26 abr 2015

Proyectos del Banco Mundial desalojaron a 3,4 millones de personas

IPS


20.04.2015

NACIONES UNIDAS (IPS/Kanya D'Almeida) - Entre 2003 y 2013, proyectos financiados por el Banco Mundial desalojaron de sus hogares, alejaron de sus tierras o desplazaron de otras formas a 3,4 millones de personas, reveló el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ).

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Foto: Abdurrahman Warsameh/IPS


Más de 50 periodistas de 21 países trabajaron durante casi 12 meses para analizar sistemáticamente el cumplimiento por la institución financiera multilateral de su promesa de proteger a las poblaciones locales de las consecuencias negativas de sus propios proyectos.
Periodistas de Ghana, Guatemala, Kenia, Serbia y Sudán del Sur, entre otros países, analizaron miles de páginas de registros del Banco Mundial, entrevistaron a decenas de personas, entre ellas exempleados de la institución, y documentaron meticulosamente más de 10 años de fallas en sus prácticas, que dejaron a agricultores pobres, residentes de tugurios urbanos, comunidades indígenas y pescadores indigentes sin empleo, sin hogar y sin tierra.
En varios casos, los periodistas del ICIJ encontraron que poblaciones enteras que vivían donde iba a localizarse un proyecto financiado por el Banco Mundial fueron sacadas a la fuerza de sus hogares, mediante el uso de la violencia o la intimidación.
Estos desplazamientos violan los Objetivos Gemelos del Banco Mundial, con sede en Washington, adoptados hace décadas.
Esas metas estaban destinadas a acabar con “la pobreza extrema mediante la reducción de la proporción de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día a menos del tres por ciento de la población mundial para el año 2030”, y al mismo tiempo a “promover la prosperidad compartida mediante la mejora de los niveles de vida del 40 por ciento más pobre de la población en cada país”.
El Banco Mundial se comprometió a cumplir esos objetivos por vías “que de forma sostenible aseguren el futuro del planeta y sus recursos, promuevan la inclusión social y limiten las cargas económicas que heredarán las generaciones futuras”.
Lejos de hallar formas sostenibles de terminar con la enorme disparidad de la riqueza existente en el mundo, entre 2009 y 2013 los “prestamistas del Grupo del Banco Mundial inyectaron 50.000 millones de dólares a proyectos calificados con el mayor riesgo de generar impactos sociales o ambientales 'irreversibles o sin precedentes', más del doble que en el quinquenio previo”, aseguró la investigación del ICIJ.
“El Banco Mundial y su agencia encargada de los préstamos al sector privado, la Corporación Financiera Internacional (CFI), financiaron a gobiernos y empresas acusadas de violar los derechos humanos, como violaciones, asesinatos y torturas. En algunos casos, los prestamistas siguieron financiando a estos prestatarios luego de que saliera a la luz la evidencia de sus abusos”, añadió.
Casi 50 por ciento de los 3,4 millones de personas que fueron desplazadas física o económicamente por proyectos de gran escala, supuestamente dirigidos a mejorar el suministro de agua y electricidad o a reforzar las redes de transporte o energía en sus países, viven en África o en tres países asiáticos, China, India y Vietnam.
Entre 2004 y 2013, el Banco Mundial y la IFC prometieron 455.000 millones de dólares para la realización de 7.200 proyectos en el Sur en desarrollo. En ese lapso numerosas poblaciones afectadas en todo el mundo denunciaron que tanto los prestamistas como los prestatarios estaban violando sus propias garantías.
En Etiopía, por ejemplo, el equipo del ICIJ concluyó que funcionarios del gobierno desviaron millones de dólares de los 2.000 millones que el Banco Mundial dio para una iniciativa de salud y educación, y usaron el dinero para financiar una campaña con el fin de desalojar por la fuerza a dos millones de personas pobres de sus tierras.
Los proyectos financiados por el Banco Mundial desplazaron a más de 95.000 personas en ese país africano.
Intermediarios financieros
Un informe publicado a principios de este mes por la organización humanitaria Oxfam afirma que la CFI “ejerce escasa responsabilidad sobre los miles de millones de dólares en inversiones realizadas en bancos, fondos de cobertura y otros intermediarios financieros, lo que da lugar a proyectos que causan abusos contra los derechos humanos en todo el mundo”.
Entre 2009 y 2013, Oxfam halló que la CFI invirtió 36.000 millones de dólares en los intermediarios financieros, 50 por ciento más que la suma que gastó en salud y tres veces más de lo que el Banco Mundial destinó a la educación en ese lapso.
El nuevo modelo, por el cual se inyecta dinero a una cartera de inversiones de intermediarios financieros, representa 62 por ciento de las inversiones de la CFI, pero la “dolorosa verdad es que la CFI no sabe dónde va a parar gran parte de su dinero. y ni siquiera si está ayudando o perjudicando”, denunció Nicolas Mombrial, jefe de la oficina de Oxfam en Washington, en un comunicado.
Las inversiones en lo que el Banco Mundial clasifica como intermediarios de “alto riesgo” provocaron conflictos y dificultades para miles de personas afectadas por plantaciones de aceite de palma, caña de azúcar y caucho en Honduras, Laos y Camboya, una represa en Guatemala, una planta de energía en India y una mina en Vietnam, según un estudio de Oxfam.
En respuesta a las críticas generalizadas sobre esas fallas, el Banco Mundial está en proceso de modificar su política de garantías, pero sus propios funcionarios aseguran que, en lugar de reforzar la seguridad de las poblaciones vulnerables, la nueva política solo aumentará el riesgo de su desplazamiento.
El “último borrador de la nueva política, divulgado en julio de 2014, daría a los gobiernos más espacio para eludir las normas del Banco y tomar decisiones acerca de si las poblaciones locales necesitan protección”, señala la investigación del ICIJ en base a declaraciones de funcionarios y exempleados de la institución financiera.
“Los resultados del ICIJ reflejan lo que ha dicho Oxfam durante mucho tiempo, que el Grupo del Banco Mundial, y en particular. la CFI, en ocasiones le fallan a aquella gente que pretenden beneficiar, los más pobres y marginados”, comentó a IPS la integrante de la asociación humanitaria Kate Geary.
“No solo Oxfam y el ICIJ dicen esto. Estas conclusiones inquietantes tienen el respaldo de las propias auditorías internas del Banco, que encontraron, asombrosamente, que el Banco simplemente perdió el rastro de las personas que debieron 'reasentarse' debido a sus proyectos”, destacó.
“El propio presidente” del Banco Mundial, Jim Yonk “Kim reconoció eso como un fracaso, y tiene razón. La situación es simplemente insostenible e inadmisible. Ya basta”, exclamó.
El Banco debe “ofrecer reparación mediante subvenciones a las personas que desplazó., promulgar reformas urgentes y fundamentales para garantizar que estas tragedias no se repitan y revisar su 'Plan de Acción para el Reasentamiento', publicado el mes pasado por Kim en respuesta a las auditorías críticas”, subrayó.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Álvaro Queiruga

Eduardo sigue por allí

 Luis Britto García 


Eduardo sigue por allí
Foto: EFE  

23 abril 2015

Eduardo revive en el fracaso de todos esos muchachos que sueñan ser futbolistas o beisbolistas y que de tanto perder las esperanzas terminan en ídolos. Dicto una conferencia en la Academia de Medios de Comunicación de la Universidad de Bratislava y me interrumpen los medios con la noticia de la partida de Eduardo. Exagerados como siempre, ignoran que mientras nuestra Historia sea un cumulo de olvidos estará Galeano presente en cada llamarada de las Memorias del Fuego.
Eduardo revive en el fracaso de todos esos muchachos que sueñan ser futbolistas o beisbolistas y que de tanto perder las esperanzas terminan en ídolos. 
Allá va Galeano en las academias de los autodidactas, en las galeras del ejercicio ilegal de la profesión, en las muchedumbres de quienes jamás tuvieron un título, ni siquiera de manejar. En tanto el bloqueo perdure extendiéndose más allá de la pesadilla del medio siglo, allí estará Eduardo en la desvencijada oficina habanera de Prensa Latina arrojando con su honda los guijarros de la verdad que derriban mentiras gigantes. 
No es difícil reencontrar a Galeano en la cola de los exiliados a quienes nunca renuevan la visa, en la fila de los deportados, en el tumulto de los expatriados que mueren de nostalgia. A Eduardo se lo ve después de medianoche en las imprentas de las publicaciones críticas que van a ser clausuradas y de las revistas que las juntas golpistas no dejaran sobrevivir. 
No busquen a Galeano en las rumbosas exequias. A lo mejor anda de nuevo metido en la selva venezolana con los buscadores de oro, tratando de encontrar el paludismo fulminante que en una ocasión casi se lo lleva. 
Galeano estará allí mientras los presidentes del Imperio asistan a las cumbres con temor de que algún Hugo Rafael les regale un libro de Eduardo. 
Mientras las torrenciales venas abiertas de América Latina sigan sangrando dividendos para las transnacionales y miserias para los nacionales, habrá siempre un Eduardo que intente suturarlas. 
Galeano perdura cada vez que a fuerza de tachaduras se simplifica un párrafo y gracias a una laboriosa paciencia se logra que una frase parezca espontánea. 
Eduardo flota en la tristeza de las ciudades puerto que exportan riquezas e importan Cartas de Intención y modas culturales. 
Galeano anda en la ruta de los Nadies, en el sendero de los Ningunos, en el calendario de los Nuncas, en el catastro de los Nadas. 
Eduardo madruga para chapotear en el mar de Macuto antes de tomar el autobús que lo amanece en Caracas o el tranvía que lo deja en Machu Picchu. Cuál vía de América no se habrá hecho Nuestra gracias a Galeano, que injusticia no habrá denunciado, que Judas no habrá quemado con el resplandor de la palabra. 
En cual línea de escritor que asume el compromiso no quedara algo de la mirada celeste de Eduardo. De cual escrutinio sobre América Latina y el Caribe podrán proclamarse ausentes las cavilaciones de Galeano. 
No desecha el peregrino ningún sendero, ni descarta Eduardo las vías del cuento, de la novela, del reportaje, de la Historia, de la poesía, del ensayo, para tejer la red infinita que abarque la dimensión continental de sus pasiones. 
No permite Galeano que la gravedad y la densidad de esas pasiones lo alejen del capricho del futbol, recordatorio de que la vida es juego, de que la trivialidad de la patada no excluye la gracia del cabezazo ni la plenitud del gol. 
Nació Eduardo con un defecto congénito que no le permite voltear hacia el pasado sino para vislumbrar el futuro ni aislarse más que para sentir la compañía de la innumerable humanidad. Una nefasta tarde de martes llueve y caigo en un pesado sopor. Despierto y en el correo electrónico Eduardo que nunca duerme me envía un abrazo solidario porque se entera antes que yo de que Hugo Rafael ya no nos acompaña. 
Galeano sigue con nosotros mientras deseemos la Utopía. Cada quien es tan imperecedero como el proyecto que asume. La patria de Eduardo y de todos los latinoamericanos y caribeños es el futuro: allí nos encontramos y nos reencontraremos, por los signos de los signos, en el titánico símbolo que por fin nos exprese y nos una.



http://www.aporrea.org/actualidad/a206491.html


http://www.telesurtv.net/opinion/Eduardo-sigue-por-alli-20150423-0078.html

“Me daban mucho dinero por hallar pruebas de la vinculación de Chávez y Podemos”

“¿Por qué todo ha de ser blanco o negro?”, pregunta un fotoperiodista español que lleva tres años trabajando en Caracas, comentando el enfoque con el que se suele presentar a Venezuela en medios españoles.

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RT – 
“Cuando se habla sobre Venezuela en España, todo ha de ser blanco o negro”, ha contado Santiago Donaire, un fotoperiodista español que lleva tres años trabajando en Caracas, informa el portal infoLibre. Ha confesado que su trabajo para algunos medios españoles y europeos es “una batalla constante por no aceptar hablar de lo que te piden, sino intentar contar lo que realmente pasa “.
El fotoperiodista ha añadido que en medio de esta batalla ha recibido unas ofertas que ponían en duda el compromiso informativo y la ética de algunos medios españoles. “Me han ofrecido muchísimo dinero por hacer reportajes medio construidos o medio manipulados, por establecer una relación directa entre el Gobierno venezolano y Podemos a partir de pruebas que no existen”, ha revelado Donaire.
“Me pusieron cuatro cifras por delante diciendo que si conseguía, rebuscaba -literalmente me lo dijeron así- el papel que demuestra la financiación ilegal de Podemos por el Gobierno de Venezuela, me daban muchísimo dinero. Es la falta de ética, el infantilismo de pensar que hay un documento que diga: ‘Yo, Hugo Chávez, pago tanto a Podemos'”, ha añadido el fotoperiodista.
Asimismo, Donaire ha contado que la crisis económica fue lo que lo empujó fuera de su país. Dada la situación actual, considera que para él y sus compañeros de profesión, trabajar en España se ha convertido en un objetivo imposible. “No es una conclusión pesimista, es realista”, comenta.
Con respecto a la situación en Venezuela, afirma que requiere un análisis más profundo y no se puede “juzgar tan fácilmente una realidad que está a 8.000 kilómetros de distancia”. Al mismo tiempo, añade que evita posicionarse en alguno de los extremos desde los que se mira a Venezuela. “¿Por qué todo ha de ser blanco o negro?”, pregunta.

Las mafias se lucran con la indolencia de Europa

El fiscal de Palermo alerta: “La red funciona como una agencia de viajes”

La ausencia de una política eficaz de acogida deja a los inmigrantes africanos a merced de redes de traficantes cada vez más poderosas

Inmigrantes en el centro de internamiento de Lampedusa (Italia). / JULIAN ROJAS

Unas horas después de llegar al puerto siciliano de Catania, sintiéndose por primera vez seguro en mucho tiempo, el menor somalí —casi un niño— confía su historia: “Salí el pasado verano de Somalia. Mis padres pagaron mucho dinero a una persona de Sudán para que, junto a otros niños, me llevara a Noruega, donde viven mis tíos, pero al llegar a Libia me encerraron en una casa grande porque querían más dinero. Allí pasé nueve meses hasta que mis padres lograron pagar el rescate y nos embarcaron hacia Italia. Lo pasé muy mal. Me pegaban y a veces me dejaban varios días sin comer. Me he puesto enfermo y he visto morir a mucha gente”.


Solo hacen falta cinco días en Sicilia. Ni siquiera una semana es necesaria para confirmar que Cáritas, o la Cruz Roja, o Amnistía Internacional, o Save the Children, o tantas otras organizaciones humanitarias tienen razón cuando, perdida la paciencia después de asistir a tantos naufragios en el Mediterráneo, acusan a los países europeos —decir Europa se convierte en subterfugio para eludir las propias responsabilidades— de haber declarado la guerra a los inmigrantes. “Es indignante”, se enfurece Francesco Rocca, presidente de Cruz Roja en Italia, “que se siga llamando emergencia a una tragedia que se repite, como una hemorragia continua, desde hace más de 20 años. No se quiere ver que se trata de personas que están escapando de la guerra y del hambre. Se sigue mirando para otro lado”.
Un lavarse las manos cuyas terribles consecuencias son muy fáciles de comprobar: donde las autoridades no protegen a los más débiles, las mafias los explotan. Basta asistir en el puerto de Catania a la llegada de los supervivientes del último gran naufragio. O ir al día siguiente a la localidad de Mineo para conocer las historias terribles de algunos de los miles de extranjeros confinados en el mayor centro de internamiento de Europa. O atender a las explicaciones que Francesco Lo Voi, el fiscal jefe de Palermo, ofrece en su despacho sobre las redes mafiosas que trafican con personas. O, por si aún quedara alguna duda, escuchar el calvario del niño somalí capturado en Libia por los traficantes de personas. En cualquiera de esos escenarios se llega a la conclusión —siempre que no se insista en mirar para otro lado— de que una red cada vez más tupida de mafias ofrece a los migrantes, a precio de oro y de muerte, aquello que los Estados europeos se siguen negando a concederles: un corredor seguro para huir de la guerra o del hambre y un derecho de asilo que, una vez en Europa, no los obligue a convertirse en fantasmas o en clandestinos.
Un menor somalí llegado a Sicilia relata su travesía: “Vi morir a muchos”
El primer escenario es tal vez el más grotesco. Sobre el muelle de Catania sucede lo mismo que hace año y medio sobre el de Lampedusa. Las autoridades —en este caso un ministro del Gobierno de Matteo Renzi, Graziano Delrio, y el presidente de la región de Sicilia, Rosario Crocetta, convenientemente inmortalizados por decenas de camarógrafos— esperan a los supervivientes del naufragio que durante la madrugada del domingo costó la vida a más de 800 personas. Tras darles la bienvenida oficial, son enviados inmediatamente al centro de internamiento de Mineo, junto a más de 3.200 inmigrantes que esperan —a veces durante más de un año— a que Italia les conceda el asilo o los devuelva a sus países. En Lampedusa fue aún peor. Se concedió la ciudadanía de honor a los cientos de fallecidos al tiempo que se incoaba expediente de expulsión al puñado de supervivientes. El siguiente paso —el de su internamiento en un centro de acogida— no es menos chocante.
“Pasé nueve meses en Libia hasta que mis padres pagaron el rescate”, afirma
Italia, que con razón alega sentirse sola ante el fenómeno de la inmigración —más de 240.000 personas han logrado cruzar el canal de Sicilia en los últimos 15 meses y 5.300 han perdido la vida en el intento—, se venga de Europa por la vía de los hechos. Aunque, según el Tratado de Dublín, el inmigrante o refugiado político tiene que tramitar la petición de asilo en el país europeo al que llegue, y esta petición deba incluir la digitalización de la huella en un periodo no demasiado superior a los tres días, los datos reales son bien elocuentes: de las 170.000 personas que llegaron a Italia el año pasado, unas 100.000 desaparecieron a los pocos meses sin dejar rastro.
Una vez superado el peligroso trámite del Mediterráneo, la gran mayoría de los migrantes, bien por sus propios medios o confiándose de nuevo a las mafias, sigue su camino hacia el norte de Europa. De hecho, durante la reciente operación dirigida por la fiscalía de Palermo contra una mafia de tráfico de personas, algunos componentes de la red vivían en el centro de acogida de Mineo, pared con pared con sus víctimas. “Se trata de una organización”, explica el fiscal Francesco Lo Voi, “muy bien organizada. Los jefes principales están en Libia, tienen contactos sólidos en Sicilia y puntos de referencia en el resto de Italia y en otros países europeos. Se mueven como si fueran agencias de viajes, esto es, poniendo a disposición de los inmigrantes los billetes de autobús, o incluso autobuses enteros para viajar por Europa. Tienen la capacidad de albergar a los inmigrantes en Libia mientras sus familiares completan el pago”.
Un alto porcentaje de los migrantes que alcanzan Italia no piden asilo
El fiscal Lo Voi, más acostumbrado a enfrentarse a la vieja Cosa Nostra que a las nuevas redes internacionales, dice que, por el momento, no ha hallado ningún vínculo entre “los esclavistas del siglo XXI” —así los definió Renzi— y el terrorismo yihadista. Sobre si la mafia siciliana se ha apuntado ya a un negocio que supone “entre 80.000 y 100.000 euros de ganancia por cada barco”, su respuesta es enigmática: “Prefiero no responder a esa pregunta todavía”.
Hay otra pregunta que tampoco tiene respuesta aún. El menor somalí y tantos otros supervivientes del Mediterráneo han traído, junto a sus terribles vivencias, un espejo donde la sociedad europea en general, y la italiana muy en particular, no tienen más remedio que mirarse: ¿somos o no racistas? En Italia, algunas formaciones —sobre todo la Liga Norte y ciertos ramalazos del partido de Silvio Berlusconi— están intentando pescar votos en el miedo al extranjero. Matteo Ianniti, de la Red Antiracista de Catania, asegura que la gente es más sensata que sus políticos: “Los políticos hablan de ir a Libia a bombardear los barcos mientras que la gente corriente dice que hay que acogerlos. Si los dejamos ahogarse, nuestra conciencia se ahogará con ellos”.

Hambre oculta tras el milagro británico


La demanda de lotes de comida se ha multiplicado por 27 desde 2010
Los recortes en el Estado de bienestar han disparado el uso de bancos de alimentos en esta legislatura

PABLO GUIMÓN Londres 26 ABR 2015 -



Un voluntario del banco de alimentos de Tower Hamlets carga comida en una furgoneta bajo los rascacielos de Canary Wharf. / LIONEL DERIMAISE
Sobre este meandro que dibuja el Támesis en el centro de Londres, conviven a codazos las dos narrativas sobre la economía británica que se enfrentan en estas elecciones. Canary Wharf y Tower Hamlets. El lujo y el hambre. La pujanza de una economía que crea empleo y deja atrás la recesión a un ritmo de crecimiento del 2,8% anual, y su miserable reverso. La caprichosa lógica del urbanismo de la capital quiso que estos rascacielos se levantaran precisamente en Tower Hamlets, el barrio con más hambre infantil del país, donde más de la mitad de los niños vive por debajo del umbral de la pobreza.

Ocho de la mañana. Ejecutivos trajeados circulan por las aceras de Canary Wharf, el centro financiero que ha superado a la City como el mayor empleador de banqueros de Europa. Los habitantes de los rascacielos cobran 95.000 libras (unos 133.000 euros) de media al año. Los de abajo, 11.400. No es fácil mantener a una familia en Londres con eso.

A la sombra de los rascacielos, entre las viviendas sociales, los voluntarios del banco de alimentos de Tower Hamlets ordenan la comida en cajas. Este centro abrió en 2010, al mismo tiempo queDavid Cameron llegaba al 10 de Downing Street, para atender a lo que su directora, Amy Kimbangi, llama “el hambre escondida”. “Desde 2010 la demanda de este servicio aumenta cada año”, explica. “Hemos pasado de alimentar a cuatro o cinco familias cada semana a 35. Es gente que paga sus alquileres, tiene trabajo, pero no es capaz de llevar comida a sus mesas. Londres es una ciudad extraordinariamente cara, y vivir con el salario mínimo aquí es prácticamente imposible”.

Un país, dos caras

La economía británica creció un 2,8% en 2014, más que la de ningún otro país del G7. La tasa de paro está por debajo del 6%.

Solo Portugal y Grecia, entre los 15 miembros iniciales de la UE, tienen sueldos medios más bajos que Reino Unido.

El Gobierno de Cameron ha convertido en su prioridad reducir el déficit (5,4% del PIB en 2014) a base de recortar el gasto público.

Los bancos de alimentos de Trussell Trust (445 repartidos por todo el país, frente a 29 en 2009) distribuyeron en los últimos 12 meses 1.084.604 paquetes de ayuda alimentaria, un 19% más que el ejercicio pasado y 27 veces más que hace cinco años.

2,3 millones de niños en Reino Unido están clasificados en la pobreza relativa: viven en hogares con ingresos más bajos que el 60% de la media nacional.

El banco de alimentos de Tower Hamlets pertenece al Trussell Trust, el mayor conglomerado de dispensación de comida de emergencia de Reino Unido. En 2009 apenas contaba con 29 bancos de alimentos y hoy agrupa a 445. Esta semana ha publicado los datos actualizados de su actividad. En los últimos 12 meses distribuyó 1,1 millones de lotes de comida de emergencia, cada uno suficiente para alimentar a una familia durante tres días. Son casi 200.000 más que en el ejercicio pasado, 27 veces más que hace cinco años.

A estos datos habría que sumar los de otros centenares de bancos de alimentos independientes que operan por todo el país. Colectivos de médicos hablan de un auténtico problema de salud pública.

Son los profesionales de la sanidad y los asistentes sociales quienes identifican a las personas necesitadas y les entregan un vale para acudir al banco de alimentos. El 44% de los usuarios de los bancos de Trussell Trust acude por problemas con las ayudas públicas. Las políticas de austeridad han afectado a la seguridad social británica, uno de los pilares del Estado de bienestar construido por los Gobiernos laboristas de la posguerra. Las ayudas llegaron a funcionar como un complemento en el presupuesto de las familias, que permitía a las empresas mantener su productividad pagando unos sueldos medios que están entre los más bajos de toda Europa. Los recortes en el sistema han quebrado el delicado equilibrio.

Eso es lo que concluye un estudio de noviembre del año pasado, encargado por la Iglesia de Inglaterra, Trussell Trust y Oxfam, que relacionaba directamente los recortes en el sistema de la seguridad social con el aumento en el uso de bancos de alimentos. El informe, el más exhaustivo realizado hasta la fecha, solicitaba cambios urgentes en el “complicado, remoto y en ocasiones intimidatorio” sistema, para evitar que la gente caiga en la pobreza. El Gobierno desautorizó el estudio al considerarlo “no concluyente”.

La mañana de Matti Letsie empieza en la puerta de atrás de un hipermercado. Es su rutina desde que el año pasado abrió el banco de alimentos independiente Connect 25 en Newcastle, al norte del país. Aquí recoge las provisiones que el establecimiento les dona. “Es comida que, de otra manera, acabaría en la basura”, explica.

Con la furgoneta cargada, regresa al local junto a la iglesia King’s Castle que le sirve de almacén. “Empecé a trabajar en asistencia social en 2008”, explica. “El uso de bancos de alimentos entonces era marginal, pero ahora cada vez más gente los usa. Creo que, de la misma manera que el Gobierno trata de arreglar la deuda y llevar al país a una buena situación financiera, debe buscar un equilibrio. Tienen que mirar cómo afectan las cosas que hacen al hombre corriente. Hay gente que vive muy por debajo del modo de vida humano”.

La furgoneta aparca junto a una casa compartida por 11 exreclusos que tratan de rehacer su vida. Es el caso de John, que cumplió cinco años por robo. Al salir de la cárcel le entregaron 30 libras y una cama en esta casa. Pero le cuesta despegar. “Salí de prisión hace seis meses”, explica. “No recibes ayudas inmediatamente, así que no tienes dinero para sobrevivir. Los bancos de alimentos han sido una bendición. Si no fuera por ellos, básicamente, me habría muerto de hambre”.