Juan Pablo Cárdenas S.
La ciudadanía ejerce su derecho al sufragio ante una cartilla de candidatos definidos por las cúpulas de los partidos políticos o en razón de su capacidad para financiar las onerosas campañas propagandísticas que estas operaciones exigen. Quienes más gastan para convertirse en “representantes del pueblo” son, salvo muy honrosas excepciones, los que resultan con las primeras mayorías y hasta se dan el lujo de “chorrear” votos en favor de sus candidatos adláteres y operadores.




