9 jul 2026

EN EL MIENTRAS TANTO SE ENTREGA TODO..

ARGENTINA
El Mundial y la vida al día siguiente

Por Gustavo Veiga

08 de julio de 2026


Felicidad Los hinchas argentinos festejaron el triunfo ante Egipto en las calles de Buenos Aires. AFP. Anadolu via AFP


Escribir en caliente reduce la mirada periférica cuando se analizan los hechos. Las pulsaciones están a mil, se empieza a sudar, la sangre fluye con más fuerza, las vísceras parecen salirse del cuerpo. Las emociones se vuelven incontrolables y la templanza no gobierna. El fútbol es una pasión que tiene la facultad de enceguecer, de tirar la corrección política al basurero, de decir palabras filosas y sin sentido. Como también de transmitir energía contagiosa, provocar el abrazo con un desconocido o sacar lo peor de cada uno.

Somos periodistas que vemos y sentimos el fútbol, aun haciendo abstracción de todo eso. No somos cirujanos o anestesistas. Un error nunca lo pagaríamos con un juicio por mala praxis. No corremos ese riesgo. Aun cuando nuestras palabras deberían ser un bisturí para usarlas con precisión quirúrgica. En lo posible, siempre.

Describimos, narramos, mostramos o construimos sentido sobre un juego que es pasión multitudinaria. Porque se respira así desde Jujuy a Tierra del Fuego, con escalas inusuales en cada Mundial, como Bangladesh y ahora la India. Naciones populosas que se cautivan con las hazañas del seleccionado campeón y con Messi como bandera que flamea bien alto.

Mientras tanto, la vida sigue. Hay que laburar —si se tiene el trabajo que escasea—, pensar cómo se sigue, moverse entre la hostilidad que nos rodea y sufrir los padecimientos de una Argentina en plan de entrega. Sometida a los caprichos de una élite que viene por todo.


Al otro día de un partido mundialista, como cada miércoles, los jubilados y jubiladas vuelven a su habitual marcha en el Congreso con la convicción de que serán apaleados y gaseados. Al otro día, los discapacitados son ninguneados y ni se respetan sus derechos. Al otro día, los intereses bancarios seguirán engordando la deuda contraída por muchas familias para pagar la comida. Al otro día no habrá mañana para la gente en situación de calle. 

Al otro día cerrará una PyME y aumentarán por miles los desocupados. Al otro día, la educación y la salud recibirán un nuevo recorte a su sostenimiento. Y, como si fuera poco, al otro día recibiremos una andanada de publicidades del Mundial que promueven la ludopatía. Los mismos jugadores que son aplaudidos cuando dan vuelta un partido en trece minutos son los modelos de esa marquesina impresentable.

Al otro día también, se podrá verificar cómo Alejandro Fantino promueve el sentimiento presidencial por la selección argentina. Una entrevista canchera a Javier Milei disfónico, que está así por un desenlace deportivo imprevisible, como si desafinara cuando canta.

Apenas terminó el partido con Egipto y se lo escucha: “Sufrí como la ‘reputa’ madre”. La frase tiene un tufo a mise en scène, al anticipo de una novela que ya se olfatea con aroma libertario. Como si se preparara el terreno para un imaginario balcón en la Rosada con los jugadores campeones del mundo.

No es una fantasía. En otra entrevista con Luis Majul y Luis Gasulla (propaladores del relato libertario), el presidente de extrema derecha, huésped frecuente de los mejores hoteles por el mundo y no tan visible cuando visita la Rosada, se la ofreció al seleccionado cuando regrese de Estados Unidos: “Pongo a disposición la Casa Rosada y yo me quedo en Olivos. Porque no soy digno de estar en esa foto; el mérito es de ellos y la fiesta es de los argentinos”.

No hacía falta que el admirador de Trump y Netanyahu, dos criminales de guerra probados, explicara por qué prescindiría de esa foto. No es digno, es cierto. Tiene razón. La dignidad es de los nadie que lo padecen cada día, como aquellos que retrató Pino Solanas en su película de 2005. Esos ciudadanos de a pie que, ante una catástrofe social que hoy se repite nuevamente, abrazarían a sus ídolos, pero jamás a integrantes de una casta ajena al sufrimiento de millones de argentinos. Insensible, cruel y patética de todo patetismo.

gveiga@pagina12.com.ar