Carmen Parejo Rendón
27 feb 2026
El exteniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero en el Congreso el 23 de febrero de 1981.Bettmann / Gettyimages.ru
Durante décadas, el 23F fue comprimido en una imagen: un teniente coronel entrando pistola en mano en el Congreso y gritando "¡Quieto todo el mundo!". La fotografía congeló la memoria colectiva y redujo un proceso político complejo a un gesto teatralizado. El tricornio, la capa, la irrupción, los disparos al techo. Incluso hubo un punto de caricatura exterior en aquella escena: para una parte de la prensa internacional, poco familiarizada con la estética de la Guardia Civil, aquella figura con sombrero rígido y de charol llegó a confundirse con la imagen de un torero o de alguien disfrazado. Es natural: quien desconocía la trayectoria histórica de ese cuerpo podía leer la escena como una extravagancia folclórica española.
Durante décadas, el 23F fue comprimido en una imagen: un teniente coronel entrando pistola en mano en el Congreso y gritando "¡Quieto todo el mundo!". La fotografía congeló la memoria colectiva y redujo un proceso político complejo a un gesto teatralizado. El tricornio, la capa, la irrupción, los disparos al techo. Incluso hubo un punto de caricatura exterior en aquella escena: para una parte de la prensa internacional, poco familiarizada con la estética de la Guardia Civil, aquella figura con sombrero rígido y de charol llegó a confundirse con la imagen de un torero o de alguien disfrazado. Es natural: quien desconocía la trayectoria histórica de ese cuerpo podía leer la escena como una extravagancia folclórica española.

