23 ene 2026

LUCHANDO POR SOBREVIVIR

LA DIGNIDAD NO SE NEGOCIA
Cuba mueve ficha tras el ataque estadounidense a Venezuela. Refuerza sus lazos con China y Rusia

Néstor Prieto Amador
Ene 22, 2026



Miguel Díaz-Canal, marcha frente a la embajada de EEUU contra el secuestro de Maduro.

Las consecuencias de la agresión estadounidense contra Venezuela se han dejado sentir en todo el mundo, pero si hay un país que sigue con especial atención los convulsos movimientos políticos en Caracas, ese es Cuba. La Habana, considerada «socio estratégico» de Venezuela desde el año 2000, observa con cautela y resignación la capacidad de Washington para marcar la agenda política de quien hasta ahora ha sido su principal aliado regional.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel, afirmó que «no existen conversaciones con el Gobierno de EEUU» después de que su homólogo estadounidense, Donald Trump, instase a La Habana a alcanzar «un acuerdo antes de que sea demasiado tarde». «Como demuestra la historia, las relaciones entre EEUU y Cuba, para que avancen, deben basarse en el Derecho Internacional en vez de en la hostilidad, la amenaza y la coerción económica», escribió Díaz-Canel en redes sociales.

Desde el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero —una operación en la que murieron 32 cubanos integrados en su guardia presidencial—, ningún buque petrolero ha salido de Venezuela rumbo a Cuba. El corte golpea de lleno a la isla, que en los últimos años ha dependido del crudo venezolano para paliar una crisis energética crónica que se ha traducido, desde hace meses, encortes diarios de varias horas en el suministro eléctrico.

«¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba – Cero! Sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo, antes de que sea demasiado tarde«, llegó a advertir Donald Trump en su plataorma Truth Social. El mandatario fue incluso más allá al sugerir, también en redes, que vería con buenos ojos que Marco Rubio —su secretario de Estado y de origen cubano— fuera el futuro presidente del país. La sombra de la intervención estadounidense cobra fuerza después de que Trump, en apenas un año de mandato, haya recrudecido las sanciones que pesan sobre La Habana.

«Nadie nos dicta qué hacer», afirmó Miguel Díaz‑Canel, presidente y primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), durante un acto frente a la embajada estadounidense en La Habana en homenaje a los 32 cubanos fallecidos en Venezuela. «Somos una nación libre, independiente y soberana, dispuesta a defender la Patria hasta la última gota de sangre», aseguró en respuesta a las amenazas estadounidenses ante naciones unidas.

Desde La Habana toman nota de las amenazas de Trump y han comenzado a mover ficha estrechando sus vínculos con Rusia y China, dos actores que también ven en riesgo su influencia en América Latina tras la intervención estadounidense en Venezuela. Con escasas horas de diferencia, Pekín anunció el envío de asistencia financiera y alimentaria a la isla, mientras Moscú escenificó su respaldo político con la visita a La Habana de su ministro del Interior, Vladimir Kolokoltsev.

Un hombre de la confianza de Putin en La Habana


El ministro de Interior de Rusia, Vladimir Alexandrovich Kolokoltsev, llegó a La Habana el miércoles 21 de enero en una visita oficial. Las autoridades de la isla han querido transmitir la importancia de la visita con una recepción a Alexandrovich en el Palacio de la Revolución, donde fue recibido el General de Ejército Raúl Castro, expresidente del país, donde, según Prensa Latina, «intercambiaron acerca de las excelentes relaciones entre las dos naciones» y manifestaron la voluntad de «trabajar con el propósito de fortalecer esos vínculos».

Aunque la agenda del ministro ruso no ha sido detallada públicamente, los medios oficiales han subrayado la intención de profundizar los vínculos decooperación entre Moscú y La Habana en materia de seguridad y orden público, sin divulgar aún acuerdos concretos ni cronogramas. Kolokoltsev, quien ha sido ministro del Interior de la Federación de Rusia desde mayo de 2012 y ostenta el rango de General de la Policía, es una figura cercana al presidente Vladimir Putin.

La discreción con que se ha tratado la agenda contrasta con el nivel del encuentro, marcado por la presencia de altos mandos del Ministerio del Interior cubano y la atención protocolar en el Palacio de la Revolución. Una señal de que La Habana busca dar al viaje un carácter estratégico y de alto nivel político en un momento especialmente delicado por las amenazas estadounidenses.
Xi Jinping aprueba una ronda de ayuda urgente

En paralelo, el presidente chino Xi Jinping ha aprobado una ronda de ayuda emergente a Cuba, que combina apoyo financiero y asistencia alimentaria. El paquete, comunicado oficialmente por el embajador chino en La Habana, Hua Xin, incluye 80 millones de dólares en asistencia financiera (unos 68,4 millones de euros) para la adquisición de equipamiento eléctrico y otras «necesidades urgentes», junto con un donativo de 60.000 toneladas de arroz.

La ayuda fue formalmente trasmitida al presidente Miguel Díaz‑Canel durante un encuentro celebrado este 21 de eneroen el Palacio de la Revolución, donde el mandatario cubano recibió al embajador Hua Xin horas después de reunirse con el ministro ruso. Un gesto protocolario que reflejóel alto nivel político que La Habana desea imprimir a la relación bilateral. En declaraciones oficiales, Díaz‑Canel destacó «la intensa actividad» del representante chino y subrayó el estado de las relaciones bilaterales, con especial énfasis en proyectos conjuntos en áreas como energía solar y transformación digital, sin detallar plazos ni condiciones de implementación.

Pekín ha vinculado la asistencia a un marco más amplio de «cooperación estratégica» con La Habana, en medio de la crisis económica que atraviesa la isla y el contexto regional de tensiones con Washington. El embajador Hua Xin resaltó los contactos mantenidos en «los últimos días» entre autoridades de ambos países.

El imperialismo de Trump amenaza la influencia sino-rusa

La intención explícita de Estados Unidos de dominar el hemisferio occidental y detener la influencia de potencias rivales como China y Rusia está claramente articulada enla Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, que afirma que Washington busca «negarnos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas o capacidades amenazantes, o de poseer y controlar activos estratégicamente vitales» en su entorno regional, una meta que se traduce en acciones coercitivas, arancelarias y presión militar en América Latina. La Casa Blanca no quiere otros competidores en el que históricamente ha considerado su «patio trasero».


Esta orientación geopolítica se refleja también en amenazas sobre enlaces comerciales clave como el Canal de Panamá y Groenlandia, que Trump ha señalado como determinantes para la «seguridad nacional estadounidense». Así como el control directo o indirecto de recursos naturales; destacando las presiones al nuevo gobierno boliviano para revertir las concesiones de explotación de litio y otras tierras raras a empresa chinas y rusas; o el control que Washington quiere ejercer sobre el petróleo venezolano.

El ataque estadounidense a Caracas muestra que, si Pekín y Moscú no respaldan con recursos y mecanismos de disuasión creíbles a sus socios regionales, Washington se siente con la capacidad y la voluntad de imponer su agenda geopolítica y económica por medios que combinan presión diplomática, económica y fuerza militar.


*Politólogo y periodista especializado en política internacional y geopolítica. Ha cubierto sobre el terreno procesos políticos y migratorios en México, Venezuela, el Líbano, Argelia y el Sáhara Occidental. Colabora con Público en la sección de Internacional.

https://estrategia.la/