El “católico” gobierno de Kast
Juan Pablo Cárdenas S.
On May 6, 2026

Desde el momento mismo que sus ministros juraron, y no se limitaron a prometer, respetar la Constitución y las leyes al asumir sus cargos, el país pudo comprobar que el gobierno de José Antonio Kast manifestaba su vocación de fe católica como uno de los rasgos más distintivos de la ideología de la nueva administración.
Algo distinto ocurrió con esta ceremonia republicana durante los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría en que los juramentos o las promesas de sus principales integrantes se manifestaban en distintas voces, explicitando con ello la pluralidad de credos o creencias que en general caracterizó a sus dirigentes. No sería extraño que la confesión religiosa fuera exigida por el Presidente Kast para designar ahora a sus colaboradores, atendiendo a sus propias convicciones, como al formar parte al interior del catolicismo de una de sus expresiones más conservadoras, como lo es el grupo mariano Schonstatt.
Algo distinto ocurrió con esta ceremonia republicana durante los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría en que los juramentos o las promesas de sus principales integrantes se manifestaban en distintas voces, explicitando con ello la pluralidad de credos o creencias que en general caracterizó a sus dirigentes. No sería extraño que la confesión religiosa fuera exigida por el Presidente Kast para designar ahora a sus colaboradores, atendiendo a sus propias convicciones, como al formar parte al interior del catolicismo de una de sus expresiones más conservadoras, como lo es el grupo mariano Schonstatt.
Se sabe que desde el primer día en La Moneda se reeditaron las misas matinales con la concurrencia de los servidores públicos más devotos y en la onda espiritual del Presidente y de la Primera Dama. Algo que de todas maneras satisfizo a las autoridades eclesiásticas, pese a que muy luego frustró las expectativas un Cardenal Arzobispo de Santiago que reprochó la forma tan poco cristiana en que se empezaron a despedir a decenas de funcionarios públicos y asesores del gobierno saliente de Gabriel Boric.
Lo que ocurre es que muchas de las actuales autoridades hicieron en el pasado, público respaldo a la dictadura de Pinochet mientras varias de las iglesias chilenas se dieron a la tarea de asumir la defensa de los perseguidos políticos, reprobar severamente las violaciones de los Derechos Humanos y organizar toda una Vicaría de la Solidaridad que se ocupara de dar protección a los disidentes, a los torturados, a los detenidos desaparecidos y a cientos de miles de chilenos comprometidos en ponerle fin a un régimen cívico militar repudiado prácticamente por el mundo entero, así como por la propia curia romana.
Fueron tiempos en que la unidad de los católicos se hizo trizas y hasta hoy es perfectamente posible visualizar a los que fueron activos y cómplices colaboradores del régimen de facto, así como a aquellos miles de sacerdotes y cristianos de base que arriesgaron sus vidas, y hasta las ofrendaron al hacerse intérpretes de la iglesia del Concilio Vaticano ll, la Teología de la Liberación, las encíclicas sociales y las exhortaciones de los 10 últimos pontífices y de numerosos obispos y asambleas episcopales del mundo.
Lo que ocurre es que muchas de las actuales autoridades hicieron en el pasado, público respaldo a la dictadura de Pinochet mientras varias de las iglesias chilenas se dieron a la tarea de asumir la defensa de los perseguidos políticos, reprobar severamente las violaciones de los Derechos Humanos y organizar toda una Vicaría de la Solidaridad que se ocupara de dar protección a los disidentes, a los torturados, a los detenidos desaparecidos y a cientos de miles de chilenos comprometidos en ponerle fin a un régimen cívico militar repudiado prácticamente por el mundo entero, así como por la propia curia romana.
Fueron tiempos en que la unidad de los católicos se hizo trizas y hasta hoy es perfectamente posible visualizar a los que fueron activos y cómplices colaboradores del régimen de facto, así como a aquellos miles de sacerdotes y cristianos de base que arriesgaron sus vidas, y hasta las ofrendaron al hacerse intérpretes de la iglesia del Concilio Vaticano ll, la Teología de la Liberación, las encíclicas sociales y las exhortaciones de los 10 últimos pontífices y de numerosos obispos y asambleas episcopales del mundo.

Sin embargo, innumerables cristianos de avanzada vieron frustrar sus esperanzas durante la posdictadura al comprobar las reiteradas desafecciones ideológicas de quienes llegaron a la política, además de comprobar graves corrupciones en el ejercicio del poder.
Ello es lo que mejor puede explicar la facilidad con que muchos católicos de derecha o ultraderecha se sacudieron tan fácilmente de sus pecados y fueron capaces, en muy poco tiempo, asumir como adalides de la democracia, financiar onerosas campañas políticas, llegar tres veces a la Moneda y controlar actualmente el Parlamento, además de una multiplicidad de gobiernos regionales.
Al tiempo que muchos medios de comunicación democráticos eran asesinados por los sucesivos gobiernos de centroizquierda y se reforzaban, con publicidad fiscal, aquellos que hicieron gala del pinochetismo, promovieron la impunidad y consagraron como verdad oficial el neoliberalismo o el capitalismo salvaje, también tan proscrito por las enseñanzas papales.
No es de extrañarse que actualmente, en su desfachatez, haya quienes abogan desde el oficialismo por el indulto en favor de los más tenebrosos agentes del Terrorismo de Estado y los delitos de lesa humanidad, como que la Constitución de 1980 siga siendo jurada por quienes asumen los más altos cargos públicos.
Es evidente que, en la vocación religiosa del Partido Republicano, de la UDI y de otros partidos oficialistas, lo que predomina es el apego por los ritos y no al contenido evangélico. En ningún caso, por ejemplo, por aquellas conmovedoras líneas del Sermón de la Montaña.
Al tiempo que muchos medios de comunicación democráticos eran asesinados por los sucesivos gobiernos de centroizquierda y se reforzaban, con publicidad fiscal, aquellos que hicieron gala del pinochetismo, promovieron la impunidad y consagraron como verdad oficial el neoliberalismo o el capitalismo salvaje, también tan proscrito por las enseñanzas papales.
No es de extrañarse que actualmente, en su desfachatez, haya quienes abogan desde el oficialismo por el indulto en favor de los más tenebrosos agentes del Terrorismo de Estado y los delitos de lesa humanidad, como que la Constitución de 1980 siga siendo jurada por quienes asumen los más altos cargos públicos.
Es evidente que, en la vocación religiosa del Partido Republicano, de la UDI y de otros partidos oficialistas, lo que predomina es el apego por los ritos y no al contenido evangélico. En ningún caso, por ejemplo, por aquellas conmovedoras líneas del Sermón de la Montaña.
Una interpretación superficial de los textos religiosos, inspirados en ese Dios castigador e inclemente, conduce a millones de chilenos y latinoamericanos, a abogar por gobiernos autoritarios y altamente represivos, habida cuenta la criminalidad y la violencia que afecta al común de nuestras naciones. Un fenómeno que, por supuesto, es hábilmente exacerbado por el periodismo fútil, la frivolidad televisiva y la ignorancia fomentada.
Así como afecta el desencanto del mundo religioso la intensidad, por ejemplo, de las campañas pro aborto que no pocos sectores de izquierda han relevado por encima de los objetivos de justicia social. Tal como el complejo de izquierda de ceder frente a los antivalores de la discriminación hacia los inmigrantes, un objetivo dilecto de la demagogia derechista que promete expulsar a cientos de miles de trabajadores provenientes de países hermanos, invitados ayer a radicarse aquí para posteriormente ser imputados y segregados como delincuentes comunes.
También haciendo caso omiso de la defensa que en su favor ejercen las iglesias y miles de chilenos de buena voluntad y sentimiento solidario. Que valoran, además, la enorme contribución de las diferentes inmigraciones históricas en el desarrollo y la formación de nuestra condición social y cultural.

Tanto ha penetrado el discurso de la derecha en la política chilena que hasta acontecimientos tan relevantes como el Estallido Social del 2019, que movilizara a tantos millones de chilenos, esté hoy tan estigmatizado por los propios sectores progresistas, pese a que siguen predominando las enormes desigualdades en nuestra población y solo auguran una más drástica reedición. Gatillado ahora por los mismos índices de desempleo, la inflación y la crisis mundial.
Con un gobierno cuyo principal e hipócrita cometido ideológico es servir a los más poderosos, en la ilusión de que la riqueza concentrada en unos pocos podría derramar bienestar para la clase media y los sectores más pobres. Lo que se ha probado tantas veces como una falacia debido a la codicia empresarial, la paulatina degradación de nuestros estados dependientes, como al desdibujarse los valores del humanismo y la equidad en la conciencia política.
* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.
Con un gobierno cuyo principal e hipócrita cometido ideológico es servir a los más poderosos, en la ilusión de que la riqueza concentrada en unos pocos podría derramar bienestar para la clase media y los sectores más pobres. Lo que se ha probado tantas veces como una falacia debido a la codicia empresarial, la paulatina degradación de nuestros estados dependientes, como al desdibujarse los valores del humanismo y la equidad en la conciencia política.
* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.