1 sept 2015

Medios, poder y política en el centro del debate

Por Andrés Mora Ramírez

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No cabe duda que la esfera de la comunicación social representa un campo de intensas disputas, en el que no sería aventurado afirmar que se libran batallas decisivas para el futuro de los proyectos nacionales y regionales que se pusieron en marcha en los últimos 15 años.
La sede académica de FLACSO en Quito, Ecuador, albergó durante los días 26, 27 y 28 de agosto el III Congreso Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, un evento que contó con la participación de más de mil investigadores y estudiantes que se abocaron al estudio de los principales problemas y desafíos de nuestro continente. Uno de los ejes temáticos analizó el complejo entramado de intereses y relaciones entre medios de comunicación, poder y procesos políticos en la actual coyuntura de nuestra América. Tres dimensiones de análisis, en las que convergen los enfoques de la investigación en nuestros países, permiten caracterizar y comprender las transformaciones que tienen lugar en nuestras sociedades, y las tensiones que animan los debates y discusiones en foros institucionales, en la academia y en los espacios de acción propios de los movimientos sociales.
La primera dimensión es la cultural, que se expresa en la paulatina constitución de lo que algunos autores definen como sociedades tecno-mediáticas, en las que la omnipresencia de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en prácticamente todos los órdenes de la vida, ha favorecido la emergencia de un nuevo sujeto tecno-mediatizado: ese cuya posibilidad de ejercer ciudadanía en el nuevo contexto, va a depender de su capacidad de consumo de productos y contenidos mediados por las TIC (y, en realidad, por los agentes económicos que controlan su producción). Un sujeto, además, cuya forma de ser y estar en el mundo –su identidad cultural- se define en función de experiencias vinculadas, por un lado, a una percepción del tiempo diferente: el eterno presente, la instantaneidad de los inmensos flujos de información y entretenimiento que viajan sin descanso de la red internet a los dispositivos móviles; y por el otro lado, a la normalización o incorporación del sentido común dominante a través del consumo narrativas mediáticas –implícitas en todos los productos de consumo cultural- que naturalizan el orden hegemónico, desmovilizan políticamente y, en el peor de los casos, “inmunizan” al ser humano frente al dolor de sus semejantes y frente a la barbarie de nuestro tiempo.
Si bien este fenómeno ocurre a escala global, las formas específicas que adquiere en América Latina son claves para explicar los procesos de despolitización propios de aquella sociedad neoliberales avanzadas, que poco a poco van abandonando la acción política emancipadora y el horizonte utópico a cambio de participar –aunque sea solo marginalmente- de las fantasías del mercado y del consumo.
La segunda dimensión es la política, que nos remite a los diversos escenarios de confrontación entre los gobiernos posneoliberales (Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Venezuela), con su apuesta social, de redistribución de la riqueza y de forja de nuevas alianzas sociales, y los poderosos grupos económicos de la comunicación, cuyo control oligopólico de los medios tradicionales y los emergentes (vinculados a las nuevas TIC) en varios países suramericanos ha sido cuestionado y sometido a nuevas regulaciones que, en su afán de democratización de las comunicaciones, tocaron delicados intereses políticos relacionados con la custodia del statu quo neoliberal. Asimismo, afectaron intereses económicos vinculados a las condiciones que hacían posible –hasta hace pocos años- el desarrollo de un capitalismo informacional que no seguía más leyes que las de la oferta y la demanda, aunque en ello se cometieran atropellos a derechos sociales y culturales de pueblos originarios y de sectores de la población que eran prácticamente invisibilizados en la construcción de los relatos o narrativas sobre la realidad que difunden los medios hegemónicos.
A diferencia de lo que pasó en el sur de nuestra América, más al norte, en México y Centroamérica, los grupos mediáticos lograron apuntalar su dominación sobre los sistemas de medios de comunicación y, desde allí, sobre los sistemas políticos y las llamadas instituciones democráticas, haciendo de los procesos electorales, por ejemplo, un mercado de compra y venta de votos (que garantiza el acceso al poder de partidos y dirigentes leales al poder económico-mediático), imágenes y discursos, que vacían de sentido las prácticas propias de la democracia liberal burguesa. En efecto, desde la campaña electoral del 2006 en México, en la que los poderosos grupos Televisa y TV Azteca se empeñaron en derrotar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, apelando a procedimientos espurios, vacíos legales e interpretaciones jurídicas leoninas; hasta las recientes campañas sucias que presenciamos en Honduras, El Salvador y Costa Rica, en los comicios celebrados entre 2013 y 2014, se va configurando un modus operandi de complicidad entre clases dominantes y grupos mediáticos, que pretende blindar a esta región de la eventual llegada al poder de partidos y líderes que supongan un cuestionamiento al modelo neoliberal, a sus formas de acumulación y, en definitiva, que impida que fuerzas sociales por largo tiempo constreñidas eventualmente exploren alternativas de cambio político y económico.
Finalmente, con respecto de la dimensión de la integración latinoamericana, parece existir un acuerdo en torno a la necesidad de potenciar el desarrollo de nuevos paradigmas de la comunicación, que consideren los aportes originales de nuestra región (la comunicación popular, la comunicación comunitaria, la comunicación participativa), desde las distintas iniciativas de integración construidas en el siglo XXI. Si bien los empeños puestos por los gobiernos posneoliberales en la aprobación de leyes que regulan temas como propiedad de los medios, concentración, cuotas de producción, participación de actores sociales, reconocimiento de la diversidad cultural y la pluralidad, entre otros, representan un avance sustancial en esta materia, no se puede negar que resta mucho por hacer a escala regional para forjar sistemas soberanos de medios, cada vez menos dependientes de los grupos mediáticos nacionales y extranjeros, y a la vez, para dotar de mayor presencia ciudadana, desde el espacio de la comunicación, al proceso complejo, diverso y multipolar de la integración nuestroamericana de los últimos lustros. Iniciativas de la importancia y calibre de TeleSur, la Radio del Sur o Unión Latinoamericana de Agencias de Noticias, que se consolidaron en los últimos diez años, demuestran la urgencia de articular estos y otros proyectos a los espacios de integración, como una prenda de garantía de continuidad y sobrevivencia ante la ofensiva de la derecha continental, y lo que se ha dado en llamar la restauración neoliberal conservadora.
Para quienes optamos por pensar a América Latina desde acá, desde nuestras historias, trayectorias y aspiraciones comunes, no cabe duda que la esfera de la comunicación social representa un campo de intensas disputas, en el que no sería aventurado afirmar que se libran batallas decisivas para el futuro de los proyectos nacionales y regionales que se pusieron en marcha en los últimos 15 años. Y en esa medida, debemos estar presentes, posicionarnos y actuar por la construcción de nuevos conocimientos que nos ayuden a develar los entramados del poder, la dominación y los caminos posibles de la liberación comunicacional.
*Académico e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos y del Centro de Investigación y Docencia en Educación, de la Universidad Nacional de Costa Rica.

Familiares de Desaparecidos: un llamado humanitario

DESAPARECIDOS


31.08.2015

MONTEVIDEO (Uypress) - Familiares de detenidos desaparecidos ha emitido una carta a la opinión pública, con el objetivo de realizar una nueva acción en la búsqueda de los familiares desaparecidos en el régimen de facto.

Texto de la misiva.

El rescate de la política

Financiarización significa que el dinero lo invade todo. Que el capital especulativo es hegemónico. Los bancos ya no prestan para inversiones productivas o para que la gente compre lo que necesita o para se hagan investigaciones. No, los bancos viven de la compra y venta de papeles. Cuando se anuncia, con todos sus ceros, al final de cada día, cuánto ha movido cada Bolsa de valores, no se ha producido ni un bien, ni se ha generado ni un empleo.


 Por Emir Sader


El capital financiero nació para apoyar a la agricultura, adelantar capital que recibirá después de la cosecha. Hoy ese capital fue promovido al sector hegemónico de las economías, un fin en sí mismo.
Cuando se agotó el ciclo anterior del capitalismo, el diagnóstico triunfante decía que la economía había dejado de crecer porque había demasiadas trabas, demasiadas regulaciones. Habría que terminar con ellas y, según Ronald Reagan, la economía volvería a crecer y todos ganarían de nuevo.
Las regulaciones fueron canceladas –programa central del neoliberalismo–, pero no se retomó el crecimiento. Porque, como decía Marx, el capital no está hecho para producir, sino para acumular. Sin trabas, el capital se transfirió en cantidades gigantescas al sector financiero, que es donde gana más, paga menos impuestos y tiene liquidez total. No es que existan capitalistas productivos y especulativos. Todo gran grupo económico tiene un banco o un centro de inversiones, de donde gana más que en sus actividades originales.
Liberado de trabas, el capital se concentró en su forma financiera, como capital especulativo, el que sólo vende y compra papeles, el que vive del endeudamiento –de países, de empresas, de personas–. El que se alimenta de las deudas y alimenta las deudas.
Cuando empezó la crisis actual en el centro del capitalismo, Obama dijo que había que salvar a los bancos porque si no sus techos caerían en las cabezas de todos. Se han salvado los bancos, que están muy bien, a Dios gracias, los que han quebrado enseguida fueron los países.
En un mundo así dominado por el dinero, no cabe la política, como espacio de decisión de las personas sobre el destino de la sociedad. Pueden pronunciarse pero, si se pronuncian por otra lógica que no sea la de los bancos, viven su frustración, porque las redes de poder no dejan espacio para otra lógica que no sea la de la especulación financiera.
Hacer política es ir a contramano de la lógica capitalista contemporánea, la lógica neoliberal, que busca imponer los intereses del capital financiero. El que entra en esa lógica es devorado por ella. Hacer política es construir alternativas que privilegien las políticas sociales y no los ajustes fiscales, los procesos de integración regional y no los Tratados de Libre Comercio, que recuperen la capacidad de acción y de hacer política de los Estados y de los gobiernos.
Actuar en esa dirección es estar condenado por los organismos financieros internacionales, por los grandes medios, por los partidos tradicionales. Pero es la única forma de rescatar el derecho de la gente de escoger su destino, en contra del destino definido por el dinero y los bancos.

El nazismo, los fenómenos hiperinflacionarios y la respuesta de la historia

El uso de la historia para explicar el presente es absolutamente necesario aunque los contextos no sean iguales. Recurrir a la historia permite sin duda poder evitar la repetición de sus procesos más negativos, como también proyectar hacia el futuro aquellos momentos, traducidos en políticas, que beneficiaron a las sociedades humanas. Los fenómenos históricos no se repiten, pero pueden ser sospechosamente similares. El problema es conocer bien la historia.

 Por Mario Rapoport *


En primer lugar, hay que señalar que las crisis económicas que ha sufrido el mundo o determinados países no fueron consecuencias de fenómenos inflacionarios, sino deflacionarios. Tanto la gran depresión de los años ’30 como la crisis argentina de 2001 se debieron, por ejemplo, a situaciones de este tipo.
En el caso de Estados Unidos, las políticas de New Deal tendieron desde un principio a volver a valorizar los bienes de una economía, cuyos precios habían caído abruptamente junto con la Bolsa de Valores de Nueva York. Esto se hizo a través de políticas de demanda, como lo aconsejaban economistas institucionalistas norteamericanos que pertenecían al Brain Trust (consejo de asesores) del presidente Roosevelt, desde su asunción a la presidencia en 1933, reafirmadas por el influjo de las ideas de Keynes luego de la publicación de su Teoría General, tres años más tarde.
Roosevelt analizaba retrospectivamente en un discurso pronunciado en 1937, las causas del colapso del ’29 y la depresión que lo siguió, justificando las políticas adoptadas para enfrentarla. Según él, debido a la “sobreespeculación y sobreproducción de prácticamente todos los artículos o instrumentos usados por el hombre, (hubo) millones de personas desocupadas, porque lo producido (anteriormente) por sus manos había excedido el poder de compra de sus bolsillos... los bienes ofrecidos llegaron a sobrepasar de tal manera la demanda que podía pagarlos, que la producción debió frenarse bruscamente. Como resultado de ello: desempleo y fábricas cerradas. Esos fueron los trágicos años de 1929 a 1933”. Como vemos no se trataba de una crisis inflacionaria, sino de un descenso de los precios como consecuencia de una crisis de sobreproducción y de una fuerte especulación bursátil.
En el caso argentino la desmonetización de su economía originada por el tipo de cambio fijo, la política de convertibilidad y el endeudamiento externo nos llevódirectamente a la abrupta caída del PBI, altas tasas de desempleo, pobreza e indigencia y la pérdida de los ahorros de gran parte de la población. Esto originó la devaluación del 2002. No fue tampoco un fenómeno hiperinflacionario.
Vayamos ahora a lo que ocurrió en Alemania para que el nazismo llegara al poder. En su primer libro, Las consecuencias económicas de la paz, de 1919, Keynes se oponía a las medidas establecidas en el Tratado de Versalles señalando: “La política de degradar a Alemania a la servidumbre de toda una generación, de degradar la vida de millones de seres humanos” era “odiosa y repulsiva (...) nada autoriza a las naciones a hacer recaer sobre los hijos de sus enemigos las perversidades de sus padres o gobernantes”. Sin duda, la ascensión de Hitler, en 1933, fue un resultado, en gran medida, de ese error que imponía a Alemania sacrificios imposibles de cumplir, como ahora la misma Alemania se los impone a Grecia.
El proceso hiperinflacionario (o sea, mucho más que una simple inflación) fue una consecuencia de ese tratado, como Keynes mismo lo pronosticó cuando señalaba, en agosto de 1922, “que Alemania sucumbirá ante la inevitable falta de pago” anticipándose a lo que iba a ocurrir. En diciembre de aquel año ese país fue declarado en quiebra y de inmediato, tropas francesas y belgas ocuparon la cuenca del Ruhr, región altamente industrializada. La resistencia pasiva de los germanos se tradujo en la negativa a trabajar en las minas y en los ferrocarriles y la actividad industrial de la zona ocupada quedó paralizada. Entonces, el gobierno apoyó a la población mediante una considerable emisión de papel moneda.
Estimuló así, respaldado por las grandes corporaciones industriales, un devastador proceso hiperinflacionario. Ante un balance de pagos adverso, se desplegó una política financiera deficitaria en la que la diferencia entre gastos e ingresos fue enjugada mediante un aumento de la deuda flotante y una emisión de moneda por parte del banco central alemán, el Reichsbank. La hiperinflación alcanzó su máximo en noviembre de 1923: el valor del marco había llegado prácticamente a cero y se requería de una cifra varias veces millonaria para poder comprar un dólar. Recién entonces se estableció una nueva moneda que devolvió la confianza a la economía. Era evidente que Alemania no estaba en condiciones de pagar las reparaciones de guerra mientras que la hiperinflación favorecía sobre todo el crecimiento de los grandes trusts y carteles, permitiendo a los empresarios carentes de escrúpulos construir a expensas de la clase media y de los trabajadores gigantescos imperios económicos cuyo prototipo fue el imperio de Hugo Stinnes, el enemigo más encarnizado de la democracia y de la política exterior de la primera República de Weimar. El endeudamiento externo tomado en esos años en Estados Unidos a través de grandes empréstitos (los planes Dawes y Young también criticados por Keynes), que inundaron la economía alemana a partir de 1924 dieron a la industria germana el capital líquido necesario para racionalizar y ampliar sus plantas e instalaciones. Los mayores trusts de la historia alemana, sostenedores luego del nazismo, se formaron en esos años.
Cierto es que también en 1923, Hitler intentó su primer putsch (golpe de Estado) en una cervecería de Munich, lo que lo llevó a la cárcel, donde escribió Mein Kampf (Mi lucha), su libro de cabecera. Pero luego de frenada la crisis hiperinflacionaria, en 1925, por el economista de derecha Hjalmar Schacht, presidente del Reichsbank y luego ministro de Economía del mismo Hitler, éste debió esperar 8 años para llegar al poder, en 1933.
En el medio hubo una breve recuperación y más tarde, la gran crisis mundial de 1929, que originó una profunda depresión como en Estados Unidos, con caída de los precios y desocupación (en 1932 había casi 6 millones de desocupados). Una situación que se sumaba a las políticas de austeridad de los gobiernos conservadores (que habían desplazado a la socialdemocracia), la baja del gasto público y la disminución de los salarios. La hiperinflación se frenó, pero seguía existiendo un gran resentimiento por parte de la población alemana por el tratado de Versalles y un rol activo del capital germano financiando a Hitler. A eso hay que agregar, sin duda, fenómenos políticos, como la debilidad de los gobiernos socialdemócratas, que con el pretexto de impedir una revolución bolchevique llegaron a diversos acuerdos con los militares y la derecha alemana, que se afirmó en el gobierno con el presidente Hindenburg, en mayo de 1925.
Fue Hindenburg el que en enero de 1933, luego de varias maniobras palaciegas, le otorgó a Hitler el cargo de canciller. Se disolvió entonces el parlamento existente, llamándose nuevas elecciones el 5 de marzo. A pocos días del proceso electoral Hitler provocó el incendio del Reichstag, culpando a los comunistas, lo que dio lugar a la supresión de numerosas libertades civiles, a la represión de los sectores de izquierda y a una situación de terror político. Esto facilitó el resultado electoral y los nazis pasaron del 2,6 por ciento de votos obtenidos en 1928, al 44,9 por ciento. Ni uniéndose los tres partidos opositores hubieran ganado. Pese a ello, como no consiguió los dos tercios necesarios para obtener un poder absoluto, Hitler expulsó a numerosos representantes opositores, logrando votar la llamada ley habilitante y convirtiéndose en un dictador “constitucional”.
Para finalizar, como señalaba Keynes con respecto al tratado de Versalles mucho antes de que Hitler apareciera en escena: “Si nosotros aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de la Europa central, la venganza, no dudo en predecirlo, no tardará”. Los horrores que se producirían, serían, según él, insignificantes en relación a los de la anterior guerra destruyendo “la civilización y el progreso de nuestra generación”. Su predicción resultó así exacta.
* Economista e historiador.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-280658-2015-09-01.html

Uruguay:Gobierno levanta decreto sobre esencialidad de la educación

Profesores realizan nuevo paro

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Sobre el filo de este lunes, gobierno y gremios firmaron un preacuerdo que levanta la esencialidad y compromete el regreso a clases de los docentes. Hoy se cumplirán los paros previstos y en el Consejo de Ministros, el presidente Tabaré Vázquez dejará formalmente decretada la medida.
Mañana al mediodía se realizará una nueva reunión en la Dirección Nacional de Trabajo (Dinatra) para continuar el diálogo.
“Valió la pena”, dijo visiblemente emocionado a LA REPÚBLICA el director nacional de Trabajo Juan Castillo, quien valoró el gesto del gobierno y la sana decisión de los gremios y del PIT-CNT.
“Esto engrandece el proyecto, el gremialismo y el futuro de los estudiantes”, comentó el jerarca quien anunció que pese a que había presentado la renuncia a su cargo (que no fue aceptada), dado el desenlace logrado continuará al frente del mismo.
El preacuerdo se firmó cerca de la medianoche entre el Ministerio de Trabajo. la Dirección Nacional de Trabajo, el PIT-CNT y los representantes de los gremios docente.
Tal como lo había previsto el ministro Ernesto Murro, la decisión adoptada por los gremios el sábado de decretar un paro para el martes o miércoles si el gobierno no levantaba antes la esencialidad dejaba la puerta abierta para un acuerdo que el Gobierno esperaba concretar ayer después de las 9 de la noche en su reunión con los gremios.
La jugada esta vez salió de acuerdo con lo planificado y después de casi tres horas de reunión el humo blanco cerró un fin de semana que quedará como el más difícil de los que hasta hoy tuvo que enfrentar el Gobierno.
Asambleas previas
Previo a la reunión el camino no parecía fácil.. Las asambleas de maestros y profesores ya había decidido continuar hoy con el paro, pese a que desde el pasado viernes el gobierno había anunciado que estaba dispuesto a negociar en cualquier momento con los gremios de la educación.
Para mostrar con hechos la decisión, ayer, el titular del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), Ernesto Murro, convocó a una reunión a las 21 horas para discutir el resultado de las asambleas de maestros y profesores, y eventualmente, plantear la posibilidad de levantar el decreto de esencialidad en la educación.
Tras casi tres horas de intensa reunión, el Gobierno planteó que levantaba la esencialidad este mismo lunes en la reunión de ministros si los docentes se comprometían en firmar un preacuerdo que dejara por escrito su voluntad de levantar las medidas previstas para este martes.
Finalmente se acordó seguir esta línea de negociación y retomar inmediatamente las negociaciones.
Negociación salarial
Esta semana que pasó quedará como la más difícil de las que debió afrontar el Gobierno. Aunque es la primera vez en décadas que se abre una instancia de negociación salarial entre el gobierno y los docentes, el conflicto se incrementó después del anuncio del gobierno de decretar la esencialidad en la enseñanza ante los paros que se sucedieron en los últimos días e incluso antes de la presentación del proyecto de presupuesto quinquenal.