en dos grupos: la proximidad y la calidad de la información.

1. La proximidad. Nos interesa más lo que ocurre en nuestro país y en países cercanos, además de si hay alguna víctima local. Por ejemplo, Jacoba Urist enThe Atlantic recordaba cómo The New York Times publicó más de 2.500 obituarios para los asesinados en los atentados del 11-S, lo que también hizoEl País con los fallecidos el 11-M.

Esa proximidad provoca una mayor empatía en periodistas y lectores, pero también puede favorecer la confrontación, como señalaba la periodista Leila Nachawati, cofundadora de Syria Untold: “Hay un posicionamiento del nosotros frente a ellos”, apuntaba.

2. La calidad de la información. Son muchos los medios que cuentan con corresponsales o enviados especiales en países europeos y americanos, incluidas las agencias, mientras que se cuentan con menos medios y recursos en países como Kenia, Nigeria o Siria, que a menudo son más peligrosos.

Bastenier apuntaba que un medio de vocación global tiene la obligación de obtener y publicar la mejor información que pueda, como de hecho se hace en el caso de Kenia, pero en muchas ocasiones sólo se tiene acceso a despachos de agencias, en el mejor de los casos. La proximidad y la facilidad de acceder a información llevan a que se hable más sobre el atentado en Francia o sobre el siniestro de Germanwings que sobre muchos otros conflictos y sucesos.

Esta peor información no sólo acaba significando que se le dé menos cobertura a un suceso, sino que además puede conducir a que “se deshumanice el conflicto” y por tanto resulte aún más difícil empatizar con las víctimas, como apuntaba Nachawati.

Además, hay que tener en cuenta que se presta menos atención a los conflictos en marcha, ya que son (trágicamente) previsibles. Como explicaba también Nachawati, vemos estos países como si estuvieran en un conflicto permanente, "visión que se perpetúa y en la que no hay intención de ahondar”, más allá de los intereses geoestratégicos de los países occidentales: no importa tanto qué ocurre en Nigeria o en Kenia, sino cómo afecta a Estados Unidos o a Rusia, por ejemplo. Como recordaba Owen Jonesen The Guardian, nos olvidamos de las guerras complejas en países sin peso estratégico.

Para superar estas dificultades, Nachawati apuntaba la necesidad de “acercarse a la ciudadanía” e informar sobre asociaciones y campañas civiles. La forma de hacerlo es crear “redes de confianza, lo que ahora es más fácil que hace años”.

http://verne.elpais.com/verne/2015/04/04/articulo/1428142200_147673.html

“Vildoza fue piloto en los vuelos de la muerte”

LA HISTORIA DE JAVIER PENINO VIÑAS, HIJO DE DESAPARECIDOS APROPIADO POR EL JEFE DEL GRUPO DE TAREAS DE LA ESMA, JORGE VILDOZA


Javier nació en la ESMA y fue criado por uno de los represores más importantes de ese centro clandestino, que estuvo prófugo durante más de veinte años y al parecer falleció en Sudáfrica. Pero antes de morir le contó a Javier sobre el aparato represivo, las torturas y los vuelos de la muerte.
 Por Alejandra Dandan y
Victoria Ginzberg

El represor Jorge Raúl Vildoza, jefe del grupo de tareas de la ESMA, tuvo un confesor ante quien relató sus crímenes. Entre todas las personas de su confianza eligió a Javier Penino Viñas, el joven de quien se había apropiado cuando tenía apenas unos días de vida. Cuando Javier se convirtió en adulto, y después de que se escaparan de las citaciones judiciales, primero con una estadía en Paraguay y luego instalándose en Sudáfrica, el marino le habló de la “lucha antisubversiva”, de las torturas y hasta de los vuelos de la muerte: “Fue piloto en vuelos de la muerte. El volaba. Y tenía alto rango. Siempre cuando le tocó hacer el vuelo estaba a cargo del avión. Parece que hubo una cierta influencia religiosa. La idea era que ser tirados del avión vivos aunque dormidos era una forma humana y cristiana de llevar a cabo la ejecución. A mí me pareció un horror. Creo que se dio cuenta de que era algo difícil de explicar”, relata ahora Javier.
Javier Penino Viñas nació en el centro clandestino que funcionó en la ESMA durante la última dictadura militar. De allí se lo llevó Vildoza, lo anotó como su hijo y lo crió como tal. Las Abuelas de Plaza de Mayo lo ubicaron tempranamente, en 1984 y, para no entregarlo, los Vildoza se escaparon, primero a Paraguay y luego a Sudáfrica. Javier fue Javier Vildoza, pero luego fue Julio Sedano. Y, finalmente, en 1998 viajó a la Argentina para presentarse ante la jueza María Servini de Cubría, hacerse el estudio de ADN y ser Javier Penino Viñas, hijo de Cecilia y Hugo, secuestrados y de- saparecidos durante la última dictadura. Conoció a su familia biológica, con la que tuvo y tiene una relación con altibajos, pero nunca cortó el vínculo con los Vildoza. Su apropiadora, Ana María Grimaldos, fue arrestada en 2012, en la Argentina. Durante las dos décadas que estuvieron prófugos, ella y Vildoza entraban y salían del país –aquí vivían sus dos hijos biológicos– con identidades falsas. Cuando la detuvieron, la mujer se declaró viuda. Según su relato, Vildoza murió en 2005 y fue cremado bajo uno de sus nombres falsos. No hay manera de comprobarlo.
Ana María Grimaldos está siendo juzgada. Javier no justifica el robo de niños, incluso habla del “plan sistemático de apropiación”, pero asegura que ella “no sabía” y descarga la culpa sobre Vildoza. Con el marino, cuenta, tuvo largas charlas. Javier comparte parte de esas conversaciones “de adultos”, de las que surgen grandes revelaciones.
–¿Cuando eras chico y se escaparon a Paraguay qué te decían de la dictadura?
–No hablaban mucho. Decían que había sido una guerra muy... una guerra sucia. Que se habían cometido errores, en su opinión. Tenía una visión que no era, digamos, apologista. No defendía todo. Creo que él sentía que había tenido que hacer cosas de las cuales no estaba orgulloso. Y no le gustaron las decisiones que se tomaron. A él le constaba que en ningún momento iba a ser indultado, perdonado. Cuando empezaron los indultos se enojó mucho porque le parecía que había que blanquear lo que había pasado, que lo que habían hecho respondía a la orden de aniquilar a la subversión inicialmente de Isabel Perón y que luego el gobierno militar la profundizó. Y que la única forma de sanar, o, por lo menos, dejarlo claro en la historia, era blanqueando lo que pasó y asumiéndolo. El indulto le sonaba como que habían sido criminales indultados, en vez de presentarlo como que ellos hicieron lo que hicieron porque sintieron la necesidad de hacerlo. Pero bueno, es un tema muy complicado.
–¿Leíste cosas sobre Vildoza?
–Un montón.
–¿Y cuál es tu impresión?
–Es completamente consistente con lo que él me habló como adulto. El era un tipo de acción. Muy de acción. Muy de aventura. Aceptaba cualquier oferta rara que le tiraban. Se fue al Canal de Suez durante la guerra con Egipto como casco azul de Naciones Unidas. Se presentó al toque cuando tuvo que hacer vuelos raros al exterior para traer aviones, llevar aviones. El siempre se anotaba. Se anotó cuando le ofrecieron o le pidieron meterse en la guerra antisubversiva. Se anotó y se puso al frente en el sentido de que era el jefe de Operaciones del Grupo de Tareas 3.3.2. Actuaba en operativos, no era un tipo de oficina. ¡Por eso me da bronca! Veo que lo tildan de tesorero de (Emilio Eduardo) Massera, medio que manejaba fondos. Eso nada que ver. Creo que de todas las cosas que dijeron sobre él, lo que más le molestaba era el tema de los supuestos...
–No le molestaba que le dijeran asesino, pero sí que era ladrón.
–Si lo quieren plantear así, sí.
–Pero es así.
–Sí. Está bien. Podés plantearlo así.
–Es lo que se desprende de lo que decís.
–O sea, no le molestaba que lo acusaran de cosas que hizo, le molestaba que lo acusaran de cosas que no hizo, como cualquier persona.
Un bar en Chacarita, aunque podría ser Palermo: mesas anchas de madera, ofrecen brunch y limonada con jengibre. Javier pide un café y un tostado. Está en Buenos Aires por el juicio a Grimaldos. Está enojado porque cree que ella no debe ser responsabilizada por su apropiación, que era manejada por Vildoza. También se queja de la investigación de la Unidad de Información Financiera (UIF) que hizo que congelaran los bienes de la empresa del hijo y del yerno de Vildoza, porque se usó para financiar a los prófugos pero, además, porque se sospecha que desde allí podrían haberse blanqueado bienes robados por el grupo de tareas de la ESMA a víctimas de la dictadura. Javier dice que es una locura y, en este punto, señala al represor Jorge “El Tigre” Acosta. Vildoza, dice, “le tenía cero respeto. Era un tipo que estaba un poco loco, como un ser malvado. Como que se jactaba mucho de lo que hacía. Le gustaba. Y robaba. Había muchos rumores alrededor de él, que se había quedado con mucha guita, joyas”.
Tiene una chomba negra, es grandote, corpulento. Es serio pero a la vez cálido. Graba la conversación en su Ipad y atiende su teléfono en inglés, para resolver temas pendientes en Londres, donde vive y trabaja en un banco de inversiones. Está casado y tiene dos hijos. Durante la entrevista llama a su apropiadora por su nombre, por su apellido, le dice “mamá de crianza”, “adoptiva”. “¿Les molesta si para agilizar les digo mamá y papá?”, pregunta en un alto en la conversación, en referencia a Grimaldos y Vildoza. Su abuela materna, Cecilia Viñas, dijo en el juicio que Javier tiene los ojos de su madre y el pelo de su padre.
Vildoza lo eligió a Javier para descargarse y contar detalles de sus crímenes. No a su hija Mónica, ni a su hijo Jorge Ernesto, que trabajó en el Servicio de Informaciones de la Armada y ya eran grandes cuando Javier llegó a la casa. No a su mujer. Lo eligió a él, el bebé al que separó de su madre con la certeza de que ella sería asesinada. ¿Fue una forma de reforzar su cercanía, una forma de buscar el perdón, la expiación de sus pecados o fue la forma más elaborada del cinismo que se pueda pensar? Difícil saberlo. Vildoza murió. Se supone, aunque no hay forma de comprobarlo.
–Cuando creciste, ¿qué te contó Vildoza sobre la ESMA?
–Que había sido una unidad antisubversiva que había sido establecida con principios parecidos a los que operaría una unidad subversiva misma. Ese era el concepto.
–¿Y qué significaba eso?
–Operativos vestidos de civil, usando autos no identificados, no decía secuestros probablemente, pero algo que sonaba como secuestros. De ir a buscar gente que se pensaba como terrorista, que muchas veces terminaban a los tiros y granadas y a veces no.
–¿Te habló de las torturas?
–Me dijo que había picana. Que en realidad para él era como un poco de show para asustar a la gente.
–Les dejaron algunas marcas como para entenderlo como show.
–Pero me admitió que había gente que eso le gustaba. No sé si disfrutaban, pero lo usaban no como para asustar.
–¿Te habló de los vuelos?
–Sí. El fue piloto. Y me contaba cómo era. A mí me pareció un horror. Creo que se dio cuenta en el momento de que era algo difícil de explicar. Creo que él en cierta forma se confesó conmigo, cosas que no pudo hablar nunca con nadie. No era el tipo de persona que hubiese ido a un psicólogo. Ahora le cuento a mi hermano o hermana cosas que no sabían.
–¿Qué más dijo de los vuelos?
–Que en cierto momento se decidió la manera. Que había un argumento interno entre la gente de la cúpula sobre cómo se debía condenar y ejecutar a gente determinada que tenía un accionar terrorista. Y que hubiese sido preferido un juicio militar con un fusilamiento. Creo que eso es lo que él pensaba que era correcto. Parecería que en la idea de los vuelos hubo una cierta influencia religiosa. En el sentido de que no sé quién, si Acosta, Massera o alguien habló con curas castrenses sobre cuál sería una forma cristiana de efectuar estas ejecuciones sin que repercutan en la conciencia de la gente y, además, tenían miedo de lo que podía decir el Papa, porque aparentemente en esos tiempos el Papa había salido a criticar a Franco. La idea era que ser tirados del avión vivos aunque dormidos era una forma humana y cristiana de llevar a cabo la ejecución. Decían que a la gente que le pasaba eso no se daba cuenta. Y, para los que estaban involucrados, no era como ser un verdugo, alguien con un hacha o fusilarlo. Obviamente tenés que estar confundido o no pensarlo muy bien para creer que eso era sano o cristiano. El vuelo de la muerte es la figura horrorosa de lo que se hizo. Y con buena razón. Me imagino que desnudar cuerpos de gente dormida, y tirarlos vivos por una puerta...
–¿Qué te contó?
–El volaba. Era piloto. Y tenía alto rango. Siempre, cuando le tocó hacer el vuelo, estaba a cargo de volar el avión. Pero es algo que a él le parecía muy extraño.
–Dijiste que para nadie debe ser natural desnudar los cuerpos en el vuelo. Eso indica que Vildoza te habló de los procedimientos, ¿Qué dijo?
–Que hacían eso. Y que empezaron a hacer eso porque inicialmente se habían encontrado en Uruguay cuerpos con ropa o cosas que permitieron identificar que venían de Argentina, por ejemplo. Que cambió el procedimiento de hacer eso. Me había dicho que iba un médico con ellos que mantenía dopada a la gente durante todo el procedimiento.
–¿Qué aviones volaba?
–Creo que en ese momento eran Electra, pero voló de todo, pero que más que nada eran Electra.
–¿Te dijo algo sobre cómo funcionaba la ESMA?
–Que tenían una independencia total. Que usaban sus autos. Robaban autos. Que tenían tipos que se especializaban en robar autos. Y después los usaban en operativos, a veces los guardaban, a veces los dejaban tirados. Y que era como una entidad que operaba... que estaba más allá de la ley. Que ellos le decían a la policía si tenían que hacer ciertos operativos, que eso pasaba a veces si pensaban que había una chance de enfrentamiento, que eso se planeaba con la policía. Que a veces se coordinaba con ellos para armar como un cordón.
–¿De los vuelos algo más?
–No. Sobre todo me contó de los enfrentamientos con granadas, tiroteos. De que se elaboraban documentos falsos.
–¿Le hicieron alguno?
–El único fue para ver una carrera de Fórmula 1. Le elaboraron una credencial para entrar a la PITs, una anécdota boluda. Muy de Argentina. Me contó que estaba mucho Massera en la ESMA. Por eso me parece que se tiene que asumir como el arquitecto de la forma de operar, pensar. La idea de combatir el fuego con fuego, aniquilar lo más eficientemente.
Jorge Raúl Vildoza fue en 1977 y 1978, con el grado de capitán de navío, jefe del Estado Mayor del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA. Los sobrevivientes lo mencionan como inmediatamente debajo del contraalmirante Rubén Jacinto Chamorro, entonces director de la ESMA. Pero el equipo de investigadores del Ministerio de Defensa que trabajó sobre los archivos de las Fuerzas Armadas lo piensan en una escala paralela, como jefe de la “unidad de combate” en la que se convirtió la ESMA a partir de 1975-1976. “Vildoza fue aviador, especializado en aviones de caza y ataque y con capacidad para pilotear Electra. Todos los marinos que pasaron por la ESMA fueron evaluados por él y en los informes no se limitaba a una declaración formal o a validar los conceptos de otros oficiales; él mismo agregaba información, lo que da cuenta de su conocimiento de todos y, lo que es más relevante, de las tareas desempeñadas por ellos. También calificaba a quienes llegaban en comisiones desde otros destinos o fuerzas. Sus apreciaciones incidían en la carrera de personal propio y ajeno a la Armada. Sin escatimar información Vildoza y Chamorro dejaron marcas que en sus días podían significar un pasaporte al ascenso y hoy en día solo conducen a la Justicia”, señala Laura Guembe, coordinadora del equipo de relevamiento documental del Ministerio de Seguridad.
Los secuestrados lo conocían como “Gastón” y bajo su mando estuvieron varios de los represores ya condenados en el juicio por delitos de lesa humanidad en la ESMA, como el capitán Jorge “El Tigre” Acosta, su jefe de Inteligencia, Adolfo Donda o Jorge Perren. El ex capitán Adolfo Scilingo, que cumple su condena en España, recordó a Vildoza como quien condujo desde la ESMA hasta Aeroparque, a los vehículos que trasladaban a un grupo de secuestrados que serían arrojados al Río de la Plata.
Varios ex detenidos declararon que el represor visitaba con frecuencia el cuarto de las embarazadas. Juan Gasparini, al dar su testimonio en el juicio sobre el plan sistemático de apropiación de bebés, aseguró que “había un militar a cargo, los jefes de las embarazadas que los llamaban, primero fue Vildoza y después fue (el prefecto fallecido Héctor) Febres”. Dijo que se encargaban de organizar los partos de las embarazadas en una pieza del 3er piso acondicionada a tal efecto y señaló “que ellos eran los encargados de llevarlas, traerlas, el momento del parto”. Gasparini dijo que vio a ambos trasladar a las mujeres luego de los partos, llevando ellos en sus brazos los niños recién nacidos. “La imagen que retiene mi memoria, son a Febres, alias ‘Selva’ y a Vildoza, vestidos de civil, llevando cada uno de ellos un niño en sus brazos”, luego aclaró que ambos vestían ropas veraniegas y que los casos no ocurrieron simultáneamente.
Miriam Lewin, Alicia Milia de Pirles y Graciela Daleo contaron que siempre iba vestido de civil y que le gustaban las armas, las motos y los coches. Ana María Martí afirmó que se angustió al enterarse que el hijo de Cecilia Viñas había sido apropiado por Vildoza. “Me daba la impresión de ser una especie de robot satánico, un tipo de una frialdad increíble, nunca se le movía un pelo, y me dio realmente mucho dolor y mucha preocupación que ese chico estuviera en los brazos de Vildoza.”
Hugo Reinaldo Penino y Cecilia Viñas Moreno de Penino eran de Mar del Plata, pero en julio de 1977 estaban en Buenos Aires. Los secuestraron el 13 de julio de 1977 en un departamento de la calle Corrientes y los llevaron a Mar del Plata, probablemente a Buzos Tácticos, pero como Cecilia estaba embarazada de cinco meses la trasladaron luego a la maternidad clandestina de la ESMA.
Sara Solarz de Osatinsky, que ayudó a parir a varias mujeres secuestradas en ese centro clandestino, también afirmó que Vildoza pasaba seguido por el cuarto de las embarazadas y que lo visitó mientras estaba Cecilia Viñas.
“Cecilia Viñas era una mujer muy especial, muy bonita, muy inteligente, tal vez un poco mayor que la media de las embarazadas. Y creo que tenía muy claro qué era lo que iba a pasar con ella, sabía que estaría viva mientras tuviera su bebé en la panza y sabía que luego... no sabía lo que iba a pasar, pero lo tenía clarísimo”, declaró Milia. Osatinsky contó que pocos días después del parto Cecilia fue trasladada sin su hijo y que el bebé fue llevado por personal de la ESMA pocas horas después de ser trasladada su madre.
El caso de Cecilia es particular (todos los son) porque su familia tiene grabaciones que indican que siguió viva aún después del regreso de la democracia. Hubo llamadas desgarradoras entre octubre de 1983 a marzo de 1984 en las que pedía que busquen a su hijo y en las que los captores reclamaban plata para dejarla en libertad. Fueron ocho comunicaciones. Luego, la nada.
–¿Nunca te enojaste con Vildoza?
–Tuvimos momentos tensos. Pero él fue honesto conmigo. Entonces para mí era muy difícil enojarme. Por ahí si hubiese tenido algo que ver con el secuestro de mis padres ahí sí me hubiese costado más. Pero a ellos los habían seguido desde Mar del Plata, los de Buzos Tácticos.
–Pero Vildoza estuvo involucrado en el secuestro de muchas personas. Fue jefe de los que por ahí secuestraron a tus padres.
–El como ser humano nunca se jactó. Si se jactaba de algo era de los enfrentamientos a tiros. Una vez que le tiraron una granada y se tiró detrás de un auto. Eso es lo que le gustaba a él. Eso y la aviación. Lo demás le pareció... en el momento que lo hizo, lo hizo consciente, y eficientemente porque era la forma que le habían planteado de efectuar las órdenes que tenía, pero a la distancia creo que él le tenía mucha bronca a la Argentina. Por todo. Por lo que causó la subversión violenta. De la militarización de Montoneros, ERP, la reacción de los militares, la reacción primero política y después militar. A él le molestaba muchísimo el tema del los indultos. Le escribió una carta a Ma-ssera donde le dice que le conviene irse del país porque los indultos no van a servir para nada a largo plazo. Y tenía razón. El miró mucho como se hizo en Sudáfrica, como yo, la Comisión de la Reconciliación, donde se cometieron muchas barbaridades bajo el régimen del apartheid, no tantas como acá.
-–¿Qué pensás de que hagan los juicios acá? Más allá del caso de Grimaldos, que se hagan los juicios por las violaciones a los derechos humanos.
–Me parece que por la forma que se dieron las cosas está bien que se hagan los juicios. Creo que lo de los indultos fue una guasada. La figura del desaparecido es una guasada. Creo que si se hubiese blanqueado en ese momento la lista de los desaparecidos, quién murió, quién decidió que muriera y se hubiese juzgado civilmente o militarmente a la gente en ese momento, ésta sería una sociedad más balanceada en la forma de mirar el pasado y el futuro.
–Decís que Grimaldos no es responsable, ¿no te parece que Vildoza se tendría que haber hecho cargo entonces? ¿No debería haber muerto en la cárcel?
–Creo que se hizo cargo moralmente. No creía en la Argentina. No creía en nada.
–Es medio cómodo hacerse cargo “moralmente”.
–Así es. Y ya murió. No queda otra.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-269795-2015-04-05.html

Fidel Castro se encontró con una delegación venezolana en Cuba

Lo más emotivo que de aquí se llevan un grupo de 33 venezolanos que llegaron a Cuba movidos por la solidaridad, será el suceso no previsto en agenda alguna: el fortuito encuentro con Fidel Castro, la hora y media de intercambio con el líder histórico de la Revolución, quien estampó en la memoria de los protagonistas, según me cuentan, dos impresiones intensas: la mano grande que durante horas estuvo estrechando despaciosa y fuertemente muchas manos, y la lucidez del interlocutor atento a múltiples detalles de la realidad venezolana, especialmente ahora que esa gran nación se ha convertido en diana de la voracidad imperial.

delegacion venezolana cuba fidel






Los amigos arribaron el 27 de marzo a la Isla como parte del «II Vuelo de la Solidaridad Bolívar-Martí.Un puente de pueblo a pueblo».
Los que pudieron conversar con Fidel pertenecen al grupo de 155 venezolanos que han tenido como anfitriones al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y a su Agencia de Viajes Amistur. El grupo estará entre nosotros hasta el cinco de abril para dar cumplimiento a un amplio programa de «travesías» por múltiples experiencias de Cuba.
El día de la confluencia no esperada, los 155 amigos se dividieron en cuatro grupos para visitar escuelas ubicadas en La Habana. Y uno de los grupos tuvo como destino, en la barriada de Siboney, al Complejo Educacional Vilma Espín Guillois (denominado «Complejo» porque abarca desde los años del círculo infantil, hasta el sexto grado de escolaridad).
Esa escuela nació inaugurada por Fidel en el año 2013, porque tiempo atrás, siempre que él pasaba por las calles de la barriada, reparaba en las largas distancias que los estudiantes de los primeros años de enseñanza debían recorrer en las mañanas para llegar a sus centros escolares: hacía falta un lugar que acortara tantos largos viajes…
Y el lunes, día del encuentro no esperado, mientras la treintena de hermanos de la tierra de Bolívar recorrían espacios del Complejo Educacional, Fidel volvía a pasar muy cerca de la nueva escuela.
Fueron los niños los primeros en avistar los vehículos que ellos bien conocen. Fueron ellos quienes empezaron a decir: «Viene Fidel, viene Fidel…». Y a partir de ese instante de alegría los visitantes se sumaron al alumnado para compartir consignas y saludos. El Comandante, por su parte, decidió llegar hasta la escuela, y una vez allí conversó con la directora del centro y con los organizadores de la visita.
Saludó, uno por uno y sin el más mínimo apuro, a los venezolanos. Y a ellos les iba preguntando por la realidad del país que nos dio a ese amigo inmenso llamado Hugo Chávez. Comentó temas alusivos a la Asamblea Nacional de Venezuela, al trabajo con la juventud, a las labores en la agricultura. Despertaba admiración el modo como recordaba nombres de diputados, gobernadores y personas conocidas en numerosas jornadas de intercambio con la nación de Bolívar.
Fidel había sido el de siempre, el que tan bien conocemos: no se despidió sin antes conversar sobre lo más urgente. Mostró su especial preocupación por la batalla que ahora libra la nación sudamericana para que su soberanía e integridad sean respetadas. Habló desde su naturaleza que es intensa y mide el tiempo en su justa medida: hay que trabajar rápido, sumar muchas firmas destinadas al presidente Obama para que Venezuela deje de ser catalogada una amenaza a la seguridad del país norteño. Hay que apurarse porque lo que está en juego es el equilibrio del mundo.
Fidel está lleno de vitalidad. Afirman que esa es la definición más recurrente dentro del grupo de amigos que lo ha visto y ha podido conversar con él. «Fidel está vivo», afirman felices, desde la inesperada condición de testigos invaluables en estas horas de urgencias para el destino del Hombre.

José Gervasio Artigas, el héroe incómodo de la Revolución de Mayo

PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES

La historia popular y federalista rioplatense reconoce en Artigas a un gran revolucionario.

Eduardo Anguita


El 24 de septiembre de 1850, una necrológica fechada en Asunción del Paraguay decía con tono lacónico: "Sólo cuatro personas acompañaron a la tumba los restos mortales de quien fuera ilustre caudillo en tierras del Plata, José Artigas. No hubo siquiera cortejo fúnebre para ese oriental que muere justo treinta años después de su expatriación, en la más absoluta pobreza y en el mayor de los desamparos. Mientras tanto, sus compatriotas siguen sin encontrar una fórmula que les permita vivir en paz."
Artigas moría en el lugar que había elegido en 1820 para exiliarse. Había batallado una década, convirtiéndose en el Protector de los pueblos libres, en una referencia imprescindible para la idea del federalismo popular. Sin embargo, las diferencias entre Artigas y los caudillos de Entre Ríos, Francisco Ramírez, y de Santa Fe, Estanislao López, habían pasado al enfrentamiento abierto. En ese 1820, López y Ramírez habían derrotado a los unitarios porteños en la batalla de Cepeda. Entraron a la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) y algunos soñaron con que las cosas cambiarían. Pero, de inmediato, los jefes federales firmaron un acuerdo –el Pacto de Pilar– con el gobernador de Buenos Aires Manuel de Sarratea, viejo enemigo de Artigas. El pacto establecía que se le diera "vista" al caudillo de la provincia oriental. Pero no lo habían consultado antes. Y las tensiones aumentaron, al punto tal que las tropas entrerrianas de Ramírez y las orientales de Artigas terminaron chocando en la batalla de Las Tunas. Ramírez triunfaba y Artigas con los suyos fue a Corrientes, donde encontró el apoyo de caciques guaraníes. Artigas, con todo el dolor a cuestas, cruzó el Paraná y se dirigió a Asunción, donde el dictador Gaspar Rodríguez de Francia lo acogería.
A los 86 años, de manera súbita, terminaban los días de Artigas entre los mortales. Apenas habían pasado 48 horas del comienzo de la primavera en Paraguay. Veinte años más tarde, esas tierras eran regadas de sangre por la guerra de la triple alianza. Las provincias unidas del Río de la Plata, el sueño de Artigas y de muchos federales, había dejado paso a la hegemonía liberal porteña, heredera de los unitarios de Buenos Aires, que detestaban al caudillo de la provincia oriental.

¿QUIÉN ERA ARTIGAS? 


El verdadero Artigas era ocultado por la historiografía liberal creada al compás del genocidio en Paraguay. Bartolomé Mitre, responsable en la Argentina de aquella invasión y pionero del relato liberal porteño de la historia, en carta a Vicente Fidel López, decía: "Los dos, usted y yo, hemos tenido la misma predilección por las grandes figuras y las mismas repulsiones contra los bárbaros desorganizadores como Artigas, a quienes hemos enterrado históricamente."
El también historiador y político liberal López no se quedaba atrás al referirse al líder federal: "Artigas fue un malvado, un caudillo nómade y sanguinario, señor de horca y cuchillo, de vidas y haciendas, aborrecido por los orientales que un día llegaron hasta resignarse con la dominación portuguesa antes que vivir bajo la ley del aduar de aquel bárbaro."
Por el contrario, la historia popular y federalista rioplatense reconoce en Artigas a un gran revolucionario. Un caudillo de a caballo y de armas llevar que fue, a la vez, un lúcido pionero del voto popular, cuando la democracia directa no se practicaba en ninguna nación europea ni en el norte de América. Artigas llevó a cabo la primera reforma agraria de América latina. Fue un promotor incansable del federalismo y peleó contra las minorías librecambistas aliadas a los intereses británicos que pretendían mantener el monopolio de la renta portuaria. El ideario artiguista no pensaba en el paisito sino en la unión de los pueblos libres que habitan los territorios de las actuales Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay.
Tras haber sido cuatrero y vivir con los indios y los criollos del campo, Artigas entró a la milicia en el llamado Regimiento de Blandengues. Al poco tiempo, la milicia lo convocaba a filas. Se producían las invasiones inglesas y Artigas participó tanto de la reconquista de Buenos Aires como de la defensa de Montevideo. Artigas peleó nuevamente contra los ingleses.

EL GRITO DE LIBERTAD.

 La creación de la Junta Revolucionaria en mayo de 1810 produjo que la autoridad virreinal recayera sobre las espaldas de Francisco Javier De Elío, hasta entonces gobernador de la corona en Montevideo, quien mandó a Artigas al frente de los blandengues a sofocar los levantamientos patriotas en Entre Ríos. Sin embargo, los patriotas los rechazaron y los enviados por De Elío retrocedieron hasta Colonia. Tras esa primera acción a favor de España, de inmediato Artigas se identificó con la causa y, en febrero de 1811, desertó. No era fácil para un hombre que tenía a toda su familia en Montevideo. Junto a un puñado de blandengues que lo siguieron, cruzó a Buenos Aires y se puso a las órdenes de la Junta Grande. De inmediato, le fue encomendado sumar su prestigio y su experiencia al sitio de Montevideo iniciado por las tropas porteñas. Fue entonces que Artigas lanzó una proclama a los orientales para que se sumaran a la gesta independentista. Esa convocatoria terminaba de modo vibrante: "¡A la empresa compatriotas! Que el triunfo es nuestro. Vencer o morir sea nuestra cifra. Y tiemblen estos tiranos de haber excitado vuestro enojo sin advertir que los americanos del sur están dispuestos a defender su patria y a morir antes con honor que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio."
Es preciso advertir que Artigas, cuando hablaba de Patria, se refería a la América del sur y no a la provincia Oriental, que veía como una parte más de ese sueño compartido por otros patriotas latinoamericanos. El llamado de Artigas corrió como reguero de pólvora. Y se lanzó, al frente de una tropa bisoña, a combatir al ejército colonial. El caudillo oriental no tenía formación en la academia militar. Pero eso no le impidió preparar con visión táctica y estratégica el enfrentamiento con un ejército profesional. Artigas venció a las tropas del virrey en el paraje de Las Piedras, al este de Montevideo y cerca del Río de la Plata.
A tal punto esta batalla es parte de la revolución de las provincias unidas que el himno nacional, en su versión completa, reconoce "ambas Piedras, Salta y Tucumán". La otra batalla de Las Piedras fue pocos meses después y correspondió a un combate del Ejército del Norte, en Salta, donde también las armas patriotas se impusieron sobre las fuerzas realistas.
Este himno era un texto escrito por Vicente López y Planes que fue aprobado por la Asamblea del año XIII. Pero la historia de la independencia está poblada de paradojas. En este caso, al menos, dos paradojas. Una es que el autor de estas letras que incluyen el triunfo artiguista es el padre del historiador Vicente Fidel López que detestaba al caudillo oriental. La otra es que aquella asamblea pretendía ser fundacional de las provincias unidas. Sin embargo, los delegados de la Banda Oriental fueron segregados.
El triunfo de Las Piedras no era interpretado de la misma manera por quienes se reivindicaban parte de la Provincia Oriental y quienes tenían una visión porteña y centralista. En apenas dos años, salían a luz las diferencias políticas y también los intereses contradictorios de quienes pugnaban por profundizar una revolución soberana y quienes buscaban privilegiar los intereses del librecambismo británico.
Artigas, además de ser un referente para otros caudillos federales, estaba en un territorio en el que a las coronas británica y española se sumaba la del imperio portugués. A tal punto el escenario oriental era complejo, que para desalojar a quienes sitiaban a Montevideo, el virrey De Elío autorizó a los portugueses a que se adentraran en territorio oriental para aniquilar a las tropas patriotas. Pero, a su vez, ante esa decisión, el gobierno porteño decidió pactar con De Elío y levantar el sitio.

LA REDOTA. 

Artigas quedaba en una situación más que desfavorable: peleaba contra los españoles a los que se sumaban ahora los portugueses y no estaba dispuesto a aceptar ese pacto. En vez de deprimirse, encabezó el éxodo oriental. Esa gesta consistía en partir hasta un lugar seguro como fue Ayuí, en la margen occidental del río Uruguay, en territorio entrerriano, donde luego se fundó la ciudad de Concordia. La Redota, así la bautizaron los paisanos orientales. Era una curiosa acepción popular de derrota. Pero que no puede ser calificada como tal porque dejó a Artigas como el primero de los líderes federales que se plantaban con firmeza ante las decisiones centralistas de Buenos Aires.
Los oficios diplomáticos británicos obligaron al retiro de las tropas portuguesas. Y esa orden se plasmó en un tratado, firmado en mayo de 1812, que aquietó los conflictos entre centralistas porteños y artiguistas. En efecto, el Primer Triunvirato había reemplazado a la Junta Grande. Se trataba de un gobierno centralista porteño. Manuel de Sarratea, uno de los triunviros, fue a controlar la salida de los portugueses y, de paso, intentó poner autoridad sobre Artigas. Autoridad que incluía robarle las armas y las caballadas. Pero los orientales no se dejaron avasallar. En la navidad de 1812, desde su campamento en Costa del Yi, en el centro mismo de las tierras uruguayas, Artigas le envió una carta a Sarratea donde afirmaba que "el pueblo de Buenos Aires es y será siempre nuestro hermano, pero nunca su gobierno actual". De inmediato, invita al representante del gobierno porteño a retirarse. Lejos de aceptar el convite, Sarratea lo declara "traidor a la Patria".
Ese mismo año, el campamento de Artigas fue el lugar donde se eligieron los diputados para la Asamblea General Constituyente del año 1813 a celebrarse en Buenos Aires. Allí, los presentes votaron las instrucciones que, básicamente, reclamaban la independencia del poder español, libertad civil y religiosa y la organización de un gobierno republicano. El gran tema era el federalismo, tema que distanciaba a Artigas del gobierno porteño. Para neutralizar al oriental, el general Rondeau armó un encuentro paralelo que pretendía reemplazar a estos legítimos delegados. La brecha entre la Banda Oriental y Buenos Aires se hacía insalvable. Ante el atropello a la voluntad popular, Artigas abandonó el sitio de Montevideo a mediados de enero de 1814.

EL PROTECTOR DE LOS PUEBLOS. 

Los desaires del gobierno centralista con varias provincias llevaron a que Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, las Misiones y parte de Córdoba se unieran a la provincia Oriental con el nombre de Liga Federal. Se constituyeron como "pueblos libres" y nombraron a Artigas su "protector". Se dio una circunstancia que muestra palmariamente la coherencia del caudillo oriental. El general español Joaquín de la Pezuela derrotaba a las tropas del general Rondeau. Conciente de las diferencias entre Artigas y Rondeau, de la Pezuela le ofrece un entendimiento. La respuesta de Artigas al intento de soborno español fue contundente: "Han ofendido mi carácter cuando le informaron que yo defiendo a su rey. Si las desavenencias domésticas han lisonjeado el deseo de quienes claman por el dominio español, sepa que no soy vendible ni quiero más premio que ver libre a mi Nación."
El gobierno porteño le ofreció una negociación: la independencia de la Banda Oriental a cambio de que Entre Ríos y Corrientes quedaran bajo dominio porteño. Artigas se negó y una nueva expedición porteña va a castigarlo. Artigas llevaba años peleando contra España y Portugal, no quería separarse de Buenos Aires pero peleaba por la igualdad de las provincias desde una visión federal. Los sacrificios del oriental dieron, una vez más, sus frutos. Un tratado de paz y amistad firmado por las autoridades de Buenos Aires y Artigas ratificó el legítimo gobierno de este y afirmaba que tanto Entre Ríos como Corrientes podían ponerse “bajo la protección de quien gusten”.

EL CONGRESO DE LOS PUEBLOS LIBRES.

Llegó entonces uno de los momentos culminantes de la carrera de Artigas como brillante político de todos los territorios que conformaron ese espacio de federalismo. El oriental convocó al congreso de Oriente o Congreso de los pueblos libres. Se llevó a cabo en el Arroyo de la China, en Concepción del Uruguay, que por entonces era la capital entrerriana. Concurrieron diputados de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba y de la provincia Oriental. Los de las Misiones (departamentos de Yapeyú y Concepción) no llegaron a tiempo, pero se alineaban con Artigas y tenían como líder a Andrés Guacurarí, el indio guaraní que sumó Artigas como segundo apellido.
Ese congreso, que sesionó en junio de 1815 proclamó la independencia de los territorios de las provincias unidas. Sucedió un año y unos días antes del congreso de Tucumán, manejado por los centralistas porteños. Estas provincias no asistieron al encuentro de Tucumán. La importancia, más allá de los desencuentros entre centralistas y federales, está en la decisión de Artigas de avanzar en profundos cambios sociales. El congreso de Oriente decidió una reforma agraria que incluía tierras para "los negros libres, los zambos de toda clase, los indios y los criollos pobres".

1820. Las desavenencias con otros jefes federales hicieron que Artigas terminara cruzando las armas de sus valientes con otros no menos valientes gauchos federales. Como se decía al principio de esta nota, el caudillo entrerriano Francisco Ramírez venció en Cepeda a los unitarios porteños. Pero de inmediato quiso desplazar a Artigas y formar una república independiente en la Mesopotamia, con epicentro en Entre Ríos y sumando la provincia de Corrientes así como las Misiones. Ramírez tuvo el visto bueno de las autoridades porteñas, que pretendían desterrar definitivamente al caudillo oriental. Entre junio y julio de 1820, las tropas de Artigas y de Ramírez chocaron varias veces. Artigas, en el combate de Las Tunas pudo salvarse gracias a que su hijo primogénito Manuel lo subió en ancas de su propio caballo. El primer revolucionario del Plata, a diez años de haber sumado su capacidad y su entusiasmo a la causa revolucionaria, estaba sin fuerzas militares y con un escenario político desfavorable. Tras los choques con Ramírez estuvo un tiempo en los Esteros del Iberá.
Artigas decidió partir a Paraguay. Los porteños centralistas festejaban, querían sellar de modo definitivo que la provincia Oriental se convirtiera en una república separada, en 1825. Se consumaban los planes británicos para la América del sur. Ramírez logró proclamarse jefe Supremo de esa República de Entre Ríos en noviembre de 1820. Fue una jefatura más que efímera. Las coincidencias entre jefes federales no eran muchas y las intrigas de sus enemigos se colaban en sus propios planes. Ramírez murió en combate en julio de 1821, en Córdoba.
Estos hechos cristalizan una etapa trágica para quienes querían una Patria Grande y Federal sin el tutelaje del patriciado porteño. La historiografía liberal quiso borrar las huellas de identidad popular de aquellos caudillos. Por eso, la conmemoración de la Revolución de Mayo en la Argentina, no puede dejar de recordar a José Artigas como una figura central de la gesta independentista. 

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VII CUMBRE DE LAS AMÉRICAS







Panamá se convertirá en pocos días en el punto de encuentro de las Américas, dos proyectos históricos, económicos y sociales distintos, que tienen el reto de encontrar una nueva forma de relacionarse.
La VII cita hemisférica, que tendrá lugar el 10 y 11 de abril próximos, puede marcar el inicio de un nuevo capítulo de convivencia pa­cífica, respetuosa y productiva, o ratificar la continuidad de las amenazas y agresiones del pasado.
Por primera vez desde su fundación en 1994, la Cumbre de las Américas hará honor a su nombre con la presencia de Cuba, cuya au­sencia de las seis citas anteriores conllevó presiones de Estados Uni­dos y algunos de sus más cercanos aliados para acallar las voces que reclamaban desde un inicio la asistencia de todos los países del continente.
Pero hay que tener claro que la participación de nuestro país no es una concesión norteamericana, si­no la reivindicación de una demanda colectiva de América Latina y el Caribe, y sobre todo una muestra de los profundos cambios que vive la región.
De otra manera no se podría explicar la asistencia de nuestro país a un cónclave que surgió como plataforma de la neoliberal Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y que ha estado bajo la sombrilla de la Organización de Estados Americanos (OEA), un or­ganismo al que Cuba ha dicho que no regresará jamás.
Los más de cien representantes de nuestros jóvenes, empresarios y miembros de la sociedad civil —que participarán en los Foros paralelos de la Cumbre— constituyen una pe­queña pero ilustrativa muestra de quiénes somos, así como los principios y valores que se han formado durante más de medio siglo de Revolución.
Contra sus debates honestos sobre los problemas y también los innegables logros de nuestro sistema social, nada podrían hacer los intentos de montar un escenario para delincuentes con nexos terroristas y otros mercenarios que buscan pasar como luchadores por los derechos humanos.
La delegación cubana se unirá a otros miles de latinoamericanos y caribeños en la Cumbre de los Pue­blos, que durante los días 10 y 11 de abril convertirán al Paraninfo de la Universidad de Panamá en el verdadero muestrario de la sociedad civil de la región.
No la sociedad civil de los ricos y las ONG pagadas para la subversión, sino la de los pobres, pueblos originarios, luchadores ambientalistas, estudiantes, los campesinos, los defensores de los derechos de los inmigrantes, los que denuncian la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, la brutalidad policial, las prácticas racistas, los que reclaman para las mujeres salario igual por trabajo igual, los que exigen reparación por los daños a las compañías trasnacionales, entre mu­chos otros, tal y como vislumbró el General de Ejército Raúl Castro, en su discurso durante la III Cumbre de la Celac.
En esa fiesta latinoamericana y caribeña estará presente también nuestra música, un lenguaje universal que compartimos de manera especial con la mezcla de culturas que pobló las tierras al sur del Río Bravo.



El segmento de alto nivel, donde se darán cita 35 mandatarios o sus más altos representantes, será también un espacio para la voz de los pueblos de la región.
Después del anuncio del 17 de diciembre y el reconocimiento del presidente Barack Obama del fracaso de su política de agresión contra Cuba, se esperaba un ambiente más distendido. Sin embargo,  Washing­ton le recordó al mundo que no ha licenciado su garrote al declarar a Venezuela una “amenaza a su seguridad nacional”.
Haya sido un error de retórica imperial o una concesión a los sectores más radicales que detentan el poder real en EE.UU., la orden ejecutiva del 9 de marzo pasado constituye una muestra de cómo los norteamericanos subvaloran a sus ve­cinos.
Los cálculos de la Casa Blanca deben haber pasado por alto que su agresión directa contra un gobierno legítimo tiene lugar en una región que cada vez más mira al sur para resolver sus propios problemas, sin tutelajes ni injerencias.
En ese escenario llegarán a Pana­má los Jefes de Estado y de Gobier­no a una Cumbre que tiene por le­ma  Prosperidad con equidad: El de­safío de la cooperación en las Amé­ricas.
El tema no puede tener mayor vigencia. De década en década, si­glo en siglo, los latinoamericanos y caribeños han ido escuchando promesas como la Política del Buen Vecino, la Alianza para el Progreso, la Iniciativa para las Américas y el ALCA, que nunca llegaron a nada o solo dejaron un saldo mayor de de­sigualdad y atraso económico.
Durante la sesión inaugural de la IV Cumbre Iberoamericana en Car­ta­gena, pocos meses antes de la cita hemisférica de Miami, el Coman­dan­te en Jefe Fidel Castro mostraba su esperanza de que la relación entre el Norte y el Sur de América fuera distinta.
“Nada sería para Cuba de mayor placer que Estados Unidos ofreciera a todos los países de la región, en particular a los de menos ingresos, un libre acceso a sus mercados co­mo contribución al desarrollo económico de esos países”, afirmó.
“A Cuba le parece igualmente ne­cesaria la inversión extranjera in­cluso norteamericana, como apor­te al desarrollo en este continente”, añadió.
Respecto a la idea de convocar a las organizaciones no gubernamentales del continente para producir recomendaciones respecto a la agenda, una iniciativa que se man­tiene en la actual Cumbre, Fidel dijo que era algo positivo. “Pero deben ser invitadas todas y escucharse las demandas de los indígenas, las mujeres, las organizaciones campesinas, los sindicatos  —sin injustas exclusiones— y los demás representantes de las sociedades civiles, que tienen mucho que decir respecto a los temas de esa cumbre”, precisó.
Pero si esa y otras condiciones ele­mentales no se cumplían, el Coman­dante en Jefe llamó a recordar las palabras de José Martí cuando juzgó una reunión similar a la Cumbre de las Américas que tuvo lugar en Washing­ton en 1891:
“Después de ver con ojos ju­diciales los antecedentes, causas y fac­tores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora   de declarar su segunda indepen­dencia”.
Editores: Claudia Fonseca, Iramsy Peraza, 
Linet Perera, Laura Prada y Sergio Gómez