14 ene 2015

Atentados terroristas en París: desbalance en la cobertura mediática

El atroz ataque contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo, que provocó 17 muertos y más de una decena de heridos, conmocionó a la opinión pública mundial, pero evidenció un tratamiento asimétrico al tema del terrorismo internacional.

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ROBERTO GARCIA HERNANDEZ / PL –
Esta acción repudiable mostró que existe un desequilibrio respecto de las reacciones y a lo que se publica sobre hechos terroristas tan atroces como ese e incluso de mayor magnitud en otras regiones del mundo, como es el caso de los asesinatos colectivos del grupo extremista Boko Haram, por solo citar un ejemplo.
Esa organización provocó en los días recientes cientos de muertos en Nigeria, donde la cifra de víctimas fatales, según Naciones Unidas, pudiera elevarse a más de dos millares. Pero en este caso las declaraciones de condena han sido tímidas.
Sin embargo, la marcha multitudinaria en París este domingo contra el terrorismo contó con la asistencia de más de un millón de personas, encabezadas por el presidente Francois Hollande, e indignadas por los asesinatos.
Entre los dignatarios extranjeros que asistieron a la cita estuvo el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, responsable de varias masacres calificadas de terrorismo de Estado, la más reciente en 2014, en la que murieron alrededor de dos mil 200 civiles palestinos.
Los ataques extremistas en París, calificados por algunos como un nuevo 11 de septiembre, levantaron las alertas en Washington y sus principales aliados, cuyas figuras políticas aprovecharon el hecho para destacar la necesidad de dedicar más recursos a la lucha contra este flagelo.
En el caso de Estados Unidos, sectores conservadores toman dichos atentados como bandera para abogar en el Congreso contra las legislaciones que intentan detener las escandalosas actividades de espionaje doméstico de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA).
Además, medios de prensa en el país norteño repiten opiniones de algunos políticos que llaman incluso a reiniciar una lucha global contra el terrorismo, al estilo de la que comenzó en 2001 el entonces presidente George W. Bush.
En este contexto, voceros de sectores conservadores aprovecharon la coyuntura para decir que los hechos en París muestran la necesidad de mantener abierta la cárcel estadounidense en la base naval de Guantánamo.
En enero de 2002, la Casa Blanca abrió un centro de internamiento para extranjeros acusados de terroristas, en esa instalación castrense que Washington mantiene en territorio cubano contra la voluntad del pueblo y gobierno de la isla.
Al sumarse a esta campaña, la senadora republicana Kelly Ayotte y otros de sus colegas arremetieron contra el propósito del presidente Barack Obama de cerrar dicha penitenciaría, una promesa que no ha podido cumplir debido a la oposición del partido rojo y otros sectores de la ultraderecha.
Los ataques terroristas también parece que tendrán impacto político en la actual lucha de los republicanos en el Congreso estadounidense por dejar sin fondos las iniciativas de Obama sobre inmigración.
Voceros de los demócratas advirtieron del peligro que significan las intenciones de los republicanos de bloquear el financiamiento a una parte del Departamento de Seguridad Interior para neutralizar las iniciativas migratorias del jefe de la Casa Blanca.
De todas formas, los repudiables atentados en París marcan un giro en las prioridades de Estados Unidos y sus aliados en la lucha contra el extremismo islámico y les da “oportunos” elementos para convencer a la opinión pública de que cualquier esfuerzo es poco en esta contienda, incluso posibles acciones de terrorismo de Estado.
Pero sobre todo, los ataques ya son una ocasión favorable para que los servicios de espionaje incrementen los controles sobre sus respectivos ciudadanos, bajo el pretexto de la defensa de los valores occidentales y, sobre todo, para vigilarles más de cerca su libertad de expresión.

Cuando la CIA supera a la ficción

IPS

NACIONES UNIDAS (IPS/Thalif Deen) - La controvertida comedia de Hollywood “The Interview” (“La Entrevista”) trata sobre dos comunicadores estadounidenses que deben viajar a entrevistar al líder norcoreano Kim Jong-un, pero en el camino son reclutados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para envenenarlo.

Fidel Castro llega a la terminal MATS, en Washington, el 15 de abril de 1959. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos hicieron decenas de intentos de asesinar al líder cubano, hasta contratar a sicarios de la mafia siciliana. Crédito: Dominio Público.

El argumento, que enfureció a Corea del Norte, a la que se acusa de piratear las computadoras de la compañía Sony Pictures, encargada de la distribución del filme, es una mera ficción en la que se usa un químico para envenenar a Kim-Jong-un cuando este tendiera la mano a los periodistas.
Pero como la realidad de otras épocas supera la ficción, el plan para matar al líder norcoreano evoca hechos de fines de la década del 60 y del 70, cuando agentes de los servicios de inteligencia de Estados Unidos hicieron varios intentos de asesinar al líder cubano Fidel Castro, como la contratación de sicarios de la mafia siciliana.
Entre las hilarantes conspiraciones hubo un intento de introducir habanos envenenados en la casa de Castro o colocar sulfato de talio soluble en sus zapatos para que se le cayera la barba y se convirtiera en "el hazmerreír del mundo socialista".
Algunos de esos intentos fallidos fueron detallados por un informe de 1975, elaborado por un órgano de investigación de 11 miembros designado por el Comité de Inteligencia del Senado del Congreso legislativo, encabezado por el entonces legislador demócrata del estado de Idaho, Frank Church.
Las conspiraciones contra Castro probablemente vuelvan a ser objeto de debate ahora tras el anunció el mes pasado del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.
Michael Ratner, presidente emérito del Centro Europeo de Derechos Humanos y Constitucionales (ECCHR), dijo a IPS: "Por desgracia, y en especial para los norcoreanos y Kim Jong-un, la película no es una comedia que puedan ignorar".
La CIA tiene amplia trayectoria de conspiraciones exitosas para asesinar a líderes de países que deciden no actuar de conformidad con los deseos de Estados Unidos, explicó.
Varios de esos complots quedaron al descubierto en el informe del Comité del Senado en 1975, incluido intentos fallidos contra Castro, Patrice Lumumba, del Congo, Rafael Trujillo, de República Dominicana, y Ngo Dinh Diem, el primer presidente de Vietnam del Sur, entre otros, detalló Ratner, de la organización con sede en Berlín.
La presunta prohibición de ese tipo de asesinatos tras las revelaciones públicas no tiene mucho sentido; Estados Unidos ahora los llama "asesinatos selectivos", apuntó.
"Piense en el (ahora fallecido líder libio Muammar) Gadafi y otros asesinados por drones o por un Comando de Operaciones Conjuntas Especiales", sugirió.
En ese contexto, precisó, era de esperar una reacción de Corea del Norte, aunque no hay pruebas fundadas sobre su participación en el ataque pirata contra Sony.
"Piénselo de otro modo: está bien hacer comedias sobre asesinatos de líderes de pequeños países demonizados por Estados Unidos. Pero imagina si Rusia o China hicieran un filme sobre el asesinato del presidente estadounidense", observó.
Estados Unidos no se reiría de la comedia.
"No hay problema mientras el objetivo sea un estado pequeño al que se le puede pegar. Quiero ver que otro país haga una comedia sobre nuestro presidente y le aseguro que pagaría caro", remarcó Ratner.
James E. Jennings, presidente de Conciencia Internacional y director ejecutivo de Académicos de Estados Unidos por la Paz, dijo a IPS que nuevos datos sobre empresas de seguridad cibernética cuestionaron la afirmación dogmática del Buró Federal de Investigaciones (FBI) respecto de que el líder norcoreano estaba involucrado en el ataque pirata contra Sony.
"El apuro del FBI por dar un veredicto, del que quizá tenga que retractarse, motivó protestas de especialistas en seguridad en Internet y sospechas de teóricos de la conspiración sobre la posible participación de Estados Unidos en una extravagante trama para aislar aún más al régimen norcoreano", añadió.
Según ellos, pasaron cosas extrañas antes del episodio de Sony, precisó Jennings.
No sería la primera vez que la CIA recurre a trucos sucios para perjudicar a un régimen que no es de su agrado o trata de asesinar un gobernante extranjero.
La gente tiene derecho a mostrarse escéptica sobre las acusaciones del FBI y a cuestionar la posible participación de la CIA en el escándalo por el filme "The Interview", indicó.
"Solo tenemos que recordar a Irán en 1953, cuando el líder electo (Mohamed) Mosaddegh fue derrocado; Chile en 1973, cuando el presidente Salvador Allende fue depuesto y asesinado, y los torpes agentes que la CIA empleó para asesinar a Fidel Castro entre 1960 y 1975", detalló.
El propio inspector general de la CIA, así como el comité del Senado de 1975 y 1976 informaron sobre la numerosa cantidad de trucos utilizados para deshacerse de Castro, como habanos envenenados y conchas marinas explosivas.
"Uno se pregunta qué tomaban los altos mandos de la CIA cuando concibieron esas tontas ideas, más parecido al teatro Kabuki que a la política responsable de un gran país", bromeó Jennings. "Ya todos sabemos sobre Abu Ghraib, la tortura, las entregas extraordinarias y los centros clandestinos de detención", apuntó.
"Si resulta que la CIA está implicada de alguna forma en esta nueva farsa de Sony versus Corea del Norte, como sospechan algunos, es hora de que haya una nueva investigación del Congreso como la del comité del senador Church para darle un duro golpe a la agencia y mandar a algunas de sus actuales autoridades al sótano del horror al que pertenecen", opinó Jennings.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Verónica Firme

Las negociaciones secretas entre J. F. Kennedy y Fidel Castro

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WHITE PLAINS (Uypress/IPS, por Robert F. Kennedy Jr*) - El día del asesinato del presidente John F. Kennedy (JFK), el 22 de noviembre de 1963, uno de sus emisarios mantuvo una reunión secreta con el líder cubano Fidel Castro en la playa de Varadero, en Cuba, para discutir las condiciones que pondrían fin al embargo de Estados Unidos contra la isla y comenzarían el proceso de distensión entre ambos países.

Eso fue hace más de 50 años y ahora, por fin, el presidente estadounidense Barack Obama retomó el proceso de convertir el sueño de JFK en realidad mediante el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba.

Esas conversaciones clandestinas en la residencia veraniega de Castro en Varadero se desarrollaban hacía meses, habiendo evolucionado a la par de la mejora de las relaciones con la Unión Soviética tras la crisis de los misiles en Cuba de 1962.

Durante esa crisis, JFK y el líder soviético Nikita Jruschov, los dos enfrentados a sus propios militares de línea dura, desarrollaron un respeto mutuo, incluso cordialidad, el uno por el otro. Un pacto secreto entre ellos allanó el camino para el retiro de los misiles soviéticos de Cuba y los misiles Júpiter estadounidenses de Turquía, salvando así el honor de ambos bandos.

Castro, por su parte, estaba furioso porque los rusos ordenaron la retirada de los misiles sin consultarlo. Tras la crisis, Jruschov invitó al resentido Fidel a Rusia para suavizar la ira del líder cubano.

Castro y Jruschov pasaron seis semanas juntos, mientras el líder ruso acosaba a Fidel para que buscara la distensión y la paz con el presidente Kennedy.

“Mi padre y Fidel desarrollaron una relación de maestro y discípulo”, escribiría más adelante Sergei, el hijo de Jruschov.

Este último quería convencer a Castro que JFK era digno de confianza.

El propio Fidel recordó que “durante horas” Jruschov “me leyó muchos mensajes… del presidente Kennedy,… a veces entregados por Robert Kennedy”. Castro regresó a Cuba decidido a buscar el camino del acercamiento.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) espiaba a todos. En un comunicado secreto enviado el 5 de enero de 1963 a sus compañeros, el agente Richard Helms, que se convertiría en director de la agencia en 1966, advirtió que “a petición de Jruschov, Castro regresaba a Cuba con la intención de adoptar una política conciliadora hacia el gobierno de Kennedy, por el momento”.

JFK era abierto a esos avances. En el otoño boreal de 1962 él y su hermano Robert enviaron a James Donovan, un abogado de Nueva York, y a John Nolan, un amigo y consejero de mi padre Robert Kennedy, a negociar la liberación de 1.500 presos cubanos que Castro capturó tras la invasión de Bahía de Cochinos, en abril de 1961.

Donovan y Nolan desarrollaron una amistad cordial con Castro, con quien viajaron juntos por el país. Fidel les hizo un recorrido por el campo de batalla de Bahía de Cochinos y los llevó a ver tantos partidos de béisbol que Nolan juró que nunca más volvería a ver ese deporte, según me contó.

Luego de liberar a los últimos 1.200 prisioneros el día de Navidad de 1962, Castro le preguntó a Donovan cómo proceder para normalizar las relaciones con Estados Unidos. “De la manera en que los puercoespines hacen el amor, con mucho cuidado”, fue la respuesta.

Mi padre y JFK tenían una intensa curiosidad acerca de Castro y les exigían a Donovan y Nolan descripciones detalladas, muy personales, del líder cubano.

La prensa estadounidense había caricaturizado a Fidel como borracho, sucio, irascible, violento e indisciplinado.

“Nuestra impresión no cuadraría con la imagen comúnmente aceptada. Castro nunca fue irritable, nunca fue borracho, nunca fue sucio”, les dijo Nolan. Él y Donovan describieron al líder cubano como mundano, ingenioso, curioso, bien informado, de impecable apariencia y conversación atractiva.

En sus viajes con Castro y tras haber sido testigos de las ovaciones espontáneas cuando ingresaba a los  estadios de béisbol con su pequeño pero profesional equipo de seguridad, ambos confirmaron los informes internos de la CIA que indicaban la inmensa popularidad que tenía el líder con el pueblo cubano.

JFK sintió una simpatía intuitiva hacia la revolución cubana. Su asistente especial y biógrafo Arthur Schlesinger escribió que “Kennedy tenía una simpatía natural por los desvalidos de América Latina y entendía el origen del resentimiento generalizado contra Estados Unidos”.

“La larga historia de abuso y explotación había vuelto a Fidel contra Estados Unidos y hacia los soviéticos en un momento en que podría haber girado hacia Occidente. La objeción de JFK fue por el papel de Cuba como títere soviético y plataforma para… fomentar la revolución y la expansión soviética en toda América Latina”, según Schlesinger.

Castro tenía sus propias razones nacionalistas para rechazar la dependencia soviética, particularmente después de la crisis de los misiles. Dejó claro su deseo de un acercamiento en las conversaciones privadas con la periodista de la cadena televisiva ABC, Lisa Howard, quien se desempeñó como otra emisaria informal entre JFK y Fidel.

Howard informó a la Casa Blanca que Castro “estaba dispuesto a discutir el personal y los equipos soviéticos en suelo cubano, la indemnización por las tierras y las inversiones norteamericanas expropiadas, la cuestión de Cuba como base para la subversión comunista en todo el hemisferio”.

Cuando los presos cubanos fueron liberados, JFK consideró seriamente la reanudación de las relaciones con Castro. Ese impulso lo llevó a navegar por aguas peligrosas. La sola mención de una distensión con Fidel era dinamita política ante la proximidad de las elecciones presidenciales de 1964 en Estados Unidos.

Tanto Barry Goldwater, el candidato presidencial del Partido Republicano, como Richard Nixon, el vicepresidente durante el gobierno de Dwight D. Eisenhower (1953-1961) y rival de JFK a la presidencia en 1960, y Nelson Rockefeller, el contrincante de Goldwater en la nominación republicana a la presidencia, consideraban a Cuba como el mayor capital político de su partido.

Algunos exiliados cubanos, homicidas y violentos, y sus contactos en la CIA creían que la idea de la coexistencia con Cuba era una traición infernal.

En septiembre de 1963, JFK solicitó a William Attwood, un experiodista y diplomático estadounidense ante la Organización de las Naciones Unidas, que entablara negociaciones secretas con Castro.

Attwood conocía a Castro desde 1959 cuando cubrió la Revolución Cubana para la revista Look, antes de que el líder se volviera contra Estados Unidos.

Ese mes, mi padre le pidió a Attwood que encontrara un lugar seguro para mantener conversaciones secretas con Fidel.

En octubre, Castro comenzó a organizar el vuelo clandestino de Attwood a una remota pista de aterrizaje en Cuba para iniciar las negociaciones sobre la distensión.

El 18 de noviembre de 1963, cuatro días antes del asesinato de JFK en Dallas, Castro escuchó la conversación telefónica de su ayudante, René Vallejo, con Attwood y acordó el orden del día para la reunión.

Ese mismo día, JFK preparó el camino para el acercamiento con un mensaje público claro.

En declaraciones a la Sociedad Interamericana de Prensa, en el corazón de la comunidad de exiliados cubanos en Miami, el presidente declaró que la política de Estados Unidos no era la de “dictar a nación alguna cómo organizar su vida económica. Cada nación es libre de dar forma a su propia institución económica de conformidad con sus propias necesidades y voluntad nacionales”.

Un mes antes, JFK había abierto otra vía secreta hacia Castro a través del periodista francés Jean Daniel, director del periódico socialista Le Nouvel Observateur.

En camino a entrevistar a Fidel en Cuba el 24 de octubre de 1963, Daniel visitó la Casa Blanca, donde JFK habló con él acerca de las relaciones entre ambos países.

En un mensaje destinado a Castro, JFK criticó enérgicamente al líder cubano por precipitar la crisis de los misiles. Luego cambió de tono, expresando la misma empatía hacia Cuba que había mostrado por el pueblo ruso en su discurso del 10 de junio de 1963 en la Universidad Americana, de Washington, al anunciar el tratado de prohibición de los ensayos nucleares con la Unión Soviética.

Kennedy se explayó sobre la extensa historia de las relaciones de Estados Unidos con el régimen corrupto y tiránico de Fulgencio Batista. JFK le dijo a Daniel que había apoyado el Manifiesto de Sierra Maestra al comienzo de la revolución cubana.

Entre el 19 y el 22 de noviembre de 1963, Castro tuvo sus propias entrevistas con Daniel, en las cuales interrogó cuidadosa y meticulosamente al periodista francés sobre su reunión con JFK, particularmente con respecto al fuerte respaldo de este a la Revolución Cubana.

Entonces Castro guardó un silencio reflexivo, componiendo una respuesta cuidadosa que sabía que JFK aguardaba. “Creo que Kennedy es sincero. También creo que expresar hoy esa sinceridad puede tener significación política”, dijo al final, midiendo cada palabra.

Y siguió con una crítica detallada de los gobiernos de Kennedy y Eisenhower, que habían atacado su Revolución Cubana “mucho antes de que existiera el pretexto y la coartada del comunismo”.

“Pero siento que” Kennedy “heredó una situación difícil: no creo que el Presidente de los Estados Unidos sea realmente libre alguna vez, y creo que… está en estos momentos sintiendo el impacto de su falta de libertad. También creo que él entiende ahora el grado en el que ha sido engañado, en especial, por ejemplo, con la respuesta de Cuba durante la invasión de Bahía de Cochinos”, continuó Castro.

“No puedo evitar tener la esperanza… de que un líder vendrá a la delantera en América del Norte (Kennedy, ¿por qué no?, tiene muchas cosas a su favor) que tendrá el coraje de lidiar con la impopularidad, combatirá a los monopolios, dirá la verdad y, lo más importante, dejará a las naciones actuar como ellas decidan. Kennedy todavía podría ser ese hombre”, le dijo a Daniel.

“Él todavía tiene la posibilidad de convertirse, a los ojos de la historia, en el más grande presidente de los Estados Unidos, el líder que puede por fin entender que puede haber coexistencia entre capitalistas y socialistas, incluso en el continente americano. Sería entonces un presidente aún mayor que Lincoln”, subrayó Castro.

El fin de la television de masas

La televisión sigue cambiando rápidamente. Esencialmente por las nuevas prácticas de acceso a los contenidos audiovisuales que observamos sobre todo entre las jóvenes generaciones. Todos los estudios realizados sobre las nuevas prácticas de uso de la televisión en Estados Unidos y en Europa indican un cambio acelerado. Los jóvenes televidentes pasan del consumo “lineal” de TV hacia un consumo en “diferido” y “a la carta” en una “segunda pantalla” (ordenador, tablet, smartphone). De receptores pasivos, los ciudadanos están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, “productores-difusores”, o productores-consumidores (prosumers).

IGNACIO RAMONET / LE MONDE DIPLOMATIQUE 
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En los primeros años de la televisión, el comportamiento tradicional del telespectador era mirar los programas directamente en la pantalla de su televisor de salón, manteniéndose a menudo fiel a una misma (y casi única) cadena. Con el tiempo todo eso cambió. Y llegó la era digital. En la televisión analógica ya no cabían más cadenas y no existía posibilidad física para añadir nuevos canales, porque un bloque de frecuencia de seis megahercios equivale a una sola señal, un solo canal. Pero con la digitalización, el espectro radioeléctrico se fracciona y se optimiza. Por cada frecuencia de 6 MHz, en vez de una sola cadena, se pueden ahora transmitir hasta seis u ocho señales, y se multiplica de ese modo la cantidad de canales. Donde antes, en una zona había siete, ocho o diez canales, ahora hay cincuenta, sesenta, setenta o centenares de canales digitales…
Esa explosión del número de cadenas disponibles, particularmente por cable y satélite, dejó obsoleta la fidelidad del telespectador a un canal de preferencia y suprimió la linealidad. Como en el restaurante, se abandonó la fórmula del menú único para consumir platos a la carta, simplemente zapeando con el mando a distancia entre la nueva multitud de canales.
La invención de la Web –hace 25 años– favoreció el desarrollo de Internet y el surgimiento de lo que llamamos la “sociedad conectada” mediante toda clase de links y enlaces, desde el correo electrónico hasta las diferentes redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) y mensajerías de texto y de imagen (WhatsApp, Instagram, etc.). La multiplicación de las nuevas pantallas, ahora nómadas (ordenadores portátiles, tablets, smartphones), ha cambiado totalmente las reglas del juego.
La televisión está dejando de ser progresivamente una herramienta de masas para convertirse en un medio de comunicación consumido individualmente, a través de diversas plataformas, de forma diferida y personalizada.
Esta forma diferida se alimenta en particular en los sitios de replay de los propios canales de televisión, que permiten, vía Internet, un acceso no lineal a los programas. Estamos presenciando el surgimiento de un público que conoce los programas y las emisiones pero no conoce forzosamente la parrilla, ni siquiera el canal de difusión al que pertenecen esos programas originalmente.
A esta oferta, ya muy abundante, se le suman ahora los canales online de la Galaxia Internet. Por ejemplo, las decenas de cadenas que YouTube difunde, o los sitios de vídeo alquilados a la carta. Hasta el punto de que ya no sabemos siquiera lo que la palabra televisión significa. Reed Hastings, director de Netflix, el gigante estadounidense del vídeo en línea (con más de 50 millones de suscriptores), declaró recientemente que “la televisión lineal habrá desaparecido en veinte años porque todos los programas estarán disponibles en Internet”. Es posible, pero no es seguro.
También están desapareciendo los propios televisores. En los aviones de la compañía aérea American Airlines, por ejemplo, los pasajeros de clase ejecutiva ya no disponen de pantallas de televisión, ni individuales, ni colectivas. Ahora, a cada viajero se le entrega una tablet para que él mismo se haga su propio programa y se instale con el dispositivo como mejor le convenga (acostado, por ejemplo). En Norvegian Air Shuttle van más lejos, no hay pantallas de televisión en el avión, ni tampoco entregan tablets, pero el avión posee wi-fi y la empresa parte del principio de que cada viajero lleva una pantalla (un ordenador portátil, o tablet, o smartphone) y que basta pues con que se conecte, en vuelo, al sitio web de la Norvegian para ver películas, o series, o emisiones de televisión, o leer los periódicos (que ya no se reparten…).
Jeffrey Cole, un profesor estadounidense de la Universidad UCLA, experto en medios en Internet y redes sociales, confirma que la televisión se verá cada vez más por la Red. Nos dice: “En la sociedad conectada la television sobrevivirá, pero disminuirá su protagonismo social; mientras que las industrias cinematográfica y musical podrían desvanecerse”.
Sin embargo Jeffrey Cole es mucho más optimista que el patrón de Netflix, ya que afirma que, en los próximos años, el promedio de tiempo consagrado a la televisión pasará de entre 16 a 48 horas a la semana actualmente, hasta 60 horas, dado que la televisión, dice Cole, “va saliendo de la casa” y se podrá ver “en todo momento”, gracias a cualquier dispositivo-con-pantalla, con sólo conectarse a Internet o mediante la nueva telefonía 5G.
También hay que contar con la competencia de las redes sociales. Según el último informe de Facebook, casi el 30% de los adultos de EE UU se informa a través de Facebook y el 20% del tráfico de las noticias proviene de esa red social. Mark Zuckerberg afirmó hace unos días, que el futuro de Facebook será en vídeo: “Hace cinco años, la mayor parte del contenido de Facebook era texto, ahora evoluciona hacia el vídeo porque cada vez es más sencillo grabar y compartir”.
Por su parte, tambien Twitter está cambiando de estrategia: y está pasando del texto al vídeo. En un reciente encuentro con los analistas bursátiles de Wall Street, Dick Costolo, el consejero delegado de Twitter, reveló los planes del futuro próximo de esa red social: “2015 –dijo– será el año del vídeo en Twitter”. Para los usuarios más antiguos, eso tiene sabor a traición. Pero según Costolo, el texto, su esencia, los célebres 140 caracteres iniciales, está perdiendo relevancia. Y Twitter quiere ser el ganador en la batalla del vídeo en los teléfonos móviles.
Según los planes de la dirección de Twitter, se pueden subir vídeos desde el móvil a la red social a partir de ahora, a comienzos de 2015. Se pasará de los escasos seis segundos actuales (que permite la aplicación Vine), a añadir un vídeo, tan largo como sea, directamente en el mensaje.
Google también quiere ahora difundir contenidos visuales destinados a su gigantesca clientela de más de mil trescientos millones de usuarios que consumen unos seis mil millones de horas de vídeo cada mes… Por eso Google compró YouTube. Con más de 130 millones de visitantes únicos al mes, en Estados Unidos, YouTube tiene una audiencia superior a la de Yahoo! En Estados Unidos, los 25 principales canales online de YouTube tienen más de un millon de visitantes únicos a la semana. YouTube ya capta más jóvenes de entre 18 y 34 años que cualquier otro canal estadounidense de televisión por cable.
La apuesta de Google es que el vídeo en Internet va a terminar poco a poco con la televisión. John Farrell, director de YouTube en América del Sur, prevé que el 75% de los contenidos audiovisuales serán consumidos vía Internet en 2020.
En Canadá, por ejemplo, el vídeo en Internet ya está a punto de sustituir a la televisión como medio de consumo masivo. Según un estudio de la empresa de sondeos Ipsos Reid and M Consulting “el 80% de los canadienses reconocen que cada vez ven más vídeos en línea en la Red”, lo que significa que, con semejante masa crítica (¡80%!), se acerca el momento en que los canadienses verán más vídeos y programas en línea que en la televisión.
Todos estos cambios se perciben claramente no sólo en los países ricos y desarrollados. También se ven en América Latina. Por ejemplo, los resultados de un estudio, realizado por la investigadora mexicana Ana Cristina Covarrubias (directora de la empresa Pulso Mercadológico) confirman que la Red y el ciberespacio están cambiando aceleradamente los modelos de uso de los medios de comunicación, y en particular de la televisión, en México.
La encuesta se refiere exclusivamente a los habitantes del Distrito Federal de México y concierne a dos grupos precisos de población: 1) jóvenes de 15 a 19 años; 2) la generación anterior, padres de familia de entre 35 y 55 años de edad con hijos de 15 a 19 años. Los resultados revelan las siguientes tendencias:
1) tanto en el grupo de los jóvenes como en la generación anterior, las nuevas tecnologías han penetrado ya en elevada proporción: el 77% posee teléfono móvil, el 74% ordenador, el 21% tablet, y el 80% tiene acceso a Internet.
2) El uso de la televisión abierta y gratuita está bajando y se sitúa apenas en el 69%, mientras que el de la televisión de pago está subiendo y ya alcanza casi el 50%.
3) Por otra parte, aproximadamente la mitad de los que ven la televisión (29%), usan el televisor como pantalla para ver películas que no son de la programación televisiva, ven DVD/Blu-ray o Internet/Netflix.
4) El tiempo de uso diario del teléfono móvil es el más alto de todos los aparatos digitales de comunicación. El móvil registra 3 horas 45 minutos. El ordenador tiene un tiempo de uso diario de dos horas y 16 minutos, la tablet de una hora y 25 minutos; y la televisión de apenas dos horas y 17 minutos.
5) El tiempo de visita a redes sociales, es de 138 minutos diarios para Facebook, 137 para WhatsApp; en cambio para la televisión es de sólo 133 minutos. Si se suman todos los tiempos de visitas a las redes sociales, el tiempo de exposición diaria a las redes es de 480 minutos, equivalentes a 8 horas diarias, mientras el de la televisión es de sólo 133 minutos, equivalentes a 2 horas y 13 minutos.
La tendencia indica claramente que el tiempo dedicado a la televisión ha sido rebasado, ampliamente, por el tiempo dedicado a las redes sociales.
La era digital y la sociedad conectada son ya pues realidades para varios grupos sociales en la Ciudad de México. Y una de sus principales consecuencias es el declive de la atracción por la televisión, especialmente la que emite en abierto, como resultado del acceso a los nuevos formatos de comunicación y a los contenidos que ofrecen los medios digitales.
El gran monopolio del entretenimiento que era la televisión en abierto está dejando de serlo para ceder espacio a los medios digitales. Cuando antes un cantante popular, por ejemplo, en una emisión estelar de sábado por la noche, podía ser visto por varios millones de telespectadores (unos 20 millones en España), ahora ese mismo cantante tiene que pasar por 20 canales diferentes para ser visto a lo sumo por 1 millón de televidentes.
De ahora en adelante, el televisor estará cada vez más conectado a Internet (es ya el caso en Francia para el 47% de los jóvenes de entre 15 y 24 años). El televisor se reduce a una mera pantalla grande de confort, simple extensión de la Web que busca los programas en el ciberespacio y en Cloud (“Nube”). Los únicos momentos masivos de audiencia en vivo, de “sincronización social” que siguen reuniendo a millones de telespectadores, serán entonces los noticiarios en caso de actualidad nacional o internacional espectacular (elecciones, catástrofes, atentados, etc.), los grandes eventos deportivos o las finales de juegos de emisiones de tipo reality show.
Todo esto no es únicamente un cambio tecnológico. No es sólo una técnica, la digital, que sustituye a otra, la analógica, o Internet que sustituye a la televisión. Esto tiene implicaciones de muchos órdenes. Algunas positivas: las redes sociales, por ejemplo, favorecen el intercambio rápido de información, ayudan a la organización de los movimientos sociales, permiten la verificación de la información, como es el caso de WikiLeaks… No cabe duda de que los aspectos positivos son numerosos e importantes.
Pero también hay que considerar que el hecho de que Internet esté tomando el poder en las comunicaciones de masas significa que las grandes empresas de la Galaxia Internet –o sea, Google, Facebook, YouTube, Twitter, Yahoo!, Apple, Amazon, etc.– todas ellas estadounidenses (lo cual en sí mismo ya constituye un problema…) están dominando la información planetaria. Marshall McLuhan decía que “el medio es el mensaje”, y la cuestión que se plantea ahora es: ¿cuál es el medio? Cuando veo un programa de televisión en la web, ¿cuál es el medio? ¿la televisión o Internet? Y en función de eso, ¿cuál es el mensaje?
Sobre todo, como reveló Edward Snowden y como afirma Julian Assange en su nuevo libro Cuando Google encontró a WikiLeaks (1), todas esas mega-empresas acumulan información sobre cada uno de nosotros cada vez que utilizamos la Red. Información que comercializan vendiéndola a otras empresas. O también cediéndola a las agencias de inteligencia de Estados Unidos, en particular a la Agencia Nacional de Seguridad, la temible NSA.No nos olvidemos de que una sociedad conectada es una sociedad espiada, y una sociedad espiada es una sociedad controlada.

El falso amanecer de la economía mexicana

Por Ariel Noyola Rodríguez

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En menos de 6 meses, los medios de comunicación enterraron por completo el denominado “momento de México”. Hace unos días, en entrevista realizada por El Universal, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, admitió por tercera vez consecutiva que los acontecimientos relacionados con la inseguridad y la violencia (como la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa) influyen de manera directa en las expectativas de los empresarios sobre la economía nacional; la certidumbre y la confianza, señaló, son los elementos fundamentales a la hora de tomar decisiones tanto del lado de la inversión, como del consumo.
Y es que, mientras a principios de 2014 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público había planteado un estimado de crecimiento de 3.9 por ciento, posteriormente lo disminuyó a 2.7 por ciento, y después lo situó nuevamente a la baja en un rango promedio entre 2.1 y 2.6 por ciento, básicamente la mitad de la primera estimación. De enero a noviembre, la encuesta de los analistas del sector privado, aplicada por el Banco de México, bajó sus estimados de crecimiento 10 ocasiones consecutivas y ya empieza a realizar modificaciones en sus pronósticos para 2015.
Los “motores externos”, por su parte, no ejercen hasta la fecha ningún “efecto de arrastre” sobre la economía mexicana. La política monetaria restrictiva del Sistema de la Reserva Federal (Fed) en Estados Unidos; los riesgos crecientes de deflación en la Zona Euro; la caída inesperada de la actividad económica en Japón; el aumento de la desaceleración en el Continente Asiático, y la drástica disminución de los precios de las materias primas, especialmente las cotizaciones del petróleo, resultaron extremadamente perjudiciales para las economías denominadas “emergentes”. Por añadidura, el repunte de la divisa estadounidense, gracias a su posición privilegiada de “reserva de valor” en momentos críticos para la economía mundial, seguirá contribuyendo de forma protagónica durante el próximo año en el desplome de las monedas de la periferia capitalista.
Para finales de 2014, el peso mexicano habría perdido 10 por ciento de su valor frente al dólar para cotizar en un mínimo de 14.457 pesos, al cierre de la presente columna, su nivel más bajo en más de 2 años y medio. Sorpresivamente, el 8 de diciembre de 2014, el Banco de México y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público emitieron un comunicado para detallar la puesta en marcha de un plan inmediato para detener la caída de la moneda. “El Banco de México ofrecerá diariamente 200 millones de dólares mediante subastas a un tipo de cambio mínimo equivalente al tipo de cambio FIX determinado el día hábil inmediato anterior conforme a las disposiciones del Banco de México más 1.5 por ciento”, indicó la Comisión de Cambios. Con ello, el gobierno mexicano pretende proveer de liquidez el mercado cambiario y reducir las turbulencias del sistema financiero. La medida se aplicó por última vez el 30 de noviembre de 2011, cuando el Banco de México comenzó a subastar 400 millones de dólares diariamente, toda vez que el tipo de cambio rebasara en 2 por ciento el correspondiente al del día hábil anterior. La medida se canceló el 9 de abril de 2013.
La caída del precio del petróleo, por su parte, constituye una grave amenaza para los países con dependencia energética por la vía de las importaciones y, más todavía para las economías como México, cuyas finanzas públicas están estrechamente vinculadas a los ingresos petroleros. La primera semana de diciembre de 2014, el precio del barril en su variedad Brent alcanzó los 66.77 dólares, al tiempo que la mezcla mexicana cotizó en alrededor de los 58 dólares: los niveles más bajos desde octubre de 2009.
De acuerdo con las estimaciones del banco de inversión estadounidense Morgan Stanley, los precios podrían caer hasta un mínimo de 43 dólares. Hay que destacar que la caída de las cotizaciones obedece no únicamente a la menor demanda de las economías asiáticas (China e India) y las operaciones especulativas en los mercados de derivados de petróleo (Nueva York, Londres y Dubái), sino fundamentalmente, son el resultado de una tendencia deflacionaria de enormes proporciones y largo aliento que atraviesa cada vez más espacios de la economía mundial.
En el caso de México, las consecuencias de una caída de más de 40 por ciento del precio del barril ya saltan a la vista. En primer lugar, los precios actuales del crudo están muy por debajo de los 83 dólares, la base tomada para el Plan de Presupuesto 2015. Los programas de cobertura, así como los fondos de capitalización son insuficientes para contener las violentas fluctuaciones de los precios en el mediano plazo. En segundo lugar, las perspectivas de alta rentabilidad de los empresarios (nacionales y extranjeros), a raíz de la aprobación de las reformas constitucionales y secundarias en materia energética, se han colocado en un serio predicamento y, con ello, los proyectos de inversión que emanarían eventualmente de la Ronda 1 podrían quedar en el olvido.
En conclusión, la campaña mediática en torno a un nuevo amanecer de la economía mexicana, impulsada en un primer momento por los conglomerados de capital trasnacional, resultó una farsa absoluta. La “disciplina fiscal” y el alto nivel de “confianza macroeconómica”, contrastan con el desplome en las expectativas de crecimiento, la extrema volatilidad del tipo de cambio y el aumento exponencial de la deuda pública a más de 2 años de iniciada la gestión de Enrique Peña Nieto. Si no hay una movilización popular organizada a favor de un cambio de rumbo en materia económica, los costos del ajuste pesarán otra vez sobre los hombros del pueblo de México.
*Miembro del Observatorio Económico de América Latina del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.