17 jul 2026

Y UN DIA... APARECIO CHINA

CADENAS DE SUMINISTRO
Reducir la dependencia de China costaría a Occidente US$ 23,6 billones hasta 2050

LONDRES (Uypress) – 
16.07.2026





Estados Unidos, los países de la eurozona y el Reino Unido necesitarían invertir en conjunto US$ 23,6 billones —23,6 millones de millones de dólares— hasta 2050 para terminar con su dependencia de China en sectores productivos considerados estratégicos. La estimación pertenece a un análisis de la consultora EY-Parthenon divulgado por el Financial Times. 

El cálculo contempla el costo de reproducir fuera de China la infraestructura, la investigación, el software, la capacidad manufacturera y las redes de proveedores de las que actualmente dependen las principales economías occidentales.

De acuerdo con el estudio, Estados Unidos debería aportar aproximadamente US$ 13,7 billones, mientras que la eurozona necesitaría invertir US$ 9,1 billones y el Reino Unido otros US$ 800.000 millones durante los próximos 25 años.

La cifra equivale a un desembolso adicional promedio de US$ 940.000 millones por año, que debería sumarse a los compromisos ya existentes en defensa, energía, infraestructura y desarrollo tecnológico.

En el caso estadounidense, el gasto anual necesario rondaría los US$ 550.000 millones. Para Europa, el esfuerzo requerido se acercaría al presupuesto anual completo de la Unión Europea, mostrando la escala fiscal y política de un eventual proceso de desvinculación productiva.

El análisis no constituye una previsión sobre inversiones que ya hayan sido aprobadas. Se trata de una estimación teórica del costo que tendría reemplazar integralmente las capacidades chinas. Por esa razón, sus autores consideran más probable una reducción selectiva de riesgos que una ruptura completa de los vínculos económicos.

La estrategia conocida como de-risking busca trasladar o duplicar la producción de componentes esenciales, desarrollar proveedores alternativos y acumular reservas de productos estratégicos, sin eliminar totalmente el comercio con China.

Uno de los mayores obstáculos se encuentra en los minerales críticos empleados en baterías, vehículos eléctricos, semiconductores, turbinas eólicas, equipos militares y dispositivos electrónicos.

La Agencia Internacional de Energía señaló en su informe de 2025 que China podría mantener hacia 2035 más del 60% del suministro refinado de litio y cobalto, y alrededor del 80% del grafito para baterías y de las tierras raras utilizadas en imanes permanentes.

La actualización publicada este jueves presenta algunos avances en materia de diversificación. La participación del principal proveedor en el refinado de tierras raras bajó de más del 90% en 2023 al 85% en 2025 y podría reducirse al 70% en 2035 si las plantas proyectadas en Estados Unidos, Malasia y otros países entran efectivamente en funcionamiento.

Sin embargo, la AIE advirtió que gran parte de las nuevas inversiones se concentra en la extracción minera, mientras la capacidad de refinado, procesamiento y fabricación de componentes continúa rezagada.


En las cadenas de tierras raras, la capacidad de refinado anunciada fuera del proveedor dominante alcanzaría solamente dos tercios de la producción minera esperada para 2035. La capacidad prevista para fabricar imanes permanentes cubriría apenas un tercio de ese volumen.

El organismo calculó además que una interrupción completa del comercio chino de grafito para baterías podría poner en riesgo más de US$ 300.000 millones anuales de producción industrial fuera de China. Una aplicación plena de las restricciones sobre tierras raras podría afectar actividades por unos US$ 6,5 billones anuales en los sectores automotor, tecnológico, energético y de defensa.

El desafío no se limita a disponer de yacimientos o recursos financieros. La reproducción de las cadenas chinas requiere tecnología especializada, equipos de procesamiento, trabajadores capacitados, redes logísticas y varios años de desarrollo industrial.

El costo estimado por EY-Parthenon refleja así una transformación más amplia: después de décadas de priorizar la eficiencia y los menores precios, las economías occidentales comenzaron a incorporar la seguridad del abastecimiento como un componente central de sus políticas industriales.

La cuestión ya no pasa únicamente por cuánto costaría depender menos de China, sino por determinar qué sectores justifican ese esfuerzo y cuánto están dispuestos a pagar los gobiernos, las empresas y los consumidores para reducir su exposición.


UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias