1 jul 2014

¿Qué hacían los uruguayos el 27 de junio de 1973?

  • ALGO PARA RECORDAR....

¿Qué hacían los uruguayos el 27 de junio de 1973?
En la previa al Golpe de Estado la vida continuaba: se elegía nueva Miss Uruguay, se estrenaba film de culto La Naranja Mecánica y un elefante marino sembraba el terror
A las cinco y veinte de la mañana del miércoles 27 de junio de 1973, el gerente periodístico de Radio Montecarlo Nissan Sarkissián esperaba noticias. Se sabía que a esa hora, las Fuerzas Armadas iban a anunciar la disolución del Parlamento, acusando al Cuerpo de desconocer la Constitución y a la Justicia.
Habían pasado unos minutos de esa hora cuando irrumpió en radio Montecarlo una delegación de militares uniformados.
Sarkissián tenía claro desde hacía tiempo quiénes gobernaban el país. Incluso tenía noticias de que algunos militares habían desenfundado sus armas para disuadir a los periodistas de leer comunicados y cumplir sus pedidos.
"Bueno, necesitamos música folklórica", le dijo el oficial, mientras le extendía los textos.
"Tengo 'A Don José'", respondió con cierta vacilación el periodista, convencido que era una banda de sonido que no iba a servir a los efectos de los comunicados militares.
"Eso está muy bien", le dijo el militar a cargo del operativo. "Pero mire que tengo la versión de Los Olimareños", explicó Sarkissián. El soldado lo miró con aire de satisfacción y le respondió: "Tanto mejor".
Esa fría madrugada fue de sorpresa en sorpresa, no sólo para los oyentes de Radio Montecarlo. En otra parte de la ciudad, los generales Esteban Cristi, Abdón Raimúndez y Gregorio Alvarez, junto a un grupo de oficiales llegaron hasta la puerta del Senado de la calle Sierra.
Como si fuera un símbolo de los tiempos que se estaban terminando, saludaron con sequedad al ex campeón del mundo en Maracaná, Víctor Rodríguez Andrade, empleado del Palacio.
La gota que había desbordado el vaso era la imposibilidad de hacer pasar por la Justicia Militar al senador frenteamplista de origen blanco, Enrique Erro. Unos días antes, la Cámara de Diputados había sepultado la solicitud militar al vencer 49 a 48 la voluntad de no reconocer los vínculos de Erro con la guerrilla.
EL SI DIFICIL. Era difícil sustraerse al clima político creado por el inminente Golpe de Estado. El gobierno anunciaba por esas horas una buena noticia entre muchas malas: 25 por ciento de aumento a los funcionarios públicos y 27 por ciento de aumento a los privados.
Para quienes preferían pasar de la política los dos hechos relevantes de esas horas eran dos: el partido de fútbol de Uruguay contra Ecuador por las Eliminatorias y la transmisión en directo de Miss Uruguay por Canal 12 con la conducción de Julia Moller y la participación de su hermana Cristina, reina saliente.
Brilló la morocha Yolanda Ferrali, de 22 años, bachiller en Medicina, profesora de filosofía, admiradora de Chanel y aficionada al voley y a la pintura al óleo . Quince días después viajó a New York para participar de Miss Universo, cuando un periodista norteamericano la bajó de la nube: "¿estás manchada de sangre?", le preguntó. "Yo no sabía qué hacer y me puse a llorar", contó Yolanda algunas décadas después.
Los Titanes en el Ring habían llenado el Cilindro en varias ocasiones. George Harrison y Clapton se mostraban juntos en el film "Concierto en Bangladesh". La prensa rosa afirmaba que estaban distanciados porque el guitarrista le había birlado la mujer al beatle.
En ese año comenzaba a proyectarse los estudios para la represa de Salto Grande y El Diario de la Noche titulaba en grandes letras: "Elefante marino siembra el terror en Isla de Flores".
La opinión estaba alterada por la confesión de María Esther de Torterolo, la madre que mató a sus hijos tirándolos en un pozo. Ecilda Paullier cumplía 90 años y el Automóvil Club 50. El escritor Francisco "Paco" Espínola murió por esas horas, sin saber todo lo que le esperaba al Partido Comunista de sus amores.
Fernando Parrado --héroe en la cordillera de los Andes-- viajaba a Nueva York para forjar un futuro en la industria del cine, tal vez para interpretarse a sí mismo en una película sobre la tragedia que un año antes había enlutado a Uruguay.
El Parque Posadas era la gran oferta inmobiliaria por esos días. "Una ciudad dentro de la ciudad".
Ilvem prometía enseñar a hablar inglés en 16 clases y la última onda gastronómica eran los "Filet Castelar" del restorán Tip Top de Bulevar España y la rambla.
"La naranja mecánica" de Stanley Kubrick era la película de moda por esos días. Pese a que en Argentina había sido prohibida, en Uruguay se exhibía con gran éxito de público y hasta se organizaban charlas para ayudar a los espectadores a entender el film.

Moscú acude en socorro de Bagdad

Moscú, 30 jun (Nóvosti).


La primera decena de cazas rusos Su-24 aterrizó la semana pasada en Irak para apoyar al Ejército del país en la lucha contra los islamistas, y la Fuerza Aérea iraquí recibirá también helicópteros rusos Mi-35 y Mi-28. La pregunta que se hacen ahora los expertos es hasta qué punto está dispuesta a llegar Rusia ayudando al Gobierno iraquí, escribe hoy Nezavisimaya Gazeta.
En una reciente entrevista a la televisión rusa, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, dio a entender que Rusia no se quedará de brazos cruzados ante la crisis en Irak.
“Si Irak se descompone, la región explotará; la desestabilización reinará por muchos años y afectará no solo a Oriente Próximo y el Norte de África, sino también las regiones limítrofes”, advirtió.
El jefe de la diplomacia rusa también habló de la situación iraquí con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y abogó por que los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y los vecinos de Irak aúnen esfuerzos para ayudarle a preservar su integridad.
Mientras tanto, EEUU no se apresura a socorrer a Bagdad y, particularmente, a cumplir el contrato para el suministro de cazas F-16 al Ejército iraquí, algo que ya ha recriminado a Washington el primer ministro Nuri al Maliki.
En cuanto a los diez aviones rusos, se destinarán a bases aéreas del sur de Irak que todavía está a salvo de los combates. Según el semanario alemán Der Spiegel, el importe del contrato de los Sukhoi asciende a 365 millones de dólares.
La ayuda llega también del vecino Teherán, que se solidariza con su correligionario, el chií Al Maliki. En particular se informa que Irán ha enviado a Irak drones de fabricación propia.

Las 10 mayores mentiras de los políticos de EE.UU. desde 1950 hasta ahora

Las 10 mayores mentiras de los políticos de EE.UU. desde 1950 hasta ahora

Publicado: 30 jun 2014 | 
El nuevo libro del periodista de investigación Chuck Lewis reúne 935 mentiras de personalidades estadounidenses, con las cuales intentaron cambiar la opinión pública sobre hechos controvertidos. Les presentamos los 10 engaños principales.
La selección de las 10 mayores mentiras de los personajes históricos de EE.UU. efectuadas durante varias décadas y que afectaron a cientos, miles y, en algunos casos, millones de vidas, incluidas en el libro '935 Lies: The Future of Truth and the Decline of America’s Moral Integrity' ('935 Mentiras: El futuro de la verdad y la decadencia de integridad moral de EE.UU.') fue realizada por el portal billmoyers.com, que esta semana efectuó una entrevista al autor de la obra. 
  
1. El presidente de EE.UU., Barack Obama, el 6 de junio de 2009 (y en otras numerosas ocasiones) dijo: "Si le gusta el plano de la asistencia sanitaria que tiene, usted puede mantenerlo"



Sin embargo, los nuevos estandartes de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, denominada 'Obamacare', resultaron no compatibles con las promesas del presidente, que fue su promotor. Muchos estadounidenses consideran la reforma sanitaria de Obama como el mayor fracaso de su presidencia. 

2. El presidente de EE.UU.George W. Bush, afirmó el 29 de mayo de 2003: "Hemos encontrado las armas de destrucción masiva [en Irak]. Así como los laboratorios biológicos"



En el período previo a la invasión de Irak en el 2003 por la coalición liderada por EE.UU., la Administración Bush ofreció muchas razones para invadir y derrocar a Saddam Hussein del poder, pero la de las armas de destrucción masiva fue la más importante. La falsa afirmación fue el principal argumento para la guerra y la ocupación del país árabe, que se cobró la vida de cerca de medio millón de iraquíes y unos 5.000 soldados de la coalición. En abril del 2005, la CIA concluyó su investigación sobre las armas de destrucción masiva en Irak, sin encontrar nada. 

3. El vicepresidente Dick Cheney, el 26 de agosto de 2002, aseveró: "En pocas palabras, no hay duda de que Saddam Hussein tiene armas de destrucción masiva. No hay duda de que él las está acumulando para usarlas contra nuestros amigos, contra nuestros aliados y contra nosotros". 
 
El exvicepresidente de EE.UU. sigue convencido de que la invasión de Irak fue justificada. 

4. James W. Johnston, director ejecutivo de la empresa tabacalera RJR Nabisco, 14 de abril de 1994 afirmó: "El consumo de cigarrillos no es más adictivo que el café, té o twinkies [pastelito relleno de crema]". 



Durante más de medio siglo, los fabricantes de cigarrillos estadounidenses negaron que sus productos fueran adictivos y peligrosos y ocultaron que sus propias investigaciones lo confirmaban. La cita proviene de un testimonio escrito presentado en una audiencia en el Congreso en 1994, durante la cual los ejecutivos de las siete compañías tabacaleras más grandes admitieron que el hábito de fumar sí puede provocar algunos riesgos para la salud de los fumadores, pero negaron que los cigarrillos fueran adictivos y que fueran manipulados los niveles de nicotina para aumentar la adicción. 

5. El presidente de EE.UU., Ronald Reagan, el 13 de noviembre de 1986, hablando del escándalo Irán-Contra rechazó cualquier trato con terroristas: "A pesar de las historias tremendamente especulativas y falsas sobre las armas para rehenes y los presuntos pagos de rescate, no —repito— no traficamos con armas, ni hicimos cualquier trato por rehenes. Tampoco lo vamos a hacer". 



El escándalo Irán-Contra estalló cuando se reveló que el Gobierno de EE.UU. había vendido secretamente armas a Irán a pesar de un embargo. Más ilegal aún resultó que parte del dinero de las ventas se dirigía a los rebeldes anticomunistas en Nicaragua, aunque el Congreso había prohibido expresamente la administración de fondos. Posteriormente salió a la luz que el suministro de armas al Gobierno de Teherán favorecería la liberación de los rehenes capturados en el Líbano mediante la influencia que Teherán tenía en el grupo que los había secuestrado. 

6. El subsecretario del Estado, Thomas Enders, de la Administración Reagan sobre la masacre de El Mozote, el 8 de febrero de 1982, señaló: "No hay ninguna evidencia que confirme que las fuerzas gubernamentales [de El Salvador apoyadas por EE.UU.] masacraron sistemáticamente a los civiles en la zona de operaciones". 
 
Enders hizo esta declaración una semana después de que en los periódicos norteamericanos empezaran a aparecer los testimonios de la masacre de cerca de 800 aldeanos inocentes en una campaña de contrainsurgencia contra las guerrillas de izquierda efectuada por el Gobierno salvadoreño derechista. 

7. El presidente de EE.UU., Richard Nixon, sobre el robo en el Watergate, dijo el 29 de agosto de 1972: "Puedo decir categóricamente que... nadie en el personal de la Casa Blanca, nadie en esta administración, actualmente empleada, estaba involucrado en este extraño incidente", refiriéndose al allanamiento de la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata en el complejo de oficinas Watergate. 

De hecho, muchos de los miembros del personal de Nixon estuvieron involucrados en lo que vendría a ser conocido como 'el escándalo Watergate'. En junio de 1973, el exconsejero de la Casa Blanca, John Dean, declaró que había discutido el encubrimiento del Watergate con Nixon por lo menos 35 veces. 



8. Richard Nixon sobre las operaciones encubiertas en Chile para derrocar al recién elegido presidente marxista, Salvador Allende, el 4 de enero de 1971 dijo: "Para nosotros lo de intervenir [en Chile] —intervenir en una elección libre y ponerla al revés— creo que habría tenido repercusiones en toda América Latina..." 
Las operaciones encubiertas de EE.UU. en Chile, financiadas a través de la CIA, llevaron a un violento golpe de Estado liderado por el general Augusto Pinochet que derrocó al Gobierno de Allende. 

9. El presidente de EE.UU., Lyndon Johnson, sobre la Guerra de Vietnam aseguró en octubre de 1964: "No estamos a punto de enviar muchachos americanos a nueve o diez mil kilómetros de casa para hacer lo que los muchachos asiáticos deberían estar haciendo por ellos mismos". 


  
En total, 3.403.000 soldados estadounidenses fueron desplegados en el sudeste de Asia entre 1964 y 1975. Aproximadamente 60.000 personas murieron y más de 150.000 resultaron heridas. Millones de vietnamitas, camboyanos y laosianos también murieron en la guerra. 

10. El senador Joseph McCarthy, el 9 de febrero de 1950 aseveró: "Tengo aquí en mi mano una lista de 205 [empleados del Departamento de Estado] que son reconocidos por el secretario de Estado como miembros del Partido Comunista y que, sin embargo, aún están trabajando y moldeando la política del Departamento de Estado". 

Esta declaración dio el impulso a un fenómeno conocido como 'macartismo', que consiste en delaciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas. McCarthy iba a acusar a una serie de instituciones y personalidades públicas de ser simpatizantes comunistas, no obstante, sus acusaciones eran casi todas falsas.


Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/132506-mentiras-mayores-politicos-eeuu-obama

30 jun 2014

El huevo de la serpiente

EL PAIS › LA INCREIBLE HISTORIA DE PAUL SINGER, LA FABRICA DE MENTIRAS Y LOS LOBBISTAS QUE PELEAN CONTRA LA REGULACION ESTATAL

El huevo de la serpiente

Las relaciones de Singer y los fondos buitre en la extrema derecha republicana. Quiénes son los hermanos Koch y cómo influyen sobre la Corte Suprema de los Estados Unidos. Por qué la consultoría política empezó combatiendo los planes sociales de salud. El vínculo de Singer con el extremista Goldwater y con los neoconservadores de Reagan. Kirkpatrick y el papel de la revista Commentary.
El 22 de agosto se sabrán dos cosas: qué empresarios y políticos van a su cumpleaños de 70 y cuánto le habrá servido su juicio con la Argentina para pagar la fiesta. Mientras tanto Paul Elliott Singer matiza la espera concentrándose en lo que parece la última gran pelea de los fondos buitre, que lidera desde Elliott Management Corporation, sin descuidar la campaña contra Hillary Clinton, precandidata demócrata para 2016.
Singer es parte de una red de financistas de la extrema derecha republicana que tiene otro vértice en los hermanos Charles y David Koch, de Koch Industries, un consorcio basado en energía y petroquímica. En 2011 la Koch era la segunda compañía más importante de los Estados Unidos.
La influencia de los Koch es tan ramificada que, según la revista norteamericana Mother Jones, a sus seminarios, organizados todos los años son suma discreción, asisten no solo senadores y miembros de la Cámara baja sino dos de los ministros de la Corte Suprema. Uno de ellos es Antonin Scalia, de 78 años, designado en 1986 a propuesta del entonces presidente Ronald Reagan. El otro es Clarence Thomas, 68 años, un afroamericano conservador como Scalia que llegó a la Corte en 1991 nominado por George Bush padre. El Senado lo aprobó por solo cuatro votos, la diferencia más pequeña para la designación de un juez de la Corte Suprema en la historia del país.
Scalia fue el que a mediados de junio escribió el voto principal cuando la Corte falló en contra de la Argentina y despejó el camino para considerar que no existe inmunidad soberana frente a los fondos acreedores.
La misma mayoría conservadora fue la que impulsó que no se tratara el caso argentino el lunes último. Esa falta de admisión llevó, como se sabe, a que quedara en pie el fallo original del juez de Nueva York Thomas Griesa.
A nadie le consta que un telefonazo sea el hilo que une los votos ultraconservadores de Scalia o Thomas con figuras de los negocios y la política como Singer o los hermanos Koch. La misma falta de constancia puede marcarse sobre los vínculos entre ellos y la Fuerza de Tareas que opera en el Congreso en favor de los buitres y está relacionada con ejecutivos del mundo de las finanzas que pasaron por la administración Clinton. Las conspiraciones pueden existir hoy pero la maraña de intereses tejidos a lo largo de décadas supera cualquier teoría conspirativa. Sin descartar, claro, ninguna conspiración.

Fábrica de Mentiras

La consultoría política ligada a campañas sucias y a financiamiento de grupos conservadores empezó en los Estados Unidos nada menos que en la década de 1930, cuando el presidente Franklin Delano Roosevelt montó sus políticas de bienestar impulsadas desde el Estado para salir de la gran crisis. En 1934 el socialista y escritor Upton Sinclair ganó la nominación demócrata para ser candidato a gobernador con un slogan que se leía como EPIC: End poverty in California, es decir Terminemos con la pobreza en California. La respuesta conservadora fue una campaña que el escritor contaría después en un folletín publicado en 50 diarios. El comienzo de la campaña fue un recuadrito en tapa que el diario Los Angeles Times, ligado a los consorcios petroleros, publicó todos los días durante un mes y medio.
La oposición a Sinclair montó lo que el escritor definió como Fábrica de Mentiras. “Me dijeron que una docena de personas revolvían en las bibliotecas y leían cualquier palabra que yo hubiera publicado en mi vida”, escribió Sinclair, que nació en 1878 y murió 90 años después. Incluso buscaban palabras en obras de ficción del autor de La Jungla. Sinclair fue un Premio Pulitzer que también participó en 1932 de la producción de ¡Que viva México!, la película del ruso Sergei Einsenstein, el director de El acorazado Potemkin. Sinclair escribió que la Fábrica de Mentiras tenía “un equipo de brujos encargado de preparar pociones para desparramarlas todas las mañanas en el aire de California”.
En su edición del 24 de septiembre de 2012 el semanario The New Yorker publicó un artículo de Jill Lepore sobre esos brujos, en realidad dos personas, Clem Whitaker y Leone Baxter, que en 1933 fundaron la primera consultora política de la historia, Campaigns Inc. Informa Lepore que Whitaker escribía a máquina con dos dedos como periodista del diario Union de Sacramento y del Examiner de San Francisco. En 1933 fue contratado por el político demócrata Sheridan Downey para derrotar en un referéndum a la empresa Pacific Gas and Electric. Entonces contrató a una periodista del Oregonian de Portland, la pelirroja Baxter, de un cierto aire a la actriz Audrey Hepburn. Muy pronto se casaron. Muy pronto iniciaron el hábito de dedicar dos horas diarias en el desayuno a planificar el trabajo. Sus primeros clientes fueron corporaciones en busca de legislación permeable a sus negocios: la petrolera Standard Oil, la Pacific Telephone and Telegraph. Incluso, luego del referéndum, la Pacific Gas and Electric.
Dos meses antes de las elecciones el candidato republicano a vicegobernador, George Hartfield, contrató a Whitaker y Baxter. El dúo llegó a tomar frases de sus novelas para convertirlas en una supuesta ideología de Sinclair que los republicanos debían destruir. Hasta usaron una frase de una novela de tono autobiográfico que ponía en duda la santidad del matrimonio.
Sinclair no pudo ganar pero la mayor presencia legislativa de los 24 demócratas de EPIC cambió el paisaje político de California. En 1938 uno de ellos, Culbert Olson, fue elegido gobernador. Lepore cuenta en el New Yorker que Olson nombró como jefe de Inmigración y Vivienda al escritor y periodista Carey McWilliams, investigador de las condiciones de vida de los trabajadores rurales de origen mexicano.
Después de la derrota de Sinclair, Campaigns Inc. enarboló aún más alto el espíritu basado en el lema “cada votante, un consumidor” y entre 1933 y 1955 colaboró en el triunfo de 70 de los 75 candidatos para los que trabajó. Uno de ellos fue Earl Warren, el republicano que recuperó California en 1942 con una campaña de 10 millones de panfletos contra la ayuda social y los impuestos para destinarlos a vales de compra de comida en beneficio de los mayores de 50. El estilo siempre consistía en evitar el debate racional, buscar la simplificación extrema y montar una pelea o un show en los que, claro, pudiera triunfar el candidato propio. Por eso en 1942 Warren puso el eje en el peligro que significaría liberar a los japoneses residentes en los Estados Unidos, encarcelados en San Francisco, en medio de la Segunda Guerra por el presunto peligro que representaban.

Basta la salud

Lo curioso de la historia es que, siendo gobernador, Warren se desprendió de Whitaker y Baxter y un día llegó a la conclusión de que para bajar los costos en salud empleadores y empleados debían aportar al Sistema de Seguridad Social. Lo lanzó en enero de 1945, aún en plena guerra mundial. Para los Estados Unidos, una revolución. La Asociación Médica de California contrató a la Fábrica de Mentiras para oponerse al plan social de salud. La Fábrica diseñó e imprimió dos millones y medio de un volante titulado “Medicina políticamente controlada”. Decía en una parte: “Pagar por tener un médico del Estado, lo usemos o no, es un sistema que nació en Alemania, donde nuestros muchachos pelean también contra eso”. La propuesta de Warren perdió en el Congreso de California por un voto. Volvió a intentarlo y otra vez fue derrotado.
Meses después, el presidente Harry Truman propuso un programa nacional para que la salud, como la educación, fueran un tema de responsabilidad pública. Truman fue reelecto en 1948 y presentó el plan. La Asociación Médica Americana contrató a Campaigns Inc., que así se nacionalizó.
Un documento confidencial que cita Lepore señala: “El objetivo inmediato es derrotar el programa de seguro médico compulsivo enviado al Congreso. El objetivo de largo plazo es colocar un freno permanente a la agitación en favor de la medicina socializada en este país, alertando al pueblo sobre el peligro de un sistema de salud políticamente controlado y oficialmente regulado y persuadiéndolo de las ventajas de la medicina privada”. El diseño confidencial llegó al terreno público en una conferencia de Whitaker: “Hitler y Stalin y el gobierno socialista de Gran Bretaña usaron el opio de la medicina socializada para aliviar el dolor de la pérdida de libertad y llevar al pueblo a que no se resista”.
Fue entonces que Carey McWilliams, el viejo amigo de Sinclair, propuso al semanario progresista The Nation una nota sobre Whitaker y Baxter que consistía, sencillamente, en escribir cómo era después de hablar con ellos. Aceptaron contestar las preguntas y narrar su tarea como lobbistas. El resultado fueron tres notas publicadas en 1951. Después de leer que Whitaker y Baxter sabían cómo llegar al pueblo, que los sindicatos tenían dinero pero no hacían campañas efectivas y que, de seguir con el despliegue simbolizado en Campaigns Inc., los Estados Unidos serían “gobernados por Whitaker y Baxter”, muchos médicos prestigiosos renunciaron a la American Medical Association. El dúo, entonces, perdió el contrato de la AMA y consiguió otro: la fórmula presidencial Eisenhower-Nixon. Fue cuando por primera vez la televisión fue usada en gran escala para una campaña de primer nivel.
Warren, aquel gobernador ridiculizado por su plan de medicina social, se convirtió en miembro de la Corte Suprema y fue autor del fallo progresista declarando inconstitucional, la segregación de los afroamericanos. Campaign Inc. emprendió la cruzada “Juicio político a Warren” mientras se defendía de los intentos por regular los gastos en consultoría política y comités de acción política. Su argumento era que la empresa en verdad organizaba al pueblo y, por lo tanto, no debía ser sometida a ninguna regulación. El mismo fundamento que, tal como saben los lectores de Página/12, usó la actual Corte Suprema de los Estados Unidos en marzo último para desechar todo tipo de límites globales al financiamiento privado de las campañas.

Neoconservadores

En los años ’60, cuando los Estados Unidos discutían la segregación racial y Richard Nixon intentaba ganarle la presidencia a John Kennedy (la perdió en 1960 y Kennedy inició su mandato en 1961) un senador por Arizona se erigió en líder del combate contra el Estado de Bienestar. Barry Goldwater, nacido en 1908, también peleó la presidencia contra Lyndon Johnson, el vice de Ke-nnedy, pero la perdió en 1964. De todos modos, su activismo intenso y la ideología de conservador sin vergüenza de serlo, libertario y laico, sedujo a un grupo de derechistas muy jóvenes. Uno de ellos era Paul Elliott Singer. “Me interesa muy poco que el Estado sea más eficiente”, decía Goldwater en su trabajo La conciencia de un conservador. “Lo que quiero es reducirlo. No quiero promover el bienestar. Propongo extender la libertad. Mi objetivo no es que aprueben leyes sino que las rechacen. No es inaugurar programas nuevos sino suprimir los viejos programas que violan la Constitución e imponen al pueblo una carga financiera sin garantías. Me atacarán por negar los ‘intereses’ de los votantes, pero diré que fui informado de que su mayor interés es la libertad”. Al aceptar la candidatura republicana proclamó: “El extremismo en defensa de la libertad no es un vicio, y la moderación en la búsqueda de justicia no es una virtud”.
Tras la crisis de Watergate, Goldwater lideró a los republicanos que veían en Nixon una carga del pasado peligrosa para los conservadores. Corrido Nixon del escenario quedó nítido que la nueva figura sería Ronald Reagan, el actor que en 1966 y 1970 fue electo dos veces gobernador de California. Reagan llegó a la presidencia en enero de 1981, a punto de cumplir los 70, y pudo acceder a un segundo mandato que terminó en enero de 1989.
La presidencia de Reagan estuvo marcada por los discípulos de Goldwater. Muchos de ellos se autotitularon neoconservadores y se agruparon en torno de una revista creada en 1945 por el American Jewish Committee de los Estados Unidos que con el tiempo pasó a incluir una temática amplia: Commentary. Junto con Norman Podhoretz, un antiguo simpatizante de León Trotsky convertido en intelectual de derecha, trabajó por ejemplo Jeane Kirkpatrick, la investigadora que en 1971 publicó una tesis doctoral titulada “Líder y vanguardia en la sociedad de masas: un estudio de la Argentina peronista”. En 1979 la inquieta Kirkpatrick publicó en Commentary un famoso trabajo, “Dictaduras y doble standards”. Criticaba al presidente James Carter, que gobernaba desde 1977, porque en su opinión había dejado que la Unión Soviética avanzara en el Cuerno de Africa, Afganistán, Sudáfrica y el Caribe. También, según ella, había sido ineficaz para evitar el triunfo sandinista en Nicaragua y la rebelión iraní dirigida por el ayatolá Khomeini contra Reza Pahlevi. Kirkpatrick escribió que, igual que antes en Cuba y en China, el retiro del apoyo norteamericano a la Nicaragua de Anastasio Somoza y al Irán del sha y “el esfuerzo norteamericano para imponer al liberalización y la democratización” resultaron confrontados con fuerzas violentas de oposición en cada país. El gobierno de los Estados Unidos no sólo fracasó en la liberalización “sino que de hecho ayudó a que llegaran al poder nuevos regímenes en los que la gente común pasó a disfrutar de menos libertades y menos seguridad individual que bajo los sistemas autocráticos anteriores”. Además, los gobiernos nuevos eran “hostiles a los intereses y políticas” de los Estados Unidos.
Kirkpatrick no se privó de mencionar otros países: “A fines de 1978 más de seis millones de refugiados debieron irse de países gobernados por gobiernos marxistas. El flujo de personas que huyen de las utopías revolucionarias es incesante a pesar de muros, cercos y armas. Hay un contraste entre el número de refugiados creado por los regímenes marxistas con el creado por otras autocracias: más de un millón de cubanos dejaron su tierra desde que Castro tomó el poder, lo que significa un refugiado cada nueve habitantes. Más que los aproximadamente 35 mil refugiados de cada país como la Argentina, Brasil y Chile”.
Por otra parte, “la historia de este siglo no ofrece base alguna para esperar que los regímenes totalitarios radicales se transformen a sí mismos”. Para Washington, la fórmula realista de pensar un cambio de régimen en países dictatoriales no marxistas sería “distinguir entre agentes de cambio democráticos y totalitarios”. Kirkpatrick sostiene que “si los líderes revolucionarios describen a los Estados Unidos como la desgracia del siglo XX, el enemigo de los pueblos amantes de la libertad, el perpetrador del imperialismo, el racismo, el colonialismo, la guerra y el genocidio, no son auténticos demócratas o, para decirlo suavemente, no son amigos”. Más claramente: “Los grupos que se definen a sí mismos como enemigos deberían ser tratados como enemigos”. Y aún más: “El idealismo liberal no necesita ser equivalente al masoquismo y no tiene por qué ser incompatible con la defensa de la libertad y el interés nacional”.
Con Reagan, Kirkpatrick fue embajadora en las Naciones Unidas. En 1982 su tesis sobre las dictaduras latinoamericanas, sumada al trabajo diversionista de la Agencia Central de Inteligencia a través del general Vernon Walters, hicieron que la dictadura argentina se convenciera de que su búsqueda del poder perpetuo mediante el desembarco en Malvinas sería apoyada por los Estados Unidos en contra del Reino Unido.

Dinero y energía

Kirkpatrick murió en 2006. A los 84 años, Podhoretz ya no dirige Commentary. Se encarga su hijo John, a quien secunda un consejo editorial que integra, entre otros, Paul Singer. El artículo principal del ejemplar de junio es una crítica escrita por Jonah Goldberg al libro del francés Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI. Piketty critica el alto nivel de concentración de la economía. Goldberg, investigador del American Entrerprise Institute, dice que Obama y una de sus probables sucesoras, Hillary Clinton, están en sintonía con Piketty cuando insisten en la inequidad de la economía actual.
Piketty sería, de esa manera, el modelo contrario a la práctica de los hermanos Koch, que al margen de organizar seminarios semestrales con jueces de la Corte Suprema o dirigentes como el senador de Oklahoma Tom Coburn o el representante por Wisconsin Paul Ryan –ex candidato a vicepresidente y amigo de Singer– auspician campañas para desacreditar el debate sobre el calentamiento global del planeta y cualquier ciencia que aporte a la discusión sobre el efecto invernadero. También contribuyen a la extrema derecha agrupada en el grupo Tea Party a través del financiamiento de organizaciones como American for Prosperity o de planes de acción para pelear contra cualquier reforma de salud. Como Whitaker and Baxter en su momento, Charles Koch empieza cada reunión planteando que un tema es “de vida o muerte para los Estados Unidos”. También suele decir a sus invitados que no necesita su dinero sino su energía. “Ustedes tienen que traer nuevos socios, gente nueva. No podemos hacerlo solos. Este grupo no puede hacer todo solo. Tenemos que multiplicarnos.”
Singer pone su energía no solo en reunir dinero para los republicanos –en términos argentinos sería el puntero de los recaudadores– y los fondos buitre que litigan contra la Argentina. Su pelea es contra cualquier regulación que pueda afectar todo negocio derivado del sistema financiero. La revista Mother Jones cita a Harvey Miller, un experto en quiebras del estudio Weil, Gotshal & Manges, que litigó contra el fondo Elliott: “Singer es un adversario duro y complicado. No es un negociador. Es persistente y no le gusta abandonar la pelea”.
martin.granovsky@gmail.com

Los paisanos le dicen

Los paisanos le dicen

Guilherme de Alencar Pinto
29 de junio de 2014 
Artigas en la canción
“Bravos Orientales,/ Himnos entonad,/ Que Artigas va al templo/ De la libertad.” Ésta es la cuarteta inicial de una “canción patriótica” de 1812, de autor anónimo, que, según un relato de la época, fue impresa en Londres, circuló ampliamente en la Banda Oriental, Entre Ríos y Corrientes, descrita así por un oficial de nombre Galván en oficio a Artigas “Es una hermosa marcha militar, con que he visto un ejército de 5.000 patriotas cantándola con lágrimas de entusiasmo.”
Artigas estuvo cercado de payadores y poetas-guitarreros que usaron la canción como vehículo para sus crónicas, arengas, sátiras desmoralizantes del enemigo, proselitismo, o simple entretenimiento. Entre ellos se destaca Bartolomé Hidalgo (1788-1822), quien suele ser celebrado como el fundador de la literatura gauchesca, “Primer poeta de la patria, primer cantor de la gesta artiguista”. Con esas credenciales, suele ser señalado como una especie de punto cero en la historia de la canción popular del Uruguay: su natalicio el 24 de agosto pasó a ser el Día del Payador, y su figura histórica fue varias veces evocada como un elemento legitimador para la “canción protesta”, así como el propio Artigas lo era para la lucha revolucionaria. Y de ahí que algunas de esas canciones nuevas recuperaran esa especie casi extinguida que era el cielito, como los dos que aparecen en Canciones chuecas de Daniel Viglietti y el que está en La patria, compañero de Numa Moraes (ambos discos de 1971).
Las referencias directas a Artigas en Hidalgo o en Eusebio Valdenegro (1781-1818) no son muchas y tienen el carácter de loas medio rutinarias (“¡Artigas fué el caballero/ Que con su magnanimidad,/ Fué clemente y verdadero/ Apóstol de la humanidad!”). Mucho más abundantes y cálidas son las que constan en los textos atribuidos a Ansina, publicados en 1951 en una antología poética. Por desgracia, su autenticidad es dudosa y no puede asumirse sin más prueba. De todos modos sólo se conocen los textos y vagos detalles sobre la música de la mayor parte de ese cancionero de tiempos de Artigas.
En tiempos menos remotos, las canciones sobre el prócer constituyen un repertorio bastante vasto. La mayoría de ellas, en forma esperable, es folclorista. Hay una mayoría de milongas, pero también varias incursiones en especies más arcaicas, expresamente revividas para evocar el nacimiento de la nación (huella, vidalita, cielito, pericón). La popular “Memorias a Artigas”, grabada por Amalia de la Vega en 1958, es un estilo que había sido recopilado por Ayestarán a un cierto “Cieguito Juan”. Las tres estrofas se corresponden con el ciclo “aurora, lucha y ocaso”, común a varias obras posteriores. Lo colectivo está ausente de este texto en que el prócer figura como el ejecutor solitario: “Artigas fue el gran guerrero/ que luchando en cien batallas/ a estas playas uruguayas/ libertó del extranjero”. Más adelante dice que ese “lucero” (Artigas) “al criollo puro alumbró”, pero dicho criollo nunca se convierte en sujeto. El poema termina, paradójicamente, con el génesis, en que la palabra del demiurgo da origen al mundo nuevo: “—¡Patria!— dijo, y libertad/ le dejó a los orientales.”
En cuanto maestro, Rubén Lena (1925-1995) respetaba la función consolidadora de identidad, propia de los mitos. “Cuando pensaba en las canciones sobre el héroe, analizaba sus músicas y textos y los hallaba valiosos, pero la gente permanecía lejana y respetuosa cuando las oía en las celebraciones patrias.” Su sensibilidad de pedagogo le valió la más entrañada de las canciones artiguistas, la milonga “A don José”, lanzada por Los Olimareños en 1965. El primer verso “¿Ven a ese criollo rodear?” personaliza el locutor (quien hace la pregunta) y, en el mismo acto, incluye al oyente, convocado a comprometer su imaginación en el escenario mismo de los hechos. “Los paisanos le dicen:/ Mi general”: el rango lo conceden los paisanos, que son el sujeto de la frase. No faltan los habituales tropos sobrenaturales (“Va alumbrando con su voz/ la oscuridad/ y hasta las piedras saben/ adonde va”) para el carisma de Artigas. Pero Lena cuida de hacer una referencia a los contingentes de indios y de morenos, y el contagio “de fogón en fogón” que culmina en el “Si la patria me llama/ aquí estoy yo”, que es la repercusión en aquel mismo paisano, apto a contagiar al oyente. En forma prodigiosamente sintética, vamos del esplendor al ocaso en sólo cuatro versos: “«Con libertad ni ofendo ni temo»” está en la brillante voz metálica de Braulio y en la relativa mayor, pero ya “Oriental en la vida/ y en la muerte también” es tristongo, en registro grave, en menor. La traición, la derrota y el largo exilio no están explícitos en el texto, sino que están traídos a colación (para cualquiera familiarizado con la historia local) por la música. El arreglo vocal de Los Olimareños pronuncia la dramaturgia de la canción: Pepe es el docente —el que formula las preguntas—, Braulio encarna la voz del héroe, y el dúo representa el relato objetivo, debidamente colectivizado. La tonalidad menor implica una cierta tristeza, acentuada por el registro grave de la melodía introductoria en la guitarra de Pepe, y por el final que enlentece, se achica, se hunde, lo opuesto de lo triunfal. La única conquista definitiva en este relato es la disposición para la lucha.
Lena no transigió en suprimir al hombre del pueblo de su relato/retrato, ni descansó en una supuesta libertad conquistada. Aun así su intención fue incluyente, y su canción alcanzó un excepcional consenso. Mientras Lena era destituido de su cargo docente y Los Olimareños eran empujados al exilio, las fuerzas armadas la utilizaron en la difusión de comunicados, y promocionaron las coreadas masivas al pie de la gigantesca estatua ecuestre de Cerro Artigas, Lavalleja, en la Noche de los Fogones a partir de 1974. En cuanto fue posible, dieron preferencia a nuevas versiones por conjuntos oficialistas como Los Nocheros y Los Fogoneros (y compararlas —sobre todo esta última, lavadísima— con la de Los Olimareños, es una excelente manera de observar cuánto se cuela de definición política en aparentes minucias de la interpretación musical). Hasta hoy persiste en el repertorio de bandas policiales y militares. Ninguna otra canción uruguaya está tan cerca del consenso que consagra un himno patrio.
También del repertorio de Los Olimareños, el vals “Cosas de Artigas” (1964), de Víctor Lima (1921-1969), es mayormente una paráfrasis de los grandes tópicos del ideario de Artigas, coronada con un estribillo bárbaramente combativo: “El día que me quede sin soldados/ tendré los arcabuces de la sangre/ para pelear con perros cimarrones”. La tendencia a enfatizar la proyección del mito hacia la lucha futura se acentuó durante el pachecato. En “A José Artigas” (1968), de Carlos Bonavita y Alfredo Zitarrosa (1936-1989), la diferencia entre la lucha (pasado/futuro) y el ocaso está dramatizada en el contraste entre el ritmo vibrante de huella y una vidalita lamentosa (que corresponden a dos registros de la voz del cantor). Es característico de esos géneros una bifurcación del interlocutor, que suele ser la propia especie musical y eventualmente algo/alguien más: “patria sola y muda,/ rompé tu silencio, vidalitay,/ vamos en tu ayuda”. Revivificado el discurso por el regreso definitivo de la huella, el interlocutor se vuelve a bifurcar: “En tu ayuda, ¡ay paisanos!, monten baguales; vamos mano con mano los orientales”. En la última vidalita habíamos pasado del yo al nosotros, y ahora “nosotros” reduce en un mismo interlocutor a la patria y a los paisanos, que se asimilan la una a los otros: nada de patria abstracta, la patria son los paisanos, los orientales se alzan para ayudarse (y la voz de Zitarrosa es reforzada por el coro en el último verso).
El mito de Artigas se presta a un tratamiento mesiánico. Hay ejemplos de ello en dos cantatas artiguistas. En La Batalla de Las Piedras (1968, texto de Washington Carrasco, música de Oscar del Monte) Artigas es todo un macho alfa: “Al paso de su caballo los enemigos temblaron/ Por su estampa y su valor cuántas mozas suspiraron”. Hay un relato en segunda persona, a la manera de una oración, que evoca figuras vinculadas a la resurrección y la gloria celestial: “Por los campos de tu tierra andarás donde anduviste siguiendo una huella noble, tan noble como tú fuiste. El gauchaje agradecido siempre te ha de recordar porque supiste sembrar amor, bondad, patriotismo. Entre árboles de nubes, con un ramaje de estrellas, allá va mi general, con escolta y con banderas”. En otra sección, luego de preguntarse  “¿Qué estrella cabalgará?”, se afirma: “Y si algún día desmonte iremos a batallar”.
La otra cantata, de Aníbal Sampayo (1926-2007), José Artigas/Aurora, lucha y ocaso del protector de los pueblos libres (1970) es aun más decidida en el mesianismo. El relato empieza con la natividad de un José Gervasio predestinado: “¡hacia el alto cielo; la estrella y es él!/ ¡Un niño que nace! ¡La patria amanece!/ pues trae en la frente, de gloria un laurel”. Como en “Memorias a Artigas” el héroe emprende la lucha sin mención de ayuda: “Crecerá soldado [...] para hacernos libres”. La pieza es alevosamente ideológica, y la actuación de Artigas con los blandengues contra los malones es saludada en términos que en otro contexto se asociarían a la derecha: “cada gaucho un soldado/ cada uno, un héroe/ Capitán José Artigas/ crece su fama.../ Restaurador del Orden.” (No cuesta mucho imaginarnos a policías y soldados alentados por esa canción para combatir la guerrilla —con la que Sampayo estaba comprometido, lo que le valdría ocho años de prisión—.) Inspirada en la “Marcha oriental” de Hidalgo, la sección sobre el éxodo es una marcha militar, lo que produce la idea de la caravana popular como una parada de soldados ordenada y rígida. Pero la postura de izquierda es inequívoca en la disposición expropiatoria de la más célebre pieza de la cantata: “Tajante como navaja/ es la consigna artiguista/ barrer al latifundista/ la tierra es del que trabaja”. La obra termina con la habitual visión del futuro: “Gloria al sol [...] que de Artigas espera/ la Redención”.
La resurrección está también, en forma más refinada y contundente, en las “Décimas (a Artigas)” (1971) de Enrique Estrázulas y Numa Moraes: “Si te arrimara un caballo/ seguro que volverías/ del ostracismo a tu rancho/ trepando por la cuchilla”. Ese regreso de Artigas, de paso, zanjaría controversias: “le cavarías la fosa al historiador,/ mentiroso, legalista/ que dijo que nunca fuiste/ libertario, ni podía/ hacer justicia tu mano/ con puñales o gatillos”. Desestimada la alternativa legalista, el condicional cede paso al futuro perfecto: “Por aquí, levantarás,/ polvaredas perseguidas/ matrero te llamarán/ una vez más y tu vida/ tendrá precio, General,/ pero tendrás quien te siga/ la Patria Grande será/ desenvainada cuchilla” (qué bello ese doble uso de “cuchilla”). En el proceso, el milongueo veloz del inicio se convierte en un rasgueo que evoca un galope y “Silbará el viento en la crin de la llanura encendida” es cantada con notas largas y fuertes, que son simultáneamente viento, grito de guerra y clarinada.
La devoción llega a un colmo en “Décimas al Cumba viejo”, de Martín Ardúa y Tabaré Etcheverry, que fantasea con “sentirme conforme de ser polvo en tu uniforme y sudor en tu caballo”. La milonga integra un álbum conceptual, Él es uno de nosotros/Tabaré Etcheverry le canta a José Artigas (1969), que, con las dos cantatas, convierte el trienio 1968-70 en el más pródigo en canciones artiguistas en tiempos pos-artigasianos.
Aparte de una regrabación de “A don José”, hay dos canciones sobre Artigas en los dos (1975 y 1976) Álbum de la orientalidad, de cuño oficialista. Son “Dos cielos y un general”, de Maruja Quadros y Jorge Guarascier, y “Presente, mi General”, de Ruby Castillo. La insistencia en el rango militar se proyectaba hacia el poder imperante y, tal como el mausoleo que se estaba construyendo, se omiten referencias al ideario para restringirse a epítetos, victorias y valores viriles.
El Canto Popular no fue pródigo en canciones sobre Artigas, quizá por diferenciarse de los enfoques preexistentes, y porque pairaban restricciones para nombrar al prócer en textos opositores. Ya en clima de apertura, la murga Falta y Resto pudo hacer en el carnaval 1984 su retirada “1811”, con texto de Raúl Castro y música original de Walter Venencio. El héroe es referido sin nombrarse. En las nuevas circunstancias, el éxodo es el entretiempo (la sociedad en dictadura) y es también la masa de exiliados cuyo regreso era inminente. Meses después la siguiente estrofa (que seguía en el repertorio de la “murga de las cuatro estaciones”) ganaría connotaciones perturbadoras: “mientras algunos/ negociaban la historia/ de un pueblo de irredentos/ tu verbo solitario/ alzaba multitudes/ y desenmascaraba/ traidores y silencios./ Mientras ellos pactaban/ tú aguardabas callado/ confiaba en ti tu gente/ condenada al mutismo/ esperaban por ti/ y otra vez enseñaste/ «no esperéis nada más/ que de vosotros mismos»”. El final de la retirada anticipa, triunfal, el regreso del Ayuí, pero no sin antes dar cuenta de lo pendiente: “la idea federal que cobijaste [...] Te debemos aún el cumplimiento/ del Reglamento de tierras que creaste/ te debemos treinta años de destierro/ que por odio a los tiranos ofrendaste.”
En junio de 1985 en su espectáculo conjunto El Fantasma Irrestricto, Leo Maslíah y Jorge Lazaroff estrenaron canciones sobre Artigas. Ninguna de las dos es folclorista (sólo las estrofas pares de la de Lazaroff tienen ritmo de milonga), y ambas, en alguna medida, ponen en cuestión los relatos habituales. “Locura inofensiva con inversión peligrosa”, de Maslíah, comenta la locura de “creer que hay personas que son estatuas/ creer que Artigas es de bronce y homenajearlo así// A menos que esto ya no sea una locura completamente y que haya algo de todo esto acá/ Mirá si el tipo está encerrado adentro de su estatua/ Y no puede salir”. La de Lazaroff (1950-1989) es una musicalización del poema “Ríos” (1971), de Juan Gelman, relato hiperbólico de un éxodo que no tiene nada de la ordenada marcha de Sampayo: sensual, oloroso, mestizado, bárbaro, hambriento, bestial. La musicalización es casi literal, pero hay diferencias importantísimas: Lazaroff convierte en estribillo los primeros versos, dándoles así mucho mayor presencia, y les agrega un “usted”: “pero usted, José Gervasio/ de Artigas, soñaba otra cosa”. Ese cambio de una palabra incluye la canción en lo que, como se vio, es una tradición: Artigas como interlocutor, presentizado. Sólo que aquí no se trata de una oración o de un tuteo amigable: hay un algo de interpelación (“soñaba otra cosa” puede referirse a que la realidad es distinta de lo que se soñaba, pero también a que quizá los sueños tambalearon), una en que se está pinchando también la conciencia del oyente. Al final del poema, una serie de figuras elípticamente sexuales implican engendrar, por el héroe, “una paloma en el vientre/ y de repente se voló/ empezó el sol de la justicia”. Lazaroff, omite, justamente, el “empezó” triunfalista, invirtiendo el sentido del verso: “de repente se voló el sol de la justicia”, y concluyendo con el estribillo: “pero usted, José Gervasio/ de Artigas, soñaba otra cosa”. La última nota de la melodía es el tritono de la tónica, la nota más incómoda, más tensa, más incompleta posible.
En el espíritu pos-histórico de los tiempos más recientes el cancionero artigasiano se siguió acrecentando, pero con un carácter mucho más disperso. La canción más famosa, por lejos, es “El día que Artigas se emborrachó”, de Ricardo Musso, lanzada por el Cuarteto de Nos en 1996, que llevó más lejos que ninguna el intento de “desbroncear” a Artigas, a ritmo de rocanrol, con referencias sexuales, escatológicas, irreverentes y —lo más transgresor para el juego “macho alfa”— una escapada homosexual: “Y mamado hasta las patas dijo/ «Me gusta esta china»/ Y en realidad no era otro que el negro Ansina”/ Fajó a Lavalleja que le quiso explicar/ Y el pedo se le fue recién en el Paraguay”. En ningún momento la canción hace poco caso del ideario artiguista o pone en duda el papel histórico del prócer. Ese ejercicio aparentemente inconsecuente de irreverencia roquera sirvió para dejar a la muestra las hilachas de importantes resabios de fascismo en la sociedad uruguaya: hubo reiterados intentos de censura, públicos y privados, apaciguados finalmente con una ridícula prohibición de vender el disco para menores de 18 años y la veda de su difusión en el horario de protección al menor.
El espacio no permite profundizar en muchas otras piezas del cancionero artiguista, que incluye (entre otros) composiciones de Washington y Carlos Benavides, Carlos Maggi/Hugo Fattoruso, Jaime Roos, Edú Lombardo. Una de las más recientes es la milonga “Copla de exilios” (grabada en 2013) de Mauricio Ubal, que asimila el éxodo y el exilio de Artigas al exilio, ya no específicamente político, de tantos uruguayos. Ya no hay miras de triunfo inminente: “y el General cabalga todavía/ con un país al hombro que no era Uruguay/ huyendo va de alveares y sarmientos/ de los mausoleos que vendrán”. En un juego semiótico riquísimo, el estribillo “¿quién anda ahí?/ apunten al caballo” es simultáneamente emitido por el personaje (el tono de voz fuerte, que interroga desde prudente distancia, y luego ordena), pero también por el subnarrador externo a la acción, de donde el afecto que es dolido, más que guerrero. Ya había dolor en “A don José”, e incluso en “Memorias a Artigas”. Pero en esta canción está a flor de piel. Es el dolor inseparable del mito de Artigas, que incluye, por supuesto, el intransferible e inmenso orgullo de haber contado con un líder de esas características como parte de la historia y de la identidad de uno, pero que es al mismo tiempo el desamparo de tener su ejemplo, tantas veces evocado y celebrado, reiteradamente traicionado y abandonado.
Guilherme de Alencar Pinto