Por Alejandro Slokar
10 de diciembre de 2025

El presente de nuestra latitud se dibuja desde un pergamino de potencias, despojo y represión. Dos grandes mareas —la revolución mercantil del siglo XVI y la industrial del XVIII— nos legaron el mapa jerárquico del mundo. Desde entonces, el colonialismo y su recomposición neocolonial operaron con el método más antiguo: expulsión, trabajo forzado, disciplinamiento de cuerpos y territorios. De esa matriz provino una expropiación eco-biopolítica que convirtió al Sur en zona de sacrificio: patio trasero, cantera, sumidero. Hoy esa gramática se actualiza con disfraz reluciente: un tardocolonialismo 4.0, transhumanista y algorítmico, que encubre la vieja coacción con nueva pulcritud técnica y reinstala, en versión “smart”, la tríada depredación, degradación y violencia.

