29 jun 2014

México, un paraíso fiscal para mineras canadienses

LA JORNADA – México se ha convertido en paraíso fiscal para las empresas mineras de Canadá –que dominan la extracción de oro y plata en el país–, porque éstas sólo aportan al fisco el pago de derechos sobre concesiones, como se establece en el artículo 27 de la ley en la materia.
En el primer año de operación esos consorcios pagan 5.70 pesos por el uso de una hectárea; en el tercer y cuarto años de vigencia de la concesión, ocho pesos 52 centavos. El décimo año se aplica la cuota más elevada por usos de hectárea de 124 pesos 74 centavos.
Un análisis de la industria minera, elaborado por la Comisión Nacional para la Atención de los Pueblos Indígenas, de la Secretaría de Gobernación, advierte que los canadienses han encontrado, literalmente, una mina de oro en México, por el exceso de apertura fiscal que tiene como único propósito atraer inversiones a costa del deterioro ambiental y social.
Esta situación la presenta el Frasier Institute, de Canadá, en el estudio Survey of mining companies 2011-2012, en el cual señala que de la década de los 90 del siglo pasado a la fecha se han entregado en concesión 96 millones de hectáreas para la explotación minera, y de ese total 60 por ciento lo ocupan empresas de aquel país.
México se encuentra ubicado en quinto lugar, de un total de 94 países, por su potencial minero. Y la empresa Gold Corp de Vancouver –cuyos objetivos son el descubrimiento y adquisición de yacimientos auríferos que tengan potencial de convertirse en minas de oro de gran tonelaje– pondera las ventajas de instalarse en territorio nacional:
México tiene un riesgo-país bajo y está clasificado como el cuarto en el mundo para inversiones mineras favorables; tiene estabilidad política y financiera, así como sistemas legales y contables estilo norteamericano; tiene baja tasa de impuestos y carece de regalías mineras; permite compañías extranjeras, la propiedad extranjera y la repatriación de capital; tiene fuerte apoyo gubernamental, burocrático, y el sector público para la minería cuenta con una fuerza laboral bien entrenada y experimentada, y se encuentra fácilmente disponible.
Este reconocimiento de ventajas para el desarrollo de la industria minera se manifiesta en las pingües ganancias de las compañías canadienses.
El valor anual pagado por la explotación de los metales representa costos porcentuales insignificativos respecto de las utilidades anuales:
Para la empresa First Majestic Silver Corp, la concesión de 4 mil hectáreas de la mina de plata La Encantada, en Coahuila, con cuatro años de operación a un valor anual de 17.4 pesos, representa un monto anual pagado al erario de 68 mil 160 pesos, lo cual equivale a 0.004 por ciento de sus utilidades brutas, estimadas en mil 464 millones 679 mil pesos.
Con Fortuna Silver Mine Inc., la concesión de 30 mil hectáreas de la mina de oro y plata San José, en Oaxaca, con nueve años de operación a un valor anual de 141 pesos 76 centavos, que representa una contribución al erario de 4 millones 252 mil 800 pesos, sólo representa 0.20 por ciento de sus utilidades brutas, que son equivalentes a 2 mil 124 millones 636 mil pesos.
En el caso de Timmins Gold Corp., la concesión de 70 mil 986 hectáreas de la mina de oro TMM Frac. 1, en Sonora, con un año de operación a un valor anual de 11 pesos 40 centavos, representa un monto para el erario de 809 mil 244 pesos, cantidad equivalente a 0.039 por ciento de sus utilidades brutas, calculadas en 2 mil millones 61 mil pesos.
Para Starcore International Mines Ltd., la concesión de 12 mil 992 hectáreas de la mina de oro y plata San Martín, en Querétaro, con 22 años de operación a un valor anual de 249 pesos 48 centavos, representa un monto anual pagado al erario de 3 millones 241 mil 244 pesos, equivalentes a 0.44 por ciento de sus utilidades brutas, que totalizan 722 millones 982 mil pesos.
En el caso de Aurico Gold Inc., la concesión de 3 mil 665 hectáreas de la mina de oro El Chanate, en Sonora, con seis años de operación a un valor anual de 35.24 pesos, representa un monto anual pagado al erario de 129 mil 154 pesos, que equivale a 0.013 por ciento de sus utilidades brutas, que suman 2 mil 933 millones 388 mil pesos.
Y para Agnico-Eagle Mines Limited, la concesión de 56 mil hectáreas de la mina de oro Pinos Altos, en Chihuahua, con cuatro años de operación a un valor anual de 17 pesos cuatro centavos, representa un monto pagado al erario de 954 mil 240 pesos, lo cual equivale a 0.016 por ciento de sus utilidades brutas, que alcanzan 5 mil 716 millones 177 mil pesos.
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Últimos procesados por la Justicia Militar

Últimos procesados por la Justicia Militar

29 de junio de 2014 
POR ROGER RODRIGUEZ
CRÓNICAS DE 30 AÑOS EN PERIODISMO
La tapa del primer ejemplar de La Voz, 21 de junio de 1984.La tapa del primer ejemplar de La Voz, 21 de junio de 1984.
HACE HOY 30 AÑOS LA DICTADURA NOS METÍA PRESOS
Últimos procesados por la Justicia Militar

El 21 de junio de 1984 salía el primer ejemplar de LA VOZ de la Mayoría, la publicación con la que los periodistas que integrábamos el equipo del semanario Convicción, clausurado por la dictadura, volvíamos a los quioscos en aquellos días en que se luchaba por la libertad de expresión frente a la represión, la censura y las clausuras que decretaba una y otra vez una dictadura en retirada.
LA VOZ era un nombre que tenía registrado Alexis Jano Ros, entonces de 24 años (como yo), para hacer una publicación barrial en la zona de Lezica y Colón. Convicción había sido clausurado el 4 de mayo, por publicar la primer entrevista a Wilson Ferreira Aldunate antes de que volviera a Uruguay el 16 de junio y lo metieran preso junto a su hijo Juan Raúl Ferreira.
Durante un mes y medio la barra de Convicción había sobrevivido (era el único sustento de muchas familias) con una olla popular bancada por sindicatos y organizaciones que se sentían reflejadas y apoyaban a aquella publicación que impulsada por el PCU, el PS, la CBI, la UITA y otros, había surgido como una herramienta de organización del flamante Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT) y reflejaba el cooperativismo de FUCVAM.
Aquel jueves 21, la tapa de LA VOZ editorializaba: “En momentos inciertos de la vida nacional, con un régimen de fuerza claramente distanciada y hasta opuesto al sentimiento colectivo, en que las libertades quedan sujetas a arbitrarias interpretaciones y el pueblo trabajador se encuentra privado de sus derechos más elementales, nace LA VOZ DE LA MAYORIA como expresión de fe en el destino nacional de libertad y justicia”.
Aquella portada tenía un colgado que contaba “La Interpartidaria analizó actitud ante el diálogo” y el título “Realizarán jornada cívica el próximo 27”.  Se incluía una crónica mía sobre el regreso de Wilson en el Mar del Plata II, un informe de juristas norteamericanos que tildaban a Uruguay de “nación de prisioneros”, un artículo de Hugo Alfaro sobre Quijano, un artículo que denunciaba que a Zelmar y Toba los gatilló un uruguayo y la noticia de que el sindicalista Rosario Pietraroia sería liberado.
De hecho, LA VOZ era uno de los pocos medios que reflejaban la posición de la Intersocial (las organizaciones sociales, estudiantiles y sindicales), cuando comenzaba a gestarse la negociación que terminaría en el pacto del Club Naval. El paro cívico en el aniversario del golpe de Estado era todo un desafío al régimen que el 1º de mayo había presentado un documento para reanudar las fracasadas negociaciones del Parque Hotel. El Goyo Álvarez estaba cayendo, pero aún sobrevivía...

EN “CLANDESTINIDAD”
El informe que Eduardo “Picho” Varela había escrito en base al documento de los juristas estadounidenses sobre la situación de los derechos humanos en Uruguay era durísimo. Describían la tortura a los estudiantes detenidos en 1983, la condición carcelaria, las golpizas, la sanción de visitas, la falta de libertad de expresión, las clausuras, la persecución sindical, etc. También condenaba la connivencia con la dictadura de la Embajada en Montevideo de la administración Ronald Reagan.
En la misma página, se publicó otra información (un recuadro a dos columnas) que advertía: “La salud de ambas es delicada” y titulaba “Familiares piden la libertad de Nélida Fontora y Graciela Jorge”. Escribí ese artículo en forma casi automática, basado en un comunicado que me habían hecho llegar integrantes de las organizaciones de presos políticos. Se describía las enfermedades que ambas presas políticas sufrían en Punta de Rieles y se pedía que las liberaran, alentando una amnistía general e irrestricta.
Casi una semana después, el 26 de junio, Alexis Jano quien asumió como Director y Redactor Responsable de la publicación (no podían serlo Enrique Alonso Fernández ni ninguno que hubiera figurado en Convicción) fue citado por el Juez Militar de Instrucción, Capitán de Navío Ricardo Moreno. Alexis entró al juzgado ubicado en 8 de Octubre y Jaime Cibils, pero no salió. Quedó detenido en Jefatura, a la vez que supimos que había un citatorio a mi nombre.
Entonces comenzamos a preocuparnos y, hasta establecer una estrategia de defensa, se decidió que pasara “a la clandestinidad”. Esa noche me cobijé en la casa de una amiga del “Gato” Walter Vázquez. Llamé a Sara y le dije, rezongándola: “Te pido que vayas al fondo y ordenes todo eso que es un quilombo. No puede ser que yo me mate laburando y en casa esté todo desordenado”. Sara entendió. Buena parte de mis iniciales archivos sobre derechos humanos y otras anotaciones fueron trasladados a la casa de un familiar. Otros, ardieron…
Un “camello” de la policía hizo guardia en la puerta, esperándome... Cuando amanecía, los policías timbraron a la casa de mis suegros, donde vivíamos. Sara atendió medio dormida (no le creo en realidad que haya pegado un ojo en toda la noche). “Venimos a buscar a Juan Roger Rodríguez”, le comunicaron. “No está”, respondió. “Tiene que estar porque no lo vimos entrar ni salir en toda la noche”, retrucó el milico. “Y yo que sé dónde puede estar -protestó mi esposa-... debe andar emborrachándose con alguno de sus amigotes, como siempre”. El policía la miró, se sonrojó, le pidió disculpas y se fue...

La información que denunciaba mal trato a presas políticas en Punta de Rieles.La información que denunciaba mal trato a presas políticas en Punta de Rieles.
MALDONADO Y PARAGUAY
A primera hora del 27 de junio, a once años del golpe de Estado, varias personas nos movíamos en los alrededores del Bar Capitol, en 18 de Julio y Vázquez. Apenas abrieron entramos por separado para coincidir en la misma mesa. Alonso Fernández, Ernesto de los Campos, Jorge Lorenzo, Víctor Vaillant, el maestro Sila, Miguel Flores y Sara, que me había traído ropas para cambiarme en lo del Gaucho Moura, que vivía a una cuadra.
“Que se ponga medias gruesas, championes, vaquero, buzo de lana y algo bien abrigado... sin cinturón y sólo con la cédula de identidad”, había pedido mi abogado, Hugo Batalla, quien también había sido abogado del general Líber Seregni. Debo reconocer que no lo sentí como un buen pronóstico, pero obedecí al líder de la Lista 99, a quien por esas horas desproscribirían junto al socialista José Pedro Cardoso y el fidelista Francisco Rodríguez Camuso, quienes junto al democristiano Juan Young, serían los rostros del Frente Amplio
En su auto, Hugo Batalla me llevó a la sede de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII), a quien habían encargado mi detención. Hugo me dijo que entrara por la puerta de la calle Paraguay (donde actualmente funciona Interpol), que me identificara, presentara mi documento y que no tuviera miedo, que yo tenía la razón, que no iba a pasar nada y que me iba a ir bien... Le hice caso, aunque por un momento, confieso, dudé en salir de allí lo más rápido posible.
Vestido de championes, vaquero, camiseta gruesa, polera de lana y una campera de gabardina, portando en mi mano la cédula de identidad, me presenté a la ventanilla de quien estaba de guardia y me identifiqué. “Me dijeron que me presentara aquí”, dije con timidez. “Espere”, me dijo en ese tono neutro policial y comenzó a averiguar con un intercomunicador. “Departamento 2...(estática) Se presenta Rodríguez Juan, cedula de identidad 1.651.576. (estática) ¿Allí lo buscan?”... Y, luego de un silencio corto que me pareció largo,... “Negativo”.
Siguió con las otras dependencias y el diálogo se repitió. Nadie parecía buscarme. “No debe ser acá” dijo y me devolvió la cédula. Me disponía a salir, con un gesto de hombros de “yo lo intenté”, cuando sonó un timbrazo en el intercomunicador. “Positivo. Positivo...(estática) Roger Rodríguez... (estática) Departamento 6. (estática) Que lo suban...”. Otro policía que hacía guardia en la puerta me miró con lástima o incredulidad. “Pase por acá”,me dijo. Subimos por una escalera. Llegamos a una pieza donde había una mesita y dos sillas de cármica. Me dijo que me sentar allí y esperara.

“¿VINISTE ARMADO VOS?”
Esperé media hora, quizás un poco más. Como periodista de mi tiempo, estaba acostumbrado a los “plantones” en la antesala de cualquier vocero de la dictadura, pero ese día y en ese lugar, el tiempo se hizo eterno. Tenía la paranoica sensación de que alguien me miraba, pero aunque evidentemente era una sala de interrogación, no había espejos traslúcidos como los de las películas, ni cámaras que me filmaran. Traté de mantenerme calmo, quieto y con cara de nada. Casi impertérrito.
Y lo venía logrando, incluso llegué a adormecerme, cuando el que supuse protagonizaba al “malo” entró golpeando la puerta y se paró frente a donde yo estaba sentado. “¡Párese!”,gritó. Lo obedecí con cierta lentitud. “¡¿Viniste armado vos?!”, preguntó imperativamente. Lo miré con sorpresa real. “¡Las manos contra la pared!”, volvió a ordenar. Me paré y me apoyé para el chequeo. Me revisó e intentó una última provocación al palparme. Lo miré con gesto de no jodas. Creo que se sintió ridículo. Me dijo que me volviera a sentar y se fue, quizás frustrado.
No pasó mucho rato y llegó el otro. El “bueno” supuse. Sacó una caja de cigarrillos, tomó uno, lo golpeó un par de veces contra la cajilla, se lo puso en la boca, sacó un Zipo, y mientras aspiraba el humo al prenderlo me dijo “¿Así que vos sos el Roger Rodríguez?”.
Tenía un tono irónico en la voz, que le había salido finita, como si estuviera aguantando el humo de un faso de marihuana. Traté de mantener mi calma, pero no me gustó la forma como recargó el tono en el artículo.
“¿No sabés quién soy?...”, agregó, a la vez que largaba el humo. La frase se le llenó de eses. Hubo un silencio. En realidad no tenía la menor idea de quién estaba adelante mío.“Sin embargo, has escrito sobre mí…”, volvió a intentar. Supongo que en mi rostro se notó que lo identificaba. Estoy seguro que era Jorge “el Charleta” Gundersoff. Lo había mencionado en un par de artículos sobre su traición y la represión al Partido Comunista y en otro que lo vinculaba a la Secta Moon (cuyas inversiones hoy administra).
Creo que le dije algo así como “Y… acá estamos”. No me contestó. Supongo que lo desilusioné al no seguirle la conversación. Evidentemente vio que era más joven y menos inteligente de lo que él imaginaba. Me estudió unos segundos mientras apuraba un par de pitadas, hizo un gesto, entre puchero y desaprobación, y se fue. No pasaron cinco minutos y aparecieron otros dos policías que me pidieron que los acompañara. “¿Me llevan dónde?”, me animé ante los subalternos. “Juzgado Militar”, respondió uno.

“¿PERO QUIÉN ES SU FUENTE?
Una “chanchita” me llevó hasta la sede judicial de 8 de Octubre, pero entramos por un portón de hierro por Jaime Cibils, casi en continuación de Cornelio Cantera. Cuando bajé, pude ver por primera vez a Alexis. Se veía cansado. No nos dejaron hablar, pero en una sonrisa cómplice, ambos nos sentimos acompañados ante un destino incierto. Jano testificó primero. Su abogado era el blanco Héctor Clavijo, el otro abogado de Seregni. Cuando salió, me llamaron a mí…
Había un gran escritorio. Detrás de él, el juez C/N Ricardo Moreno con su uniforme naval. A su lado, un oficial gordito con uniforme azul (parecía un Blandengue) frente a una máquina de escribir. “Por las generales de la Ley…”, me dijo. En mi desconocimiento procesal, estuve a punto de decir algún disparate. Confieso que me sentía desafiante. El juez comenzó por preguntarme si yo había sido el autor del artículo. Lo que admití. Ya habíamos quedado con Alexis que si era por alguna nota reconociera la autoría.
El capitán inquirió sobre quién autorizó la publicación de aquella información. Comencé a explicar lentamente (el oficial gordito que escribía a máquina así lo exigió) cómo es el largo proceso de obtención de una información, su tipeo, composición, corrección, armado en frío y envío a la imprenta. El juez, molesto, insistió desde entonces sobre quien me había dado la información. Y le expliqué las dificultades que un periodista tiene para conseguir fuentes confiables y cómo en una publicación tan humilde, se procesan informaciones de comunicados de prensa o de cartas, como en el caso de la nota…
“Pero ¿quién es su fuente?”, me cortó en tono un poco más alto. Y ahí me di cuenta que no venía por nosotros los periodistas, sino por alguno de los familiares de los presos (así se identificaban las fuentes en la nota), por lo que seguí enredando y enredándome. Me preguntaron también si conocía a gente del grupo de familiares de desaparecidos y le expliqué que solo por el nombre de pila a algunas señoras… Creo que no fui convincente.
Cuando Hugo salió del juzgado militar y subió a su auto, Sara lo esperaba. “¿Cómo les fue?”, preguntó ansiosa. “¿Roger fuma?”, le replicó Hugo.  “Si”, le contestó. “Bueno, anda ahí (el Bar Emporio) y comprarle cigarros”… Batalla no le contó entonces que había podido ver el expediente, ni que la causa se había iniciado con una carta del propio Comandante en Jefe del Ejército, General Hugo Medina, quien había enviado a su subalterno, el juez militar, un recorte de mi artículo tipificándolo como un “ataque a la fuerza moral de las Fuerzas Armadas en el grado de vilipendio”…

Alexis Jano Ros y yo fuimos los últimos procesdos por la Justicia Militar.Alexis Jano Ros y yo fuimos los últimos procesdos por la Justicia Militar.
“NO AFLOJEN MUCHACHOS…”
Aquella tardecita nos llevaron, por separado, a Jefatura. Nos pusieron el cuarto piso, en celdas individuales, con puertas de hierro que tenían una ventanilla que se abría desde el exterior para pasar las bandejas de comida o inspeccionar el interior. Todo estaba pintado de un verde claro, un color molesto. Antes de encerrarnos para pasar la noche, nos dejaron reencontrarnos, en el corredor, donde había un banco de madera. Nos dimos un fuerte abrazo. Alexis me contó su periplo y yo el mío. Nos alentamos. Estábamos seguros de que nada nos iba a pasar…
Esa noche no comimos nada. Vino el cambio de guardia y las órdenes habían cambiado. Alguien había ordenado que nos metieran en las celdas. Se notaba mayor rigor. Nos apagaron las luces. Me recosté en el camastro de hormigón. Había una luz exterior que entraba por una banderola enrejada. Hacía mucho frío. Contra la pared alguien había escrito con la brasa de un cigarrillo “Perdón Elsa”. No sé por qué, pensé que fue un profesor del IAVA al que habían metido preso días antes. Por primera vez tuve miedo.
El cuarto piso de Jefatura es el de “Seguridad”. Allí quedaban los presos sancionados o los que estaban en tránsito. El silencio en aquel piso era aterrador. Solo se escuchaba, ocasionalmente, el movimiento de la guardia. El abrir y cerrar de puertas y rejas de hierro que retumbaban en la oscuridad. Traté de arrollarme y quedé, casi en posición fetal. De espaldas a la fría pared, tenso, esperando que pasara aquella noche. En algún momento pensé que podían abrir esa puerta y sufrir en carne propia lo que muchas veces ya había escuchado de víctimas de la dictadura.
Fue en el siguiente cambio de guardia, ya la madrugada del 29 de junio, que la puerta se abrió. Me sobresaltó el ruido del pasador de hierro y el ruido metálico de la puerta. Me encandiló la luz que prendieron de golpe. Asustado vi a un policía en la puerta. Un hombre veterano, de lentes, quizás inofensivo. Me dijo: “¿Ustedes son los periodistas?”. “Si”, llegué a responder sin pensar en las consecuencias. “No aflojen muchachos… no están solos. Tranquilos”, dijo casi fraternalmente y volvió a cerrar la puerta y dejarnos sin luz.

“PROCESADOS CON PRISION”
A la mañana siguiente, alguien de la guardia nos ofreció un té con limón. Era lo primero que ingeríamos en más de un día. Alexis hacía 48 horas que no comía ni bebía. El alma nos volvió al cuerpo… al menos por un rato. Volvieron a trasladarnos en la chanchita. Otra vez sin poder hablar entre nosotros. Nuevamente al juzgado militar de 8 de Octubre. Esta vez, nos hicieron pasar juntos. Estaban Batalla y Clavijo en la sala. “No nos va a pasar nada…”, le susurré con seguridad a Alexis.
El juez capitán Moreno, fue directo al grano. “¿Quién fue la fuente de información de este artículo”, preguntó a ambos. Alexis dijo que se amparaba en el secreto profesional de protección de las fuentes de información y habló del derecho a informar y estar informado, la libertad de expresión y los derechos humanos. Yo dije lo mismo. El juez nos miró con molestia. “Ah… sí”, dijo y tomo un papel que ya tenía escrito para pasar a leernos una introducción leguleya que no entendí, para terminar con un “procesados con prisión por ataque a la fuerza moral de las Fuerzas Armadas en el grado de vilipendio”…
Alexis y yo, perplejos, cruzamos una mirada. Irresponsablemente nos sonreímos. Nos dimos cuenta que la habíamos quedado. Íbamos en cana. Nos pasaba lo mismo que una semana antes le había ocurrido a Julián Murguía por escribir en La Democracia una nota titulada “El Pactito Feo”, donde hacía una dura crítica a las negociaciones del Club Naval. Batalla y Clavijo nos dijeron que apelarían y pedirían nuestra inmediata liberación. Cuatro policías nos llevaron en la chanchita a la Cárcel Central en el subsuelo de Jefatura.
Como si viera una película que le ocurría a otro, fui transcurriendo mientras se sucedieron los hechos: trajeron nuestros prontuarios, nos tomaron las huellas digitales, nos fotografiaron, nos tomaron los datos médicos y nos llevaron a “la jaula” del Pabellón Artigas. Del otro lado de la reja, los presos comunes estaban comiendo. Nadie nos miraba. Entre ellos reconocí a Julián que solo hizo un rictus de sonrisa. Tenían prohibido hablarnos. El suboficial Brasil se nos acercó y nos dijo: “¿Los periodistas?...”. “Si”, contestamos. “No, corrigió, desde ahora son presos…” (Continuará)

Roger Rodríguez
(29 de junio de 2014)

"No hay más oro en la Reserva Federal"

Toda la reserva de oro de Estados Unidos, incluido el oro de otros países, se ha acabado, afirma el exsubsecretario del Tesoro de EE.UU., Paul Craig Roberts.
"Estados Unidos no tiene el oro y no puede suministrarlo, por eso ha obligado a Alemania a ponerse de acuerdo con eso, y dejar de pedir por su oro, ya que no puede entregárselo. Ellos (EE.UU.) han ordenado a su estado títere (Alemania) que se calle y emita una declaración diferente.", explicó Craig Roberts la extraña situación acerca de la repatriación del oro alemán desde América. 
EE.UU. no tiene el oro y no puede entregárselo 

"Tal vez tenían que sobornar o darles otra ventaja. Pero, en esencia, han congelado la agitación alemana, porque el oro no puede ser devuelto", afirma Craig Roberts quien se dio a conocer como uno de los padres fundadores de la Reaganomía. 

"Nadie va a recuperarlo. Hace mucho tiempo los expertos del mercado del oro sospechaban que la Reserva Federal ya ha agotado todo el oro de EE.UU. tratando de suprimir el precio del oro en los últimos años. Y luego, después de que se quedaron sin el oro estadounidense, comenzaron a usar todo el oro dejado en la Reserva Federal en depósitos", dijo el economista al portal 'King World News'
Creo que la peor parte de la catástrofe será la caída del interés hacia las monedas de papel

Supone que era el año 2011 cuando se agotaron las reservas de oro: "Desde ese momento se está controlando el precio del oro durante los períodos del mercado cuando el comercio es leve o no se realiza". 

Craig Roberts cree que así EE.UU. protege al dólar de la flexibilización cuantitativa, vaciando el mercado del oro de papel, el mercado de los contratos del futuro. "Creo que la peor parte de la catástrofe será la caída del interés hacia las monedas de papel. (Los estadounidenses) no podrán convertir su dinero en oro, porque los chinos ya lo tienen todo", concluye el exsubsecretario del Tesoro de EE.UU. 


Texto completo en: http://actualidad.rt.com/economia/view/132410-eeuu-oro-reserva-federal

Las 29 maneras en que las mujeres son sometidas por el régimen talibán

El régimen de los talibanes somete a las mujeres históricamente, de una manera inconcebible quizá para Occidente, a pesar de los derechos que en otras partes del mundo se vienen conquistando a nivel de igualdad de género.

La Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA) reunió en 29 puntos las maneras en que se expresa el trato denigrante hacia las mujeres por parte del regimen talibán, que es además una violación de los derechos humanos básicos que se han conquistado desde hace décadas.
RAWA, que trabaja hace años por mejorar y denunciar la condición de la mujer en Afganistán, publica en su página web este listado lamentable, que se hizo especialmente vigente durante el mandato del grupo fundamentalista entre 1996 y 2001.
1. Prohibición del trabajo fuera del hogar, lo cual afecta a todo tipo de profesionales, con la excepción de poquísimas mujeres a quienes se les ha permitido trabajar en hospitales.
2. Prohibición de realizar toda clase de actividades fuera de sus hogares, a menos que sea en compañía de un pariente cercano masculino.
3. Imposibilidad de hacer tratos con comerciantes hombres.
4. Prohibición de ser atendidas por médicos si estos son hombres.
5. Están por fuera de  universidades, escuelas u otras instituciones.
6. Obligación de utilizar el Burka (velo que la tapa de la cabeza a los pies)
7. Si no visten de acuerdo a estas reglas, las mujeres pueden ser azotadas o abusadas.
8. Si muestran sus tobillos, pueden ser sometidas a un azote público.
9. Si se las acusa de haber mantenido relaciones extra matrimoniales, es posible que sean víctimas de lapidación, también pública.
10. No se les permite utilizar maquillaje
11. Tienen prohibido hablar o dar la mano a los hombres con quienes no tengan parentesco.
12. Prohibición de reír en voz alta, ya que los desconocidos no deberían escuchar las voces de las mujeres
13. No se les permite utilizar zapatos de taco.
14. Imposibilidad de tomar un taxi sin compañía masculina.
15. Tampoco pueden aparecer en los medios de comunicación sin autorización.
16. Se les prohíbe practicar cualquier tipo de deportes.
17. Asimismo, tampoco pueden andar en bicicleta o moto.
18. No pueden utilizar ropa de colores fuertes, porque los talibanes lo considerarían una provocación sexual.
19. No se les permite reunirse en fiestas
20. Tampoco lavar la ropa en lugares públicos.
21. Cambio de nombre de toda calle o plaza que involucre la palabra mujer.
22. No pueden asomarse al balcón.
23. Las ventanas deben ser opacas para que las mujeres no sean vistas desde el exterior.
24. Los sastres tienen prohibido tomarle medidas a una mujer y confeccionar ropa a medida.
25. No se les permite acceder a los baños públicos
26. No pueden viajar en el mismo ómnibus que los hombres
27. Se les prohíbe utilizar pantalones acampanados, aun cuando estén ocultos bajo el burka.
28. A las mujeres no se las puede fotografiar ni filmar.
29. Tampoco pueden colgar imágenes de mujeres en casas o tiendas comerciales.
http://www.lr21.com.uy/

Fotos satelitales ayudan a localizar el lugar donde el EIIL ejecuta en Irak

Publicado: 27 jun 2014 | RT Actualidad
Uno de los lugares donde los yihadistas perpetran sus ejecuciones en Irak ha sido detectado a partir del análisis de fotografías publicadas por terroristas y su comparación con imágenes satelitales.
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El pasado 12 de junio el movimiento terrorista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) anunció que había ejecutado a 1.700 "militares chiitas" en la ciudad de Tikrit.

Dos días después el EIIL difundió en la Red unas 60 fotografías de presos en ropas civiles y su ejecución.

Según los expertos de Human Rights Watch las fotos sugieren que tres grupos de presos, entre 160 y 190 personas en total, fueron ejecutados en al menos dos puntos de Tikrit.

Las imágenes muestran a los terroristas, a los presos, los camiones utilizados para transportarlos y unas fosas poco profundas donde yacen los cuerpos de los prisioneros ejecutados.

Yuxtaponiendo con imágenes satelitales el terreno y elementos concretos que aparecen en las fotos, HRW descubrió que dos de las fosas se ubicaban en el mismo lugar, en un campo situado unos 100 metros al norte del Palacio del Agua de Saddam Hussein, al lado del río Tigris.

La ubicación del segundo lugar de ejecución sigue siendo desconocida.

Una imagen satelital fechada del 16 de este junio, que no permite discernir si hay cadáveres, muestra sin embargo el rastro evidente del paso reciente de vehículos y cambios en el terreno que podrían ser las dos fosas de las fotos.

Según los expertos, sin visitar el lugar es imposible comprobar si los cuerpos permanecen allí o se los llevaron.

El 22 de junio el ministro iraquí para los Derechos Humanos, Mohamed Shia Sudani, comunicó en una rueda de prensa que 175 reclutas de la Fuerza Aérea se encontraban entre los presos y que los cadáveres de algunos fueron lanzados al Tigris, mientras que otros fueron enterrados en una fosa común.

Una fuente de Inteligencia iraquí confirmó que al menos 11 cuerpos fueron recuperados Tigris abajo.  











Texto completo en:http://actualidad.rt.com/actualidad/view/132277-fotos-satelitales-localizan-matadero-eiil-irak