Por Ana María Careaga26 de junio de 2019

Lo único que recuerdo con nitidez de aquel día es tu imagen. Estabas sentada en una silla, al lado de la mesa en la ochava del hall de entrada. La puerta de casa estaba abierta y yo estaba en la vereda, jugando a ganarle carreras a mi sombra que acababa de cumplir siete años, igual que yo.

Lo único que recuerdo con nitidez de aquel día es tu imagen. Estabas sentada en una silla, al lado de la mesa en la ochava del hall de entrada. La puerta de casa estaba abierta y yo estaba en la vereda, jugando a ganarle carreras a mi sombra que acababa de cumplir siete años, igual que yo.



