9 oct 2015

La venganza de los ricos


El año pasado todavía había grandes esperanzas en Bélgica. El gobierno se había dirigido únicamente al trabajador ordinario con la primera serie de medidas de ahorro: alargamiento de la jornada de trabajo, aumento del índice de precios y otras medidas que habían evitado cuidadosamente afectar a los poderosos.

7 octubre 2015
Por: Mark Vandepitte




Pero, no nos alarmemos, el famoso cambio fiscal (tax shift) (1) iba a reequilibrarlo todo y por esta vez se iba a dirigir al capital.

Pero el resultado resultaría ser muy diferente. Como en ocasiones anteriores, el hombre de la calle es quien paga los gastos de la boda y la factura está bien hinchada. Se carga a las familias con casi mil euros al año. Los pensionistas y los enfermos también se ven afectados. En el mejor de los casos, con el beneficio que se espera hacia 2018, los salarios más bajos, del 5 al 25% del total, verán aumentar sus ingresos unos 40 euros netos al mes. Mucho menos de lo que perderán debido a las demás medidas. ¿Y los ricos? Está la tasa a la especulación, la tasa Caimán al dinero negro en el extranjero y la lucha contra el pequeño fraude fiscal. En total supondría unos 800 millones de euros, según el gobierno. Una valoración muy optimista ya que las previsiones más admitidas calculan que estas medidas reportarán mucho menos, una minucia, a fin de cuentas.

En resumen, quien paga el pato es el trabajador ordinario, el parado, el pensionista y el enfermo. Se rascarán el bolsillo para cubrir un 83% de este «deslizamiento fiscal». El 17% restante vendrá de los ricos, si es que se llega a este porcentaje. A la inversa, el cambio fiscal sirve obedientemente a los intereses de esta clase superior. Con la disminución de las cargas patronales en la seguridad social los empresarios se embolsarán no menos de 2 mil millones de euros, que vendrán a sumarse a los muchos miles de millones acumulados durante las anteriores reformas fiscales.

¿Cómo que no hay dinero?

Es incomprensible y absolutamente escandaloso que hoy se ahorre a costa de los enfermos, los parados o los pensionistas. Bélgica es uno de los países más ricos del mundo. Los ingresos medios de un hogar con dos hijos son de casi 8 mil euros al mes.(2) No hay el menor motivo de tocar el bienestar de la población. Nuestro país y los demás países de Europa son lo suficientemente ricos como para garantizar a cada habitante unos ingresos (alternativos) generosos.

Se suelta constantemente el leitmotiv de «no hay dinero» que probablemente es la mayor mentira de la historia de la posguerra. En todo el mundo las grandes empresas están sentadas sobre una montaña de 7.000.000 millones de dólares con los que no saben qué hacer. Es, por así decirlo, un excedente de capital. En el caso de Bélgica este «excedente» asciende a varias decenas de miles de millones de euros.(3) Por consiguiente, no se trata en absoluto de una cuestión de falta de dinero. Por una parte tenemos un excedente de capital de los grandes empresarios, mientras que por otra tenemos una falta de dinero en el presupuesto del Estado. El colmo es que el propio Estado entrega sus fondos a estas empresas que no saben qué hacer con su capital y luego acuden a recuperarlos al trabajador medio y a las personas más débiles de nuestra sociedad. El Efecto Mateo (4) ha adquirido unas proporciones surrealistas.

Una sola cifra basta para aclarar la injusticia de todo este sistema del cambio fiscal en Bélgica, que asciende a un montante de 3.700 millones de euros. Comparémoslo con los 4.800 millones de euros que el año pasado se embolsaron los accionistas de la empresa InBev (una transnacional de la cerveza con sede en Bélgica). ¿Cómo que no hay dinero?

La venganza de los ricos

Para comprender lo que nos ocurre hoy en día y lo que está en juego, tenemos que examinar el aspecto histórico. El reparto de las riquezas es la cuestión socioeconómica fundamental para toda la sociedad. En la época de Daens (un célebre sacerdote católico flamenco defensor de la causa obrera), hace algo más de cien años, el abismo entre ricos y pobres era indignante. El largo y encarnizado combate social llevado a cabo por el recién nacido movimiento obrero debía permitir entonces una mejora progresiva de la desigualdad extrema en el reparto de la riqueza. Esto llegó a su punto culminante tras la Segunda Guerra Mundial. Se había vencido al fascismo, la (extrema) derecha estaba fuertemente desacreditada y el movimiento obrero era más fuerte que nunca. El miedo al comunismo forzó a las elites de la época a hacer muchas concesiones. El político socialdemócrata y ministro belga Philippe Mouraux lo expresa claramente: «¿Por que asistimos en el periodo que sigue a la guerra a un progreso social tan importante? Porque el comunismo aterrorizaba a la burguesía». (5) En esas condiciones nació y se desarrolló el Estado del bienestar.

Pero esto no agradaba a la clase dominante, que veía disminuir sensiblemente su riqueza (cfr. gráfico). Meditaba su revancha. Los ricos del planeta comprendían que de lo que había que apropiarse era del propio espíritu de la gente. Iban a invertir decenas de millones de dólares en el laboratorio de ideas más de derecha que tenía la tarea elaborar una ideología convincente como alternativa al Estado del bienestar.

Exactamente de la misma manera que los sabios más eminentes se habían reunido en la década de 1940 para desarrollar la bomba atómica, se había rogado a las cabezas pensantes más eminentes que pusieran a punto una especie de arma nuclear ideológica. (7)

Más adelante se denominaría neoliberalismo a esta ideología. Se trataba de una política socioeconómica caracterizada por una disminución del impuesto sobre el capital, el ahorro en gastos sociales, la disminución de los gastos del Estado, las privatizaciones y los intercambios comerciales libres.

Es esencial señalar aquí que, según los fundadores del neoliberalismo, la condición sine qua non para que funcione su modo de gobernanza era la neutralización del perro guardián del Estado del bienestar: los sindicatos. Así es como esta ideología socioeconómica se armó de un componente antidemocrático.

El empujoncito de la crisis

Era una ideología poderosa, pero en los años posteriores a la guerra la relación de fuerzas era desfavorable a su arraigo. Esto iba a cambiar durante la crisis económica de 1973. El fuerte paro provocó un debilitamiento importante de los sindicatos. Las ideas neoliberales, que tras la Segunda Guerra Mundial habían sido marginales, fueron lanzadas con fuerza y esta vez con éxito ya que la caída del Muro de Berlín en 1989 dio aún más impulso a esta ofensiva. Las ideas altamente asociales del neoliberalismo iban arraigando muy lentamente y se iban haciendo un hueco en la opinión pública, mientras que el movimiento obrero se ponía cada vez más a la defensiva.

En este contexto es donde hay que situar el cambio fiscal y el desmembramiento del Estado del bienestar. Hay que verlo en el marco de una ofensiva lanzada en todos los países desarrollados. Se trata de un intento de las elites (bien camuflado, es cierto) por reconquistar su «reino perdido». Además, los populistas de derecha resultan ser cada vez más hábiles en este arte del camuflaje. Actúan de manera astuta basándose en las incertidumbres y angustias de la población, y desvían la atención hacia otras cuestiones: las amenazas terroristas (que se exageran), una crisis de la emigración (autoorganizada), etc. Su ofensiva antisocial, conforme en todo a las teorías neoliberales, va acompañada de ataques a los sindicatos y de poner fuera de juego al ámbito de lo social.

No se engañen, la bulimia del capitalismo está lejos de estar saciada. El gráfico anterior muestra que las elites solo han recuperado una parte de su reino. Dependerá de las relaciones de fuerzas (es decir, de usted y de mí), y de la medida en la que puedan debilitar aún más a los sindicatos, de ver si pueden o no hacerse con más riqueza y bienestar. Cuanto más débil sea nuestra respuesta a la ofensiva antisocial, más fuerte golpearán la próxima vez. La consigna es, más que nunca, “¡manos a la obra!”.

1 La explicación oficial del cambio fiscal (tax shift) es un conjunto de medidas con el propósito para disminuir el impuesto sobre el trabajo

2 El cálculo para una familia media parte de la hipótesis de que los ingresos disponibles de la familia representan el 66% del PIB. En algunos países es más elevado, en otros menos. Las cifras tienen en cuenta las diferencias de precio entre países para los mismos productos o servicios, y expresan el poder adquisitivo real. La mediana es mucho más baja que la media, precisamente porque el 10 % de rico se apropia de una parte escandalosamente importante de los ingresos.

3 Si las empresas belgas se encuentra con un excedente más o menos comparable, entonces debe corresponder a 100.000 millones de euros.

4 El Efecto Mateo (Matthew Effect) es un término acuñado por el sociólogo estadounidense Robert K. Merton que designa los mecanismos por los cuales los más favorecidos tienden a aumentar su ventaja sobre los demás. Hace referencia al versículo 29 de la Parábola de los talentos del Evangelio según San Mateo (Mt, cap. 25, vers. 14-30): “Al que más tiene más se le dará y al que menos tiene, se le quitará para dárselo al que más tiene.”

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Movimientos sociales, partidos y sindicatos organizan una protesta europea contra el TTIP el 17-O

Alrededor de 500 organizaciones sociales, sindicatos y partidos políticos de toda Europa trabajan desde hace meses en la plataforma ‘Stop TTIP’, que coordina la oposición al tratado de libre comercio con Estados Unidos
Por Medios CC/CL -
08/10/2015

Beatriz Ríos * | Cuartopoder 


Alrededor de una decena de personas se concentra frente a la Comisión para entregar los 3 millones de firmas reunidos contra el TTIP. Alexander Garrido Delgado (Stop TTIP)

En la semana de lucha contra la deuda y coincidiendo con el Día Mundial Contra la Pobreza, el 17 de octubre, convocan decenas de manifestaciones en distintos puntos del continente contra la negociación del TTIP.cuartopoder.es ha hablado con los organizadores.

La campaña contra el Acuerdo de Asociación Trasatlántica para el Comercio y la Inversión, más conocido como TTIP por sus siglas en inglés (Transatlantic Trade and Investment Partnership), se gestó durante algo más de un año en Alemania. Sin embargo, conscientes del alcance europeo del tratado y de la preocupación por su firma en todo el continente, en la primavera de 2014 la plataforma ‘Alianza alemana contra el TTIP’ lanzó la Iniciativa Ciudadana Europea ‘Stop TTIP’. Menos de un año después, la campaña ha logrado recaudar más de tres millones de firmas y alrededor de 500 organizaciones de toda la Unión Europea prestan su apoyo a la causa. “Creo que no hemos visto algo como esto en mucho tiempo”, afirma Maritta Strasser,activista de Stop TTIP, “gente de distintos orígenes e influencias trabajando juntos”, explica orgullosa.

Hace unos meses, la Comisión Europea rechazó la validez de la iniciativa puesto que se presentaba contra una negociación en curso y no contra una legislación establecida. ‘Stop TTIP’ ha rechazado esta justificación y ha presentado en un recurso en contra. Cuestiones legales a un lado, destacan la importancia política y simbólica de la iniciativa. “Nuestra acción ha tenido un impacto y ese impacto está creciendo,” defiende Strasser. Sin embargo, se lamenta, las políticas de la UE no han cambiado. Pero ‘Stop TTIP’ no se rinde: “Seguiremos trabajando. Les preguntaremos a los políticos si están del lado de la ciudadanía o de los negocios”, sentencia.

Movimiento global, acción local

Luis Rico, miembro de Ecologistas en Acción, es el responsable de la coordinación de la acción contra el TTIP en España. Rico defiende la importancia de combinar “las luchas locales con las luchas globales”, por eso la movilización se ha estructurado en distintos niveles. “Tenemos nodos en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y también en algunos puntos de Asturias, Galicia… Hay una coordinación a nivel europeo, estatal y de nodos locales que también hacen campaña”, explica. Esa coordinación se basa en el intercambio de información para alcanzar un acuerdo de mínimos que siente las bases de la movilización.

La acción más visible es la recogida de firmas, pero no es la única que lleva a cabo este colectivo. “Las movilizaciones internacionales han sido bastante efectivas. En la última en España, participaron más de 50 ciudades,” la organización espera que el próximo 17 de octubre las manifestaciones alcancen un nivel similar. Sin embargo, las mayores acciones se han llevado a cabo en Alemania, Francia y Reino Unido. Rico culpa a los políticos y a los grandes medios por la “barrera de silencio” que se ha impuesto. “Aquí nuestros políticos no han querido hablar del TTIP”, denuncia. Además, según el coordinador nacional de Stop TTIP, los países del sur concentraban sus fuerzas “en otras luchas”, concretamente contra las medidas de austeridad, “y han tardado más en responder”. Esa respuesta, afirma Luis Rico, empieza a tomar fuerza ahora. En este sentido, Rico destaca la proclamación de Barcelona como ‘zona de exclusión del TTIP’, una iniciativa bastante extendida en Europa y que, aunque simbólica, “sirve para presionar a la Comisión”.

La lucha contra el TTIP, una cuestión de democracia



Un activista disfrazado de Juncker porta una pancarta “No hay opción democrática alguna contra los tratados de la UE.” / Alexander Garrido Delgado (Stop TTIP)

Para Maritta Strasser, la clave en el éxito de la movilización reside en que la lucha contra el TTIP es una lucha por la democracia, ya que “el tratado reduce nuestra capacidad de decidir”. De ser aprobado “perderíamos derechos sociales y medioambientales en favor de las grandes empresas”, denuncia por su parte Luis Rico.

El activista explica que son precisamente las grandes corporaciones quienes han apoyado el proyecto desde el principio y que llevan preparando “desde el años 1995, que fue cuando se creó el Diálogo Social transatlántico, una serie de empresas haciendo lobby precisamente por este tratado”. Según Rico, al reunirse en su mayoría con grandes compañías, tal y como la plataforma denuncia, la Comisión no hace sino confirmar esta hipótesis. Ante tal circunstancia, el representante de ‘Stop TTIP’ lo tiene claro, para que la ciudadanía logre influir en el contenido de las negociaciones “la movilización es fundamental”.

Tanto es así que según los organizadores de esta iniciativa, es gracias a las diferentes acciones que han coordinado y al apoyo de la ciudadanía que la Comisión avanza mucho más lentamente en las negociaciones. La Comisión “no puede obviar que la gente está saliendo a la calle, que se está organizando para recaudar firmas, que está criticando todo lo que está pasando”, sentencia Rico.

El TTIP, protagonista de las Marchas Europeas

Las Marchas Europeas llegarán a Bruselas el próximo día 15 de octubre. También la lucha contra el TTIP estará presente en las marchas. “Son estas políticas neoliberales las que tienen en común toda esa generación de pobreza y miseria”, denuncia Luis Rico. De alguna manera, la lucha contra el TTIP es solo un reflejo de una lucha mucho más amplia “contra la política comercial de la Unión Europea”. Esto se explica principalmente por el riesgo de privatizaciones masivas que, denuncia la plataforma, supondría la firma del tratado. Es por eso que, considera Rico, las Mareas en defensa de la educación o la sanidad públicas se encuentran representadas en la iniciativa ‘Stop TTIP’. “La campaña contra el TTIP trata de ser un paraguas de lucha común para muchas de esas luchas que al final están muy relacionadas,” concluye.

Con el objetivo de aunar fuerzas y denunciar no solo el TTIP sino el sistema en el que este tratado tiene cabida y que según la plataforma pone en peligro los derechos sociales, laborales y medioambientales de los ciudadanos europeos, se han organizado las concentraciones del próximo día 17. “Al final cuando la gente está en la calle y da batalla, hace mucho más difícil que se pueda legislar en favor de las grandes empresas”, sentencia.
(*) Beatriz Ríos es periodista.

Olor a "querosén"

URUGUAY

Se derramaron 200 mil litros de combustibles sobre el Río Uruguay

PAYSANDÚ (Uypress) -Esta cifra es el doble de lo informado inicialmente y, según buzos de la Armada, el siniestros se produjo por el impacto de un tronco que provocó roturas y desplazamientos de tuberías.

08.10.2015

imagen del contenido Se derramaron 200 mil litros de combustibles sobre el Río Uruguay

El accidente en la boya de Ancap frente a Paysandú provocó el derrame de 200 mil litros de combustible sobre el Río Uruguay y no 100 mil como se informó en un principio, según fuentes de la investigación citadas por el diario El País.
Esta cantidad equivale a 200 metros cúbicos que, según la misma fuente, fueron derramados entre la 1 y 1:25 de la madrugada de ese viernes (2 de setiembre). Hasta este martes, Prefectura detectaba un "goteo" de gasoil que continuaba manando.
De acuerdo al matutino, un "equipo de buzos de la Armada detectó que la rotura se produjo en la cañería de metal y que también hubo desplazamiento de la válvula que encastra con la manguera flexible, presumiblemente por el impacto de un tronco".
Además, un equipo de la Dirección Nacional de Medio Ambiente sobrevoló el Río Uruguay en un avión de la Armada y tomó muestras de diferentes puntos de la corriente de agua.
El siniestro ocurrió en la madrugada del viernes y prefectura fue notificada en la mañana de ese día, mientras que OSE se enteró de lo sucedido a las 16 horas por las quejas de los usuarios que sentían olor a "querosén", explicó el encargado de relaciones públicas de la Armada, el capitán de navío Jorge Juansolo.

8 oct 2015

CONDOR Y CONDORITO

El ex dictador Gregorio Álvarez continúa internado y podría no volver a Domingo Arena
Padece una parálisis y problemas de estabilidad y equilibrio; en esta situación se ve impedido de enfrentar el tribunal de honor al que fue sometido en 2014.

MONTEVIDEO (Uypress)  08.10.2015

Foto: ArchivoDERECHOS HUMANOS

El ex dictador Gregorio Álvarez no volverá al Centro de Reclusión N° 8 donde cumplen sus penas los violadores a los derechos humanos. Todo indica que el "Goyo", después de 80 días de internación -ingresó al Hospital Militar en junio de este año con un cuadro de parálisis- no encuentra las condiciones mínimas para cuidar su salud en Domingo Arena.

Con casi 90 años, el ex dictador ya no tiene pertenencias en el centro de reclusión, según fuentes citadas por La Diaria. Sus allegados, además, según informa el matutino, aducen problemas de estabilidad y falta de equilibrio y otras fuentes afirman que el "Goyo" no responde las preguntas que se le hacen debido a una parálisis.

Esta situación impide que el ex dictador se someta al tribunal de honor donde los militares juzgan su "conducta moral" y "comportamiento ético" y concluyen si un miembro de las Fuerzas Armadas no representó con "honestidad y ética" su función.

El tribunal de honor fue creado por el propio Álvarez a cuatro días de abandonar el Gobierno (8 de febrero de 1985) y fue sometido a este por una resolución firmada por el ex presidente José Mujica y el ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, en enero del 2014.

Gregorio "Goyo" Álvarez fue condenado a 25 años de prisión por "37 delitos de homicidio muy especialmente agravados", perpetrados en el marco del Plan Cóndor.
Amodio Pérez cumplirá su pena en prisión domiciliaria

EX TUPAMARO

MONTEVIDEO (Uypress) -El informe forense afirma que se trata de una persona “vulnerable” que debe ser “cuidada y controlada” y afirma que debe contar con una urgencia móvil y controles periódicos de sus parámetros funcionales.




La jueza Julia Staricco, a pedido de la fiscal Stella LLorente y después de analizar el informe forense, decretó la prisión domiciliaria para el ex tupamaro Héctor Amodio Pérez después de 23 días de reclusión en el cuarto piso del Centro de Diagnóstico y Derivación del Instituto nacional de Rehabilitación (ex Cárcel Central).

El ex MLN fue procesado con prisión el 14 de septiembre por "reiterados delitos de privación de libertad" en una causa iniciada por 28 mujeres en 2011.
Según el informe del médico forense Guillermo López, Pérez no tiene patologías que pongan en riesgo su vida pero entiende que "es una persona vulnerable que debe ser cuidada y controlada".

"A su vez, se entendió que eran necesarios el tener una urgencia móvil según necesidad, una internación en una mutualista y hospital de salud pública, como también el control periódico de sus parámetros funcionales con los estudios que fueron necesarios", agrega el documento.

En base a este cuadro, Staricco autorizó al prisión domiciliaria bajo custodia de la Oficina de Supervisión de Libertad Asistida (OSLA).

eb

Los nuevos Estados de vigilancia

Ignacio Ramonet

La idea de un mundo situado bajo “vigilancia total” ha parecido durante mucho tiempo un delirio utópico o paranoico, fruto de la imaginación más o menos alucinada de los obsesos de la conspiración. Sin embargo, hay que reconocer la evidencia: vivimos, aquí y ahora, bajo la mirada de una especie de imperio de la vigilancia. Sin que lo sepamos, cada vez más nos observan, nos espían, nos vigilan, nos controlan, nos fichan. Cada día, nuevas tecnologías se refinan en el seguimiento de nuestro rastro. Empresas comerciales y agencias publicitarias registran nuestra vida. Pero, sobre todo, bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo o contra otras plagas (pornografía infantil, blanqueo de dinero, narcotráfico), los Gobiernos –incluidos los más democráticos– se erigen en Gran Hermano y ya no dudan en infringir sus propias leyes para espiarnos mejor. En secreto, los nuevos Estados orwellianos buscan establecer ficheros exhaustivos de nuestros contactos y de nuestros datos personales tal y como figuran en diferentes soportes electrónicos.

Tras la ola de ataques terroristas que ha golpeado, desde hace algunos años, ciudades como Nueva York, París, Boston, Ottawa, Londres o Madrid, las autoridades no han dudado en utilizar el gran pavor de las sociedades conmocionadas para intensificar la vigilancia y para reducir más la protección de nuestra vida privada.

Entendámonos: el problema no es la vigilancia en general, es lavigilancia masiva clandestina. Es evidente que, en un Estado democrático, las autoridades cuentan con toda la legitimidad, basándose en la ley y con la autorización previa de un juez, para poner bajo vigilancia a cualquier persona que consideren sospechosa. Como dice Edward Snowden: “No hay ningún problema si se trata de poner bajo escucha a Osama Bin Laden. Siempre que los investigadores tengan que disponer del permiso de un juez –un juez independiente, un juez auténtico, no un juez secreto–, y puedan probar que existe una buena razón para emitir una orden, entonces pueden llevar a cabo ese trabajo. El problema se plantea cuando nos controlan a todos, en masa, todo el tiempo y sin ninguna justificación” (1).

Con ayuda de algoritmos cada vez más perfeccionados, miles de investigadores, de ingenieros, de matemáticos, de estadistas y de informáticos buscan y clasifican la información que generamos sobre nosotros mismos. Satélites y drones de mirada penetrante nos siguen desde el espacio. En las terminales de los aeropuertos, escáneres biométricos analizan nuestros andares, “leen” nuestro iris y nuestras huellas digitales. Cámaras de infrarrojos miden nuestra temperatura. Las pupilas silenciosas de las cámaras de vídeo nos escrutan en las aceras de las ciudades o en los pasillos de los hipermercados. También siguen nuestra pista en el trabajo, en las calles, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en los aparcamientos, en los ascensores, en los centros comerciales, en las carreteras, en las estaciones, en los aeropuertos...

Cabe señalar que la inimaginable revolución digital que vivimos, que ya ha transformado tantas actividades y profesiones, también ha trastornado totalmente el ámbito de los servicios de información y de la vigilancia. En la época de Internet, la vigilancia ha pasado a ser algo omnipresente y perfectamente inmaterial, imperceptible, “indetectable”, invisible. Además, se caracteriza técnicamente por una simplicidad pasmosa. Se acabaron los trabajos de albañilería para instalar cables y micrófonos, como en la célebre película La Conversación (2), donde podíamos ver cómo un grupo de “fontaneros” presentaba, en un Feria consagrada a las técnicas de vigilancia, ‘chivatos’ más o menos elaborados equipados con cajas rebosantes de cables eléctricos que había que esconder en los muros o en el suelo...

Varios estrepitosos escándalos de esa época –el caso Watergate en Estados Unidos, el de los “fontaneros de Le Canard enchaîné” en Francia–, fracasos humillantes para las oficinas de los servicios de información, demostraron los límites de estos antiguos métodos mecánicos, fácilmente detectables y localizables.

Hoy en día, poner a alguien bajo escucha ha pasado a ser algo de una facilidad desconcertante. Al alcance del primero que llega. Una persona normal y corriente que quiera espiar a alguien de su entorno puede encontrar en venta libre en el comercio un amplio abanico de opciones: nada menos que media docena de programas informáticos para espiar (mSpy, GsmSpy, FlexiSpy, Spyera, EasySpy) que “leen” sin problemas los contenidos de los teléfonos móviles: mensajes de texto, correos electrónicos, cuentas en Facebook, Whatsapp, Twitter, etc. Con el auge del consumo en línea, la vigilancia de tipo comercial también se ha desarrollado enormemente, dando lugar a un gigantesco mercado de nuestros datos personales, que se han convertido en mercancías. Durante cada una de nuestras conexiones a una página web, las cookies guardan el conjunto de las búsquedas realizadas y permiten establecer nuestro perfil de consumidor. En menos de veinte milésimas de segundo, el editor de la página visitada vende a los posibles anunciantes la información que nos concierne revelada por las cookies. Apenas unas milésimas de segundo más tarde, la publicidad que se supone que causa más impacto en nosotros aparece en nuestra pantalla. Y así quedamos ya fichados definitivamente.

De alguna manera, la vigilancia se ha “privatizado” y “democratizado”. Ya no es un asunto reservado sólo a los servicios estatales de información. Pero, a la vez, la capacidad de los Estados en materia de espionaje masivo ha crecido de modo exponencial. Y esto también se debe a la estrecha complicidad entablada con las grandes empresas privadas que dominan las industrias de la informática y de las telecomunicaciones. Julian Assange lo afirma: “Las nuevas sociedades como Google, Apple, Amazon y, más recientemente, Facebook han tejido estrechos vínculos con el aparato de Estado en Washington, en particular con los responsables de Asuntos Exteriores” (3). Este Complejo de la seguridad y de lo digital –Estado + aparato militar de seguridad + industrias gigantes de la Web– constituye un auténtico imperio de la vigilancia cuyo objetivo, muy concreto y muy claro, es poner Internet, todo Internet y a todos los internautas bajo escucha. Para controlar la sociedad.

Para las generaciones de menos de cuarenta años, la Red es, simplemente, el ecosistema en el que han pulido su mente, su curiosidad, sus gustos y su personalidad. Desde su punto de vista, Internet no es sólo una herramienta autónoma que se utilizaría para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual donde se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, de forma simultánea, un ágora sin límites, un foro donde las personas se reúnen, dialogan, intercambian y adquieren, a menudo de forma compartida, una cultura, conocimientos, valores.

Internet representa, a ojos de estas nuevas generaciones, lo que era para sus mayores, de forma simultánea, la escuela y la biblioteca, el arte y la enciclopedia, la polis y el templo, el mercado y la cooperativa, el estadio y el escenario, el viaje y los juegos, el circo y el burdel... Es tan fabuloso que “el individuo, en su placer por evolucionar en un universo tecnológico, no se preocupa por saber, y menos aún por comprender, que las máquinas gestionan su día a día. Que cada uno de sus actos y gestos es grabado, filtrado, analizado y, eventualmente, vigilado. Que, lejos de liberarlo de sus obstáculos físicos, la informática de la comunicación constituye sin duda la herramienta de vigilancia y de control más increíble que el ser humano haya podido crear jamás” (4).

Este intento de control total de Internet representa un peligro inédito para nuestras sociedades democráticas: “Permitir la vigilancia de Internet –afirma Glenn Greenwald, el periodista estadounidense que difundió las revelaciones de Edward Snowden– viene a ser lo mismo que someter a un control estatal exhaustivo prácticamente todas las formas de interacción humana, incluido el pensamiento propiamente dicho” (5).

Ésta es la gran diferencia con los sistemas de vigilancia que existían antes. Sabemos, desde Michel Foucault, que la vigilancia ocupa una posición central en la organización de las sociedades modernas. Éstas son “sociedades disciplinarias” donde el poder, por medio de técnicas y de estrategias complejas de vigilancia, busca ejercer el mayor control social posible (6).

Esta voluntad por parte del Estado de saberlo todo sobre los ciudadanos está legitimada políticamente por la promesa de una mayor eficacia en la administración burocrática de la sociedad. Así, el Estado afirma que será más competitivo y, por lo tanto, servirá mejor a los ciudadanos si los conoce mejor, de la forma más profunda posible. Sin embargo, al haber pasado a ser cada vez más invasiva, la intrusión del Estado ha terminado provocando, desde hace tiempo, un creciente rechazo entre los ciudadanos que aprecian el santuario de la vida privada. Desde 1835, Alexis de Tocqueville señalaba ya que las democracias modernas de masas producen ciudadanos privados cuya principal preocupación es la protección de sus derechos. Y que esto hace que sean particularmente quisquillosos y belicosos contra las pretensiones intrusivas y abusivas del Estado (7).

Esta tradición se prolonga en la actualidad en la persona de los “lanzadores de alertas”, como Julian Assange y Edward Snowden, ambos perseguidos ferozmente por Estados Unidos. Y, en defensa de ellos, el gran intelectual estadounidense Noam Chomsky afirma: “Para estos ‘lanzadores de alertas’, su lucha por una información libre y transparente es una lucha casi natural. ¿Tendrán éxito? Depende de la gente. Si Snowden, Assange y otros hacen lo que hacen, lo hacen en su calidad de ciudadanos. Están ayudando al público a descubrir lo que hacen sus propios Gobiernos. ¿Existe acaso una tarea más noble para un ciudadano libre? Y se los castiga severamente. Si Washington pudiera echarles el guante, sería peor aún. En Estados Unidos existe una ley de espionaje que data de la Primera Guerra Mundial; Obama la ha usado para evitar que la información difundida por Assange y Snowden llegue al público. El Gobierno va a intentarlo todo, incluso lo indecible, para protegerse de su ‘enemigo principal’. Y el ‘enemigo principal’ de cualquier Gobierno es su propia población” (8).

En la era de Internet, el control del Estado alcanza dimensiones alucinantes, ya que, de una manera o de otra, como ya se ha dicho, confiamos a Internet nuestros pensamientos más personales e íntimos, tanto profesionales como emocionales. Así, cuando el Estado, con ayuda de tecnologías súper poderosas, decide pasar a escanear nuestro uso de Internet, no sólo rebasa sus funciones, sino que, además, profana nuestra intimidad, deshuesa literalmente nuestro espíritu y saquea el refugio de nuestra vida privada.

Sin saberlo, a ojos de los nuevos “Estados de vigilancia”, nos convertimos en clones del héroe de la película El Show de Truman (9), expuestos en directo a la mirada de miles de cámaras y a la escucha de miles de micrófonos que exponen nuestra vida privada a la curiosidad planetaria de los servicios de información.

A este respecto, Vince Cerf, uno de los inventores de la Web, considera que “en la época de las tecnologías digitales modernas, la vida privada es una anomalía...”(10). Leonard Kleinroc, uno de los pioneros de Internet, es aún más pesimista: “Básicamente –considera–, nuestra vida privada se ha acabado y, por así decirlo, es imposible recuperarla” (11).

Por una parte, muchos ciudadanos se resignan, como si de una especie de fatalidad de la época se tratara, al fin de nuestro derecho al anonimato. Por otra parte, esta preocupación de defender nuestra vida privada puede parecer reaccionaria o “sospechosa” porque sólo aquellos que tienen algo que esconder intentan esquivar el control público. Por lo tanto, las personas que consideran que no tienen nada que reprocharse ni nada que ocultar, no son hostiles a la vigilancia del Estado. Sobre todo si ésta, tal y como lo prometen y lo repiten las autoridades, está acompañada por una ganancia sustancial en materia de seguridad. Sin embargo, este discurso –“Dadme un poco de vuestra libertad, os la devuelvo centuplicada en garantía de seguridad.”– es una estafa. La seguridad total no existe, no puede existir. Es un engaño. Sin embargo, la “vigilancia total” se ha convertido en una realidad indiscutible.

Contra la estafa de la seguridad, cantinela constante de todos los poderes, recordemos la lúcida advertencia lanzada por Benjamin Franklin, uno de los autores de la Constitución estadounidense: “Un pueblo dispuesto a sacrificar un poco de libertad por un poco de seguridad no merece ni lo primero ni lo segundo. Y acaba perdiendo las dos”.

Una sentencia de perfecta actualidad y que debería animarnos a defender nuestro derecho a la vida privada, cuya principal función no es otra que proteger nuestra intimidad. Jean-Jacques Rousseau, filósofo de la Ilustración y primer pensador que “descubrió” la intimidad, nos dio el ejemplo. ¿No fue él también el primero en rebelarse contra la sociedad de su tiempo y contra su voluntad inquisidora de querer controlar la conciencia de los individuos?
“El fin de la vida privada sería una auténtica calamidad existencial”, ha subrayado igualmente la filósofa contemporánea Hanna Arendt en su libro La condición humana (12). Con una formidable clarividencia, en su obra señala los peligros para la democracia de una sociedad donde la distinción entre la vida privada y la vida pública estaría establecida de forma insuficiente, lo que, según Arendt, significaría el fin del hombre libre. Y arrastraría a nuestras sociedades, de manera implacable, hacia nuevas formas de totalitarismo.

(1) Katrina van den Heuvel et Stephen F. Cohen, ? “Edward Snowden: A ‘Nation’ Interview”, The Nation, Nueva York, 28 de octubre de 2014.
(2) La Conversación (The Conversation), 1973. Dirección: Francis F. Coppola. Intérpretes: Gene Hackman, John Cazale, Cindy Williams, Harrison Ford, Robert Duvall. Palma de Oro 1974 en el Festival de Cannes.
(3) Ignacio Ramonet, “Entrevista a Julian Assange: ‘Google nos espía e informa al Gobierno de Estados Unidos’”, Le Monde diplomatique en español, diciembre de 2014.
(4) Jean Guisnel en su prefacio al libro de Reg Whitaker, Tous fliqués. La vie privée sous surveillance, Denoël, París, 2001 (en español: El fin de la privacidad. Cómo la vigilancia total se está convirtiendo en realidad, Paidós, Barcelona, 1999).
(5) Glenn Greenwald, No place to hide. Edward Snowden, the NSA, and the US Surveillance State, Metropolitan Books, Nueva York, 2014.
(6) Michel Foucault, Vigilar y castigar, Biblioteca Nueva, Madrid, 2012.
(7) Alexis de Tocqueville, La democracia en América, Akal, Madrid, 2007.
(8) Ignacio Ramonet, “Entrevista con Noam Chomsky: Contra el imperio de la vigilancia”, Le Monde diplomatique en español, abril de 2015.
(9) El Show de Truman (The Truman Show) (1998). Dirección: Peter Weir. Intérpretes: Jim Carrey, Ed Harris.
(10) Marianne, París, 10 de abril de 2015.
(11) El País, Madrid, 13 de enero de 2015.
(12) Hanna Arendt, La condición humana, Paidós, Barcelona, 2005.

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